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Alfonso Rey, The last days of Humanism. A reappraisal of Quevedo's thought.

Alfonso Rey, The last days of Humanism. A reappraisal of Quevedo's thought. Modern Humanities Research Association-Maney Publishing, Oxford, 2015; 215 pp. (Studies in Hispanic and Lusophone Cultures, 15).

Garantia del rigor y de las dotes de este libro es que vaya firmado por Alfonso Rey. No por nada es quien dirige el proyecto de publicacion de las obras en prosa de Quevedo en la editorial Castalia, labor que le ha permitido estudiar textos que la critica ha desatendido, o en los que no se ha detenido lo suficiente, y percibir de mejor modo el alcance ideologico de sus obras tanto en verso como en prosa, segun reconoce el mismo en las paginas precedentes a su estudio (p. ix). Por tanto, este libro es depositario de reflexiones bien sopesadas, degustadas por varios anos, y dechado de la pericia con que Rey se maneja por los temas y aficiones que entusiasmaron el espiritu de Francisco de Quevedo, a la vez que pone en evidencia como fue consecuente, a veces mas, a veces menos, con una ideologia modelada a partir de fundamentos neoestoicos y escolasticos durante el discurso de una vida dedicada a multitud de temas, disciplinas y generos.

El libro se divide en doce sucintos, pero sustanciosos capitulos que recorren practicamente todas las parcelas de la obra quevediana a partir de la ideologia que sale a relucir en cada una de ellas. Por tanto, se podria decir que todos estos capitulos constituyen bloques bien delimitados; los caps. 1-4 estarian dedicados a las obras de fundamento claramente neoestoicista; los que van del 5 al 9, a la actitud religiosa, moral, etica, al arte de gobernar, pero tambien al de la guerra y todos los miramientos que se debe tener al considerar estos temas que Quevedo vio con variopinto caracter, ya pasandose de lado de los elementos naturales, ya justificando o repudiando la guerra para poder tener paz, rigiendose mas por un criterio de sapientia y prudentia que por un temerario principio de fortitudo. El otro bloque lo constituyen los fundamentos de su poesia amorosa, que se tratan en caps. 10 y 11. Un ultimo capitulo, antes del cierre de las conclusiones, se concentra en las divergentes valoraciones que tuvo y ha tenido la obra de Quevedo desde sus contemporaneos hasta nuestros dias.

El primer capitulo trata sobre el proposito de la literatura, para lo cual A. Rey trae a colacion diversas opiniones de preceptistas como Cascales, El Pinciano, Carvallo, quienes se inclinaban por alguno u otro de los preceptos u objetivos ya destacados en el horaciano docere et delectare. A pesar de recargar uno u otro elemento, Rey senala que hubo un criterio mas o menos flexible entre la teoria y la practica literarias (p. 4). Quevedo, un autor que se movio con comodidad por diferentes generos, procuro, segun fuera el ambito generico en el que se manejara, ensenar o causar placer. Quevedo creia que la literatura debia ensenar y agradar por igual, pero al considerar su obra como un todo, dice Rey, el proposito de ensenar permanece en terminos meramente cuantitativos. En cierta manera, la concepcion de Quevedo sobre la literatura se acercaba a la de Horacio, quien ve que el conocimiento es la fuente y la justificacion de toda actividad literaria, aunque sin dejar de lado el arte por imitacion aristotelico. Su ideal literario, entonces, se acerca al de la elocuentia, entendida como el arte de la persuasion y presencia activa en la polis (p. 7). Por tanto, afirma Rey, habria que modificar la opinion, o matizarla, de que Quevedo es mero esteta del lenguaje, sin talento para trabar ideas.

Cualquier estudio sobre la ideologia de Quevedo, asegura Rey al principio del segundo capitulo, deberia comenzar con las opiniones o declaraciones de Quevedo en cuanto a la vida, la muerte, virtud y sabiduria, porque es a partir de ahi que podra encontrarse su vision de mundo, cuya base radica en la sintesis de estoicismo y cristianismo. Las obras en que puede encontrarse mas claramente esas caracteristicas, advierte Rey, es en su poesia moral y en seis tratados que combinan la libertad expositiva de Seneca y Ciceron con una argumentacion al modo escolastico: Doctrina moral del conocimiento propio y desengano de las cosas ajenas (1612?), La cuna y la sepultura (1634), Las cuatro fantasmas de la vida (1635), Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo (1634-1637), Nombre, origen, intento, recomendacion y descendencia de la doctrina estoica (1635; luego Doctrina estoica) y De los remedios de cualquiera fortuna (1638).

