Printer Friendly

A la busca de un lugar en el mundo: Los Abel, primer Bildungsroman de Ana Maria Matute.

La precocidad literaria es una de las cualidades que mas han distinguido a Ana Maria Matute. Como ella ha revelado, los castigos en el cuarto oscuro originaron los primeros escarceos narrativos en su ninez; mas adelante, en la adolescencia, los ejercicios cristalizarian con la publicacion de cuentos en el semanario Destino. Por estos antecedentes, no es de extranar que a los veintidos anos dieta a conocer su primera novela, Los Abel (1948), mencion especial en el Premio Nadal de 1947; su caso es parecido al de Carmen Laforet, que con veinticuatro anos publicara Nada, opera prima galardonada con el primer Nadal en 1944.

Aunque pertenecientes a distintas promociones literarias, tanto Matute como Laforet destacan en la inmediata posguerra por coincidir en la practica de un subgenero novelesco que la tradicion ha denominado como Bildungsroman de protagonista femenino, ficciones donde se narran historias en las que el acceso a la madurez y el proceso de formacion del sujeto son pivotes de sus construcciones argumentales. (1) A traves de la focalizacion de unas iniciadas inconformistas que se enfrentan a los encorsetados ambitos sociales y familiares implantados por el nacionalcatolicismo, se ponen de manifiesto la adquisicion de experiencias y la problematica de una educacion femenina asentada en la religiosidad, la represion, el sacrificio, la obediencia y el silencio. Estas novelas escritas por mujeres sobre mujeres imponen una quiebra en la tipologia de heroinas, pues no se trata de tipicas jovenes que ven su realizacion en el casamiento, el hogar y la reproduccion, ni buscan cobijarse bajo la sombra protectora del varon, tal como intentara educarlas la Seccion Femenina de Falange. Son chicas "raras" (cf. Martin Gaite, 1987b: 94) que padecen la orfandad traducida a una orfandad del espiritu derivada de la ausencia de guias o modelos dignos de imitarse; en ninguna de estas novelas de aprendizaje existe la resolucion feliz, como en las novelas del corazon, sino que el asesinato, la traicion, la incomunicacion, el desamparo, la reprimenda, la guerra y los destinos inciertos planean sobre las experiencias dolorosas de las adolescentes luciernagas que van "dando tumbos en el vacio" y van "cayendo en el vertigo, tras una parpadeante esperanza" (Matute, 1993: 277).

Por los anteriores senalamientos, destacamos que en la primera novela de formacion publicada por Matute, asi como en otros relatos de la posguerra, son visibles las correspondencias entre la historia y la filosofia. La narradora protagonista de Los Abel se halla inmersa en una doble encrucijada dictada por la temporalidad: la referencial historica y la existencial. La primera temporalidad nos presenta una victima marcada por el azote de la violencia fratricida (alusion a la guerra civil), un "ser-marcado-por-el-pasado" de su circunstancia historica que remite tambien, oblicuamente, a la idiosincrasia de la epoca en que es publicada la novela: el primer franquismo. (2) La segunda nos dirige al tiempo existencial de la inmadura protagonista: una etapa signada por la incertidumbre y el aislamiento, por la conciencia de la finitud y el "aprender del padecer" del sujeto que va formandose una concepcion del existir, a traves de diversas experiencias. Todas estas situaciones plasmadas en escritura proyectan un ser moldeado para la autonomia y la independencia.

Valba Abel: La escritura de un proceso de autoconclenclaclon

En los primeros cuatro apartados de Los Abel, una voz masculina declara sus obsesivos deseos por emprender el viaje hacia un pueblo montanoso de su infancia, lugar donde residian unos parientes de su madre. Su empeno es llevado a la practica, y no solo recorre los escenarios del "reino de los Abel," sino que escucha los testimonios de la gente que los conocio para reconstruir un pasado tamizado por la envidia, el odio y la barbarie. Pero mejor suerte no pudo tener el relator anonimo cuando alquila la casa abandonada de su parentela y encuentra, en el fondo de un escritorio, las confesiones de Valba Abel; la reproduccion de este manuscrito abre el protagonismo discursivo de la joven, desde el capitulo quinto hasta el final del relato. Esta articulacion estructural proporciona una vision mas completa del clan Abel: la primera parte, la correspondiente al narrador, muestra los recuerdos y los juicios de los otros desde afuera, mientras que la segunda seccion, el manuscrito contenido entre las frases "Y esto fue lo que lei" (Matute, 1998: 34) y "Esto fue lo que lei" (234), descubre ese microcosmos familiar y personal vislumbrado desde dentro, focalizado y narrado, a veces en tono iracundo, (3) por una autora ficticia que, al referir sus vicisitudes, adquiere la autoconciencia que le permite urdir una voz y una identidad propias.

En Los Abel, Matute plantea una estrategia narrativa que va mas alla del legajo liberado del abandono; la funcion del narrador anonimo simboliza la preocupacion humana que intenta rescatar y rehacer con objetividad las teselas de la memoria historica, para explicarse los hechos e impedir que se diluyan en el olvido: "Quisiera volver alli y conocer la verdad de todo aquello" (Matute: 13). Por otra parte, el yo narrador de Valba confiesa, racionaliza y cuestiona acciones propias y ajenas. Pero no se trata tan solo de exhibir en la escritura sus sentimientos y anhelos; en la autoconcienciacion, la voz busca los rastros de su ser, ya que la confesion es un acto en el que el sujeto se revela por entero a si mismo, por horror de su ser a medias y en confusion (cf. Zambrano, 1998: 16). El dolor por comprender y comprenderse motiva la confesion de Valba; la fuerza de la desesperacion la obliga a hablar de si misma para ir dando cuenta de su formacion (cf. Zambrano, 1998: 19). Por eso, el pesar de las variadas experiencias es el autentico leitmotiv que impulsa a la iniciada a redactar sus percepciones, pues el verdadero aprendizaje es derrocador de falsas expectativas, es doloroso y desagradable, reflexion resumida en la formula "aprender del padecer" de Hans-Georg Gadamer (cf. Gadamer, 1977: 432). En Los Abel cada nuevo aprendizaje traza en su protagonista rastros de frustracion y sufrimiento; es el precio de acceder a la madurez, al buen juicio que, como senala Gadamer, supone un momento de autoconocimiento que en su devenir va forjando al ser humano.

