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Antonio de J. Paredes y el regimen carrancista: entre el colaboracionismo y el cisma.

I. INTRODUCCION

A la muerte de don Pelagio Labastida (1) se inicio en el episcopado mexicano una etapa marcada por dos signos bastante evidentes: de un lado, la ausencia de un liderazgo que si se habia dado con Labastida mientras ocupo el arzobispado de Mexico y, de otro, el abultado nombramiento para sedes episcopales de alumnos procedentes del Colegio Pio Latinoamericano, con sede en Roma.

Por otra parte, a partir de 1910, el pais comenzo a estremecerse por una epoca de grandes cambios: la paz porfirista habria de dar lugar a un periodo de convulsiones que no terminarian del todo sino hasta mediados del sexenio cardenista, un cuarto de siglo despues, en el que la Iglesia se veria tambien afectada de diversas maneras. Una de ellas, las represalias tomadas por el ejercito carrancista, a la postre vencedor en el conflicto de los anos '10, motivadas, segun decian ellos mismos, por el supuesto apoyo de la Iglesia, sobre todo a traves de la figura del arzobispo Mora y del Rio, al regimen golpista de Victoriano Huerta (2).

Fue precisamente en esa epoca, en la que se dio hasta cierto punto una persecucion en contra de los jerarcas catolicos (3), cuando mas se extrano una personalidad fuerte que cohesionara el episcopado; sobre todo se echo en falta una figura carismatica en la sede primada (4). Quiza, a causa de esto, precisamente en la arquidiocesis de Mexico se encumbro un hombre negociador y energico, con experiencia de Iglesia y con habilidades politicas, como fue el canonigo Antonio de J. Paredes, de quien este articulo se propone esbozar el papel que jugo en circunstancias tan agitadas.

II. ALGUNOS RASGOS BIOGRAFICOS

Nacido en la ciudad de Mexico en 1860, procedia de una familia distinguida (5). Familiar de don Mariano Paredes y Arrillaga, mantuvo siempre una cercania intelectual con los circulos politicos. En 1881 marcho a Roma a cursar sus estudios eclesiasticos en el Colegio Pio Latinoamericano, acompanado de Leopoldo Ruiz y Flores, quien despues fuera arzobispo de Michoacan. Regreso a Mexico en 1884 habiendo obtenido el doctorado en Teologia y Derecho Canonico. Se desempeno como profesor de Sagrada Escritura y Teologia durante mas de veinte anos.

En 1895 publico una obra, La falsa ciencia, que le reportaria gran fama intelectual. Ya en ese ano, su celebridad era tal que se le cita entre los participantes en la consagracion episcopal de don Joaquin Arcadio Pagaza: <<Oficiaron de maestros de ceremonias los senores presbiteros don Maximo Jurado y don Rafael de Leon; habiendo tenido igual cargo, cerca de los ilustrisimos obispos, el senor presbitero Dr. Don Antonio de J. Paredes, cura por aquel entonces de San Jose>> (6).

Lo encontramos luego como secretario del arzobispo Labastida y Provisor con Prospero de Alarcon. A este ultimo, siendo arzobispo de Mexico, la Santa Sede le habia pedido su renuncia <<por la situacion tan deplorable de la arquidiocesis>>. El arzobispo se nego, presentando un plan para corregir lo que hubiera que corregir. Fue entonces cuando mejor se conocieron las dotes organizativas y de mando con que contaba nuestro personaje: <<El hombre que encabezaba la obra de redencion era el canonigo Antonio Paredes, quien fuera nombrado provisor por el arzobispo Alarcon. Su autoridad cubria diversos campos de la accion pastoral del arzobispado. A diferencia del arzobispo Alarcon, Paredes era inteligente, egresado del Colegio Pio Latinoamericano, respetado por el clero de la arquidiocesis y por sus pares en el Cabildo Metropolitano de Mexico. Contaba con grandes dotes de mando, y una gran capacidad para establecer relaciones con la sociedad civil y politica. Tenia al arzobispado en su mano>> (7).

Al quedar la sede vacante por la muerte de Alarcon en 1908, todo hacia parecer que el sucesor seria el canonigo Paredes, quien recien habia sido nombrado vicario capitular, maxime en un momento en que las sedes vacantes comenzaban a ser ocupadas sobre todo por egresados del Pio Latinoamericano; sin embargo, la suerte recayo en Jose Mora y del Rio, otro egresado del mismo colegio, que en ese momento se desempanaba como obispo de Tulancingo.

Algo parecido ocurriria unos anos despues cuando otra importante sede, la de Guadalajara, habia quedado vacante. En esa ocasion, senala O'Dogherty, <<la sucesion habia rebasado el ambito eclesial, dada la importancia politica del Partido Catolico Nacional en Jalisco, el presidente Madero busco influir en la designacion del nuevo arzobispo. De manera reiterada menciono el nombre de Antonio Paredes, vicario capitular de Mexico. La propuesta de Madero no era un absurdo. Paredes gozaba de una excelente formacion y un solido prestigio: alumno del Colegio Pio Latino Americano y doctorado en Teologia y Derecho Canonico en la Universidad Gregoriana, habia sido profesor del Seminario Conciliar de Mexico y de la Universidad Pontificia por mas de veinte anos. Sin embargo, no gozaba de la confianza del arzobispo de Mexico por su resistencia a ser identificado con el grupo de clerigos pio latinos, su oposicion al Partido Catolico y su amistad con Madero>> (8).

Confirmado en 1909 por Mora y del Rio como vicario general de la diocesis, Mons. Paredes, al ascenso de Madero, comenzo a tener una gran amistad y confianza con el nuevo mandatario y, a la muerte de este, celebraria solemnes honras funebres que excitaron la ira del regimen golpista. El secretario de gobernacion de Huerta, doctor Aureliano Urrutia, visito al arzobispo Mora y del Rio y, <<ya en confianza, el ministro le reclamo las pompas funebres que se habian celebrado en alguna iglesia en honor de Francisco Madero, lo cual solo habia producido "mala impresion en la sociedad y en el animo del gobierno", por lo cual, le sugirio "tomar las medidas oportunas a fin de que no vuelvan a repetirse demostraciones de tal indole", pero especialmente le recomendo "evitar a todo trance que continue haciendo sus trabajos antigobiernistas cierta personalidad del clero">> (9).

Mora, que expresamente se habia opuesto a esa ceremonia pretextando que Madero habia sido espiritista y que celebrarla podia traer consecuencias negativas para la diocesis, encontro un motivo para pedir la renuncia de Paredes; sin embargo, <<Mora y del Rio fue sorprendido por su cabildo que protesto porque se separaba al canonigo Paredes por una peticion gubernamental y no porque hubiera faltado a sus deberes. El asunto se volvio publico: las diferencias entre el arzobispo y su cabildo y la separacion del Sr. Paredes fueron comunicadas a la prensa>> (10) y, aunque durante los meses en que Huerta goberno fungio como vicario general el canonigo Samuel Arguelles, el arzobispo Mora nunca se atrevio a retirar del cabildo a Paredes.

Ya en 1914, luego de la renuncia y salida del pais del general Huerta y estando en Roma el titular de la arquidiocesis, con la capital tomada por el ejercito constitucionalista desde el 15 de agosto, sucedio un hecho inedito que vendria a encumbrar a nuestro personaje: el dia 17 de agosto, al mediodia, los constitucionalistas llegaron a la catedral a exigir se reconociera a Paredes como vicario general (11). <<Ante la situacion, se convoco a junta extraordinaria del cabildo de de la catedral metropolitana para dirimir la forma de proceder. De forma colegiada se decidio que el Vicario General, el canonigo Samuel Arguelles, quien habia sido nombrado por Mora y del Rio, delegara sus funciones en el canonigo Paredes. El 17 de agosto inicio el senor Paredes sus funciones como Vicario capitular>> (12). Quiza para evitar conflictos, Mora y del Rio habria de ratificar el nombramiento en octubre de ese mismo ano. Los incidentes que acaecieron durante este segundo periodo como vicario general, se veran un poco mas adelante.

III. SU OBRA ACADEMICA: LA FALSA CIENCIA

La falsa ciencia ante las Divinas Escrituras. Respuestas a las principales objeciones que mas comunmente se hacen contra la veracidad de los libros santos. Eran el titulo y subtitulo de un libro grueso, en tapas duras, editado por la imprenta de Mariano Nava y Cia., en la ciudad de Mexico, cuyo autor se ostentaba como el Pbro. Dr. D. Antonio de Jesus Paredes Profesor de Sagrada Escritura en el Seminario Conciliar de esta Arquidiocesis. Obra que, si bien no conocio reimpresiones, si le dio fama de docto al Sr. Paredes, quien ademas era el unico profesor de Sagradas Escrituras por aquel tiempo.

La falsa ciencia, como era conocido, es un libro de caracter mas apologetico que escrituristico que pretende demostrar que no hay oposicion entre la ciencia y la fe, por lo que se busca, en palabras del autor, <<hacer populares las respuestas que la verdadera ciencia ha dado a la ciencia impia y falsa>>. Y esto no porque no se hayan dado ya magnificas respuestas por pluma de otros autores, sino mas bien porque <<algunas de estas magnificas obras estan en latin, por desgracia cada dia es mas limitado el numero de los que conocen y aman la bellisima lengua de la Iglesia; otras, escritas en lenguas modernas, no pueden hacerse populares sea por su precio, sea por su volumen (...) La experiencia demuestra que muchas personas sea por ligereza, se como lo es mas generalmente por demasiada ocupacion, no leen ni la primera pagina de un libro voluminoso, o abandonan su lectura apenas comenzada, mientras que leen con gusto un articulo de periodico, y concluyen y aun repiten la lectura de un librito en 12 y de unas 300 paginas. Movidos por estas consideraciones tratamos de popularizar la verdad tanto o mas si es posible de lo que se ha popularizado el error>> (13).

Terminaba el prologo de su obra mencionando un segundo motivo que le habia llevado a escribirla: dar armas a los seglares para que en medio del mundo pudieran defender la verdad: <<hoy que cada impio es un apostol del mal, es necesario que cada catolico, sin distincion de estado ni condicion, sea un apostol de Jesucristo>> (14).

Inmediatamente despues comienza el elenco de errores que, segun el autor, circulan en el ambiente y, desde luego, las respectivas replicas a esos errores, comenzando por la creacion, la creacion del hombre, la creacion de la mujer ...

Veamos, resumidamente, como argumentaba el Dr. Paredes, por ejemplo en el caso de la llamada <<generacion espontanea>>, teoria que todavia en el siglo XIX se consideraba cientifica y suficiente para contradecir que Dios haya creado los seres vivientes. Al respecto, explica La falsa ciencia: <<Hay algunos sabios que pretenden que dada cierta materia en la cual no se encuentran germenes ocultos escondidos invisibles, puede desenvolverse en ella, mediante el desarrollo de las energias inherentes a la naturaleza, una serie de seres vivos. Despues de sentado este que llaman principio, concluyen de alli que si han podido nacer de este modo algunos animalculos, sin germen preexistente, sin semillas previas, nada hay que se oponga a que el hombre haya nacido de una manera igual (...). Desde luego preguntamos si no es el furor de prescindir de Dios lo que lleva a la llamada ciencia moderna a caer en semejantes delirios. Porque en fin si la creacion del hombre hecha por Dios es un misterio, ?quien no ve que la creacion del hombre por la materia es misterio todavia mayor? Y sobre todo: ?quien no ve que esa pretendida explicacion nada explica; que siempre queda en pie la cuestion de saber quien deposito en la materia esas energias creadoras; y que todo el resultado de ese sistema consiste en la creacion hecha por Dios en segundo termino en lugar de admitirla inmediata?>> (15).

De esta breve exposicion tomada del Prologo, asi como del ejemplo de argumentacion citado, se alcanza a ver un Paredes cercano al publico en general. Mas bien divulgativo que erudito, e imbuido, eso si, de una cierta preocupacion antimodernista propia de los tiempos que se estaban viviendo.

IV. PAREDES Y OBREGON

El 25 de enero de 1915, el general Roque Gonzalez Garza, reconocido como presidente por las fuerzas leales a la Convencion de Aguascalientes, habiendo reunido a su gabinete para participarle las ultimas noticias que habia recibido, terminaba su exposicion con las palabras <<!El enemigo avanza, avanza, avanza ...!>> (16). Y, efectivamente, las unicas tropas que defendian la capital del avance constitucionalista, conformadas por soldados zapatistas mal armados y poco acostumbrados a pelear contra un ejercito, cedieron el terreno a los carrancistas comandados por Obregon, quien decidido a tomar medidas tan radicales como fueran necesarias para doblegar a los <<enemigos de la Revolucion>>, explica el mismo que <<la primera disposicion de esa indole dictada por mi Cuartel General, fue la relativa a la imposicion de una contribucion de medio millon de pesos, que habia de ser cubierta por el clero, y cuya cantidad seria destinada a la Junta Revolucionaria de Auxilios al Pueblo, para conjurar la terrible miseria que abatia a nuestras clases pobres. Esta disposicion fue comunicada al representante del clero, canonigo Antonio de J. Paredes, fijandole un plazo razonable para que hiciera el entero de la contribucion impuesta, cuyo monto era insignificante, si se consideraba que el clero tuvo, para apoyar al Gobierno del asesino Huerta, varios millones de pesos en metalico>> (17).

El plazo <<razonable>> se reducia a cinco dias. El Sr. Paredes habria de contestar comedidamente que le era imposible conseguir ese dinero en termino tan perentorio, pero que quedara tranquilo, pues ademas de ya estar atendiendo las necesidades del pueblo ordenaria que en cada parroquia y templo se organizaran mas actividades de beneficencia tendientes a paliar la situacion que tanto le preocupaba.

Obregon, indignado, ordeno que todos los sacerdotes se presentaran al dia siguiente, 19 de febrero en los patios de la Comandancia Militar 19. Paredes, con gran sensatez, dejo a la responsabilidad y buen juicio de cada clerigo el obedecer o no esta disposicion, aunque el mismo si la siguio. Los sacerdotes que se presentaron fueron humillados y sometidos a diversa clase de vejaciones, excepto a los extranjeros, a quienes se puso en libertad con la obligacion de abandonar cuanto antes el pais.

Varios dias estuvieron prisioneros y, habiendo Carranza ordenado a Obregon movilizarse, decidio llevar consigo a los sacerdotes presos: <<Marchaban incorporados a nosotros, y con caracter de prisioneros, en los carros que se habian designado para el efecto, el canonigo Antonio J. Paredes y los demas miembros del clero que no habian pagado la contribucion que se les fijo (...). Pocos dias despues de habernos incorporado a Tula, ordene remitir a Veracruz a los sacerdotes prisioneros, debido a que estos constituian una impedimenta en nuestra columna>> (18).

Poco mas de veinte dias duro este primer contacto del Dr. Paredes con el ejercito constitucionalista, en el que, anade Alessio Robles, <<el General Obregon ni siquiera ahorro el escarnio a los sacerdotes prisioneros. Les mando hacer un reconocimiento medico y segun el certificado expedido, muchos de ellos resultaron con enfermedades vergonzosas. Despues fueron embarcados con rumbo a Veracruz, en jaulas de ganado>> (19). Esos eran los <<carros>> de los que habla Obregon en sus memorias.

No obstante este inicial roce con los soldados de Carranza, el canonigo Paredes, que habia sido capaz de convivir en buenos terminos con el gobierno de Porfirio Diaz; en mejores, con el presidente Madero, de quien incluso se conto entre sus amistades; que habia podido sobrevivir al gobierno de Huerta y convivir con los convencionalistas de Villa y Zapata, no le habrian de significar mucho tres semanas de agravios y malos tratos para, de manera sorpresiva, desplegar rapidamente su habilidad diplomatica y conseguir que, el 26 de marzo de 1915, en el diario El Pueblo (20), del puerto de Veracruz, apareciera un desplegado en el que, junto con el, firmaban otros 14 sacerdotes, entre ellos

el Sr. Guillermo Tritschler (21), en el que se criticaba que un grupo de mexicanos en el extranjero, <<bajo el pretexto de ayudar a la causa catolica, trataban mas bien de meterse en asuntos exclusivamente politicos>> (22). De esta manera, <<el grupo de clerigos mexicanos, encabezados por Paredes, criticaba (...) a los mismos obispos mexicanos quienes, desde su refugio en San Antonio, trataban de que se ayudara a la Iglesia mexicana y la liberaran de la persecucion (...); consideraba la actitud de los prelados como antipatriotica y tambien innecesaria; y minimizaban la terrible persecucion>> (23). Asi las cosas, en poco tiempo, reapareceria sin mayores problemas en el ejercicio de su poder cuasi episcopal como vicario general de la arquidiocesis de Mexico y, a partir de entonces, comenzaria una relacion de apoyo casi incondicional a las reformas legales impulsadas por el carrancismo, incluso a aquellas de tinte anticlerical.

V. PAREDES Y EL CASO DEL SACERDOTE ESPANOL JOSE CORTES

Del sacerdote espanol Jose Cortes no tenemos muchos datos, pero sabemos que ya se encontraba en suelo nacional en el ano 1912 a traves de una carta del gobernador de Coahuila al presidente de la Republica:
      Senor don Francisco I. Madero,
      Presidente de la Republica,
      Mexico, D. F.

      Muy estimado y fino amigo:

      Es portador de la presente el senor Presbitero don Jose Cortes,
   que ultimamente ha residido en General Cepeda, de este Estado, y
   quien pasa a esa con objeto de seguir oficiando en su religion.

      El senor Cortes es persona muy liberal y apreciada en el pueblo
   de General Cepeda, donde se ha sabido captar la simpatia general, y
   mucho agradecere a U. se sirva dispensarle sus consideraciones.

      Anticipandole mis agradecimientos por todo lo que hiciere en
   favor de mi recomendado, quedo como su afectisimo amigo y atento
   seguro servidor.

        V. Carranza (24)


Con los anos volvemos a tener noticias de Cortes, a quien se le ubica como amigo y factotum de Carranza (25) e, incluso, persona cercana al Sr. Paredes, pues a finales de 1915, el arzobispo de Mexico, exiliado en los Estados Unidos, daba cuenta en una carta al Sr. Orozco y Jimenez sobre la actividad disolvente del P Cortes en mancuerna con el Sr. Paredes: <<El Sr. Paredes y el P. Cortes acompanaron a Toluca al coronel Sebastian Carranza, hermano del Primer Jefe, dicese que para designar los templos que han de quedar abiertos al culto>>. Y mas adelante: <<Se dice que el Sr. Paredes tiene juntas constantes con Cortes y camarilla, que asisten a banquetes con los jefes revolucionarios, de uno de los cuales [banquetes] nos habla un periodico de Mexico>> (26).

No obstante esta presunta connivencia entre Cortes y Paredes, en una nota periodistica de 1916, en momentos que, en Queretaro, se debatia la configuracion definitiva de una nueva Constitucion, se aprecia una actitud firme de Paredes ante lo que podria haber sido el comienzo de un cisma.

El encabezado del articulo a que hacemos referencia decia <<La Iglesia de Mexico>> e, inmediatamente despues, en letras negritas y un poco mas grande que el resto, la entrada hacia constar: <<Carranza trata de separar la Iglesia catolica de Roma, para lo cual ha comisionado un sacerdote espanol, para que formule un proyecto que sera articulo constitucional>>. El cuerpo de la noticia justificaba asi la anterior afirmacion:
      El padre Jose Cortes Canto, presbitero que era encargado de la
   iglesia del Sagrado Corazon de Jesus, fue excomulgado por el
   vicario general de la arquidiocesis de Mexico, Antonio de J.
   Paredes, quien ademas puso en entredicho la mencionada capilla.

      El hecho ha causado una gran impresion en la metropoli, pues el
   templo de que se trata es uno de los mas concurridos, por estar
   situado en el aristocratico barrio de la Colonia Juarez.

      Cortes, quien es grande amigo de Carranza, parece que ha sido
   aconsejado para que se haga independiente de la tutela de Roma, y
   le ha ofrecido Carranza el apoyo de su ejercito y el de su persona,
   para lograr el objeto que se propone, que es el de crear la Iglesia
   Mexicana.

      Carranza, para dar fuerza a su promesa, hizo que algunos
   diputados estudiaran el proyecto, para incorporarlo en la
   Constitucion.

      Cuando los periodicos de Mexico principiaron a publicar
   entrevistas con el cura rebelde, en las que este externaba sus
   opiniones, el Vicario General reunio al cabildo y le presento el
   caso, agravado por el hecho de que Cortes se habia negado a
   entregar el templo. Cortes es el sacerdote que se dice firmo el
   memorandum enviado al gobierno americano hace poco, diciendo que no
   se perseguia ya a los catolicos en Mexico. Su nacionalidad es
   espanola.

      El cabildo notifico su decision a las autoridades carrancistas, a
   fin de que recojan el templo, que ya no esta destinado al culto, y
   cumplan asi las leyes de Reforma, o se lo devuelvan (27).


Son de especial interes dos aspectos de esta noticia: 1) el proceder firme, al menos en apariencia, de Paredes, ante la posibilidad de un cisma; y 2) la actitud sumisa (?entreguista?) hacia la autoridad civil, solicitando que, de no devolver a la Iglesia catolica el templo en el que reside el sacerdote rebelde, lo recojan de acuerdo a las leyes de Reforma. ?Espiritu de contradiccion? ?Animo momentaneo de aprovecharse de unas circunstancias concretas para deshacerse de quien pudiera estar sobrepasando los limites que a Paredes le convenian? O bien, ?simplemente celo por conservar la unidad con la sede romana y la ortodoxia de la doctrina? Si fuera solo esto ultimo, ?al costo, no pequeno, de validar las leyes de Reforma invocandolas como tabla de salvacion? Es dificil penetrar en lo que haya pasado por la mente de Paredes quien, como se ve, contaba con el apoyo del cabildo, pero es de suponer que, de alguna manera, se encuadra dentro de una conducta mas amplia ante los sacerdotes extranjeros, que sera analizado a continuacion.

VI. PAREDES ANTE LA EXPULSION DE LOS SACERDOTES EXTRANJEROS

Alvaro Matute explica brevemente los terminos en que se gesto el conflicto por la presencia en el pais de clero extranjero: <<Un aspecto de especial tirantez entre clero y gobierno fue el relativo a los sacerdotes extranjeros. De manera constante aparecieron en la prensa noticias acerca del destino y la persecucion de ministros del culto catolico, la mayoria de los cuales era de origen hispano. La ley establecia que los sacerdotes extranjeros no podian administrar parroquias. El canonigo Antonio de J. Paredes declaro que la mitra habia recibido muchas solicitudes de sacerdotes extranjeros, pero que no podian aceptarlas, en acato a lo dispuesto por la Constitucion. Incluso, Paredes se refirio a una disposicion papal de Pio X, ratificada por Benedicto XV, que dictaba que los sacerdotes europeos se abstuvieran de viajar a America, especialmente a Mexico>>. (28)

Era verdad que no pocos de los sacerdotes extranjeros que habian llegado a Mexico habian constituido un problema para la misma Iglesia, pero tambien era evidente la ayuda que muchos otros, en terminos generales, prestaban para la atencion pastoral. La Constitucion de 1917, apenas promulgada, exigia a los ministros de culto ser de nacionalidad mexicana y el gobierno de Carranza se aprestaba a dar cumplimiento a estas exigencias cuando el Sr. Paredes hizo a El Universal declaraciones que desconcertaron en primer lugar a los obispos mexicanos que se encontraban desterrados. Asi, en su edicion del 31 de mayo de 1917, dicho periodico reportaba lo siguiente:
      Ante pregunta expresa si eran suficientes los curas nacionales
   Paredes explica que la proporcion de sacerdotes es diferente en
   cada region del pais, que en los estados del norte hay menos clero,
   pero que en la arquidiocesis de Mexico resultaban suficientes para
   cubrir las demandas de los fieles (29).


La postura del vicario general llevo a Mons. Ruiz y Flores a descargar su conciencia escribiendo al Delegado Apostolico Giovanni Bonzano una carta en la que, luego de los saludos de costumbre, el arzobispo de Michoacan expone su gran preocupacion: <<No se como pueda Mons. Paredes ofrecer que se cumplira la Constitucion en lo que a el corresponde respecto a los sacerdotes extranjeros>> (30). Ahi mismo desmiente que no sean necesarios en la arquidiocesis de Mexico estos sacerdotes, justamente porque ahi los hay en mas numero que en el resto del pais, donde, a juicio de Ruiz y Flores no llegan al 2% (31). Una de las razones por las que habria tantos precisamente ahi, es porque lamentablemente <<desde hace mucho tiempo en la Ciudad de Mexico se refugian casi todos los sacerdotes extranjeros y mexicanos no queridos en las demas diocesis>> (32).

Este dato no constituia una digresion ni aparece ahi por accidente. Si bien Ruiz y Flores pretendia dar a conocer su preocupacion por el hecho de que, sin mas, el vicario de Mexico acatara, es mas, casi mas bien apoyara medida tan desproporcionada, tampoco queria dejar pasar la oportunidad para senalar la conducta desarreglada de algunos sacerdotes extranjeros.

Pocos anos despues, ante una acusacion recibida en Roma contra el obispo Mora y del Rio, a la vuelta de su destierro, fue consultado el arzobispo de Guadalajara, quien, al tiempo que defendia a su homonimo de la capital, no perdia tampoco oportunidad de mostrar su incomodidad por la actitud del clero extranjero: <<Agrego que la caridad del Arzobispo de Mexico es [poco] recomendable al recibir a estos sacerdotes advenedizos de Espana, los cuales, en todo tiempo y en todas las diocesis, dan mucho quehacer. [...], llegan, como todos los espanoles, con aires de conquistadores, queriendo y exigiendo aun con maneras sumamente incorrectas e irreverentes, los primeros puestos; quieren hacer su propia voluntad y lo peor es que manifiestan abiertamente que otra cosa no buscan que el dinero, por lo tanto es que a ellos les falta absolutamente el celo por la salvacion de las almas. [...], siendo que ordinariamente tienen malas costumbres>> (33).

Tambien contamos con datos parecidos unos anos antes, en un informe del entonces delegado apostolico Tommaso Boggiani, en el cual se explica la necesidad de apoyarse en ese tipo de clero: <<Exceptuadas poquisimas diocesis, todas las otras faltan de clero, luego algunas, casi no lo tienen. De aqui la necesidad en la que se encuentran los Ordinarios de aceptar sacerdotes extranjeros, los cuales en grandisima parte son espanoles. Estos sacerdotes extranjeros no siempre vienen conducidos a Mexico por el celo sacerdotal sino, o del interes o empujados de la necesidad de alejarse de sus diocesis por causas no siempre honestas>> (34).

Estos datos, si bien no justifican la actitud de Paredes, ayudan a entender por que no fue del todo escandalosa entre los fieles de la arquidiocesis y miembros del cabildo. No obstante, desconcertado, el obispo Ruiz y Flores llegaba a afirmar: <<Yo no se, verdaderamente, que cosa se proponga Mons. Paredes con esta manera de proceder, pero estoy cierto que esta es muy funesta para la Iglesia en Mexico>>, y terminaba su desahogo pidiendo <<disculpas a V. E. Rma. por la libertad que me he tomado, pero lo he creido necesario para el bien de la Iglesia y no por motivos personales, ya que no tengo ninguno en contra de Mons. Paredes>> (35).

A los pocos dias y sin que hubiera mayores protestas, los sacerdotes extranjeros residentes en la ciudad de Mexico fueron notificados por <<el coronel Gonzalo de la Mata, inspector general de Policia de la ciudad de Mexico, "con mucha correccion, con mucha cortesia (...), la necesidad imperiosa de cumplir con nuestra ley fundamental", dandoles el plazo de un mes para abandonar el sacerdocio, aunque no necesariamente el pais>> (36). Para que no fuera necesario dejar el pais, explica Alvaro Matute, <<se estudiaria la forma de que tales sacerdotes continuaran (...): a los viejos se les colocaria en asilos, hospitales y colegios; a los jovenes procurarian facilitarles el ejercicio de la profesion que escogieran>> y el resultado fue que <<algunos ministros del culto catolico trataron de acudir al recurso de nacionalizarse y pidieron sus cartas de naturalizacion ante las autoridades. Otros, aquellos que se negaron a acatar las disposiciones legales, fueron expulsados de manera definitiva>> (37). Y, ante la inaccion de Paredes, Ruiz y Flores volvia a escribir a Bonzano en los primeros dias de julio, cuando muchos sacerdotes extranjeros estaban llegando al puerto de Veracruz para su destierro: <<Yo creo que existe un entendido secreto entre el Rev. Paredes y el Presidente Carranza en el que el primero haya consentido desde el inicio con tal de evitar males mayores>> (38). La expulsion de sacerdotes extranjeros se llevaria a cabo tambien en las restantes diocesis. (39)

VII. AMBIGUEDAD DE PAREDES ANTE EL ARTICULO 3 DE LA CONSTITUCION

Justo en los dias en que el Constituyente de Queretaro discutia la redaccion definitiva del articulo constitucional referente a la educacion y siendo publico que se limitaria la libertad de ensenanza, El Universal acudio a Mons. Paredes para conocer su opinion. Es para poner de relieve la manera en que el diario se refiere a nuestro personaje: <<Como las reformas en cuestion se refieren de manera directa a los ministros de cultos religiosos en materia de ensenanza, quisimos conocer la opinion del jefe accidental de la Iglesia en Mexico, para ilustrar el criterio de nuestros lectores sobre la acogida que ha tenido la labor del Congreso Constituyente sobre el asunto que nos ocupa>> (40).

La manera de abordar el asunto por parte de Paredes podria parecer incluso inteligente, pues trata de dar elementos a los liberales para hacerles ver que la reforma a este articulo contradice sus mismos principios: <<La libertad de ensenanza--afirma--debe estar dentro del criterio liberal que proclama la libre emision del pensamiento, sin mas restricciones, a mi juicio, que el respeto a la moral y a la paz publica. Por tanto, no se concibe que la legislacion de un pais libre se oponga a la libertad de ensenanza (...). Lo que ha acordado el Congreso Constituyente no es consecuente con el criterio que lo creo, desde el momento en que su labor en este asunto no esta de acuerdo con las ideas liberales del gobierno actual, partidario de todos los derechos del hombre y dispuesto a garantizarlos para todos>> (41).

La argumentacion, aunque tendia a cuestionar la resolucion tomada: suprimir la educacion religiosa de la ensenanza y privar a los religiosos y ministros de culto de la posibilidad de ensenar, sin embargo, no era un cuestionamiento frontal, como a muchos les hubiera gustado, sino mas bien un alegato ingenuo en el que se intentaba convencer al <<enemigo>> que no estaba siendo congruente consigo mismo. Es mas, el alabar la ideologia liberal por parte de un eclesiastico en si mismo no era politicamente correcto. Y era precisamente este el metodo en que proseguia el razonamiento del vicario general: <<Yo creo que frente a la escuela catolica debe establecerse la escuela positivista, la protestante, etc., de tal manera que la lucha sea de ideas, de credo contra credo, de doctrina contra doctrina, de escuela contra escuela; pero no que se dicte una ley que, evitando esa lucha intelectual y benefica, venga a restringir la libertad de conciencia y de pensamiento>> (42). ?Pensaria realmente con esto inferir, siquiera un poco, en la redaccion definitiva del art. 3, o simplemente aprovechaba el foro para dar a conocer su simpatia con las ideas liberales? Es dificil saberlo, pero, en cualquier caso, sus declaraciones causaban preocupacion y escandalo: <<a principios de este ano--diria el arzobispo de Mexico en referencia a las declaraciones de Paredes--le invite a que omitiera tales informaciones, pero sin resultado satisfactorio>> (43).

Quiza, mas que la argumentacion del senor vicario, lo que mas extranaba a los jerarcas y publico catolico era la conclusion a la que llegaba despues de sus cuestionamientos: <<Es claro que una vez promulgada la ley de que se trata, los catolicos la respetaremos debidamente y nos sujetaremos estrictamente a lo que dispone sobre ensenanza; de otra manera no seria honrado ni patriotico nuestro proceder>>. Y, todavia mas audaz: <<El Constituyente que ha expedido y sancionado ese precepto constitucional, es el genuino representante de la voluntad popular, encarna la soberania nacional, y los mexicanos, ya sean catolicos, protestantes, mahometanos o ateos, deben acatar y cumplir ese precepto de la ley fundamental de la Republica>> (44).

VIII. UN AUTENTICO <<JEFE ACCIDENTAL DE LA IGLESIA EN MEXICO>>

El ya senalado titulo de <<jefe accidental de la Iglesia en Mexico>> que le fue asignado por la prensa era, en efecto, una descripcion muy completa de nuestro personaje que actuaba sin cortapisas para hacer lo que queria, aun no estando investido de la funcion episcopal. En carta ya citada del obispo de Michoacan al delegado apostolico, ademas del asunto principal que en ella se trata sobre la expulsion del clero extranjero, tambien se halla otro interesante tema. En declaraciones a la prensa Paredes habia afirmado que no habia existido una razon verdadera para que los obispos hubieran abandonado sus sedes, ni existia en ese momento una ley o precepto del gobierno que les impidiera su retorno (45). A este punto, Ruiz y Flores, protestaba indignado: <<Pero aquello que mas nos molesta es que Mons. Paredes haya declarado, segun el diario, que los obispos se encontraban fuera de Mexico por su propia voluntad, y que el no sabia de ningun decreto de exilio dado en contra de ellos. Mons. Paredes no puede ignorar las tristisimas condiciones en las que murio Mons. Ibarra, obispo de Puebla, escondido durante dos anos en la capital; no puede ignorar la condicion en la que se encuentran otros obispos, como el de Leon y Cuernavaca; no puede ignorar que el obispo de Tepic ha estado ocho meses en la carcel y, despues, practicamente encarcelado en su residencia; no puede ignorar lo que la ha ocurrido al senor obispo de Zacatecas y a Mons. Orozco, arzobispo de Guadalajara; finalmente, no puede ignorar que el tal Carranza declaro en carta a Mons. Echavarria que considera a los obispos como refugiados politicos que deberian esperar una ley de perdon general para poder reingresar en Mexico>> (46).

Quiza para Bonzano, por mas que estuviera enterado del acontecer en Mexico, los hechos enumerados por el obispo michoacano no tuvieran tanta trascendencia, pero para los obispos que estaban sintiendo en carne propia la amargura del destierro y que constantemente recibian noticias dolorosas, este tipo de declaraciones de quien en Mexico gozaba libertad para hacer lo que ellos no podian, les causaba, desde luego, indignacion. En esa misma linea escribia el arzobispo primado de Mexico, quejandose ante Bonzano primeramente de que Paredes hiciera declaraciones en las que <<se manifiesta partidario decidido de los carrancistas, que tanto han perseguido y persiguen a la Iglesia>> y, en segundo lugar, Mora y del Rio denunciaba lo siguiente: <<Debo agregar a V. Excia. Ilma. y Rma. Que algunos Ilmos. Sres. Obispos de Mexico, que residen en los Estados Unidos, me han dicho repetidas veces que el mayor enemigo que tenemos los Prelados, y el que mas se opondra a nuestro regreso a Mexico, es el Sr. Paredes, a quien desean que retire del Gobierno Ecco. He encomendando a Dios este asunto, asi como deseo consejo>> (47).

Ese funcionario del clero temido por los obispos como principal obstaculo para regresar al pais, ese <<jefe accidental de la Iglesia en Mexico>>, gobernaba sin mayores problemas y, mientras el arzobispo de Guadalajara era perseguido por sus cartas pastorales (48), el Sr. Paredes, para aquellas fechas, hacia publico su Decimotercer Edicto, perfectamente editado en forma de folleto de 24 paginas, el 15 de agosto de 1917.

El documento en cuestion, ademas de ser una muestra de la libertad tan grande de que gozaba en esos momentos tan algidos el Sr. Paredes, no daria mucho de que hablar, salvo por estar conservado en el Archivo Secreto Vaticano dentro del material de la Delegacion Apostolica con una nota en la caratula con la leyenda manuscrita: <<Vedi pag. 9, 10 e 11>>, y con un notable subrayado vertical en algunos parrafos de esas paginas, alusivos a un foco de rebeldia y de espiritu critico contrario al proceder de Paredes. Asi lo denunciaba en el mencionado Edicto: <<Desgraciadamente, desde hace tiempo, algunos Senores Sacerdotes y un grupo de catolicos, no tan numeroso como indiscreto, procediendo con notoria imprudencia, con miras personales y sin tener en consideracion cuantos males causan a la Santa Iglesia, cuanto escandalo y divisiones entre las almas buenas y cuanto aumentan las dificultades y compromisos a la autoridad eclesiastica; no pierden oportunidad de emitir su opinion de palabra o por impresos que cuidan de hacer circular con poco peligro para ellos, aun cuando sean muy trascendentales las consecuencias que tengan que sufrir despues el culto de Dios, las escuelas catolicas, la autoridad eclesiastica, o los sacerdotes que estan consagrados unicamente a las labores propias de su ministerio>> (49).

Sea por intimidar a quienes hacian circular esos escritos, sea por recordar unicamente la realidad, no dejan de ser interesantes los argumentos que da sobre el aumento de <<dificultades y compromisos>> que ocasionan esas criticas. Ademas, al hablar de que con ellos hacen peligrar a otros sin ponerse en peligro ellos mismos, Mons. Paredes, con todo y su presumible cercania al regimen carrancista, no ocultaba que se vivian momentos de persecucion.

Pero sigamos con el texto del Edicto resaltado por quienes decidieron conservarlo en el archivo de la delegacion apostolica: <<Esos catolicos--continua Paredes--, unas veces anuncian que saben de fuentes autorizadas que el Santo Padre va a decretar un entredicho para la Nacion Mexicana; otras, que con autorizacion del Sumo Pontifice, los Eminentisimos Senores Cardenales, Arzobispos y Obispos de los Estados Unidos de America, estan haciendo gestiones con el Gobierno Americano para que intervenga definitivamente en los asuntos politicos y religiosos de nuestra Patria>> (50). La posibilidad de una intervencion norteamericana pedida por disidentes del regimen carrancista y, supuestamente, por algunos miembros de la jerarquia catolica, era un fantasma que asustaba a propios y extranos: a los partidarios de Carranza, por las consecuencias de desestabilizacion e incluso derrocamiento del regimen que esto pudiera conllevar; a los catolicos radicados en Mexico y cansados ya de represalias del regimen por miedo a un recrudecimiento de las hostilidades (51). Paredes evocaba esta situacion en tono de denuncia para congraciarse a las autoridades de regimen, al tiempo que invocaba mesura en quienes osaban hablar de un tema tan espinoso y, sobre todo, para buscando anular a sus criticos, acudia al argumento de autoridad, citando palabras que decia procedian de la primera enciclica de Benedicto XV: <<Puesto que en toda sociedad humana, cualquiera que sea el motivo de su formacion, importa sobremanera para el bien comun, la union y concordia de los animos, Nos debemos poner especialisima atencion en hacer que cesen las discusiones y discordias entre los catolicos, cualesquiera que ellas sean, y a impedir que surjan otras en el porvenir, de manera que los catolicos sea una solo cosa en el pensamiento y en la accion>> (52).

Asi apoyandose en la autoridad del Papa, Paredes pretendia desautorizar a esos catolicos que <<con motivo de la Carta que con fecha 15 de Junio se digno dirigir el Sumo Pontifice a los Ilustrisimos Senores Arzobispos y Obispos Mexicanos (53), la cual han querido distribuir con profusion entre los fieles, agregando de palabra al repartirla, comentarios que ciertamente estan muy lejos del espiritu cristiano, pues no debe ningun catolico, ni mucho menos sacerdote, comentar a su manera un documento emanado de su Santidad, haciendo comparaciones, siempre apasionadas y por lo tanto injustas, entre la conducta observada por los Prelados que estan ausentes del pais y los que se han quedado al frente de sus diocesis. Menos tienen derecho para extremar sus opiniones acerca de las disposiciones del gobierno eclesiastico de algunos Vicarios Generales que, con tantos peligros y amarguras, con tantas ingratitudes y acerbas criticas, han tenido que permanecer unas veces en su puesto, otras en la carcel, sufriendo las congojas inherentes a su oficio en tan dificiles tiempos, y las calumnias, los desaires y las mas acres murmuraciones de ciertos catolicos, peores sin duda que los insultos y escarnios de los enemigos de la Iglesia>> (54).

Mons. Paredes pasaba con facilidad del argumento de autoridad a implorar misericordia en atencion a todos sus sufrimientos; sin embargo, el invocar un documento del Papa como era la referida carta, mas que ayudar a su postura lo metia en aprietos, pues justamente en ese documento el pontifice catolico aprobaba la actitud de los obispos en el exilio <<que, al haber protestado, firmemente conscientes de vuestras obligaciones, contra la injuria sin precedentes que la Iglesia ha sufrido, y contra los danos y agravios infligidos contra la comunidad catolica, habeis cumplido con vuestro deber, como corresponde a vuestro oficio pastoral y de una manera plena merece nuestra alabanza>> y, al mismo tiempo, reprobaba aspectos anticlericales de la nueva Constitucion, mismos que el Sr. Paredes no se habia atrevido a condenar: <<Existen muchas causas graves para dicha protesta, ya que por algunos capitulos de la nueva ley se desconocen los sagrados privilegios de la Iglesia, mientras que en otros se les ataca gravemente>> (55).

No obstante, nuestro personaje aducia: <<Nos ha movido a hablaros de este penosisimo asunto, el vehemente anhelo de que la suprema autoridad del Soberano Pontifice sea respetada (...); el deber tan sagrado como grato que tenemos de impedir, por todos los medios que esten a nuestro alcance, que el nombre y la persona de Su Santidad, digno por todos titulos de respeto y veneracion para los cristianos, sirvan a algunos catolicos de pretexto para sus propios fines, con grave perjuicio para los intereses generales de la Iglesia en nuestro pais>> (56).

Y, antes de concluir su Edicto con una serie de disposiciones pastorales tendientes a fomentar la vida de piedad y la frecuencia de sacramentos, Mons. Paredes nuevamente evocaba la <<carta que Su Santidad Benedicto Papa XV ha tenido a bien dirigir al Venerable Episcopado de la Nacion Mexicana, en la que se ha dignado decir: "No os faltara el auxilio de la Madre de Dios, que desde su santuario de Guadalupe vigila sobre el pueblo mexicano">> (57).

Esta mezcla de rebeldia disfrazada--pues aprobaba disposiciones legales que el papa y los obispos habian condenado--y piedad filial al pontifice romano, podrian llegar a desconcertar: ?era autentica y sincera esta devocion de Paredes por el obispo de Roma o, simplemente, lo estaba instrumentalizando? Si fuera esto ultimo, el Edicto en cuestion nos da un dato de hasta donde habia llegado la astucia del vicario general, pues dentro de las disposiciones pastorales, menciona el inicio de los <<Cinco Domingos de Ntra. Sra. de Guadalupe>>, practica devota impulsada por el mismo y que lo habia llevado a <<suplicar humildemente a Nuestro Smo. Padre Benedicto XV, que se dignara aprobar y enriquecer con indulgencias, esta piadosa practica, a fin de que pudiera extenderse por todas partes ...>> (58).

Sin sospechar, quiza, hasta donde podia llegar su connivencia con un gobierno que mantenia exiliados a la mitad de los obispos y en estado de persecucion a los restantes, la Santa Sede concedio en un Breve las gracias que el canonigo Paredes habia solicitado y, por mas que el documento de concesion estaba fechado el 30 de noviembre, no era sino hasta ahora que venia dado a conocer dentro de este Edicto promulgado en circunstancias concretas tan distintas. Se transcribe integro para apreciar, por el tono solemne de la redaccion, cuanta autoridad y credito reportarian al senor vicario:

BENEDICTO PP. XV

Para perpetua memoria

Rogandonos con todo empeno el actual Vicario General de la Arquidiocesis de Mexico que del tesoro que Nos ha confiado la Voluntad Divina, dispensaramos algunas gracias espirituales a los fieles de aquella Nacion, durante las cinco dominicas anteriores a la festividad de la Santisima Virgen MARIA DE GUADALUPE; Nos, que no abrigamos en el corazon otra cosa, sino que se excite vivamente la piedad del pueblo cristiano hacia la Virgen medianera de todas las gracias ante Dios, hemos resuelto acceder de buen grado a aquellos ruegos.

Por tanto, oido el dictamen de Nuestros Venerables Hermanos, los Inquisidores Generales, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, atendida la misericordia de Dios Omnipotente y de los Santos Apostoles Pedro y Pablo y en virtud de su autoridad, concedemos a todos y cada uno de los fieles de uno u otro sexo, pertenecientes a la Nacion Mexicana, que cada ano, en los cinco domingos inmediatamente precedentes a la fiesta que se celebra el dia 12 de diciembre en honor de la Bienaventurada Virgen Maria de Guadalupe, purificados por la confesion sacramental y confortados con la sagrada Comunion, visitaren cualquier iglesia u oratorio publico donde permanece expuesta a la veneracion una Imagen de la misma Virgen y delante de ella rogaren a Dios por la concordia entre los Principes cristianos, extirpacion de las herejias, conversion de los pecadores y exaltacion de la Santa Madre Iglesia: INDULGENCIA PLENARIA y remision de todos sus pecados, pero valedera solo al final de esas Dominicas. En las cuatro anteriores concedemos SIETE ANOS Y OTRAS TANTAS CUARENTENAS del numero de las penales, segun la forma acostumbrada por la Iglesia. Concedemos asimismo a los fieles, puedan, si quieren, aplicar tanto la indulgencia plenaria como las parciales en sufragio de las almas del Purgatorio.

Valgan las presentes letras por Siete Anos.

Mandamos, empero, que a las transcripciones o copias aun impresas, subscritas por mano de algun Notario Publico y con el sello de alguna persona eclesiastica constituida en dignidad, se les de la misma fe que a las originales si fueran presentadas o manifestadas.

--Dado en Roma, en San Pedro, bajo el Anillo del Pescador el dia treinta de Noviembre de mil novecientos dieciseis, tercer ano de Nuestro Pontificado.

POR EL SENOR CARDENAL GaSPARRI.--Secretario de Estado.--N. SEBASTIANI.--Canciller de los Breves Apostolicos (59).

IX. PAREDES Y SUS RELACIONES CON OTRAS DIOCESIS

El documento papal antes citado dio pie a que el Sr. Paredes buscara encumbrarse a la vista de otras diocesis. Sus intenciones mas intimas no las podemos conocer, pero si consta en carta escrita al vicario general de Guadalajara (60) que las gracias obtenidas de la Santa Sede le sirvieron para buscar un apoyo moral de las diferentes diocesis en torno a la fiesta de Guadalupe: <<Ruego atentamente a V.S. que, si a bien lo tiene, sea muy servido designar un senor sacerdote de esa S. Mitra (...) para que en nombre de esa Diocesis que merecidamente gobierna celebre el Santo Sacrificio de la Misa en la Insigne y Nacional Basilica de nuestra celestial Patrona el 12 del proximo Diciembre, para que en ese memorable dia (...) esten representadas en esos solemnes instantes, en su Santuario, todas las diocesis de la Republica>> (61).

Al tenor de esas letras se puede pensar que una invitacion similar fue extendida a cada una de las diocesis, pero, aun no siendo asi, se alcanza a ver como un ano despues de haber obtenido de la Santa Sede las prerrogativas antes mencionadas, el Sr. Paredes seguia aprovechandose de ellas: <<Tengo la honra de acompanar a V.S. copia de la Nota del Emmo. Cardenal Secretario de Estado, la cual se refiere a las gracias que benignamente ha tenido a bien conceder Ntro. Santisimo Padre Benedicto Papa XV>>. Y un poco mas adelante: <<Asi mismo, si V.S. lo estima oportuno, segun las circunstancias particulares de esa Diocesis, mucho le estimare que, si fuera posible, se reuna entre los fieles alguna limosna que tendra la bondad de enviarme para poder mandar pintar, aqui, con un modelo igual, Imagenes de Nuestra Senora de Guadalupe y ofrecerlas, en nombre de los catolicos Mexicanos a las Santas Iglesias Catedrales de las ilustres Naciones de America Latina que estan bajo el dulce amparo de nuestra misericordiosa y celestial Patrona>> (62).

?Verdadero interes en establecer contacto primero con todas las diocesis de la Republica y, luego, con las del resto de America Latina? ?Delirios de grandeza del Sr. Paredes? ?O aspiraciones de lucro economico? Son preguntas que quedan para la especulacion, aunque, en cualquier caso, no es arriesgado aventurar que la sagacidad de nuestro personaje lo llevaba a buscar mucho mas que solamente fines espirituales.

A MODO DE EPILOGO

Establecer un juicio sobre los moviles y las intenciones de don Antonio de Jesus Paredes rebasa, desde luego, nuestras posibilidades. Al regreso a su diocesis de Mons. Mora y del Rio fue removido de su cargo, conservando el de Provisor de la Arquidiocesis y Canonigo Lectoral de la Catedral, y no volvio a causar problemas, aunque es verdad que murio al poco tiempo (63).

Si bien, pues, no podemos afirmar que en sus intenciones haya estado la de entronizarse como jefe de una iglesia nacional, lo que si resulta claro es que sus dotes de negociador y administrador superaban con creces a las del arzobispo Mora y del Rio y que, en momentos de vacio de poder, siempre habra alguno que tienda a llenarlo (64). La manera un tanto pintoresca, por decir lo menos, en que fue llenado ese hueco por el Sr. Paredes, seguira dando de que hablar, pero se debera reconocer siempre su habilidad para relacionarse con los que ostentaron el poder y su indiscutible liderazgo.

DOI 10.15581/007.24.359-381

(1) Pelagio Antonio de Labastida y Davalos (1816-1891). Primero, obispo de Puebla (1855-1863) y, despues, arzobispo de Mexico (1863-1891). Seguido en la sede por Prospero Maria Alarcon y, luego, por Jose Mora y del Rio.

(2) Cfr. Juan GONZALEZ MORFIN, Entre la espada y la pared: el Partido Catolico Nacional en la epoca de Huerta, en Anuario de Historia de la Iglesia, 21 (2012), pp. 387-399.

(3) A inicios de 1916, se encontraban exiliados dieciseis obispos; cuatro mas permanecian en territorio nacional, aunque ocultos, fuera de sus diocesis, y solamente los de Colima, Cuernavaca, Chilapa, Leon, Huajuapan, Veracruz y Zamora, permanecieron dentro de sus diocesis, expuestos a graves peligros.

(4) Sobre la personalidad de don Jose Mora y del Rio, afirma un historiador eclesiastico: <<el arzobispo de Mexico un santo, pero un nino>> (Agustin Magana Mendez, La diocesis de Zamora--Memorias--, Fimax, Morelia, 1983, p. 130).

(5) Sus padres fueron Mariano Paredes Azpeitia y Manuela "Vallela Velazquez de la Cadena. Fue bautizado en el Sagrario Metropolitano el 26 de junio de 1860.

(6) Sergio LOPEZ MENA (ed.), Perfil de Joaquin Arcadio Pagaza, UNAM, Mexico, 1996, p. 41

(7) Marta Eugenia GARCIA UGARTE, Debilidades y fortalezas de los obispos mexicanos durante la Revolucion (1910-1914), en Libro Anual de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiastica IV (2010). La Iglesia en la Revolucion Mexicana, Minos III Milenio, Mexico, 2011, p. 24.

(8) Laura O'DOGHERTY MADRAZO, De urnas y sotanas: el Partido Catolico Nacional en Jalisco, CONACULTA-UNAM, Mexico, 2001, pp. 203-204.

(9) Enrique CANUDAS SANDOVAL, El conflicto Iglesia-Estado, Instituto de Investigaciones Juridicas UNAM, Biblioteca Virtual [http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/7/3101/10.pdf], p. 150 (recuperado el 20 de octubre de 2013).

(10) Marta Eugenia GARCIA UGARTE, op. cit., p. 36.

(11) Las tropas revolucionarias impondrian tambien otros vicarios generales, como en Queretaro, Puebla y Chihuahua; en este ultimo sitio, no fueron los constitucionalistas, sino los villistas (cfr. Marta Eugenia GARCIA UGARTE, op. cit., p. 38).

(12) Ibid., p. 37.

(13) Antonio de J. Paredes, La falsa ciencia ante las Divinas Escrituras. Respuestas a las principales objeciones que mas comunmente se hacen contra la veracidad de los libros santos, Imprenta de Mariano Nava y Cia, Mexico, 1894, pp. 7 y 8.

(14) Ibidem.

(15) Ibid., pp. 30-32.

(16) Vito ALESSIO ROBLES, La Convencion Revolucionaria de Aguascalientes, INEHRM, Mexico, 1979, p. 458.

(17) Alvaro OBREGON, Ocho mil kilometros en campana, tomo III, SDN (Biblioteca del Oficial Mexicano), sin ciudad ni ano, pp. 478-479.

(18) Ibid., p. 504.

(19) Vito ALESSIO ROBLES, op. cit., p. 460.

(20) Junto con otros, El Pueblo desarrollo una intensa actividad periodistica a favor del gobierno carrancista, que habia establecido su sede en la ciudad de Veracruz (cfr. Jacqueline COVO, La prensa en la historiografia mexicana: problemas y perspectivas, en Historia Mexicana, 42 [1993/3], pp. 691-693).

(21) Posteriormente obispo de San Luis Potosi y, mas tarde, arzobispo de Monterrey; en ese momento, hermano del obispo de Yucatan, Martin Tritschler.

(22) Eduardo CHAVEZ SANCHEZ, La Iglesia en Mexico entre Dictaduras, Revoluciones y Persecuciones, Porrua, Mexico, 1998, p. 124.

(23) Ibidem.

(24) Venustiano CARRANZA, Carta a Francisco I. Madero, 12-III-1912, en Josefina E. DE FABELA (ed.), Revolucion y Regimen Constitucionalista, vol. II, tomo I, Jus, Mexico 1968, p. 28.

(25) Cfr. ARCHIVIO SECRETO VATICANO (desde ahora, ASV), Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 122, f. 76.

(26) Jose MORA Y DEL RIO, Carta a Francisco Orozco y Jimenez, San Antonio Texas, 14-XI-1915, cit. por Eduardo CHAVEZ SANCHEZ, op. cit., p. 132.

(27) El Paso Morning Times, 6-XII-1916, p. 4, col. 1. En el Archivo Historico de la Arquidiocesis de Mexico (desde ahora, AHAM), se encuentra una Circular del 18 de abril de 1917, de Antonio de J. Paredes al Venerable Clero, explicando que el Delegado Apostolico, Giovanni Bonzano, lo ha confirmado en las medidas que tomo de remover al P. Jose Cortes, ademas de suspenderlo y poner en entredicho a la parroquia que en ese momento sigue usurpando (cfr. AHAM, fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, seccion secretaria arzobispal, serie circulares, caja 135, expediente 16).

(28) Alvaro MATUTE, La presidencia de Carranza (1917-1920). Relaciones internas de poder, en Iztapalapa, 32 (1994), p. 25.

(29) Cfr. version en ingles del articulo citado, que, con el titulo When shall the foreign priests leave Mexico? se encuentra en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 30.

(30) Leopoldo RUIZ Y FLORES, Carta a Giovanni Bonzano, 14-VI-1917 (firmada en Chicago), en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 26r.

(31) Cfr. ibid., f. 26v.

(32) Ibid., f. 26v-27r.

(33) Francisco OROZO Y JIMENEZ, Carta al Santo Padre, fechada en Roma el 13 de septiembre de 1924, cit. por Carlos Francisco VERA, Vida del Clero Secular durante la Revolucion Mexicana, en Libro Anual de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiastica, IV (2010), La Iglesia en la Revolucion Mexicana, Minos III Milenio, Mexico, 2011, pp. 82-83.

(34) Rapporta finale di Mons. T. Boggiani. Del. Apeo. al Messico negli anni 1912-1913. New York, 12 febbraio 1914, cit. por Carlos Francisco VERA, op. cit., p. 96. Datos semejantes abundan en los estudios de esta epoca, a modo de ejemplo, narra Lopez Mena sobre un tonsurado espanol que fue recibido y ordenado por el obispo de Veracruz. Y fueron tales los problemas que le estaba dando que, para quitarselo de encima, tuvo que acudir al gobernador Teodoro A. Dehesa, quien le aplico el articulo 33 y le envio al prelado el siguiente recado: <<Digale a mi ahijado, el senor obispo, que por ahora no tema nada, pues el pajaro ya volo; pero que le ruego que no admita gachupines que le den dolores de cabeza y a mi la pena de tener que obrar con energia>> (Sergio LOPEZ MENA, op. cit., p. 53).

(35) Leopoldo RUIZ Y FLORES, Carta 14-VI-1917, cit., f. 28r.

(36) Alvaro MATUTE, op. cit., p. 25.

(37) Ibidem.

(38) Leopoldo RUIZ Y FLORES, Carta a Giovanni Bonzano, 12-VII-1917 (firmada en Chicago), en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 31r.

(39) En algunas, se habia llevado a cabo desde antes que lo prescribiera la Constitucion. Por ejemplo, en 1915, el obispo de Yucatan, Martin Tristchler, aun expresandose bien del gobernador constitucionalista Eleuterio Avila, por no haber permitido saqueos y quemas de iglesias, sin embargo, lamentaba que a los sacerdotes extranjeros que residian en su estado, 37 del clero secular y 8 del clero regular, se les hubiera dado tan solo cinco dias para abandonar el estado, sin servir en absoluto los buenos oficios de muchas personas para que se modificara esa disposicion o para que se agrandase el plazo (cfr. ASV, Congregazione Concistoriale, Relationes Dioecesium, fasc. 954).

(40) <<Opinion del Vicario Sr. Paredes Sobre el Art. 3[degrees] Constitucional>>, El Universal, 29-I-1917, p. 1, en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 39 (la cursiva es nuestra).

(41) Ibidem.

(42) Ibidem.

(43) Jose MORA Y DEL RIO, Carta a Giovanni Bonzano, 24-VII-1917 (fechada en San Antonio, Texas), en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica en Messico, fasc. 109, f. 56r. Meses antes, en una extensa carta, Paredes justificaba su conducta explicando que El Universal habia alterado sus declaraciones en relacion con el articulo 3[degrees], ademas de que estas habian sido hechas antes de que se conociera la Constitucion con varios articulos anti religiosos. Afirmaba tambien que <<desde el principio les manifeste que yo no iba a hablar segun los principios catolicos, sino colocandome bajo el punto de vista liberal>> y que no pidio que el diario rectificara <<porque ni ese, ni ningun otro periodico me admitiria la publicacion de cualquier rectificacion>>. Especialmente asegura que la conclusion <<"la Constitucion es y sera la primera ley nacional" no es mia>> (Antonio J. PAREDES, Carta a Jose Mora y del Rio, 12-III-1917, en ABAM, fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, seccion secretaria arzobispal, serie correspondencia, caja 145, expte. 66).

(44) <<Opinion del Vicario Sr. Paredes...>>, cit. (la cursiva es nuestra).

(45) Cfr. When shall the foreign ..., cit.

(46) Leopoldo RUIZ Y FLORES, Carta 14-VI-1917, cit., f. 27v.

(47) Jose MORA Y DEL RIO, Carta a Giovanni Bonzano, 24-VI-1917, cit., f. 56rv. Con fecha 29 de julio, recibira respuesta de Bonzano en la que, sin embargo, no toca el tema que se le consulta. Cfr. Giovanni BONZANO, Carta a Jose Mora y del Rio, 29-VII-1917, en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 60.

(48) Cfr. Edicto del Gobernador de Jalisco E. Degollado, del 15 de julio de 1917, en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 63.

(49) Antonio de J. PAREDES, Decimotercer Edicto del 15 de agosto de 1917, Imprenta de Juan Aguilera Vera, Mexico 1917, p. 71, en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, f. 71 (el documento completo se encuentra en los ff. 67-78).

(50) Ibidem.

(51) Sobre este asunto vease Victoria LERNER, Estados Unidos frente a las conspiraciones fraguadas en su territorio por exiliados de la epoca de la Revolucion, en Estudios de Historia Moderna y Contemporanea de Mexico, 19 (2000), pp. 85-114.

(52) Antonio de J. Paredes, Decimotercer ..., cit., p. 11 del documento, f. 72r del fasc. 109.

(53) Cfr. BENEDICTO XV, Epist. Exploratum vobis, 15-VI-1917, AAS 9 (1917), pp. 376-377.

(54) Antonio de J. PAREDES, Decimotercer ..., cit., pp. 9-10 del documento, ff. 71rv del fasc. 109 (la cursiva es nuestra).

(55) BENEDICTO XV, Epist. Exploratum vobis, 15-VI-1917, AAS 9 (1917), p. 376. Cfr. version en espanol de la Carta de Benedicto XV a los obispos mexicanos del 15-VI-1917 en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 108, ff. 43-44.

(56) Antonio de J. PAREDES, Decimotercer ..., cit., p. 10 del documento, f. 71v del fasc. 109

(57) Ibid., p. 13 del documento, f. 73r del fasc. 109.

(58) Ibid., p. 15 del documento, f. 74r del fasc. 109.

(59) BENEDICTO xv, Breve, 30-XI-1916, en ASV, Archivio della Delegazione Apostolica in Messico, fasc. 109, ff. 74v-75r (pp. 16-17 de Antonio de J. PAREDES, Decimotercer ..., cit.).

(60) En ese momento el vicario general de Guadalajara era don Manuel Alvarado, quien observo una conducta bastante distinta del canonigo Paredes, manteniendo una asidua correspondencia con su arzobispo, don Francisco Orozco y Jimenez, y gobernando la diocesis de la manera mas apegada posible a la mente de su prelado. Sobre Manuel Alvarado se sugiere leer a Tomas de HIJAR ORNELAS, Manuel M. Dieguez y Manuel Alvarado: gobierno civil y gobierno eclesiastico en tiempos de crisis. 1914-1917, en Jornada Academica Iglesia-Revolucion, Departamento de Estudios Historicos de la Arquidiocesis de Guadalajara--Direccion de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara, Guadalajara, 2010, pp. 191-220.

(61) Antonio de J. PAREDES, Carta al Vicario General del Guadalajara don Manuel Alvarado, Mexico, 3-XII-1917, en Archivo de la Arquidiocesis de Guadalajara, Seccion: cartas de otras diocesis.

(62) Ibidem.

(63) Segun esquela que se conserva en el Archivo de la Arquidiocesis, murio el 19 de diciembre de 1920 y sus exequias se llevaron a cabo con toda solemnidad en la catedral metropolitana (cfr. ABAM, fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, seccion secretaria arzobispal, serie eclesiasticos, caja 117, expediente 60, f. 1).

(64) De manera personal, el Sr. Paredes expresamente nego que tuviera interes alguno en gobernar la diocesis: <<No estoy casado, ni enamorado del titulo de Vicario General--decia al arzobispo Mora y del Rio--y aunque parece que V.S.I. lo pone en duda, es para mi una carga agobiadora, que cada dia me produce mas tribulaciones>> (Antonio J. Paredes, Carta a Jose Mora y del Rio, 12-III-1917, en ABAM, fondo episcopal: Jose Mora y del Rio, seccion: secretaria arzobispal, serie: correspondencia, caja 145, expediente 66, f. 4).

Juan GONZALEZ MORFIN

Universidad Panamerincana, campus Guadalajara, Mexico

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Title Annotation:HISTORIOGRAFIA Y BIBLIOGRAFIA
Author:Gonzalez Morfin, Juan
Publication:Anuario de Historia de la Iglesia
Date:Jan 1, 2015
Words:11046
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