Aunque estas obras fueron escritas y publicadas mas o menos en el mismo periodo es dificil establecer una cronologia fehaciente por las diversas fechas que se dan entre el manuscrito y las correspondientes, por ejemplo, en el caso de De los remedios, a la dedicatoria y la licencia de impresion. Por tanto, A. Rey llama a tener cuidado al momento de intentar establecer una evolucion clara en Quevedo del estoicismo al cristianismo. Para Rey implica, mas que acusadas preferencias por alguna de ambas doctrinas, una oscilacion constante entre una y otra.

Por lo demas, en este bien nutrido capitulo, Rey brinda las principales caracteristicas del estoicismo y de las bases del pensamiento de Quevedo, quien abrevo del estoicismo romano de Seneca (un estoico sui generis, cercano a ciertos aspectos del epicureismo), Epicteto y Marco Aurelio, pero sobre todo de los primeros dos, como demuestran la traduccion en verso del Manual de Epicteto (responsable, dice Rey, de las maximas de anecou y apnecou, 'resistencia' y 'abstinencia') y las incontables ocasiones en que cito a Seneca. Sin embargo, no se puede descartar a Lipsio, en quien, como declara Rey, Quevedo encontro un estimulo para unir estoicismo y cristianismo. La influencia de Lipsio fue decisiva para que Quevedo elaborara su propio pensamiento neoestoico con la huella, desde luego, de Seneca y Epicteto, ademas de varios Padres de la Iglesia. Pero Quevedo, continua Rey, evita el mundo fisico para centrarse en el plano moral, a la manera de Seneca y Epicteto, quienes, no obstante, difieren incluso en el enfoque del tema de la politica. Con todo, si hay algun rasgo que deba resaltarse del pensamiento de Quevedo es su insistencia en comparar las doctrinas del estoicismo y cristianismo (p. 17), que lo llevaron, como a Tertuliano y san Jeronimo antes de el, a la tentacion de incorporar elementos de la Stoa al cristianismo. La insistencia con que Quevedo llevo a cabo esta empresa, que lo condujo a caer en argumentos y declaraciones inconsistentes, como la presunta correspondencia entre Seneca y san Pablo o el conocimiento de Epicteto de los Evangelios, no puede valorarse desde una perspectiva estrictamente intelectual; por el contrario, debe examinarse en el entorno cultural de su tiempo. Pero mas alla de la sintesis de ambas doctrinas, la intencion de Quevedo como neoestoico era fortalecer el cristianismo con la autoridad del estoicismo, como Rey asegura: "he only tried to introduce into Christianity ideas and themes from the Stoa" (p. 18).

Despues, Rey habla de la presencia de la patristica y la escolastica en Quevedo, con otros temas de sumo interes; pero lo que mas importa destacar aqui es el peso que Rey concede a ese "intellectual substrate" (p. 18) y que utiliza para referirse, en parte, al ascetismo sui generis que Quevedo engendro a partir de la sintesis estoico-cristiana, la cual tal vez no acusa ninguna originalidad de tipo conceptual, pero conforma las bases para el entendimiento de la realidad, para aconsejar y para criticar los defectos del hombre de su tiempo. Sin este sustrato intelectual no se puede comprender sus obras morales o satiras lucianescas, que Rey trata en el siguiente capitulo.

La ideologia neoestoica de Quevedo adquirio forma en su juventud, considerese la correspondencia con Lipsio (1604-1605), los poemas de Heraclito cristiano (1613) y la redaccion de sus primeros Suenos (1603-1608), aunque sus tratados morales vendrian despues. Luego, Rey lanza una hipotesis muy plausible: "If this is indeed the case, we arrive at the conclusion that Quevedo began to show his stoic convictions first through fictional literature, and specifically Lucianesque satire, and only at a later stage in his life did he decide to do so through theoretical essays of a monographic kind" (p. 29).

Las contribuciones de Quevedo al genero de la satira lucianesca espanola pueden encontrarse en tres de sus obras, segun el estudioso: Suenos y discursos (Barcelona, 1627), Discurso de todos los diablos (Gerona, 1628) y La Fortuna con seso y la hora de todos (Zaragoza, 1650). Despues de hacer un recuento de los recursos empleados en cada una de estas obras, con observaciones puntuales sobre el genero, lo que Quevedo retoma y lo que el mismo innova, A. Rey se ocupa de la ideologia que guia estas estrategias narrativas; Suenos y discursos presenta un desfile de personajes, de caricaturas que representan vicios y categorias morales, pero esta tecnica, tan incluyente y dinamica cuanto superficial y monotona, impedia la mirada vigilante y la reflexion atenta. Por ello, cree A. Rey, Quevedo redujo en otras de sus satiras el numero de personajes para concentrarse con mas detalle en ciertos problemas que demandaban atencion de modo mas certero (pp. 31-32). Y aunque muchos personajes exhiben sus taras y se convierten en verdugos de si mismos, tal vez los mas irrisorios, tambien hay momentos en que pareceria difuminarse la frontera entre el vicio o lo pecaminoso y lo que podria considerarse como justo (p. 32).

Las tres obras arriba aludidas constituyen en cierto modo la unidad y sintesis de las reflexiones que Quevedo desarrollo durante su vida; comparten una version del mundo esencialmente estoica y cristiana. La virtud, que Quevedo concebia como el correcto ejercicio de la inteligencia y el albedrio, es piedra de toque para juzgar los errores de la humanidad. Y aunque el neoestoicismo no tenia respuesta para todos los problemas humanos, Quevedo busco mostrar las complejidades de la existencia humana en la vida diaria, mas que teorizar o hacer abstraccion de los preceptos estoicos y cristianos (p. 30).

Aunque Quevedo tambien toco el tema de la actividad politica en Suenos y discursos, Rey dice que en Discurso de todos los diabbs se observa una evolucion en su pensamiento respecto del tema, y esto puede advertirse en el tipo de personajes que incluye; no deja de dar entrada al desfile de figuras, pero incorpora a personajes historicos, como Julio Cesar, Alejandro Magno, Neron, Seneca, etc., los que de por si anuncian con su sola presencia los temas que va a tratar y que van a ser dominantes en la obra, como la cuestion politica, a partir de lo cual, segun Rey, "Quevedo addresses questions of a more technical, theoretical, and practical nature, which have to do with republic and monarchy, the royal favourite, the function of advisors, and the mission of historians" (p. 35). Si en algo Rey se muestra insistente es en dejar sentado, a partir de la obra de Quevedo, que la filosofia estoica no tiene respuestas claras para los dilemas morales concernientes a la politica (p. 37), un tema que se podria decir que devano los sesos de Quevedo durante toda su vida, pues como advierte el estudioso, estos temas atinentes a la actividad politica (naturaleza del poder, equilibrio entre etica y efectividad) fueron objeto de discusion y de reflexion en el Marco Bruto, obra escrita poco antes de su muerte, pero que tampoco termina por zanjar los dilemas de modo satisfactorio (p. 37).

La hora de todos, publicada postumamente en 1650, es aparentemente la ultima satira menipea de Quevedo, destaca Rey, e implica tambien una evolucion en el tema y el pensamiento del escritor respecto de las otras dos obras, ademas de reafirmarse en ella su concepcion estoica de la vida, aunque sin dejar de reconocer las limitaciones de la doctrina para explicar ciertos aspectos de la realidad historica (p. 38). La tajante oposicion entre virtud y vicio, predominante en Suenos y discursos y en las escenas que no tocan el tema politico en Discursos de todos los diablos, se debilita en La hora de todos, dice Rey, porque ahora Quevedo no insiste en nociones como castigo y recompensa, sino que las sustituye por la comparacion entre apariencia y realidad (p. 39). Sin embargo, el autor sigue mostrando sus dudas: "Quevedo, a man of secure beliefs in his treatises, reveals the doubts which reality imposed on his most deeply-rooted convictions" (p. 39).

Despues de pasar revista a diversos aspectos de la obra y de senalar el hito que representan ciertas escenas en que se analiza la situacion politica europea (p. 40), Rey vuelve sobre las convicciones de Quevedo para declarar: "Perhaps we might say that Quevedo found in Lucianesque satire a means of defending his convictions without ignoring the changing reality of the individual and of history" (p. 42). La ficcion, dice Rey mas abajo, es en general menos sistematica que la prosa didactica, pero permite, por un lado, la intuicion y el tratamiento de problemas y situaciones reales que dificilmente entrarian en la logica del tratado y, por otro, desarrollar ideas que no se justificarian en un tratado por su forma de razonamiento, que demanda mas precision. Sin embargo, en este tipo de ficcion, tanto en prosa como en verso, Quevedo se muestra en el limite de sus creencias al representar situaciones y actitudes que no tienen lugar en su sistema de ideas (p. 42), pero que se sentia con la necesidad de tratar, aunque pusieran en jaque sus convicciones, toda vez que, como bien senala Rey, Quevedo era consciente de aquellos problemas que precisaban de mayor atencion, por lo cual "such passages ought to be valued as a confirmation that reality is richer than any moral doctrine or social convention" (p. 42).

En el siguiente capitulo, Rey destaca la aficion de Quevedo por el humor literario y por elevar artisticamente la vida diaria y sus aspectos comicos, lo cual heredo de los clasicos, pero tambien de la tradicion cristiana, en que la risa no siempre se vio de modo negativo. De hecho, hay dos variedades de la risa en el ambito cristiano que Rey encuentra tambien en Quevedo: "one is playful and insignificant, a means of lightening the message or teaching; the other, more severe, is that of the just toying with the foolish sinner" (p. 47).

Rey hace en este capitulo una importante rectificacion en la valoracion de la obra humoristica de Quevedo; oponiendose tacita, aunque evidentemente a ciertas tesis defendidas antano acerca de que el Buscon, por ejemplo, es obra de juventud, puesto que el desengano, no asi lo chocarrero, aun estaba lejos de irrumpir en la vida de Quevedo, Rey aboga por dejar de lado interpretaciones maniqueas, pues tanto en obras tempranas como tardias, Quevedo utiliza la comicidad y lo serio. Rey tiene razon; sin embargo, ?no valdria la pena tambien tomar con cautela la actitud de Quevedo ante un tema segun el genero en que lo trata? Asi como no es adecuado adjudicar a la juventud el tono con que se tocan ciertos asuntos y otro a la edad madura, tal vez tampoco sea prudente pensar que Quevedo mantuvo una misma actitud, tanto de joven como de viejo, ante los temas que le preocupaban. Recuerdese, solo como ejemplo, que El chiton de las tarabillas es tan virulento y lisonjero que pareceria libelo por encargo. Asimismo, en Como ha de ser el privado salen por todos lados el servilismo y el panegirico. Quien diria que despues Quevedo se opondria al valido a cuyos pies se habia echado anos antes. Las ideas o actitudes necesariamente van cambiando, por lo menos de matices, conforme transcurre la vida y segun la experiencia acumulada. La ambicion y conveniencia igualmente desempenan papel importante en la toma de decisiones y actitudes. A veces, tambien los desenganos hacen que el hombre vuelva a sus cuarteles o a sus primeras ideas y convicciones con mayor contundencia. Es cierto que se mantienen ciertas aficiones, ciertos compromisos ideologicos, como en el caso de Quevedo con el estoicismo; sin embargo, no hay que olvidar que Quevedo lo mismo se burlaba de la poesia petrarquista o neoplatonica que escribia atendiendo a esa tradicion. Es decir, no hay deferencia ni compromiso cuando se trata del juego literario o cuando las criticas se vuelven cliches y lugares comunes para esforzarse en otros ambitos, como el del arte verbal.

En los capitulos que tratan sobre el petrarquismo y neoplatonismo en Quevedo, Rey destaca que antes de alabar el amor al modo de Petrarca, Quevedo ya lo habia condenado de alguna forma en su Heraclito cristiano, coleccion de poemas de 1613 en que se advierten las huellas de Petrarca, tanto en algunos sonetos como, especialmente, en la concepcion del libro que toca varios temas referentes al desengano, y en el que puede encontrarse, en un par de composiciones, el rechazo del amor mundano, la palinodia, dira Rey, "in which the act of having adored a woman is recanted" (p. 140). De esta manera, Petrarca inspiraria los dos libros de Quevedo, uno religioso, el Heraclito, y otro profano, Canta sola a Lisi, lo que lleva al estudioso a una sagaz observacion: "he wrote first a moral parable with no love story, then later a love narrative involving no moral considerations" (p. 140). Canta sola a Lisi implica una de las facetas en el autor en que deja de lado su estoicismo para probarse como poeta del amor en una especie de poesia muy tecnica; y aunque las semejanzas con el Rerum vulgarium son evidentes, Rey destaca algunas diferencias significativas, como la que concierne al amor de la dama, que en Petrarca se torna religioso al volverse la amada guia espiritual del amante, la donna angelicata del stilnovismo, mientras que en Quevedo, mediante una concepcion profana del amor, el amante busca la inmortalidad, paradojicamente, en la llama de la pasion, divergencia fundamental que podria interpretarse como ataque frontal a la medula del Canzoniere, pues, segun Rey, denunciaria el rechazo de Quevedo de ver a la amada como el medio para llegar a Dios (pp. 146-147). En cuanto al neoplatonismo, que es mas bien un cumulo de motivos y solia asociarse con el petrarquismo en la poesia del Siglo de Oro, ha habido mas disensiones entre la critica. Con todo, el neoplatonismo, que contribuyo al caudal de motivos en la poesia amatoria, asi como a la diversidad linguistica y estilistica, en Quevedo solo se admite, como observa Rey, en terminos de inventio lirica y de elocutio, pero no en terminos conceptuales (p. 157).

En el capitulo dedicado a los lectores de Quevedo, Rey hace un esplendido recorrido por la diversidad de interpretaciones que ha merecido la obra del escritor desde el siglo XVII hasta nuestros dias. Como se deja ver, muchos dan mayor peso a cierta actitud de Quevedo sobre las demas; senalan elementos en su conducta para juzgar la personalidad entera del escritor, del hombre. En el siglo XIX se destaco su valentia para criticar el gobierno; en parte del siglo XX se censuro la adhesion de Quevedo a sus ideales aristocraticos, etc. Es cierto, como dice Rey en alguna parte de su estudio, que el escritor pone en evidencia sus intereses y su personalidad en lo que escribe, pero mucho de ello responde al juego literario (1).

La figura que se atisba tras la lectura de este libro es la de un Quevedo tan polifacetico cuanto problematico a la hora de sacar conclusiones sobre su obra y personalidad. Aunque Rey se dirige siempre con mucho rigor en su conocimiento de Quevedo y tacto en sus apreciaciones, ya que ante la falta de evidencia prefiere siempre abstenerse de hacer comentarios conclusivos, no cabe duda de que haberselas con Quevedo siempre representa un problema de interpretacion, pues muchas veces los datos biograficos imponen sobre sus textos la mitad de las conclusiones a que los criticos han de llegar. Por ello, A. Rey ha intentado en este libro devolver la atencion a las condiciones de vida (esto envuelve ideas y estudio, formas de aprendizaje, etc.) del siglo XVII en que vivio Quevedo, para calibrar mejor su obra y la misma figura del escritor, ya que, de alguna u otra manera, Quevedo ha sido, como diria Raimundo Lida, partido, no para entenderlo mejor, sino parajuzgar su personalidad. Desde esta perspectiva roma, por falta de un estudio mas completo, se ha visto en el a un escritor prolifico y diverso en cuestion de intereses literarios, pero unidimensional en cuanto a su forma de ser y trato para con los demas, lisonjero si son poderosos, pero desdenoso con los desarraigados y extranjeros. Dos son las peticiones de Rey, despues de predicar con el ejemplo: volver la mirada atenta sobre el siglo XVII para una cabal comprension del periodo y estudiar de modo mas integral la obra de Quevedo para entender mejor los muchos entresijos de su pensamiento.

DOI: 10.24201/nrfh.v66i2.3435

(1) Solo cabria hacer una minima observacion en este capitulo. En p. 168, cuando Rey habla de los finos acercamientos de Raimundo Lida a la obra de Quevedo, se detiene en una de sus declaraciones a proposito de una frase del Sueno del infierno: "Also of note are his hesitations at the phrase <<Toda la sangre, hidalguillo, es colorada>>, with which a devil of the <<Sueno del infierno>> jokes with the foolish nobleman. Lida ... evoked <<los pruritos genealogicos que estan en la base de tanta afirmacion y tanta negacion del senor de la Torre de Juan Abad>>, as if he feared perceiving in the pen of Quevedo a phrase <<digna de 1789 o de 1917>>. It is surprising that he brought up the question in such terms, when he could have turned to something far more obvious: Quevedo's preference for virtue and honour drew on a current of thought beginning with Aristotle and Juvenal, whose sixth satire was frequently recalled by Quevedo in his works". La afirmacion no es para escandalizarse si se tiene en cuenta el pasaje completo del prologo en las Prosas de Quevedo y se observa que R. Lida esta hablando de la complejidad del escritor que invita a los estudiosos a simplificar y a tomar partido, pues muchas de sus paginas "provocan en muchos lectores adhesion y repulsion como de actualidad viva, lo cual invita a partirlo: <<Toda la sangre es colorada>>: frase digna de 1789 o de 1917. Pero se ha suprimido en ella el hidalguillo, que tanto significa para Quevedo y su tiempo" (p. 11). Asi, pues, R. Lida no tendria por que interesarse en su prologo por la solera de donde devino la frase de Quevedo, cuando esta mas interesado en los desmembramientos que muchos quisieran hacer de la obra quevediana y pone el fragmento como ejemplo frugal, despues de lo cual R. Lida advierte: "Hay mucho que escoger, y muchisimo bueno, pero a la vez no hay que disculpar lo menos bueno (moralmente bueno) en nombre de no se que deficiencias ambientales" (pp. 11-12).

Jesus Jorge Valenzuela Rodriguez

El Colegio de Mexico

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Author:Valenzuela Rodriguez, Jesus Jorge
Publication:Nueva Revista de Filologia Hispanica
Date:Jul 1, 2018
Words:4145
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