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(In)tolerancia y consenso: el legado politico-religioso de Constantino (335-343).

(In)tolerance and Consensus. Constantine's Political and Religious Legacy (335-343)

TOLERANCIA Y CONSENSO, EL IDEARIO DE CONSTANTINO (3 13-335)

Los documentos conservados por Eusebio de Cesarea y Lactancio testimoniando el acuerdo sellado en Milan por los emperadores Licinio y Constantino en 313 evidencian que, tras la acerba fase de persecuciones que finaliza en 311, la politica del Imperio se rige por un animo pacificador que hace de la tolerancia el eje de un programa politico enfocado en eliminar los conflictos derivados de la pluralidad religiosa y de la imposicion, casi siempre violenta, de unas creencias sobre otras (1). Al permitir el culto cristiano (y al distanciarse del patrocinio explicito de una religion frente a otra), el poder trataba de eliminar una de las principales fuentes de tension heredadas de la Tetrarquia y garantizar un escenario mas docil sobre el que implantar un dominio efectivo sobre el conjunto del Imperio. El fin de las persecuciones y el nuevo estatuto que hacia del cristianismo religio licita, unido al vinculo de los Segundos Flavios con esta religion, hicieron que Constantino alcanzase, rapidamente, una consideracion especial entre los cristianos y fuese apoyado incondicionalmente por el conjunto del episcopado (2), especialmente a raiz de la desaparicion de su rival Licinio con quien habia logrado, anos atras, llevar a buen termino el establecimiento de la tolerancia para los cristianos. Paradojicamente, la eliminacion de Licinio ira acompanada de la desaparicion de ese concepto que el mismo ayudo a establecer como piedra de toque de la politica constantinianea. La tolerancia sera sustituida, efectivamente, por otra nocion mas restringida y controlada por el poder cuyo fin no es otro que el de lograr una homogeneidad en el cristianismo que posibilite que este cumpla debidamente con la labor de apoyo al poder y al emperador que le habia, de alguna manera, ofrecido como moneda de cambio por la libertad y la paz religiosa (3).

Por esto, el principal legado de Constantino a sus descendientes en lo que a politica religiosa se refiere es, antes que la nocion de tolerancia que se refleja en el documento firmado conjuntamente con Licinio, el consenso (4). En la interpretacion y aplicacion de la idea de <<consenso>> sera donde radique la evidente disparidad en las actuaciones de los distintos herederos del emperador pues cada uno, obedeciendo a sus intereses, tomara una referencia u otra a la hora de valorar y poner en practica el legado paterno. Asi, mientras Constante permanece fiel a los dictados del concilio de Nicea y permite que los obispos se responsabilicen de los asuntos de la Iglesia, el poderoso Constancio n se mostrara mas apegado a la actuacion paterna desarrollada en los ultimos anos de su reinado donde toma protagonismo una interpretacion doctrinal del cristianismo no nicena y donde el emperador y sus legados compiten estrechamente con el episcopado en lo que a la direccion de la Iglesia se refiere. Ambas actuaciones, a pesar de su radical diferencia, responden a la interpretacion que hace cada heredero de la politica llevada a cabo por su padre en un intervalo de diez anos (desde el concilio de Nicea, en 325, hasta el de Tiro, en 335) y en la que encontramos una puesta en practica de una politica religiosa que busca un compromiso entre la pacificacion de las disensiones doctrinales y el establecimiento de la primacia del Estado sobre todas sus areas de influencia.

Constantino sabia que la garantia para reinar sobre un conjunto prospero de subditos tranquilos pasaba por asegurar el fin de las querellas religiosas. En este sentido, el proposito del edicto de tolerancia de 313 no era otro que el de eliminar una fuente de tension para poner fin a esas querellas y unificar, asi, el Imperio. Sin embargo, inmediatamente despues de la promulgacion de esta normativa, los conflictos religiosos estallaron, de manera particularmente virulenta, por todo el territorio. Mientras el norte de Africa se convertia en el escenario del encarnizado conflicto motivado por las dudas que suscitaban aquellos que habian apostatado bajo la persecucion de Diocleciano y los sacramentos que habian administrado (5), Alejandria seria testigo del exito de la doctrina de un elocuente presbitero de Baucalis llamado Arrio (6).

Los continuos conflictos de diversa indole, la inusitada violencia entre cristianos y las continuas desavenencias doctrinales precipitan el fracaso de la tolerancia y obligan a buscar nuevas soluciones que permitan gobernar sobre un sustrato mas pacifico. Con el fin de solucionar estos problemas, sobre todo aquellos de caracter doctrinal que se percibian como los mas preocupantes, surge la idea de convocar un concilio que resuelva las cuestiones mas conflictivas y consiga establecer el deseado consenso. Nicea, en 325, se perfila como la encarnacion del nuevo programa politico en materia religiosa que hara del consenso la nueva directriz a seguir. Sin embargo, lejos de solucionar los conflictos existentes y restaurar la concordia deseada, las disposiciones tomadas en el concilio de Nicea marcaran y condicionaran inexorablemente tanto la linea politica seguida por el emperador y sus descendientes como la propia doctrina cristiana (7).

El modelo de concilio ecumenico propuesto en Nicea y el papel esencial que el emperador estaba llamado a desempenar en el mismo fueron definidos de manera precisa por Eusebio de Cesarea:
   [Constantino] era a la Iglesia de Dios a la que dedicaba una
   especial preocupacion, y cuando surgian diferencias entre unos y
   otros, segun los distintos paises, organizaba sinodos de ministros
   de Dios, como si por voluntad divina hubiese sido nombrado algo asi
   como un comun obispo. Como no desdenaba presenciar y sentarse en
   medio de la sesion, participaba activamente en los temas sometidos
   a examen, impartiendo a todos con discernimiento aquello que se
   relacionaba con la paz de Dios; y se sentaba entre ellos, como uno
   de tantos [...] (8).


Constantino desarrollara su programa religioso a traves de la implantacion de su particular idea de consenso doctrinal entre los cristianos y de un cada vez mas restringido ejercicio de la tolerancia con el resto de las sensibilidades religiosas del Imperio (9). Sin embargo, al final de su reinado, la disension provocada por la disparidad de pareceres entre diversos grupos, llevo al emperador a modificar estas ideas, de lo que se derivo la busqueda de un consenso forzado a traves de la alteracion del funcionamiento de los sinodos y de la injerencia del poder en los mismos y, sobre todo, del patrocinio del poder hacia formas de intolerancia dirigidas contra los grupos que promovian o auspiciaban esa falta de consenso. Los problemas suscitados por la ordenacion episcopal de Atanasio de Alejandria (328) y la posterior rehabilitacion de Arrio en 335 marcaran un punto de inflexion en la politica religiosa imperial que perdurara mas alla de la muerte de Constantino dos anos mas tarde.

Efectivamente, el modelo ideologico, doctrinal y sinodal representado por el concilio de Nicea de 325 sera el paradigma mediante el cual se regiran aquellos afectos a la ortodoxia, mientas que, por el contrario, los mas cercanos a las posiciones doctrinales de Arrio y, posteriormente, de Eusebio de Nicomedia, se mostraran mas inclinados a vincularse con el ideario y procedimientos de reuniones sinodales tales como las acontecidas en Tiro (335), Jerusalen (335) o, particularmente, Antioquia (341), celebrada ya bajo los auspicios de Constancio II. Esto se observa si cabe con mayor claridad al constatar una evidente disparidad de criterio entre los dos herederos supervivientes de Constantino: Constante, encargado de la gestion del area occidental, y Constancio II, regente de la oriental. Cada uno de ellos seguira un modelo religioso de inspiracion evidentemente paterna con la peculiaridad de que mientras el primero hace de Nicea y de los obispos ortodoxos su referencia en la gestion de la politica religiosa de su area, el segundo, que adquirira pleno poder sobre el conjunto del Imperio a raiz del asesinato de su hermano en 350, tomara el modelo imperante en la fase arrianizante de Constantino.

RUPTURA DEL CONSENSO Y VIRAJE HACIA LA INTOLERANCIA EN LOS ANOS FINALES DE CONSTANTINO

A partir del inicio de la decada de los anos treinta del siglo IV asistimos a un viraje en la politica religiosa constantiniana llegando al punto de promoverse la opcion defendida por los eusebianos que era, fundamentalmente, una lectura doctrinal no nicena del cristianismo. Las razones que estan en la base de este cambio podrian estar motivadas por la docilidad que mostraba este grupo hacia las aspiraciones imperiales en la gestion de las competencias religiosas, muestra de lo cual fue la nula oposicion al uso del sinodo como plataforma para resolver cuestiones judiciales de caracter civil, tal y como se vera en la reunion de Tiro de 335, encargada de juzgar a Atanasio de Alejandria. Las motivaciones que subyacen tras la convocatoria de este sinodo, asi como su procedimiento y consecuencias, resultan determinantes a la hora de evaluar el legado de Constantino a sus herederos en materia politico-religiosa, en especial lo referente al papel desempenado por el poder civil en la gestion de las competencias eclesiasticas e, incluso, en cuestiones meramente doctrinales.

