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Avellaneda y Becquer: del magisterio femenino a la biografia sentimental.

AVELLANEDA AND BECQUER: FROM WOMEN AUTHORITY TO SENTIMENTAL BIOGRAPHY

Quizas sea la autobiografia de Gertrudis Gomez de Avellaneda la que ha suscitado en los ultimos anos una mayor atencion (Suarez-Galban, 1980; Catena, 1989; Catelli, 1991; Arriaga Florez, 2001; Ferrus Anton, 2003 y Torras, 2003), aunque las novelas Dos mujeres y Sab han interesado tambien mucho al feminismo, tanto por su caracter reivindicativo como por la identificacion entre mujer y esclavo, identificacion que propicia el encuentro con los planteamientos de la critica postcolonial (Gutierrez de la Solana, 1981; Guerra Cunningham, 1985; Kirkpatrick, 1989 y 1990; Ayala, 1998; Pastor, 2002 y 2004; Ferrus Anton, 2004 y Barreto, 2006). Ademas se han examinado otros aspectos de la obra de Avellaneda como el teatro (Prado Mas, 2001; Gonzalez Subias, 2005; Saura, 2006a y Selimov, 2014) (1), la poesia (Albin, 2002), las traducciones (Saura, 2006b), los prologos (Romero, 2014) y las colaboraciones en prensa, desde "La dama de gran tono" que aparecio en 1843 en el Album del bello sexo o Las mujeres pintadas por si mismas (Albin, 2007), pasando por "Capacidad de las mujeres para el gobierno", publicado en La Ilustracion: Album de las damas (1845) (Albin, 2000), y sobre todo el Album Cubano de lo Bueno y de lo Bello, la revista que fundara en su Cuba natal en 1860, en concreto la serie de articulos titulada "La mujer" y "Galeria de mujeres celebres" (Santos, 1981; Picon Garfield, 1992; Albin, 1995; Scott, 1997 y Pastor, 1999). El debate sobre la condicion de poeta o de poetisa de la Avellaneda, que inauguro A. Ferrer del Rio en 1846 y en el que Carolina Coronado tuvo un papel destacado, ha sido tambien objeto de examen en los ultimos anos (Rodriguez Gutierrez, 2014).

Ahora bien, la posible influencia que la escritora cubana ejerciera sobre Gustavo Adolfo Becquer, el poeta canonico del romanticismo espanol, a pesar de haberse analizado, necesita a mi juicio una revision. Es cierto que la relacion de Becquer con algunas celebres contemporaneas suyas concito muy pronto el interes de la critica. Reconocidos becquerianistas como Ruben Benitez y Joseph Gulsoy no dudaron en senalar entre las fuentes de las Leyendas los relatos de Cecilia Bohl de Faber y de Gertrudis Gomez de Avellaneda. Ademas, las Rimas fueron desde finales del XIX motivo de encendidos debates en torno a sus posibles vinculos con la poesia de Rosalia de Castro y de Carolina Coronado (Navas Ocana, 2011: 205-229). La suerte que ha corrido la obra de Becquer tras estos analisis de sus afinidades con las escritoras del XIX ha sido diversa, aunque con un saldo siempre positivo para el sevillano, que ha visto como, a pesar de y precisamente gracias a la influencia, y hasta la imitacion de algunos motivos empleados primero por Gertrudis Gomez de Avellaneda, Carolina Coronado y Rosalia de Castro, su fama se ha incrementado y se ha reforzado su condicion de escritor canonico. Veamos mas detenidamente el caso de Avellaneda y, en relacion con el, el de Bohl de Faber, puesto que a ambas se las considera antecedentes de las celeberrimas Leyendas becquerianas.

Ruben Benitez fue de los primeros en considerar los relatos folkloricos de Cecilia Bohl de Faber, junto con las narraciones historicas en verso de Zorrilla, como uno de los modelos fundamentales de dichas leyendas (2). La ingenuidad de las historias, la pretension de realismo, "el fondo de moralidad edificante", asi como la tematica religiosa, sobre todo "la devocion popular", son, en su opinion, los principales aspectos que Becquer toma de los cuentos de Bohl de Faber:

(...) Los modelos mas evidentes de ese conjunto de narraciones provienen de Fernan Caballero y de Zorrilla. Zorrilla, sobre todo, cuando es relato en verso.

Los que siguen el modelo de Fernan Caballero, eslabonan en historias originales, sorprendentemente ingenuas en su concepcion, y con un fondo de moralidad edificante, elementos hallados en el folklore espanol. Pretenden de realismo en cuanto aseguran la fidelidad del relato con la tradicion, la existencia real de los personajes y la trascripcion exacta del habla popular.

(...) Las leyendas de contenido religioso se asocian tambien a Fernan Caballero o a Zorrilla segun se destaquen en ellas las formas ingenuas de la devocion popular o el misterio de los milagros cristianos (1971: 194-195).

Benitez precisa en otro lugar que Becquer hereda de Zorrilla "la descripcion arqueologica" y la expresion de "lo sublime terrorifico", mientras que todo lo que tiene que ver con la "verosimilitud realista" procede de Cecilia Bohl de Faber (3), a quien el poeta ya habia expresado su reconocimiento en el prologo que escribio para La soledad de Augusto Ferran. Aqui recuerda Becquer la importante labor de rescate de las canciones populares que realizaron tanto Fernan Caballero como Antonio Trueba (4). Y este reconocimiento da pie a que la critica posterior cite entre las fuentes de las Leyendas a Cecilia Bohl de Faber. De hecho, Ricardo Navas Ruiz, editor contemporaneo de las obras de Becquer, y Angel Esteban, estudioso de sus narraciones, no han dudado en repetir lo que ya habia sido dicho por el propio Becquer y corroborado por Ruben Benitez (5). No hay, por tanto, en este caso ninguna reticencia a reconocer como antecedente directo, como fuente, como influencia, a una mujer. No obstante, Ruben Benitez, como buen becquerianista, pondera los meritos de Becquer e insiste en que este supera con holgura a sus modelos y los mejora ostensiblemente:
   Como todo escritor autentico, Becquer supera el denominador comun
   de los relatos legendarios de su tiempo a fuerza de talento
   expresivo. Los asuntos mas comunes encubren en el una tematica de
   humana permanencia. (...) Leer sus leyendas es acompanar al
   narrador en una aventura misteriosa. (...) Como ocurre con los
   posibles modelos populares de sus rimas, Becquer va asi, en las
   leyendas, mas alla de las tradiciones que recibe. No es el caso de
   transmitirlas, ni tampoco el de imitarlas, sino el de renovar a
   cada paso el caracter de la creacion legendaria. No repite consejas
   del pueblo: se hace pueblo en la tarea de narrarlas (1971:
   197-200).


