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Arrogantes y apestados.

[ILUSTRACION OMITIR]

MADRID. -- Yo no he fumado jamas, si dejamos en el olvido los canutos de papel de periodico con el que envolviamos hojas secas de pino en el colegio, o las caladas que me pasaban de maria pocos anos despues. Los veinte mejores anos de mi vida academica transcurrieron compartiendo despacho con un profesor que fumaba como el carretero proverbial, y no puede decirse que me molestase el humo. Asi que carezco de la fe del converso arrojando canonazos contra el vicio del tabaco. Me limito a manifestar mi extraneza ante el hecho de que personas muy inteligentes --mi companero el profesor, la primera de ellas--, que saben a ciencia cierta que el fumar les mata a una velocidad apreciable, sigan con su costumbre como si no les fuese nada en ello. Cada cual es libre de suicidarse como le venga en gana, asi que no es ese el problema de fondo. Tampoco lo es el esgrimido por las autoridades respecto a su cruzada en defensa de los fumadores pasivos. No nos enganemos: si tratar de los enfermos de bronquitis, cancer de pulmon y demas dolencias propias de los fumadores fuese facil y barato, al Estado se le daria una higa que hubiera o no tabaco. Bueno, en realidad haria lo mismo que ahora: freir a impuestos las cajetillas y sacar provecho de la adiccion a la nicotina. Asi que, mas que un problema de salud, es un resultado negativo entre lo que ingresa y lo que se gasta lo que ha llevado a que los fumadores se hayan vuelto hoy los nuevos apestados.

En tiempos de penurias economicas, nada que objetar. Excepto que las consideraciones economicas deberian tomarse en cuenta de forma exhaustiva. Persiguiendo al tabaco, en Espana no se ha optado por prohibido sin mas, que pareceria lo logico cuando esta en juego la salud publica. Se tolera --y se sacan muy jugosos beneficios impositivos-- pero obligando a los duenos de los lugares en los que es posible fumar a hacer inversiones nada despreciables con el fin de acondicionar una parte de los locales para, poco despues, convertir en humo tambien ese gasto. Ahora la historia se repite: en Madrid, en Barcelona y en cualquier otra ciudad espanola hay que calentar las terrazas para que quienes quieren sentarse fuera, aprovechando la tolerancia actual, no se congelen. ?Para que dentro de tinos meses o unos pocos anos se prohiba fumar tambien en la acera? La indiferencia de las autoridades ministeriales espanolas hacia los propietarios de cafes, bares y restaurantes --a las discotecas no he ido desde hace medio siglo y no se de que van las cosas alli-- es digna de estudio. En terminos de debilidad mental, claro es. ?De verdad se toman en cuenta los efectos de las leyes? ?O lo que sucede es que se deia en el olvido de una forma tan manifiesta como lesiva todo aquello que se desprende de cualquier cambio de las normas? La respuesta es facil: los griegos se dieron cuenta ya hace veinticuatro siglos de los abusos a los que lleva la mezcla de poder y arrogancia. Atribuian a esa combinacion letal la caida del imperio persa. Pero se ve que andaban equivocados; aqui, en Espana, a los poderosos arrogantes no les sucede nada. Suspiren ustedes porque en Mexico las cosas sean de otro modo.

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Author:Cela Conde, Camilo Jose
Publication:Siempre!
Date:Jun 5, 2011
Words:600
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