La eleccion de Atanasio en 328 precipito el estallido de un conflicto de proporciones inusitadas en Egipto. A los problemas existentes en la sede alejandrina con Arrio de Baucalis y sus seguidores se unio una acerba disputa, ya existente, con los melicianos, quienes no aceptaron esta eleccion impuesta, de alguna manera, por Alejandro de Alejandria (10). Los grupos proarrianos y los seguidores de Melicio de Licopolis reaccionaron rapidamente contra esta maniobra continuista propiciada por el patriarca, cuestionando la ordenacion del nuevo titular de la sede de San Marcos a quien acusan, ademas, de aplicar la violencia contra estos colectivos (11). Estas acusaciones trascendieron el ambito local y concitaron la atencion del emperador Constantino quien envio a Atanasio, poco despues de su eleccion, una carta donde se le conmina a seguir sus dictados en materia religiosa:
      Conociendo, pues, mi voluntad, has de garantizar la entrada en la
   Iglesia a todo aquel que desee ingresar en ella puesto que, si
   tengo conocimiento de que alguno es excluido o de que se ponen
   trabas a los que quieran ser admitidos en comunion, mandare de
   manera inmediata a alguien que te deponga y te eche del lugar que
   ocupas (12).


Los partidarios de Melicio de Licopolis no cejaran en su empeno de expulsar al joven Atanasio. Se entrevistan una segunda vez con el emperador ante quien acusan al patriarca de corrupcion, de agredir a un presbitero meliciano de Mareotis y de romper un valioso objeto liturgico. Como resultado de estas desavenencias, Atanasio se vera obligado a comparecer ante el propio Constantino en 331, en la ciudad de Nicomedia, para defenderse de los multiples cargos de los que es acusado por sus detractores (13), que haran especial hincapie en el aludido asunto de la ruptura del caliz de Isquiras de Mareotis y las supuestas irregularidades en la eleccion de Atanasio, al que acusan de no haber alcanzado la edad canonica en el momento de su ordenacion (14). Como resultado de estas acusaciones, se convocara un concilio en Tiro en 335 cuyo objeto no es otro que el de acabar con las tensiones y desavenencias que ponen en peligro la paz y la unidad de la Iglesia (15). Estos motivos, expuestos por el emperador en la apertura del sinodo, se revisten, pues, de un irenismo muy acorde con la fase arrianizante de su reinado en la que se trata de conseguir, a cualquier precio, una homogeneizacion de la situacion eclesiastica que garantice la estabilidad de los territorios gobernados y que es expresada por Constantino como una necesidad de:
      [...] salvaguardar a aquellos que necesitan proteccion,
   garantizar la seguridad de los hermanos que estan en peligro,
   restaurar la unidad de opinion entre aquellos entre los que esta
   dividida, corregir los errores mientras todavia se este a tiempo,
   todo con el fin de restaurar la armonia en tantas
   provincias [...] (16).


El emperador consideraba efectivamente a Atanasio como el causante de la profunda fractura que dividia a la Iglesia, debido a su intransigencia con respecto a la doctrina arriana que le hacia valorar mas la ortodoxia nicena que el consenso en el Imperio. Melicianos y eusebianos, aprovechando esta tesitura, se encargaran de asestar el golpe definitivo a su comun enemigo, quien es finalmente condenado al exilio, no por desavenencias doctrinales sino por haber cometido actos de violencia impropios de su cargo, motivo por el cual es obligado a comparecer ante el sinodo reunido en Tiro (17). En efecto, aqui encontramos una diferencia sustancial con Nicea que resulta de gran importancia en tanto que se va a repetir en los principales sinodos postconstantinianos: la cuestion que origina la convocatoria del concilio deja de ser de indole doctrinal para centrarse en problemas de caracter disciplinario donde una autoridad civil asume, por lo general, la direccion del evento, si bien son los obispos quienes se encargan de pronunciar la sentencia pertinente. El concilio asume la forma y el procedimiento de un tribunal ordinario en el que, segun Klaus M. Girardet, el iudex del proceso es Constantino (quien habla por boca de su delegado el comes Dionisio) mientras que los obispos hacen las veces de consiliarii en el juicio (18). Esta circunstancia no es casual. Los sinodos orientales habian imitado, tal y como han demostrado otros especialistas (19), la forma y los procedimientos habituales de los tribunales civiles ordinarios.

Todo esto propiciara la condena al exilio que llevara a Atanasio de Alejandria a Treveris, en la Galia, donde permanecera casi dos anos sin que se produzca conflicto alguno, si tenemos en cuenta los testimonios conservados. Sin embargo, su salida de Tiro no fue sencilla ya que tuvo que huir debido a que, tras las resoluciones sinodales, su seguridad e integridad personal parecian no estar garantizadas (20). Encontro asilo en Constantinopla, donde trato de convencer sin exito al emperador de lo injusto de su condena en Tiro ya que, si bien no llego a ser nunca depuesto, fue condenado al exilio y enviado a Treveris. Las razones que motivaron esta decision imperial son dificiles de precisar aunque el testimonio de los diferentes historiadores eclesiasticos apunta hacia la negativa de Atanasio a aceptar a Arrio (cuyos partidarios serian admitidos formalmente en el sinodo reunido en Jerusalen en septiembre de 33521) en el seno de la Iglesia, reticencia que chocaria frontalmente con las intenciones unificadoras de Constantino en materia eclesiastica (22).

Efectivamente, el emperador deseaba obtener a todo precio un consenso definitivo en el seno de la Iglesia, divida por profundas e irreconciliables desavenencias doctrinales, antes de la dedicacion de la Iglesia del Santo Sepulcro, acontecimiento esencial en la celebracion de sus tricennalia (22), y estaba dispuesto a no escatimar esfuerzo alguno para conseguir su proposito. La necesidad de erradicar este problema y el hecho de hacerlo fuera del ambito en el que se generan aparentemente estos problemas (el enfrentamiento entre Atanasio y los melicianos en Egipto) evidencia claramente la trascendencia y la relevancia de un asunto aparentemente local. Las discrepancias doctrinales tratadas en Nicea diez anos antes de la convocatoria del sinodo de Tiro no beneficiaban los intereses del emperador en materia de politica religiosa ya que originaban continuos enfrentamientos en las diocesis que alteraban profundamente la vida civil de las mismas. Ante esta amenaza, el poder constituido enfrentara el problema desde el ambito de lo disciplinario con objeto de acallar las revueltas y asegurar la normalidad en la vida publica del Imperio. En este sentido, si bien desde Nicea se estaba combinando jurisdiccion civil y religiosa (supervisada por la autoridad imperial), a partir de Tiro se va a acentuar notablemente esta tendencia, de tal manera que, en apenas diez anos, encontraremos bien implantado un cambio significativo en el ambito conciliar que, ademas, va a gozar de una evidente continuidad en los mandatos de los hijos de Constantino, especialmente en el de Constancio II.

A este objetivo se va a unir el interes, por parte del poder, de ir contando con un soporte ideologico que legitime y apoye unilateralmente sus decisiones. El nucleo eusebiano se va a mostrar mucho mas participativo en este sentido que el niceno, lo que propiciara que el poder se vaya vinculando de manera cada vez mas evidente (sobre todo a partir de la muerte de Constantino) a la faccion que, tanto desde el punto de vista doctrinal como del disciplinario, muestre una mayor docilidad y capacidad de colaboracion con el programa politico que, en materia religiosa, se pretenda aplicar desde las mas altas instancias civiles. Sin embargo, a la vista de los resultados obtenidos a corto plazo, los melicianos fracasaron al confiar la condena de Atanasio a la aplicacion de mecanismos y procedimientos civiles y, sobre todo, al tratar de vincular estos a la consecucion de una condena por cargos relativos a una cuestion disciplinaria de caracter eclesiastico puesto que los principales argumentos esgrimidos por sus acusadores se basaban en la irregularidad de su eleccion y en el comportamiento violento evidenciado en el asunto de la rotura del caliz (24), cargos de naturaleza propiamente eclesiastica que debian quedar dentro de la jurisdiccion tradicional del sinodo y que no podian, por su propia entidad, verse vinculados a un procedimiento ordinario de caracter civil aunque este se desarrollase en el marco de una sesion sinodal. A pesar de esta incompatibilidad jurisdiccional, los opositores de Atanasio habian tratado de emplear este mecanismo con anterioridad al sinodo de Tiro sin obtener tampoco los resultados apetecidos debido a la ausencia deliberada del propio imputado (25). La incomparecencia de Atanasio en Cesarea dio pie a la formulacion de una nueva acusacion contra el patriarca, la de desobediencia al emperador (26), que fue de nuevo esgrimida, esta vez por el propio Constantino, para procurarse la asistencia del patriarca en Tiro y, por extension, la de todos los convocados:
      Si alguno, cosa que no quiero ni siquiera pensar, intentando
   ahora infringir mi voluntad se negase a asistir, le enviare un
   emisario de palacio que, mandandolo al exilio por orden imperial, le
   ensenara que no es licito oponerse pertinazmente a los edictos del
   emperador promulgados a fin de promover la verdad (27).


El hecho de que Atanasio se mostrase tan reticente a comparecer en los diferentes sinodos reunidos con el objeto de <<solucionar>> el conflicto que mantenia con sus opositores egipcios estaba motivado por la acumulacion de cargos de naturaleza disciplinaria que pretendian despacharse mediante procedimiento civil en un marco eclesiastico. A las tradicionales acusaciones de los actos violentos perpetrados en Mareotis e irregularidad en la ordenacion se comienzan a unir cargos cuyo fin es justificar la pertinencia de un proceso de naturaleza ordinaria civil. Asi, se procede a acusar a Atanasio de practicar y fomentar la violencia en Alejandria, llegando incluso a acusarle del asesinato de Arsenio de Hipsela y de hacer practicas de magia negra con partes del cadaver del mismo (28). A partir de este momento se inaugura un ciclo que no finalizara, en la teoria, hasta la promulgacion delprivilegium fori (Cod. Theod., XVI, 2, 12) (29) y, en la practica, hasta el fin de la polemica arriana.