Aunque Benitez es sumamente respetuoso y no le cuelga a Cecilia Bohl de Faber el sambenito de "escritora menor", ni se dedica a cantar las alabanzas de la prosa becqueriana por contraste con la de Cecilia Bohl de Faber, como ocurrira con Carolina Coronado y con Rosalia de Castro (Navas Ocana, 2011: 205-229), lo cierto es que le otorga a Becquer una primacia que vendra a reforzar la situacion privilegiada del poeta en el canon de la literatura decimononica espanola. Empezamos ya, pues, a ver colocado a Becquer un peldano mas arriba en la escala del valor literario que sus contemporaneas, que las escritoras de su tiempo.

Y Gertrudis Gomez de Avellaneda no va a ser en este sentido una excepcion. Cuando J. Gulsoy llama la atencion en 1967 sobre las grandes coincidencias entre La ondina del lago azul de Avellaneda y Los ojos verdes y El rayo de luna de Becquer, lo hace no sin puntualizar a cada paso que Becquer "ha superado a su modelo" con creces (1967: 101). Se trata, por tanto, de la misma estrategia de lectura que acabamos de analizar en relacion con Cecilia Bohl de Faber, aunque en esta oportunidad se abunda mas tanto en las semejanzas, que son muchas, como en los numerosos errores de Avellaneda que Becquer ha logrado con gran acierto corregir.

La ondina del lago azul se publico entre el 18 y el 25 de julio de 1860 en el Diario de la Marina de La Habana. Los ojos verdes aparecio el 15 de diciembre de 1861 en El Contemporaneo. Gulsoy supone que "Becquer leeria la narracion de la Avellaneda en un ejemplar de dicho periodico cubano, que le llegaria a las manos en Madrid" (1967: 97). La semejanza tematica entre las dos leyendas es muy grande. Si La ondina del lago azul tiene por protagonista a un joven poeta, Gabriel, que se enamora de la ondina que habita las aguas azules de un lago pirenaico, Los ojos verdes relata la historia de Fernando, tambien enamorado de una ondina, moradora de una fuente conocida con el nombre de Fuente de los Alamos y sita en las inmediaciones del Moncayo. En las dos leyendas los jovenes hablan a sus servidores, Lorenzo en un caso e Inigo en el otro, de la misteriosa presencia femenina que los inquieta--los parlamentos y las descripciones de las ondinas son muy parecidas--, y para mas senas, tanto Gabriel como Fernando tienen el mismo final, hundiendose en las aguas en busca de sus amadas (6). Para Gulsoy esta muy clara "la identidad del asunto de La ondina del lago azul con el de Los ojos verdes" (1967: 98). Ahora bien, lo que en Avellaneda era una leyenda de cierta extension, aproximadamente "unas treinta paginas", y por ello mas bien "difusa", con Becquer se convierte en una narracion de "estructura densa, sobria de hechos", que apenas alcanza las cinco paginas, y que esta construida solo a partir de dos escenas de La ondina azul: "el parlamento entre el protagonista y el servidor" y "la entrevista de aquel con la ondina" (1967: 98). De hecho, Gulsoy sostiene que los tambien evidentes contactos de El rayo de luna con La ondina azul proceden precisamente de aquellos "pasajes que quedaron sin contribuir a Los ojos verdes", que Becquer no utilizo para Los ojos verdes. La tesis de Gulsoy es que el sevillano refundio la leyenda de Avellaneda en dos versiones diferentes, Los ojos verdes y El rayo de luna, y para apoyar esta hipotesis recurre no solo a las coincidencias tematicas sino tambien a la cronologia:
   Nuestra opinion de que Becquer concibiera el mismo asunto en dos
   versiones, de la manera indicada, parece todavia mas plausible, si
   consideramos la fecha de publicacion de las dos leyendas. El rayo
   de luna, publicado en El Contemporaneo el 12 y el 13 de febrero de
   1862, fue escrito inmediatamente despues de Los ojos verdes (Este,
   como hemos indicado, es del 15 de diciembre de 1861). Vale notar
   ademas que lo de construir la leyenda en torno a una mujer
   imaginada en un rayo de luna, debio de ocurrirsele a Becquer de la
   lectura del siguiente pasaje del cuento de la Avellaneda, donde
   Gabriel comunica a Lorenzo en que medio imagina ver a la mujer
   aspirada: "Yo la veo en los risuenos albores de la aurora ... a la
   deslumbradora claridad del astro del dia, como a los destellos
   apacibles de la luna". Quiza no este de mas agregar todavia que la
   escena de la barca en que va la mujer ideal se encuentra solo en El
   rayo de luna y La ondina del lago azul (1967: 105).


