Printer Friendly

Algunos apuntes sobre la economia de Italica y su territorio durante los siglos I A. C. y I D. C.

Some Notes about the Economy of Italica and its Territory during the First Century BC and the First Century AD

Durante la segunda mitad del siglo VIII a. C. se levanto a orillas del Guadalquivir, en la zona hoy conocida como cerro de La Cabeza (Santiponce, Sevilla) (1), un poblado de cabanas que estuvo situado en dicho lugar hasta los finales del siglo V o inicios del iv a. C., cuando sus habitantes abandonaron el lugar, probablemente obligados por los cambios provocados por la dinamica fluvial del rio Guadalquivir, y se trasladaron a la zona vecina, en la que hoy se levanta el cerro de San Antonio-Los Palacios, situada 800 metros mas al sur, donde construyeron un nuevo poblado a orillas del rio (2).

Los dos poblados cronologicamente consecutivos antes citados se hallaban situados en la comarca del Aljarafe, una meseta con una extension de en torno a 500 kilometros cuadrados que se extiende por el oeste de la provincia de Sevilla, en la que se desarrolla actualmente una agricultura arborescente dominada, en detrimento de los cereales, por el olivar y el vinedo y, en menor medida, por otros cultivos arborescentes que han acabado por sustituir a la primitiva vegetacion arborea de densos bosques termofilos de encinas (Quercus rotundifolia).

Segun narra Apiano (Hisp, 38), el unico erudito antiguo que se refiere a este suceso, el oppidum levantado en el cerro de San Antonio-Los Palacios se vio implicado en las operaciones militares desarrolladas en Hispania por P. Cornelio Escipion y M. Junio Silano durante la Segunda Guerra Punica. Apiano afirma en concreto que Escipion, en 206 a. C., poco antes de marcharse, dejo un pequeno ejercito a los mandos militares que continuaron en Hispania y establecio a sus soldados heridos en una poblacion (el oppidum prerromano levantado en el cerro de San Antonio-Los Palacios) a la que llamo Italica. Ni Livio (XXVIII, 35-38) ni Polibio (XI, 13) dicen nada de Italica cuando tratan de la etapa final de la estancia de Escipion en Hispania.

Independientemente de la narracion de Apiano, de la que en absoluto se deduce la existencia de ningun acto de Escipion que pueda interpretarse como <<fundacion>> (3), la Arqueologia ha confirmado el caracter plenamente autoctono (en el sentido de no italico) del oppidum hasta los anos finales del siglo II a. C., como indican tanto el repertorio ceramico como la estructura habitacional (4). El mismo edificio documentado en la zona mas elevada de Los Palacios, tradicionalmente interpretado como un capitolium de triple cella de epoca romana inicial, ha sido posteriormente considerado un edificio prerromano cuya construccion pudo coincidir con la fundacion del poblado (5). Esta reubicacion cronologica tambien se ha producido con el horno ceramico de Pajar de Artillo, fechado tradicionalmente en el siglo II a. C., pero cuya actividad se documenta ya en los anos finales del siglo III (6).

Durante la mayor parte del siglo II a. C., no se identifica ningun aporte italico en el plano de la produccion, ni en el sistema de explotacion del territorio agricola, ni en la tipologia de los contenedores ceramicos. Bien al contrario, los elementos novedosos hay que ponerlos en relacion, antes y durante algun tiempo despues de los inicios de la presencia romana, con las activas relaciones mantenidas con los enclaves fenicio-punicos hispanos mas meridionales (7). Esta situacion, en la que el oppidum del cerro de San Antonio-Los Palacios no se alejo lo mas minimo del resto del territorio sur de la Peninsula Iberica incluido en la zona de influencia gaditana, se mantuvo hasta los anos finales del siglo II a. C., momento en el que se identifican novedades en las practicas culinarias, en las que confluyeron las influencias punicas y, por fin, las modas italicas (difusion de las ceramicas de barniz negro), cuya generalizacion se vio favorecida por la instalacion de contingentes italicos en los nucleos urbanos del valle del Guadalquivir, incluida Italica, y las cuencas mineras de Riotinto y Sierra Morena (8).

El establecimiento en Italica de un numero importante de italicos por aquellos momentos es rastreable tambien en la tipologia de determinadas edificaciones levantadas a partir de dichos anos. Por entonces Italica no se hallaba ya tan alejada en el plano arquitectonico de la situacion que podemos reconstruir para fundaciones romanas como Corduba y Valentia (9), pues se documentan en ella estructuras no vinculables exclusivamente con la cultura prerromana. Asi, entre el ultimo cuarto del siglo II y el primero del i a. C., se levanto una muralla de adobe con forro externo de piedras y un foso delantero con paredes asimetricas, similar a las coetaneas de Tarraco y Lucentum (10). Ademas, quedan restos decorativos como las terracotas arquitectonicas que se conservan en el Museo Arqueologico de Sevilla que testimonian construcciones de tipo italico (11), entre las que podemos incluir el hipotetico templo levantado en honor a Apolo en el foro antiguo de la poblacion, al que perteneceria el pavimento de opus signinum de M. Trahius, cuya cronologia mas alta se ha situado en la primera mitad del siglo I a. C. y, con mas precision, entre 90 y 70 a. C. (12) Estos edificios probablemente se levantaron de acuerdo con las nuevas tecnicas constructivas introducidas tambien en los anos finales del siglo II a. C., en coincidencia con la aparicion de pavimentos de opus signinum y otros caracteres arquitectonicos italicos en Carthago Nova, Tarraco y Emporiae (13). Algunos datos sugieren que, a mediados del siglo I a. C., se comenzo en Italica un importante proceso de desarrollo urbano, durante el cual debio de reestructurarse el foro mas antiguo (14), habiendose identificado parte de la canalizacion central de una calle del siglo I a. C. y una cloaca datada a mediados de dicho siglo, destruida en el cambio de era para la construccion del teatro (15).

Las trasformaciones documentadas a nivel urbanistico fueron prontamente seguidas por cambios en el sistema de explotacion del entorno agrario, en el que empezo a imponerse el sistema de villa, pues dos de los elementos esenciales del exito de la politica romana de integracion fueron, por un lado la separacion de las elites locales de su poder tradicional, mediante la organizacion de la administracion de las comunidades segun el modelo romano, y por otro el desarrollo paralelo del sistema de villa (16). Es obvio que la aparicion de este sistema partio de la iniciativa de los italicos establecidos en Hispania, pero los miembros de las elites locales lo adoptaron crecientemente, construyendo ex novo cortijos similares a los poseidos por los italicos, mediante los cuales integraban sus haciendas en la organizacion social y economica del mundo romano (17).

La aparicion del sistema de villa en el siglo I a. C. y su expansion a la largo de la centuria siguiente son procesos perfectamente identificables en el territorio en el que se levantaba Italica. La mas temprana de las cinco villae atestiguadas en las cercanias de Italica, esto es, la documentada en la Estacion de Santiponce, aparecio en el siglo I a. C., pero el resto de villae conocidas en un radio de accion mayor, que incluiria, no solo el actual termino municipal de Santiponce, sino parte de los de La Algaba y Guillena, por el norte, Alcala del Rio, por el noreste, La Rinconada, por el este, Gerena, por el noroeste, Salteras y Valencina de la Concepcion, por el oeste, y Castilleja de Guzman y Camas, por el sur, aparecieron a lo largo del siglo I, en su mayor parte probablemente en los anos finales del mismo, salvo las documentadas en Sandoval (Camas) y Casa del Acebuchal (Gerena), cuya ocupacion pudo producirse en el siglo I a. C. (18).

