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Benjamin Jarnes: crisis de entreguerras y utopia estetica.

El novelista Benjamin Jarnes ha quedado como principal representante de la novela vanguardista, lo que ya en su tiempo le granjeo--como a muchos otros--cierta imagen de escritor preciosista, encerrado en su torre de marfil pergenando ficciones alejadas de la realidad de su tiempo. Por eso en 1928 Gimenez Caballero decia que era "inutil buscar en Jarnes la amargura, el sarcasmo, la mirada tragica, las grandes interrogaciones romanticas, los problemas crudos e insolubles del mundo". Si bien es cierto que Jarnes defendio la autonomia referencial y evaluativa de su obra y que se opuso a la supeditacion de la literatura a la mimesis y comentario de la realidad, tambien lo es que tuvo clara consciencia de implicacion con la realidad de su entorno, asi como de su deber civico como intelectual. A partir del ano 1929, solo tres anos despues de la aparicion de El profesor inutil, una mayor involucracion seria defendida y exigida a los jovenes creadores que, a decir de Jarnes, le tenian "miedo" al mundo y se dedicaban a despreciar el contacto sensible con lo real (recuerdese la 'nota preliminar' a Paula y Paulita), vacando de una exigencia que anos despues Jarnes formularia asi: "Los mismos poetas deben ser fieles a las preocupaciones de su tiempo, un poco sus cronistas de altura"; es decir, de las mas altas preocupaciones, capaces de modificar la sensibilidad de una epoca. Estan obligados a contribuir a la verdadera historia legitima del 'espiritu de su epoca' (Epistolario 310). Sin traicionar su estilo, Jarnes emprendio la ampliacion tematica y de registros de su obra, unio a las novelas y prosas articulos periodisticos, conferencias y apariciones publicas, biografias y ensayos, defendio su complementariedad como dos modos de conocimiento de la epoca, el "plastico" y el "filosofico" ("Vieja vida"), y llamo "incorporacion discreta de nuestra voz al orfeon social" ("Viaje") a esta voluntad civica de describir, clarificar e interpretar su propio presente. El objetivo de este articulo es analizar el retrato de epoca aportado por Jarnes dentro y fuera de la ficcion y como dialoga con otros diagnosticos contemporaneos en su pintura de un tiempo critico que reclama una reformulacion de sus bases espirituales.

Despues de unos anos de cierto solipsismo y concentracion en lo estetico, la contemplacion en derredor no significo para Jarnes inicialmente una experiencia agradable. El prologo a la primera edicion de Locura y muerte de Nadie narra este develamiento. (1) Jarnes comienza aludiendo al hecho de que la novela no tenga apenas accion y se centre en el problema del surgimiento del protagonista, Juan Sanchez. Justifica esa decision argumentando que los clasicos problemas "de vicios y virtudes" (5) se han desvanecido al borrarse los limites, esto es, la distincion misma entre el bien y el mal. (2) Esta laxitud de valores traslucia el "problema gigante" que barria a todos: el de la muerte del individuo en un contexto del auge de las masas denunciado por Ortega. La novela exploraba esta disolucion del individuo, a partir de la historia llevada al limite de un hombre que busca y no encuentra una justificacion de su vida si no es "reconocido" por los demas--unico modo que concibe de adquirir una "personalidad". Jarnes afirma en el prologo que el mismo ha sentido el miedo de Juan Sanchez, pero ha preferido guardarselo, "no asustar a los demas" (6), y transfigurarlo artisticamente, haciendo que "el gran pulpo desaparezca entre las agiles escalas, entre los vivaces tornasoles" (6) de su estilo. Aqui Jarnes daba a entender tres cosas: primero, que ya en momentos anteriores de su vida habia sentido el miedo a esa aniquilacion de su personalidad en contacto con lo colectivo. Aludia quiza a sus experiencias en el seminario y el ejercito, ficcionalizadas en sus narraciones como profundas vivencias de alienacion. Segundo, que su escritura transfiguraba conscientemente su biografia. El escritor "acaricia a su personaje voluptuosamente, aun sabiendo que se acaricia a si mismo" ("novela"). Y tercero, la centralidad de la experiencia de la amenaza de la individualidad frente a la colectividad en los anos de postguerra.

Sin embargo, el prologo no acababa de explicar como la experiencia de la propia anulacion alcanzaba tanta preponderancia. En la adicion de 1937, Jarnes lo aclaraba al relacionar el final de Juan Sanchez no solo con la dependencia de los otros sino ademas con un excesivo ahondamiento en el propio conocimiento, que le lleva a despreciarse. Sanchez fuerza los limites de la intimidad (autognosis y reconocimiento), halla un vacio constitutivo en su personalidad y al intentar obsesivamente llenarlo entra en una espiral imparable de autodestruccion: "a fuerza de pensar mucho en mi mismo, he deducido que, aun suponiendo que exista, "no soy". (Locura 46, mis cursivas)

Ese vacio se habria instalado en el interior del hombre moderno, que sospechaba que su existencia no estaba justificada y no encontraba razones para existir. Pero si hurgaba demasiado en sus confines buscando la respuesta caia en la aniquilacion. Por otra parte, obviar la existencia del vacio, no indagar en la propia intimidad y cenirse al proceder general conduce a la alienacion y a la disolucion de la personalidad que convertia al sujeto en masa. En Escenas junto a la muerte (1931) Jarnes aparcaria la cuestion de la masa para describir minuciosamente las implicaciones de la introspeccion obsesiva. Al compas de sus escarceos amorosos, el protagonista, el "opositor numero 7", disecciona lo que entiende como irresolubles contradicciones entre las reclamaciones del cuerpo y del espiritu, del propio yo y del projimo, del tiempo y de lo eterno que constituyen la existencia misma. Y no parece encontrar modo de solucionarlas, esto es, de recomponer algun tipo de equilibrio vital.

Estas preocupaciones permiten situar a Benjamin Jarnes como ejemplo del escritor europeo de entreguerras que no solo vivio, sino tambien narro, la incertidumbre vital de aquellos que buscaban referentes en un espacio marcado por un nihilismo existencial y axiologico. Este nihilismo se constituia a la vez como vacio y proliferacion --vacio de un sentido estable, dominante u objetivo, junto a la multiplicacion de voces, interpretaciones, posibilidades--; era a la vez una vivencia (individual) y un suceso colectivo; un asunto personal--vital--y un problema filosofico o espiritual (de carestia de referentes y valores). Y era, naturalmente, asunto tanto de las obras de ficcion como de los ensayos y reflexiones.

En las novelas de Jarnes pueden encontrarse ejemplificaciones de por lo menos cuatro posiciones, negativas y positivas, frente a esta situacion carencial de nihilismo. Tendriamos, por una parte, un nihilismo pasivo, segun el cual la vida, una vez reconocida como algo sin sentido, pasa a ser objeto de contemplacion para un espectador neutral y a menudo "dilettante". Su mejor encarnacion, es el protagonista de El profesor inutil o, en menor medida, el de Lo rojo y lo azul (3) Por otra parte, tendriamos un nihilismo reactivo, que termina despreciando la vida por no poder soportarla o no poder encontrarle un sentido, y que casi siempre culmina en el suicidio o la violencia. Es el caso de Juan Sanchez en Locura y muerte de Nadie, del protagonista de Teoria del Zumbel o del agonico opositor numero siete en Escenas junto a la muerte. (4) Ambos nihilismos negativos estan vinculados, con diferencias segun la obra, al tipico heroe masculino jarnesiano, ese sujeto inutil, timido, vacilante y contemplativo en el que Emilia de Zuleta ve una profunda "inseguridad" (129), Martinez Latre "una angustia existencial al comprobar el desmoronamiento del hombre" ("Mitologia" 145) y Oostendoorp "la desintegracion del hombre moderno" (215).

En el lado positivo tenemos, por una parte, un nihilismo activo que plantea salvar el vacio existencial mediante la actividad artistica, o en palabras de Victor Fuentes, "salvarse inventando y narrando" ("Benjamin Jarnes" 36), y que se observaria por ejemplo en la historia de San Alejo o en el personaje del novelista en Teoria del zumbel (5) Finalmente, encontrariamos un nihilismo completo que responde reivindicando la integracion de las distintas facultades con el objetivo ultimo de dar libre expresion al regocijo por una existencia vivida en plenitud, y como ya senalaran Bernstein (100), Maria Pilar Martinez Latre ("Mitologia" 141) y mas recientemente David Conte (15) tendria su mejor encarnacion en el personaje de Viviana en Viviana y Merlin (1929 y 1936). Los cuatro nihilismos mencionados conformarian distintos prismas desde los que Jarnes presento el fenotipo del hombre moderno inmerso en la crisis de la civilizacion occidental.

En un articulo de 1933, Jarnes daba por resabida la idea de que "el siglo XX esta ya muchos siglos apartado del XIX" ("Antologia"). La hiperbole enfatizaba la distancia entre dos epocas separadas por la catastrofe de la Gran Guerra, punto y aparte en el avance general de la civilizacion, "porque tan brutal fue el suceso, que arrastro, borro, todos los heroismos personales y apenas quedo en pie el heroismo, el instinto de defensa de la especie. Ningun nombre. El hombre" ("Cautivo").

En los primeros tiempos de la postguerra, se buscaba asumir la novedad de la situacion y proponer nuevas directrices, en la economia, la sociedad, la religion, el arte o la politica. En los circulos culturales se entendia que este diseno era tarea de una elite intelectual, plenamente consciente de una situacion en la que el cambio se extendia rapidamente; los avances tecnologicos se acumulaban; las ciudades crecian, las normas sociales se modificaban; el mundo se aceleraba. Los anos veinte se vivian como una fase de progreso, al que se asocio un optimismo excitado que exhibia fe en como la humanidad avanzaba. Asi lo dice Jarnes en 1928: "Por Sherwood Anderson conoceremos bien nuevos tipos de humanidad. Walt Whitman los presintio desde su vaga lirica auroral. Ahora comienzan a llegar a nosotros, mostrandonos sus musculos potentes, su tosco y energico espiritu, ejemplares de una raza original, transmutados ya y enriquecidos por el arte." ("Sherwood" 355). Estas palabras pertenecen a discursos afirmadores y confiados que circulaban en los veinte en amical convivencia con reflexiones de pesadumbre y decadencia al socaire de Spengler. A finales de la decada, un conjunto de fenomenos ensombrecio el panorama, y empezaron a multiplicarse las quejas por una civilizacion elogiada solo unos anos antes. En el caso espanol, estos debates se entremezclaban con las acusaciones a una monarquia que simbolizaba para muchos el pesado fardo que impedia al pais progresar. Ambas lamentaciones convergieron en el momento en que los esfuerzos de la elite intelectual, una vez se entendia alcanzada la madurez cultural, se concentraba, abandonando los recelos por la politica, en hacer que Espana asumiera la 'mayoria de edad' en la arena social. Sobre ella giraban los anhelos de Jarnes a principios de 1931: "acaso no conocimos aun la verdadera politica, ya que esta supone estados de intensa cultura--se habla aqui de los grandes nucleos ciudadanos, no de esas minorias que nunca nos faltaron y quiza no menos refinadas que en el resto de Europa--" (1931f). En Jarnes, como en otros intelectuales liberales, aparecen entrecruzadas estas distintas lineas de reflexion: por un lado, en progresion ascendente, la critica al avance general de la humanidad y a sus excesivamente cacareados "logros". Por otro, la campana civica de apoyo a la Republica, el alborozo por su proclamacion y, a partir de ahi, una creciente desilusion.

La proclamacion de la Republica fue en palabras de Jarnes "el gran fenomeno de la transformacion politica e intelectual de Espana" ("Carnet") que daba sentido historico a la labor civica de los intelectuales. Pero en poco paso de la alegria a la preocupacion, junto a fases de desden por la politica, para desembocar en la denuncia social generalizada que domina en su libro de ensayos mas importante de los treinta, Fauna contemporanea. Jarnes atemperaba sus esperanzas en un verdadero cambio social, e insistio en el enorme trabajo por hacer, pese al salto que la instauracion de la Republica habia supuesto (uno de sus articulos se titula significativamente "Residuos del hombre arcaico"). Seguia reclamando con ahinco un equipo de "pedagogos inteligentes" y sobre todo, frente a las voces de critica al nuevo regimen, calma. Los cambios eran lentos. ("Intelectuales")

Pero la calma no pudo ser. Pronto surgieron los articulos en que Jarnes lamentaba que el fragor de "lo politico" (concepto cada vez mas saturado de las ideas de conquista y uso del poder frente a la de ordenacion comunal) invadiera todos los terrenos, impregnandolos de enfrentamiento, intereses partidistas y materialismo. Asi aparecia amenazada la necesaria autonomia relativa de ambitos cuya capacidad transformadora afectaba prioritariamente al espiritu, como el arte o la ciencia. Nuevamente afloraba el problema de los limites. Signo inequivoco era el que los jovenes "abandonan la literatura por la politica" ("Homenaje") (6), mas aun, el "espiritu de combate" habia penetrado incluso en "la misma novela, [que] no suele escribirse para poner en evidencia un fragmento de vida--este o aquel--sino para machacar al frente opuesto" ("Politica"). De la misma manera, Jarnes lamentaba que los asuntos de gobierno hubieran adquirido tal preponderancia y presencia en la esfera publica, que la vida entera de los ciudadanos giraba en torno a ellos. Contra eso Jarnes reclama con urgencia "crear nuevos centros vitales de atraccion. [...] Que la pelota del Poder vaya y venga aburridamente, sin que la atareada paz de nuestro laboratorio se interrumpa" ("Fronton"). La imparable intromision de lo politico en el ambito artistico llevo finalmente a Jarnes a reclamar una separacion estricta entre los intereses politicos y los esteticos: "al artista es preciso dejarlo vivir libre, retozon, en su propio mundo. Arrancarlo de el para llevarlo, por ejemplo, a una secretaria ministerial es contribuir a su depauperizacion, quiza a su total aniquilamiento" ("Tacano").

Quiza estos vaivenes ideologicos estaban causados por una vision idealizada de la gobernanza unida a una opinion poco elogiosa de la realpolitik, arena del ansia de poder y el pragmatismo. Pero existen otras razones que remiten a puntales de la etica estetica jarnesiana; por ejemplo, concebir al hombre en terminos radicalmente individualistas. Quien no reconoceria en Julio Aznar, Juan Sanchez o el opositor numero 7 retratos de lo que Jarnes llamo en 1936 "el martir de los tiempos futuros: el individuo--victima, naturalmente, de su fe en la libertad humana--que confiesa ante las gentes su tremendo delito de creerse individuo suelto"? ("Novela"). Jarnes concebia al hombre alejado de conflictos y preocupaciones colectivas, en lo que una vez nombro "el divino ensimismamiento humano" ("Discurso" 250). Asi, entre las "constantes configuradoras" (Martinez, Novela 237) de sus personajes masculinos vemos que son en su mayoria solitarios y a menudo hermeticos, por lo general "inadaptados" (Ramos 252) que patentizan "su rechazo a los convencionalismos sociales" (Martinez, Novela 237) y a la vida burguesa (Fuentes, "sociedad" 248); disfrutan (o sufren) relaciones esporadicas, muchas superficiales, la mayoria lastradas por incomunicacion o por pasividad; y pocas veces parecen sufrir problemas vinculados a asuntos economicos, laborales o familiares. (7) Las novelas muchas veces se localizan en lugares cerrados, ajenos a los acontecimientos politicos: seminarios, balnearios, museos o el campo. (8) Las tramas casi nunca--sea la excepcion Lo rojo y lo azul --contienen referencias a hechos historicos o plantean una circunstancia sociopolitica precisa, sino que se situan en una vaga intemporalidad, eso si, moderna y ademas, como ya indicara J.S. Bernstein (64), centrada en el presente. (9) Todo ello respondia al planteamiento personal y teorico jarnesiano que, a decir de Eugenio G. de Nora, apuntaba a "un tenso resorte moral escondido bajo la muelle apariencia voluptuosa" (Novela 158), es decir, a una postura etica radical (Zuleta 28 habla de "imperativo etico") encapsulada en esta linea de Libro de Esther. "Hay que estar solos, pero en medio del mundo" (29).

Esta clausula concesiva, no obstante, encierra muchas cosas. La conciencia de que no se puede permanecer al margen, ni negar la propia epoca. La necesidad de estar informados y enterados, y de tener en cuenta a los demas. Y de definirse, pero sin admitir posiciones no elaboradas por uno mismo. Cosa que Jarnes hacia, aun cuando planteara los problemas con un alto grado de abstraccion--a la manera en que por ejemplo Juan Sanchez presenta su dilema en Locura y muerte de nadie--o vinculados a una teoria de tintes "metafisicos"--asi, la "teoria del zumbel" que sustenta la novela homonima--. Jarnes se proponia observar a sus criaturas y sus conflictos en su desnudez esencial, lo que significaba mas alla de la economia o la politica. Consecuentemente, los problemas exhibian muchas veces un origen abstracto y general. Eso se repite en el caso del diagnostico de la crisis de entreguerras. La "sobrepolitizacion" como proceso ideologico en Occidente a partir de 1930, constituia para Jarnes la punta del iceberg de un proceso mucho mayor, el de la "crisis del espiritu", cuya enunciacion simple (pero abstracta) seria que el materialismo estaba corroyendo el terreno del espiritu y planteaba la posibilidad de su completa anulacion (su paralelismo en el ambito literario es descrito por Jarnes mediante la metafora de que el documento "se come" a la novela). ("Invasion").