Gulsoy cree que en La ondina azul Avellaneda "fallo en la estructuracion del asunto", en primer lugar porque "simulo narrar una historia real, oida por ella misma a un testigo de los hechos", en un intento, muy desafortunado segun Gulsoy, de proporcionar veracidad a su relato, que habria funcionado mejor, por ser la protagonista una "mujer sobrenatural", "en la esfera de lo fantastico" y en un tiempo remoto, legendario, de senores feudales, como el de Los ojos verdes (1967: 101-102). Y en segundo lugar, Avellaneda falla al terminar otorgandole a su ondina la identidad de "una bella mujer aventurera", porque de esta forma Gabriel aparece "como un simple y una pobre victima mas que como un poeta romantico sonador", y todo acaba reduciendose <<a una burla cruel>> que pierde mucho en "encanto poetico y natural gracia" (1967: 102) (7). La originalidad de Becquer quedaba asi a salvo de toda duda:
   Es evidente que La ondina del lago azul fue decididamente la fuente
   inmediata de Los ojos verdes, y que le habia proporcionado no solo
   su asunto sino ademas las nociones basicas de su estructura y
   concepcion. Cabe subrayar que no se trata aqui de una mera
   familiaridad de Becquer con la leyenda de la Avellaneda, sino de
   una refundicion de la misma en una nueva forma. Por lo visto,
   Becquer fue atraido por el tema de amor entre un joven poeta y una
   mujer sobrenatural, tema que llevaba grandes posibilidades
   artisticas, pero que en la version de la Avellaneda no quedaba
   debidamente desarrollado, o mejor dicho, el tratamiento de esta
   permitia mucha mejora todavia. Nuestro autor ha superado a su
   modelo precisamente en la estructura y elaboracion artistica, y hay
   que ver su originalidad en estos aspectos (1967: 101).


No obstante, los defectos que Gulsoy observa en La ondina azul bien podrian considerarse virtudes a poco que examinemos los criterios de enjuiciamiento que han conducido a semejante adversa conclusion. Que Avellaneda haya desarrollado mas ampliamente el asunto--sus treinta paginas frente a las cinco de Becquer--es, segun Gulsoy, un error que desdibuja la historia, mas concentrada y sobria en Becquer, quien opta por refundirla en dos leyendas diferentes de menor extension. Sobriedad y concentracion son en este caso las varas de medir que Gulsoy maneja para cantar las excelencias del sevillano. Pero son solo eso, varas de medir empleadas con el interesado fin de encumbrar a Becquer por encima de su modelo. Y si no ?por que lo breve ha de ganarle aqui la partida a lo mas extenso? ?No habria mayor riqueza de datos y de matices en una narracion mas larga? ?Si quisieramos ponderar el merito de Avellaneda por encima del de Becquer no bastaria con decir que su relato es mas completo, mas rico, mas acabado? Y todo ello sin perder de vista que el principal argumento para ponderar dicho merito es el de la anticipacion: que Avellaneda se anticipa a Becquer, que le precede en el tratamiento del asunto.

En cuanto a los recursos de los que Avellaneda se vale para proporcionarle un aire de verosimilitud a su historia, y que tanto disgustan a Gulsoy, se podrian hacer tambien algunas puntualizaciones. Gulsoy inclina la balanza del lado de lo fantastico y lo sobrenatural, arguyendo que con Becquer la historia sale ganando, es mas <<poetica>>, al ser protagonizada por una mujer fantasmal y situarse en una ambientacion medieval. Avellaneda, en cambio, habia optado decididamente por el presente y por el realismo: su protagonista es una mujer de carne y hueso, contemporanea, de quien Avellaneda tiene conocimiento por un testigo presencial de los hechos. ?Por que a Gulsoy y a su predecesor, Leopoldo Augusto Cueto, les parece mejor la opcion de Becquer? Ante todo, por el papel que el personaje masculino asume en uno y otro caso. Con Avellaneda se trata simplemente de un amante burlado, de un "sandio aldeano", como apunta Cueto. Gracias a Becquer, sin embargo, el burlado se transmuta en un sonador, en un idealista. Es el afan de dejar bien parado al heroe masculino, lo que motiva en ultima instancia las conclusiones de Gulsoy, y tambien las de Cueto. Son prejuicios de genero los que les impulsan a preferir el sonador al necio burlado.

Sin embargo, Evelyn Picon Garfield ha valorado muy positivamente el hecho de que la ondina de Avellaneda sea una mujer frivola, por lo que esto tiene de trasgresion, de subversion del ideal femenino imperante en la epoca, y les ha reprochado a Cueto y a Gulsoy la ceguera de no haber comprendido, de no haber apreciado, dicha trasgresion:
   En sus comentarios sobre "La ondina del lago azul", ni Cueto ni
   Gulsoy toman en cuenta el contexto de la obra entera de Gomez de
   Avellaneda, y tal vez por eso no se dan cuenta de que la autora
   esta subvirtiendo el ideal poetico masculino de la mujer por medio
   de la materializacion y la vulgarizacion de tal imagen. En el
   proceso subversivo hace aparecer al poeta, ingenuo iluso y enganado
   (1993: 177).


Y mas recientemente Ma de los Angeles Ayala le ha quitado importancia al hecho de que la ondina se revele como una dama coqueta, porque el personaje de Gabriel cree en lo que ve, lo que lo convierte en un "martir del amor" en la tradicion de la literatura cortesana:
   No importa que al final del relato Lorenzo descubra a la propia
   autora que en realidad nunca existio la misteriosa ondina y que
   todo fue el fatal resultado de una cruel diversion ideada por una
   frivola dama que en aquel entonces pasaba sus vacaciones estivales
   en esos parajes. Lo cierto es que Gabriel cree en aquello que vive
   y siente, y eso le convierte en un martir de amor, uno mas de la
   larga nomina de enamorados enfebrecidos que desciende de la
   fructifera tradicion del amor cortes en la que el ritual erotico y
   los sentimientos apasionados confluyen admirablemente (2006: 20).


