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A proposito de la escritura del pasado. Notas sobre la representacion de la guerra civil.

La guerra civil espanola parece vivir, hoy en dia, una existencia postuma caracterizada por "tipicos" rasgos posmodernos (1). El flujo de los discursos que la atraviesa --continuo y disperso, recurrente y heterogeneo- produce una exhibicion publica de los despojos del pasado en la que los metarrelatos globales han perdido su propia legitimidad explicativa (2). La originaria contraposicion entre los dos bandos ha sido reemplazada por una pluralidad de sujetos --ante todo, los medios de comunicacion de masas--, cuyos discursos provocan un "permanente retorno del pasado" y a la vez desactivan la potencialidad hermeneutica de la memoria y de los recuerdos, "a base de hacerlos indiferenciables de los objetos del presente" (3).

Asi que asistimos a culebrones sobre la posguerra emitidos por la television publica, encontramos los productos mas estafadores del revisionismo en los escaparates de los centros comerciales, leemos a diario en el periodico criticas y resenas sobre novelas, ensayos, peliculas que pretenden haber restaurado algun pedazo imprescindible de la memoria historica de la guerra civil. Por otro lado, las iniciativas muy dignas, por ejemplo, de la Asociacion para la recuperacion de la memoria historica se exponen al riesgo de ceder ante "el deber de recordar a toda costa" (4) --es decir un tardio ajuste de cuentas--, y de no profundizar los problemas epistemologicos y conceptuales del par recuerdo/olvido, rehuyendo los recursos ofrecidos por una historiografia competente y preparada (5).

El mismo sintagma "recuperacion de la memoria" entrana algun equivoco: el recuerdo subjetivo procede de manera reconstructiva, siendo generado en el presente y comportando un desplazamiento, una alteracion, una renovacion del dato recordado, que derivan de las circunstancias temporales de la rememoracion. Cada recuerdo posee un caracter plastico, que no consiste tan solo en su reconstruccion a partir de los impulsos del presente, sino tambien en los cuadros institucionales que influyen sobre su seleccion y fijan sus contornos (6). Por lo tanto, detras de la palabra recuperacion se oculta el peligro de caer en una "metafisica de la memoria", como si esta se hubiera conservado intacta en algun lugar fuera del tiempo (7).

En la que Pierre Nora llamo epoca de la conmemoracion --marcada por la obsesion del pasado--, la ocupacion de la memoria no pertenece --segun Todorov-- tan solo a los estados totalitarios, sino a todas las apologias incondicionales del deber de la memoria, donde el hombre contemporaneo a menudo actua en el papel de victima, lo que le otorga el credito politico exorbitante de la superioridad moral (8). Asi que el imperativo de la memoria encierra el intento de transformar la defensa del recuerdo en la reivindicacion de la memoria contra la historia y a pesar de la naturaleza espontanea del acto de recordar (9).

La proliferacion de multiples instancias de reivindicacion de la memoria --y el consecuente riesgo del anacronismo y de la confusion entre las distintas memorias generacionales (10) -- ha producido una honda mutacion en la compleja relacion entre el espacio de experiencia y el horizonte de expectativas, es decir entre la evaluacion del pasado y la proyeccion en el futuro (11). En suma, el conflicto sobre la memoria de la guerra civil ha llevado consigo la degeneracion de lo que Ernst Bloch llamo contemporaneidad del no-contemporaneo, o sea la copresencia de diferentes estratos temporales y la perdida de la temporalidad sobre la que se funda la distancia.

En la superficie aparentemente plana de un sistema cultural posmoderno --donde "los medios de comunicacion desempenan un papel determinante [...] a favor de un abanico variopinto de Weltanschauungen" (12) y el texto historiografico es un producto mas, intercambiable con los otros en las estanterias del mercado cultural -- parece aflorar la condicion paradojica de un pasado que no pasa, volviendose, al mismo tiempo, disponible hacia los usos politicos del presente y perdiendo su propia naturaleza de pasado, es decir aquellos vinculos entre pasado, presente y futuro que le otorgaban su sentido historico:
      El alcance del cambio va mucho mas alla del mero hecho de que el
   pasado haya adquirido una nueva coloracion: el cambio afecta, si se
   puede hablar asi, a su propia naturaleza. Que todo se re-presente
   una y otra vez, que en cierto sentido nada desaparezca por completo
   impide seguir pensando en el pasado de la misma manera que antano.
   Este pasado sin patina, sin aura, termina siendo no un
   pasado-pasado (esto es, abandonado, superado), sino una modalidad,
   apenas levemente anacronica, del presente. Pero, al propio tiempo,
   la masiva incorporacion del pasado al presente esta provocando
   tambien que cambie nuestra experiencia de este ultimo (13).