Hablar de crisis en entreguerras conduce casi irremisiblemente a Spengler. Jarnes tambien escribio sobre el, "el gran pesimista contemporaneo" ("Leccion"). Reconocia la vastedad y profundidad de su analisis, pero le achacaba su desesperanza exacerbada y su falso profetismo que escondia en realidad claudicacion, hacerse "esclavo de la historia"; en vez de buscar alternativas, Spengler se consagraba a la escritura melancolica de la caida de una cultura, enarbolando un estoicismo que esperaba sin esperanza la disolucion. Esta postura era para Jarnes inaceptable, pues olvidaba la posibilidad del disfrute de la vida "tomada como un presente inagotable, como un brocal abierto hacia la mas rica profundidad" ("futuro").

Una de las primeras discusiones sobre el tema de la crisis puede encontrarse en el articulo "La segunda barbarie" de marzo de 1932. Alli Jarnes hacia uso de la teoria de J. G. Vico que dividia la historia en tres epocas: la "divina", la "heroica" y la "humana". Tras la ultima, se producia un retorno a una epoca de primitivismo y barbarie, aunque en este caso "reflexiva" por no ser natural, sino fruto de una "corrupcion moral". Jarnes descubria en varios signos del presente el advenimiento de esa fase: "La vida espiritual recoge hoy sus alas, la cultura es--casi en su totalidad desdenada, el frenesi pretende gobernar el mundo. Han fracasado los economistas, como antes fracasaron los parlamentarios; asoma el imperio de la accion muda premeditada, individual". (10) La crisis suponia una mezcla de fracaso politico, economico, social, educativo y, tambien, artistico, no en vano el primer sintoma de la segunda barbarie es "destruir las esencias del arte al convertirlas en propaganda". Europa aplicaba a la crisis tres remedios, ya senalados por Vico: "la dictadura, el gobierno extranjero, la extrema opresion". Jarnes los rechaza sin paliativos, pues ademas de ser "odiosos" no resultan efectivos, y plantea nuevamente como solucion la educacion del ciudadano.

Estas afirmaciones se apoyaban en la vision del hombre moderno que cierra Fauna contemporanea. Ahi Jarnes, apoyandose sobre todo en Jung, enuncia el nihilismo antes aludido como la experiencia clave de la modernidad. Comienza desvinculando esta de la novedad. El hombre moderno no es aquel que "esta a la ultima", sino que "se trata de un hombre exterior donde se haya agudizada la conciencia del presente" (242). Eso lo distingue tanto de la masa como del "falso" hombre moderno, que meramente "afecta" la consciencia del presente. A esta no se llega por el culto a lo nuevo o por la inmersion en la arena social, sino a traves de la soledad y la introspeccion, y su adquisicion provoca la "plena angustia" (243), al reconocerse que toda norma pasada ha quedado obsoleta y que por tanto es el vacio el punto de partida para adquirir un nuevo sentido de la realidad. Con ello, el hombre moderno se situaria "al margen de la historia" (243), no por ignorar esta (al contrario, la conoce ampliamente), sino porque la rechaza como guia: la historia puede ensenar a mirar en rededor, pero no a actuar hacia delante. (11)

La modernidad se revela aqui como un proceso ambiguo e incluso contradictorio, y asi resultaba ser tambien el modo de pensar moderno en la actualidad, mezcla de clarividencia y angustia: funcionaba descubriendo la huellas de la catastrofe en el mas alto grado de civilizacion, la fugacidad en aquello que parecia mas permanente, y lo inestable "en todo cuanto pudo producir alguna vez seguridad" (245). Todo eso comportaba que el hombre moderno se caracterizara por su falta de fe. No confiaba ni en el pasado, ni en el futuro. Ni creia, ni tenia esperanza. Este es el origen de la crisis.

"El humanismo en quiebra" (1932) es el titulo de un comentario de Jarnes al ensayo "El humanismo como iniciativa" de E. R. Curtius recien publicado en Revista de Occidente. Alineandose con el autor aleman, Jarnes describe la crisis como la concatenacion del resquebrajamiento de los fundamentos eticos, el olvido de los valores espirituales y el imperio de "una politica apoyada en la fuerza bruta, no ya en autoridad moral alguna, en calidad 'humana' ninguna". Frente a estos desastres, Curtius reclamaba un humanismo renovado, lo que, renombraba Jarnes, implicaba defender el espiritu. La esencia del humanismo residia en un conjunto de valores y de normas de conducta que precisamente disponian una determinada imagen del hombre como valor superior y regulador que operaba como limite y asi instauraba "escalas de deberes" ("Alrededor"). Pero en la actualidad o bien directamente el valor hombre no era tenido en cuenta--asi en el culto al maquinismo o en el cientificismo desbocado--o su significado quedaba cenido a "el que mas exige, y con mas violencia" ("Alrededor"). En cualquier caso, la crisis suponia una reduccion del valor y de la significacion de lo humano en un doble movimiento nihilista: Por una parte, como falta de fe en las propias posibilidades vitales, en el valor "hombre" y, paradojicamente en la existencia de cualquier sentido mas alla del propio egoismo:12 "creer fuertemente en algo que caiga fuera del perimetro de nuestra piel y de nuestra pobre vida individual: eso es lo que nos falta" ("Hombres"). Por otra parte, como resentimiento, palabra recurrente en articulos de Jarnes de los treinta y que recoge las teorias de El resentimiento en la moral de Max Scheler (traducido por Jose Gaos en 1927), autor al que Jarnes leyo profusamente. (13) El resentimiento daba explicacion del dominio del "dogma de la violencia" que buscaba negar las libertades imponiendo necesidades. En el seno de la sociedad contemporanea coexistian la igualdad en derechos politicos "con diferencias muy notables en el poder efectivo, en la riqueza efectiva y en la educacion efectiva" (Castelar 151). En vez de dedicarse a reducir estas desigualdades, los individuos se empenaban en compararse, y en esas comparaciones refulgian, con violencia, las desigualdades que los emponzonaban. Crecia asi el odio y el ansia de venganza. Y de ahi la violencia, sin finalidad positiva, con el unico objetivo de producir dano. Aquellos que apelaban a la inquietud desaforada y al enfrentamiento buscaban desgarrar la estructura social.