En suma, criterios tan aparentemente neutros como la brevedad, lo legendario, lo fantastico, lo poetico, esconden, como hemos demostrado, prejuicios de genero, prevenciones en contra de las mujeres, y se utilizan para otorgarles a las escritoras una calificacion siempre inferior a la de sus homologos masculinos. Gulsoy reconoce la deuda de Becquer con Avellaneda pero se prodiga tanto en la relacion de los defectos de La ondina azul superados por Becquer, insiste con tanta vehemencia en la maestria con la que Becquer refunde la leyenda de Avellaneda depurando sus errores, que en ultima instancia poco importa que Avellaneda sea o no la fuente de Becquer porque esta circunstancia no le reporta a la cubana ningun beneficio, no la hace merecedora de ninguna prebenda, de ningun elogio. Al contrario, haberse cruzado, tan claramente al parecer, en el camino a la gloria de Becquer la ha terminado por hundir a ella algunos escalones mas abajo en el escalafon del merito literario.

No obstante, y como indica el propio Gulsoy, "interesaria saber si la Avellaneda habia tenido modelo para La ondina del lago azul" (1967: 105), porque ello nos va a permitir analizar con una perspectiva mas amplia y mas rica el tema de la influencia sobre el poeta sevillano. Leopoldo Augusto Cueto encontro pronto semejanzas con Rusalka de Puchkin (1819) y con Undine de E. T. A. Hoffmann (1816), leyendas a su juicio muy inferiores a la de Avellaneda, excepto en lo que respecta al desvelamiento de la identidad terrenal de la ondina (8). Cotarelo y Mori menciona tambien a Puchkin y a Hoffmann, observa en La ondina del lago azul el mismo caracter "alado y vaporoso" de las leyendas de Walter Scott, y no duda en proclamar, como hiciera Cueto, la primacia de Avellaneda respecto a sus predecesores (9). Observese que ni Cueto ni Cotarelo argumentan esta primacia, simplemente la afirman, que no entran en detalles sobre los aspectos en los que Avellaneda aventaja a Puchkin o a Hoffmann, limitandose a pronunciar un juicio de corte nacionalista, cuyo fin no parece otro que el de ensalzar la literatura patria frente a lo extranjero. En el caso de J. Gulsoy, la relacion de fuentes incluye Die Undine de F. de la Motte Fouque, Der Fischer de Goethe, Die Lorelei de Heine, los cuentos de Hoffmann y especialmente el cuento Ines de las Sierras (1837) de Charles Nodier, cuyo protagonista, Sergy, tiene mucho que ver con el Gabriel sonador de La ondina del lago azul (10). Gulsoy cree que Becquer se valio precisamente de Ines de las Sierras como modelo para su leyenda El beso (1967: 106). La critica reciente ha anadido otros nombres a la lista de las posibles fuentes de inspiracion de Avellaneda. Maria de los Angeles Ayala menciona El caballero Cifar y el poema "La fuente de la Mora" de Quintana (11), y Angeles Ezama Gil, que relaciona la aparicion de la figura de la dama del lago con la materia de Bretana del ciclo arturico, cita ademas "Maitagarri" de Jose Maria de Goizueta (1856) y la opera de Rossini La donna del lago (1819), basada en La dama del lago (1810) de Walter Scott (12). Ni los ensayos de Cueto y Cotarelo, ni los de Ayala y Ezama, mas proximos cronologicamente, entran de lleno en la cuestion de las influencias (13). Al contrario, se limitan a ofrecer una relacion de titulos, que presentan una evidente comunidad tematica basada en la figura de la dama del lago, y no van mas alla. Pues bien, estas relaciones tienen, en mi opinion, un efecto contraproducente en la determinacion del influjo de la Avellaneda sobre Becquer, porque este se difumina y acaba perdiendose en el farrago de un sinfin de nombres, que se remontan ademas muy atras, a la literatura medieval, y que hacen de Becquer no el imitador de un modelo sino simplemente el eslabon de una tradicion. Esto es lo que sucede en el ensayo de Pilar Vega Rodriguez, titulado significativamente "Todas las hadas tienen su lago: geografia fantastica de la leyenda literaria en el Romanticismo espanol" (2009). Vega Rodriguez, que trae muy atinadamente a colacion la novela de George Sand Les dames vertes (14), publicada en 1857, tres anos antes que el relato de Avellaneda, mas que hablar de influencias prefiere hacerlo de similitudes, similitudes que en el ambito hispanico circunscribe a un corpus de textos muy concreto, integrado por el romance de Quintana "La fuente de la mora", La ondina del lago azul de Avellaneda, Los ojos verdes de Becquer y La Victoria de la Virgen (1850) de Victor Balaguer. De hecho, el final tragico de Fernando en Los ojos verdes lo relaciona, lo hace depender, no del final tragico del Gabriel de La ondina del lago azul, sino del poema de Quintana, teniendo ademas buen cuidado de dejar claro que no se trata de una "imitacion", sino de un "esquema narrativo" que viene de lejos, del que Becquer se vale al igual que Avellaneda:

La similitud de ambos pasajes nada tiene que ver con la imitacion o el seguimiento literal. El romancillo de Quintana era tan popular que probablemente habia llegado a construir un esquema narrativo, y Becquer no hace sino utilizar un molde que es ya un dispositivo estable en la construccion del tema del amor entre el mortal y la ondina. Es la misma estampa que concluye el desgraciado amor de Gabriel en la leyenda de Avellaneda. A la orilla del lago, la flauta caida en el suelo, es prueba del irrevocable final (Vega Rodriguez, 2009).

