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Barbara E. Mundy, La muerte de Tenochtitlan, la vida de Mexico.

Barbara E. Mundy, La muerte de Tenochtitlan, la vida de Mexico, Mexico, Grano de Sal, 2018.

Comenzare por el final. En el capitulo 10 de este libro, Barbara E. Mundy escribe: "El padre de la ciudad de Mexico fue Tenochtitlan, y su derecho de nacimiento no puede negarse mas" (p. 407). Acude la autora a Francisco Cervantes de Salazar, primer cronista de la ciudad de Mexico que, en su muy valiosa obra Mexico en 1554, recorre calles y plazas de la ciudad novohispana. Para su recorrido, Cervantes se vale de tres personajes. Dos de ellos, Suazo y Zamora, eran habitantes de la urbe; el ultimo, Alfaro, un fuereno que no deja de asombrarse ante una ciudad que, nos dice la autora, partia de un concepto muy diferente. Asi lo senala:
   Los conquistadores espanoles destruyeron los templos del altepetl,
   pero el perjuicio mas grave quiza no fue la conquista en si, sino
   la negativa sistematica del primero de los dos conceptos esenciales
   del mundo nahua del altepetl: al, el agua. Los espanoles y los
   criollos, con su concepto de ciudad ideal forjada a partir de las
   tierras aridas de Extremadura, tuvieron poca tolerancia con el
   mundo acuatico disenado a partir de Aztlan [...] (p. 403-404).


Vayamos ahora a la introduccion del libro. En ella, la autora escribe una frase que lo dice todo: "En 1521, la capital azteca de Tenochtitlan murio. Y, en 1521, nacio la ciudad de Mexico, que aun vive hoy en dia" (p. 13). Estos conceptos de vida y muerte bellamente expresados por nuestra historiadora, y que estan presentes en el titulo mismo del libro, no dejan de ser paradojicos y aparentemente contradictorios: la paternidad de la primera, Tenochtitlan, da paso a la segunda, la ciudad colonial que se construye a partir de las piedras arrancadas de templos y palacios indigenas. De esta manera, la esencia de las construcciones coloniales conto con la mano de obra de los recien conquistados y con la materia prima obtenida del desmantelamiento sistematico que llevo a la ereccion de la nueva urbe dentro de una logica diferente. De alli surgio una tercera metropoli, la actual ciudad de Mexico con sus millones de habitantes y su crecimiento desordenado. Pero lo que me interesa dejar por sentado es que Barbara, con muy buen tino, senala la importancia del agua como elemento fundamental, como comun denominador presente en todo momento. El capitulo 2, "El agua y la ciudad sagrada", es un buen compendio de la relacion entre el liquido vital y la ciudad: la urbe surge en medio de un lago como queda expresado en una escultura a la que la autora dedica un apartado completo: el Teocalli de la Guerra Sagrada. El analisis que Mundy hace de esta pieza nos da una nueva interpretacion de la figura posterior del aguila parada sobre el nopal de cuyo pico surge el atl tlachinolli, simbolo de la guerra. La imagen referida se centra en un personaje que la autora identifica con Chalchiuhtlicue (La de la falda de jade), senora de los lagos y los arroyos, que, a su juicio, yace abatida y derrotada. La relacion de esta deidad con el agua lleva a la autora a considerar que ella es la que da solidez y base a la fundacion de Tenochtitlan en aquel medio acuatico. Por otro lado, desde esta lectura el Teocalli de la Guerra Sagrada no es la imagen en miniatura del Templo Mayor, del Hueiteocalli, pues le faltan muchos elementos para serlo. Mas bien pareciera ser un templo dedicado al Sol-Huitzilopochtli que indica el lugar de fundacion de la ciudad tenochca.

Para la autora no pasa desapercibido el importante papel que los tlatoani tenian en el espacio urbano. De ello trata en su capitulo 3, "El tlatoani en Tenochtitlan". La figura del gobernante, muchas veces dificil de apreciar por el pueblo dentro de lo que la autora llama con acierto "la retorica de la invisibilidad", se distinguia por los simbolos de poder que le eran propios. Las plumas, por ejemplo, eran traidas al centro desde diferentes partes del imperio, lo que hace pensar a Mundy que, simbolicamente, representaban espacialmente la forma en que se concentraba el poder en el maximo dirigente mexica. Las fuentes historicas permiten a la historiadora visualizar los atuendos con los que se revestia el tlatoani en distintos momentos. Pero, no solo en documentos antiguos vemos esto. La arqueologia nos permite apreciar como, en la Piedra de Tizoc, este personaje es el unico que lleva un tocado de largas plumas como parte de su vestimenta. Por otra parte, la planificacion de la ciudad tenia ciertamente una razon de ser. En ella, las grandes calzadas que apuntaban hacia los rumbos cardinales teniendo como centro el espacio sagrado con su Templo Mayor tenian tal relevancia por la presencia del tlatoani. Tambien la relacion con el agua traida desde Chapultepec para abastecer a Tenochtitlan tiene vinculos fuertes con la figura del tlatoani. La autora nos recuerda, por ejemplo, como fue aquel primer intento por hacer el acueducto durante el reinado de Chimalpopoca y como esta obra fue posteriormente reconstruida por Moctezuma I. Sin embargo, Mundy hace ver como el interes de los dirigentes mexicas por perpetuarse en Chapultepec dio paso a las figuras de algunos dirigentes labradas en el lugar. El control del agua, pues, era de enorme importancia y nos permite recordar la construccion del acueducto de Acuecuexcatl que tantos perjuicios causo en la epoca de Ahuitzotl, pues inundo casas y sementeras con resultados catastroficos para los habitantes. Una vez mas, la imagen de la diosa Chalchiuhtlicue vuelve a tener presencia en estos hechos, pues es ella la encargada de calmar el desbordamiento de las aguas.

A partir del capitulo 4, Barbara Mundy nos lleva con buena guia por los derroteros que la ciudad va a sufrir despues de los combates. Para mi, la intencion de Cortes al establecer la nueva ciudad sobre la anterior fue la de mantener una imagen de poder acorde con el espacio sagrado mexica. Recordemos que apenas se iniciaba la conquista de otras regiones de Mesoamerica y que, por ello, era importante para los espanoles preservar aquella imagen centralizada del corazon del imperio. Esta intencion la vemos tambien en el nombramiento de los gobernantes de la nueva ciudad quienes, por lo general, tenian relacion con la casa imperial mexica. Tal fue el caso de Huanitzin, de quien la autora nos habla en el capitulo 5.

Otro aspecto que trata Barbara es el de la ayuda que diversos pueblos indigenas ofrecieron a los espanoles y que resulto esencial para el triunfo del imperio espanol sobre el mexica, apoyo comprensible basado fundamentalmente en el odio que provocaba en estos pueblos el sometimiento al tributo impuesto por Tenochtitlan. Pienso que este fue un factor definitivo para el resultado de la contienda. Pero a esto habria que sumar otros dos factores: el psicologico y el tecnologico. El primero, pienso, tenia su origen en los antiguos que auguraban el final del imperio y en el hecho de que las huestes mexicas habian perdido a casi todos sus dirigentes: el tlatoani Moctezuma fue hecho prisionero; Cuitlahuac, su sucesor, murio de viruela; muchos de los capitanes del ejercito mexica murieron en combates. En cambio, los capitanes espanoles estuvieron presentes durante la guerra de conquista y aun despues de ella. Quiza uno de los pocos casos fue el de Juan Velazquez de Leon, muerto en la huida de la Noche Triste. Para un ejercito, perder a sus generales resulta un golpe fuerte, sobre todo si ese dirigente era la maxima expresion del poder y si con su muerte se perdia al sol. En segundo lugar, desde el punto de vista tecnologico, resulta indiscutible que la diferencia de armamentos resulto esencial. Ademas, no se debe olvidar que existian tambien muy diferentes tacticas guerreras: el espanol iba a matar y el mexica pretendia capturar enemigos para llevarlos al sacrificio.

Pero pasemos a otra cosa. La autora pone tambien atencion en lo que ocurrio con la poblacion indigena mayoritaria, agricultores y artesanos, en aquellos momentos aciagos. Mundy nos dice que "mientras que el plano de 1564 de la Plaza Mayor muestra una vista de la ciudad, el Plano parcial de la ciudad de Mexico ofrece otra cara de la region: los agricultores indigenas que vivian en comunidades organizadas bajo el dominio de sus senores tradicionales, en un paisaje cuidadosamente creado gracias al aprovechamiento del agua" (p. 159). Aqui volvemos a observar el interes en el agua que desde el inicio de la lectura del libro habiamos advertido. La atencion, por otra parte, en los gobernantes indigenas de la ciudad es importante, como tambien lo es la supervivencia del tianguis o mercado. No hay que olvidar que, como lo hemos expresado, frente al palacio de Moctezuma se encontraba un amplio espacio abierto que vemos en el plano de Cortes publicado en Nuremberg en 1524, en donde se describio como "Plaza" a dicho espacio y que parece ser el lugar donde estaba el tianguis principal de Tenochtitlan.

Los siguientes capitulos contienen una gran cantidad de informacion valiosa que va desde la importancia religiosa del cristianismo hasta los ejes de la ciudad trazados con base en aspectos religiosos. En efecto, las utopias franciscanas son tratadas en el capitulo 6. En el la autora analiza la necesidad que estos religiosos tuvieron de imaginar una nueva Roma. Escribe Barbara en la conclusion de este capitulo:
   A mediados del siglo XVI, la ciudad indigena-cristiana se consolido
   en Moyotlan, centrada en torno a la escuela de San Jose de los
   Naturales, dentro del convento de San Francisco. Calle abajo, el
   espacioso tecpan era la personificacion del orden de la autoridad
   indigena, y tambien era el centro de distribucion del nucleo
   comercial del gran Tianguis de Mexico. Asi como el antiguo Templo
   Mayor habia sido erigido en un cruce de ejes, tambien el tecpan lo
   fue. Su eje Este-Oeste enlazaba San Juan con San Pablo Teopan; para
   1532 la calzada de San Juan se extenderia mas hacia el Oeste, para
   llegar hasta los manantiales de Chapultepec, mientras que el eje
   Norte-Sur fue definido por la arteria que pasaba a lo largo del
   costado del convento de San Francisco y luego llevaba cerca de
   Santa Maria Cuepopan, para terminar en Santiago Tlatelolco, por lo
   que enlazaba centros no solamente indigenas, sino tambien
   franciscanos (p. 251).


Un capitulo del libro que llama la atencion por lo que en el se trata es, sin duda, el capitulo 7, "Toponimia de Mexico-Tenochtitlan". En el nos acercamos a los conceptos nahuas, a la interpretacion de nombres (como los de Tenochtitlan y Tlatelolco) y a la division de la ciudad en barrios. Estos, denominados en trabajos anteriores como tlaxilacalli, son elementos esenciales para la comprension de la division interna de la ciudad novohispana. Barbara los define como "la unidad basica de identificacion colectiva dentro de la ciudad, un nivel por arriba de la unidad familiar y por debajo de la parcialidad" (p. 268).

Las procesiones, los mitotes y otras representaciones populares revisten un caracter religioso pero tambien politico y economico. No pocos de estos, como nos muestra la autora, acabaron en disturbios. Esta, por ejemplo, el mitote que vemos en el Codice de Tlatelolco, o el protagonizado por don Luis de Santa Maria Cipactzin a raiz de su boda. Recaudador de los impuestos, Cipactzin fue exhibido en publico y denostado por la muchedumbre. El relato que nos da Barbara de este suceso es muy interesante y nos revela las dificultades por las que pasaban los habitantes de la ciudad. Cabe agregar aqui que muchos de estos mitotes, en los que se podia adivinar la presencia de rituales prehispanicos, tambien estaban acompanados de las danzas de "Moros y cristianos" o "Danzas de la conquista" que los espanoles, en particular los franciscanos, introdujeron en el siglo XVI.

"El agua y el altepetl a finales del siglo XVI" es el titulo asignado al capitulo 9. En el, la autora nos habla acerca de la reunion que el cabildo espanol tuvo en el edificio del ayuntamiento de la ciudad de Mexico. Fue el dia 28 de junio de 1575 cuando se llevo a cabo lo que Barbara nos refiere y que mucho nos dice de la forma que se gobernaba la naciente ciudad:
   Por la manana, los miembros del cabildo espanol, entre ellos
   algunos ricos y poderosos ciudadanos de la capital de ese Nuevo
   Mundo, se encontraban reunidos para una de sus acostumbradas juntas
   bisemanales en la que discutian algunos de los asuntos de la ciudad
   bajo su control: la organizacion de festividades, principalmente la
   de San Hipolito; las regulaciones de los rastros de la ciudad; la
   limpieza y pavimentacion de las calles. Una carta del virrey, don
   Martin Enriquez de Almanza (r. 1568-1580), interrumpio el curso
   natural de la sesion; Tras darle lectura ingresaron al gran salon
   de juntas unos inusuales invitados, hombres que raramente cruzaban
   esas puertas. Eran los dirigentes del cabildo de
   Mexico-Tenochtitlan, el gobierno indigena que tenia bajo su control
   las cuatro parcialidades, el anillo urbano indigena de la isla. A
   la cabeza estaba don Antonio Valeriano, quien afirmaba descender de
   linaje de los huey tlatoque de la epoca prehispanica, flanqueado
   por dos alcaldes del gobierno indigena, don Martin de la Cruz y don
   Martin Hernandez, junto con una corte de nobles y funcionarios
   gubernamentales probablemente conformada por los diez regidores
   representantes de las cuatro parcialidades. Rara vez se reunian
   frente a frente estos dos cuerpos de gobierno, por lo que se
   trataba de una ocasion ceremoniosa.


Resulta ser que lo que convocaba aquella reunion era, ni mas ni menos, la necesidad de construir un acueducto que corriera desde Chapultepec para abastecer de agua los barrios de Moyotlan y Teopan, que no se veian beneficiados por el antiguo acueducto que llegaba por la calzada de Tacuba. Los argumentos presentados por los gobernantes indigenas en cuanto al pago de la obra y la necesidad de hacerla dieron por resultado la aprobacion del proyecto. De este acto, como senala Barbara, "se puede ver en la construccion de esta obra su importancia practica e ideologica en el ejercicio de la gobernanza indigena de la ciudad" (p. 366).

Y asi llegamos al final de esta fascinante historia. Estas son apenas algunas reflexiones que la lectura del libro me provoca. No exagero si digo que cada parrafo, cada linea, presenta ideas y facetas que llevan al lector a volver a releer lo escrito. Si bien esta redactado de manera agil y amena, tambien es cierto que no debio de ser tarea facil para los traductores llevar a cabo su trabajo (recordemos que el libro fue publicado en ingles en su primera version en 2015). No puedo extenderme mas sobre un escrito rico en planteamientos por parte de la autora y basados en una rica bibliografia en donde las fuentes historicas juegan un papel relevante y en el que las excavaciones arqueologicas penetran en el corazon del imperio. Estudios mas recientes tambien tienen cabida para brindarnos un verdadero corpus de conocimientos acerca de la antigua Tenochtitlan y lo que hoy sobrevive de ella.

Quiza no se equivoco el sabio nahua cuando, al cantar a su ciudad, dijo: "Mexico-Tenochtitlan subsiste". Al canto del poeta anonimo se une la de Alfonso Reyes quien, en 1915, escribia en su Vision de Anahuac:
   Mas tarde, la ciudad se habia dilatado en imperio, y el ruido de
   una civilizacion ciclopea, como la de Babilonia y Egipto, se
   prolongaba, fatigado, hasta los infaustos dias de Moctezuma el
   doliente. Y fue entonces cuando en envidiable hora de asombro,
   traspuestos los volcanes nevados, los hombres de Cortes ("polvo,
   sudor y hierro") se asomaron sobre aquel orbe de sonoridad y
   fulgores, espacioso circo de montanas.

   A sus pies, en un espejismo de cristales, se extendia la pintoresca
   ciudad, emanada toda ella del templo por manera que sus calles
   radiantes prolongaban las aristas de la piramide.
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Author:Matos Moctezuma, Eduardo
Publication:Estudios de Cultura Nahuatl
Article Type:Resena de libro
Date:Jul 1, 2017
Words:2874
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