Valba es una presencia-ausencia en la narracion; sus evocaciones inician cuando esta a punto de desertar de la casa familiar que enmarca su mas ingrato recuerdo: el crimen entre hermanos. En la retrospeccion subraya: "No quiero envejecer aqui, no quiero arrastrar decadencias a lo largo de nuestra escalera de madera" (Matute, 1998: 35). (4) Por esta confesion sabemos que en el presente narrativo Valba es un conjunto de rollos emborronados con los conflictos familiares que protagonizo y presencio en los anos de su primera juventud; pero Valba es tambien una mirada profunda e insatisfecha convencida de la fuga. De este modo, la narradora trunca sus reminiscencias y perfila un camino incierto para ella; los lectores ignoramos sus derroteros al dejar el manuscrito al lado de un reloj de plata, un anillo y una baraja, como si no pretendiera llevarse nada que reviviera su atormentado pasado, como si el suyo fuera un exilio sin rumbo fijo y sin retorno, un marcharse para seguir por otras latitudes su historia.

La narracion de Los Abel, a veces entrelazada por la libre asociacion de ideas o por un tono lirico, es la de una protagonista vencida y perdedora por sus circunstancias, de ahi que la cadena de sus infortunios clame venganza y pida narracion, quizas para que la memoria de la infamia permanezca y nunca se desdibuje en la conciencia de los otros (cf. Ricoeur, 1995: 145). El yo narrador de Valba se desdobla en la escritura para contemplar, como en un espejo, a su yo narrado; en la introspeccion formula preguntas cuyas respuestas encuentran acomodo en la hoja en blanco, espacio textual intimo en el que la conciencia ausculta y juzga la etapa de busqueda de un sitio en el mundo.

Una conciencia disidente

En los Bildungsromane, cada vivencia es un momento de revelacion para los protagonistas, cada despertar expande sus miradas para darse cuenta del inhospito mundo circundante, pues el vinculo entre el individuo y la sociedad se caracteriza por la escision, el desgarramiento, la culpa reciproca y la incomunicacion (cf. Magris, 1999: 23). En las novelas de aprendizaje con protagonista femenino acontece con mayor crudeza el choque de los ideales con las tendencias del medio; esto es asi, porque la armonia entre el sujeto femenino y el contexto con valores patriarcales en el que se desenvuelve, es inalcanzable. Las conductas transgresoras de las heroinas tienen su razon de ser en la no complacencia con el destino que les ha dictado la sociedad de su momento historico; acaso representan la insatisfaccion que la mujer escritora vuelca inconscientemente en sus ficciones al contrastar sus aspiraciones personales con la cerrazon colectiva (cf. Galdona Perez, 2001:195).

En este sentido, la narradora de Los Abel manifiesta, desde las primeras lineas de su relato, su problematicidad al confrontar con las chicas aldeanas sus propias pretensiones; quizas por eso Eloy expresa que nunca pudo odiarla ni comprenderla, y a la propia Valba comunica que es "una criatura rara" (Matute, 1998: 75). Al sentirse inadaptada, poco despues de la muerte de su padre, emprende un viaje de evasion hacia la ciudad para conocer mas alla de su tosco circulo; ahi obtiene la experiencia amarga de su educacion sentimental, decepcion que la devuelve a la aldea.

La historia que la chica irascible desmenuza se origina a sus catorce anos, cuando a la muerte de su madre, Aldo, el mayor de los Abel, la recoge del colegio de monjas para reintegrarla a la casa paterna. Su internado en el convento transcurre desde los seis anos, y poca impresion parece haberle ocasionado la reclusion, ya que en su relato apenas menciona la formacion religiosa. Poca piedad cristiana reconoce en ella; se sabe duena de un corazon que "solo sabia banarse de amargura" (Matute: 186), (5) se sabe poseedora de un rispido caracter, al que ni el cementerio ni las flores sobre las tumbas conmueve.

El patriarca del clan no es el pusilanime padre, sino Aldo, y la madre solo es una borrosa imagen. El desorden de su estirpe, su caracter impulsivo y contradictorio, sumado a la vida inutil y sin expectativas de ese anonimo pueblo, mantiene a la muchacha en la idea fija de marcharse definitivamente. Su inquietud por renunciar a las ataduras de la tierra y a los lazos de la sangre, se manifiesta en Valba a los catorce anos, en la primera noche de Navidad con su familia. Un grito dentro de ella la sofoca y la obliga a salir al huerto nevado; en la boca del pozo le sobreviene el recuerdo de los juegos con la manivela y la rueda de hierro de la abertura, al lado de su hermano Tito. Luego mira la negrura azulada del cielo ("como el cabello y los ojos de Tito") y advierte las inciertas sombras proyectadas por los agonizantes destellos de un farol. Entonces, de pronto, eclosiona su instante de revelacion al sentir "que la infancia quedaba lejos, que se borraba y se perdia irremisiblemente" (Matute: 50). El ciclo de la ninez ha quedado atras para Valba e intuye su pertenencia a otra temporalidad: "Estaban muriendo y naciendo muchas cosas dentro de mi. Me queme en mis sentimientos y creci en aquella Nochebuena" (50). Este momento epifanico es crucial para la iniciada: gracias a la ocasion se le revela el sentido de un trozo de su vida que la deposita en otro estadio mental, en otra periodizacion de su existencia (cf. Prada Oropeza, 2007: 118). En ese invierno, en esa estacion cosmica se agostan los resabios de ninez que aun le quedan a la adolescente, y se marca su entrada al mundo para expandir su ser hacia la busca de un lugar en el concierto humano (cf. Bachelard, 1982: 179). La conciencia del cambio repercutira en las ansias persistentes por abandonar esa aldea cargada de gemidos de espera y de almas resecas y agrietadas.

El pretexto para bajar a la ciudad es llevar a su hermana menor al internado de monjas, el mismo donde estuvo recluida. Mientras espera el coche de linea que las trasladara, distingue un segundo momento epifanico; otra parte de su existir se ha superado y principia una nueva acumulacion de experiencias afines a su expedicion: "... senti que algo mio se quedaba encerrado tras las ventanas de nuestra casa. Se quedaba irremisiblemente viviendo alli, o tal vez muriendo [...] No habia conocido nada tan intenso, tan maravilloso como aquella huida" (Matute: 139). En este sentido, un componente transgresor de este Bildungsrornan es la quiebra de la tradicional ideologia patriarcal sobre los espacios tipificados: el ambito domestico para el sujeto femenino; la esfera publica para el varon. La fractura ocurre en Los Abel cuando la protagonista se desplaza y se independiza de las influencias familiares; se aventura por calles desconocidas y se vuelca en espacios ajenos a su lugar de residencia, conducta contraria al credo franquista que preparaba al nino para una carrera y a la nina para el matrimonio; por eso, se le educaba a esta para moverse dentro de un reducido circulo: el de la familia o el del pueblo (cf. Lutes, 2000:7).

