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Azurduy por Anzoategui: subjetividad femenina y espacio publico en Huallparrimachi (1894).

[E]n materia social la mujer fue tan poco iniciadora que ni siquiera
creo la doctrina que mas naturalmente hubiera podido venir de ella.
Psicograma sin hiel: Las mujeres no inventan teorias;pero apostolizan
muy bien las que inventan los hombres: por ejemplo, el Feminismo
                                            (Vaz Ferreira 1945: 42-43J.


Aunque esta sentencia fue pronunciada por Carlos Vaz Ferreira en 1914, es decir, veinte anos despues de que Lindaura Anzoategui de Campero publicara Huallparrimachi, ya en varias novelas escritas por autoras latinoamericanas en el intersiglo XIX-XX estaba implicita la creencia de que el cerebro femenino se encontraba naturalmente incapacitado para desarrollar el pensamiento abstracto. De ahi que cualquier intento de teorizacion por parte de una mujer debiera ser cuestionado, minimizado o, directamente, omitido al momento de aproximarse a los fenomenos o comportamientos sociales.

A esto se suma, ademas, la vieja tension entre experiencia y teoria que atraviesa el debate feminista casi desde sus origenes. Nelly Richard lo sintentiza al afirmar que:
Muchos grupos feministas han generalizado el lugar comun de que las
mujeres deben combatir toda intelectualizacion por juzgarla siempre
complice de la alianza falocratica entre el poder de la razon y la
razon como poder. La teoria seria--para estos grupos--un discurso de
autoridad culpable de repetir la censura mantenida durante siglos por
el dominio conceptual del Logos (masculino) sobre la cultura del cuerpo
y del deseo que asocia naturalmente lo femenino a lo subjetivo y a lo
afectivo, al yo personal (1996: 733).


Asi pues, al marcaje generico de la polaridad creacion/apostolizacion, se sumo la desconfianza de algunas mujeres hacia los procesos de teorizacion mas convencionales y, sobre todo, hacia las instituciones encargadas de avalarlos. Fenomeno que se acentuo en el caso de America Latina, pues "Hay un punto de coincidencia en el que el imaginario femenino del cuerpo-naturaleza y de la lengua-madre se refleja en la concepcion tradicionalista del ser latinoamericano como pureza originaria, creando visiones complices entre el mito de lo "propiamente" femenino y de lo "propiamente" latinoamericano" (Richard 1996: 736). Todo esto llevo a que, desde mediados del siglo XIX, las intelectuales latinoamericanas disenaran un tipo especifico de ficciones donde la anecdota seria el lugar elegido para ventilar, debatir y contravenir las ideas politicas y filosoficas en boga. Produjeron textos narrativos en los que la inscripcion de los personajes dentro de alguno de los moldes subjetivos admitidos como validos por la sociedad se empleaba para que las voces femeninas intervinieran en el debate publico. Se trato de escrituras en las que, si bien se reproducia la diferenciacion entre el hombre que abstrae y teoriza, frente a la mujer que experimenta y apostoliza, las autoras insertaron una serie de postulados propios con la solidez suficiente para movilizar las doctrinas dominantes en el campo intelectual.

Aunque se podrian mencionar muchos ejemplos en el continente--como la revision del ideario de los unitarios que lleva a cabo Rosa Guerra en su novela Lucia Miranda (1860); la intervencion del pensamiento abolicionista desde el feminismo, presente en "A Escrava" (1887), de Maria Firmina dos Reis; las reflexiones en torno al modelo liberal y a la distribucion del trabajo que se ve en Blanca Sol (1889), de Mercedes Cabello de Carbonera; o bien la defensa de la filosofia positivista expuesta en La evolucion de Paulina (1893), de Margarita Praxedes Munoz--las ficciones historicas creadas en este marco constituyen un corpus particularmente fecundo.

Al respecto, es importante recordar que cuando las autoras del intersiglo XIX-XX decidieron escribir ficciones de archivo dejaron en evidencia que la presencia de la mujer--en tanto agente social y no solamente en condicion de alegoria--en el espacio publico se habia producido varias decadas antes de que las obras fueran publicadas. Con ello, se demostraba la insuficiencia de cualquier propuesta teorica que intentara comprender la interaccion social desde la evaluacion exclusiva de las subjetividades masculinas. En otras palabras, cuando estas ficciones de archivo atravesadas por una mirada feminista iluminaron zonas umbrosas del espacio publico, pusieron de manifiesto tanto la capacidad analitica de las mujeres intelectuales como ciertas inestabilidades de las doctrinas que decadas mas tarde Carlos Vaz Ferreira le atribuiria al genio masculino.

Lucia (1860), de Eduarda Mansilla; El tesoro de los incas (1865), de Juana Manuela Gorriti; Jose Antonio Galan. Episodios de la guerra de los comuneros (1870), de Soledad Acosta de Samper; "Cora Campillana" (1873), de Carolina Freyre de Jaimes; o La hija del bandido o los subterraneos del Nevado (1887), de Maria del Refugio Barragan de Toscano constituyen algunas manifestaciones de esta tendencia a dislocar la Historia que se extendera en todo el continente. Estas y otras publicaciones serviran de marco para que la voz de la escritora boliviana Lindaura Anzoategui de Campero emerja en sus tres novelas historicas: Huallparrimachi (1894), En el ano 1815 (1895) y la obra postuma Manuel Ascencio Padilla (1909), textos en los que, por medio de la desestabilizacion del discurso historiografico y un solapado proceso de teorizacion feminista, la autora interviene las fronteras impuestas entre el espacio publico y el espacio privado.

Aunque los estudios en torno a la narrativa de Lindaura Anzoategui de Campero publicados en los siglos XIX y XX son mas bien escasos, hay una serie de lecturas insertas en manuales o textos panoramicos que dan cuenta de la posicion desde donde se pronunciaba la autora. Fernando Unzueta (1997), por ejemplo, asegura que "La 'persona' publica de Anzoategui se caracteriza por su marcado nacionalismo 'oficialista', alimentado por circunstancias individuales, de clase social e historicas (la guerra y la eleccion de Narciso Campero, su esposo, como presidente 'reconstructor' de Bolivia, 1880-84)" (222). Posteriormente anade que:
En la sede de gobierno, organizo veladas y conciertos patrioticos,
dirigio obras de beneficencia, participo en polemicas (serias y
humoristicas) en la prensa y llevo la correspondencia privada del
presidente, demostrando ampliamente, segun Urquidi, su "ardiente
patriotismo" ("Anzoategui" 85-87). Siguiendo esta linea, una especie de
hagiografia secular representa la agonia de la escritora como un caso
de "ejemplaridad" legendaria: "la ultima palabra que musitaron sus
labios fue: !patria!" (Trigo Paz 38). Anzoategui, mejor conocida en el
ambiente cultural por su pseudonimo "El Novel", tambien ha sido
elogiada por el nacionalismo de su obra literaria. Paredes afirma que
"convertida en Primera Dama, dio rienda suelta a su patriotismo con
trabajos literarios llenos de civismo y amor a la Patria" (Unzueta
1997: 222-223).


Quizas el primer rasgo que salta a la vista al momento de leer esta descripcion es que--mas alla de ser una primera dama, es decir, una mujer que se define desde su identidad relacional--(1) Anzoategui es evaluada como una persona publica con preferencias politicas claras. Ciertamente, en la America Latina del intersiglo, este perfil no implicaba filiacion a un determinado modelo de organizacion economica o social; (2) no obstante, si revelaba el deseo avalar un espacio de poder alternativo desde donde construir un territorio de arraigo para la mujer distinto al de la alegoria o al de la madre. Al respecto, tambien es importante tener en cuenta la mascara masculina y sus implicaciones posibles. La referencia a que "Anzoategui [fue] mejor conocida en el ambiente cultural por su pseudonimo 'El Novel'" (Unzueta 1997: 222), si bien es un potencial signo de subordinacion, tambien podria entenderse como un gesto de resistencia. En un primer momento, pareciera que la autora oculta su nombre porque reconoce que el espacio de las letras pertenece solo a los varones; sin embargo, la eleccion de ese pseudonimo tambien funciona como una estrategia de usurpacion, una argucia que le permite a la autora deslindarse del lugar que le era asignado por distintas instancias de poder. Empleando otros terminos, en el aparente gesto de subordinacion implicito en la renuncia al nombre propio, hay tambien un desprendimiento a las lecturas sociales y culturales que se habian hecho de ese nombre.

Entonces, desde este lugar ambiguo, eventualmente transgresor o bien extensivo de la maternidad, la mujer intelectual adquiere la facultad de construir figuras heroicas que, por su apego a uno de los modelos nacionales, trascendieron la dicotomia de genero. Al movilizar su propia identidad, por medio de la sustitucion de su nombre--que, por cierto, para el momento en que se publican las obras pareciera ser la unica posesion posible de una mujer--, Anzoategui delimita un espacio donde la polaridad hombre/mujer va a ser sustituida por la dicotomia patriota/realista. De ahi que consiga construir personajes femeninos con mayores posibilidades de agencia que los tradicionalmente mostrados por el Romanticismo latinoamericano.

Cinco anos despues de que se publicara el articulo de Unzueta, Virginia Ayllon y Cecilia Olivares (2002), al referirse a Lindaura Anzoategui, presentaron la muerte de Narciso Campero como un punto de quiebre tanto en la escritura como en la figuracion publica de la narradora. Tras catalogarla como una suicida pues, junto con Adela Zamudio, Maria Virginia Estenssoro e Hida Mundy, "de manera premeditada reali[zo] actos que [la] condenaran no necesariamente a la muerte fisica, sino a ser protagonista privilegiada de conjeturas y maldiciones" (149), las investigadoras senalan que la narradora publico:
En el ano 1815 (1895), Huallparrimachi (1892), Luis (1892), y Manuel
Ascencio Padilla (1909), es decir, novelas casi civicas, casi
patriotas; episodios historicos que compuso despues de 1896, ano de la
muerte de Campero. Pero Lindaura publico tambien !Cuidado con los
celos! (1893), La madre (1891), Una mujer nerviosa (1891) y el libro de
estampas populares Como se vive en mi pueblo (1892), escritos en la
epoca que transcurrio entre su regreso a Europa y la presidencia de su
marido. En estas ultimas, el motivo civico no es el predominante y si
mas bien el "ser mujer". Estas novelas de Anzoategui son detallados
prospectos de lo que la sociedad boliviana del siglo XIX establecio
como el deber y el ser mujer. Abnegacion y sacrificio son dos de los
atributos femeninos mas desarrollados por la Anzoategui en tramas en
las que las mujeres cumplen a cabalidad sus papeles de cuidadoras, por
un lado, y de victimas por el otro (2002: 150).


Se habla, entonces, de la emergencia del discurso de Anzoategui como sintoma de diferentes circunstancias historicas, socioeconomicas o culturales; sin embargo, no deja de ser interesante como, tras la muerte de su marido, la autora se desplaza dentro del campo intelectual y se dedica a inscribir su propia subjetividad en lo que, segun el consenso, se asumia por entonces como el pasado oficial de la nacion boliviana. La reformulacion de los acontecimientos originarios con la presencia de subjetividades femeninas centrales obliga al reconocimiento de formas alternativas de ser mujer en el pasado, lo que desembocara en un gesto de 1 egitimacion de la propia voz. Usando terminos mas sencillos, se podria afirmar que cuando muere Campero, Anzoategui dejara de ser la esposa del presidente, para transformarse en una representante de la estirpe de Juana Azurduy. (3)

Ahora bien, esta mutacion estuvo seguida de una negociacion que involucraba algunos elementos claves, por ejemplo, aunque Juana Azurduy (4) fuera uno de los personajes centrales de En el ano 1815 (1895), Huallparrimachi (1894) y Manuel Ascencio Padilla (1909), la primera de las obras se titula con una fecha fundacional y las otras dos con el nombre de los protagonistas masculinos; en segundo termino, la heroina es, al igual que la autora, la viuda de un fundador nacional, con lo cual, puede atribuirle su amor a la patria y su interes por la organizacion nacional al papel de esposa que ocupo por anos; finalmente, en algun momento de la tres obras, se introduce una pequena reflexion sobre la nocion de verdad que exculpa a la novelista de cualquier intrusion en el espacio reflexivo que debia corresponderles a los hombres. En otras palabras, "saber" y "decir" entran en juego hasta construir un territorio menos arriesgado para la elaboracion intelectual. (5)

La efectividad de estas maniobras simbolicas se evidencio en los distintos momentos de recepcion de sus novelas. Por ejemplo, en los textos criticos en los que se ha hablado de Huallparrimachi desde el momento de su publicacion hasta el siglo XXI, se acepta la posicion autoral asumida por Anzoategui como correcta y hasta loable, aunque los juicios de valor en torno a su obra no sean del todo uniformes. Asi es como Fernando Diez de Medina, en Literatura boliviana (1954), incluye el nombre de Lindaura Anzoategui en el apartado titulado "La guerra del Pacifico y sus alrededores". Antes de abordar su escritura, senala que, junto con Adela Zamudio y Julio Cesar Valdes, Anzoategui es una costumbrista que proclama "gallardamente la urgencia de explotar el tema nacional, perfilando tipos y modos de vida propios" (Diez de Medina 1954: 238), luego anade:
Lindaura Anzoategui de Campero inicia el costumbrismo propiamente
dicho. Sus novelas cortas y cuentos, lo mismo que sus relatos
historicos, denotan perspicacia en la satira social, fino dibujo
psicologico, sentimiento estetico del paisaje. ?No ha dicho Jounbert
que la literatura es delicadeza? Pues bien: la senora Campero es un
alma delicada, cuyas obras, sentidas y armoniosamente logradas,
contrastan con el barroquismo [sic] ambiente. Es << la mejor prosa
escrita en Bolivia por pluma femenina >>, afirma un critico. Por la
habilidad con que plantea y resuelve los conflictos pasionales, se
advierte un temperamento dramatico que no llego a florecer en plenitud.
Huallparrimachi, Una mujer nerviosa, Luis, y otras narraciones, denotan
un temperamento realista y romantico al mismo tiempo, bien controlado,
que sortea diestramente las vallas del relato (Diez de Medina 1954:
239).


Asimismo, indica: "Otro ensayista apunta: 'Maneja muy bien el dialogo, y es de tal valor plastico, que informa por si solo de toda la accion y trasluce el escenario o fondo'. Dona Lindaura vio y expreso las escenas habituales de su Bolivia, como Fernan Caballero transcribio las de su Espana [...] fue tambien una rara poetisa de rara distincion espiritual" (Diez de Medina 1954: 239-240).

El primer fragmento citado evidencia que algunas de las tretas desplegadas por Anzoategui para ingresar al campo cultural dieron un resultado favorable. Diez de Medina, contrariamente a lo que solia ocurrir con la critica dirigida a la escritura de mujeres a mediados del siglo XX, no presenta ni la obra de esta autora ni la de Adela Zamudio como discursos deshistorizados, al contrario, inscribe Huallparrimachi y otras narraciones de Anzoategui dentro del Costumbrismo, al tiempo que le otorga a la autora la categoria de fundadora y la presenta como una subjetividad intelectual apta para instituir dentro de una sociedad determinada, la etica y la estetica de un movimiento literario.

Pese a tomar ese riesgo o quizas como una formula de compensacion, una vez que se ha reconocido que Anzoategui tiene la capacidad analitica suficiente para formular una critica social, Diez de Medina se dedica a destacar aquellos atributos de la autora que podian entenderse como estereotipicamente femeninos. Entonces, se habla de "armonia", "sentimiento" y "delicadeza" para, posteriormente, reconocer que su escritura es notable solo si se le contrapone a la de otras mujeres. No deja de ser interesante, al respecto, la comparacion de El Novel con Fernan Caballero, otra autora que se valio del pseudonimo masculino para poner en circulacion sus obras, pues el paralelismo senala que aunque quizas no sea posible del todo registrar a Anzoategui dentro de la historia oficial de la literatura boliviana, si existe la opcion de construir movimientos o genealogias de mujeres intelectuales de habla hispana.

Es importante considerar al respecto que para el momento en que publican sus obras, tanto Fernan Caballero (Cecilia Bohl de Faber y Larrea, espanola, nacida en Suiza en 1796 y fallecida en Espana en 1877) como Lindaura Anzoategui (nacida en 1846, en el Valle del Tojo), todavia no les habian sido reconocidos los derechos civiles y politicos a las mujeres. Juridicamente, ambas autoras funcionaban como menores de edad, quizas por ello, Diez de Medina enfrenta la necesidad de atribuir la competencia analitica de ambas narradoras a su "capacidad de ver" (1954: 239) pues, dentro de su idiosincrasia, podia resultar altamente disonante que una mujer tuviera la madurez y la formacion necesarias para analizar y, posteriormente, esbozar alguna reflexion teorica.

Habia pues un reconocimiento del discurso, de la subjetividad de la autora, de su mirada critica, pero dentro de una sociedad regida bajo la logica binaria que rechazaba la participacion publica de la mujer, de ahi que la evaluacion presentara tantas tensiones. De hecho, tan solo un ano despues de que se publicara el libro de Diez de Medina, Enrique Finot (1955), en su Historia de la literatura boliviana, afirmaba:
La critica boliviana ha sido no solamente benevola sino encomiastica
para la senora Anzoategui de Campero, esposa del presidente de la
republica D. Narciso Campero. No hay duda que la [sic] escritora
merecia los elogios que le fueron prodigados, independientemente de su
situacion social y de familia.

La senora Campero murio al poco tiempo de haber dado a la estampa sus
primeros ensayos novelescos. De no haber sido asi, seguramente habria
dotado a las letras bolivianas de otras obras maduras y dignas de justa
fama (198).


Luego de recordar que Anzoategui no llego a alcanzar del todo su adultez, indica:
Lo interesante en esta novela es el caracter nativista del tema y de
los personajes, que senalan a la autora como francamente afiliada entre
los escritores que se inspira en el ambiente nacional. No hay
exageracion en afirmar que Juan de la Rosa de Nataniel Aguirre y
Huallparrimachi son las dos unicas novelas realmente bolivianas
escritas en Bolivia y por autores bolivianos durante el siglo XIX
(Finot 1955: 198).


Aunque la paradoja enfrentada por Fernando Diez se enfatiza en este caso, el texto de Finot asoma algunas otras tensiones utiles para pensar la figura de Anzoategui en el campo cultural. Por ejemplo, resulta altamente llamativo que, dentro de un libro dedicado a sistematizar la literatura boliviana, la autora sea presentada primero como una "senora"; luego, como la primera dama; posteriormente, como una mujer bien tratada por la critica y, solo despues que todo ello ha sido dicho, se senale que los elementos enumerados no tienen conexion entre si. Es decir, aunque se trate de un libro de literatura, el estado civil de la autora parece un dato mas importante que su narrativa para el critico Finot.

Esta jerarquizacion de los rasgos definidores de Anzoategui contrasta abiertamente con la referencia a la bolivianidad de su obra. Segun lo expuesto por Finot, esta escritora consiguio comprender y construir la personalidad nacional, enunciarla desde el territorio boliviano y asi "iniciar" ya no solo el Costumbrismo, como indicaba Diez de Medina, sino la literatura de su pais en general. Es decir, aunque en principio, se lee la voz de Anzoategui desde las ordenaciones genericas que ubican a la mujer como un ente complementario que eventualmente podria tomar la palabra siempre que lo hiciera desde el interior del hogar o desde la obediencia implicita en el matrimonio; de inmediato se senala que ella tuvo la potestad de intervenir tanto el espacio publico como la historiografia literaria.

En resumen, aun varias decadas despues de su publicacion, la escritura de Lindaura Anzoategui de Campero fue visible para algunas instituciones canonizantes de la literatura boliviana como la critica literaria o los manuales escolares y, si bien en muchos casos los investigadores reemplazaron el texto por la biografia y/o la corporalidad de la autora y, en otros tantos, la presentaron como una narradora en proceso de formacion, tambien es cierto que, en los discursos que incorporaban Huallparrimachi a la historia de la literatura, se pueden rastrear una serie de elementos emergentes que hablaban de un perfil mas o menos potente y definido de la mujer intelectual.

Asi pues, Anzoategui, para el momento de la publicacion de sus novelas historicas, gozaba de la autoridad suficiente para dislocar los roles de genero o, lo que es lo mismo, las reflexiones de la escritora acerca de la feminidad contenida en sus primeros textos le permitieron convertir su identidad en un lugar de poder desde donde diseno un modelo de patria. Esto va a ser registrado con mas detenimiento en las aproximaciones a su obra publicadas en el siglo XXI. Por ejemplo, en el ano 2006, casi una decada despues de la aparicion de "Genero y sujetos nacionales: en torno a las novelas historicas de Lindaura Anzoategui" (1997), Unzueta publico el articulo "Las republiquetas y los limites de la historiografia" (2006). El investigador destaca que cuando Anzoategui escribe Huallparrimachi ubica a las tropas guerrilleras por encima de aquellas que estaban comandadas por portenos (Unzueta 2006: 130), del mismo modo, apunta que:
Al mitificar la figura de Huallparrimachi y considerarlo como posible
descendiente de los Incas, << sagrado y querido >> por su gente, la
novela revitaliza la tradicion indianista en un contexto abiertamente
nacionalista. Destaca, ademas, el << numeroso auxilio de los indios >>
a los ejercitos auxiliares y, a pesar de la idealizacion del
protagonista y la representacion de los demas indigenas como victimas,
establece una alianza simbolica entre estos y el proyecto nacional
criollo. La obra tambien traza un paralelo entre Leoncio, un indio, y
Perez Cueto, un exseminarista de Chuquisaca; ambos se arrepienten de
haber apoyado a los realistas y vuelven a su lugar << natural >> en la
lucha por la patria, al lado de los guerrilleros. En la imaginacion
historica de Huallparrimachi, entonces, el movimiento popular de las
republiquetas, dirigido por sectores criollo-mestizos de provincia,
establece alianzas simbolicas con otros grupos sociales del pais: las
mayorias indigenas, y los doctores citadinos (131).


Unzueta estaria reconociendo en la escritura de Anzoategui al menos dos finalidades claras: nacionalizar el linaje Inca y desligarse del proyecto liberal de nacion. (6) Esta propuesta no era del todo novedosa pues, como bien explica Cecilia Mendez (1995), ya en siglo XVIII, no solo en Bolivia sino tambien en Peru, se habia instaurado una "retorica de exaltacion del pasado imperial por parte de los criollos [que] se hizo aun mas evidente en la epoca de la independencia" (31). Con este recurso, se conseguia neutralizar "el sentido politico que pudieran tener las expresiones propias de los indios" y aceptar su presencia solo como parte del paisaje o como gloria lejana (Mendez 1995: 32). En el caso particular de Anzoategui, todo parece indicar que, con esta vision del indigena, se pretendia replantear el modelo de feminidad republicano. Si la nacion no habia sido construida ni fundada por la burguesia liberal sino por los movimientos guerrilleros, si los comandantes portenos estaban llenos de vanidad y entorpecian los planes llevados a cabo en el escenario de guerra y, sobre todo, si se perpetuaba la idea del indigena como un ser fragil que requeria afecto y guia maternal, entonces, nada justificaba que la mujer hubiera permanecido recluida en el espacio privado ni durante la fundacion de la nacion ni en la Postguerra del Pacifico.

Esto se hace evidente desde las primeras paginas de la obra; (7) no obstante, a veces se vela con los juegos con la dicotomia ficcion/realidad. Por ejemplo, en un movimiento contrario a la tradicion de escritura del romanticismo latinoamericano, cuando la voz narrativa menciona por primera vez al protagonista masculino, en una nota al pie de pagina, se precisa:
El Sr. Octavio Moscoso en sus estimables Apuntes Biograficos de los
Protomartires de la guerra de la Independencia del Alto Peru (hoy
Bolivia). Dice: que "Juan, conocido con el nombre de Huallparrimachi,
que eligio por carino en memoria de uno de sus antepasados, pertenecia
por su madrea la estirpe de los Incas, y a la de los reyes de Espana
por su padre. El celebre caudillo Don Manuel Asencio Padilla, tomo a su
cargo la suerte de Juan, cuyos dotes fisicos y morales, le granjeaban
la simpatia general. Poseia un talento sobresaliente y un corazon tan
tiernamente apasionado, que todas sus poesias, escritas en el idioma de
sus abuelos, respiran una dulce melancolia y en veces un dolor tan
intenso, que desgarran el alma". Sentimos no conocer las poesias
aludidas. Segun el autor a que nos referimos, Huallparrimachi murio en
el hecho de armas del 2 de agosto de 1816; nosotros nos permitimos
hacerlo figurar algunos meses despues, contando con que nuestros
lectores nos perdonen este inofensivo anacronismo (Anzoategui de
Campero 2006: 163).


Esta declaracion obliga a recordar las reflexiones en torno a la triada verdad--ficcion--historia que presentaban algunos autores del romanticismo como uno de los ejes fundamentales de la escritura. Por ejemplo, en la carta que Juan Zorrilla de San Martin le dirige a su esposa y que funciona como texto introductorio del poema Tabare, publicado en 1888, se indica: "El poeta no puede decir mentiras, por mas dulces que ellas sean. ?Te ries? Pues, no te lo digo en broma. El arte es verdad, la alta verdad inoculada en la ficcion, como un soplo vivificante y eterno; de ahi que la verdad, lo real en el arte, no este en la forma, como lo eterno del hombre no esta en el cuerpo" (Zorrilla de San Martin 1955: 5); asimismo, en el prologo de Julia: o, escenas de la vida en Lima, Luis Benjamin Cisneros indica que, entre otras motivaciones, escribio su libro:
Por manifestar que la vida actual de nuestra sociedad no carece
absolutamente de poesia, como lo pretenden algunos espiritus. El
ridiculo frivolo y la critica hiriente se han apoderado muchas veces de
nuestras costumbres; pero nadie ha estudiado hasta ahora su bella,
elevada y poetica. Hay sin embargo en nuestra existencia social, en
nuestra vida intima de familia y en nuestros habitos populares, un
horizonte abierto a la poesia, a la contemplacion y al romanticismo
(Cisneros 1861: vii-viii).


De igual manera, en la "Explicacion" que precede Amalia, de Jose Marmol, el autor senala:
La mayor parte de los personajes historicos de esta novela existen aun,
y ocupan la misma posicion politica o social que en la epoca en que
ocurrieron los sucesos que van a leerse. Pero el autor, por una ficcion
calculada, supone que escribe su obra con algunas generaciones de por
medio entre el y aquellos. El autor ha creido que tal sistema convenia
tanto a la mayor claridad de la narracion cuanto al porvenir de la obra
(Marmol 1987: 1).


Por su parte, Sylvia Molloy propone que, segun el propio Sarmiento, Facundo integra "una cadena documental, una configuracion de letras previas y letras futuras que le dan legitimidad. Toma su autoridad del documento que lo precede y se vuelve asi documento capaz de autorizar a su vez textos posteriores" (Molloy 1988: 409). A esto, Enrique Bruce Marticorena (2013) agrega que "Muchos escritos en la historia literaria de Occidente se resuelven 'poeticos', en mucho por una impostura, por una imprevista superposicion generica", por eso no es extrano que "en el caso de Facundo, la pretendida prosopopeya, subgenero de la historiografia caro a las prescriptivas del XIX, se afirm[e] en su sitial poetico e iluminador ya desde la Advertencia al lector del propio Sarmiento" (188).

A diferencia de estas voces canonicas, Anzoategui no defiende su capacidad de designar la realidad mediante la escritura de poetica o narrativa ni tampoco se propone hallar algo dentro de las verdades existentes. Por el contrario, la nota al pie aclara que, aunque parezca que la obra manifiesta verdades incomodas, como la presencia de una mujer en la construccion nacional o los origenes indigenas del sujeto nacional, su discurso esta tan inmerso en la ficcion que parte de un anacronismo ironicamente calificado de "inofensivo". No es arriesgado afirmar entonces que la confesion de esta deficiencia en su novela es otra de las muchas estrategias empleadas por la autora para negociar su ingreso al campo intelectual sin resultar amenazante. Treta que, ademas, entra en tension con sus referencias permanentes a las fuentes bibliograficas consultadas. Usando la terminologia de Scott (1990: 27), podria decirse que al contrariar la tradicion que hacia de narradores y poetas portadores de verdades, la autora esta haciendo publico su deseo de intervenir la historiografia boliviana oficial o, lo que es lo mismo, poniendo al descubierto lo que habia sido por anos el sentido oculto de su escritura.

Por anadidura, en este mismo fragmento, Anzoategui confiesa no haber leido la obra poetica escrita por su personaje. Es decir, ella--en su condicion de mujer letrada--no se aproximo a la figura de Huallparrimachi por su poesia, sino que lo analizo como personaje historico, lo que equivale a decir que lo convirtio en su objeto de estudio. Indudablemente, se trata de una transgresion del lugar de la mujer intelectual que, si bien estaba facultada para "apostolizar" las propuestas de los grandes ideologos, no debia mostrarse como conocedora del espacio publico, portadora de un saber analitico ni, en modo alguno, como una voz mas racional que emocional. Al reconstruir el espacio social, Anzoategui estaria abandonando el lugar de la testigo que habla con base en su experiencia al interior del hogar y, al mismo tiempo, estaria asumiendo el control ideologico del discurso y de los acontecimientos.

Entonces, la subjetivacion de la mujer letrada se va a ver alterada durante la escritura de esta obra y, como consecuencia de ello, el proceso de (autor)izacion de Anzoategui se dara en terminos distintos a los que solian determinar a las figuras femeninas en la posguerra del Pacifico. La narradora participara en la construccion nacional no como madre, sino como investigadora de los hechos, por ello, logra desplazar muchos significantes historicos, entre los que destaca la corporalidad del hombre indigena. En esta misma nota al pie, se recuerda que Octavio Moscoso habia subrayado la simpatia que despertaba Juan Huallparrimachi en una figura tan cercana al sujeto nacional idealizado en la Bolivia del intersiglo como Manuel Ascencio Padilla; no obstante, tambien se aclara que esta afinidad no estaba vinculada al potencial guerrero, sino a los "dotes fisicos y morales" y el "talento sobresaliente y el corazon tan tiernamente apasionado" (2006: 163) del representante de los incas. Con ello, Anzoategui propone una reflexion en torno a las fronteras que separaban clases, generos y etnias en la constitucion del espacio publico.

Es curioso que no sea la voz narrativa sino la voz autoral que enuncia las notas aclaratorias la que describe al hombre indigena como virtuoso y bello--tal y como le hubiera correspondido a cualquier heroina romantica--; al hombre mestizo occidentalizado como maternal pues prohija al poeta e intenta protegerlo; y al historiador, el otro varon letrado, como el encargado de certificar esta relacion amorosa. Si se piensa este hecho considerando el lugar que ocupan los tres agentes dentro del imaginario boliviano, resultaria imposible pensar que Anzoategui va a reproducir la dicotomia amor romantico/razon propia de la novela decimononica. Polaridad que, en muchos casos, tambien sustentaban otros pares minimos como contemplacion/accion o espacio privado/espacio publico.

Adicionalmente, el hecho de que el historiador, el heroe y el indigena ganado a la causa independentista se impregnen de emociones comprendidas hasta ese momento como femeninas movilizara algunas otras identidades antes opacadas, como la de la mujer guerrera. Ello explica por que, por ejemplo, la reubicacion de las figuras masculinas dentro del mapa nacional se narra en un apartado que lleva por titulo "Juana Azurduy de Padilla":
La brisa, tibia como una caricia, mece suavemente el espeso follaje del
corpulento ceibo, bajo cuya sombra detienen sus pasos un apuesto
mancebo de tostado rostro, de negros e inteligentes ojos y de esbeltas
formas, y una arrogante mujer, cuyo severo perfil romano y mirada
profunda y avasalladora, imponen la admiracion y el respeto. El vestido
negro que la cubre, realza la majestad de su tez, dorada por nuestro
esplendoroso sol tropical.

La hermosa mujer decia al mancebo.

--Ya ves que la comision de que te encargo, valia la pena de que
hubiese venido personalmente en busca tuya.

--Te lo repito, Juana, yo habria acudido al Villar en el acto de
recibir tu aviso.

--?Podria contar con tu exactitud conociendo la sensibilidad de tu
corazon y los encantos de la preciosa hija de Ronsardes?

La frente del joven se tino de un vivo encarnado; pero su
interlocutora, suavizando el sonoro timbre de su voz, prosiguio sin
darle tiempo para replicar (Anzoategui de Campero 2006: 164).


Basta con leer la presentacion inicial de los personajes para detectar la aceptacion por parte de la autora de codigos basicos--como la necesidad de fundar una nacion, la consecuente urgencia de nacionalizar el idioma, la racializacion del sujeto nacional y el deber de legitimar ciertas formas de violencia a partir del amor a la patria--que la ayudaran a sosegar cualquier apreciacion contraria a su participacion en el espacio publico. Es decir, en el momento en que Anzoategui no solo apoya el significante "guerra", sino que, ademas, refuerza la estructura maniquea que le sirve de soporte y se solidariza con todo el tejido ideologico que justifica la causa independentista, se esta ubicando en el lado del bien para, desde ahi, asignar unos perfiles de identidad tolerables por el campo intelectual a Juan Huallparrimachi y a Juana Azurduy.