La toponimia tambien suministra datos que permiten suponer la existencia de villae en determinados lugares, aunque sin referente cronologico. Este es el caso de Pulchena, Guillena, Venta de Mueiana, Casa de Lebrena, Gal(i/u)chena, Gerena, Valencina de la Concepcion, Sob(o/e)rbina, Cortijo de Coriana y Hacienda de Mejina. Algunos de estos lugares (Venta de Mueiana, Cortijo de Coriana, Casa de Lebrena y Hacienda de Mejina) han confirmado el dato toponimico con el arqueologico. Desafortunadamente, solo uno de estos toponimos puede ser puesto en relacion con algunos de los miembros conocidos de la elite italicense. Me refiero a Casa de Lebrena, toponimo cuyo segundo elemento ha sido derivado de Liber y de Liberius (19), pero que puede ser tambien suficientemente relacionado con un miembro de la familia a la que pertenecia Laberius Firmanus (CIL II, 1130), cuyo nomen permite proponer la evolucion (villa) *Laberiena > *Leberiena > *Leberena > Lebrena.

Por ultimo, un fundus Aelianus es mencionado en un rotulo cursivo como lugar de origen del aceite contenido en una Dressel 20 fabricada en La Catria (Lora del Rio), con marca impresa SNR (CIL XV, 4294) y controlada fiscalmente en Astigi en 154, que quiza se refiera a la misma finca que la citada como origen del aceite por otro titulus pictus incompleto de 149 (CIL XV, 4243) en el que se lee (oleum) [A]elianum (20), pero, como subraya A. Caballos, es bastante problematico vincular dicha finca con los Aelii italicenses (21), pues puede proponerse con similares titulos a los Aelii de Corduba, Vlia, Celti, Munigua o Naeva.

Estos centros de explotaciones agricolas familiares tenian como objetivo esencial la produccion agricola, aunque, muchas de las grandes haciendas incluian no solo, como indica Ulpiano (Dig., L, 15, 4, 6-7), tierra labrantia, vides, olivares, prados, pastos, bosques tallares, lagos de pesca, puertos y salinas, sino tambien tahonas, almazaras, lagares, alfarerias, factorias de salazones, etc.

La produccion cerealistica estaba obviamente presente en este escenario. En este sentido, S. J. Keay supone que el cultivo cerealistico debio de constituir la produccion principal de gran parte de la region, riqueza que quedo reflejada en la acunacion de la vecina Ilipa, que emitio moneda con la imagen de una espiga de trigo (22). Sin embargo, esta iconografia numismatica no se repite en el caso de Italica, indicio de que el territorio italicense, como en la actualidad, no era especialmente cerealistico. De todas formas, cabe resenar que para la siembra de cereales se utilizaban los entrelinos de los olivares, como Plinio (NH., XVII, 94) indica, refiriendose concretamente a la Betica, de modo que, a pesar del inconveniente de no presentar las mejores condiciones edaficas para el cultivo cerealistico, tuvo que darse en el territorio italicense cierto nivel de produccion, dada la necesidad basica de consumo de pan, pues no se requeria mas terreno, sino el que los extensos olivares ofrecian.

Algunos de los intereses de los Vlpii y Trahii italicenses probablemente estuvieron vinculados con la produccion triguera, pero no de Italica, sino de Carmo, cuyo quattuorvir, augur y pontifex, M. Vlpius Strabo, que aparece en una controvertida inscripcion (CIL II, *128 = HEp 9, 504), lleva el praenomen y el gentilicio de los MM. Vlpii Traiani, padre e hijo (23).

Pero vinedo y olivar ofrecian mayores posibilidades de enriquecimiento, de manera que el interes de los hispanienses, y despues de los propios hispanos, no solo se centro en las muy rentables actividades relacionadas con la explotacion minera o el comercio esclavista, sino tambien en estos cultivos de alto rendimiento crematistico.

Los olivares fueron normales en el paisaje de la Hispania Ulterior meridional durante la primera mitad del siglo I a. C., pero durante algun tiempo se siguio importando aceite italico, procedente especialmente de Apulia, consumido por inmigrantes (24) y sus descendientes y quiza por los miembros mas romanizados y esnobs de las aristocracias hispanas, aunque el producido en Hispana no era de inferior calidad. De hecho, en epoca de Augusto, cuando el proceso colonizador y la paralela expansion del olivar aun estaban en pleno desarrollo, el genero exportado que, segun Estrabon (III, 2, 4; III, 4, 16), destacaba por su calidad era exactamente el aceite. Esta calidad quiza no sea atribuible a la aportacion de la tecnologia oleicola italica, que era aun reciente en Hispania cuando Estrabon escribia su Geografia, sino a la tradicion prerromana, muy vieja en el caso de la base demografica fenicio-punica.

La expansion del olivar se produjo a partir de la dictadura de Cesar y el principado de Augusto, como consecuencia de la politica seguida por el Estado romano en la promocion de la produccion del aceite, considerado un articulo estrategico para el naciente sistema politico imperial. Las primeras exportaciones de aceite betico corresponden a la epoca final del reinado de Augusto (25). De hecho, las anforas provinciales Clase 24/ Oberaden 83 se documentan en toda la costa mediterranea y en los campamentos del Rin y Lugdunum, poblacion que fue un puesto clave en el avituallamiento de las legiones establecidas en Germania (26).

Pero la salida del aceite betico en grandes cantidades, como consecuencia de las compras masivas por parte del Estado romano, se produjo en epoca de Claudio, que demostro una preocupacion especial por el avituallamiento de Roma, sobre todo a partir de los desagradables incidentes de los que el emperador fue protagonista en el foro, segun nos narra Suetonio (Cl, XVIII-XIX). Ademas, las conquistas de Britania y Mauritania llevadas a cabo por Claudio implicaron el abastecimiento de los ejercitos en campana y los posteriormente establecidos en las nuevas provincias, suministro que exigio la compra masiva de generos, entre ellos el aceite, empleandose el sistema seguido en el caso del frumentum emptum, por el cual el Estado establecia la cantidad de generos que debian serle vendidos obligatoriamente. Estas ventas beneficiaron especialmente a la Betica, fundamentalmente a su produccion aceitera. La politica de compras estatales probablemente provoco el enriquecimiento de determinados productores, que invertirian parte de sus ganancias en la adquisicion de fincas y la construccion de las respectivas villae, sobre cuya expansion por el territorio de Italica a lo largo del siglo I he tratado mas arriba.

Por lo que se refiere a la comarca del Aljarafe, hay que destacar que su dedicacion olivarera parece una constante que une el pasado protohistorico con la actualidad. La muy probable fabricacion durante los siglos II y i a. C. del anfora Pellicer D en Italica, en donde se han hallado ejemplares del tipo (27), puede documentar la exportacion de aceite y/o de aceitunas de mesa por aquellos momentos. Por otra parte, la Arqueologia documenta la existencia de una almazara en la misma Italica, ubicada al este del portico del teatro (28). Tambien se han atestiguado villae con almazaras en el entorno de Italica, concretamente en Villar del Arroyo de la Casa, Casa del Acebuchal y quiza en Haza del Villar (29).

Las fuentes medievales documentan una especial dedicacion de la comarca aljarafena a la produccion oleicola. Este es el caso, en el siglo XI, de Al-'Udri y, en el siglo XV, de Al-Himyari (30). Ambas referencias quedan plenamente confirmadas por el Repartimiento de Sevilla, en el que se hacen repetidas alusiones al numero de olivos existentes en las fincas repartidas y en el que se documentan toponimos como Olivares y Torculina que apuntan en la misma direccion, pues el segundo muy probablemente deriva de torculus, termino tambien aplicado a la prensa de aceite (31). El primero no necesita mas comentario.

S. J. Keay defiende que la aparente ausencia en las proximidades de Italica de hornos de anforas Dressel 20 sugiere que la produccion de aceite de esta zona podria no haber alcanzado la gran dimension de otros lugares, o que este estaria destinado mas al consumo local y regional que a la exportacion (32), pero es probable que no hayamos encontrado todavia los alfares correspondientes. El Guadalquivir entra en este tramo en la etapa de sedimentacion y es bastante probable que estos alfares esten bajo los sedimentos, pues se estima que el nivel del suelo ha debido de incrementarse en unos ocho metros desde epoca antigua (33). Ademas, es extrano que el Estado no utilizara en funcion de sus intereses la produccion oleicola de una zona situada junto a una corriente de agua importante, con una presumible elevada produccion y con depositos de arcilla (como demuestra la existencia de alfares productores de ladrillos, tejas y otros cacharros) (34) para producir anforas, es decir, con condiciones para un transporte facil y barato, cuando lo hizo en peores condiciones en al Alto Guadalquivir, como demuestra la misma existencia, en el siglo III, del control fiscal de Castulo (35). La misma Hispalis documenta fehacientemente la produccion de Dressel 20 en el complejo alfarero del Hospital de las Cinco Llagas-Parlamento de Andalucia (36).

Las marcas impresas en el barro fresco muestran que Aemilii, Antonii, Cornelii, Fabii, Flavii, Fulvii, Iunii, Licini, Torii, Valerii y Vlpii estuvieron implicados, en distintos grados, en la fabricacion de anforas para la exportacion de la produccion oleicola propia y, en ocasiones, para la de otros productores y/o cosecheros (37), pero no poseemos datos positivos que confirmen la participacion directa de sus cogentiles italicenses en esta actividad. De las marcas halladas en Italica, solo la fragmentaria [...] MAR (38) puede ponerse en relacion con algun antepasado homonimo de M. Ac(c)en(n)a Rufus (CIL II, 1137). Esta vinculacion es en parte verosimil dado que este Rufus, los dos Helvii Agrippae de Alcala de Guadaira (CIL II, 1262), probablemente nacidos en Hispalis (39), y la Herennia de Myrtilis (IRCP, 100) son los unicos Accennae epigraficamente documentados en Hispania. Pero no podemos ir mas alla.

Por otro lado, entre las marcas de origen desconocido, destacan CFAVI, C. FVF. A. C. FVF. AVITI, CFVAVITy C. FVAVI, que G. Chic pone en relacion con C. Fuficius Avitus, cuyo nomen es conocido en Italica (CIL II, 1148) y Lucena (CIL II, 1630), siendo el italicense Sex. Fuficius Tertullinus, cuya filiacion no se indica en su lapida, por lo que G. Chic cree bastante probable que se trata de un liberto (40). Si esto fuera asi, estariamos ante un liberto de un Fuficius italicense desconocido, pero dueno de un fundus con figlina, en la que produjo anforas para el y quiza para otros propietarios.

En sintesis, los datos arqueologicos y toponimicos confirman la importancia de la explotacion olivicola del territorio aljarafeno mas cercano a Italica y la presencia de los elementos necesarios para la produccion de anforas para el transporte oleario, pero no permiten documentar fehacientemente la exportacion privada ni annonaria del aceite, aunque esta ultima es altamente presumible.

El interes de los inmigrantes deseosos de rentabilizar sus riquezas tambien se centro en un cultivo cuyas expectativas crematisticas podian ser iguales e incluso superiores a las del olivo. Me estoy refiriendo a la vid, cuyo cultivo se extendio acusadamente a partir de la epoca de Cesar, segun indican las monedas con imagenes alusivas a la viticultura acunadas por Osset y Orippo durante el siglo I a. C., por lo que se refiere al Bajo Guadalquivir, aunque la participacion e incluso el protagonismo de los italicos en estas actividades vitivinicolas no desembocaran por el momento en la produccion de caldos de gran calidad, pues Varron no dedico el mas minimo elogio a la calidad de los vinos de esta zona (41). De hecho, durante bastante tiempo, predomino la importacion de vinos italianos, de origen campano, llegados en anforas del tipo Greco-italico Antiguo (Will C-D y MSG V-VI), desde fines del siglo II a. C. hasta epoca de Augusto (42), no solo para saciar los gustos de los inmigrantes y sus descendientes, sino tambien de los aristocratas hispanos mas romanizados y con mayor capacidad adquisitiva (43).

A partir del primer tercio del siglo I a. C., las anforas vinarias provinciales comenzaron a dominar la circulacion regional (44) y hacia los decenios centrales del siglo I a. C., los tipos anforicos campanos habian sido ya completamente sustituidos por imitaciones locales (45) y los vinos importados en parte por autoctonos. Las primeras anforas vinarias beticas fueron imitaciones de las italicas Dressel 1 y 2-4, las primeras de las cuales se produjeron durante el siglo I a. C. en Italica, en donde han sido halladas algunas completas en un deposito (46). Estas anforas tenian como objetivo envasar el vino para la exportacion, aunque no fueran caldos especialmente buenos o, al menos, demasiado apreciados en la Vrbs. El primer testimonio procede de Estrabon (III, 2, 6), quien afirma que Turdetania exportaba mucho vino, alta produccion que podia implicar baja calidad, como confirma la mala fama que tenian los vinos hispanos por aquel entonces en Roma, en donde el mismo Ovidio (ArsAmat., III, 645) se burlaba abiertamente de ellos. Estos caldos se envasaron en anforas Haltern 70, Dressel 2-4 y Dressel 28, las primeras de las cuales fueron probablemente fabricadas durante el siglo I a. C., entre otros lugares, en Italica e Ilipa y con seguridad en Hispalis, en concreto en el complejo alfarero del Hospital de las Cinco Llagas-Parlamento de Andalucia (47). Estas mismas Haltern 70 permiten documentar la exportacion de vino betico en epoca de Claudio, pues se han hallado ejemplares en el pecio Port-Vendres II, que contenian defr(utum) excel(lens), y en Colchester Sheepen (48).

En resumen, los datos arqueologicos (produccion anforica) permiten confirmar la produccion vitivinicola del territorio italicense y la exportacion de caldos y probablemente de uvas aderezadas (49), al menos hasta mediados del siglo I.

Pero quiza la parcela economica a la que cabe atribuir en gran medida el enriquecimiento de la oligarquia italicense fue la explotacion de los cotos mineros ubicados algo mas al norte, aunque no especialmente de los argento-cupriferos.

En primer lugar, debe destacarse que el oppidum del cerro de San Antonio-Los Palacios ha sido puesto en relacion de una u otra forma con la explotacion de dichos cotos mineros. En lineas generales, parte de la investigacion destaca que el lugar elegido por Escipion para <<fundar>> Italica estaba estrategicamente situado con respecto a Sierra Morena y sus distritos mineros y que se tuvieron en cuenta sus posibilidades como embarcadero de la produccion minera del distrito argento-cuprifero de Sierra Morena occidental y como lugar garante de la seguridad de su exportacion a Roma (50). Pero, si Cl. Domergue esta en lo cierto, debemos admitir que, a comienzos del siglo II a. C., la casi totalidad de las minas de plata y de cobre de Sierra Morena quedaba aun fuera del dominio romano o, al menos, que no se habia establecido el control suficiente como para hacer factible la explotacion continuada y a pleno rendimiento de las mismas (51).

Hasta la pacificacion de 133 a. C., las condiciones de inseguridad del territorio habian impedido la generalizacion de la explotacion de los cotos mineros mediante la participacion de las grandes sociedades de publicanos, de manera que se daban las circunstancias adecuadas para el predominio de las pequenas sociedades y de los arrendatarios individuales, que podian hacer frente a arrendamientos de pequena envergadura (52). Un conocido fragmento de Diodoro (V, 36) nos habla de la avalancha de italicos que se lanzaron desde los primeros tiempos de la conquista a participar en la explotacion de las minas y del empleo creciente de esclavos en dicha labor. Pero, como defiende F. Chaves, en los momentos iniciales y probablemente durante buena parte de la etapa republicana, Roma dejo en manos indigenas la explotacion y canalizacion de aquellos recursos que no podia controlar directamente por falta de una infraestructura administrativa adecuada, aunque, dado que los peregrini, colectivo en el que se hallaba la mayor parte de los hispanos, no podian ser propietarios utiles de unos bienes cuyo propietario eminente era el Estado, quedo abierta la puerta a la participacion de medianos y pequenos comerciantes y soldados licenciados (53). El papel de Italica como centro de recepcion de algunos de los inmigrados atraidos por los intereses mineros, aun en estas condiciones, puede suponerse razonablemente.

Los datos indican que la normalizacion de la situacion en la Sierra Morena occidental y la organizacion de los cotos mineros, con la consiguiente llegada multiplicada de inmigrantes, se produjo en una fecha en torno a los ultimos decenios del siglo II a. C. (54) El inicio de la actividad en los cotos mineros por aquellos momentos se detecta en concreto en la aparicion de acunaciones emitidas por las oligarquias locales implicadas en la explotacion de los saltus mineros (55), en la construccion del primer poblado romano sobre los escoriales de la Corta del Lago y en la edificacion de una serie de recintos tipo castellum en las rutas del metal entre el Andevalo y las ciudades de la Campina de Niebla (la antigua Ilipla) y el Campo de Tejada, en el que se hallaba Ituci (56). Pero, tampoco se ha demostrado con argumentos solidos la vinculacion directa de Italica con las actividades minero-metalurgicas a partir de finales del siglo II a. C. En este sentido, buena parte de la investigacion tiene cada dia mas claro que las emisiones hispanas en bronce tuvieron la finalidad de resolver pagos en su mayor parte relacionados con la explotacion de sus propios recursos (57). Y la necesidad de realizar pagos y de acunar surgia, por ejemplo, si estaba en manos de estas oligarquias la extraccion de minerales y la elaboracion y el transporte de metales. Y es de todos bien conocido que Italica no acuno moneda sino hasta epoca augustea. Si la oligarquia italicense no estuvo directamente implicada durante los anos finales el siglo II y la mayor parte del i a. C. en la explotacion de los saltus mineros de Sierra Morena, al contrario de lo que ocurria con las aristocracias de Ilse, Laeli e Ilipa, no cabe esperar la emision de acunaciones similares a las producidas en los antedichos centros. Pero, hay algunos datos que permiten vincular, aunque indirectamente, Italica con los negocios del entorno minero septentrional.

A lo largo de la decada de los 70 a. C., la participacion de los indigenas en la explotacion de las minas debio de verse profundamente reducida, como consecuencia de la llegada de un elevado numero de italicos, que fueron incorporandose crecientemente a los puestos dirigentes de las comunidades locales, como consecuencia de su enriquecimiento en negocios relacionados con la explotacion de los recursos proximos a las correspondientes poblaciones (58). En epoca de Augusto, Italica quiza fue centro de reexpedicion de la produccion metalifera del territorio septentrional, en el que se han hallado restos de minas de plomo y plata en La Suerte (Guillena) y de cobre en el Castillo de las Guardas y La Diana (Castillo de las Guardas) (59), cuyas producciones en concreto pudieron ser enviadas al exterior a traves del valle del Ribera de Huelva e Italica. Pero las producciones de estos lugares probablemente no alcanzaron los niveles que cabe pensar para los grandes cotos mineros de Sierra Morena, de cuya explotacion pudieron enriquecerse individuos como Sexto Mario, sobre el que volvere mas adelante.

De cualquier manera, parece que esta via de enriquecimiento pronto dejo de existir como tal, pues, durante el reinado de Tiberio, la mayor parte de los yacimientos del suroeste de los que se extraian metales acunables probablemente se convirtieron, de acuerdo con Suetonio (Tib., 49), en metalla imperiales y quedaron bajo el control del Fisco, integrados en el departamento del Patrimonium Caesaris o Ratio Patrimonii. Las actividades privadas tuvieron que centrarse fundamentalmente en la explotacion del hierro (60). Desde entonces, los negocios mineros de los italicenses quedaron vinculados a la zona de Munigua (61), especializada desde mediados del siglo I en la produccion de hierro, a partir de la magnetita y el oligisto de El Pedroso, y convertida en uno de los centros siderurgicos mas importantes de la Betica (62).

La relacion de Italica con Munigua debio de comenzar cuando las explotaciones argento-cupriferas eran aun las importantes, pues se documenta en Italica al liberto L. Ferronius (CIL II, 6279), cuyo nomen tambien es atestiguado en Munigua (CILA II, 1063), y cuya cronologia puede situarse en torno a los anos 70-60 a. C. (63) No puede afirmarse por razones cronologicas que estamos ante la misma persona, pero la cercania geografica de los hallazgos, la pertenencia de ambos al mundo servil y el reducido elenco de Ferronii conocidos en las provincias latinas de la Europa romana (64), permiten al menos proponer que ambos individuos fueron libertos de la misma familia Ferronia. Por otra parte, la presencia de Ferronio en Italica, como la de M. Trahius, documenta la llegada de gente italica de forma fehaciente por las mismas fechas en las que F. Chaves situa, a partir de los cambios atestiguados en el sistema de explotacion de las minas y su administracion, la llegada de un elevado numero de itali cos (65).

Quiza Vlpii y Trahii, probablemente llegados a Italica poco antes que los Ferronii, tuvieron intereses en la zona minera de Munigua (66). Esta posibilidad se convierte en una situacion altamente probable en el caso de los Aelii. Estos tambien vivian en Munigua, en donde constituian una de las familias mas importantes, de manera que es plausible que los Aelii italicenses estuvieran dedicados a los negocios minero-metalurgicos a la par que sus cogentiles muniguenses. En una situacion similar se hallaban los Fulvii, Valerii y Aemilii, pues tambien poseian cogentiles en Munigua, en donde conformaban tres de las familias mas importantes, que presumiblemente tuvieron negocios en las lucrativas actividades minero-metalurgicas.

Los Licinii italicenses tambien poseian cogentiles en Munigua, en donde asimismo eran de las familias mas importantes. Las relaciones familiares entre Licinii muniguenses e italicenses parecen aun mas evidentes que en los casos anteriores, pues se documenta en Italica a Licinius Victor, Ilvir colega de Fabius Aelianus en 178 (CIL II, 1120), que presenta iguales nomen y cognomen que dos individuos muniguenses, [L.]Licinius Victor (CIL II, 1050) y C. Licinius Victor Annianus (CIL II, 1051), el ultimo de los cuales, quiza hijo del tambien muniguense L. Licinius Annianus, emparento con los Aelii, pues era esposo de Aelia L. f Procula (CILA II, 1079).

Es razonable pensar que algunas de las familias asentadas en Italica enviaran a algunos de sus miembros a Munigua, cuyos negocios con las minas y los minerales acabaron por enriquecer tanto al nucleo familiar establecido en Italica, como a la parte asentada en Munigua.

Los Aelii, documentados por primera vez en Munigua en epoca de Vespasiano (CIL II, 1049), tienen representantes muy anteriores en Italica, pues (Aelius) Marullinus, senador, segun la Historia Augusta (Hadr., I), fue padre del tatarabuelo de Adriano y es muy probable que los Aelii de Munigua fueran individuos originarios de la misma Italica (67) que se trasladaron al centro minero cuando se impuso la explotacion del hierro como negocio principal en la zona. Pero las cronologias que pueden adelantarse para los testimonios de Licinios, Fulvios, Valerios y Fabios en ambos lugares permiten proponer que tambien pudo producirse el fenomeno opuesto, es decir, el asentamiento en Italica de miembros de familias muniguenses enriquecidas. Asi, los Licinii son documentados en Munigua por primera vez en epoca de Tito y en Italica en epoca de Trajano. Los Fulvii se documentan en Munigua por primera vez a fines del siglo I (CILA II, 1061) y en Italica en el siglo II (CIL II, 5038), mientras que los Valerii muniguenses son documentados por primera vez en la primera mitad del siglo II (CILA II, 1076) y los italicenses en el siglo III (CIL II, 5111, 5372). Por ultimo, los primeros testimonios de los Fabii de Munigua se situan en la segunda mitad del siglo II o primera mitad del siglo III (CILA II, 1057), y los de Italica en el siglo III (CIL II, 5111, 5372).

En sintesis, puede asumirse la participacion de miembros de la oligarquia italicense en la explotacion de las minas de cobre y plata del territorio septentrional durante una etapa no muy dilatada, pero parece mucho mas probable, al menos desde mediados del siglo I, una especial vinculacion con la explotacion de las minas de hierro del territorio de Munigua, con el traslado de parte de linajes italicenses a dicho lugar y de Munigua a Italica. Quiza sea este el negocio con en el que la oligarquia italicense se enriquecio mas y mas rapidamente, algo que, segun los datos conocidos, no se puede afirmar acerca de su participacion en la explotacion de las canteras de marmol de Almaden de la Plata.

La explotacion de estas canteras, como la de las restantes beticas, se inicio en epoca de Augusto (68). El marmol era extraido en su mayor parte de la sierra de Los Covachos, el distrito extractivo mas cercano a Italica, aunque tambien se ha identificado actividad romana en Los Castillejos, lugar situado entre 10 y 12 kilometros al sureste de la antedicha sierra (69).

En Almaden de la Plata se hallo la estela funeraria de L. Attius Lucanus en la que los compagani marmorarienses aparecen como dedicantes (CIL II, 1043). De este epigrafe se deduce la existencia de un pagus, es decir, de una circunscripcion rural (Digesto, L, 15, 4) en la que debian de hallarse los metalla marmorum que le dieron nombre (pagus Marmorarius), distrito cuyos habitantes podian vivir en un vicus central o en varios vici, sin excluir la posibilidad de que algunos de los compagani vivieran en casas dispersas. Al frente de los pagi solia haber magistri, o incluso prafecti o curatores, de manera que cabe la posibilidad de que Lucano fuera el magister del pagus Marmorarius.

No cabe duda de que la inclusion de las canteras de Almaden de la Plata en el Patrimonium Caesaris desde el reinado de Tiberio, si la pertinente confiscacion de las canteras efectivamente se produjo (70), redujo las posibilidades de enriquecimiento de los individuos interesados en la explotacion de estos metalla marmorum. Es cierto que las canteras imperiales no estaban vedadas a la iniciativa privada, pues estas podian ser arrendadas durante un tiempo a empresarios particulares, conductores o redemptores, que se dedicaban a la elaboracion de diversas manufacturas (71). Las de Almaden de la Plata pudieron estar en esta misma situacion, pero es dificil aquilatar la importancia que pudieron tener estas canteras en el enriquecimiento de algunos de los miembros de la oligarquia de Italica, pues los datos no permiten vincular fehacientemente a ninguna familia italicense con la explotacion de estas lapicidinae. Sin embargo, esta vinculacion ha sido defendida a partir de la supuesta relacion de las canteras ubicadas en el pagus Marmorarius con Sexto Mario y otros Marii beticos y de algunos personajes italicenses con otros cordubenses.

La primera propuesta se concreta en identificar el pagus Marmorarius de la inscripcion con el toponimo Mons Mariorum que aparece recogido con el Itinerario de Antonino (432, 4). De hecho, se planteo en su momento la correccion de Mons Mariorum en Mons Mar<m>orum (72). La mansio suele localizarse en los alrededores de Almaden de la Plata en funcion de esta identificacion. El nombre mons Mariorum puede relacionarse con alguna explotacion de unos Marii, que muy probablemente estaban relacionados familiarmente con Sexto Mario (73), pero esta no tenia que ser necesariamente una cantera, pues podia ser sin duda una mina. Se sabe que el termino metalla podia referirse tanto a minas como a canteras, como reconocen el Codex Theodosianus en su titulo X, 19, De metallis et metallariis, y el Codex Iustinianus en su titulo XI, 7, De metallariis et metallis etprocuratoribus metallorum, cuando recogen en ellos constituciones dedicadas tanto a canteras como a minas. Esta misma situacion, al parecer, la ocupaba el termino mons en la Betica. Si no identificamos la mansio Mons Mariorum con el distrito rural pagus Marmorarius, entre otros motivos porque los datos no lo imponen, la propuesta de J. Gonzalez de situar a la primera en la dehesa de El Santo, ubicada entre el termino municipal de Montemolin (Badajoz) y El Real de la Jara (Sevilla) (74), es perfectamente asumible, pues solo implicaria la existencia de alguna explotacion de los Marii cordobeses por esta zona, lo cual, vista la potencia economica de esta familia, no deberia extranar.

Una segunda propuesta se concreta en la existencia de un vinculo entre el Calpurnius Salvianus que presento una acusacion contra Sexto Mario, segun sabemos por Tacito (Ann., IV, 36), y el individuo homonimo, supuestamente italicense, involucrado en la conjura urdida contra Casio Longino en Corduba en 48 a. C., que recogen el Bellum Alexandrinum (53 y 55) y Valerio Maximo (IX, 4, 1). El primero seria nieto del segundo. Ciertamente, se ha defendido un origen italicense para Calpurnius Salvianus (75), pero todas las circunstancias tienden a desvincular a Calpurnius Salvianus de Italica y, por el contrario, lo relacionan con Corduba (76).

Una tercera propuesta de relacion se concreta en la probabilidad de que el cordobes T. Mercello Persinus Marius, aedilis, IIvir (CIL [II.sup.2]/1, 311) y, posteriormente, procurator Augusti (CIL [II.sup.2]/5, 1296) entre los reinados de Augusto y Claudio, fuera descendiente del italicense L. Mercello (77), de acuerdo con el Bellum Alexandrinum (LII, 3; LIV, 4; LV, 3) tambien implicado en la conjura contra Casio Longino. En este sentido E. Melchor admite una relacion paterno-filial entre L. Mercello y T. Mercello Persinus Marius y propone que la familia de L. Mercello marcho a establecerse en la capital provincial (78). No parece que quedaran Mercellones en Italica. Al menos la epigrafia guarda silencio sobre ellos. Por el contrario, se documentan en Corduba (CIL [II.sup.2]/1, 153) y en la zona minera de Epora (CIL [II.sup.2]/1, 544) libertos de los Marii Persini, uno de cuyos miembros probablemente fue adoptado por un T. Mercello (79). T. Mercello Persinus Marius quiza mantuvo lazos con la ciudad de origen de su familia adoptiva, pues, como supone A. Pena, cabe la posibilidad de que el pro[c(urator) Aug(usti)] y patr[onus] de Italica de nombre desconocido (CIL II, 1121) fuera el duumvir cordobes (80).

Los negocios de los Marii, incluido su miembro mas conocido, Sex. Marius, no los vinculan especialmente con Italica. Su centro de operaciones era sin duda Corduba. Desde alli gestionaban sus explotaciones cordobesas conocidas como mons Marianum (CIL II, 1179; EE IX, 32) y Massa Marian(a) (CIL XIV, 52), de las que se extraia el aes Marianum quod cordubense que cita Plinio (NH, XXXIV, 4), y las explotaciones, algo mas alejadas de Corduba, que pudieron estar cerca de Mariana (Vic. I-IV, 18; Itin. Ant, 445, 3; Rav., 313, 18), identificable con la Ermita de Mairena (Puebla del Principe, Ciudad Real), y de mons Mariorum, respectivamente, este ultimo lugar no necesariamente relacionable con Almaden de la Plata.

Aurelio PADILLA MONGE

Universidad de Sevilla

apadilla@us.es

Fecha de recepcion: 15-6-2015; aceptacion definitiva: 3-6-2016

(1.) PELLICER, M.: <<La emergencia de Sevilla>>, Spal, 5, 1996, p. 91.

(2.) DOMINGUEZ de la CONCHA, C., CABRERA, P. y FERNANDEZ JURADO, J.: <<Cerro de la Cabeza (Santiponce, Sevilla)>>, Noticiario Arqueologico Hispanico, 30, 1988, pp. 119-186; PELLICER, M.: <<Los cortes estratigraficos de Italica y su contribucion al estudio de la dinamica historico-cultural del yacimiento>>, Boletin de Bellas Artes, 26, 1998, p. 160; ESCACENA, J. L.: <<Problemas en torno a los origenes del urbanismo a orillas del Guadalquivir>>, Gades, 11, 1983, pp. 59-60. Con cerro de San Antonio-Los Palacios y cerro de La Cabeza me estoy refiriendo a dos elementos concretos de la conformacion fisica mas reciente del terreno, pues la existencia de dos unidades orograficas netamente diferenciadas merecedoras del nombre de <<cerro>> se debe a la division artificial que produjo la excavacion decimononica realizada para la construccion de la carretera de Extremadura; veanse CANTO, A. M.: <<La vetus urbs de Italica, quince anos despues. La planta hipodamica de D. Demetrio de los RIOS, y otras novedades>>, CuPAUAM, 25 (2), 1999, pp. 147-148, y CABALLOS, A., MARIN, J. y RODRIGUEZ, J. M.: Italica arqueologica. Sevilla, 1999, p. 56.

(3.) PENA, M. J.: <<Apuntes y observaciones sobre las primeras fundaciones romanas en Hispania>>, Estudios de la Antiguedad, 1, 1984, pp. 50-53; BANDELLI, G.: <<La colonizazzione romana della Penisola Iberica da Scipione Africano a Bruto Callaico>>, en Urso, G. (ed.): Hispania terris omnibus felicior Premesse ed esiti di un proceso di integrazione. Atti del convegno internazionale, Cividale del Friuli, 27-29 settembre 2001. Pisa, 2002, pp. 116-117; CABALLOS, A.: <<Colonizacion, integracion y vertebracion: El caso de Italica>>, en DEMOUGIN, S. y SCHEID, J. (eds.): Colons et colonies dans le monde romain. Roma, 2011, p. 12.

(4.) PELLICER, M.: op. cit, n. 2, p. 160; KEAY, S. J.: <<Early Roman Italica and the Romanization of Western Baetica>>, en CABALLOS, A. y LEON, P (eds.): Italica MMCC. Actas de las Jornadas del 2200 aniversario de la fundacion de Italica. Sevilla, 1997, pp. 21-47; HIDALGO, R.: <<En torno a la imagen urbana de Italica>>, Romula, 2, 2003, p. 94; GARCIA VARGAS, E., FERRER, E. y GARCIA FERNANDEZ, F. J.: <<La romanizacion del Bajo Guadalquivir: ciudad, territorio y economia (siglos II-I a. C.)>>, Mainake, 30, 2008, p. 258.

(5.) PELLICER, M.: op. cit., n. 2, p. 152; RODRIGUEZ, J. M. y KEAY, S. J.: <<Recent work at Italica>>, en CUNLIFFE, B. y KEAY, S. J. (eds.): Social Complexity and the Development of Towns in Iberia from the Copper Age down to the Second Century AD. Oxford, 1995 (Proceedings of the British Academy, Volume 86), p. 398.

(6.) PELLICER, M.: <<Excavaciones en Italica (1978-1979). Murallas, cloaca y cisternas>>, en Italica (Santiponce, Sevilla). Madrid, 1982 (EAE 121), pp. 205-224; SAEZ ROMERO, A. M.: La produccion ceramica en Gadir en epoca tardopunica (siglos III-I). Oxford, 2008 (BAR International Series 1812), vol. I, p. 204; GARCIA FERNANDEZ, F. J. y GARCIA VARGAS, E.: <<Los hornos alfareros de tradicion fenicia en el valle del Guadalquivir y su perduracion en epoca romana: aspectos tecnologicos y sociales>>, Spal, 21, 2012, p. 22.

(7.) PADILLA, A.: <<Produccion, intercambio y comercio en el Bajo Guadalquivir en epoca prerromana (siglos V-III a. C.)>>, Melanges de la Casa de Velazquez. Nouvelle serie, 44 (1), 2014, pp. 159-178.

(8.) GARCIA FERNANDEZ, F. J. y GARCIA VARGAS, E.: <<Entre gaditanizacion y romanizacion: repertorios ceramicos, alimentacion e integracion cultural en Turdetania (siglos III-I a. C.)>>, en MATA, C., PEREZ JORDA, G. y VIVES-FERRANDIZ, J. (eds.): De la cuina a la taula. IVReunio d'Economia en el primer mil-lenni aC. Saguntum. Papeles del laboratorio de Arqueologia de Valencia, extra-9, 2010, pp. 130-131.

(9.) BENDALA, M., ROLDAN, L. y BLANQUEZ, J.: <<La tappa romano-repubblicana nell'ambito della baia di Algeciras. I dati di Carteia (San Roque, Cadice)>>, en UROZ, J., NOGUERA, J. M. y COARELLI, F. (eds.): Iberia e Italia: modelos romanos de integracion territorial. Murcia, 2008, p. 312; RIBERA. A.: <<Valentia (Hispania Citerior), una fundacion italica de mediados del siglo II a. C. Novedades y complementos>>, en UROZ, J., NOGUERA, J. M. y COARELLI, F. (eds.): op. cit., n. 9, pp. 177-178.

(10.) RODRIGUEZ DE GUZMAN, S.: <<Planificacion y resultados basicos de la investigacion en Italica entre los anos 2005-2010>>, en BELTRAN, J. y RODRIGUEZ GUTIERREZ, O. (coords.): Hispaniae Urbes. Investigaciones arqueologicas en ciudades historicas. Sevilla, 2012, p. 671; RODRIGUEZ GUTIERREZ, O. y JIMENEZ SANCHO, A.: <<La excavacion arqueologica>>, en Italica. Colina de dioses. Sevilla, 2009, pp. 48-49.

(11.) RODRIGUEZ OLIVA, P.: <<La monumentalizacion en las ciudades del Sur de Hispania entre la Republica y el Imperio>>, en MANGAS, J. (coord.): Italia e Hispania en la crisis de la Republica romana. Actas delIII Congreso Hispano-Italiano (Toledo, 20-24 de septiembre de 1993). Madrid, 1998, p. 315.

(12.) DIAZ ARINO, B.: Epigrafia latina republicana de Hispania. Barcelona, 2008, p. 209; Hidalgo, R. y MARQUEZ MORENO, C.: <<Arquitectura oficial>>, en CABALLOS, A. (ed.): ItalicaSantiponce. Municipium y Colonia Aelia Augusta Italicensium. Roma, 2010, pp. 58-59; CANTO, A. M.: op. cit., n. 2, p. 178; EAD.: Las raices beticas de Trajano. Los Traii de la Italica turdetana, y otras novedades sobre su familia. Sevilla, 2003, p. 59.

(13.) KEAY, S. J.: op. cit, n. 4, p. 30.

(14.) KEAY, S. J. y RODRIGUEZ, J. M.: <<Topografia y evolucion urbana>>>>, en CABALLOS, A. (ed.): op. cit, n. 12, p. 46.

(15.) JIMENEZ SANCHO, A.: <<Italica. La red de alcantarillado>>, en Remola, J. A. y ACERO, J. (eds.): La gestion de los residuos urbanos en Hispania. Xavier Dupre Raventos (1956-2006) in memoriam. Merida, 2011 (Anejos de AEspA, 60), p. 152.

(16.) SLOFSTRA, J.: <<An Anthropological Approach to the Study of Romanization Processes>>, en BRANDT, R. y SLOFSTRA, J. (eds.): Roman and Native in the Low Countries: Spheres of Interaction. Oxford, 1983 (BAR International Series 184), pp. 71-104.

(17.) RIVET, A. L. F.: The Roman Villa in Britain. London, 1969, p. 177.

(18.) Veanse PONSICH, M.: Implantation rurale antique sur le Bas-Guadalquivir. I. Madrid, 1974, n.os 3-119, pp. 31-85; GORGES, J. G.: Les villas hispanoromaines. Paris, 1979, SE 100 y SE 168, pp. 378 y 391; Escacena, J. L. y PADILLA, A.: Elpoblamiento romano en las margenes del antiguo estuario del Guadalquivir. Sevilla, 1992, no. 76, pp. 67-68.

(19.) GONZALEZ, J.: Repartimiento de Sevilla. Sevilla, 1951, vol. I, p. 401; PABON, J. M.: <<Sobre los nombres de la "villa" romana en Andalucia>>, en Estudios dedicados a D. Ramon Menendez Pidal. Madrid, 1953, vol. IV, n. 32 y p. 107.

(20.) CHIC, G.: Epigrafia anforica de la Betica. II. Los rotulos pintados sobre anforas olearias. Consideraciones sobre la annona. Sevilla, 1988, pp. 206 y 220.

(21.) CABALLOS, A.: <<Los recursos economicos de los notables de la Betica>>, en NAVARRO, M. y DEMOUGIN, S. (eds.): Elites hispaniques. Bordeaux, 2001, p. 79.

(22.) KEAY, S. J.: <<El territorio de Italica>>, en CABALLOS, A. (ed.): op. cit, n. 12, p. 40.

(23.) CHIC, G.: <<Movimiento de personas en relacion con el aceite betico>>, en CABALLOS, A. y DEMOUGIN, S. (eds.): Migrare. La formation des elites dans l'Hispanie Romaine. Bordeaux, 2006, p. 278.

(24.) CHIC, G.: <<Un factor importante en la economia de la Betica: el aceite>>, Hispania Antiqua, 19, 1995, p. 96.

(25.) SAEZ, P.: Agricultura romana de la Betica. I. Sevilla, 1987, p. 221.

(26.) GARCIA VARGAS, E.: <<Anforas beticas de epoca augusteo-tiberiana. Una retrospectiva>>, en NIVEAU DE VILLEDARY, A. M. (coord.): Las Necropolis de Cadiz. Apuntes de Arqueologia gaditana en homenaje a J. F. Sibon Olano. Cadiz, 2010, p. 597.

(27.) GARCIA VARGAS, E. y BERNAL, D.: <<Anforas de la Betica>>, en Bernal, D. y RIBERA, A. (eds.): Ceramicas hispanorromanas. Un estado de la cuestion. Cadiz, 2008, p. 674.

(28.) ROMO, A. S.: <<El conjunto alfarero romano de Azanaque (Lora del Rio, Sevilla). Intervencion de 1993>>, AAA'93 III. Sevilla, 1997, pp. 775-776.

(29.) VEANSE PONSICH, M.: op. cit, n. 18, n.os 6-44, pp. 36-76; GORGES, J. G.: op. cit, n. 18, SE 97-103, pp. 378-379, y PENA CERVANTES, Y.: Torcularia. La produccion de vino y aceite en Hispania. Anexo. Catalogo de yacimientos estudiados. Tarragona, 2010, pp. 785-799.

(30.) Veanse BLANCO, A.: <<La Sevilla romana. Colonia Iulia Romula Hispalis>>, en Historia del urbanismo sevillano. Sevilla, 1972, p. 3; GALVEZ, M. E.: <<Chorographia hispalense>>, Historia, instituciones, documentos, 9, 1982, p. 116; BENASSAR, B.: Historia de los espanoles, Siglos VI-XVII. Barcelona, 1989, vol. I, p. 134, y BONNASSIE, P., GERBET, M.-Cl. y GUICHARD, P: Las Espanas medievales. Madrid, 2008, p. 130.

(31.) Veanse GONZALEZ, J.: op. cit, n. 19, passim; vol. I, p. 402, y vol. II, pp. 342 y 488, y MONTES, I.: El paisaje rural sevillano en la Baja Edad Media. Sevilla, 1989, passim.

(32.) KEAY, S. J.: op. cit., n. 22, p. 40.

(33.) KEAY, S. J.: <<La primitiva Italica romana y la romanizacion de la Betica occidental>>, en CABALLOS, A. y LEON, P (eds.): op. cit., n. 4, p. 184.

(34.) Vease PONSICH, M.: op. cit, n. 18, n.os 43-123, pp. 36-85; GORGES, J. G.: op. cit, n. 18, SE 11, p. 360, y SE 113, p. 381; ESCACENA, J. L. y PADILLA, A.: op. cit., n. 18, no. 70, pp. 64-65.

(35.) Vease CHIC, G.: op. cit., n. 20, p. 74.

(36.) GARCIA VARGAS, E.: <<Anforas romanas producidas en Hispalis: primeras evidencias arqueologicas>>, Habis, 31, 2000, pp. 237-241; CHIC, G. y GARCIA VARGAS, E.: <<Alfares y producciones ceramicas en la provincia de Sevilla. Balance y perspectivas>>, en BERNAL, D. y LAGOSTENA, L. (eds.): Figlinae Baeticae. Talleres alfareros y producciones ceramicas en la Betica romana (ss. II a. C.-VII d. C). Oxford, 2004 (BAR International Series 1266), vol. I, pp. 304-305.

(37.) Vease CHIC, G.: Datos para un estudio socioeconomico de la Betica. Marcas de alfar sobre anforas olearias. Ecija, 2001.

(38.) CHIC, G.: op. cit., n. 37, vol. I, p. 283.

(39.) ECK, W.: <<Italica, die batischen Stadte und ihr Beitrag zur romischen Reicharistokratie>>, en CABALLOS, A. y Leon, P. (eds.): op. cit., n. 4, pp. 82 y 214; [PIR.sup.2] H 65.

(40.) CHIC, G.: op. cit, n. 37, p. 484.

(41.) SAEZ, P.: op. cit., n. 25, pp. 48-49.

(42.) Veanse GARCIA VARGAS, E., ORIA, M. y CAMACHO, M.: <<El poblamiento romano en la campina sevillana: el termino municipal de Marchena>>, Homenaje al Profesor Pellicer. Spal, 11, 2002, pp. 317-318; GARCIA FERNANDEZ, F. J.: El poblamiento turdetano en el Bajo Guadalquivir. Sevilla, 2003, p. 1099, y GARCIA FERNANDEZ, F. J. y GARCIA VARGAS, E.: op. cit., n. 8, p. 119.

(43.) SAEZ, P.: op. cit, n. 25, p. 49.

(44.) GARCIA FERNANDEZ, F. J. y GARCIA VARGAS, E.: op. cit., n. 8, p. 119.

(45.) GARCIA VARGAS, E.: <<Entre el consumo de lujo y el gusto popular: Las salazones de la Iberia punica y su romanizacion (siglos V-I a. C.). Una perspectiva historica y cultural>>, en NAPOLI, J. (ed.): Ressources et activites maritimes despeuples de l'Antiquite. Boulogne, 2008 (Cahiers du Littoral 6), pp. 87-108.

(46.) GARCIA VARGAS, E. y BERNAL, D.: op. cit., n. 27, p. 674.

(47.) MILLAN, J.: Ilipa Magna. Alcala del Rio, 1989, pp. 131-132; GARCIA VARGAS, E.: op. cit., n. 36, pp. 244-245.

(48.) COLLS, D. et alii: <<L'epave Port Vendres II et le commerce de la Betique a l'epoque de Claude>>, Archaenautica, 1, 1977, pp. 33-38 y 71; SEALEY, P. R.: Amphoras from the 1970 excavations at Colchester Sheepen. Oxford, 1985 (BAR British Series 142), p. 18.

(49.) CHIC, G.: <<Acerca de un anfora con pepitas de uvas encontrada en la punta de La Nao (Cadiz)>>, Boletin del Museo de Cadiz, 1, 1978, pp. 37-41; Id.: <<Consideraciones en torno a un anfora encontrada en la punta de La Nao (Cadiz)>>, en Homenaje al profesor Dr Hernandez Diaz. Sevilla, 1982, pp. 51-56; TCHERNIA, A.: <<Informations archeologiques: recherches sous-marines>>, Gallia, 27, 1969, pp. 483-485, figs. 37-38.

(50.) RODRIGUEZ, J. M. y KEAY, S. J.: op. cit., n. 5, p. 397; Canto, A. M.: op. cit., n. 2, p. 152; EAD.: op. cit., n. 12, p. 15; CORZO, R.: <<La fundacion de Italica y su desarrollo urbanistico>>, en RIBERA. A. y JIMENEZ, J. L. (coords.): Valencia y las primeras ciudades romanas de Hispania. Valencia, 2002, p. 129; AGUILERA, E.: <<Territorio de explotacion minero de Riotinto. Una perspectiva analitica de la ocupacion social romana>>, RAMPAS, 3, 2000, p. 229.

(51.) DOMERGUE, Cl.: Les mines de la Peninsule Iberique dans l'Antiquite romaine. Roma, 1990, p. 184.

(52.) CHAVES, F.: <<Indigenismo y romanizacion desde la optica de las amonedaciones hispanas de la Ulterior>>, Habis, 25, 1994, p. 116.

(53.) CHAVES, F.: <<El papel de los <<italicos>> en la amonedacion hispana>>, Gerion, 17, 1999, p. 313.

(54.) GARCIA VARGAS, E., FERRER, E. y GARCIA FERNANDEZ, F. J.: op. cit., n. 4, p. 253; FERNANDEZ OCHOA, C. et al.: Arqueomineria del sector central de Sierra Morena. Introduccion al estudio del Area Sisaponense. Madrid, 2003 (Anejos de AEspA, 26), p. 51.

(55.) CHAVES, F.: <<Aspectos de la circulacion monetaria en dos cuencas mineras andaluzas: Riotinto y Castulo (Sierra Morena)>>, Habis, 18-19, p. 613; CHAVES, F. y GARCIA VARGAS, E.: <<Gadir y el comercio atlantico a traves de las cecas occidentales de la Ulterior>>, en Campos, J., PEREZ MACIAS, J. A. y GOMEZ, F. (eds.): Arqueologia en el entorno del Bajo Guadiana. Actas del I Encuentro Internacional de Arqueologia del Suroeste. Huelva, 1994, pp. 388-391.

(56.) PEREZ MACIAS, J. A.: La huella de Roma. Huelva. 2006, pp. 54 y 57-58.

(57.) CHAVES, F.: op. cit., n. 52, pp. 113 y 120; CHAVES, F. y GARCIA VARGAS, E.: op. cit, n. 55, pp. 390-391.

(58.) CHAVES, F.: op. cit, n. 52, pp. 116-118.

(59.) KEAY, S. J.: op. cit., n. 45, p. 41. Vease DOMERGUE, Cl.: Catalogue des mines et de fonderies antiques de la Peninsule Iberique. Paris, 1997, vol. II, pp. 471-484.

(60.) PEREZ MACIAS, J. A.: <<Metalla y territoria en el oeste de la Baetica>>, Habis, 33, 2002, pp. 407-431.

(61.) VEASE VARGAS, J. C.: Municipium Flavium Muniguense. Universidad de Sevilla, 2003, pp. 162-168.

(62.) SCHATTNER, Th. G., OVEJERO, G y PEREZ MACIAS, J. A.: <<Avances sobre la produccion metalurgica en Munigua>>, Habis, 36, 2005, pp. 253-276.

(63.) CABALLOS, A.: <<Implantacion territorial, desarrollo y promocion de las elites en la Betica>>, en CABALLOS, A. y DEMOUGIN, S.: op. cit., n. 23, pp. 247-249.

(64.) LORINCZ, B.: Onomasticon provinciarum Europae latinarum. Vol. II: Cabalicius--Ixus. Wien, 1999, p. 139, solo recoge cuatro Ferronii.

(65.) CHAVES, F.: op. cit, n. 52, pp. 116-118.

(66.) VARGAS, J. C.: op. cit., n. 61, pp. 162-168.

(67.) CABALLOS, A.: op. cit, n. 63, p. 262.

(68.) CISNEROS, M.: Marmoles hispanos. Su empleo en la Hispania romana. Zaragoza, 1988, pp. 107-108; Roda, I.: <<Los marmoles de Italica. Su comercio y origen>>, en CABALLOS, A. y LEON, P. (eds.): op. cit, n. 4, pp. 157, 161-162 y 179; Padilla, A.: <<Consideraciones en torno a la explotacion del marmol en la Betica durante los siglos I-II>>, Habis, 30, 1999, pp. 271-272 y 279.

(69.) CHIC, G.: <<Ilipa romana: entre el prestigio y el mercado>>, en Ilipa antiqua: De la prehistoria a la epoca romana. Sevilla, 2007, p. 151; BELTRAN, J., LOPEZ ALDANA, P. y LOPEZ, J. M.: <<La cantera romana de <<Los Covachos>> (Almaden de la Plata, Sevilla). El uso del laser-escaner con un objetivo arqueologico>>, Virtual Archaeology Review, 1 (2), 2010, pp. 73-76; ONTIVEROS, E.: <<Analisis petrografico de los marmoles de la cantera de la Loma de los Castillejos y su aportacion al estudio arqueometrico de las canteras romanas de Almaden de la Plata>>, en NOGALES, T. y BELTRAN, J. (eds.): Marmora Hispana: Explotacion y uso de los materiales petreos en la Hispania Romana. Roma, 2008, pp. 361-372.

(70.) VENTURA, A.: <<El teatro en el contexto urbano de Colonia Patricia>>, AEspA, 72, 1999, pp. 71-72; PENSABENE, P.: <<Marmoles y talleres en la Betica y otras areas de la Hispania romana>>, en VAQUERIZO, D. y MURILLO, J. F. (eds.): El concepto de lo provincial en el mundo antiguo. Homenaje a la profesora Pilar Leon Alonso. Cordoba, 2006, vol. II, pp. 115-116.

(71.) FANT, J. C.: Cavum Antrum Phrygiae. The Organization and Operations of the Roman Imperial Marble Quarries in Phrygia. Oxford, 1989 (BAR International Series 482), pp. 29-30; PADILLA, A.: <<Una aproximacion a la explotacion y la distribucion del marmol en el Imperio Romano durante los siglos I-II>>, Habis, 32, 2000, pp. 231-233; Id.: <<Notas sobre la explotacion de las canteras imperiales hasta el reinado de Hadriano. El caso de Dokimeion>>, Habis, 33, 2002, pp. 440 y 443.

(72.) BLAZQUEZ, A.: Vias romanas de Albacete a Zaorejas, de Quero a Aranjuez, de Meaque a Titulcia, de Aranjuez a Toledo y de Ayamonte a Merida. Madrid, 1921, p. 20.

(73.) GONZALEZ, J.: <<Mansio Mons Mariorum (It. Ant. 432.4)>>, Habis, 27, 1996, p. 91.

(74.) GONZALEZ, J.: op. cit, n. 13, pp. 90-91.

(75.) Vease CASTILLO, C.: <<Ciudades y personas de la Baetica>>, en Vestigia Antiquitatis. Escritos de Epigrafia y Literatura romanas. Scripta a sodalibus collecta in honorem Carmen Castillo. Pamplona, 1991, p. 352.

(76.) KNAPP, R.: Roman Corduba. Berkeley, 1983, p. 23; PADILLA, A.: <<Algunos comentarios sobre personajes de dudoso origen italicense>>, Hispania Antiqua, 33-32, 2009-2010, pp. 144-145.

(77.) VENTURA, A.: op. cit., n. 10, pp. 69-12.

(78.) MELCHOR, E.: <<Corduba, caputprovinciae y foco de atraccion para las elites locales de la Hispania Ulterior Baetica>>, Gerion, 24 (1), 2006, pp. 254-255.

(79.) VENTURA, A.: op. cit., n. 10, n. 61.

(80.) PENA, A.: <<Reflejos del Forum Augustum en Italica>>, en NOGALES, T. y GONZALEZ, J. (eds.): Culto imperial. Politica y poder. Actas del Congreso Internacional. Roma, 2007, p. 340.
COPYRIGHT 2016 Ediciones Universidad de Salamanca
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2016 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Padilla Monge, Aurelio
Publication:Studia Historica. Historia Antigua
Date:Jan 1, 2016
Words:10129
Previous Article:Reconstruyendo la carrera de Tiberio Graco Maior: algunas reconsideraciones en torno a las magistraturas menores.
Next Article:El lacus Ligustinus como agente de articulacion urbana y conectividad territorial: de las riberas de Hasta Regia a Carissa Aurelia y el acceso a la...
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters