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Arthur Schnitzler: Anatol: Martin Acosta, director.

Martin Acosta acomete ahora con Anatol (1893) de Arthur Schnitzler (1862-1931) quien a su vez escarbase en una de sus obsesiones seculares: el mito de Casanova, que ya habia experimentado con el relato de juventud El retorno de Casanova (1917), para volverse en una constante a lo largo de su produccion literaria. Con jovenes actores, el director va hacia la construccion de una puesta donde el tema de la infidelidad alcanza niveles delirantes, tanto en el trasunto tematico, como en la misma composicion escenica que, si bien aparece limpia en trazo, integra asimismo una de pronto virulenta mirada misogina que llega a opacar el tema principal de Schnitzler para volver Anatol no una obra en torno al donjuanismo y la infidelidad (masculina y/o femenina, segun se vea), sino en un desorbitado performance de prolongada duracion con ribetes de misoginia inevitables e insostenibles. Desde luego, Acosta sigue firme en su animosidad de ser un "provocador" per se; de ahi que las fortuitas, insistentes y reiterativas coreografias con mambo apunten al espectaculo de cabaret, si bien va, o a un timido deseo de controlar el desajuste escenico a traves del musical tipo Ocesa, con la rusticidad propia--e involuntaria, claro--de las malas peliculas mexicanas de los anos 50 (difficilmente hubo de otras en dicha decada) y esquematicas autorreferencias del director a su propio estilo y obsesiones. Casi 20 minutos el publico tiene que ver desnudo, con toda luz blanca, sin "justificacion" alguna--que no sea sino el crudo exhibicionismo de su apolinea figura--al protagonista Jose Alberto Cortes Vivanco, sometiendolo Acosta a un fatuo y grotesco fuego pseudo transgresor que a lo unico que arriba es a la erdipia (pena ajena). El desnudo masculino de Anatol resulta, amen de caprichento, una glosa de ese machismo invertebrado que se disemina a lo largo de un montaje con sello irremediablemente estudiantil, lo cual no seria criticable si no se oliesen en la puesta entera las pretensiones presuntamente "estilisticas" del director y su regodeo en convertir al macho en un superego al que solo la muerte argumental (del texto de Schnitzler) salva de seguir cayendo en el abismo de la irrision. Vale el esfuerzo del grupo de actores (sobre todo el temple heroico de Jose Alberto Cortes Vivanco como Anatol, sin duda un joven y prometedor actor, dotado de disciplina y rigor, y a partir de aqui ya probado para cualquier exceso), entregados ciegamente a estas infidelidades escenicas buenas quiza para cualquier curso propedeutico de desinhibicion actoral, pero fallidas en el contexto emblematico de una fiesta del espiritu como el Festival Internacional Cervantino productor de Anatol, junto con otras instituciones culturales guanajuatenses. Trabajo escolar con resonancias inquietantes quiza y sin duda unicamente para sus creadores e interpretes, Anatol es, paradojicamente, una propuesta de muy poco interes para el publico en general.

[ILUSTRACION OMITIR]

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Author:Valdes Medellin, Gonzalo
Publication:Siempre!
Article Type:Resena de teatro
Date:Nov 8, 2009
Words:508
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