En cuanto a la carencia de fe, Jarnes la explica a partir de dos fenomenos: uno, la caducidad de las interpretaciones: "nunca se encontro el hombre tan desnudo frente a la nada. Sin clavo donde asirse, entre sombras de alas--un tiempo ideas vivas, palomas que traian y llevaban mensajes de la tierra al cielo--, sin fe en nada que no sea la maquina" ("Se confirma"). Esto, como vimos, conducia a la angustia. El segundo fenomeno, fruto del primero, era la preponderancia de una interpretacion materialista de la vida, reducida a egoismo, afan de acumulacion y "la voluntad de conservar y adquirir valores materiales" ("febril"), lo que provocaba una "infelicidad" esencial en el hombre. Aquellos que no tenian fe en la vida se refugiaban en el instinto de conservacion, por lo que traducian todo beneficio en terminos de una ganancia material, sin plantearse la realizacion de un proyecto que seria "el mejor modo de justificar nuestra vida". Se trocaba vocacion y esfuerzo por aposentamiento y acopio productivo. Era, en el fondo, "hacer de la economia, otra fe" ("Vivir") que ocupaba el lugar dejado por la confianza en el sentido del propio vivir. Eso acarreaba un empequenecimiento de las capacidades y posibilidades del hombre moderno, y el individuo se insertaba en el "automatismo", una cadena sin fin en la que continuamente necesitaba recibir estimulos materiales, unicos que sustentaban su impulso a vivir para "satisfacer caprichos" (Libro de Esther 187).

En varias novelas Jarnes retrataria algunos posibles finales de esta cadena de deseos: en Teoria del zumbel el ritmo acelerado se llevaba hasta el final y culminaba en el agotamiento y el desplome, tal y como le ocurria a Saulo con su accidente de coche; en Paula y Paulita, la cadena se paraba, el individuo reflexionaba para hacerse cargo de la inanidad misma del movimiento, que reflejaba la vacuidad de su alma. Este proceso de reflexion y angustia es el que experimentaba el personaje de Mr. Brook antes de suicidarse. El continuo ir a la zaga de nuevas sensaciones conducia a una insatisfaccion generalizada, al hacer depender la felicidad actual de la esperanza en el futuro, en vez de cultivar el moroso disfrute del presente. El hombre moderno sufria del "mal de tiempo" (Fauna 235), pues tenia problemas para gestionar las distintas esferas temporales y "no sabia conocer el presente" (Libro de Esther 138).

La excitacion continua (con su reverso de aburrimiento ante la carencia) se relacionaba con dos fenomenos paladinamente modernos cuya union fundaba "el sentido turistico de la vida, capaz de acabar con la misma vida" (Libro de Esther 140): la velocidad y la novedad. La prisa, contra la que Jarnes arremetia en su fabula "La diligencia" (incluida en Las siete virtudes), constituia un "fermento antivital", pues negaba el disfrute profundo y sosegado, banalizando las fuentes de enriquecimiento espiritual al hacerlas ser meros objetos "de mal catador", es decir, aquel que "opera por sugestiones" (Fauna 234). Se trocaba intensidad por extension, lo que remitia a un principio de novedad continua. Al culto a lo nuevo por el hecho de serlo lo llamo Jarnes "neofilia" ("Neofilos"). Su origen se encontraba en una flagrante falta de sentido de la temporalidad, asi como un desconocimiento de las posibilidades de reinterpretacion de lo ya conocido--por ejemplo, en el ambito estetico, la reescritura de la tradicion. El verdadero disfrute nacia de la profundizacion: "Este fragmento de mundo nos gusto y volvemos a gustarlo; sentimos en la segunda y tercera y cuarta vez un placer especial, quiza lejano al placer del hallazgo. Sentimos voluptuosidad" (Libro de Esther 135). Al neofilo se contraponia el "neofago", "el contumaz enemigo de lo nuevo", victima de la misma falta de perspectiva que le impedia reconocer lo que de valioso surgia en la actualidad.

En 1936, un Jarnes pesimista y pesaroso hacia suya la tesis de Johan Huizinga en su libro Entre las sombras del manana segun la cual la epoca no cumplia las tres condiciones basicas para el establecimiento firme de una cultura: un equilibrio entre la materia y el espiritu; una tendencia o aspiracion unificadora, que proporcionara un fin a alcanzar; y finalmente, el dominio de la naturaleza, lo que Jarnes interpretaba como dominio de la naturaleza humana, pues la actual civilizacion si mostraba el dominio de la naturaleza material. (14) Este dominio de la naturaleza humana deberia plasmarse de dos maneras ya aludidas: una armonia en el uso de las facultades y el "reconocimiento de deberes" como camino para la libertad y la grandeza humana, tanto individual como colectiva.

Huizinga, como Curtius, hablaban de una crisis de la razon, y Jarnes desde principios de los treinta denunciaba la sustitucion de un impulso ilustrado por un irracionalismo descontrolado. Asi, en 1930 afirma: "El hombre del siglo XIX [...] le quedaba el reconocimiento de una grandeza: al menos, reconocia como diosa a la Razon. El hombre del siglo XX parece querer abolir esta ultima servidumbre, destruida su ultima grandeza ... Pero sin ellas la vida es un fluir vegetal, es un mero proceso instintivo." ("Ni servidumbre"). Durante la decada Jarnes descubriria que no podia hablarse meramente de crisis de la razon cuando su principal consecuencia, la civilizacion, habia alcanzado un grado de sofisticacion inedito en la historia. Aparecia entonces la nocion de "hipercivilizacion" ("Discurso a los antropofagos"), es decir, de un avance excesivo del progreso y la razon calculadora con la que se habia inaugurado la modernidad, que se manifestaban en el surgimiento de las masas, el materialismo, el cientificismo, el especialismo, el maquinismo y el fomento de un tipo especifico de cultura a la que Jarnes llamo alguna vez "impertinente" (Fauna 185), al exhibir las formas antes aludidas de superficialidad, velocidad y novedad y por la tanto transmitirse "por contagio" (188). Por el contrario, la verdadera cultura se obtenia "por influencia", no perseguia la satisfaccion o el aturdimiento, esto es, el cumplimiento de una sensacion puntual y pasajera, ni tampoco proporcionaba vana sabiduria abstracta sin aplicacion a la vida--asi se observa en el mago Merlin en Viviana y Merlin. La verdadera cultura aspiraba a moldear la figura del hombre, conformandolo, dotandolo de unos valores, despertandole el afan vital, el ansia de realizacion individual y colectiva. Pero esto no se encontraba al mirar la realidad. Existiria algun tipo de incompatibilidad entre una nocion recta de cultura y el avance civilizatorio? "Esta a la baja la cultura y en alza la civilizacion. El mundo quiere vivir mejor, aqui en la tierra, y la cultura tiende a hacerlo vivir mejor, pero en el aire, en los planos superiores donde florece el simbolo, el concepto, la encantadora abstraccion, novia inasible, capaz de hacer feliz a muy pocos." ("Huelga"). La civilizacion extrema conducia al pragmatismo puro: conseguir los maximos placeres materiales. Pero eso significa olvidarse en proporcion directa del espiritu, al que se le cortaban las amarras con el mundo de la vida. El progreso exacerbado generaba un abismo entre el saber y el vivir, esto es, entre cultura y civilizacion, al negar la posibilidad de su cohabitacion y cooperacion. A reducir ese abismo se dedica, de una u otra manera, toda la obra jarnesiana.

El avance de una civilizacion no tutelada por la cultura desembocaba en "la epoca de las dictaduras" ("Muchachos") bajo la egida del irracionalismo y con fenomenos caracteristicos: la militarizacion de la vida publica--con sus consignas de estandarizacion, rigidez y disciplina marcial--, y el auge de los caudillos, figurones de aureola mesianica que concentraban las ilusiones instintivas (y el miedo al fracaso y al caos) de la poblacion, cuando en realidad perseguian la satisfaccion de su personal "voluntad de poderio". Estos dictadores proporcionaban una dogmatica de formulacion sencilla, facilmente asimilable--y que asi rapidamente tapaba el vacio dejado por la falta de normas universales--, que bajo la promesa de toda suerte de felicidad impulsaba a la confrontacion: "[el mundo] acaba de rechazar unos dogmas y ya pide otros, a toda prisa. Ha olvidado unos mitos, y se traga, como un bienaventurado, el primer refrito mitico que le sirven. Aun vivos los despojos de una guerra espantosa, prepara ya sus juventudes para la gloriosa hazana de destrozarse unas a otras." ("Nueva").

El cesarismo suponia el reverso del ascenso de la masa, y para Jarnes ambos compartian un principio de dominacion totalitaria y asi la anulacion violenta de libertades y diferencias: "Masa es cualquier rebano que de pronto deja de balar y comienza a afilar las unas. [...] Su aglutinante es el sentido de caza, de la caza del hombre "egregio", naturalmente, puesto que se ha escapado del rebano, de la grey" ("Antropofagos"). Defensor a ultranza de la individualidad, Jarnes denunciaba el alza indiscriminada de los valores colectivos que persiguen anegarla y se alineaba con la tesis de Karl Jaspers para quien la crisis se dirimia en la relacion dialectica entre el individuo y la colectividad, lo que Jaspers denominaba respectivamente el "uno mismo" y el "todos nosotros". (15) Bajo el imperio de la masa, el individuo delegaba su deber de pensar y actuar o bien en un cesar, o en una colectividad sin identidad, mera "muchedumbre" que exigia mejoras y reclamaba derechos olvidandose de sus deberes. Derechos y deberes vinculados a un compromiso civico que, como ya hemos visto, se convirtieron para el Jarnes de los treinta en conceptos centrales. Adoptando los analisis de Gregorio Maranon en Raiz y decoro de Espana, Jarnes detecta en el olvido del deber "el germen de la angustia actual del mundo" (114). El espectaculo de una colectividad que despreciaba violentamente la voz del individuo y buscaba someterla al yugo de vagos principios colectivos; que no reconocia sus obligaciones, sino solo sus exigencias, y que ademas pretendia alcanzar de forma inmediata el poder, consagraba para Jarnes una crisis, ya profetizada por Ortega en 1917, en el seno mismo de "el sentido de la democracia" ("Carta"), y la victoria del "dogmatismo", nacido del "odio a la independencia y la libertad".

Pese a lo gris del panorama, Jarnes no aceptaba el fatalismo y creia que debia proponer una alternativa espiritual. Nicolai Berdiayev, en libros como La nueva Edad Media (1932) o El cristianismo y el problema del comunismo (1935) patrocinaba la reedicion de la Edad Media mediante el retorno a la religion cristiana, tanto como creencia sustentadora de la fe como moldeadora de un modus vivendi ascetico. Para Jarnes esta solucion suponia una traicion a la propia epoca, cuya coyuntura reclama la instauracion de "el nuevo tipo historico" ("Letras") y ademas era inviable por plantear una cosmovision ya superada: "La religion que lejana parece de estos cuadros de vieja vida moderna, aunque alguna vez se utilice en sentido politico, o en sentido medicinal, de medicina de urgencia!" ("Vieja"). Ademas, la propuesta de Berdiayev se sustentaba en la "afirmacion absoluta" ("Huelga") de la existencia de una contradiccion no ya entre civilizacion y cultura, sino entre vida y cultura, a la que por supuesto Jarnes se opone frontalmente.

Es precisamente la integracion unificadora de vida y cultura la inspiracion de fondo del "nuevo humanismo" ("Humanismo") que Jarnes ofrecia como alternativa, llamado asi porque ante todo propone construir un "nuevo concepto de hombre" ("Alrededor"). Con sesgo plenamente modernista, Jarnes planteaba su alternativa como un encargo y un desafio a los intelectuales: la constitucion de una nueva "fe en la tierra" mediante la forja de una nueva mitologia. (16) Desde su nacimiento, los mitos habian proporcionado sintesis iconicas de actitudes vitales generales, "arquetipos" en sentido jungiano, y constituian el precioso enlace entre el cielo y la tierra, esto es, entre lo universal y lo particular, lo ideal y lo real. Esta funcion debia recuperarse para ofrecer mitos que constituyeran representaciones sensibles, humanizadas, de "la inmutable verdad de la tierra" ("Selva"), esto es, la tierra como seno de un conjunto de "verdades permanentes" (Libro de Esther 153) que proporcionarian la base para una vida mas intensa y "gozosa". Estas verdades eran previas a las "ideas cultas" que a menudo "empanan" la tierra (Libro de Esther 150), y aparecian al contacto con "bellezas inconmovibles" (151). (17) Los mitos posibilitaban una representacion de modos de conexion significativa con la tierra, la realidad sensible y material, y corporizarian actitudes y valores abstractos, formas de habitar el mundo. Los mitos impulsaban la captacion de lo real sensible, los objetos, los sonidos, las texturas, las formas, y estimulaban un contacto directo con "las fuerzas supremas de la vida" (152). Su comprension dotaba al individuo de un peso que equilibraba la angustia que sentia por la fugacidad e insustancialidad imperante en la vida moderna, y ademas le impulsaba a conocer y amar las cosas.

La encarnacion de las verdades de la tierra en mitos se produce en la obra jarnesiana principalmente a partir de personajes femeninos como Danae, Viviana, Eufrosina o Venus. Ellas promueven una nueva escala de virtudes donde en lo mas alto se situa la sabiduria, entendida no a la manera clasica como fruto de la razon pura (representada humoristicamente por Julio o por Merlin), sino como razon practica o razon vital orteguiana. Esta razon practica situa la experiencia estetico-erotica como culminacion vital y paradigma de actitud ante el mundo: dialogo silencioso, goce de la sensibilidad, apertura al "efluvio voluptuoso" (Libro de Esther 138) de lo real sensible. (18) El mito jarnesiano presenta una nueva mujer a la vez como "diosa velada" (Libro de Esther 45) y como "companera" que abandera una "nueva moral sexual" superadora de "los tres modos de concebir el amor en nuestras ultimas edades: el amor-fetiche, el amor-concepto, el amor-instinto" ("Tecnica"). (19) Muestra de esta nueva moral seria la esencial, seductora y cristalina feminidad (consciente, reconocida, potenciada) que irradian las mujeres jarnesianas y que las hace aparecer mas fuertes (mas vitales) que los personajes masculinos, a los que les exigen "una maxima tension espiritual" (Feria 183) y una sensibilidad cultivada, para "enfrentarse" juntos en un juego de seduccion--en el fondo, ironicamente intelectual, basado en el conocimiento y reconocimiento del otro. (20)

A traves de esta mitologia bastida en sus ficciones, el humanismo jarnesiano impulsa un vitalismo esteticista y una reivindicacion de sentimientos positivos ante el gris panorama intelectual y emotivo contemporaneo. Frente a la desazon, la tristeza, la angustia o el odio, Jarnes reclama jovialidad, amor, optimismo, alegria y felicidad. En los momentos mas criticos era cuando las emociones afirmativas debian ser reivindicadas. Algunos negaban la existencia de la felicidad, otros la interpretaban romanticamente como fin inasible de un impulso infinito, y aun otros, como Spengler, directamente la condenaban. Frente a ellos, Jarnes reiteraba que la felicidad existia y era alcanzable. Su origen se localizaba no tanto en el exterior como en el interior del individuo, "consiste en mantener viva nuestra propia llama" (Libro de Esther 143), esto es, media la capacidad del individuo para reconocerse abierto a la realidad, fresco y poroso, dejando que sus ideas se renovaran y redescubriendo con disfrute lo vital en torno. En resumen, "felicidad equivale a conciencia de haber desarrollado un maximum de energia vital, sea cualquiera el fruto" (Libro de Esther 144). Una definicion formal para que cada uno definiera como queria alcanzar su felicidad, pues Jarnes solo exigia del que quisiera ser feliz un esfuerzo sostenido, una intensidad, y un autoconocimiento que coordinara los limites propios con las propias aspiraciones, para evitar desequilibrios. La felicidad se plasmaba en la alegria, definida por Jarnes, en otro arranque de vitalismo como "la plena afirmacion de nuestra vida frente a todos los contratiempos" (Libro de Esther 145). Nuevamente el efecto de una conexion fructifera entre un profundo conocimiento (y asi dominio) interior y el mundo alrededor. La alegria se jugaba en el interregno entre el si mismo y lo otro, lo que somos y lo que damos al mundo. Alegre era aquel que movia los resortes de su propia existencia para construirla como una gozosa cadena de contrastes, y asi puede permitirse tanto el frenesi como la serenidad. Por eso en Feria del libro, Jarnes presentaba la alegria como el mejor antidoto contra el peor enemigo, el resentimiento, al calificarlo de "brinco espiritual sobre todos los dolores" (Feria 191).

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Juan Herrero-Senes

University of Colorado at Boulder

NOTAS

(1) Prologo ampliado en 1937 al dejar Jarnes lista para la imprenta la segunda edicion de la novela, que no veria la luz hasta 1965 cuando Joaquin de Entrambasaguas la incluyo en su coleccion de "las mejores novelas contemporaneas". Lo ha analizado Lanz (18-19).

(2) Ya en Rubricas, Jarnes se habia identificado, junto a sus contemporaneos, como "unos hombres olvidados del infierno" (112).

(3) Bernstein definia al primero como "a spectator who seldom acts, whose shyness is almost paralyzing" (60). En su resena de Lo rojo y lo azul para Luz (7 de junio de 1932), Jose Diaz Fernandez apuntaba como a pesar del evidente cambio de perspectiva de Jarnes entre su primera novela y esta, el personaje de Julio mantenia, en esencia, sus cualidades: "El protagonista de Jarnes es un joven perdido e indeciso en medio de la vida brutal del cuartel; su rebeldia hubiera resultado mas dramatica habiendole quitado la sordina burguesa, arriesgandole con empeno en emociones mas francas y atrevidas. Es posible que el novelista, por propia decision, haya querido pintar un caracter vacilante y timido que no siente en su espiritu la combustion de los grandes ideales."

(4) Martinez Latre (Novela 236) habla de "animo nihilista y desesperado" a proposito de este ultimo heroe jarnesiano, y Epicteto Diaz dice sobre Teoria del zumbel que "la bus queda del protagonista es la de un sentido existencial que no encontrara (no existe solucion al absurdo)" (98).

(5) Jose-Carlos Mainer hace una aguda lectura de San Alejo como emblema de la creacion literaria jarnesiana y Rodenas (Espejos) habla del estatuto del novelista en Teoria del zumbel.

(6) Con esa actitud los jovenes cometian en opinion de Jarnes un doble error. Por una parte, sustituian la literatura por la politica (y asi, confundian la tarea de pensamiento del intelectual por la tarea de accion del politico). Por otra, se dejaban "llevar por esa facil corriente --tan facil como borrosa--de 'mesianismo reconstructivo'" que les conducia a "creer que son responsables de la urgente reconstruccion de Espana", cuando esa era tarea de gente con mayor experiencia. ("Triste")

(7) A proposito de esto, ya Victor Fuentes hizo notar que "el protagonista de sus obras aparece siempre desprovisto de ficha historico-social" ("dimension" 243).

(8) Sobre este asunto, ver el capitulo dedicado al "espacio narrativo" en Martinez Latre (Novela 165-196), y Rodenas, que comenta a proposito de las localizaciones de Paula y Paulita (balneario y Abadia de los Fresnos) que "mas parecen, en principio, cotos espaciales aislados del resto del mundo que lugares abiertos a cualquier contaminacion." (164)

(9) El propio Jarnes dio sus razones para ello: "El "hecho historico" solo me interesa como materia artistica, y esto equivale a ... no interesarse por el hecho, o a preferir hechos falsos--falseados con arreglo a una concepcion ajena a ellos--" ("Autocritica").

(10) En un texto de julio de 1934, lo anunciado en 1932 es ya una realidad: "Hemos llegado a los tiempos de la "segunda barbarie" ("Muchachos").

(11) En alejamiento de su admirado Ortega y asimilando en profundidad este rasgo moderno, Jarnes muestra en general poca simpatia por la historia (que, como ya se dijo, desaparece en su presencia explicita casi totalmente de sus ficciones). En tono nietzscheano, la ve como un lastre poco util para la vida. Esto no esta en contradiccion con la apelacion a tener sentido historico, en tanto que relativizacion y contextualizacion del propio presente, sin pretender encontrar en la historia normas para construir el hoy. Ver la entrevista con Dario Perez, quien transcribiendo opiniones de Jarnes afirma: "no cree en la Historia; no cree en los prestigios que la realidad dejo de contrastar."

(280)

(12) Dice Jarnes: "Y esto es lo que falta: fe en los hombres. No porque falten hombres en quien pueda tenerse fe, sino porque faltan los hombres capaces de creer hasta la disciplina, hasta el sacrificio" ("Volcan").

(13) Sobre la influencia de la nocion de resentimiento scheleriana en Jarnes, ver de Zuleta (232-234).

(14) Jarnes ya habia comentado de manera elogiosa en 1930 (cf. "Letras") un libro anterior del autor, El otono de la Edad Media, enmarcandolo en el debate a proposito de la posible reedicion de una nueva Edad Media, de la que tanto Huizinga como el desconfiaban, como se vera mas abajo.

(15) Ver "Del hombre a la maquina" (1933), donde Jarnes comenta el libro de Jaspers Ambiente espiritual de nuestro tiempo.

(16) Sobre el rol de la mitologia en Jarnes, ver las contribuciones de Martinez Latre. Rodenas ("mitos") ha hablado de su lugar en la narrativa vanguardista.

(17) Piensese por ejemplo, mas alla del caso evidente de Viviana, en el rol de Paulita como "messenger of the vibrant warmth of the earth" segun la interpretacion de Marion W. O'Neill (265).

(18) Victor Fuentes ("Metaficcion") ha aportado las principales razones de la importancia de lo erotico en Jarnes y su vinculacion al proyecto de una "utopia estetica" (72).

(19) El libro de Cesar Perez Gracia La Venus janica (1989), un estudio descriptivo de las principales heroinas jarnesianas, inaugura el interes por el tratamiento jarnesiano de lo femenino al que han seguido Robert P. Herschberger, que describe como Jarnes utiliza procedimientos cinematograficos para acercarse a la mujer, Juli Highfill, que resigue el caracter alegorico del personaje femenino en "Andromeda", Roberta Johnson, para quien Jarnes sigue preso de una imagen tradicional de la mujer como ente pasivo, algo discutible a proposito de obras como Viviana o Merlin--Johnson ajusta su analisis solo a las dos primeras novelas de Jarnes, y ademas en sus primeras ediciones--; y Manuel Pulido Mendoza, que centrandose en Teoria del zumbel situa su "feminismo" en el efervescente contexto del momento.

(20) Berstein (139) ya habia anotado esto. Mas recientemente, Perez Gracia sintetizaba asi la relacion entre los personajes masculinos y femeninos: "El heroe jarnesiano--eterno naufrago en su caotico mundo interior--recupera una misteriosa seguridad vital, un raro equilibrio fugaz, como si lo femenino fuese la gran isla o archipielago luminoso del tormentoso viaje de la vida" (103).
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Author:Herrero-Senes, Juan
Publication:Hispanofila
Date:Jun 1, 2014
Words:8439
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