Del mismo modo, la autora desarrolla la historia tras la muerte de Manuel Ascencio Padilla, con lo cual, genera la ilusion de estar manteniendo intacta la polaridad hombre/mujer; no obstante, al ver en detalle la cita, se evidencia que la voz narrativa habla de un mancebo de "esbeltas formas", "inteligentes ojos" y "tostado rostro", por contraste con una mujer de "severo perfil", mirada "avasalladora" y digna de "admiracion y respeto"; en otras palabras, si reproduce la dicotomia, pero cambia completamente el signo y las jerarquias entre sus componentes. En la novela se (re)presenta, o trae nuevamente al presente a estos personajes simbolicos asociados a la Guerra de Independencia para reelaborar el sistema sexo-genero inscrito en este acontecimiento originario.

Juana Azurduy sera entonces la encargada de controlar la violencia y de establecer quienes y hasta que punto pueden emplearla. Haciendo uso de su poder, la heroina delegara en Juan Huallparrimachi la posibilidad de enfrentar a Remigio Ronsardes, aunque el caracter apasionado y bondadoso del hombre la haga dudar de su capacidad de actuar con el desapego requerido. Queda en evidencia entonces otro de los rasgos del sujeto nacional traspuesto dentro de la obra, pues el encargado de defender los intereses de la patria sera un individuo completamente ajeno al ciudadano liberal y muy cercano al lugar del depositario de la cultura nacional, (8) mientras que la mujer sera vista como la ideologa amenazante para el enemigo.

La forma como los realistas evaluan a cada personaje refuerza esta idea. En el tercer apartado de la obra, titulado "El espia", hay un dialogo entre Remigio Ronsardes, el "mejor amigo, del mas cruel y activo complice de Aguilera" (171), y Leoncio, un indigena que odia a los independentistas porque los considera responsables del asesinato de su familia. En la casa de Don Remigio conversan:
--Las noticias que me has traido hoy no pueden ser mejores, dijo
Ronsardes sin alzar la voz. Asi, pues, los nuestros estan prevenidos y
solo esperan una ocasion para lanzarse y acabar con los malditos
rebeldes. Esa ocasion, Leoncio, es la que necesitamos buscar, y creo
que no tardaremos en encontrarla.
--Te escucho, contesto laconicamente el indio.
--Cuando me avisaste que, a tu paso por Sopachuy, habias visto con
Cueto a la endemoniada viuda de Padilla, no pude calcular el motivo que
la hubiese sacado de su guarida del Villar; ahora lo se Leoncio. Ha
venido en busca del hijo adoptivo de su esposo para encargarle la
ejecucion de algun plan importante.
--?Aqui?
--No, Don Juan se pone en marcha.--?Donde, pues?
--Eso es lo que tu tienes que averiguar, siguiendolo sin perderle paso.
?Te conoce?
--No, no lo creo.
--De todos modos, debe ignorar sin duda que militas desde hace poco
tiempo en la sagrada causa del Rey; te sera facil ganar su confianza.
Leoncio miro fijamente a Don Remigio.
--?Tentar contra la vida de Huallparrimachi?, le dijo. !Desgraciado del
que lo intente!
--?Quien habla de amenazar su vida?, repuso Ronsardes con impaciencia;
al contrario, necesitamos que viva Don Juan, porque si muriese ?como
podriamos saber los planes de los insurgentes? (171).


Quizas lo primero a destacar de este dialogo es que--tal y como ocurre con buena parte de la novela--se desarrolla en el espacio privado. El hogar va a ser el lugar donde Anzoategui inscriba las decisiones politicas mas trascendentes para la historia de su pais. Se trata de un territorio en el que el flujo pasional insta a olvidar la ley y las convicciones religiosas para centrarse en las emociones. Por ello, no es sorprendente que Ronsardes en lugar de solicitarle a Leoncio que asesine a Huallparrimachi, que se enfrente a el o que lo derrote con las armas, le pida que se gane su confianza y, cautelosamente, le saque informacion. En otras palabras: al ubicar a los hombres al interior del hogar, la escritora consigue diluir las demandas conductuales asociadas a la masculinidad en el siglo XIX latinoamericano. (9)

En principio, tanto Leoncio como Huallparrimachi se presentan como vulnerables: ninguno de los dos emplea la violencia por conviccion, ambos lo hacen por mostrar obediencia; la motivacion que los lleva a tomar parte activa en la guerra es meramente afectiva--se trata del amor hacia el padre sustituto en uno de los casos y hacia la familia en el otro--y ninguno de los dos hombres se muestra autosuficiente. Ambos encarnan una masculinidad no normativa que solo es visible dentro del hogar y que no va a ser censurada en ningun momento por la voz narrativa. Al contrario, va a ser justificada a partir del relato del pasado de los personajes. Huallparrimachi le debe gratitud al hombre que lo acogio y Leoncio siente odio hacia quienes considera responsables de la destruccion de su casa, los sentimientos de los dos han sido educados por el entorno, de ahi que tanto el apasionamiento como la sumision sean compresibles.

Ciertamente, se podria pensar que, gracias a una vision colonizada del pasado, la condicion de indigenas de los personajes les impide adscribirse completamente al modelo de masculinidad hegemonico; no obstante, a diferencia de lo que solia ocurrir en los relatos independentistas de la gran historia, Huallparrimachi no se subordina --o al menos no en el momento historico que se construye dentro de esta obra--a un hombre blanco, sino a una mujer viuda, mestiza y cuestionada por la iglesia. Anzoategui le da a su protagonista un lugar completamente utilitario dentro del enfrentamiento belico, en este dialogo, representa al "hijo adoptivo de Padilla" como alguien que tiene informacion valiosa, ejecuta planes y puede ser facilmente manipulado. Paralelamente, Ronsardes declara a Juana Azurduy su enemiga ideologica y personal: la llama "endemoniada", le reconoce la potestad de disenar planes y, pretendiendo esgrimir una moral universal, la inscribe entre quienes se enfrentan a la "sagrada causa del rey". Indudablemente, los protagonistas de la novela encarnan identidades alternativas a los modelos tradicionales de genero que dominaban en el intersilglo latinoamericano.

Inclusive, la representacion de Blanca, la hija de Remigio Ronsardes y amada de Juan Huallparrimachi, ostenta algunos puntos de fuga dignos de atencion. En el apartado titulado "Padre e hija", se presenta un dialogo que da cuenta de ello:
--!Oh!,--dijo la rubia nina, dejando correr las lagrimas que llenaban
sus ojos desde el principio de esta violenta entrevista--, si ella [su
madre] hubiese vivido, !cuan distinta habria sido nuestra suerte!
!Noble y bondadosa madre mia! !Con que dulce empeno borraba los
resentimientos nacidos al calor de las pasiones de partido! Su benefica
influencia era bastante poderosa para rodear a Ud. del respeto de todos
y calmar los arrebatos a que, por desgracia, era arrastrado Ud., padre
mio, en esa ardiente lucha politica.

Ella habria mantenido a Ud. en las heroicas filas patriotas, y no
hubiera llegado la ocasion de oir acusar a Ud., como yo le he oido,
padre mio, de amigo de Aguilera y...!complice de sus crueldades! [...]

De pie ante la aterrada nina, livido y convulso, murmuro sordamente.
--!Ella acusando a su padre!.!dando la razon a mis enemigos!...
defendiendo a mis verdugos... simpatizando con ellos!...
Y extendiendo un brazo sobre la cabeza de Blanca.
--Hija desnaturalizada, exclamo con voz sibilante, yo te mal...
--!Perdon!, grito Blanca, cayendo de rodillas y abrazandose de
Ronsardes, loca de terror [...]
Hija sumisa, no desobedecere a mi padre... no sere de Juan, pero jamas
me llamare esposa de otro hombre (Anzoategui de Campero 2006: 175-176).


Pese a que se trata de una escena de sometimiento, es evidente que, en este dialogo, Anzoategui ha deslastrado al signo mujer de buena parte de las significaciones que se le atribuian. Por ejemplo, resulta muy elocuente no solo que--al contrario de lo que ocurria con su marido--la madre de Blanca haya sido adepta a la causa patriota, sino que. ademas, se reconozca en ella el poder de controlar las convicciones ideologicas de don Remigio. Es cierto, el hecho de que esta capacidad de fiscalizar el pensamiento del varon realista se base en el amor suaviza a la figura materna y la inscribe en cierta tradicion literaria de mujeres que con la belleza seducen a los heroes y desvian los destinos de una nacion; no obstante, en este caso, se trata de una mujer que asume la postura ideologica avalada tanto por la novelista como por la historiografia oficial. Es decir, pese a que se sostenga el sustrato binario mujer amorosa/hombre racional, en este caso, se establece que ella comprende con mayor propiedad el espacio publico y toma mejores decisiones en torno a la vida politica nacional.

Esto permite que Blanca, pese a su debilidad, pueda inscribirse en un sistema genealogico femenino que de cuenta de su transito por la Historia. Desde el momento en que la madre es presentada como una subjetividad politica que, ademas, tiene la facultad de ideologizar a quienes la rodean, se revalua la experiencia de ese grupo de mujeres que--a diferencia de Juana Azurduy--vivian el proceso de Independencia desde el interior del hogar. Como se manifiesta en este intercambio, ni siquiera Blanca--que es el personaje mas cercano a los estereotipos femeninos manejados en el romanticismo--defiende una causa politica por influencia masculina, sino que elige a Juan Huallparrimachi como objeto del amor por la afinidad ideologica que existe entre ambos.

A partir de ello, la resistencia al matrimonio que declara Blanca toma otro cariz. No se trata de desobedecer la ley del padre solo por cumplir una promesa de amor romantico, sino por amor a la patria. El caracter historico de la novela la convierte en un discurso epico en el que ser independentista o promonarquia puede transformar a una persona en virtuosa o en odiable. Adicionalmente, Blanca, en su condicion de mujer, sera la encargada de transmitir la cultura y llevar a cabo la reproduccion ideologica de la colectividad (Anthias y Yuval Davis 1989), de ahi que la negativa a casarse con un hombre distinto a Huallparrimachi no sea una decision que solamente atane al espacio privado.

Por contraste con este desinteres de la mujer hacia el aspecto fisico de su amado, aparece un personaje masculino que permanentemente intenta evaluar la belleza o fealdad de quienes lo rodean. El Mayor La Madrid, un hombre voluntarioso, esta decidido a asaltar Chuquisaca. Juana Azurduy tiene la informacion y la capacidad analitica suficiente para saber que fracasara, asi que le solicita al Huallparrimachi que lo detenga. Cuando el representante de los incas se acerca para darle el mensaje al militar, la voz narrativa indica que este percibio a "un apuesto mancebo, de moreno rostro y leal e inteligente mirada" (Anzoategui de Campero 2006: 181). Luego, al leer el mensaje que le entrega, comenta:
La Madrid tomo el pliego de manos del joven y lo recorrio rapidamente.
--!La ilustre Juana de Azurduy en la cabeza!, exclamo con viva
satisfaccion, las proposiciones son tentadoras, lo confieso; pero, si
yo las rechazase, empenado como estoy en llevar adelante mi imposible
empresa (y recalco ironicamente esta frase). ?que consecuencias me
atraeria mi obstinacion?
--Las mas deplorables para nuestra santa casa, contesto Juan con
firmeza, porque la derrota de las fuerzas que Ud. conduce,
desmoralizaria el espiritu de los nuestros, y privandonos de su valioso
contingente, daria mayor aliento a los enemigos, inclinando a su favor
esa porcion indecisa y fluctuante de nuestras poblaciones.
--Tu te pones siempre en el peor de los casos, muchacho, dijo el joven
Mayor impaciente.
--El mas probable y sobre el que debemos basar nuestras deducciones.
--Yo no lo juzgo absolutamente de ese modo. La plaza de Chuquisaca
tiene una pequena guarnicion en la actualidad.
--Pero aguerrida y tras excelentes barricadas.
--!Tanto se me da de ese punado de hombres y de esas paredes de tierra!
--La poblacion esta armada y acudira a la primera senal de Vivero,
--!Bah! !Paisanos con fusiles!...!Que farsa! (183).


Despues de que La Madrid fracasa en su empresa "aferrado a su proyecto, volvio por segunda vez a poner sitio a la ciudad, lleno de confianza, pues contaba con un numeroso auxilio de indios y con los refuerzos que le trajeran Fernandez y Ravelo" (Anzoategui de Campero 2006:183). Estos acontecimientos demuestran que, pese a su formacion militar o quizas como consecuencia de la misma, este personaje no esta facultado para leer, valorar e integrar las voces alternativas que ya eran parte de la construccion nacional y que tenian mas herramientas que el ejercito formalmente constituido para salir triunfantes en la consolidacion de la patria. Para La Madrid, Azurduy es admirable, pero no digna de ser escuchada; Huallparrimachi es apuesto, pero no portador de razon; la guarnicion esta armada, pero no lo suficientemente fuerte como ser temible; es decir, el Mayor reproduce buena parte de los juicios reflejados por la elite letrada decimononica acerca de la construccion nacional y, por eso mismo, cae derrotado.

A contrapelo del discurso letrado latinoamericano, Lindaura Anzoategui le da mayor poder al colectivo--que, en este caso, ademas, esta dirigido por una mujer estratega--que a la racionalidad letrada. Con ello, borra toda posibilidad de leer a la masa que esta en proceso de convertirse en pueblo, como un cuerpo amenazante. (10) Con esta ficcion historica, la autora racializa al sujeto nacional y, a pesar de que delinea voces y rostros femeninos dentro de la multitud, le resta a la muchedumbre el caracter caprichoso y vengativo que la sobreemocionalizaba y la hacia poco confiable; paralelamente, la tozudez y el afan de gloria se van a convertir en una caracteristica del militar cuyo deseo de figuracion opacara los ideales independentistas.

Finalmente, es importante destacar la referencia que hace Huallparrimachi, presumiblemente guiado por Anzoategui, acerca de una "porcion indecisa y fluctuante" (183) de la poblacion. Pese a que de forma recurrente la autora ha empleado la dicotomia realista/patriota para contaminar las categorias de heroismo y villania con nuevas subjetividades, en este dialogo deja ver que la cercania o lejania a los ideales de la Independencia constituia un conflicto ideologico solo para las minorias. Segun Anzoategui, para 1816, existia un grupo importante de bolivianos que permanecia al margen de esta pugna; no obstante, deja claro que a los dudosos tambien se les debia considerar dentro de la construccion nacional.

Asimismo, resulta significativo que, dentro de esta novela, el colectivo de personas vacilantes, sin convicciones politicas claras no tenga un marcaje racial especifico ni este constituido predominantemente por mujeres. De hecho, los dos personajes mas visibles de este grupo son Leoncio, el indigena manipulado por Ronsardes, y Perez Cueto, "estudiante distinguido que fue en el Real Colegio Seminario de San Cristobal, en la ilustre ciudad de Charcas" (Anzoategui de Campero 2006: 194). Estos hombres, con origenes etnicos y socieconomicos distintos, engrosan la lista de los confundidos, mientras que Juana Azurduy, Blanca Ronsardes y Carmen, la hija de Leoncio, si bien representan tres modelos de feminidad radicalmente distintos entre si, tienen posiciones politicas comunes, convicciones ideologicas firmes y cuestionan a quienes no las comparten con ellas.

Ademas de desestabilizar esta vision esencialista de la mujer, Anzoategui se dedica a transfigurar otros estereotipos. Por ejemplo, cuando Juan Huallparrimachi le indica a La Madrid que Azurduy es su hermana, el Mayor le responde sorprendido:
--?Tu hermana dices?
--Verdad es: debia darle el titulo de madre, porque lo ha sido y sigue
siendo para mi, pero el de hermana responde mejor a su edad y a la
confianza que le tengo.
--?A su edad?
--Me lleva con pocos anos.
--?Que oigo?... !Y yo que me la figuraba ya bastante cansada!
!Hombre!, y debe ser una real moza, ?verdad?


El entusiasmo del joven Mayor hizo sonreir a Juan, pero recobrando su seriedad le contesto gravemente.
--Dona Juana Azurduy de Padilla es una mujer que solo puede inspirar
admiracion y respeto.
--Y para producir esos sentimientos, tiene por fuerza que ser hermosa.
Ya me tarde ponerme a las ordenes de mi bella Coronela. (191)


Tras este comentario, la autora introduce una nota aclaratoria en la que indica: "El Gobierno de Buenos Aires, en honrosisima nota de 13 de agosto de 1816, le confirio [a Juana Azurduy] el grado de Teniente Coronel anos mas tarde, el Libertador le dio los despachos del Coronel" (191), es decir, recalca que el rango militar de Azurduy es un dato cierto, mientras que la belleza fisica o la relacion que se pretendio establecer en las mujeres entre su fealdad y su interes en la politica son poco mas que percepciones equivocadas de un militar presuntuoso. Por otra parte, la sentencia tambien propone que la guerra es un escenario abierto para identidades no masculinas y no occidentalizadas, de ahi que personas generica, cultural, social y economicamente distintas logren ser parte de la misma y, lo que es aun mas importante, consigan hermanarse en medio del proceso de lucha.

La construccion horizontal de lazos sociales hara de ese cuerpo indiferenciado que se entendia como "masa" un conjunto de sujetos politicos que no se regiran segun los parametros instituidos por las elites decimononicas latinoamericanas para definir la masculinidad. Paradojicamente, el tan temido afeminamiento producto de la sensibilidad romantica solo es adjudicado a un Mayor voluntarioso y frivolo que, pese a ello, mantiene una etica competitiva y busca figurar como individuo. Al mismo tiempo, la relacion entre Juana Azurduy, Huallparrimachi, la hija de Leoncio, Blanca y otra serie de identidades distintas a la del sujeto masculino republicano se van a cohesionar con un vinculo fraterno, lo que acaba por desnaturalizar la presencia de la mujer-madre en los proyectos politicos. No se trata solo de extender al espacio publico las labores propias del espacio privado, sino tambien de generar formas de comunicacion distintas entre personas con rasgos de identidad disimiles.

Esta pluralidad, por otra parte, contribuye a refutar que la participacion de las mujeres y de los indigenas en la Guerra de Independencia fuera algo extraordinario. En esta novela no solo se relata como Juana Azurduy, mujer excepcional, logro actuar a favor de la causa independentista, sino que tambien se nombran varios colectivos en los que las marcas diferenciadoras de la identidad no limitan las preferencias ideologicas. Leyendo al sesgo el discurso historiografico, la obra de Anzoategui no destaca ni en Blanca ni en Carmen ni en Juana la tendencia a la violencia, el caracter temerario o algun otro rasgo comprendido como masculino dentro de la logica letrada del siglo XIX, sino que en esta obra se construyen mujeres que expresan el miedo, el amor y el odio tal como lo establecia la etica del romanticismo latinoamericano y desde ahi, desde esa sensibilidad, consiguen tomar parte en el espacio publico.

La novela cierra, de hecho, con la tragica muerte de los amantes: cuando Ronsardes descubre a Blanca y a Huallparrimachi juntos en su propia casa, se abalanza sobre ellos para asesinarlos. Simultaneamente, llega Leoncio, quien ya sabia que los patriotas no eran los responsables de la muerte de su esposa y, por ello, habia decidido vengarse de don Remigio. Tras la muerte de los protagonistas, el indigena, entonces, mata al realista, cuya sangre se mezcla en el suelo "con la ardiente y generosa de los dos amantes" (Anzoategui de Campero 2006: 218). Podria creerse que se trata de un relato desesperanzador, en el que no es posible el nacimiento de una nueva patria; no obstante, se anade un apartado final en el que se habla acerca de los sobrevivientes:
A la indecisa claridad del crepusculo de aquel infausto dia, se hallan
arrodilladas al pie de una tosca cruz, clavada sobre un monton de
tierra, frescamente removida, Juana y Carmen, orando con profundo
recogimiento. A pocos pasos y en actitud respetuosa, Don Jacinto y
Cueto Perez, de pie, guardaban silencio; mientras Leoncio y el leal y
anciano Diego, dejaban correr libremente sus lagrimas.
Juana alzo al fin su noble y hermosa cabeza, dirigiendo una larga y
melancolica mirada al poetico sitio que encerraba una tumba. Las
desnudas ramas del tarco, protector de la cabana, se agitaban sobre
ella, batidas por el gemidor y helado viento de junio.
--!Asi terminan las pasiones y los odios humanos!, penso Juana con
indecible desaliento. !Victimas y verdugo, duermen ahora juntos y en
paz, el sueno eterno!...
Juan, hijo mio, yo no te digo adios... Tu no has hecho mas que
anticiparte en el camino que seguire en breve para unirme con mi
esposo! Y pocos momentos despues, la soledad y las tinieblas rodearon
la humilde tumba, que guardaba ella sola el secreto de aquel sangriento
drama (221-222).


Luego del cierre, se oye de nuevo la voz de Anzoategui en una nota al pie: "Dios no escucho el deseo de la noble mujer: la destinaba para probar hasta donde llega el olvido y la ingratitud de un pueblo. Juana Azurduy de Padilla, la heroina de cien combates, la patriota abnegada, vegeto en la oscuridad y murio !!indigente!! En 1861" (222). Aun cuando en este inciso se vuelve sobre el perfil heroico que acompano al personaje femenino a lo largo de la obra, no deja de ser desconcertante que, en los ultimos parrafos de la novela, Azurduy se transforme en una viuda sufriente. La misma descripcion fisica que habla de su "hermosa cabeza" y su "melancolica mirada" indica que la sobreviviente de Manuel Ascencio Padilla y Juan Huallparrimachi va a ser una figura maternal que se define desde su relacion con la familia. Tambien puede resultar desconcertante este acercamiento abrupto a la religion catolica, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una ficcion historica, en la que se habla de una mujer que ya no puede ser censurada.

A pesar de ello, si se tiene en cuenta que--como se ha visto a lo largo del texto--Anzoategui recupera el pasado para teorizar en torno al lugar de la mujer en la historia y, paralelamente, instituir nuevas genealogias, este halo de conservadurismo que rodea a la heroina en el apartado final bien pudiera ser un esfuerzo por proteger la propia presencia en la vida politica y cultural de Bolivia en la posguerra del Pacifico. Es decir, si pese a sus acciones de guerra y a su transito por el espacio publico, al final de su vida, Juana Azurduy se transforma en una viuda que tambien llora el fallecimiento de su hijo de sangre indigena, las mujeres que sigan sus pasos no tienen por que ser confinadas al espacio privado. Seria pues una de los tantos disfraces que ocultan el proceso reflexivo y de teorizacion en torno al papel de la mujer, bajo una supuesta apostolizacion de tradiciones intelectuales mas fuertes y mejor avaladas.

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Mariana Libertad Suarez

Pontificia Universidad Catolica del Peru

(1) Las referencias a Anzoategui como una muy buena primera dama son tan frecuentes como aquellas que la consideran una buena patriota. Virginia Ayllon y Cecilia Olivares resumen su biografia afirmando: "nacio en 1846 en el Valle de Tojo (limitrofe entre Tarija y Potosi). Antes de cumplir 16 anos ya habia perdido a su unico hermano, a su padre y su madre [...] en 1871 se caso con el general Narciso Campero, a quien acompano a Europa cuando fue nombrado ministro plenipotenciaro en Francia e Inglaterra [...] Cuando en plena guerra contra Chile, Campero fue nombrado presidente (1880), Lindaura Anzoategui se dedico a organizar eventos cuyos ingresos se destinaban a los heridos de guerra; visitaba los hospitales, atendia solicitudes de habitantes de todo el pais, se ocupaba de la correspondencia de su marido" (2002: 149). En otras palabras, para estas autoras, el patriotismo y la lealtad a su esposo eran rasgos imbricados en la vida de Anzoategui.

(2) En el intesiglo XIX - XX, la nocion de patria y la necesidad de definir sus limites permitio la emergencia de una serie de voces femeninas que, al menos desde una mirada inicial, parecian al servicio de los proyectos politicos mas fuertes. La tacnena Carolina Freyre, por ejemplo, desde una posicion profundamente conservadora, se dedico a arengar a favor de la causa peruana durante la Guerra del Pacifico; asimismo, Angelica Palma, en sus obras, apoyo la vision hispanofilica de la historia nacional peruana; al tiempo que Juana Manso, desde una vision burguesa liberal, defendio tambien los ideales nacionalistas. Es decir, el hecho de que una mujer asumiera publicamente la palabra para defender un proyecto nacional no estaba asociado a sus preferencias ideologicas.

(3) En su articulo "Letras de mujer. Juana Manuela Gorriti y la imaginacion nacional andina, siglo XIX", Luis Miguel Glave (1996) resume la vida de la heroina boliviana afirmando:
Juana Azurduy lucho aliado de su esposo Manuel Ascencio Padilla en la
turbulenta epoca de los movimientos patriotas contra el dominio espanol
en el Alto Peru. Los patriotas del sur no podian acabar con la
hegemonia espanola en la sierra y ante ella, rebeldes de distintos
pueblos llevaron adelante luchas heroicas, desiguales y tenaces. Juana
participo en todas las campanas su terreno de combate era conocido como
el de "los guerrilleros Padilla" y, en 1816, muerto su esposo, llevo
adelante ella sola los combates, hasta que tuvo que abandonar el
territorio altoperuano para refugiarse en la frontera saltena, donde
Guemes habia puesto en jaque a los realistas. Alli recibio el titulo de
"Teniente Coronela de la Independencia" y fue reconocida -en elevacion
lirica de la mujer que trota como "ilustre amazona" de la patria. El
padre de Juana Manuela [Gorriti] mandaba en Salta -muerto Guemes en
ultimo aleteo de los realistas cuando la nina la vio. Luego de la
independencia definitiva en 1824, regreso la Azurduy a su tierra,
Chuquisaca; lejos de ser premiada, vivio en la pobreza, el ostracismo y
la soledad con que las nacientes republicas premiaron a las mujeres que
lucharon por crear un orden nuevo. Y asi la tuvo en su recuerdo Juana
Manuela cuando escribiera, sutilmente: "algunos caudillos tuvieron
envidia de esa gloria femenina" (94).


(4) Elegir como centro del discurso a este y no otro personaje historico constituye una decision con implicaciones politicas importantes. Como afirma Vanesa Miseres:
El hecho de que Juana Azurduy se convierta en una mujer guerrera,
desempenando funciones poco usuales para su genero en el siglo XIX
(aunque esto si era mas comun dentro de la tradicion indigena),
desperto diversas opiniones en su tiempo que destacaron, a favor y en
contra, cierto caracter "antinatural" en su proceder [...] Asi, por
ejemplo, el militar Antonio Beruti le escribe a Belgrano haciendo
referencia al "varonil esfuerzo y bizarria de la Amazona dona Juana
Azurduy". Asimismo, al regresar a Chuquisaca, en 1825, la municipalidad
la presenta como genio destacado tras haber "olvidado la delicadeza de
su genero" y la senala como "la unica" mujer que participo con heroismo
en el combate, expresion que ademas ignora la participacion del resto
de las mujeres. Y, pese al "reconocimiento oficial y honorifico" que el
propio Manuel Belgrano habia brindado a la labor de Juana Azurduy
nombrandola teniente coronel de las milicias, Mitre excluye la figura
de Juana como protagonista en su relato de la revolucion altoperuana
(2014: 400-401).


Entonces, se podria afirmar que al reivindicar a un personaje con valoraciones tan contradictorias dentro de la memoria oficial, Anzoategui bien podria haberse expuesto a ser evaluada en terminos similares a los que se usaron para juzgar la conducta de su personaje.

(5) Dice Josefina Ludmer (1984) en su articulo "Las tretas del debil", al hablar de las estrategias empleadas por Sor Juana Ines de la Cruz para pronunciarse:
Como si una madre o ama de casa dijera: acepto mi lugar pero hago
politica o ciencia en tanto madre o ama de casa. Siempre es posible
tomar un espacio desde donde se puede practicar lo vedado en otros;
siempre es posible anexar otros campos e instaurar otras
territorialidades. Y esa practica de traslado y transformacion
reorganiza la estructura dada, social y cultural: la combinacion de
acatamiento y enfrentamiento podian establecer otra razon, otra
cientificidad y otro sujeto del saber. Ante la pregunta de por que no
ha habido mujeres filosofas puede responderse entonces que no han hecho
filosofia desde el espacio delimitado por la filosofia clasica sino
desde otras zonas, y si se lee o se escucha su discurso como discurso
filosofico, puede operarse una transformacion de la reflexion. Lo mismo
ocurre con la practica cientifica y politica (53).


Con esta base, se podria afirmar que la teorizacion feminista de Anzoategui tiene mas que ver con una posicion de lectura que con la escritura.

(6) Esta apreciacion no solo fue expuesta por Unzueta. Virgina Ayllon, una decada despues de haber publicado el articulo "Las suicidas: Lindaura Anzoategui, Adela Zamudio, Maria Virginia Estensoro e Hilda Mundy" (2012) indicaba que:
Lindaura [desarrollo una literatura] asentada en el centro del siglo
XIX. Sus noveletas--escritas entre 1891 y 1895--tienen el objetivo de
dibujar la naciente sociedad boliviana en general y de la mujer
boliviana en particular. En este intento indaga en tres elementos para
ella centrales en la construccion del ser mujer de ese siglo: la mujer,
la iglesia y la impronta indigena [...] Cuidado con los celos (1893) es
una novela muy bien estructurada que expone, en paralelo, la demanda
social de sacrificio de mujeres e indigenas: el sacrificio de la madre
y el sacrificio del indio como dos caras de la misma moneda en la
sociedad boliviana del siglo XIX [...] Es llamativo que ciertos
criticos hayan calificado a la obra de Anzoategui (especialmente su
novela Huallparrimachi) como evidentemente nacional y que junto a Juan
de la Rosa de Nataniel Aguirre serian las unicas novelas del XIX que
habrian tratado lo evidentemente nacional en sus novelas. Pero mas
interesante es que su novelistica elabora algunos rasgos de lo que
despues (con Clorinda Matto de Turner) seria el indigenismo a traves de
la sublimacion de lo indigena, de la calificacion positiva de sus
rasgos constitutivos en contraposicion de lo criollo (Ayllon 2012: 410).


Es decir, tambien en este texto se reafirma que la reconstitucion del pasado que lleva a cabo Anzoategui implica un replanteamiento etnico y generico del sujeto nacional.

(7) Todas las citas textuales fueron tomadas de la reedicion mas reciente de la obra, incluida en el volumen Desafio de mujer: vivir sin el velo de la ilusion: obras de Lindaura Anzoategui Campero de Campero, publicado en La Paz, durante el ano 2006 por la editorial Plural.

(8) Al momento de pensar el lugar que ocupan las mujeres en los procesos de formacion nacional, Nira Yuval Davis y Floya Anthias senalan cinco opciones recurrentes: a) Reproductoras biologicas de los miembros de las colectividades etnicas b) Reproductoras de los vinculos existentes entre los grupos etnicos nacionales c) Participantes cruciales para la reproduccion ideologica de la colectividad y transmisoras de la cultura d) Representantes y simbolos del discurso ideologico utilizado en la construccion, reproduccion y transformacion de las categorias etnico-nacionales e) Participantes en las luchas nacionales, economicas, politicas y militares (1989: 7). Cada una de estas tendencias puede entenderse, en mayor o menor medida, como una extension de la labor maternal, por ello, resulta sumamente interesante que en su afan por ganar visibilidad dentro del espacio publico, Lindaura Anzoategui le asigne a su personaje masculino al menos tres de estos cinco lugares, mientras que le deja a Juana Azurduy el papel de dirigir la guerra, vigilar a sus soldados y censurar la conducta de los hombres bajo su mando.

(9) Propone Beatriz Gonzalez Stephan:
Ante el inminente desordenamiento que estaba sufriendo el orden social,
las marcas de la cultura patricia de estos intelectuales activaron
enfaticamente muchos de sus presupuestos, entre ellos, uno, no menos
neuralgico, que fue la negociacion, en el terreno de las imagenes e
ideologias culturales, de la asimilacion ente la preeminencia del saber
autentico y noble (es decir, una escritura lejos de los vaivenes del
mercado), capaz de agenciar ciudadanias y gobiernos, y la naturaleza
heroica y viril de ese liderazgo intelectual; lo que indicaba retener y
administrar el patrimonio de las letras en manos de un sector de
varones elegidos (el "aristos" del logos masculino).
La construccion de la propia identidad de las elites letradas en la
segunda mitad del XIX pasa por las escuelas de derecho, medicina, y las
academias de esgrima. En todo caso, el uniforme como vestimenta forma
parte de esa fantasia finisecular de monumentalismo heroico que permea
la creacion artistica y tambien la arena publica. El traje, a manera de
disfraz, sirve de escudo para proteger virilidades amenazadas. Las
guerras reales pertenecen al pasado. Las guerras de generos ocupan el
presente (2010: 31).


Como se ve en la obra de Anzoategui, la ideologa de la independencia es mujer, el hombre que esta en el campo de guerra es un poeta de origen indigena ajeno por completo al aristos masculino y quienes deciden hacerle frente no usan herramientas heroicas ni exclusivamente viriles, en este sentido, se evidencia como uno de los fines de la recuperacion del pasado, el replanteamiento de las identidades de genero.

(10) Es importante recordar a Graciela Montaldo (2010) cuando asegura que "la masa, la multitud, es un sujeto que ha sido, desde su aparicion, feminizado. Es precisamente por ser el lado oscuro de lo social, la cara conflictiva de la vida en comun, por lo que se usan las caracteristicas femeninas para describirla. Es voluble, instintiva, caprichosa, vengativa, excesiva" (128). Al leer la obra de Lindaura Anzoategui, es visible como al cambiar el signo de la feminidad tambien se modifica la representacion de la multitud.

Recepcion: 26/04/2017

Aceptacion: 31/01/2018

https://doi.org/10.18800/lexis.201802.005
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Author:Suarez, Mariana Libertad
Publication:Lexis
Date:Jul 1, 2018
Words:12626
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