Asi pues, esa cuestion atane sobre todo a la problematica de la violencia extrema que quemo en la guerra civil y de la complejidad de su representacion. La guerra civil se configura de alguna manera como la experiencia-limite de una reflexion dedicada a sondear el enigma del pasado: contienda politica e ideologica precedida de un pronunciamiento militar, se transformo rapidamente en el reino tragico de una tanato-politica en la que la "nuda vita" del homo sacer --es decir la vida eliminable, hecha posible por la dissolutio civitatis-- ha sido expuesta a una violencia sin precedentes (14). Y culmino en una larga posguerra que convirtio el estado de excepcion fratricida en regla, quebro vinculos sociales y familiares y lacero de forma dramatica identidades individuales y colectivas.

El plus de violencia emanado por la guerra civil no fue simplemente un algo mas de violencia, sino constituyo su codigo tragico mas profundo, donde el concepto de homo sacer expresa la posibilidad de convertirse en cada momento en el objeto de la violencia de un paradigma politico para el cual el dolor absoluto infligido a las mujeres y a los hombres no represento una anomalia (15), sino el espacio natural de aplicacion de la Grundnorm (16). ?Que implica, entonces, buscar hoy en dia la verdad --segun la etimologia de la palabra a-letheia, lo que no se puede/debe olvidar-- de aquellos acontecimientos, a la vez inolvidables e inimaginables, esto es, irreducibles tan solo a los elementos reales que los componen (17)?

Si "la guerra civil vino a ser la Urszene, la 'escena originaria' freudiana dramaticamente negada pero tambien continuamente evocada" (18), su nucleo significante mas resistente a la interpretacion puede quiza ser interrogado justamente a partir de las huellas en apariencia mudas que fueron arrancadas por la violencia a quien habia inscrito en ellas algun fragmento de si mismo. Tras esta consideracion se revela la ineludible presencia de la reflexion de Primo Levi acerca de los limites de la representacion del Holocausto, donde el escritor turines dibuja la figura del testigo integral: solo el puede relatar todo el horror de los campos, pero la integridad del testimonio pertenece a quien no sobrevivio, a quien sufrio hasta sus consecuencias mas extremas el caracter absoluto del exterminio (19).

Eso no quiere decir que el testimonio de los sobrevivientes no sea fidedigno, mas bien atane al problema hermeneutico de las condiciones de produccion de cada testimonio y de sus evoluciones a lo largo del tiempo (20):
      Hablar de lo inenarrable (o de lo inefable o de lo impensable)
   cuando se hace referencia al propio horror, o cuando hay una
   experiencia que pugna por hacerse visible (comunicable, esto es,
   intersubjetiva, humana), es legitimo porque la supervivencia del
   sujeto como tal esta en juego. Pero hablar de lo mismo a proposito
   de lo ya vivido por otros es convertir el dolor en el problema de
   su expresabilidad, esto es, equivale a transformarlo en un problema
   de metodologia o, tanto da el matiz, de critica literaria (21).


En cierto sentido, los limites de la representacion de las formas mas extremas de la violencia del siglo XX remiten a la imposibilidad de un dialogo entre los vivos y los muertos, lo que haria imposible el testimonio e indecible la experiencia de una realidad que de alguna manera sobrepasa su propio registro factico. No se trata, por supuesto, de afirmar que una tragedia colectiva es incomprensible, indescriptible o inexpresable, y de renunciar a su posible inteligibilidad. Al contrario: significa poner el intento de descifre en aquel umbral critico donde el lenguaje tiene que someter cada enunciado a la prueba de una imposibilidad de decir (22).

En la busqueda de lo no-dicho, Michel de Certeau reconocia el reto mas ambicioso de la operacion historiografica, en el cual la puesta en juego es tan alta que los historiadores del presente deben de utilizar todos sus recursos, incluso los existenciales y subjetivos, para oponer su propia verdad --caduca pero impregnada de experiencias tejidas de continuo por "la referencia al pasado (retrospectiva) y la atencion al futuro (prospectiva)" (23) -- a la "banalizacion contemporanea del fenomeno memoria/historia", siendo "la apropiacion mediatica por parte de quienes no han vivido el horror [...] una forma superior de traicion" (24).

La Espana exangue del 1936 --segun dijo Malraux-- tomo conciencia de si misma en las atrocidades, y la revelacion de su destino tuvo lugar por medio de la experiencia de la guerra civil: el mismo siglo XX fue sometido en sus fibras mas reconditas al paradigma y a la semantica del conflicto (25). Por todo ello, se impone --como punto esencial de una "historia vivida" (26) -- rastrear la raiz escondida de nuestro presente, es decir, la silenciosa ausencia de quienes fueron borrados por el horror:
   el ausente es tambien la forma presente del origen. [...] El
   discurso tiene por definicion el ser un decir que se apoya sobre lo
   que ya paso completamente; hay propiamente un comienzo que supone
   un objeto perdido; tiene por funcion ser, entre los hombres, la
   representacion de una escena primitiva borrosa pero todavia capaz
   de organizar. El discurso se apoya tambien sobre la muerte, a la
   cual postula, pero que es contradicha por la practica historica.
   Porque hablar de los muertos es al mismo tiempo negar la muerte y
   casi desafiarla. [...] Un juego de vida y muerte se desarrolla en
   el tranquilo fluir de un relato, resurreccion y negacion del
   origen, revelacion de un pasado muerto y resultado de una practica
   presente [...] hacen del lenguaje la huella siempre permanente de
   un comienzo tan imposible de encontrar como de olvidar (27).


No hay, creo, lugar mas propicio y, al mismo tiempo, peligroso que este irreprimible "caracter tetrico de la historia" (28) para aprovechar la "confusion de generos y estilos" (29) que es un rasgo incontestable de la posmodernidad; tal vez el limite de la representacion --segun el etimo, linea de frontera y de mutua relacion-- sea el contexto problematico en el que el discurso historiografico pueda cruzar sus herramientas con las del pensamiento literario, distintas y complementarias.

Resulta iluminante, en este sentido, la experiencia de Juan Benet, el cual acaricio durante toda su vida la idea de escribir una historia de la guerra civil, abandonando al final el proyecto para dejarnos su mas extraordinaria transfiguracion literaria, Herrumbrosas lanzas; frente a la crisis de los valores y de las categorias de la modernidad, del progreso y del racionalismo, Benet eligio el nihilismo tragico del rechazo de cualquier logos decidido a proporcionar una explicacion general de la violencia, destinada al fracaso logico y epistemologico (30). La erosion narrativa de la posibilidad de construir un discurso univoco sobre la guerra (31) correspondia a la crueldad --incomprensible en su "corazon de tiniebla" e incontenible en sus impulsos mas perversos-- de la historia humana, donde lo que quedaba al arte literario (que "no pretende en ningun momento separarse del destino del hombre; no pretende conocerlo, en sentido cientifico" (32), sino "describir la ruina" (33)) era tan solo el relato de la muerte, de la inestimable singularidad de las infinitas muertes:
      Lo trasmisible y comun cuenta poco para ella y su tema preferido
   es todo aquello que muere sin el sujeto particular de su narracion y
   que, por consiguiente, no se volvera a repetir. No solo saca todo
   su partido de la muerte, sino que sin la condicion de finitud de
   tal manera carece de interes el sujeto que ella misma quedaria sin
   objeto, privada de la funcion memorial. Asi pues, la muerte es la
   frontera que separa la literatura del pensamiento; una frontera y
   una valvula (34).


Palabras en las que resuena incluso la huella movediza de "la vuelta al sujeto, o del sujeto, [como] suele decirse con cierto equivoco" (35), la cual caracteriza el reciente desarrollo de la historiografia: si su mas arduo cometido es intentar devolver la voz a los muertos, la imaginacion historiografica podra entonces alimentarse --asi abriendo una brecha en los pasados posibles aparentemente mas insondables e impenetrables (36) -- de la ficcion, cuyo etimo, fingere, significa --ademas de inventar-- hacer y modelar, y remite a una poiesis, sea literaria o historica.

2) Desde cuando Eduardo Mendoza estreno --con La verdad sobre el caso Savolta, 1975-- el posmodernismo literario en Espana, utilizando los subgeneros de la novela negra y del folletin para dibujar la sociedad barcelonesa a finales de la segunda decada del siglo XX, la ficcion literaria ha adoptado infinitos disfraces para abordar la realidad --y a menudo el pasado-- espanola. La pugna anti-realista --conducida contra los tintes costumbristas por el vanguardismo de Luis Martin Santos, el perfeccionismo tecnico de Rafael Sanchez Ferlosio y el gran estilo de Juan Benet-- hallo nuevos interpretes y nuevas aproximaciones al pasado en la epoca posmoderna: si los amplios recorridos por la historia espanola de Mendoza nunca se acercaron a la guerra civil, muchos escritores han conseguido combinar la busqueda de una tradicion "no necesariamente castiza" (37) con la reflexion sobre las heridas mas sangrientas de su propio pais.

A novelas fundamentales de los anos ochenta como, por ejemplo, El siglo de Javier Marias (1983), Beatus ille de Antonio Munoz Molina (1986) y Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares, se sumaron, a finales de los noventa, textos hibridos y mestizos que --a partir de Negra espalda del tiempo (1998) del mismo Marias-- han empleado materiales reales para alumbrar temas y problemas frecuentados tambien por los historiadores, ensenando fuentes documentales, proporcionando, a veces, un conocimiento verosimil de los acontecimientos contados, y hasta desafiando la historiografia en su propio terreno, esto es, la hermeneutica y la reconstruccion indiciaria del pasado.

Aunque hayan sido publicadas algunas novelas marcadas por una vision demasiado emotiva de la guerra civil --"lo que significa una cierta perdida --otra vez-- de lo historico a favor de lo sentimental" (38) -- como La voz dormida (2002) de Dulce Chacon y, parcialmente, Soldados de Salamina (2001) de Javier Cercas, hay que destacar "la persistencia de una dura linea de ruptura, tanto con la tergiversacion reaccionaria como con el pensamiento oficial de centro-izquierda" (39), la cual procede a lo largo de un fecundo camino de invencion/investigacion narrativa. En este sentido resalta, a mi juicio, Enterrar a los muertos de Ignacio Martinez de Pison (2005) --escritor nacido en 1960 y perteneciente a la generacion inmediatamente posterior a los novisimos--, que se vale tan solo de referencias reales y cotejos documentales para reconstruir las vicisitudes de la desaparicion de Jose Gil Robles, traductor de John Dos Passos y profesor de Filologia espanola en la Johns Hopkins University, asesinado por los servicios secretos sovieticos en 1937.

Sorprendido en Madrid junto a su familia por el alzamiento del 18 de julio, Robles se habia incorporado en seguida a la administracion de la Republica, siendo destinado al cargo de traductor por sus conocimientos del ruso. Unas semanas despues de haberse mudado a Valencia junto al Gobierno, para seguir trabajando en la Embajada sovietica, desaparecio, y de el no se supo nada mas. Asi pues la novela sigue las peripecias de John Dos Passos, que intento enterarse --sin exito-- del destino de su amigo, y las duras pruebas afrontadas por los supervivientes de la familia Robles, que tardaron muchos anos en conseguir esquivar la encrucijada de las persecuciones franquistas y sovieticas.

Ademas, delinea las circunstancias de la ruptura de la amistad entre Hemingway y Dos Passos, justamente debida al desengano del primero hacia los comunistas y la naturaleza represiva de la intervencion sovietica en la guerra civil, mientras que el segundo no tuvo ninguna compasion por la suerte de Robles. Martinez de Pison no manifiesta ninguna simpatia por el apoyo incondicional que muchos intelectuales dieron a la labor sovietica en Espana, pero tampoco aprueba las lecturas revisionistas de lo acaecido, como la de Stephen Koch, cuyo libro --El fin de la inocencia. Willi Munzenberg y la seduccion de los intelectuales-- es sometido por el escritor a una critica historica muy puntual, lo que no hizo Munoz Molina, el cual en Sefarad (2001) utilizo el ensayo de Koch sin rechazar sus postulados mas tendenciosos. La calidad mas persuasiva de la novela es la ausencia de cualquier aparato conmemorativo, pero ante todo la prematura desaparicion en el relato de Jose Robles --y realmente no hubiera podido ser de otra manera, si mi lectura es pertinente--, porque el verdadero protagonista no es Dos Passos, sino la vida inerme de un hombre cuyo papel deriva de su condicion de alguien que ha sido y corre el peligro de convertirse por medio del olvido en lo que no es mas (40), tanto que de el no se puede producir ni un certificado de defuncion ni un entierro, a cuya necesidad simbolica y reparadora alude el titulo del libro.

La novela pone a disposicion de una escritura sobria y eficaz, como decia, una investigacion bibliografica y archivistica ejemplar, que no produce una obra historiografica, sino mas bien "la aparente elaboracion directa de unos cuadernos de trabajo" (41) acerca de un reportaje historico. La insercion en el texto de fotografias y vinetas --dibujadas por el mismo Robles-- y la presencia de bibliografia y notas finales --ademas de un apendice sobre la represion del POUM-- destacan el genero mixto y fronterizo (42) al que pertenece Enterrar a los muertos, cuyos rasgos mas notables son: la busqueda de un camino literario hacia lo indecible; la participe evocacion de los muertos y de las vidas desarraigadas por la violencia del siglo; la "posmodernidad etica", que no significa relativismo moral, sino "perdida de la inocencia" (43); la conciencia de hablar aqui y ahora, es decir, de todo lo que entrana la distancia temporal (44); la eleccion de no adoptar estrategias manipuladoras para recomponer la fractura entre pasado y presente.

Frente al problema de la representacion de los eventos-limite y de la inadecuacion de la forma realista (45), filosofos, historiadores y criticos han ideado distintos entramados que, sin traicionar la memoria de las victimas y el respeto a sus sufrimientos, intenten proporcionar alguna expresibilidad a lo no-dicho. Hayden White propuso (46) --con relacion a las teorias de Roland Barthes y Jacques Derrida-- el concepto de "voceidad (voicedness) media", comparable a la actitud del narrador posmoderno. Segun el estudioso norteamericano, las tramas de la literatura contemporanea presentan unas afinidades con la opacidad de los acontecimientos mas tragicos del siglo XX: en este sentido, la escritura intransitiva de Barthes, que el refiere a la forma media del griego antiguo --es decir, una voz que no es ni activa ni pasiva--, puede constituir una modalidad de expresion a traves de la que el autor (el historiador) consigue desaparecer como "autor" del relato, y con el cada vision exterior:
   podriamos considerar que con la escritura intransitiva debemos
   intentar establecer algo asi como la relacion respecto del
   acontecimiento expresada en la voz media. Esto no quiere decir que
   deberiamos abandonar el esfuerzo de representar el Holocausto de
   manera realista, sino, mas bien, que nuestra nocion acerca de lo
   que constituye la representacion realista debe ser revisada para
   dar cuenta de aquellas experiencias que son unicas en nuestro siglo
   y para las que los viejos modos de representacion han demostrado
   ser inadecuados (47).


Por medio de esta forma --la cual se acerca a la reflexiva-- la voz del autor se da a conocer en la interioridad de la accion y del texto (48): el narrador de Enterrar a los muertos --el mismo Martinez de Pison-- capta con una voz media muy moderada la dificultad de representar el abismo tragico de la violencia, asi que no se coloca como autor externo y omnisapiente, sino como sujeto involucrado en la creacion de un texto en el que rinde cuenta del progresivo desarrollo de sus conocimientos y sus hipotesis. Por lo tanto, el evento, el proceso de la investigacion acerca de este y la complejidad de su representacion son, al mismo tiempo, los objetos indivisibles de una obra abierta que "rechaza las distancias entre el escritor, el texto, aquello de lo que se escribe y, finalmente, el lector" (49) y ensena el papel aun activo del pasado en el presente.

Si la imposibilidad de un dialogo entre interior y exterior, vivos y muertos, hace imposible el testimonio e indecible la experiencia, Ignacio Martinez de Pison, erigiendo en mudo protagonista de su novela a quien desaparecio y siguio existiendo en el presente de los vivos tan solo como imposibilidad de comprender, ha escrito algunas paginas que quizas atraviesan aquel umbral entre pasado y presente donde es, a veces, posible cumplir con la silenciosa peticion de verdad que surge del corazon de aquellas barbaries y representa la obligacion esencial de cualquier reflexion acerca del hombre, de su historia y de sus controvertidas memorias.

Fabrizio COSSALTER

Universidad de Padua

(1) Cuyos aspectos mas notables son discutidos en FOSTER, Hal (Ed.): La posmodernidad, Barcelona, Kairos, 1985.

(2) LYOTARD, Jean-Francois: La condition postmoderne, Paris, Minuit, 1979.

(3) CRUZ, Manuel: Las malas pasadas del pasado. Identidad, responsabilidad, historia, Barcelona, Anagrama, 2005, p. 163.

(4) Sobre el que ha escrito paginas esenciales TODOROV, Tzvetan: Memoire du mal Tentation du bien, Paris, Robert Laffont, 2000.

(5) Desde el libro pionero de AGUILAR FERNANDEZ, Paloma: Memoria y olvido de la guerra civil, Madrid, Alianza, 1996, hasta AROSTEGUI, Julio y GODICHEAU, Francois (Eds.): Guerra Civil. Mito y memoria, Madrid, Marcial Pons, 2006 y BERNECKER, Walter L. y BRINKMANN, Soren: Kampf der Erinnerungen. Der Spanische Burgerkrieg in Politik und Gesellschaft 1936-2006, Nettersheim, Verlag Graswurzelrevolution, 2006.

(6) ASSMAN, Aleida: Ricordare. Forme e mutamenti della memoria culturale, Bologna, Il Mulino, 2002, pp. 145-161.

(7) Segun la reflexion imprescindible de RICOEUR, Paul: La memoire, l'histoire, l'oubli, Paris, Seuil, 2000.

(8) TODOROV, Tzvetan: Les abus de la memoire, Paris, Arlea, 1995.

(9) RICOEUR, Paul: Ricordare, dimenticare, perdonare. L'enigma del passato, Bologna, Il Mulino, 2004, pp. 81-83.

(10) AROSTEGUI, JULIO: "Traumas colectivos y memorias generacionales: el caso de la guerra civil", en AROSTEGUI, Julio y GODICHEAU, Francois (Eds.): Guerra Civil ..., Op. cit., pp. 57-92.

(11) KOSELLECK, Reinhart: Futuro pasado. Para una semantica de los tiempos historico, Barcelona, Paidos, 1993.

(12) VILLANUEVA, Dario: "Los marcos de la literatura espanola (1975-1990): esbozo de un sistema", en RICO, Francisco: Historia y critica de la literatura espanola, IX, Los nuevos nombres: 1975-1990, Barcelona, Critica, 1992, pp. 5-6.

(13) CRUZ, Manuel: Las malas pasadas del pasado ..., Op. cit., p. 164.

(14) AGAMBEN, Giorgio: Homo sacer. Il potere sovrano e la nuda vita, Torino, Einaudi, 2005, pp. 124-127.

(15) Sobre el caracter "total" de la violencia, vease SOFSKY, Wolfgang: Saggio sulla violenza, Torino, Einaudi, 1998 (recien traducido al espanol por Abada).

(16) AGAMBEN, Giorgio: Homo sacer ..., Op. cit., pp. 185-211.

(17) AGAMBEN, Giorgio: Quel che resta di Auschwitz. L'archivio e il testimone, Torino, Bollati Boringhieri, 1998, pp. 7-10.

(18) MAINER, Jose-Carlos: Tramas, libros, nombres. Para entender la literatura espanola, 1944-2000, Barcelona, Anagrama, 2005, p. 96.

(19) LEVI, Primo: I sommersi e i salvati, Torino, Einaudi, 2003 [1986], pp. 3-167 y AGAMBEN, Giorgio: Quel che resta di Auschwitz ..., Op. cit., pp. 13-36.

(20) Vease a proposito, WIEVIORKA, Annette: L'Ere du temoin, Paris, Plon, 1998.

(21) CRUZ, Manuel: Las malas pasadas del pasado ..., Op. cit., pp. 191-192.

(22) AGAMBEN, Giorgio: Quel che resta di Auschwitz ..., Op. cit., pp. 37-80.

(23) HERNANDEZ SANDOICA, Elena: "El presente de la historia y la carambola del historicismo", en HERNANDEZ SANDOICA, Elena y LANGA, Alicia (Eds.): Sobre la historia actual. Entre politica y cultura, Madrid, Abada, 2005, p. 315.

(24) HERNANDEZ SANDOICA, Elena: Tendencias historiograficas actuales. Escribir historia hoy, Madrid, Akal, 2004, p. 534.

(25) Vease a proposito, BADIOU, Alain: Le siecle, Paris, Seuil, 2005.

(26) AROSTEGUI, Julio: La historia vivida. Sobre la historia del presente, Madrid, Alianza, 2004.

(27) DE CERTEAU, Michel: La escritura de la historia, Mexico D. F., Universidad Iberoamericana, 1993, p. 63.

(28) BENET, Juan: Sobre el caracter tetrico de la Historia, en Puerta de tierra, Barcelona, Seix Barral, 1970, p. 191.

(29) GEERTZ, Clifford: "Generos confusos. La refiguracion del pensamiento social", en Conocimiento local. Ensayos sobre la interpretacion de las culturas, Barcelona, Gedisa, 1994.

(30) PITTARELLO, Elide: "Juan Benet. 'Scrivo perche non so esporre le cose'", en PIETROMARCHI, L. (Ed.): La trama del romanzo nel '900, Roma, Bulzoni, 2002, pp. 175-200.

(31) BENSON, Ken: Fenomenologia del enigma. Juan Benet y el pensamiento literario postestructuralista, Amsterdam-New York, Rodopi, 2004, pp. 154-164.

(32) BENET, Juan: "La deuda de la novela hacia el poema religioso de la antiguedad", en Del pozo y del numa, Barcelona, La Gaya Ciencia, 1975, p. 30.

(33) BENET, Juan: "El azar", en Cartografia personal, Valladolid, Cuatro, 1998, p. 68.

(34) BENET, Juan: "La deuda de la novela hacia el poema religioso de la antiguedad", art. cit., p. 25.

(35) HERNANDEZ SANDOICA, Elena: El presente de la historia ..., Op. cit., p. 287.

(36) Como en SERNA, Justo: Pasados ejemplares. Historia y narracion en Antonio Munoz Molina, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004.

(37) Me refiero a la conocida conferencia de MARIAS, Javier: "Desde una novela no necesariamente castiza", en Literatura y fantasma, Madrid, Alfaguara, 2001, pp. 51-69.

(38) MAINER, Jose-Carlos: "Para un mapa de lecturas de la guerra civil", en Letra internacional, 89, 2005, p. 29.

(39) Ibid.

(40) BODEI, Remo: L'arcipelago e gli abissi, introduccion a RICOEUR, Paul: Ricordare, dimenticare, perdonare ..., Op. cit., pp. VII-XVII.

(41) MAINER, Jose-Carlos: "Para un mapa de lecturas de la guerra civil", art. cit., p. 30.

(42) Segun el intercambio de codigos caracteristico de la literatura posmoderna, como destaca CESERANI, Remo: Raccontare il postmoderno, Torino, Bollati Boringhieri, 1997, pp. 135-139.

(43) MAINER, Jose-Carlos: Tramas, libros, nombres ..., Op. cit., p. 96.

(44) Sobre la que, vease GINZBURG, Carlo: Occhiacci di legno. Nove riflessioni sulla distanza, Milano, Feltrinelli, 1998, pp. 171-193.

(45) Vease a proposito WHITE, Hayden: "El valor de la narrativa en la representacion de la realidad", en El contenido de la forma. Narrativa, discurso y representacion historica, Barcelona, Paidos, 1992, y la posicion contraria de GINZBURG, Carlo: Rapporti di forza. Storia, retorica, prova, Milano, Feltrinelli, 2000, pp. 13-86 e Il giudice e lo storico. Considerazioni in margine al processo Sofri, Torino, Einaudi, 1991.

(46) WHITE, Hayden: "La trama historica y el problema de la verdad en la representacion historica", en El texto historico como artefacto literario, Barcelona, Paidos, 2003, pp. 189-216.

(47) Ibid., pp. 214-215.

(48) Vease a proposito, CESERANI, Remo: Raccontare il postmoderno ..., Op. cit., pp. 125-135.

(49) Berel Lang, citado en WHITE, Hayden: "La trama historica y el problema de la verdad en la representacion historica", art. cit., p. 207.
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Author:Cossalter, Fabrizio
Publication:Cuadernos de Historia Contemporanea
Date:Jan 1, 2006
Words:4902
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