El conflicto de Valba es que se sabe inutil y ociosa en la casa administrada por el primogenito. A la adolescente le basta oir las voces de los hombres para sentirse unida a la sangre, pero, por esa vida sin estimulos, siente palpitar dentro de ella la contrariedad: "Un impulso violento me cruzaba a latigazos; y a veces, deseaba acabar alli, en aquel mismo instante cara al suelo; y otras, en cambio, queria desligarme de todo: hasta de padre y hermanos y de aquella escalera nuestra que estaba siempre esperandome en la casa" (Matute, 1998:62). La fuerza del inconformismo de Valba estriba en la relacion confusa que mantiene con los espacios interiores y los parentescos. Las nuevas sensaciones que se enredan en su interioridad encuentran en el deseo de la huida el cauce de "un deseo inconcreto de liberacion. 'Necesito huir de todo lo conocido', pensaba. No era curiosidad hacia una vida diferente: mas bien un ansia a la que no veia limite posible" (Matute: 65).

Esa conciencia de la vida se manifiesta en Valba a traves de las paradojas que la jalonan. Su sentimiento navega en el laberinto de la integracion y la separacion, la ambivalencia propia de la pubertad que mueve a una constante lucha interna (cf. Lopez, 1995:64). En medio de esa disputa contempla la comedia de sus seres cercanos que tanto la hunden en la perplejidad: Juan y sus rencores por la cojera; Tito, sospechoso del incendio de la iglesia; Gus y sus devaneos artisticos; Tavi y su aspiracion por hacerse marino sin haber visto nunca el mar; Eloy, su pretendiente, una detestada presencia. Ese espectaculo desazona a Valba y se configura como un personaje de matices atormentados que considera que todo a su alrededor es estupido o monstruoso. El caos interior vulnera sus percepciones, eso la orilla a observar las vidas miserables de la gente del pueblo, y a sentir aun mas avidez por el mundo: "'Cuanto existe que no conozco --pense--, cuanto en que poder gemir y gozar; cuanto por sentir, recibir y dar aun'" (Matute: 77). En ese despertar de la conciencia siente que todo es un vortice de impresiones y reflejos que la oprimen y sofocan.

Los Bildungsromane crean a estos seres para acentuar las preocupaciones que se internan en las honduras del ser y trascienden las trivialidades. Valba no invierte tiempo en el arreglo personal ni en mirarse al espejo y, cuando lo hace, es para establecer una simbiosis entre el estado animico y la imagen: su baja autoestima se refleja cuando se dice que parece un cuervo, que sus ojos y su sonrisa no son agradables. Una apariencia poco agraciada que confirma el medico al recordarla con sus dientes filosos como pequenos punales; sobre su aspecto fisico tambien opina Aldo al comparar sus cabellos con los de un potro, y su padre no duda en reprenderla por su desatendida figura: "?Te miras alguna vez al espejo?, pues si lo haces ya me diras despues que te ha parecido esa cabeza llena de culebras negras [...] Cortate el pelo, deja ya de aranarte las piernas con los espinos y cuida mas de esa pequena que esta aprendiendo a reirse como tu. Pero ?que eres?; pero ?que sientes?" (Matute: 58). Valba, al igual que otras iniciadas de las narradoras de la inmediata posguerra, centra mas su atencion en contemplarse a si misma y en observar el medio exterior, cualidades que la distancian de la adolescente obsesionada por las apariencias.

La fortaleza de Valba se finca mas en el caracter, en la disposicion de animo que la impele a buscar otro ritmo de vida, mas alla de la casa, igual de inhospita que la aldea; su espiritu se agita en ese espacio que en otros terminos se configuraria como bienhechor, pero las descripciones demuestran lo contrario: "Las ventanas posteriores [...] se abrian hacia la herida proxima del barranco. Cuando veia aquello al atardecer [...] me invadia una sensacion aterradora, de poder sombrio y aplastante [...] Decia Aldo que la puerta aquella del zaguan estaba esperando el alud" (38). En el zaguan vemos condiciones de sotano, por consiguiente, es "el ser oscura de la casa, el ser que participa de los poderes subterraneos" y donde "la 'racionalizacion' es menos rapida y menos clara" (Bachelard, 1965: 49-50), como confirman las contrariedades y los resentimientos entre los hermanos. Valba retorna a ese lugubre ambito para vivir la desilusion de su tentativa amorosa en la ciudad. Un ambito poco grato en sus memorias, a las que carga de pesadumbre y de coraje; la extrana atmosfera de la casa al borde del abismo es el escenario de la hostilidad entre Aldo y Tito que concluye en la devastacion para Valba: la inmolacion de Tito por un reactualizado Cain, desastre anunciado por el propio Aldo cuando se referia al alud. Asi, el despertar de la adolescente se ve opacado por una tristeza que da el tono perfecto para el retrato de la decadencia de su familia (cf. Redondo Goicoechea, 2000: 20). Las tetricas pinceladas que detallan el agreste paisaje, delineadas tanto por la inicial voz de la novela como por Valba, trascienden lo meramente anecdotico para traslucir un caracter metafisico y funesto, pues en toda la narracion los colores sombrios crean el ambiente propicio para la detonacion de la tragedia (cf. Barrettini, 1961: 409).

La separacion del nucleo familiar se sella con la escena en la que Valba se moja la cara con la sangre derramada de Tito; es la representacion del dolor carnal y el quebrantamiento con el ultimo eslabon que la une con los suyos. El crimen entre hermanos ha llevado tambien a la critica a la interpretacion historica: el sangriento hecho es la recordacion de la guerra civil; el cainismo no es percibido como un concepto abstracto, sino como una clara referencia al conflicto fratricida. La ficcion de Matute descubre una vision del mundo que recrea la vivencia maniquea de la guerra que impregno una buena parte de su prosa y de toda su generacion literaria (cf. Redondo Goicoechea, 2000: 20). El "ser-marcadopor-el-pasado" es condicion historica que se impuso en las conciencias maduras de las autoras de la inmediata posguerra, seres que padecieron con el estallido de la violencia y con la imposicion de conductas que rigieron sus anos formativos, etapa dolorida que fue con posterioridad transformada en narracion. Asi lo corrobora Matute: "... en la guerra vi el primer muerto de mi vida, pero un muerto 'matado'. Eso fue para mi tremendo, pero ademas me descubrio el mundo, me abrio los ojos, y esos ojos ya no se pudieron cerrar [...] Vino la posguerra, que fue de represion, creci en un desierto espiritual donde todo estaba prohibido. Pero eso nos dio rebeldia, deseos de hablar, de decir, de explicar" (Ruiz Camacho, 1997: 2). Tanto la autora empirica como Valba son ese "ser-marcado-por-elpasado" que no pretende el olvido de las circunstancias; son "victimas cuyo sufrimiento pide menos venganza que narracion. Solo la voluntad de no olvidar puede hacer que [esos] crimenes [y esas vejaciones] no vuelvan nunca mas" (Ricoeur, 1996: 912).

En la conciencia de Valba se fragua un llamado, una insatisfaccion que la conduce a desenmascarar la falsedad de los valores y las creencias en que ha vivido (cf. Villegas, 1978: 96). Es un cuestionamiento de la existencia que la decanta para apartarse del mundo de sus mas ingratos recuerdos y la constrine a aprehender la verdadera experiencia que ensena a reconocer lo real, pues conocer lo que es, es "el autentico resultado de toda experiencia y de todo querer saber en general" (Gadamer, 1977: 433). Los lectores nos preguntamos por las intenciones de la protagonista; Valba aborrece su existir y no pretende representar esa vida en el futuro: no quiere vivir en perpetua ociosidad en la aldea, ni quiere parecerse a su vecina Emelina, la solterona insustancial y chismosa; no desea imitar a Jacqueline, una cursi sonadora, ni a Alicia, una mujer falaz; tampoco suena con casarse con un medico al que nadie respeta en el pueblo. En Valba hay desencanto y dolor, cierto, pero sus duras experiencias tambien han formado su caracter y sabe con certeza lo que no quiere a traves de lo que abomina. Con la experiencia tanatica que la impulsa a la erotica, y viceversa, la iniciada buscara por otros ambitos su autentico puesto en el mundo. Ese alejarse revela un profundo deseo de cambio interior y es testimonio de una insatisfaccion que impele a la busqueda y a la exploracion de otros horizontes (cf. J. Chevalier y A. Gheerbrant, 2003: 1067). Concordamos con Francisca Lopez cuando anota que la mejor recompensa para Valba es haber encontrado su propia voz y la serenidad de la madurez (cf. Lopez, 1995: 69), una formacion experimentada y dictada desde el padecer, una soledad desde donde cimienta un apasionante e intenso mundo interior. A traves de su iniciada protagonista, Matute cuestiona el modelo del credo franquista sustentado en la identificacion de la mujer con el amor, el matrimonio y la gestacion.

La dualidad en la conciencia: Entre el tiempo de la vida y el tiempo de la muerte

En la conquista de la verdadera libertad, la heroina del Bildunsgroman toma conciencia de si y le son revelados Eros y Tanatos, enves y reves del existir. Estas categorias que rigen la condicion humana, despiertan en las protagonistas exaltaciones que gravitan en sus aprendizajes y las catapultan hacia la busqueda del ideal amoroso, porque el amor comunica las primeras nociones de libertad, una necesidad-libertad que son categorias supremas del vivir (cf. Zambrano, 1993: 568). Valba no es excepcion y, alguna vez, contemplandose en el rio, habia pensado en el amor. Y esos pensares, a partir de su propia imagen, se ven encarnados en la figura de Eloy. Mas el medico no le infunde impresiones gratas; imagina sus manos como zarpas y piensa que el es la brutalidad, por eso siente lastima y repugnancia, un odio infundado hasta por su sonrisa que se le figura estupida. Sin embargo, Eloy es la representacion masculina que tiene mas proxima y es el primer hombre que la besa. Esta atraccion-repulsa es racionalizada por la adolescente: "El amor era el principio de la vida y parecia extrano que el amor de Eloy me apagase y me matara" (Matute, 1998: 101). Eloy representa lo que no quiere para el porvenir y barrunta a su lado una vida que se despenaria como la casa al borde del abismo, la agonia simbolica de la libertad.

Al aturdimiento del primer beso sobrevienen en Valba las incognitas por los roces de los cuerpos: Eloy insiste en acariciarle la mano y ella se cuestiona que para que querria apretar un manojo de nervios cubiertos de piel. Tampoco obtiene respuestas de la observacion de las pasiones de los otros: al contemplar los devaneos entre Tito y Jacqueline se siente incomoda "dandoles vueltas a los sentimientos ... Solo yo estaba alli, mirandolos a todos con una curiosidad eternamente insatisfecha, siempre lejos de ellos y obsesionada por ellos" (Matute: 107). Cuando escucha a Jacqueline confesarle que su hermano Aldo esta enamorado de ella, acuden los recuerdos de su primer acercamiento a lo voluptuoso: "Entonces recorde los besos de Eloy y sin querer empece a rechinar los dientes. !Que humillante me parecia el amor! [...] Ni siquiera comprendia por que unas veces el recuerdo de Eloy me arrancaba un crujido dentro del pecho, y otras un odio culpable" (Matute: 125).

La desazon por Eloy es atajada por Galo, el autentico forjador de su incipiente educacion sentimental. No obstante, su conciencia la contradice y se fustiga: "'No vas a dejarte dominar por un amor sin rumbo [...] Tu no has nacido para el amor'. Mas era inutil que me preguntase para que habia yo nacido" (Matute: 174-175). Aunque en un principio lo niega, Valba acaba reconociendo que el tiempo se detenia al lado de Galo, y acepta el sufrimiento que le infringen sus propias contrariedades y vacilaciones ocasionadas por el hombre que la cautiva. Sin embargo, mas adelante la imagen de Galo se entroniza en su interioridad, con tal persistencia que lo considera un lazo sanguineo, mas aun cuando se percata que las fraternidades se han quebrantado: "Yo no tenia hermanos; era un fragmento minusculo de una mala simiente que se pierde y se olvida, que se ignora entre si. Yo no tenia hermanos y era duena de mi sangre" (Matute: 200). Decirse que era duena de su sangre es para Valba asumir que es duena de su destino y de su libertad, lo que la impele a confesar que el restaurador era participe de lo mismo: "La libertad era yo. Y mi juventud gritaba: 'La libertad eres tu, Galo' [...]. Galo era la libertad, y su boca tenia un gusto amargo" (Matute: 200). El amor y la dulzura mudan a la protagonista; la joven se siente repleta de sensualidad y borra sus prejuicios al visitar al hombre que muy pronto partira de la ciudad. Esta decidida a dejar atras su vida anterior para fundir su sangre renovada con la del ser idealizado y hacer juntos un solo torrente. En la narracion percibimos la sensibilizacion de Valba para el nocturno ritual amoroso; la prosa de Matute se reviste de imagenes que sugieren la relacion corporea. Transcribimos las lineas poematicas que insinuan el erotismo de la escena en el piso del restaurador:

Asi me bebi toda la sangre de la noche, diciendome que desentranaria el porque del oro en los ojos de Galo, el porque de su sonrisa y tal vez de mi propia existencia [...] El amor iba edificando fortalezas, iba edificando la entrega, mas alla del brillo nocturno, tal vez en busca de las estrellas, tal vez en busca de la tempestad [...] No obstante, la noche se apago. Como la vida, como la carne, tampoco era eterna (Matute: 209).

