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Altares y tianguis: Una apologia del espacio abierto en Sudamerica/Altars and tanguis: an apology from the open space in South America.

1. Introduccion

El damero fundacional y la supremacia hispana

En general, las Investigaciones realizadas sobre la ciudad hispanoamericana se han centrado en el estudio de su morfologia; estas siempre han tenido como resultado la afirmacion de la superioridad hispana en el exito y aplicacion del modelo del damero en la mayor parte de las ciudades del continente. Se afirma que la supremacia colonialista es claramente consolidada en el urbanismo americano; este modelo casi adquiere el cariz de un sello fundacional en America.

Pero esta circunstancia, parece obstaculizar cualquier otro tipo de lecturas que con cada nueva obra sobre el tema se han enfocado en reafirmar esta primacia de manera redundante. Sin embargo, se llego a un acuerdo sobre ciertos elementos comunes, los cuales son mencionados pero rara vez son profundizados. En casi mas de dos siglos de estudio, las diversas lecturas sobre el tema concluyen en:

1. La importancia que adquiere la Plaza Mayor en el urbanismo indiano a diferencia del urbanismo hispano, en donde los poderes civiles y religiosos se encuentran dispersos, aqui confluyen en un mismo espacio; por ello, esta posee caracteristicas unicas.

2. Este espacio se constituye como el principal aglutinador de todas las actividades civico, religioso y comercial de las nuevas ciudades. En la actualidad, este hecho se mantiene en varias urbes.

La mayor parte de las investigaciones (De Teran, 1998; Hardoy, 1999) se centran en un estudio principalmente morfologico; estos parten del supuesto de que los modelos implantados fueron tomados de referentes utopicos, planeamientos ideales, tratados renacentistas, campamentos militares, entre otros. Estos modelos fueron implantados sobre un territorio en el que--cual hoja en blanco--parecia no existir nada; es decir, los usos y las costumbres--tanto de los conquistadores como de los pueblos conquistados--no parecen comparecer.

En primer lugar, como bien afirman algunos autores (Solano, 1990), dos de cada tres conquistadores eran andaluces; en segundo lugar, la mayor parte de las principales ciudades fundadas no se realizaron en territorios despoblados, sino junto a importantes urbes indigenas o incluso sobre ellas. Es decir, existe la cultura hispanomusulmana que aqui no es mencionada y la cultura indigena americana que es considerada solo de forma tangencial en estos estudios.

Por esta razon, este articulo pretende indagar sobre algunos de aquellos aspectos que aun permanecen en las sombras, para intentar entender ciertos hechos que no parecen ser respondidos por la simple tesis del damero fundacional; uno de ellos menciona la relacion con el comercio presente en estos espacios y el segundo indaga la escala o tamano que ellos alcanzan.

2. La sombra del zoco sobre el urbanismo indiano
A las voces de los tratantes, a las conversas, se une todo el ruido del
mercado: y la invasion multitudinaria produciendo incomodidad en el
vecino notable y principal que ha vivido en la plaza mayor y sus
cercanias desde la fundacion de la ciudad (Solano, 1990, p.188).


En esta cita de Francisco de Solano (1990) sobre las ciudades hispanoamericanas, en primer lugar, no describe una presencia figurativa sino que se refiere a un sonido que mas bien sugiere algun trasfondo. Esta manera de expresarse frente a la actividad comercial: "este ruido del mercado" puede ser entendido como un eco que aun permanece como algo molesto "produciendo incomodidad en el vecino notable".

Esto nos sugiere que no solo es una molestia auditiva, sino mas bien nos indica una presencia no reconocida en las costumbres coloniales: la huella de la ciudad hispanomusulmana.

En las ciudades medievales europeas, las plazas de mercado habian permanecido separadas de los espacios religiosos mientras en la ciudad musulmana ambas actividades confluian. Junto a la mezquita mayor o mezquita de los viernes se localizaba el zoco; aun es posible verlo en las medinas de muchas ciudades islamicas. (fig. 1 y 2)

De esta forma, el patio de la mezquita se constituye en el mayor espacio abierto de la ciudad musulmana y junto a el, el zoco organizado segun la importancia de los productos que alli se comerciaban: partiendo con negocios de orfebreria, perfumes, etc.
Near the mosque, as a religious center, we find the suq of sacred items
were merchants sell candles, incenses, and perfumes. Also near the
mosque, as an intelectual center, we find the book sellers and the book
binders. As we go further from the mosque, we find the suqs of cloth
and leather which were often located in secure places encircled by
walls called qaisariya (Alsayyad, 1991, p.15).


Es decir, la actividad religiosa y comercial convivian en perfecta armonia, asi en ciudades como Sevilla, Cordoba y Granada, esta costumbre existia igualmente, y sus usos se perpetuan en hechos como el uso de los patios reconvertidos de las antiguas mezquitas como es el caso de la Catedral de Sevilla, cuyo acceso por el patio aun funciona como el acceso mas habitual.

La impronta del damero fundacional difiere mucho de la morfologia del tejido urbano musulman; sin embargo, el uso que tendran las grandes plazas en Hispanoamerica se asemeja mucho mas al uso islamico que al espanol. Esto se produce por la presencia de un tercer elemento: el tianguis. En general, este elemento es mencionado tangencialmente en los discursos acerca del urbanismo hispanoamericano.

Con este termino, los conquistadores tendieron a unificar a todos los espacios en donde se daban actividades comerciales desde Mexico hasta Chile, tal como lo senala Armando de Ramon:
Una de las acciones mas efectivas para estimular las relaciones
sociales y economicas al interior de la poblacion fue la instalacion en
ella de un mercado publico o "tianguez". Ya en sesion del Cabildo de 2
de enero de 1552 se hablo de la necesidad de que hubiese un mercado
publico "para que los indios, libremente y sin miedo, traten y
contraten sus miserias y se provean unos de otros de lo que tuvieren
necesidad", porque esto "no hacen ni osan hacer publico pareciendoles
que sus amos les iran a la mano en ello" (Ramon, 2000, p.31).


En la actualidad, conocemos las diferencias fundamentales entre el mundo mesoamericano y el andino-americano. En Mesoamerica, el tianguis tiende a ser un espacio constituido y fijo, como fue el magnifico Mercado de Tlatelolco; en cambio, en Los Andes, el tianguis se constituia de manera estacional, en diferentes puntos del territorio; por esta razon, para la Corona Espanola fue una tarea mas compleja el poder fijar este espacio de mercado. Si bien la Corona impuso la trama fundacional, quien efectivamente la administro fue la iglesia (fig. 3 y 4):
Ella controla y fundamenta una parte esencial de este universo de
representaciones, en tanto que institucion del sistema de poder
--sobre la base juridica del Real Patronato-, ademas, en tanto que
intermediaria oficial de las fuerzas sobrenaturales, ella adquiere un
papel especial y definitivo en la alimentacion de la legitimacion
ideologica de dicho sistema, disenando una frontera difusa y ambigua
entre "lo politico" y lo propiamente religioso (Valenzuela, 2001, p.30).


La razon es muy simple: en la Plaza Mayor es en donde confluian todos los poderes. El verdadero ejecutor y representante publico de los poderes reales era la Iglesia; por ello, el poder eclesiastico tenia control sobre la Plaza Mayor porque este se expresaba en el manejo y en el uso que se hacia de estos espacios. En cuanto a las actividades mercantiles en estos mercados, el principal interes de la Iglesia se enfocaba en el comercio de oro y plata:
Cuando llegamos a la gran plaza, como no habiamos visto tal cosa,
quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderias que en el
habia y del gran concierto y regimiento que en todo tenian. Los
principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando. Cada genero de
mercaderias estaban por si, y tenian situados y senalados sus asientos.
Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas, plumas y
mantas y cosas labradas, y otras mercaderias de indios esclavos y
esclavas (Bernal Diaz del Castillo, 1568, s/p).


Sin duda, aqui se manifiesta una de las razones por las que se permitio la cercania de esta actividad al templo religioso: poseer el control sobre el comercio de estos productos. Para lograr este cometido, la Iglesia recurrio a distintos medios de control--a nivel espacial y temporal--de las actividades realizadas; por ejemplo, hicieron coincidir los dias de mercado con las fechas de festividades religiosas indigenas, esto sucede hasta el dia de hoy en el Cuzco o Chichicastenango que son ciudades famosas por sus mercados dominicales (fig. 5 y 6).

Esto permitio la realizacion de las actividades comerciales en el mismo espacio que se utilizaba como atrio religioso; despues de todo, era un referente que habia existido en las ciudades andaluzas por muchos siglos. Esta formula resulto ser tan exitosa que aun permanece en muchas ciudades, en otras como Santiago de Chile; este modelo permanecio hasta el siglo XIX cuando fueron trasladados a su ubicacion actual.
La Recova fue sacada de la Plaza Mayor por el segundo O'Higgins y
trasladada al lugar llamado "Basural", que era un sitio eriazo junto al
rio, situado a no mas de tres cuadras de dicha Plaza Mayor. Esta
mudanza ya estaba decidida en 1821, ano en que un particular ofrecio
hacer un edificio sencillo para instalar alli el mercado (De Ramon,
1001, p.97).


Asi como la huella del damero hispano persiste en nuestras ciudades, las costumbres igual permanecen. Aun estan--junto a nuestra Plaza--las joyerias, las perfumerias, los comercios de cueros y talabarterias; hoy en dia, se pueden verificar estas huellas en las plazas de la ciudad de Santiago.

La escala es un segundo componente mencionado en esta investigacion. En la mayor parte de los textos sobre el urbanismo hispanoamericano se argumenta que el tamano de las plazas fundacionales se debe a las multiples actividades que esta permitia; no es frecuente que se haga alusion a los denominados referentes indianos.

No existe ni existia ninguna plaza en Espana que poseyera las dimensiones, apertura y grandiosidad que alcanzan muchas plazas hispanoamericanas--la Plaza Mayor de Valladolid y la de Madrid por nombrar dos de las mas antiguas son de 1561 y 1580 respectivamente. En America, las ordenanzas dictadas por Felipe II en 1573 trataron de regularlas pero estas fueron tardias.
Los resultados practicos de la legislacion fueron escasos; fracaso
porque llego tarde, cuando ya doscientas ciudades habian sido fundadas
y se habia producido una "cristalizacion" del modelo urbano de la
cuadricula en la cultura americana (Nicolini, 2005, p.31).


Cuando estas ordenanzas fueron promulgadas, la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas habian sido fundadas.

Hoy se ha reconocido una multiplicidad de formas y tratamientos de estos espacios a lo largo de todo el continente; se quiere justificar esta diversidad de morfologias de acuerdo con diversas fuentes que, en su mayoria, son europeas; sin embargo, no suele reconocerse la escala que poseian las magnificas explanadas ceremoniales precolombinas.

Debemos recordar que la mayor parte de las ceremonias religiosas de la America indigena se realizaban en espacios abiertos, situacion que provoco un gran problema a la Iglesia Catolica por sus construcciones cerradas. Sin embargo, se logro plantear algunas soluciones como las capillas atriales que se construyeron tanto en Mesoamerica como en Los Andes.

Aqui, de alguna manera, el espacio de la Plaza se potencio al convertirse en la contrapartida perfecta del espacio claustral y cerrado de los templos catolicos, constituyendose en una simbiosis que podriamos denominar el altar y la caverna.

3. El altar y la caverna en la espacialidad americana
Esta diferencia concierne a la arquitectura y su valor con respecto al
paisaje natural. Los templos piramides se destacan por si solos en el
escenario de la naturaleza, ambiente comun de vida y de trabajo, como
signos de la presencia humana e instrumento de una posible mediacion
con respecto a las fuerzas naturales omnipotentes. En cambio los
edificios publicos y privados, segun la concepcion europea, tienen
valor porque estan recogidos en la ciudad y forman un paisaje humano
construido y compacta, contrapuesto al del campo (Benevolo, 2014,
p.79). (1)


Si hay un lugar en America en donde se logran conjugar las dos dimensiones fundamentales del habitar en la ciudad hispanoamericana, es en aquellos lugares en donde aun el espacio abierto mantiene las dimensiones fundamentales de su pasado precolombino que entran en conjuncion con la impronta hispanica y, en donde son puestos en equilibrio la abertura y extension del paisaje americano con su contrapartida hispana, en donde una arquitectura claustral parece oponerse a la libertad y amplitud de esta especialidad precolombina.

La Pampa por si sola es desamparo, en tanto el claustro por si mismo es carcel. La palabra pampa proviene del kichwa que significa espacio sin limites; el termino 'claustro' deriva del latin claudere que significa cerrar. De alguna manera, son dos acepciones contrapuestas pues la una proviene de la escala de un paisaje ilimitado y sin fin, mientras la otra hace alusion a un soporte cerrado.

La primera proviene de una tradicion en donde el contacto con la naturaleza era una practica cotidiana y, ademas, los poderes extraterrenos para estas culturas se manifestaban a traves de la misma naturaleza. No existia separacion entre el hombre y el espacio supra-mundano; es decir, todo se resuelve en una continuidad en donde lo sagrado se hace presente en cada fenomeno natural.

En la segunda acepcion, segun Eliade (1998) la deidad ha sido separada de la naturaleza y distanciada del cotidiano vivir a traves de una serie de recursos arquitectonicos que tienen por objetivo establecer un claro limite entre lo sagrado y lo profano. De esta forma, podemos entender dos maneras de dialogar con lo trascendente, que implican dos modalidades que requieren de una distinta expresion arquitectonica.

Para profundizar en este tema se hablara del altar y la caverna como dos metaforas formales que se relacionan con estas dos actitudes humanas y sociales.
De este modo, en torno a un centro en el que se disponen los edificios
religiosos y civiles mas importantes, conformando lo que podriamos
llamar como el espacio ceremonial de la ciudad, se distribuye la
poblacion de una manera dispersa y sin un aparente orden. Ese centro
que presenta una clara ordenacion de los espacios, en los que se puede
percibir perfectamente la relacion entre plataformas, altares y
espacios abiertos (Sorroche y Villalobos, 2004, p.117).


El altar es una manifestacion que sucede en un espacio abierto en el cual el hombre entrega--a manera de una donacion--una superficie sacrificial para ejecutar ritos de diversa indole, que tienen como objetivo establecer algun tipo de conexion con los poderes extraterrenos. En la Europa cristiana, el altar es una mesa sacrificial dentro del templo (mensa); en America, el altar tiene su propio desarrollo.

En culturas en donde la religion estaba tan intimamente ligada a la naturaleza, el altar surgia de manera espontanea en las cimas de las montanas que de por si son altares naturales. "El monticulo elevado en el centro de una region corresponde efectivamente al altar o al hogar situado en el punto central de un edificio" (Guenon, 1995, p.223). En los posteriores procesos urbanos, estos altares fueron trasladados hacia los centros de sus poblados o en conjuntos ceremoniales; aun asi, siempre se mantuvo su condicion de estar al aire libre, manteniendo su gran dimension y, desde luego, localizarse en una posicion privilegiada (fig. 7).

El altar--concebido como espacio sacrificial--es un espacio hierofanico; es decir, en donde se manifiesta lo sagrado; por ello, se impone como condicion que ante la ausencia de algun rito o sacrificio, este debe permanecer vacio. Esta vacuidad espacial le otorga esa cualidad sacra, en especial en un mundo en donde todo parece tener un lugar; por tanto, el espacio entero era ofrendado como un altar.
En efecto es evidente que, si la caverna es el lugar en que tiene lugar
la iniciacion, el laberinto, ambito de las pruebas previas, no puede
ser sino el camino de que conduce a ella, a la vez que el obstaculo que
veda el acercamiento a los profanos 'no cualificados' (Guenon, 1995,
p.160).


En cambio, la caverna representa lo opuesto. En las religiones monoteistas, la caverna responde aquella necesidad de resguardar y separar claramente lo sagrado de lo profano. La caverna representa el origen, lo protegido, aquello que permanece siempre oculto y enterrado, lo claustral; de alli proviene su cualidad oscura y misteriosa. La arquitectura cristiana se ha erigido en torno a esta metafora del ocultamiento: tumba, sepulcro, cenotafio, mausoleo, nave, cripta, etc.; por ello, abundan las tipologias arquitectonicas en torno al mismo tema. Se manifiesta toda una arquitectura subterranea que ha sido erigida para mantener aquellos objetos sacros lejos del alcance del mundo profano.

La caverna tambien estuvo presente en el mundo precolombino pero, ademas, adquiere una condicion de lugar primigenio, de verdadero utero o matriz social:
Aludiamos antes a la estrecha relacion existente entre el simbolismo de
la cueva y el del corazon, lo que explica el papel desempenado por la
caverna desde el punto de vista iniciatico en cuanto a representacion
de un centro espiritual (Guenon, 1995, p.162).


Esta centralidad que posee la caverna podria entrar en conflicto con la centralidad que instaura todo altar; sin embargo, segun Guenon, el problema fue resuelto: el altar originalmente situado sobre la cima de la montana se traslada al interior de la caverna. De esta manera, la religion catolica logro trasladar este centro--el altar de la montana--a la caverna.

Aun asi, las permanencias del pensamiento religioso indigena mantuvieron ese vinculo con la montana a traves de estos espacios abiertos como son los atrios o las plazas. Estos lugares no solo permitian el contacto visual con las montanas circundantes, sino tambien hacian comparecer la dimension fisica que ella representaba. A traves de la magnitud del espacio, se podia manifestar la expresion de aquella majestad divina (fig. 8).
Pues bien en la relacion inversa de los dos simbolos que ahora
consideramos a la montana corresponde la idea de "grandeza" y a la
caverna (o la cavidad del corazon) la de "pequenez"... Por tanto es del
todo normal que el primero se represente aqui mediante el simbolo que
corresponde a una condicion "primordial", y el segundo mediante el
simbolo que corresponde a una condicion posterior de "oscurecimiento" y
de "envoltura" o "repliegue" espiritual (Guenon, 1995, p.167).


Fueron dos maneras de experimentar la religion, la americana que es abierta, festiva, extrovertida y la europea que se manifiesta como retirada, enclaustrada, introvertida; dos modalidades que se plasmaron en el espacio y en el tiempo. La Iglesia catolica, de algun modo, impuso una clausura de la vivencia religiosa que hoy en dia solo en reducidas ocasiones se expresa externamente en las festividades religiosas.

La caverna fue entendida como centro, umbral y nexo hacia otros mundos, ademas de estar vinculada al origen mismo. Esta situacion cambio en la post-conquista en donde la tendencia de una de estas modalidades prevalecio por sobre la otra; la ciudad medieval como entidad claustral y las ciudades precolombinas como espacios abiertos. Por esta razon, cuando se conjugan ambas modalidades espaciales se produce una simbiosis de una riqueza notable, pues el equilibrio logrado permite que cada entidad aparezca en su plenitud.
En el Nuevo Mundo la nueva estructura religiosa, embrion del pueblo de
indios, se construye conjugando en una misma unidad arquitectonica los
reducidos espacios cubiertos de los templos cristianos con los amplios
espacios abiertos de las estructuras religiosas de los amerindios
(Gussinyer, 1996, p.204).


El mundo precolombino se constituia esencialmente de espacios abiertos, en donde la comunion con lo trascendente se realizaba en esas magnificas explanadas abiertas como fueron las plazas o kanchas incas, o la esplendida calzada de los muertos en Teotihuacan, o los espacios frente a las piramides en donde solian ejecutar ritos y festivales religiosos.

La actividad de lo festivo--como su etimologia lo indicase relaciona con lo que se "manifiesta", aquello que se expone o muestra; por ello, se asocia con los conceptos de festin y festejar. Un festejo que en la mayor parte de las civilizaciones se ha hecho al aire libre y que se mantiene asi, pues es el lugar en donde los habitantes agradecen la presencia de sus divinidades que se encuentran presentes entre ellos.
Todo individuo esta rodeado de un gran aparato formal que es el que

provee, a traves de la arquitectura y el arte, el escenario adecuado
para esa actuacion efimera que es el vivir. Las grandes residencias,
los templos y, en especial, las plazas, son el marco adecuado para el
hombre del siglo XVII, que ha hecho de su vida una representacion
(Gisbert, 1999, p.2).


El mundo hispano se encontro con estos festejos masivos, contrarios a la pompa y pesantez del ritual catolico practicado en Europa, situacion que obligo a los conquistadores adaptar sus tipologias templarias a este nuevo escenario festivo. El imperativo del control de las "almas salvajes y barbaras" mostro cierta permisividad con costumbres claramente paganas ante ojos cristianos que como resultado dio nuevas tipologias arquitectonicas de notable calidad e interes como lo fueron las capillas de indios, algunas de las cuales aun se conservan principalmente en Centroamerica: Actopan, Acolman, Cholula, por nombrar algunas.

De hecho, es interesante notar que tambien son llamadas capillas atriales; el nombre ya indica la comparecencia de dos tipos espaciales: la capilla usualmente cerrada y el atrio como espacio abierto. De los pocos ejemplos aun existentes, llama poderosamente la atencion las magnificas dimensiones que asumian estos atrios, frente a la secundaria presencia de templos de una espacialidad mucho mas reducida.

Por otra parte, la instalacion en los mismos centros urbanos precolombinos implico que muchas veces se opero el proceso de aculturacion que fue caracteristico en la conquista y colonizacion hispanas; las nuevas construcciones se instalaron sobre las antiguas, el ejemplo mas paradigmatico es la Catedral de Ciudad de Mexico sobre las ruinas de Tenochtitlan y la Iglesia de Santo Domingo en el Cuzco sobre el Altar del Coricancha. Aun asi, hubo casos en donde se tuvo que aceptar la convivencia de las antiguas costumbres indigenas con las recien instaladas y uno de ellos es el conjunto de la plaza de San Francisco de Quito (fig. 9, 10 y 11).

4. El conjunto templo-atrio-mercado de San Francisco de Quito
Al emblema patrimonial San Francisco es tambien necesario verlo como el
espacio vivo del encuentro conflictivo para la fecundidad cultural. Al
principio, fue un encontronazo violento; luego, se fue generando una
resistencia de los vencidos que se transformo, poco a poco, en pasiva y
calculada, bajo la accion de un sincretismo religioso por donde se
colaron las distintas expresiones simuladas de los dominados (Merce y
Gallegos, 2011, p.10).


Su eleccion se fundamenta no solo por tratarse del conjunto arquitectonico mas importante de la epoca colonial en Hispanoamerica y el mas antiguo (1536), sino que por el perfecto equilibro que alcanza el conjunto es posible ver como las dos modalidades de ocupacion, el altar y la caverna se encuentran en un mismo espacio.

Antes de la ocupacion hispana, la ciudad de Quito era un importante sitio precolombino y se utilizaba como lugar de intercambio de productos; esta fue la vocacion de la plaza de San Francisco, pues ahi se localizaba el tianguis o mercado indigena.

Los tianguis fueron espacios presentes en todas las ciudades hispanoamericanas y continuaron funcionando con posterioridad a la conquista. Si bien en nuestra capital, Santiago de Chile, no se puede hablar de una ocupacion precolombina importante, en 1821 la Plaza Armas se constituyo en el tianguis de la Ciudad, cuya funcion se mantuvo hasta la creacion de la Recova, hoy Mercado Central.
Fijo, ademas, el Cabildo los padrones de pesos y medidas, y creo los
cargos de fieles ejecutores y de almotacenes encargados de hacer
cumplir estas ordenanzas, y con facultad las casas de cualquier
comerciante. Penso tambien en el establecimiento de un mercado publico,
o tianguez; pero solo en julio de 1552 se consiguio hacer practica esta
idea, fijandolo en la plaza publica (Barros Arana, 1999, p.272).


Esta dualidad entre plaza civico-religiosa y mercado era comun en la America hispana y tambien tiene un antecedente en la Espana arabe, pues era comun encontrar el mercado principal de una ciudad junto a la mezquita mayor de la misma. Esta costumbre de situar el espacio del mercado en un lugar prominente es similar con las ciudades precolombinas; por ello, no es extrano que lo civil fuese desplazado por la ocupacion mercantil.

Los dias de mercado en las ciudades precolombinas solian coincidir con dias festivos, relacionar fiesta con mercado era algo natural en America. Es en esta fiesta que la colonizacion transformara en fiesta cristiana, pero para ello se debio aceptar la convivencia de la actividad mercantil que trae aparejada.

Por esta razon, no es extrano que en algunas ciudades hispanoamericanas el tianguis se haya transformado tambien en el principal espacio de expresion religiosa, como ocurre en la plaza de San Francisco de Quito. Se considera el templo de San Francisco como uno de los mas importantes e influyentes en la arquitectura colonial, no solo de Ecuador sino de toda Sudamerica; aqui queremos detenernos en su espacio exterior mas que su interior, asi como en su plaza a manera de atrio que se presenta a lo largo de todo el conjunto (fig. 12).
En este sentido, el Atrio merece especial atencion, mas alla del justo
interes estetico que ha despertado entre los historiadores del arte. En
el se ha detectado la presencia de una estructura espacial tipica del
siglo XVI, se trata de una capilla abierta e integrada a este, que
funcionaba como nave al aire libre y de forma provisional, y servia
para que el altar y el oficiante esten protegidos mientras los
feligreses permanecian en el exterior (Merce y Gallegos, 2011,
p.60).


En las ciudades coloniales en donde prima el damero cuadrangular, no es comun encontrar plazas de una morfologia rectangular como la que esta presenta. Aqui podemos evidenciar un verdadero altar en donde el area --de dimensiones considerables--es libre, dentro de una Ciudad bastante densificada. Sin duda, aqui el espacio es una donacion de espacio abierto y libre que le otorga una importancia notable; esto porque se encuentra limitado por su lado mas importante como es todo el frente del convento y templo de San Francisco que se erige como un trasfondo escenografico del conjunto. Todo ello establece una contencion espacial que contrarresta perfectamente la espacialidad centrifuga que tiende a producir el espacio abierto del atrio.

El templo se construyo en varias etapas pero su morfologia obedece a la caracteristica planta elongada. Aunque es de tres naves, privilegia una nave central profunda, quedando las naves laterales casi en un esquema criptocolateral; esto favorece la idea del alejamiento de la deidad y aumenta la sensacion cavernosa que es exacerbada por la exuberante ornamentacion mudejar; sin duda, produjo una gran impresion en el indigena (fig. 13 y 14).
La arquitectura de Quito se une a la tradicion del Renacimiento
italiano y recuerda el Renacimiento espanol. El quinientos flamenco,
las extranas exageraciones barrocas del seis y del setecientos, y la
fantastica escultura decorativa de origen asiatico, han transformado
las iglesias de Quito en misteriosos santuarios, asilo del misticismo
cristiano, expresion profunda de una religiosidad ambiente (Navarro,
2006).


Este espacio cavernoso se erige en perfecto equilibro con el espacio abierto que lo antecede a la manera de atrio. Las dimensiones de altar y caverna parecen glorificarse mutuamente pues mientras en el interior de la iglesia resplandece con la exuberancia propia de estas cavernas barrocas, es posible encontrar un equilibro a la opresion de este mundo subterraneo y claustral en la magnificencia del espacio abierto que espera y alivia al visitante de esta opresion. Es aqui que se logra entender y captar el sentimiento que estos interiores barrocos quieren transmitir; tambien es posible entender la magnificencia que debieron tener estos espacios abiertos en el mundo precolombino.

Es la confluencia de ambas modalidades espaciales lo que permite medir tanto la dimension profunda del mundo cristiano colonial y la dimension extensa e ilimitada del mundo precolombino. De esta manera, cuando el yugo claustral acepta esta donacion de espacio externo, se logra un producto nuevo propiamente americano, nunca antes concebido en otro lugar.

Lamentablemente, esta simbiosis magistral no es comun; la apertura espacial de nuestras pampas precolombinas, nuestros espacios de mercados informales, estan en proceso de completa extincion ante un modelo en donde el territorio solo parece tener un valor monetario.
La ciudad se consume y se renueva en la--cotidiana y meticulosa
tarea--de venderse a si misma. En todas partes los signos de
intercambio y la mercancia declaran que el espacio urbano es la
extension de un discurso obsesionado con la ganancia y la seguridad
(Ossa, 2010, p.6).


5. Comentario final

La mayor parte de las ciudades coloniales americanas, como caracteristica principal, tienen su trama en damero, ninguna cuadricula es perfectamente regular e igual a otra. Esta pequena irregularidad se produce porque en la interpretacion del modelo original--si es que existia alguno--surge la manera americana de entenderlo; es decir, surge un espacio de interpretacion el cual permitio que el damero se constituyera en un verdadero soporte en donde se vertieron las diversas identidades que estuvieron en juego en este mestizaje cultural.

Aunque el proceso fundacional en Hispanoamerica instituyo una morfologia reconocible en las urbes americanas, esto no borro o suprimio las costumbres y usos que provenian de la propia cultura hispanomusulmana, asi como tambien aquellas que existian desde hace mucho en la America indigena. La ciudad hispanoamericana no debe entenderse como un sello o imposicion de una cultura sobre otra, sino mas bien como un soporte cultural sobre la cual se vaciaron, construyeron y reacomodaron distintas costumbres e identidades.

Esta espacialidad primordial que le dio origen debe ser entendida como una apertura, que no se debiera clausurar, nuestras plazas no son solamente museos sino tambien explanadas, altares, mercados, en fin, espacios vacios en donde poder plasmar las diversas identidades que conforman la llamada America mestiza.

En un mundo donde el espacio ha pasado a primar por su valor monetario, ejemplos como el analizado permiten poner en el tapete el valor urbano que poseyeron y que aun poseen estas dos modalidades de habitar y entender el mundo. Sin embargo, en esta perfecta ecuacion, uno de los componentes parece estar en francas vias de extincion, pues la mezquindad del urbanismo contemporaneo no parece encontrar valor en estos espacios en donde lo "ilimitado" parece peligrosamente escaparse del control que impone la ciudad moderna.

Las plazas, explanadas, pampas que aun suelen ser soporte de diversas expresiones populares son expresiones cuyo valor radica en que no provienen de estamentos gubernamentales institucionalizados, sino que en ellas comparecen todavia aquellas actividades que caracterizaron las formas mas simples de encuentro social: mercados, fiestas, peregrinaciones, etc., en donde se manifiesta este rico mestizaje que caracteriza a la espacialidad y sociabilidad americanas.

Bibliografia

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Autor:

Ph.D. Mauricio Baros Townsend

mbartown@gmail.com

Facultad de Arquitectura y Urbanismo / Centro de Estudios Arabes. Universidad de Chile

Chile

Recibido: 21 Nov 2016

Aceptado: 11 May 2017

Como citar este articulo/How to cite this article: Baros, M. (2017). Altares y tianguis: Una apologia del espacio abierto en Sudamerica. Estoa, Revista de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Cuenca, 6(11), 111-121. doi:10.18537/est.v006.n011.a08

(1) El concepto de lo publico se entiende en el contexto de este articulo, en su sentido de "colectivo", mas que en el sentido habermiano de "esfera publica".

DOI: 10.18537/est.v006.n011.a08
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Author:Townsend, Mauricio Baros
Publication:Revista ESTOA
Date:Jul 1, 2017
Words:5972
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