Observese que la cronologia desaparece, que se obvia la precedencia temporal de un relato sobre otro. Es mas, el de Becquer, que es posterior, aparece aqui en primer lugar, antes que el de Avellaneda, saltando por delante de el, para ir a una fuente, el poema de Quintana, con el que solo tiene una relacion tematica. Precisamente porque es un poema y no una leyenda, las similitudes en el desarrollo de la historia, al tratarse de dos moldes literarios diferentes, no son tan acusadas como las existentes con La ondina del lago azul de Avellaneda. Retrotraer el origen de la leyenda de Becquer a los versos de Quintana, o a una leyenda anterior como hara Hugh Harter (15), no clarifica la relacion entre La ondina del lago azul y Los ojos verdes, al contrario la ensombrece, la apaga. Y el inventario de textos de otras literaturas, e incluso de otros ambitos artisticos como la opera o el teatro, por muy bien pergenado que este y por erudito que parezca, se convierte en una estrategia de lectura que difumina la influencia de Avellaneda sobre Becquer, que no la reconoce, que acaba ocultandola (16).

Por otra parte, ha habido quien, a partir de las semejanzas de las leyendas de Becquer con las de Avellaneda, ha concebido una sugestiva ficcion sobre una posible historia de amor entre los dos poetas, convirtiendose asi la Avellaneda en esa misteriosa mujer, que trajo durante decadas de cabeza a todo el becquerianismo, a la que Becquer habria amado con locura y que le habria destrozado el corazon justo en los meses que mediaron entre el final del romance de salon con Julia Espin y la boda con Casta Esteban (Navas Ocana, 2011: 44-73). Sostiene esta hipotesis Rosario Rexach, quien, antes de plantear abiertamente la posibilidad de un romance entre Becquer y Avellaneda, se demora en la relacion de las similitudes entre las leyendas de ambos. El miedo originado por un intenso sentimiento de culpa es el leitmotif tanto de La dama de Amboto de Avellaneda como de El monte de las animas de Becquer (1987: 263); la flor que nace justo donde alguien pierde su amor aparece en La flor del angel de Avellaneda y en La rosa de pasion de Becquer; El aura blanca de Avellaneda presenta tambien ciertas semejanzas con La corza blanca de Becquer, lo mismo que ocurre entre El donativo del diablo y la becqueriana La cruz del diablo, y estas semejanzas son aun mayores entre La ondina azul y Los ojos verdes (1987: 265-266). Rexach parece desconocer el articulo de Gulsoy, publicado veinte anos antes, porque cuando se refiere a las coincidencias entre estas dos leyendas solo cita a Myron I. Lichtblau y Maria A. Salgado. Lichtblau estudio en 1981 La velada del helecho de Avellaneda y en la parte introductoria de dicho estudio alude a la escritora cubana como antecesora de Becquer: "Como escritora de leyendas, ella es contemporanea del Duque de Rivas y de Zorrilla, y un digno antecesor de Becquer" (1981: 329). En cuanto a Maria A. Salgado, su referencia al tema es tambien tangencial y muy breve: "Efectivamente, "La ondina", elaborada sobre el mismo tema de "Los ojos verdes" de Becquer, es una joya del genero" (1981: 344).

Pues bien, a pesar de que tantas leyendas becquerianas tengan ecos de las de Avellaneda, a pesar de que cuando Becquer llega a Madrid la cubana sea ya "una figura harto conocida tanto literaria como socialmente", a pesar de frecuentar ambos las veladas musicales organizadas por el padre de Julia Espin, como atestigua Julio Nombela, y a pesar de que tuvieron amigos comunes, entre ellos Ramon Rodriguez Correa, que tambien era cubano, Rexach advierte con sorpresa que "en ningun momento en las paginas que escriben uno y otra se nombran, ni siquiera se aluden" (1987: 264):
   Confieso que vivo hace anos intrigada por este silencio. Una sola
   vez que yo sepa es mencionada la Avellaneda en relacion con el
   poeta sevillano, y esto para quitarle importancia al hecho
   inmediatamente. El testimonio es de Nombela. Dice: "En casa de don
   Joaquin Espin Guillen se celebraban veladas musicales y literarias
   a las que acudian Gertrudis Gomez de Avellaneda (que nunca
   coincidiria con Becquer, pues regreso a Cuba en 1859 para volver a
   Espana en 1863), Gaspar Nunez de Arce, Tamberlick, los Romea ...".
   Debe destacarse que tanto el poeta como su hermano Valeriano fueron
   introducidos en dicho circulo por Ramon Rodriguez Correa, cubano y
   amigo de la Avellaneda. ?A que se debe, entonces, ese pertinaz
   silencio que hasta hoy nadie ha logrado romper" (1987: 264).


A Rexach esta circunstancia le parece muy extrana, habida cuenta de que Becquer ejercio durante un tiempo como cronista teatral y Avellaneda consiguio por aquellos anos gran notoriedad gracias al exito de dos de sus obras dramaticas, Saul y Baltasar, que si resenaron los amigos de Becquer, en concreto Julio Nombela:

(...) ?como se explica que Becquer, a la sazon cronista teatral, jamas nombre a la Avellaneda en sus cronicas de ese tiempo, cuando fue entonces que ella alcanzo su mayor fama literaria con "Saul" y, sobre todo, con "Baltasar". Porque hay otro dato. Cuando "Baltasar" se estrena lo comenta ampliamente Julio Nombela (1987: 266).

Rexach acude entonces a la biografia de Rica Brown, y pone al dia las sospechas de la estudiosa norteamericana sobre la existencia de una misteriosa mujer, entre Julia y Casta, que habria inspirado en el poeta una honda pasion y que seria la verdadera musa de las Rimas. Pues bien, Rexach aventura la posibilidad de que dicha mujer sea Gertrudis Gomez de Avellaneda:
   Estamos tocando aqui la piel de un misterio que solo apunto. Tal
   vez algun dia cuando la investigacion de la prensa periodica sea
   mas exhaustiva, cuando las nuevas tecnicas de archivo de datos y
   noticias sea mas completa y facil de manejar, cuando se descubran
   documentos de Becquer--hoy al parecer perdidos--y quiza otros de la
   Avellaneda salgan a la luz, gran parte de ese misterio quede
   esclarecido. Por lo pronto ahi esta ese misterio de las cartas de
   Becquer quemadas por el poeta dos dias antes de morir y queda la
   extrana coincidencia entre las leyendas. Por ahi debe continuar la
   investigacion (1987: 267).


Por mas que la hipotesis de Rexach resulte atractiva, no deja de ser otra ficcion en torno a la figura de Becquer, fruto de una lectura biografica de las Leyendas, ficcion que tiene ademas la virtud de nublar, de difuminar, con la sugerente historia del romance, la mas que evidente influencia de las narraciones de Gertrudis Gomez de Avellaneda sobre Becquer. Rexach no ha de esforzarse, como hiciera Gulsoy, en afear los aparentes yerros de Avellaneda con el fin de que brillen mas los dudosos aciertos de Becquer. A Rexach le basta con convertir a Avellaneda en la amante de Becquer para robarle, probablemente sin pretenderlo, el merito de ser la principal fuente de las leyendas becquerianas, para escatimarle el honor de que quien acabaria convertido en el mas celebre escritor de la segunda mitad del XIX la haya imitado claramente.

El becquerianismo se ha valido de diversas estrategias de lectura para pasar de puntillas por esta imitacion. Una de las mas efectivas quizas haya sido la relacion erudita de fuentes del tema de la ondina en otras literaturas, porque la constatacion de la existencia de una larga tradicion previa permite eludir la confrontacion directa entre el relato de Avellaneda y el de Becquer, que no serian sino los ultimos eslabones de dicha tradicion, y sobre todo permite obviar la precedencia cronologica de La ondina del lago azul sobre Los ojos verdes. Pero incluso cuando dicha precedencia se ha admitido, cuando se ha hablado abiertamente del influjo de La ondina del lago azul sobre Los ojos verdes, la figura de Becquer ha brillado mas en el Olimpo literario que la de Avellaneda, y lo ha hecho porque los exegetas de la obra del sevillano han tenido buen cuidado de proclamar una y otra vez que Becquer supera ampliamente a su modelo, que lo mejora. Los criterios empleados para pronunciar semejante juicio esconden, como hemos visto, prejuicios contra las mujeres. No en vano quienes se valen de ellos intentan a toda costa que el protagonista masculino de la leyenda quede en buen lugar, que aparezca como un idealista y no como el iluso que se deja enganar, que es el blanco de las burlas femeninas. La preferencia que Gulsoy muestra por la mujer fantasmal de Becquer y por la ambientacion medieval, frente a la dama real y al tiempo presente del relato de Avellaneda, aunque el la fundamenta arguyendo que asi la historia es mas poetica, en realidad oculta el deseo vehemente de que el prototipo masculino romantico del sonador, del idealista, lo sea efectivamente, que nadie lo pueda tildar de estupido por culpa de una mujer. Mucha precaucion habra que tener en consecuencia cuando se hable de lo poetico, y sobre todo del heroe romantico que lo encarna, porque bajo la mascara del idealismo se puede estar encubriendo, como sucede en este caso, una manifiesta prevencion contra las mujeres. Quizas Avellaneda, consciente de ello, intento efectivamente poner en solfa dicho estereotipo masculino, como ha apuntado la critica feminista, al desvelar la identidad real de su ondina. Por otra parte, hablar de relaciones amorosas de la Avellaneda y Becquer, es decir, llevar el tema de las influencias al terreno de la biografia sentimental, acaba nublando dicha influencia, y no contribuye en absoluto al proceso de canonizacion de las escritoras. Al contrario, las convierte en objetos de deseo de sus colegas literarios, las devuelve al ambito del romance, de los escarceos amorosos, y de ese modo las empequenece, las reduce al papel tradicional de la dama impasible, inalcanzable, que se les adjudico tempranamente a las mujeres en la literatura cortes, un papel que el romanticismo transmutaria en mujer fantasmal y luego el psicoanalisis redefiniria a partir de los terminos de pasividad y narcisismo. Avellaneda, cuyas leyendas Becquer ha emulado, no lo perdamos de vista, una vez convertida en la amante misteriosa y esquiva, una vez leida a partir del modelo romantico de la mujer fantasmal, pierde todas sus prerrogativas literarias sobre quien pudo haber sido su discipulo, pierde incluso, y esto es lo mas importante, su condicion de escritora, para ser simplemente otro de los espectros femeninos que recorren la obra del sevillano.

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Isabel Navas Ocana

Universidad de Almeria. Almeria, Espana

minavas@ual.es

Recibido: 14.12.2015. Aceptado: 15.05.2016.

(1) Maria Prado Mas se ha encargado de la edicion contemporanea del drama biblico Baltasar y de la comedia La hija de las flores en la coleccion de literatura dramatica de la Asociacion de Directores de Escena (2000). Y Concha Fernandez Soto ha editado el volumen Errores del corazon y otras comedias (2008).

(2) Benitez es de los primeros en senalar vinculos entre Becquer y Cecilia Bohl de Faber si exceptuamos a Rica Brown, que ya en 1963 puso en relacion La gaviota y el relato de F. Moreno Godino sobre Antonia, la nina a la que Becquer conocio en uno de sus paseos en barca hasta la isla del Guadalquivir. Dice Rica Brown: "Situacion curiosa, parecida, ademas, poco mas o menos a la que sirviera a Fernan Caballero para su primera novela: La gaviota" (1963: 148).