Valba sabe que Galo colma sus apetencias, pero en sus ojos atisba que no la llevara consigo, porque no la ama, a pesar de que el hombre le advierte que el amor es importante para la existencia. El atrevimiento de Valba, ir en pos de un varon para ofrendarse a el, le confiere un estatus de heroina rebelde: ha cometido una falta contra la etiqueta, la moral y las buenas costumbres de su contexto social (cf. Fraai, 2003:151). Pero la experiencia dolorosa del amor deja en la protagonista una frustracion necesaria para la madurez; ha traspasado el quicio de la prueba carnal y del aprendizaje queda el padecer, pues el amor que es ansia de paraiso obliga a bajar a los infiernos para buscar ese resto de paraiso (cf. Zambrano, 1992: 291). Frente al vacio de la decepcion se aleja y retorna a la aldea con una total indiferencia hacia el mundo; nada la satisface: "Manana me ire de aqui... ?A que he venido...? [...] Pero seguia deambulando de un extremo a otro del huerto, sin siquiera poder detenerme en un recuerdo o banarme en una nostalgia [...] No me importaba el minuto, el dia, el ano siguiente" (Matute, 1998: 216). Para no dejar lugar a dudas, Matute remarca la crudeza del amor al que anade tintes mas tragicos, pues, de nuevo, Valba comprueba las desavenencias del sentir: Jacqueline se casa con Aldo por despecho a la infidelidad de Tito, situacion que mas tarde Aldo comprobara al reparar en la apatia de su mujer y que desencadenara, en un arrebato de celos y fiereza, el desastre familiar. La frustracion deja en Valba secuelas amargas y, despues de trasponer la experiencia erotica, se cree imposibilitada para desear en la madurez. Lo trascendente en ella es explorar el desencanto del amor revelado, del amor "juzgado por una conciencia donde no hay lugar para el, ante una razon que se le ha negado" (Zambrano, 1982: 22). No obstante, el desengano es para Valba un preceptor sin palabras, un verdadero aprendizaje para la muerte que persiste en la raiz humana (cf. Zambrano, 1993: 570).

Existir es un campo de encuentro entre el nacer y el morir. En la modelacion de su destino, la heroina inexperta entiende que Eros y Tanatos la consolidan en aquello que originariamente es: "yo, unidad, razon, corporeidad" (Abbagnano, 1955: 88). La relacion Eros-Tanatos corre por Valba de principio a fin del relato: de la vida pasa a la muerte, ora metaforica (Eloy), ora fisica (su padre), y de la muerte a la vida (su erotismo por Galo) para reencontrarse mas tarde con la muerte (su pasion por Galo, el asesinato de su hermano, el entierro de todo vinculo sanguineo), de la que huye hacia la vida cifrada en un incierto porvenir.

A pesar de su orfandad materna, es hasta que sube con su padre a la montana cuando se desencadena su autentica experiencia tanatica. El hombre cae fulminado por el esfuerzo y la joven testifica la humana realidad finita. En su interioridad se gesta la aprehension de la temporalidad y de la finitud: "!Senor, habia estado apagandose a nuestro lado, ano tras ano, dia tras dia, y nosotros no habiamos pensado que podia tener fin! [...] Nunca habia visto la muerte. Y aquel era mi padre, lo que quedaba de mi padre" (Matute, 1998: 132). La muerte es un golpe de conciencia que la anima a pensar en el existir, reflexion que la impele a una decision en medio del bosque, a determinar un rumbo en su vida y la comprension de que no posee todo el tiempo para elegir un lugar en el mundo: "Su muerte hacia mas patente mi vida: aquella vida mia que estaba traicionando [...] No; no era posible sumergirse en el amor de Eloy" (Matute: 133), un amor tanatico que la hundiria en la vida que ha ido aborreciendo; pretende tomar otra direccion, conocer mas el mundo para "amar, odiar, sufrir y reirse de vez en cuando. Era preciso arrancarle una voz a la existencia, aunque solo fuera una voz" (Matute: 133).

La perdida de su padre muestra a Valba la necesidad de completar su aprendizaje. Por eso, a la busqueda de su libertad, Valba se lanza hacia la ciudad a la que han marchado, previamente, dos de sus hermanos. La adolescente ha aprendido con la muerte del padre que su vida esta volcada hacia el futuro, y que no hay regreso; en su iluminado entendimiento "se desvela como pura ficcion la idea de que se puede dar marcha atras a todo, de que siempre hay tiempo para todo y que de un modo u otro todo acaba retornando" (Gadamer, 1977: 434). Valba siente la urgencia del tiempo, la vida insuflada de muerte. Es la emanacion de Eros que ha encarnado en su ahora, pero tambien percibe los mecanismos que rigen el mundo: "!Infinidad de seres que iban chocando unos con otros! [...]. ?No era todo un inevitable deslizarse hasta el fin?" (Matute, 1998: 181-182). En tanto ser finito, Valba obtiene de su escritura la autoconciencia de que "toda expectativa y toda planificacion [...] es a su vez finita y limitada" (Gadamer, 1977: 434). La condicion humana y su erratico y limitado recorrido dialoga con el lienzo pintado por su hermano Gus: hombres deformes que avanzan hacia el fin de sus dias, traspasados por saetas, bastones y bambues. Despues de visitar a Gus en la carcel, Valba intuye que su unica vocacion es vivir y que es preciso definirse. Su fracaso con Galo la hace deambular por la ciudad, como uno de esos rotos seres dibujados por el hermano; la amargura la obliga a percibir la finitud y su proyeccion hacia el porvenir carece ya de sentido; el espectaculo del mundo no vale sin esa querencia no correspondida: "volvere a tropezar con la tierra, me destrozare sobre la tierra de nuevo [...] que gran tedio el de la juventud, que gran tedio toda una vida aun por recorrer [...] Nacian y morian cuerpos. !Que ruina, que opresion, que gran estupidez!" (Matute, 1998: 210).