Sin embargo, las consecuencias y los cambios que el concilio de Tiro iba a introducir en la relacion entre los obispos y la Iglesia imperial no se verian hasta despues del sinodo, ya que la combinacion de jurisdiccion civil y eclesiastica bajo directa supervision de la autoridad imperial se convertira en el modelo sinodal recurrente en los anos venideros. Asi, si bien es cierto que en Nicea ya se habia procedido a mezclar ambas jurisdicciones y a otorgar un peso importante a la autoridad imperial, en Tiro la necesidad acuciante de saldar el problema de Atanasio obliga a potenciar la faceta propiamente judicial del sinodo al tiempo que lo convierte, por iniciativa del bando opuesto al patriarca, en un elemento subordinado a los intereses del Estado. La mezcla en un mismo contexto sinodal de acusaciones de naturaleza eclesiastica y civil y la supeditacion de la resolucion de las mismas a un juez imperial se convertira en la praxis habitual durante fases posteriores al reinado de Constantino, siendo su hijo Constancio II el que con mayor exito explote este modelo durante la fase mas aguda de la querella entre arrianos y nicenos.

Bajo el dominio de los Segundos Flavios, la Iglesia y sus diversas instituciones se conciben como un instrumento al servicio de los intereses y designios del poder, perdiendo su naturaleza apostolica y adquiriendo otra <<imperial>> (30). Este modelo, auspiciado incondicionalmente por Eusebio de Cesarea y, con posterioridad, por el obispo de Nicomedia, entre otros, fue contestado por Atanasio desde los inicios mismos de su carrera. La oposicion a este modelo, patrocinado por el Estado, resultaria mas relevante a la hora de evaluar los motivos del desencuentro entre Atanasio y los eusebianos que las acusaciones formuladas contra el patriarca en el sinodo de Tiro. Efectivamente, la laxitud y la falta de determinacion en la definicion de las competencias del sinodo y del papel desempenado por los representantes civiles en el mismo tuvieron como resultado el robustecimiento de la autoridad imperial a costa de la tan anhelada independencia eclesiastica (31).

En definitiva, los procedimientos del sinodo de Tiro revelan, una vez mas, el animo del emperador por ejercer una funcion elemental en la Iglesia derivada de la tradicional asuncion de la figura imperial como elemento especialmente vinculado a la divinidad (32). En este sentido, como representante de la divinidad en la tierra, es natural que el regente desee convertirse en fuente de toda autoridad eclesiastica. Asi, por ejemplo, el sistema tradicional regional de la autoridad sinodal paso a convertirse, en efecto, en un tribunal imperial, aunque en muchos aspectos se mantuvieron los procedimientos tradicionales. Esta sera, precisamente, la principal denuncia de Atanasio de Alejandria durante su exilio tras su condena en Tiro, protesta que tendra un eco evidente en otras sedes relevantes que, como la romana, habian protagonizado ya algun episodio de desencuentro con el emperador y que no tardaran en pronunciarse a traves de sus representantes en sinodos reunidos sin la concurrencia de la autoridad imperial. Asi, aunque Constantino comprendio con rapidez la utilidad que la estructura sinodal de la Iglesia tenia para sus propositos, es posible que el obispo de Roma se percatara de las intenciones del emperador desde el principio (33). No es de sorprender que Atanasio y los demas prelados orientales que habian sido expulsados por la faccion proarriana una decada despues de Nicea, apelaran finalmente al obispo de Roma para exigir reparaciones (34). Hasta donde podemos ver, esto indica el inicio de la aclaracion de la naturaleza apostolica de la Iglesia, asi como la significacion teologica de la sucesion petrina en Roma. Solo se podria contrarrestar la amenaza de verse subyugados por la nueva Iglesia imperial reafirmando la naturaleza apostolica de la autoridad episcopal, que se veia, a su vez, confirmada por la comunion con el obispo de Roma. El sinodo de Sardica marcara, en 343, un hito en el desarrollo de este aspecto y se configurara como la respuesta de la Iglesia apostolica ante los mecanismos y el modelo de sinodo de los que, como en Tiro, pretende emplear el poder civil para hacer valer sus intereses en materia religiosa (35).

Desde el propio inicio del conflicto, Atanasio protesto vivamente manifestando que lo que motivaba la severa e implacable actitud de sus oponentes, en especial Eusebio de Cesarea y Eusebio de Nicomedia, contra el era su rechazo de la doctrina de Nicea y en especial, del homoousios. Sin embargo, a menudo se considera que esta recurrente aseveracion atanasiana obedece a un animo al tiempo apologetico y vindicativo y, por tanto, no se suele tomar en serio, pero esta actitud es perfectamente coherente con su rechazo de la Iglesia imperial basada en un monarca terreno que representa, en la tierra, al monarca divino del cielo, lo cual, en la practica, debilitaba la tesis nicena segun la cual el Logos era consustancial con el Padre.

UNA DOBLE INTERPRETACION DE LA POLITICA PATERNA: CONSTANTE Y CONSTANCIO II

El conflicto entre ambas visiones del ejercicio de las competencias imperiales en asuntos de caracter eclesiastico se resumiria en el estallido de diversas tensiones entre ambas partes del Imperio y en el posicionamiento de los obispos de cada una de ellas a traves de sinodos y de actuaciones puntuales. En el caso oriental, el sinodo de Antioquia de 341 representa el intento, por parte del poder constituido, de zanjar las desavenencias doctrinales en Oriente y de propiciar, con esto, un entendimiento a traves de la asuncion de lo acordado en el concilio gracias a la redaccion de varios credos y la reiterada propuesta de uno de los mismos a sus homologos occidentales (36). Sin embargo, no se debe descuidar la valoracion de otro aspecto que estuvo muy presente en la convocatoria del concilio antioqueno y que fue la reaccion decidida del clero eusebiano de mostrar su rechazo a la rehabilitacion de Atanasio de Alejandria y Marcelo de Ancira llevada a cabo en el sinodo de Roma de 340. Por este motivo, la busqueda del ansiado consenso se apoyaria, necesariamente, en la depuracion de todo elemento sospechoso tanto de arrianismo como de sabelianismo, es decir, de los respectivos fantasmas a conjurar por Occidente y Oriente, para llegar a un entendimiento fructifero (37). Con esta intencion se redactaron hasta cuatro credos en los que se trataba de exponer una profesion de fe que fuese admitida por el conjunto del episcopado y en la que se pusiese en evidencia las flaquezas doctrinales del obispo de Ancira. Por esto, lejos de alcanzar el consenso deseado, la formula que, de esas cuatro, se selecciono finalmente para atraerse al episcopado occidental no consiguio, a pesar de la insistencia con la que sera propuesta por los obispos comisionados para ello, su proposito final.

Desde el punto de vista del ejercicio del poder, el concilio de la Dedicacion antioqueno suponia la expresion, por parte de Constancio II, de la continuidad con la linea de accion marcada por Constantino en sus ultimos anos de vida. La intervencion directa del emperador tanto en la organizacion del sinodo como en lo relativo a la promocion de agentes que se encargasen de asentar la linea doctrinal mas favorable para los intereses del poder (38), evidencia el compromiso con el legado paterno y revela, al tiempo, las lineas de actuacion que se seguiran a lo largo de todo su reinado. Por este motivo, es preciso observar que la inmediata reaccion tanto del clero occidental, liderado por Osio de Cordoba y Julio de Roma, como del poder, ostentado por Constante, no solo se explica a traves de la variable de la disparidad doctrinal entre sendas areas del Imperio sino como una expresion de la autonomia e independencia de Constante respecto a Constancio II. La formula que el primero empleara para hacer valer esta libertad de accion no sera otra que la utilizada por su propio hermano para justificar la intromision del poder civil en los asuntos de la Iglesia: la coherencia con el legado constantiniano. La diferencia radica, en el caso occidental, en que ese legado se apoyara en el concilio de Nicea y no en los sinodos celebrados por Constantino durante sus ultimos anos de vida. En relacion a esto, no deja de ser llamativo el testimonio, si bien posterior, de Sozomeno que manifiesta que el proposito del sinodo de la Dedicacion no era otro que <<derogar la doctrina del concilio de Nicea>> (39).

El respaldo de Julio de Roma y de los aproximadamente cincuenta obispos reunidos en la sede apostolica para tratar la admision o no en comunion de Atanasio y Marcelo acrecento, en buena medida, las diferencias existentes entre el episcopado oriental y el occidental (40). Eusebio de Nicomedia y los suyos no se privaran de expresar abiertamente sus quejas al propio Julio de Roma al que envian una carta plagada de reproches a traves de los dos presbiteros, Elpidio y Filoxeno, que habia mandado en representacion de la sede romana a Antioquia. En dicha carta, los eusebianos se muestran particularmente agresivos contra el obispo de Roma y se intuye la amenaza de un cisma debido a la profunda disparidad de opiniones que ha suscitado el problema de Atanasio. Sin embargo, el punto de friccion mas evidente son, precisamente, las pretensiones de Julio de Roma de ejercer una autoridad efectiva sobre el conjunto del episcopado del Imperio y la reivindicacion, por parte de sus oponentes, de mantener la autonomia de cada sinodo (41).

La respuesta por parte de los occidentales no se haria esperar y se resumiria en la convocatoria de un concilio en Sardica en 343 (42). Esta reunion tenia como objetivo recuperar la sintonia alcanzada en Nicea y tratar de dar una respuesta univoca a las propuestas realizadas por el concilio de Antioquia que emitio hasta cuatro credos, de estos el ultimo fue el seleccionado y elegido. El cuarto credo de Antioquia fue ofrecido a los occidentales en reiteradas ocasiones. El continuo rechazo de este documento llevo a sus promotores a anexar al mismo una explicacion de la doctrina que contenia. Asi, el llamado <<Macrostico>> tendria la mision, a partir de 345, de exponer detalladamente la doctrina eusebiana a fin de que fuese totalmente respaldada en Occidente y se lograse el definitivo consenso religioso en ambas areas del Imperio. Sin embargo, el documento sera sistematicamente rechazado en los diferentes sinodos occidentales en los que fue presentado lo que definio la actuacion de dos bandos bien diferenciados en Occidente. Por una parte, los pronicenos se adhieren a Atanasio de Alejandria y cuentan con el respaldo de Constante mientras que un sector, cada vez mas influyente de obispos, liderados por Valente de Mursa y ursacio de Singiduno tratan de promover la doctrina consensuada de los obispos orientales con desigual exito.

En Sardica se trato de recuperar el debate doctrinal, suspendido en los complejos anos que siguieron al concilio de Nicea y en los que se constato, de manera evidente, que a pesar de que el conjunto de obispos reunidos en 325 (a excepcion de dos) (43) firmaron la formula nicena, no eran pocos los que se mostraron dispuestos a asumir los mismos presupuestos que Arrio debido, quiza, a que su rechazo al sabelianismo y el temor que les inspiraba un rebrote de esta doctrina motivado por la confusion en torno al debate de la consustancialidad peso mas que la pertinencia de alinearse en torno a un concepto y un vocablo, homoousios, que no dejaba de resultarles ajeno (44). Ademas de rescatar la variable doctrinal, Sardica se esforzo por tratar de clarificar, de una vez por todas, el papel que debia desempenar el Estado en la Iglesia y sera en este asunto donde observemos, de manera mas evidente, un desmarque con respecto al modelo de Nicea (45), lo que se debe a la necesidad de salvaguardar la pureza de la fe ante las maniobras del poder. Para ello, Julio de Roma no dudara en hacer valer un <<privilegio especial>> de la sede apostolica para derogar las disposiciones emitidas en Antioquia contra Atanasio con el fin de proteger al patriarca alejandrino de unas medidas represivas en las que, a pesar de haber sido emitidas por un sinodo, se intuia la voluntad del emperador (46).

Por ultimo, la reunion sardicense pretendia, a su manera, restaurar el consenso en el seno del episcopado sin renunciar, en ningun caso, a la doctrina marcada por el credo niceno. Si la euforia provocada por la tolerancia constantiniana y la convocatoria del concilio universal cuyo objeto principal no era otro que el de solucionar el problema arriano y hacer reinar la concordia y el consenso en el conjunto de la Iglesia, habia llevado a la totalidad de los obispos a admitir entusiasticamente a Constantino como <<decimotercer apostol>> e, incluso, [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.] (47), el cariz que habia tomado el enfrentamiento entre nicenos y arrianos sumado a la creciente injerencia del poder civil en asuntos de exclusivo interes eclesiastico, habian preparado el terreno para la promocion de la separacion de Iglesia y Estado y su reivindicacion efectiva desde el organo de expresion de los obispos que era el concilio. Por esto, si bien Sardica debe contemplarse bajo la luz del espiritu de Nicea en lo que a cuestiones doctrinales se refiere, no es menos cierto que supone el primer desmarque explicito de las servidumbres contraidas en 325 con el poder civil.

Personajes tan relevantes como Atanasio de Alejandria, Osio de Cordoba o Julio de Roma, representado por dos legados en Sardica, se opondran a la actuacion del poder civil en la Iglesia pero sin dejar de contemplar una serie de salvedades que perciben necesarias para favorecer un buen entendimiento entre ambas esferas que no implicaria, en ningun caso, la subordinacion de lo eclesiastico al Estado (48). Asi, encontramos que la necesidad de una separacion efectiva entre ambas areas se encuentra cada vez enunciada de manera mas explicita ya que, de progresar en la tendencia subordinacionista favorecida en los ultimos anos de Constantino y proseguida, con mayor intensidad, por su hijo Constancio II, se desvirtuaria la propia entidad de la Iglesia apostolica en pos de la imperial. La reaccion contra esta praxis por parte de aquellos personajes mas perjudicados no se haria esperar. Si atendemos al testimonio conservado por Atanasio de Alejandria, el propio Osio de Cordoba llegaria a rogar a Constancio II, anos mas tarde y en la fase mas aguda del conflicto, que imitase a su hermano Constante y garantizase, como el, la libertad de la Iglesia:
   Cesa en el uso de la fuerza y deja de escribir y enviar comites.
   Libera a los que han sido exiliados, pues ellos no han realizado
   actos de violencia por mas que tu les acuses de eso. ?Acaso
   Constante se ha conducido alguna vez de esta manera? ?Que obispo ha
   sido enviado al exilio por el? ?Ha participado el en decision
   conciliar alguna? ?Cuales de entre sus oficiales palatinos ha
   mandado a nadie firmar la condena de alguno? Para, te lo ruego, y
   recuerda que eres un mortal. Teme el dia del juicio y procura
   mantenerte puro para entonces. No te metas en los asuntos de la
   Iglesia y no nos hagas reconvenciones sino mas bien aceptalas tu de
   nosotros. Dios te dio la realeza pero a nosotros nos encomendo la
   gestion de la Iglesia y del mismo modo en que aquel que usurpa el
   lugar del emperador ofende a Dios, que te dispuso a ti, tu deberias
   temer hacerte culpable de ofenderle mucho al arrogarte competencias
   sobre los asuntos de la Iglesia, pues esta escrito: <<Dad al cesar
   lo que es del cesar y a Dios lo que es de Dios>> (Mt 22, 21). Ni
   nosotros tenemos derecho a gobernar el mundo ni tu, emperador,
   tienes potestad alguna para actuar en la Iglesia (49).


Atendiendo a este testimonio de Osio, parece que el verdadero legado de Constantino a sus sucesores se concreto en la compleja tarea de discernir entre lo que es del cesar y lo que no (50). Cada uno de ellos interpretara este legado segun sus necesidades y teniendo en cuenta su posicion respecto al otro hermano. Asi, las principales lineas maestras de la politica de Constantino perviven, de desigual manera, en la actuacion de sus descendientes: mientras Constante, respetando la autoridad apostolica de los obispos sigue un modelo mas afin al propuesto en el Concilio de Nicea, Constancio II ejerce un control mas evidente en la Iglesia al potenciar la presencia y la actuacion de la autoridad civil, tal y como se puso en practica en las ultimas reuniones sinodales habidas en epoca de su padre. Ambos estarian, en verdad, siguiendo las directrices del antecesor en lo que a la gestion politico-religiosa se refiere ya que ambos hacen del consenso (de su particular interpretacion del mismo) la directriz en torno a la cual articulan sus lineas de actuacion politicas en materia propiamente eclesiastica. Constancio II busca subordinar la Iglesia a los intereses del Estado con el fin de llevar a cabo una gestion menos trabada de su actuacion politica y Constante, debido quiza a su posicion mas debil, trata de afianzar su poder en Occidente y sustraerse, en la medida de lo posible, de la creciente influencia de su hermano. El continuo envio de divulgadores del credo antioqueno, de clara inspiracion eusebiana, y la pertinaz reclamacion de la condena formal de Atanasio y Marcelo de Ancira generan una fuerte tension entre ambas areas del Imperio donde encontramos que ninguno de los dos hermanos esta dispuesto a dar su brazo a torcer (51).

La duplicidad de lineas teologicas legitimadas (bien por la sancion del concilio niceno, bien por la conveniencia del poder) hace que, ya en los ultimos anos del reinado de Constantino, la idea de consenso comience a resquebrajarse. La querella antiarriana sera crucial en este sentido ya que define, de manera determinante, la adscripcion religiosa del gobernante. La continuidad con los conceptos de <<consenso>> y <<tolerancia>> siguen aqui, a grandes rasgos, las directrices dictadas por Constantino pero, precisamente a causa del viraje experimentado en sus ultimos anos y de la consecuente duplicidad doctrinal, habria que valorar esta herencia como un legado fracasado, pues lejos de eliminar las disensiones, se plantearia un conflicto llamado a perdurar, con total virulencia, hasta epoca teodosiana (52).

A lo largo del reinado de Constancio II (y a medida que su vinculacion con el bando eusebiano se hace cada vez mas evidente), la tolerancia se aplicara, unicamente, a aquellos que se adscriban a la misma opcion doctrinal que patrocine el poder mientras que todo aquel que disienta sera objeto de represion y de persecucion por parte de las mas altas instancias politicas y religiosas (53). Al fallar el consenso se rompe con la <<tolerancia>>, generando innumerables problemas de caracter politico ya que, en el momento en que el emperador toma abiertamente una posicion concreta en materia religiosa, la opcion por el elegida tomara visos de oficialidad. Por esto, tendremos que esperar al reinado unico de Constancio II (350-361) para encontrar las criticas mas explicitas y demoledoras contra con la injerencia del poder civil en los asuntos eclesiasticos ademas de, entre los pensadores nicenos mas destacados, una clara apuesta por lo que hoy en dia considerariamos una separacion estricta de competencias entre la Iglesia y el Estado (54).

52 Asi, habria que esperar a los ultimos anos del siglo IV para poner fin a esta querella y vislumbrar la recuperacion del consenso a traves de metodos coercitivos (como la labor legislativa de Teodosio I) y de clarificacion doctrinal (a traves del concilio de Constantinopla, especialmente) y donde la actividad de agentes pronicenos destacados como Ambrosio de Milan y Basilio de Cesarea resultan esenciales para comprender el retorno a la asociacion entre concordia y ortodoxia, rota en los ultimos anos de Constantino.

Podriamos concluir afirmando que los herederos de Constantino no supieron resolver la paradoja de la relacion Estado-Iglesia fraguada en la decada que media entre el primer concilio ecumenico y el primer exilio de Atanasio de Alejandria. A pesar de esto, la voluntad de alcanzar una concordia definitiva si estuvo presente, tal y como testimonia el esfuerzo que subyace en la convocatoria de los concilios de Antioquia (341) y Sardica (343). Constancio, como hiciera igualmente Constante, se revela como continuador del ideario politico paterno. Sin embargo, al tratar de borrar el impacto doctrinal de Nicea y al insistir en ejecutar las condenas a Atanasio y sus partidarios en sucesivos concilios celebrados en Sirmio (351), Arles (353), Milan (355), Sirmio (357) o Rimini y Seleucia (ambos en 359), el heredero de Constantino estaba descomponiendo el propio ideario heredado y estableciendo, asi, una tolerancia sesgada que seria la causa principal de las muchas y amargas disputas en las que se verian envueltas la Iglesia y el Estado a lo largo de todo el siglo IV.

Almudena ALBA LOPEZ

almudena_alba@yahoo.com

(1) Eusebio de Cesarea, Historia eclesiastica, 10, 5, 2-14, en Argimiro VELASCO-DELGADO (ed.), Madrid, 2002; Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores, 48, en Ramon TEJA (ed.), Madrid, 1982. Hans Eger, Kaiser und Kirche in der Geschichtstheologie der Eusebs von Cdsarea, en Zeitschrift fur die Neutestamentliche Wissenschaft und die Kunde des alteren Kirche, 38 (1939), pp. 99-103; Salvatore CALDERONE, Costantino e il cattolicesimo, Firenze, 1962, pp. 270-274; Carles BUENACASA, La <<conversion>> de Constantino Iy su aproximacion al cristianismo., en Jose Angel TAMAYO ERRAZQUIN (ed.), Cristianismo y mundo romano. V y VI ciclos de conferencias sobre el Mundo Clasico, Bilbao, 2011, pp. 149-154.

(2) Eusebio de Cesarea es el ejemplo paradigmatico de este fenomeno aunque no el unico, Salvatore CALDERONE, Il pensiero politico di Eusebio di Cesarea, en Giorgio BONAMENTE y Aldo NESTORI (eds.), I cristiani e PImpero nel IV secolo. Colloquio sul Cristianesimo nel mondo antico, Macerata, 1988, pp. 4554; Raffaele Farina, UImpero e l'imperatore cristiano in Eusebio di Cesarea. La prima teologia politica del Cristianesimo., Zurich, 1966, pp. 236-255; Basil STUDER, Trinity and Incarnation. The Faith of Early Church Theology, Collegeville (Minn.), 1994, pp. 128-129; Almudena ALBA LOPEZ, Teologia politica y polemica antiarriana. La influencia de las doctrinas cristianas (Plenitudo temporis, 12), Salamanca, 2011, pp. 89-96.

(3) Al tiempo, los obispos habian obtenido tambien un aumento considerable de su importancia en la vida publica romana equiparandose en responsabilidad y honores a las mas elevadas castas funcionariales, vid. Theodor KLAUSER, Der Ursprung der bischoflichen Insignien und Ehrenrechte, Krefeld, 1952 (2a ed.); Evangelos CHRYSOS, Die angebliche <<Nobilitierung>> des Klerus durch Kaisern Konstantin den Grossen, en Historia, 18 (1969), pp. 119-129; Ernst Jerg, Vir venerabilis: Untersuchungen zur Titulatur der Bischofe in den ausserkirchlichen. Texten der Spatantike als Beitrag zur Deutung ihrer offentlichen Stellung, Viena, 1970; Clemence DUPONT, Les privileges des clercs sous Constantin, en Revue dchistoire ecclesiastique, 62 (1972), pp. 742-748; Angelo DI BERARDINO, Limmagine del vescovo attraverso i suoi titoli nel Codice Teodosiano, en Eric REBILLARD y Claire SOTINEL (eds.), Leveque dans la cite du IV au V siecle: image et autorite, Roma, 1998, pp. 35-48; Rita LiZZI, I vescovi e i potentes della terra: definizione e limite del ruolo episcopale nelle due partes imperii fra IV e V secolo d. C., en Eric REBILLARD y Claire SOTINEL (eds.), L'eveque dans la cite du IV au V siecle, pp. 81-104; Claudia RAPP, Holy Bishops in Late Antiquity. The Nature of Christian Leadership in an Age of Transition, Berkeley, 2005, pp. 236-238. Paolo SINISCALCO, II cammino di Cristo nel Impero romano, Roma, 2007 (6a ed.), pp. 181-188.

(4) Sobre la idea de consenso en Constantino, vid. Harold A. DRAKE, Constantine and Consensus, en Church History, 64 (1995), pp. 1-15; ID., Constantine and the Bishops. The Poli-tics of Intolerance, Baltimore, 2000, pp. 240-241 y 418-419; Raffaele FARINA, La concezione della pace nel IV secolo. Costantino il Grande ed Eusebio di Cesarea, en Enrico DAL COVOLO y Renato UGLIONE (eds.), Cristianesimo e istituzionipolitiche da Costantino a Giustiniano, Roma, 1997, pp. 104-105; Elisabeth DePalma DIGESER, The Making of a Christian Empire. Lactantius and Rome, Ithaca (NY), 2000, pp. 117-121.

(5) El estallido del problema donatista fue, sin duda, uno de los mayores fracasos de Constantino y una de las herencias mas comprometidas que el emperador lego a sus descendientes. Aqui se inicia, de manera mas evidente, el debate sobre la legitimidad de la intervencion del gobernante en asuntos religiosos, condensado en la celebre frase de Donato de Casae Nigrae, <<Quid est imperatori cum ecclesia?>>, recogida por Optato de Milevi, ContraParmenianumdonatistam, 3, 3, Mireille LABROUSSE (ed.), Paris, 1996; ID., Le Constantin dOptat de Mileve: Pempereur serviteur de Dieu (iVe siecle), en Y. Lehmann, G. Freyburger y J. Hirstein (eds.), Antiquite tardive et humanisme. De Tertullien a Beatu Rhenanus. Melanges offerts a Francois Heim a Voccasion des son 70e anniversaire, Turnhout, 2005, pp. 237-256; William Hugh Clifford FREND, The Donatist Church. A Movement of Protest in Roman North Africa, Oxford, 1951, pp. 141-159; R. A. MARKUS, Christianity and Dissent in Roman North Africa. Changing Perspectives in Recent Work, en Derek BAKER (ed.), Schism, Heresy and Religiou Protest, Cambridge, 1972, pp. 21-36

(6) El propio Constantino deja patente su preocupacion por las disensiones en el seno de la Iglesia en tanto que provocaban la aparicion de una multiplicidad de opiniones sobre la divinidad (con la consecuente ruptura del consenso doctrinal) y la implicacion de esto con la buena marcha del Estado en una carta enviada a Alejandro de Alejandria y a Arrio, recogida por Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, 2, 65, Ivar A. Heikel (ed.), Leipzig, 1902, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. Alois Grillmeier, Cristo en la Tradicion cristiana, Salamanca, 1997, pp. 394-397; Rowan WILLIAMS, Arius: Heresy and Tradition, Grand Rapids, 2001 (2a ed.), pp. 49-54.

(7) Manlio SIMONETTI afirma en La crisi ariana nel IV secolo, Roma, 1975, p. 102, que, debido a su empeno por conjurar el fantasma del arrianismo, el credo niceno no obtuvo un respaldo unanime tras el concilio (pese a haber sido apoyado por todos los obispos reunidos en el concilio a excepcion de dos) debido a que, incluso amplios grupos contrarios a Arrio, lo consideraban <<peligrosamente abierto>> al monarquianismo sabeliano. Factores como la caida en desgracia de defensores acerrimos de Nicea como Eustacio de Antioquia y Marcelo de Ancira contribuyeron, notablemente, al exito de la postergacion del credo niceno. Sobre las razones que motivaron la caida de estos dos destacados y polemicos <<lideres>> nicenos vease, Henry CHADWICK, The Fall of Eustathius of Antioch, en Journal of Theological Studies, 49 (1949), pp. 27-29; Sarah PARVIS, Marcellus of Ancyra and the Lost Years of the Arian Controversy, 325-345, Oxford, 2006, pp. 101-107; Patricio DE NAVASCUES, El sustrato filosofico de la obra de Eustacio de Antioquia, en Teologia y vida, 48 (2007), p. 150; Almudena ALBA LOPEZ, The Reaction against Marcellus of Ancyra in the West, en Vetera Christianorum, 48 (2011), pp. 186-188. Sobre el impacto de la elaboracion nicena de los conceptos de [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.], vid. Richard Patrick Crossland HANSON, The Search for the Christian Doctrine of God: The Arian Controversy 318-381, Edimburgo, 1988, pp. 190-202; Christopher STEAD, Divine Substance, Oxford, 1977, pp. 224-233; Lewis AYRES, Nicaea and It's legacy. An Approach to Fourth Century Trinitarian Theology, Oxford, 2004, pp. 92-98 y Khaled ANATOLIOS, Retrieving Nicea: The Development and meaning of Trinitarian Doctrine, Grand Rapids, 2011, pp. 33-98.

(8) Eusebio de Cesarea, Vita Constantini 1, 4-4, <<[...] [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.] [...]>>.

(9) En lo que a la represion juridica del judaismo se refiere, tenganse en cuenta las precisiones hechas por Raul GONZALEZ SALINERO sobre la vigencia de las leyes pertinentes contenidas en el Codex Theodosianus en Occidente hasta 395 en Teodosio I, Hispania y los judios, en Ramon TEJA y Cesareo PEREZ (eds.), Congreso internacional la Hispania de Teodosio (Segovia-Coca, octubre 1995), Salamanca, 1997, pp. 101ss., ID., El antijuidaismo cristiano occidental (siglos IVy V), Madrid, 2000, pp. 45-46. Vid. tambien Arnold EHRHARDT, Constantine, Rome and the Rabbis, en Bulle-tin of the John Rylands Library, 42 (1960), pp. 288ss.; Clemence DUPONT, Constantin et les Constitutions imperiales, en Studi in onore di Edoardo Volterra, Milan, 1971, pp. 549ss.; John Noel DILLON, The Justice of Constantine. Law, Communication, and Control, Michigan, 2012, pp. 54-55. Es preciso senalar que la derrota de Licinio en 324 inaugura un periodo especialmente sensible entre el emperador y los cultos tradicionales que comienzan, a partir de esta fecha, a verse cada vez mas apartados de la esfera publica en lo que a su relacion con la familia imperial se refiere, vid. Timothy BARNES, Christians and Pagans in the Reign of Constantius, en Olivier REVERDIN y Bernard GRANGE (eds.), L'Eglise et lEmpire au IVe siecle (Entretiens sur l'Antiquite Classique, 34), Vandoeuvres-Ginebra, 1989, pp. 333-337.

(10) Filostorgio, Historia ecclesiastica 2, 11, Joseph BIDEZ (ed.), Leipzig, 1913; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica 2, 17, Joseph BideZ y Gunther Christian HANSEN (eds.), Berlin, 1960 y Epifanio de Salamina, Panarion 68, 7, Karl Holl (ed.), Berlin, 1985 (donde se explicita este hecho). Es preciso tener en cuenta la sensibilidad religiosa de Filostorgio y la naturaleza de las otras dos fuentes citadas para matizar convenientemente la informacion que nos proporcionan. Posteriormente, Gregorio de Nacianzo zanja la cuestion en Oratio 21, 8 Justin MOSSAY (ed.), Paris, 1980, afirmando que la eleccion fue totalmente legal y que hubo unanimidad y suficiente numero de electores en la votacion. Vease Henric NORDBERG, Athanasius and the Emperor, Helsinki, 1963, p. 17; Annick MARTIN, Athanase et les melitiens 325-335, en Charles KANNENGIESSER (ed.), Theologie et politique chez Athanase d'Alexandrie, Paris, 1973, pp. 40ss.; Manlio SIMONETTI, La crisi ariana del IV secolo (Studia Ephemeridis Augustinianum, 11), Roma, 1975, pp. 110ss. Sobre las relaciones entre arrianos y melicianos, vease Annick MARTIN, Les relations entre Arius et Melitios dans la Tradition alexandrine: une histoire polemique, en Journal of Theological Studies, 40 (1989), pp. 401-413 e Id., Athanase d'Alexandrie et l'Eglise d'Egypt au IVe siecle (328-373), Roma, 1996, pp. 241-253 (vid. las observaciones de Alberto Camplani sobre este apartado en su recension a la obra mencionada en Augustinianum, 39 [1999], pp. 196-200); Rowan WILLIAMS, Arius and the Melitian Schism, en Journal of Theological Studies, 37 (1986), pp. 35-52.

(11) Timothy David BARNES en Athanasius and Constantius. Theology and Politics in the Constantinian Empire, Cambridge, 1993, p. 20 indica este hecho pero no aporta referencia alguna. Estas habria que buscarlas en materiales presentados por el propio Atanasio de Alejandria como su Apologia contra arianos, 9 y 11, Hans-Georg OPITZ (ed.), Berlin-Leipzig, 1934-1941, donde se le acusa de asesinato y de actos impios, respectivamente. Posteriormente, Sozomeno en Historia ecclesiastica, 2, 22, aporta algun dato mas.

(12) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 59, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. La respuesta de Atanasio al emperador sera contundente ya que le participara que un entendimiento ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]) entre una herejia anticristiana y la Iglesia es imposible (Apologia contra arianos, 60). Se ha discutido si el colectivo al que hacer referencia el emperador en su carta a Atanasio es de caracter meliciano o arriano y, aunque el grueso de la opinion especializada se inclina por la adscripcion al arrianismo de dicho colectivo, creemos que se trataria de una referencia a un conjunto de opositores de ambos grupos. Vease Leslie William Barnard, Athanasius and the Roman State, en Latomus, 36 (1977), p. 425; William Hugh Clifford Frend, The Rise of Christianity, Londres, 1984, p. 525 y Duane Wade-Hampton ARNOLD, The Early Episcopal Career of Athanasius, Notre Dame, 1991, p. 65, n. 283.

(13) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 60 y Epistula festalis, 4, 5; Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 1, 27, 7-9, Gunther Christian HANSEN (ed.), Berlin, 1995 y Hermias Sozomeno Historia ecclesiastica 2, 27, 7-8.

(14) La dificil relacion de Atanasio con los diferentes grupos de presion egipcios fue compleja desde los inicios mismos de su carrera episcopal en 328. Sin embargo, sera a partir de 330 cuando este antagonismo se agudice de manera fatal con la implicacion de la autoridad civil en el proceso de arbitraje de las diferencias entre los seguidores de Melicio de Licopolis y el propio patriarca alejandrino. La estrategia de imputar a Atanasio con cargos de naturaleza civil se revelara extraordinariamente efectiva en este contexto ya que motivara la convocatoria de diversos sinodos en los que se llevara a cabo el desarrollo de un proceso judicial ordinario contra Atanasio que no tardara en ser vivamente denunciado por este. Sobre la naturaleza de los cargos imputados a Atanasio, vease Klaus M. GIRARDET, Kaisergericht und Bischofsgericht: Studien zu den Anfangen des Donatistentreites (313-315) und zum Prozess des Athanasius von Alexandrien (328-346), Bonn, 1975, pp. 57-60; Vincent TWOMEY, Apostolikos Thronos. The Primacy of Rome as Reflected in the Church History of Eusebius and the Historico-Apologetic Writings of Saint Athanasius the Great, Munster, 1982, p. 348; Duane Wade-Hampton ARNOLD, The Early Episcopal Career... [ver n. 12], pp. 106-107 (en Psamatia, 331). Sobre la controversia sobre su ordenacion, vease Filostorgio, Historia ecclesiastica, 2, 2; Epifanio de Salamina, Panarion, 68, 7; Gregorio de Nacianzo, Oratio, 21, 8; y especialmente Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 17, donde se narra la existencia de un consenso en la sucesion de Alejandro de Alejandria, roto por siete obispos que ordenaron por su cuenta al joven Atanasio quien recogera mas tarde un documento esclarecedor en su Apologia contra arianos, 6.

(15) Manlio SIMONETTI, La crisi ariana ... [ver n. 7] p. 124; Henry CHADWICK, The Church in Ancient Society. From Galilee to Gregory the Great, Oxford, 2001, p. 202; William Hugh Clifford FREND, The Rise of Christianity... [ver n. 12], p. 527 y Duane Wade-Hampton arnold, The Early Episcopal Career ... [ver n. 12], p. 143.

(16) Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, 4, 42, 1, <<[...] [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.] [...]>>.

(17) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 71, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>.

(18) Klaus M. GIRARDET, Kaisergericht undBischofsgericht ... [ver n. 14], p. 68, aunque este autor opina que Dionisio no estuvo <<fisicamente>> en el sinodo de Tiro, el testimonio de Atanasio confirma que el comes, efectivamente, ejercio la presidencia de la reunion, Apologia contra arianos, 8, 3 y 86, 1.

(19) Hamilton Hess, The Early Development of Canon Law and the Council of Serdica, Oxford, 2002, pp. 38ss.; Duane Wade-Hampton ARNOLD, The Early Episcopal Career ... [ver n. 12], p. 149.

(20) Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 25. Timothy David BARNES considera la huida de Atanasio como una fuga desesperada en Constantine and Eusebius, Cambridge, 1981, p. 239; Duane Wade-Hampton ARNOLD, en The Early Episcopal Career... [ver n. 12], p. 165, propone una evacuacion de Atanasio controlada y escoltada con objeto de salvaguardar sus persona, vease Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos., 87, <<[...] [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>.

(21) Sobre el concilio y sus disposiciones, vease Eusebio de Cesarea, Vita Constantini IV, 43 y 44; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 26, 1; Teodoreto de Ciro, Historia ecclesiastica, 1, 31, Leon PARMENTIER (ed.), Leipzig, 1911.

(22) Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 1, 35; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 28.

(23) Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, IV, 41.

(24) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 62, 3 y, especialmente, Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica 2, 25, 3.

(25) Se trata del sinodo convocado en Cesarea en 334, Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 25, 1 y Teodoreto de Ciro, Historia ecclesiastica, 1, 28, 2. El hecho de que se convocase una reunion en Cesarea para tratar problemas disciplinarios de indole local evidencia de manera fehaciente que el problema de Atanasio habia traspasado el ambito eclesiastico domestico y que sus querellas con los melicianos no eran sino un trasunto y un reflejo de un problema de mayor envergadura: el que mantenia con el bando eusebiano y con todos los obispos que habian sostenido, de una manera u otra, una postura mas cercana a los presupuestos doctrinales arrianos o, cuanto menos, no nicenos. Vease Vincent TWOMEY, Apostolikos Thronos ... [ver n. 14], p. 352.

(26) Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 25, 17.

(27) Eusebio de Cesarea, Vita Comtantini, 4, 42, 4, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. Cfr. Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 63; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 23.

(28) Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 2, 25, 3 y 7ss.; Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 72. Atanasio lograria hacer comparecer al presunto muerto para eliminar la acusacion de asesinato que pesaba sobre el y que mostrase publicamente el brazo para comprobar que el patriarca no lo

habia cortado con fines goeticos (Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 1, 29 y Hermias Sozomeno, Historia Ecclesiastica, 2, 25, 10, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. Vease Duane Wade-Hampton ARNOLD, The Early Episcopal Career ... [ver n. 12], p. 156.

(29) Federico PERGAMI, Giurisdizione civile e giurisdizione ecclesiastica nella legislazione del Tardo Imperio, en Atti Convegno di Pontignano in memoria di Arnaldo Biscardi, Siena, 2003, p. 215-223; Gianluca Pilara, Sui tribunali ecclesiastici nei IVe Vsecolo. Ulteriori considerazioni, en Studi Romani 52 (2004), pp. 353-378; Biondo BIONDI, Il diritto romano cristiano, vol. 1, Milan, 1952, pp. 374ss; Jean GAUDEMET, L'Eglise dans l'Empire romain, Paris, 1958, pp. 240ss y 252ss; Antonio BANFI, Habent illi iudices suos. Studi sullesclusivita della giurisdizione ecclesiastica e sulle origini del privilegium fori in diritto romano e bizantino, Milan, 2005, pp. 88ss.; Caroline HUMFRESS, Bishops and Law Courts in Late Antiquity: How (Not) to Make Sense of the Legal Evidence, en Journal of Early Christian Studies, 19 (2011), p. 380.

(30) La instrumentalizacion de la Iglesia por parte del poder imperial comienza a ser evidente a partir del concilio de Arles de 314, momento en que Constantino comienza a utilizar las reuniones sinodicas para ejercer un control efectivo sobre el episcopado. Constancio II continuara poniendo en practica esta estrategia de dominio sobre la Iglesia con el beneplacito de los eusebianos pero con la oposicion, cada vez mas explicita y airada, de los obispos pronicenos. Vid. Anton Wladimirowitsch KARTASCHOW, Entstehung der kaiserlichen Synodalgewalt unter Konstantin dem Grossen, ihre theologische Begrundung und ihre kirchliche Rezeption, en Gerhard RUHBACH (ed.), Die Kirche angesichts der konstantinischen Wende, Darmstadt, 1976, pp. 160-161; Timothy David BARNES, Athanasius and Constantius... [ver n. 11], pp. 168-169; Johannes ROLDANUS, The Church in the Age of Constantine. The Theological Challenges, Nueva York, 2006, pp. 106-108.

(31) Stanley Lawrence GREENSLADE, Church and State from Constantine to Theodosius, Londres, 1954, p. 20.

(32) Raffaele Farina, L'Impero el'Imperatorecristiano... [ver n. 2], pp. 107ss.; Salvatore CALDERONE, Ilpensiero politico di Eusebio di Cesarea, en Giorgio BONAMENTE y Aldo NESTORI (eds.), I cristiani e lImpero nel IV secolo, Coloquio sul cristianesimo nel mondo antico, Macerata, 1988, 45ss.; Michael J. HOLLERICH, Religion and Politics in the Writings of Eusebius, en Church History, 59 (1990), pp. 309ss; Marco RIZZI, Teologia politica: la rappresentazione del potere e il potere della rappresentazione, en Paolo BETTIOLO y Giovanni FILORAMO (eds.), Il Dio mortale. Teologiepolitiche tra antico e contemporaneo, Brescia, 2002, pp. 289ss.

(33) Por ejemplo, en el contexto del cisma donatista, Milciades, el obispo de Roma, se nego a actuar como un tribunal imperial tal y como le ordenaba el emperador y convoco un sinodo romano tradicional para emitir su veredicto. Cuando Roma rechazo las tesis de los donatistas, estos apelaron, una vez mas ante Constantino, el cual respondio convocando otro sinodo en Arles. El obispo de Roma se nego a asistir y envio a dos legados, inaugurando una practica que ha perdurado hasta nuestros dias para situaciones similares, reservandose no obstante la decision final (Optato de Milevi, Contra Parmenianum donatistam, 1, 23-24), vease Timothy David BARNES, The Beginnings of Donatism, en Journal of Theological Studies, 26 (1975), pp. 20-21; Klaus M. GIRARDET, Kaisergericht und Bishofsgericht [ver n. 14], pp. 6-26; Id., Die Petition der Donatisten am Kaiser Konstantin (Fruhjahr 313), en Chiron, 19 (1989), pp. 185-206; William Hugh Clifford FREND y Kurt CLANCY, When did the Donatist Schism Begin?, en Journal of Theological Studies, 28 (1979), pp. 104-109; Serge LANCEL, Les debuts du Donatisme. La date du protocole du Cirta et d'election episcopale de Silvanus, en Revue d'etudes augustiniennes etpatristiques, 25 (1979), pp. 217-229.

(34) Atanasio preparara de manera inteligente el terreno para granjearse el apoyo de la sede romana y de los principales prelados occidentales. En 338 dirige una carta enciclica relatando todos los acontecimientos que ha protagonizado desde su eleccion episcopal diez anos antes y denunciando a la faccion eusebiana como causante de todos sus problemas. Como respuesta a esto, Julio de Roma convocara un sinodo independiente en Roma (340) para juzgar los casos de Atanasio y del controvertido Marcelo de Ancira, emancipandose de toda tutela civil (Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 2, 15), vease David M. GWYNN, The Eusebians. The Polemic of Athanasius of Alexandria and the Construction of the Arian Controversy (Oxford Theological Monographs), Oxford, 2007, pp. 51ss.; Almudena ALBA LOPEZ, Teologia politica y polemica antiarriana [ver n. 2], pp. 113-133; ID., The Reaction against Marcellus of Ancyra ... [ver n. 7], pp. 189-191.

(35) William Hugh Clifford FREND, The Rise of Chrbtianity... [ver n. ], p. 527; Duane Wade-Hampton ARNOLD, The Early Episcopal Career ... [ver n. 12], pp. 143ss.

(36) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 22-25; John Norman Davidson KELLY, Primitivos credos cristianos (Koinonia, 13), Salamanca, 1980, pp. 315-328. De estos cuatro credos antioquenos cabe destacar, por su importancia, el segundo y el cuarto, que fue el que se presento a los occidentales para su adhesion al mismo. La esencia de todos los documentos es, fundamentalmente, antimonarquiana por lo que la condena explicita a Marcelo de Ancira sera un motivo fijo en todas las formulas.

(37) Sin embargo, lejos de conseguirse la deseada eliminacion de la imagen del obispo oriental como arriano, este cliche se acentuo a raiz de la convocatoria de este concilio al que no acudieron, si tenemos en cuenta el testimonio de Socrates, los principales representantes del clero occidental (Historia ecclesiastica, 2, 8).

(38) Constancio II presidio el sinodo tal y como indica Atanasio de Alejandria en De synodis, 25, Hans Georg OPITZ (ed.), Berlin-Leipzig, 1934-1941, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>.

(39) Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 3, 5, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>.

(40) Leslie William BARNARD, Pope Julius, Marcellus of Ancyra, and the Council of Sardica. A Reconsideration, en Studies in Church History and Patristics, Tesalonica, 1978, pp. 347-348. Cfr. Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 2, 15, 5; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 3, 8, 6.

(41) Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 22-23. Klaus M. GIRARDET, Kaisergericht und Bischofgericht ... [ver n. 14], pp. 82-84; Vincent TWOMEY, Apostolikos thronos ... [ver n. 14], pp. 382-383.

(42) Hilario de Poitiers, Collectanea antiariana parisina, A. FEDER (ed.), Viena, 1916 (CSEL, 65), pp. 103-126; Atanasio de Alejandria, Apologia contra arianos, 42-50; Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 2, 20; Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 3, 12; Teodoreto de Ciro, Historia ecclesiastica, 2, 8; vid, Karl Joseph HEFELE y Henri LECLERCQ, Histoire des conciles d'apres les documents originaux, Paris, 1907, t. 1/2, pp. 742-743. Jacques ZEILLER, Les origines chretiennes dans les provinces danubiennes de l'Empire romain, Roma, 1967, pp. 228-258; Richard Patrick Crossland HANSON, The Search for the Christian Doctrine of God (318-381), Edimburgo, 1997, pp. 293ss.; Manlio SIMONETTI, La crisiariana ...

[ver n. 7], pp. 161ss; Hamilton Hess, en The Early Development of Canon Law ... [ver n. 19] pp. 95ss.; Henry CHADWICK, The Church in Ancient Society... [ver n. 15], pp. 241-253.

(43) Se trata de Segundo de Ptolemaida y Teonas de Marmarica que, ademas del propio Arrio, asumieron las consecuencias de este acto, vid. Filostorgio, Historia ecclesiastica, 1, 9.

(44) Hamilton Hess, en The Early Development of Canon Law... [ver n. 19], p. 99, senala, precisamente, que las ensenanzas de Arrio pudieron ser tenidas como un <<paliativo>> para todos aquellos que temian, todavia, al sabelianismo. Por otra parte, tal y como indica Manlio SIMONETTI en Quelques considerations sur Vinfluence et la destinee de Valexandrinisme en Occident, en [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.], melanges offertes a Claude Mondesert SJ, Paris, 1987, p. 386, Sardica sanciono el fin del apoyo de la ortodoxia occidental a Marcelo de Ancira y a la opcion teologica que este representaba.

(45) Atanasio de Alejandria, Historia arianorum admonachos, 52, Hans-Georg OPITZ (ed.), Berlin-Leipzig, 1934-1941; Id., Apologia contra arianos, 36; Hilario de Poitiers, Collectanea antiariana parisina, series B 1, 1-2.

(46) Sobre este privilegio, Socrates Escolastico, Historia ecclesiastica, 2, 15, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. Manlio SIMONETTI, La crisi ariana ... [ver n. 7], 146ss; Antonio Banfi, Habent illis indices suos... [ver n. 29], pp. 81-82. Las reacciones por parte de los obispos orientales no se hicieron esperar, Hermias Sozomeno, Historia ecclesiastica, 3, 8, 4 y 6, <<[...] [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. El derecho del obispo de Roma a revisar las sentencias dictadas en otros sinodos queda patente en los canones 3 y 4 de Sardica, vid. Karl Joseph HEFELE y Henri LECLERCQ, Histoire des conciles ... [ver n. 41], pp. 762-763 y 766-767.

(47) Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, 4, 24, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>. Veanse los trabajos de William SESTON, Constantine as

Bishop, en Journal of Roman Studies, 37 (1947), pp. 127-131; Raffaele Farina, Limpero e l'imperatore cristiano ... [ver n. 2], pp. 312-319; Francis DVORNIK, Early Christian and Byzantine Political Philosophy. Origins and Background (Dumbarton Oaks Studies, 9), Washington, 1966, vol. 2, pp. 752ss.; Daniel DE DECKER y Ginette DUPUIS MASAY, L'episcopat de l'empereur Constantin, en Byzantion, 50 (1980), pp. 118-157; William Hugh Clifford Frend, Church and State. Perspectives and Problems in the Patristic Era, en Studia Patristica, 17/1 (1993) pp. 40-41 e ID., The Church in the Reign of Constantius II (337-361). Mission, Monasticism, Worship, en Olivier REVERDIN y Bernard GRANGE (eds.), L'Eglise et l'Empire au IV siecle, Vandoeuvres-Ginebra, 1989, p. 77; Claudia Rapp, Imperial Ideology in the Making: Eusebius of Caesarea on Constantine as Bishop, en Journal of Theological Studies, 49 (1998), pp. 685-695; Ewa WIPSZYCKA, Storia della Chiesa nella tarda antichita, Milan, 2000, pp. 149-150; Gilbert Dagron, Emperador y sacerdote. Estudio sobre el <<cesaropapismo>> bizantino, Granada, 2007, pp. 161-163; Polymnia ATHANASSIADI, Vers la pensee unique. La montee de l'intolerance dans l'Antiquite tardive, Paris, 2010, pp. 71-79.

(48) Vincent TWOMEY, Apostolikos thronos ... [ver p. 14], p. 426; Almudena Alba Lopez, Teologia politica y polemica antiarriana ... [ver n. 2], pp. 181-190.

(49) Atanasio de Alejandria, Historia arianorum ad monachos, 4-4, 6-8, <<[TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII.]>>.

(50) una decada despues, coincidiendo con la fase mas aguda del conflicto que enfrento a los partidarios del credo niceno con los arrianos, Hilario de Poitiers retomara esta idea, a traves de su referente lucano (Lc 20, 25), exponiendo claramente que, si bien se debe gran reverencia a los emperadores, son los obispos los que se deben encargar de los asuntos religiosos y que, en principio, el emperador no deberia designar a los obispos (CSEL 65, p. 101). En su comentario al pasaje mateano (Commentarium in Matthaeum, 23, 2, ed. por Luis LADARIA, Madrid, 2010), el obispo de Poitiers es mas explicito y se centra en denunciar las servidumbres que, sin duda, acarrea una excesiva familiaridad con el poder.

(51) El prematuro fin de Constante (asesinado en 350) impide evaluar de manera exacta el grado de tension que alcanzaron las relaciones entre los dos herederos de Constantino. Ciertos testimonios apuntan a un giro en la politica de Constante que, utilizando el problema de Atanasio, podria haber planteado un conflicto abierto con Constancio II cuyas motivaciones irian mas alla de la estricta disension en materia doctrinal.

(52) Asi, habria que esperar a los ultimos anos del siglo iv para poner fin a esta querella y vislumbrar la recuperacion del consenso a traves de metodos coercitivos (como la labor legislativa de Teodosio I) y de clarificacion doctrinal (a traves del concilio de Constantinopla, especialmente) y donde la actividad de agentes pronicenos destacados como Ambrosio de Milan y Basilio de Cesarea resultan esenciales para comprender el retorno a la asociacion entre concordia y ortodoxia, rota en los ultimos anos de Constantino.

(53) La represion de los partidarios de Atanasio de Alejandria y, en general, del credo niceno fue particularmente dura entre los anos 351 y 361, es decir, en el periodo en que Constancio II es dueno absoluto del conjunto del Imperio y procede a llevar a cabo de manera sistematica y sin escatimar medio coercitivo alguno la homogeneizacion religiosa de sus dominios, vid. Margarita VALLEJO GIRVES, Obispos exiliados: martires politicos entre el Concilio de Nicea y la eclosion monofisita, en Elizabeth REINHARDT (ed.), Tempus Implendi Promissa. Homenaje al Prof. Dr. Domingo RamosLisson, Pamplona, 2000, pp. 507-533; Eric FOURNIER, Exiled Bishops in the Christian Empire: Victims of the Imperial Violence?, en Harold A. DRAKE (ed.), Violence in Late Antiquity. Perceptions and Practices, Aldershot, 2006, pp. 157-166; Almudena ALBA LOPEZ, Oposicion y exilio. Constancio II y la querella contra los atanasianos, en Gonzalo BRAVO y Raul GONZALEZ SALINERO (eds.), Formas y usos de la violencia en el mundo romano. Actas del IV Coloquio de la AIER, Madrid, 2007, pp. 245-262; ID., Exsulo non autem crimine, sed factione. El proceso contra Hilario de Poitiers y su manipulacion politica, en Gonzalo BRAVO y Raul GONZALEZ Salinero (eds.), Corrupcion en el Mundo Romano. Actas del V Coloquio de la AIER, Madrid, 2008, pp. 277-301.

(54) En este sentido, destaca especialmente la obre polemica de Lucifer de Cagliari e Hilario de Poitiers, vid., Ilona OPELT, Formen derpolemik beiLucifer von Calaris, en Vigiliae Christianae, 26 (1972), pp. 200-226; ID., Hilarius von Poitiers als polemiker, en Vigiliae Christianae, 27 (1973), pp. 203-217; Francois Heim, Inuenies te esse hodie (D. Athan. II, 16). Constance II Fheretique et les rois idolatres chez Lucifer de Cagliari., en Rois et reines de la Bible au miroir des Peres (Cahiers de Biblia Patristica, 6), Estrasburgo, 1999, pp. 141-159; Giuseppe CORTI, Lucifero di Cagliari. Una voce nel conflitto tra chiesa e impero alla meta del IV secolo, Milan, 2004, pp. 215-250; Sonia LACONI, Il ritratto di Costanzo II nelle pagine di Lucifero di Cagliari, en ID. (ed.), La figura e Popera di Lucifero di Cagliari. Una rivisitazione, Roma, 2001, pp. 38-42; ID., Costanzo II. Ritratto di un imperatore eretico, Roma, 2004, pp. 87-118; Almudena ALBA LOPEZ, Qui ueniunt ad uos in uestimentis ouium (Mt 7, 15). El motivo evangelico del lobo con piel de cordero en los escritos polemicos de Hilario de Poitiers, en Helmantica, 187 (2011), pp. 185-205
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Title Annotation:ESTUDIOS: PODER IMPERIAL Y TOLERANCIA RELIGIOSA
Author:Alba Lopez, Almudena
Publication:Anuario de Historia de la Iglesia
Date:Jan 1, 2013
Words:12282
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