(3) "Zorrilla aprende la leccion de Espronceda. Difunde el genero y lo desarrolla en todas sus posibilidades; hasta tal punto que en 1862, Coll y Vehi define la leyenda literaria teniendo solo en cuenta la narracion historica en verso al modo de Zorrilla. Cuando Becquer aparece en la escena espanola este tipo de leyenda esta en vias de extincion. Ha surgido en cambio el relato folklorico de Fernan Caballero, en que no se trata ya de utilizar un asunto tradicional, o inventar otro, para ambientarlo en un pasado historico, sino de autenticos cuentos populares provenientes de la tradicion oral, transcriptos con tecnicas fidedignas, sin los agregados de la fantasia del recopilador. Por otra parte, gran numero de repertorios han puesto a disposicion de los escritores los modelos del cuento popular, a menudo sobre asuntos maravillosos, propios de la tradicion europea. Becquer recrea el genero: mantiene cierta deuda con la leyenda anterior, las tecnicas de descripcion arqueologica, las expresivas de lo sublime terrorifico; tiende sin embargo a la verosimilitud realista, a respetar la economia y los modos del relato popular y, sobre todo, a crear un ambiente de maravilla lirica, similar al de los cuentos de hadas. Campillo, amigo de Becquer, debe asi replantearse la definicion del genero en su tratado de Retorica: distingue ahora la leyenda en verso y en prosa, y da como modelo, entre otros, a su amigo" (Benitez, 1974: 22-23).

(4) Dice Becquer: "(...) estas canciones se admiran, es verdad, se aplauden, se repiten de boca en boca. Trueba las ha glosado con una espontaneidad y una gracia admirables; Fernan Caballero ha reunido un gran numero en sus obras; pero nadie ha tocado ese genero para elevarlo a la categoria de tal en el terreno del arte. A esto es a lo que aspira el autor de La soledad" (Becquer, 1995, II: 572-573).

(5) En la Introduccion al tomo II de las Obras completas de Becquer, dice Navas Ruiz: "El sevillano tiene entre sus precedentes la novela historica de tema medieval, las leyendas de Zorrilla, los cuentos de Hoffmann y posiblemente los de Poe. Podria anadirse el costumbrismo romantico y el color popular de Fernan Caballero o Antonio Trueba" (1995, II: IX). Y en la introduccion al volumen integrado por el Libro de los gorriones, las narraciones y "escritos varios", Navas Ruiz vuelve a insistir: "Por otro lado, su interes por el folklore le llevo a explorar directamente la tradicion y la conseja, en lo que quiza no ha sido ajeno el ejemplo de Fernan Caballero y Antonio Trueba" (2005: 29). Por su parte, Angel Esteban le reconoce a Cecilia Bohl de Faber el merito de haber sido la primera en realizar una "seleccion con rigor cientifico" de los materiales procedentes de la tradicion popular: "La primera seleccion con rigor cientifico fue hecha en 1859, por Fernan Caballero, bajo el titulo Cuentos y poesias populares andaluces, publicada en Sevilla, en la imprenta de la Revista Mercantil. A partir de ahi los investigadores son mas certeros y profusos" (Esteban, 2007: 28). Y anade: "Precisamente de Fernan Caballero y sus relaciones aprende el sevillano el modo de introducir relatos tradicionales y motivos folkloricos en el texto ficticio" (2007: 21).

(6) En 1997, Benito Varela Jacome trato tambien esta cuestion de las semejanzas entre las dos leyendas, coincidiendo en lo fundamental con Gulsoy, a quien sin embargo no cita. Varela Jacome se limita a senalar que "varios estudios criticos confirman la anticipacion de Gertrudis Gomez de Avellaneda a las Leyendas de Gustavo Adolfo Becquer" (1997: 116), sin aclarar de que estudios se trata. Supongo que se refiere a Gulsoy y tambien a Rexach, cuyo articulo "Conexiones entre las leyendas de Avellaneda y Becquer", sobre el que volveremos mas adelante, se publico en 1987. Pues bien, segun Varela Jacome, La ondina del lago azul y Los ojos verdes coinciden en la descripcion de las ondinas, en el encantamiento de que son objeto Fernando y Gabriel por parte de ellas, y en el "final irreversible" de ambos (1997: 118).

(7) Sigue Gulsoy en este punto a Leopoldo Augusto Cueto, quien en "Observaciones acerca de algunas leyendas y novelas de la senora dona Gertrudis Gomez de Avellaneda" ya habia mostrado su disgusto por "la explicacion dada despues de terminada la leyenda, de las causas prosaicas y tangibles que han ocasionado el alucinamiento apasionado de Gabriel. De repente, y con cierta desagradable violencia, se desvanece la ilusion que ha de quedar necesariamente en la imaginacion del lector, despues de los magicos cuadros de la leyenda. Gabriel no es ya el mancebo instruido, artista, algo misantropo, que huye de la realidad prosaica de la vida, prendado unicamente del ideal que le forjan a un tiempo su enardecida fantasia y los inefables y misteriosos hechizos de la naturaleza. ?Que importa al lector saber que la ondina no es la creacion aerea y conmovedora de un cerebro juvenil y enfermizo, sino una coqueta de Paris, que se burla del sandio aldeano?" (Cueto, 1871: 406).

(8) "Puchkin, el gran poeta ruso, escribio una leyenda fantastica, titulada Rusalka, que es la ondina de las consejas moscovitas; leyenda por cierto muy inferior a La Ondina del lago azul. Pero se guarda bien de dar explicacion alguna de las cosas sobrenaturales que en ella pasan. Lo mismo hace Hoffmann, gran maestro de la literatura fantastica. Dar la clave de la ilusion, es disiparla" (Cueto, 1871: 406).

(9) "Es una lindisima leyenda que parece escrita por Walter Scott, tan alada y vaporosa y a la vez interesante nos la ofrece la autora. No tiene nada de original, porque repetidas veces se ha contado la anecdota del joven sonador, enamorado de una vision que la luz de la luna, los vapores de un lago o un rio, y mas que nada su propia locura forma y que le arrastra al suicido en aquel mismo elemento que creen ser la mansion de la mujer ideal. Pero ni Puchkin en su Rusalka, ni Hoffmann, igualan a nuestra escritora en esta preciosa leyenda". Cotarelo publico "La Avellaneda y sus obras. Ensayo biografico y critico" entre 1928 y 1930 en el Boletin de la Real Academia Espanola. El fragmento aqui citado aparecio en el tomo XVII, Cuaderno LXXXI, 1930, p. 31. Luego lo editaria como libro en 1930.

(10) "(...) puede ser que se inspirara mas bien en la lectura de una de tantas baladas o poemas de tema de ninfas y espiritus del agua (pensamos en Die Undine de F. de la Motte Fouque, Der Fischer de Goethe, Die Lorelei de Heine, etc.), quiza no en su original aleman, sino a traves de las traducciones francesas y aun espanolas. Ya se sabe que hacia imitaciones de las obras de autores franceses. Por otra parte, el joven protagonista que se entrega a ensuenos en el seno de la naturaleza tampoco es una creacion original de la Avellaneda. Tales personajes aparecen en algunos cuentos de Hoffmann, y mas notable todavia, en el cuento fantastico Ines de las Sierras (1837) de Charles Nodier. Uno de los protagonistas de dicho relato, Sergy, nos recuerda a Gabriel, por ser de temple poetico, sentimental, un musico, y por aspirar a otro mundo mejor, y por tener a una mujer ideal sonada. Sergy, lo mismo que Gabriel se enamora de un ser sobrenatural, el fantasma de una mujer. El cuento de Nodier tiene ademas una secuela, en que se descubre que la mujer fantastica es real, como la de la Avellaneda. Es probable que nuestra autora concibiera el argumento de su leyenda en sus recuerdos de la lectura de obras como la de Fouque, o mas bien, la de Nodier, y que le diera forma en su imaginacion en el ambiente poetico de los Pirineos, durante su visita alli" (Gulsoy, 1967: 105-106).

(11) "(...) es probable tambien que conociese parte de la tradicion literaria existente sobre dicho tema, una tradicion que se dilata en la literatura espanola desde una historia incluida en El caballero Cifar hasta el poema "La fuente de la Mora" de Quintana y que esta presente en variadas obras extranjeras, como la Ondine de La Motte-Fouque (1811), Lore Lay de Brentano (1801), Lorelei de Heine (1824), Das Kathchen von Heilbronn (1808) de Kleist, por no mencionar las adaptaciones a operas del tema de Loreley debidas a Lachner (1846) y Wallace (1850) o de la opera de Hoffmann titulada, precisamente, La Ondina (1814). No debemos olvidar tampoco las leyendas y tradiciones orales que, especialmente en el norte de Espana, recogen versiones diferentes sobre misteriosas mujeres que seducen a los paseantes y los arrastran a los abismos o a las profundidades del agua. Las xanas o lavanderas de Asturias, las lamias, laminas o laminaku del Pais Vasco, las gojes o dones d'aigua de Cataluna y esta misma figura en Galicia, representan un claro ejemplo de la difusion de este motivo de larga raigambre folklorica y popular que muy bien pudo inspirar a Gertrudis Gomez de Avellaneda" (Ayala, 2006: 14).

(12) "La dama del lago tiene hondas raices en el folclore europeo, sobre todo germanico: su aparicion en la literatura hay que vincularla a la materia de Bretana del ciclo arturico; en la contemporaneidad ha sido glosada en textos como La dama del lago (1810) de Walter Scott, Ondina del baron de La Motte-Fouque (1811), Rusalka de Puchkin (1819), "Maitagarri" de Jose Maria de Goizueta (1856) y la leyenda becqueriana "Los ojos verdes" entre otros. El asunto ha inspirado tambien las operas de Hoffmann Online 81816) y de Rossini La donna del lago 81819), basada esta ultima en el poema de Walter Scott" (Ezama Gil, 2011: 336).

(13) Angeles Ezama si senala la coincidencia de Avellaneda y Becquer en el significado que le otorgan al termino tradicion. Segun Ezama, las denominaciones de leyenda y de tradicion no las utiliza Avellaneda "de modo indistinto, como parece habitual en el periodo romantico, sino que apuesta claramente por la tradicion, sobre todo cuando estas narracio nes aparecen insertas en los relatos de viaje, tratando de ilustrar el caracter y costumbres de los pueblos recorridos mediante la relacion de historias profundamente enraizadas en ellos", como sucede en La ondina del lago azul (2011: 335). Y este concepto de tradicion es el mismo del que Becquer se vale en la Historia de los templos de Espana, en las Cartas desde mi celda y, por supuesto, en sus leyendas (2011: 337).

(14) La obra de Avellaneda que mas se ha relacionado con George Sand ha sido, sin embargo, Dos mujeres, aunque la propia Avellaneda negara la relacion (Carlos, 1968: 190).

(15) "The Water Nymph of the Blue Lake" is, as already mentioned, a variation of the wellknown legend on which Gustavo Adolfo Becquer based his more famous version entitled "Los ojos verdes" ("The Green Eyes"). Up to a certain point, both authors' versions are quite close" (Harter, 1981: 164).

(16) En 2005 Juan Antonio Molina Foix preparo para la editorial Siruela una antologia de relatos sobre el tema de la ondina en la que figuran los mas representativos del romanticismo aleman--"La ninfa de la fontana" de Musaus, la "Ondina" de La Motte-Fouque, "La nixa del estanque" de los hermanos Grimm y "La historia de la bella Lau" de Morike--, y del romanticismo espanol: "La ondina del lago azul" de Avellaneda y "Los ojos verdes" de Becquer.

(17) Cotarelo publico poco despues esta serie de articulos en el volumen La Avellaneda y sus obras. Ensayo biografico y critico (1930).
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Author:Navas Ocana, Isabel
Publication:Acta Literaria
Article Type:Ensayo critico
Date:Jan 1, 2017
Words:9840
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