En la escena ultima de la novela, la disputa entre Tito y Aldo, Valba se identifica con el que ha sufrido por la tierra: "Aldo era la imagen de mi desesperacion, de mi existencia vacia, esteril, de mi ambicion deshecha [...] Aldo y yo eramos sombras, reflejos, ecos de la vida tan solo; eramos aquellas cenizas grises que parecian muertas" (Matute: 231). Al comparar la buena suerte de Tito con la afliccion de Aldo, Valba establece equivalencias entre la vida y la muerte. En su comprender, la heroina vislumbra los lazos deshechos; quedarse en la aldea seria emparedarse viva. Cuando Valba anuncia su marcha, cuestiona el tiempo difuminado: "?Por que estan tan proximas la llegada y la partida, el principio y el fin? ?Por que tan diferente y tan igual?" (Matute: 36). Como en todo ciclo, el aprendizaje de esa etapa de su existir ha concluido. El legado de Valba son las memorias donde consigna sus acres experiencias y su distanciamiento del arquetipo de la mujer tradicional; es el umbral para traspasar hacia una nueva condicion existencial, semejante a la del "novicio [que] emerge de su dura experiencia dotado con un ser totalmente diferente del que poseia antes de su iniciacion; se ha convertido en otro" (Eliade, 2000: 10), ya que, finalmente, ha adquirido una nueva nocion del mundo.

Memoria y escritura: la configuracion de una conciencia femenina

La primera novela de aprendizaje publicada por Matute es una narracion que escudrina la conversion del sujeto femenino, lo que propone "un conocimiento recapitulador: del ser que se era al ser que se es en el momento en que se escribe" (Caballe, 1995: 32). Es evidente que en Los Abel la relatora da muestras de su conciencia transformada, de las mudanzas de la personalidad y de la disposicion de su ser abierto al mundo; y es que el principio organizador de la novela reside en el caracter mismo de la heroina, su cambio y su desarrollo, una unidad dinamica de su imagen que proyecta su transformacion y su relacion con el devenir historico (cf. Bajtin, 1998: 212-214). Valba se subleva y abandona la pasividad y la resignacion que le reservaba el destino de su realidad sociocultural. No es una artifice de la historia estatica e inmutable, todo lo contrario: es un sujeto al que vemos evolucionar por la experiencia vital que lo moldea y forma (cf. Bajtin, 1998: 202), condicion que lo impulsa al encuentro de su socializacion en otro medio. Valba elabora su memorial para aclararse a si misma y, en cierta manera, para confesarse unos hechos vividos. A partir de que se reconoce en la palabra puede hablar de una identidad y una conciencia propias, de un lenguaje presidido por la introspeccion y por el afan de pesquisa; asi le sobreviene el vaciarse de todo para poner en evidencia su vida ante si misma (cf. Zambrano, 1989: 58).

Valba no se complace en continuar el rol social de su extinta madre, una mujer con ideas preconcebidas sobre el papel femenino en el hogar. Su imagen persigue a la adolescente por medio de una fotografia que Paula, la sirvienta, coloca en su cuarto; mas ella la esconde en un cajon. El recuerdo del caracter de su madre distinto al suyo, trasluce en las palabras de reprimenda: "Parece que seas un chico mas, Valba. Quiero saber que tengo una nina: ?por que, por ejemplo, no adornas un dia la mesa?" (Matute, 1998: 46). La joven se sabe predeterminada, por disposicion patriarcal, a ocupar el papel de la madre; por eso, al fallecer esta, su instruccion se interrumpe cuando la retiran del internado. Al retornar a la casa no sabe que esperan de ella, pero Aldo y el padre creen que se va a encargar de los demas hermanos y que asumira el rol de "angel del hogar." Pero Valba no se asume como el remedo de la ausente, no pretende olvidarse de si misma, como en un sacrificio; se rebela ante el designio: "Desde luego, nadie me necesitaba [...]. ?Pretendian acaso que yo sustituyera en la casa a aquella mujer que se reia cuando nos llamaban gitanos?" (Matute: 49). La heroina sabe que su puesto no esta en dirigir la casa, que las expectativas sobre su condicion de mujer la rebasan, y asi se lo hace sentir a Paula cuando le extiende las llaves de la propiedad. Su reaccion es de impotencia y rechazo al comprender "que pesaban mucho, que brillaban con una frialdad aplastante. Gobernar era arrastrarlas, como un grillete" (Matute: 85). Por eso, en uno de sus frecuentes raptos por marcharse de la aldea, rubrica la separacion con los origenes: rasga la foto de su madre, como una venganza por aquella vida esteril que les habia dado; es la ruptura con la figura materna, una distancia insalvable. Superado este simbolico acto de liberacion, la progenitora no vuelve a ser rememorada por la joven.

Otro indicio de la reticencia de la muchacha al prototipo femenino es cuando observa los juegos de Ovidia con sus cacharros y cintas de colores, y recuerda los broncos entretenimientos de su primera edad: "La verdad, yo, cuando tenia cinco anos, bajaba al bosque con los chicos y haciamos hornos de barro" (Matute: 42); esta confesion desliga a Valba de los divertimentos asociados con las ninas y la bosqueja como un ser con modales rudos, muy distintos a los que descubre en Ovidia a sus nueve anos, y que le sugieren un parecido fisico con su madre por su aire de "fragilidad que suavizada angulosidades" y por "sus manos doradas y suaves [en las que] habia una feminidad conmovedora" (Matute: 138). Pero tambien Valba advierte en su hermanita rasgos que la asemejan con ella, como la contraccion de la curva de la boca o el hosco movimiento de los parpados, justo las manifestaciones mas toscas de su persona. Es entonces cuando la joven decide ingresarla en el internado, el mismo donde ella estuvo recluida, porque era preciso entregarla --le escribe a las monjas--"para que [le] estranguleis [...] cualquier anhelo de vida, a fuerza de dulzona hipocresia" (Matute: 138). Valba no tiene duda: "Si, si. Era preciso enterrarla alli, para que no se pareciese a mi" (Matute: 138). La joven es consciente de que esas ansias de vida--las ganas de pensar y de vibrar emociones--que arrancaran a la nina la convertiran en una mujer sumisa y abnegada, en un espiritu pusilanime con un destino resuelto. Por experiencia propia, Valba esta segura de que la pequena sera educada para no contraer los riesgos del ser libre, pues eso implica sufrimientos y dudas, estremecimientos como los que la doblegan a ella en todo momento y que quiere evitarle a su hermanita que demuestra un caracter mas afin al rol tradicional femenino: "... dentro de poco aquella nina melancolica y tozuda cantaria en el coro con su voz limpia [...] un poco solitaria, con los ojos resbalandole sobre las tapias, arrastrando los pies a lo largo de los pasillos" (Matute: 138). Al mismo tiempo, la insumisa de Los Abel quiere liberarse de las ataduras del vinculo consanguineo que la fuerza a una maternidad impuesta. A pesar de la confusion, del temor y de las exaltaciones encontradas que se apoderan de ella al abandonar a Ovidia, Valba se sobrepone ante la conviccion de que no asumira el rol femenino que los otros esperan, ni sacrificara la libertad que ha empezado a latir dentro de su cuerpo y de su espiritu: "Me gustaba tanto sentirme asi, vagando sola, sin ruta, sin proyectos" (Matute: 144). La educacion de Ovidia es un fardo que, al igual que sus hermanos varones, no quiere echarse a cuestas, pues, como hemos expuesto, Valba socava la habitual tipologia de heroina y adquiere matices de protagonista masculino.

Por otra parte, Valba tampoco comparte intereses netamente mujeriles, por eso rechaza las invitaciones a la casa de Emelina para admirar sus bordados y sus tazas, razon para que la vecina le recrimine su poca feminidad. Las chicas que acuden a la iglesia la miran con odio, tal vez es el resentimiento y la incomprension que suscita la que no acata el sometimiento como norma social y fractura el statu quo. Valba no tiene amigas y confiesa no necesitarlas. Su unico contacto es con Jacqueline, la nieta del capataz de la mina; mas la muchacha le parece superficial, y solo llega a sentir admiracion por ella cuando, en un rapto de indocilidad, se decide volver a la ciudad sin el consentimiento de su abuelo. Con ninguna de las mujeres del pueblo intima ni se identifica, y piensa que en un futuro no lejano seria como ellas, como se lo advierte Juan al burlarse de su relacion con el medico:

A lo mejor os casais y todo, y entonces engordaras, y te pondras medias de hilo en esas piernas aranadas. Y para las fiestas, bajaras en el coche de linea a que te hagan por ahi la permanente [...] Tendras muchos hijos. Claro, que de vez en cuando, el se encaprichara por alguna chica de la aldea, bien coloradota, y te hara pasar malos ratos. Pero volvera, ya veras, porque de ti quiere hacer su gran amor (Matute: 130).

La chica "rara" de Matute no encuentra coincidencias generacionales, ni un modelo de mujer digno de copiar, ni en el caserio ni en la ciudad. Cuando regresa a la aldea, las miradas femeninas se vuelcan de nuevo sobre su persona, ahora para comentar su conversion fisica: la criada la rine por verla pintada y Emelina se sorprende, dandole la bienvenida al mundo femenino: "!Senor, cuanto has cambiado; eres una mujer!" (Matute: 217). Pero la verdadera evolucion de Valba ocurre en la conciencia. La joven sabe que sus intenciones no son esperar resignadamente a que un hombre le pida matrimonio. Ha roto con el esquema social y visualiza en la vida solitaria una via legitima para la realizacion humana. A los dieciocho anos, la leccion que Valba obtiene de su proceso de aprendizaje, de su periplo existencial, es que ha edificado una conciencia propia, una voz madura opuesta a los paradigmas predicados en la Espana de la inmediata posguerra, que veia en la concepcion la autentica y unica aptitud de la mujer perfecta, como puntualiza Martin Gaite: "El gozo de ser madre por el dolor y el sacrificio es tarea inexcusablemente femenina" (Martin Gaite 1987a: 108). La perturbacion de la inexperta heroina es contra esa predeterminacion a la que se ve constantemente amenazada; su conflicto es equiparable a la contrariedad del ser arrojado a los acontecimientos del mundo, dominado de la fortuna, del acaso, rehen de las adversidades, de las exigencias, caprichos e intolerancias de los otros (cf. Abbagnano, 1955: 91), los que se incomodan y escandalizan ante lo que no entienden.

Los tiempos de censura y represion de la Nueva Espana se metaforizan en las experiencias de la iniciada que transita vacilante en pos de un puesto en el mundo. La problematicidad es construirse en sujeto dueno de su libertad y de su destino. Es la revelacion del ser femenino que rompe con los manidos argumentos de la huerfana que ve recompensadas sus penurias con la llegada del principe azul que la conducira al altar, tema usufructuado en la novela rosa promovida por el regimen de Franco.

La porcion de vida intima narrado por la heroina rebasa su privacidad para constituirse en testimonio de una vida colectiva, como lo fuera la del primer franquismo. Su disyuntiva trasciende hacia el espacio de la existencia historica (cf. Bajtin, 1998:215), pues su indisciplina es una lucha contra un paradigma moral limitador, contra la domesticacion impuesta por la sociedad patriarcal. Valba es un personaje bisagra que, en la idea de Bajtin, transita de una edad mental a otra, con nuevas perspectivas y protagonismos en la Historia. En el contexto de una Espana secuestrado por la dictadura, la conciencia femenina no transformada pierde su libertad bajo el influjo de fuerzas exteriores a ella: la violencia, la costumbre, el ambiente hostil y el autoritarismo sustentado en un discurso dominante, ya politico, ya eclesiastico, que insistia en desdenar las capacidades femeninos y en exaltar la maternidad como la unica aportacion de la mujer a la sociedad (cf. Molinero, 1999: 76-77).

En la conquista de si misma, la heroina de Los Abel descuella por reafirmar su yo en la verbalizacion y por inconformarse en contra de una identidad femenina heredado, situaciones contrarios al nacionalcatolicismo que pretendia subordinacion y mudez en la mujer espanola de posguerra.

Obras Citadas

Abbagnano, Nicola. Introduccion al existencialismo. Traduccion de Jose Gaos. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1955. Print.

Bachelard, Gaston. La poetica del espacio. Traduccion de Ernestina de Champourcin. Mexico, Fondo de Cultura Economica, 1965. Print.

--. La poetica de la ensonacion. Traduccion de Ida Vitale. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1982. Print.

Bajtin, M.M. "La novela de educacion y su importancia en la historia del realismo," Estetica de la creacion verbal. Traduccion de Tatiana Bubnova. Mexico: Siglo XXI Editores, 1998. Print.

Barrettini, Celia. "Ana Maria Matute, la novelista pintora." Cuadernos Hispanoamericanos. 144 (1961): 405-412. Print.

Caballe, Anna. Narcisos de tinta. Ensayos sobre la literatura autobiografica en lengua castellana (siglos XIX y XX). Malaga: Megazul, 1995. Print.

Chevalier, Jean y Gheerbrant, Alain. Diccionario de los simbolos. Traduccion de Manuel Silvar y Arturo Rodriguez. Barcelona: Herder, 2003. Print.

Eliade, Mircea. Nacimiento y renacimiento. El significado de la iniciacion en la cultura humana. Traduccion de Miguel Portillo. Barcelona: Editorial Kairos, 2000. Print.

Fraai, Jenni. Rebeldias camufladas: analisis de tres novelas femeninas de los anos cuarenta en Espana. Alcala de Henares: Ayuntamiento de Alcala de Henares/Centro Asesor de la Mujer, 2003. Print.

Gadamer, Hans-Georg. Verdady Metodo. Traduccion de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito. Salamanca: Ediciones Sigueme, 1977. Print.

Galdona Perez, Rosa Isabel. Discurso femenino en la novela espanola de posguerra: Carmen Laforet, Ana Maria Matutey Elena Quiroga, Santa Cruz de Tenerife: U de La Laguna, 2001. Print.

Lopez, Francisca. Mito y discurso en la novela femenina de posguerra en Espanao Madrid: Editorial Pliegos, 1995. Print.

Lutes, Leasa Y. Allende, Buitrago, Luiselli. Aproximaciones teoricas al concepto del "Bildungsroman" femenino. New York: Peter Lang Publishing, 2000. Print.

Magris, Claudio. "Biografia y novelao" Revista de Occidente. 220 (1999):21-37. Print.

Martin Gaite, Carmen. Usos amorosos de la postguerra espanola. Barcelona: Anagrama, 1987a. Print.

--. Desde la ventana. Enfoque femenino de la literatura espanola. Madrid: Espasa Calpe, 1987b. Print.

Matute, Ana Maria. Luciernagas. Barcelona: Ediciones Destino, 1993. Print.

--. Los Abel (1948). Barcelona: Ediciones Destino, 4a ed., 1998. Print.

Molinero, Carme. "Silencio e invisibilidad: la mujer durante el primer franquismo." Revista de Occidente. 223 (1999):63-82. Print.

Prada Oropeza, Renato. "Epifania y revelacion: dos cuentos de Aline Pettersson," Los sentidos del simbolo III. Mexico: U Veracruzana, 2007. Print.

Redondo Goicoechea, Alicia. Ana Marta Matute. Madrid: Ediciones del Orto, 2000. Print.

Ricoeur, Paul. Tiempo y narracion L Configuracion del tiempo en el relato historico. Traduccion de Agustin Neira. Mexico: Siglo Veintiuno Editores, 1995. Print.

--. Tiempo y narracion III. El tiempo narrado. Traduccion de Agustin Neira. Mexico: Siglo Veintiuno Editores, 1996. Print.

Ruiz Camacho, Antonio. "Siempre he sido una rarita. Entrevista a Ana Maria Matute," Reforma, seccion Cultura (14 de junio de 1997): 2. Print.

Villegas, Juan, La estructura mitica del heroe en la novela del siglo XX. Barcelona: Planeta, 1978. Print.

Zambrano, Maria. Dos fragmentos sobre el amor. Malaga: Begar Ediciones, 1982. Print.

--. Delirio y destino (Los veinte anos de una espanola). Madrid: Mondadori, 1989. Print.

--. El hombre y lo divino. Madrid: Siruela, 1992.

--. La razon en la sombra. Antologia del pensamiento de Maria Zambrano. Ed. Jesus Moreno Sanz. Madrid: Siruela, 1993. Print.

--. La confesion: genero literario. Madrid: Mondadori, 1998. Print.

Carlos Vadillo Buenfil

Universidad Autonoma de Campeche (Mexico)

Notas

(1) Otros Bi/dungsromane de heroinas publicados en las dos primeras decadas de posguerra o primer franquismo son Cinco sombras (1947) de Eulalia Galvarriato, La isla y los demonios (1952) de Carmen Laforet, Nosotros, Los Rivero (1953) de Dolores Medio, En esta tierra (1955, reeditada en 1993 con el titulo de Luciernagas) de Ana Maria Matute, Adolescente (1957) de Carmen Barbera, Entre visillos (1958) de Carmen Martin Gaite, Primera memoria (1960) de Ana Maria Matute y Tristura (1960) de Elena Quiroga. por sus concomitancias tematicas y argumentales con los titulos citados, no olvidamos mencionar Memorias de Leticia Valle (1945) de Rosa Chacel, novela publicada en el exilio pero que se deberia agregar a esta nomina de autoras y narraciones de la Espana interior.

(2) Aunque la historia de la novela de Matute no registra un tiempo preciso, on par de anecdotas nos apoya en la conjetura de ubicarla en la Segunda Republica: Valba menciona que Tito lee poemas de Federico Garcia Lorca, autor muy leido en esa epoca; voces del pueblo acusan a uno de los Abel de la quema de la iglesia y, en la ciudad, un mitin obrero es represaliado por las fuerzas del orden, situaciones frecuentes durante este periodo.

(3) La ira que Valba despliega corresponde al tono colerico de las adolescentes en muchas novelas del siglo XX, incluidas las narraciones espanolas. Son las voces de la desesperacion y la impotencia ante las confrontaciones entre la mujer y la sociedad.

(4) La protagonista acude a la imagen de la escalera para remarcar su hastio y su repulsa por el espacio, y porque de ella descendio Aldo para asesinar a su hermano. La escalera simboliza el hartazgo, la decadencia, la ignominia y la caida de la familia Abel.

(5) Un sector ingenuo proveniente de la critica catolica ha destacado la poca religiosidad que, aunque han recibido una educacion cristina, manifiestan las adolescentes en la novelistica de Matute.
COPYRIGHT 2013 University of Northern Colorado, Department of Hispanic Studies
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2013 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Vadillo Buenfil, Carlos
Publication:Confluencia: Revista Hispanica de Cultura y Literatura
Article Type:Perspectiva general de obra
Date:Mar 22, 2013
Words:9084
Previous Article:Malinche de Laura Esquivel: una lucida revaluacion discursiva de lo historico.
Next Article:La victimizacion y sacralizacion de la mujer en El medico de su honra de Calderon de la Barca.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2021 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters |