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?Una republica de "indios puros"? Comunidad, autoctonia y legitimidad. Cordoba, Gobernacion del Tucuman, siglo XVIII.

A republic of pure indians? Comunity, authocthony and legitimacy. Cordoba, Gobernacion del Tucuman, 18th Century

Introduccion

En el mundo rural-urbano de Cordoba, a lo largo del periodo colonial, fueron integrandose, y construyendo relaciones, personas y familias de distintos origenes geograficos y culturales--poblacion originaria de la zona y de otras areas, esclavos africanos, inmigrantes espanoles. Generaron, como en toda Hispanoamerica, una dinamica cuyos resultados la administracion tendio a percibir y clasificar en terminos de "pureza" y "mezcla", sin que estas construcciones fueran necesariamente asumidas por esas personas para autodefinirse como individuos y como grupos. En los pueblos de indios, estas percepciones se entrecruzaron, ademas, con la identificacion de los sujetos tributarios que se hizo mas compleja a medida que avanzo el proceso de forasterizacion.

En este articulo partimos de la hipotesis de que, en el caso de Cordoba, esos procesos de movilidad de poblacion y recreacion de vinculos comunitarios en el siglo XVIII dieron lugar a posiciones diversas--y muchas veces antagonicas--acerca de la naturaleza y los derechos de los pueblos de indios. En otras palabras, contribuyeron a formar distintas percepciones acerca del estatus de estos pueblos o comunidades como entidades politicas, sociales y territoriales diferenciadas que entraron en contienda, y distintos conjuntos de criterios para definir quienes eran los miembros legitimos de estos pueblos cuyos derechos debian ser reconocidos.

Para recorrer ese proceso partimos de una extensa sintesis de investigaciones dedicadas a las sociedades indigenas de Cordoba y a la Gobernacion del Tucuman, que procura relacionar la reconfiguracion del territorio

indigena dentro de la estructura agraria colonial, la entrega de encomiendas, la formacion de pueblos de indios, su tributacion y registro y la movilidad de su poblacion. En los dos ultimos apartados presentamos el examen detallado de un conjunto discreto de documentos judiciales y de gobierno del siglo XVIII, integrando resultados de otras investigaciones--cuando es pertinente--para confrontar las percepciones hispanocriollas de la autoctonia y la "legitima" pertenencia a un pueblo de indios, con las practicas de membresia de las propias comunidades indigenas. Esperamos con ello aportar una perspectiva que creemos no habia sido integralmente desarrollada para esta jurisdiccion, pero sobre todo una reflexion acerca de un problema vigente entre las comunidades comechingonas en la actualidad.

Invasion espanola, explotacion del trabajo indigena y formacion de una estructura agraria colonial

La experiencia colonial temprana de las sociedades nativas que quedarian sometidas al gobierno espanol en la Gobernacion del Tucuman fue marcadamente afectada por la larga campana militar espanola para "pacificar el territorio" en las tierras altas--Valles Calchaquies y sector de la Puna que seria integrado a la jurisdiccion de Jujuy--y la prolongada persistencia de la encomienda y la explotacion de la mano de obra indigena mediante la exigencia de servicios personales (Lorandi, 1988). Los espanoles que realizaron las primeras "entradas a la tierra" desde la decada de 1530 encontraron una fuerte resistencia de las sociedades originarias de tierras altas, esto forzo a las huestes a retraerse y fundar las primeras ciudades en los piedemontes y tierras bajas -cuencas de los rios Dulce y Salado. La invasion y el control espanol definitivo de las tierras altas tomaron 130 anos, desde la primera entrada espanola a la Puna y Valles Calchaquies alrededor de 1535 hasta la derrota militar de la resistencia en los Valles Calchaquies en 1664, cuyos pueblos originarios fueron masivamente desterrados y entregados a vecinos feudatarios en pequenos grupos a lo largo y ancho de la Gobernacion del Tucuman y tambien en la del Rio de la Plata, al cabo de dos grandes campanas militares de "pacificacion" (1630-1643 y 1659-1666). Este largo periodo de "actividad militar constante" protagonizado por distintas huestes espanolas, que respondian asimismo a distintos proyectos de expansion desde Charcas y Chile, fue sostenido principalmente por los recursos humanos y materiales de las sociedades originarias de tierras bajas. Esto mismo coloco a los jefes de las huestes espanolas en una solida posicion para negociar la implementacion de las politicas de la corona (Palomeque, 2000: 103; 2005 y 2009).

La gran mayoria de los pueblos originarios sometidos durante este periodo fueron organizados bajo la institucion de la encomienda privada de servicio personal, cuya renta era entregada en trabajo--servicios personales--a los encomenderos. (1) Bajo este regimen, la explotacion del trabajo indigena en obrajes textiles, arrieria, labores agricolas y ganaderas proveyo la base para las empresas mercantiles y la acumulacion de riqueza de las primeras generaciones de vecinos feudatarios, que estuvieron en condiciones de negociar con gobernadores y oficiales de la corona altos niveles de explotacion del trabajo de las unidades domesticas indigenas (Lorandi, 1988; Palomeque, 2000). Este tipo de encomienda perduro mucho mas tiempo en la Gobernacion del Tucuman que en las areas centrales del Virreinato peruano, donde comenzo a ser desarticulada a partir de las Leyes Nuevas (1542-1544). En el Tucuman fue la institucion dominante hasta principios del siglo XVIII, cuando el gobernador Urizar de Arespacochaga entrego las ultimas encomiendas "cortas" y la institucion entro en un periodo de declinacion. (2)

Un siglo de campanas militares, la imposicion del servicio personal, la comparativamente debil supervision de los oficiales de la corona (3) y los desplazamientos forzados de pueblos nativos--cuyo caso extremo fue el destierro masivo de poblacion de los Valles Calchaquies tras su derrota militar--tuvieron un impacto profundo en las sociedades nativas del territorio de esta gobernacion. Tambien alteraron el mapa etnico que habia empezado a ser modificado por la intervencion inka en la mayor parte de esta area, con excepcion de Cordoba cuyas poblaciones indigenas no habian sido integradas por el Tawantinsuyu (Lorandi, 1988: 137). (4) La tendencia general senalada vario en intensidad, velocidad y modalidades dependiendo de la organizacion sociopolitica de cada grupo, su relacion previa con el Tawantinsuyu--que influencio las respuestas iniciales a las huestes espanolas-, la integracion o aislamiento de los circuitos mercantiles o la incorporacion tardia en ellos (Palomeque, 2000; Farberman y Boixados, 2006).

Dentro de ese proceso comun, las sociedades originarias de las sierras centrales y sus llanuras circundantes, (5) que quedaron en la jurisdiccion de la ciudad de Cordoba, sufrieron uno de los mas severos procesos de desarticulacion, reagrupamientos territoriales y reconfiguraciones etnicas que es preciso rastrear desde el comienzo de la invasion y colonizacion puesto que ayudan a comprender como llegaron a construirse percepciones que deslegitimaron a los pueblos de indios en el siglo XVIII.

Al momento de las primeras entradas espanolas, las sierras centrales estaban habitadas por grupos organizados en entidades politicas autonomas o semiautonomas, formadas por unidades mayores o "aldeas" y unidades menores o "segmentos de linajes definidos por residencia". Estas entidades no estaban integradas en estructuras politicas centralizadas y tenian una organizacion basada en dos rangos de liderazgo: un lider principal y uno o mas lideres subordinados, con relaciones laxas entre ellos sustentadas en amistad o parentesco. La subsistencia de estas sociedades de agroalfareros combinaba agricultura, caza, pesca y recoleccion con aprovechamiento de distintas areas ecologicas. Entre estos segmentos o aldeas se conformaban alianzas pacificas que incluian juntas para fiestas, recoleccion o caza, "el reconocimiento mutuo de derechos de distintos pueblos sobre los mismos recursos o areas de aprovisionamiento" y uniones temporarias para la guerra que se habria producido principalmente por el control territorial (Laguens y Bonnin, 2009: 259, 344-345, 356, 370).

La desestructuracion de estos grupos nativos por impacto de la invasion espanola se atribuye, en los estudios etnohistoricos, a la convergencia de varios factores: su menor complejidad sociopolitica en comparacion con los pueblos de las tierras altas y de la mesopotamia santiaguena, el patron de asentamiento disperso, la movilidad y la organizacion politica segmentaria que los caracterizaba, el pequeno tamano de las encomiendas, sus frecuentes desmembramientos y transferencias de un encomendero al otro, (6) la captura de indigenas en las "malocas", (7) las "sacas" de indigenas, (8) el traslado separado de familias, incluso de hombres y mujeres, que desfavorecia la reproduccion familiar y comunitaria, entre otros. Los indios de encomienda fueron, en una alta proporcion, reasentados en las estancias o casas urbanas de sus encomenderos, lo que permitio un rapido proceso de apropiacion de la tierra por los espanoles quienes prontamente la pusieron en produccion para entrar a los circuitos de la emergente economia mercantil (Piana, 1992).

El desarrollo de las empresas agrarias en Cordoba se vinculo con la posicion ganada por esta jurisdiccion en los circuitos del sur del Virreinato peruano, dentro de una gobernacion que tomo un lugar estrategico como camino al comunicar la Audiencia de Charcas y su Cerro Rico de Potosi con Espana--a traves de una cadena de ciudades en el Tucuman y el puerto de Buenos Aires con salida al Atlantico. Los primeros anos de inestable asentamiento espanol en la ciudad-fuerte de Cordoba--fundada en 1573 y trasladada a una nueva planta en 1577--se caracterizaron por una economia sin produccion de excedentes. Rapidamente, en los anos 1585/1590 prospero una economia regional productora de excedentes exportables--agricolas, ganaderos y textiles-, inserta en circuitos mercantiles de larga distancia que la conectaban con Brasil via puerto de Buenos Aires, con Chile por Cuyo, con Paraguay y Charcas, ademas de cumplir un importante papel de nudo de transito y redistribuidor de efectos importados en las provincias vecinas (Garzon Maceda, 1968). Hacia 1630, en respuesta a la alta mortalidad indigena, la competencia de otras regiones y la prohibicion de la circulacion mercantil hacia el Atlantico, la economia regional se reoriento hacia la monoproduccion ganadera--mulas, vacas y otros ganados- destinada al mercado de Potosi primero y al resto de los centros mineros andinos posteriormente (Assadourian, 1982). Recien hacia mediados del siglo XVIII, las exportaciones de Cordoba volvieron a diversificarse para atender la demanda de ganado vacuno de Cuyo y Chile, la de tejidos de lana y cueros del litoral y Buenos Aires y la de tejidos de lana de Paraguay, manteniendose el comercio mular con los centros mineros andinos como el principal rubro mercantil de la economia regional (Assadourian, 1978; Arcondo, 1992; Punta, 1997).

Impulsada por esta expansion de la produccion agraria, la apropiacion privada de tierras se realizo bajo las modalidades propias de la epoca: mercedes de tierras y posteriores compraventas. El sector beneficiario se fue ampliando, desde el grupo inicial de vecinos feudatarios, para incluir a otros vecinos y "moradores"--residentes en la ciudad, no avecindados. La ocupacion efectiva de tierras por los colonos desde 1573 hasta principios del siglo XVIII se produjo desde las sierras cercanas a la ciudad--principalmente el valle de Punilla--hacia la ruta al norte y las riberas de los rios Primero y Segundo; luego avanzo hacia el resto de las sierras, el piedemonte y las riberas de los rios Tercero y Cuarto (Ferrero y Nicolini, 2001; Ferrero, 2008). La distribucion de los pueblos indigenas reducidos (9) y los grupos encomendados asentados en las propiedades de sus encomenderos siguio este patron, concentrandose en las sierras donde quedaron tambien las reducciones mas perdurables.

En el siglo XVIII el paisaje agrario siguio transformandose: junto a pueblos de indios que iban disminuyendo en numero, estancias que se habian multiplicado en el siglo previo y cuya principal fuerza de trabajo permanente eran los africanos o afrodescendientes esclavizados, las unidades campesinas se convirtieron en una presencia destacada, incluso predominante en muchas areas de las sierras. Quienes las integraban ejercian control directo sobre el proceso de produccion, cualquiera fuera la situacion de sus tierras--generalmente ocupaban tierras sin titulo y, a veces, se asentaban en tierras privadas con previo acuerdo de su propietario. Su reproduccion se basaba en la labor de la familia nuclear o extendida, aplicada al trabajo agricola, ganadero y artesanal, aunque en momentos criticos de demanda de energia--generalmente al principio y al final del ciclo vital de la familia--era frecuente que incorporaran "agregados", formando unidades domesticas mas numerosas (Tell, 2008). En este mundo campesino--internamente diferenciado y relacionado con pueblos de indios y poblacion esclava--las personas eran caracterizadas en los censos como indios, mestizos, mulatos, negros o pardos, categorias que no necesariamente dan cuenta de sus auto-adscripciones y sentidos de membresia--si bien eran de uso habitual en el lenguaje de la epoca.

Encomiendas, visitas y reducciones en pueblos de indios

En la ultima decada, una nutrida produccion de estudios de caso viene complejizando nuestra comprension de la situacion de las sociedades indigenas de Cordoba en el contexto previamente resenado, indicando mas casos de persistencias y reestructuraciones que los que se conocieran cuando se realizaron los primeros estudios etnohistoricos sobre la region, los cuales plantearon la virtual desaparicion de los pueblos de indios ya para el siglo XVIII y la perdida de identidades indigenas como resultado de la mestizacion. (10)

En virtud de estos avances conocemos que la composicion de las encomiendas fue muy variada, y complejos sus procesos de conformacion. Algunas de las encomiendas mas tempranas fueron otorgadas sobre pueblos o grupos de pueblos--el principal y sus sujetos--que se redujeron en la misma area que habitaban y quedaron asentados en tierras propias, (11) otras se conformaron a partir de la entrega de individuos y familias desterradas de los Valles Calchaquies y/o de cautivos de guerra tomados en las "entradas a la tierra" y en las campanas militares a la "frontera" del Chaco, (12) muchas se formaron o engrosaron mediante la agregacion de familias e individuos de distintos origenes territoriales y afiliaciones etnicas: grupos originarios del territorio de Cordoba y familias desplazadas desde areas distantes y relocalizadas en las estancias y/o casas de los encomenderos. (13) Entre las mas tempranas, se contaron las que reunian bajo la tutela de un mismo feudatario grupos pequenos y geograficamente dispersos. Fue moneda corriente, ademas, que las encomiendas sufrieran desmembramientos, traspasos y reagrupamientos sucesivos (Piana, 1992; Gonzalez Navarro, 2009a; Castro Olaneta, 2015 a y b; Zelada, 2015 y 2017)

La situacion de los grupos encomendados con respecto a las tierras fue igualmente compleja y dispar. Algunos pueblos quedaron reducidos y asentados en tierras propias, dentro o fuera del area que habitaban o por la que se movian en el periodo prehispanico. Otros grupos encomendados--todo indica que la mayoria-- (14) quedaron dentro de las chacras y estancias de sus encomenderos (Castro Olaneta, 2006; 2015 a y b). En ocasiones se les senalo tierras de manera informal para sus sementeras pero no siempre pudieron hacer uso de ellas (Zelada, 2017). En las ultimas decadas del siglo XVI, una practica reiterada fue la de otorgar a los vecinos feudatarios tierras contiguas a las de los asientos de sus pueblos encomendados, para facilitar el acceso a la mano de obra indigena, la ocupacion de hecho de esas tierras y su posterior legalizacion bajo pretexto de estar ya despobladas, o emprendimientos productivos del encomendero en las tierras del asiento indigena (Piana, 1992). Otra practica corriente fue el traslado de los indios de encomienda de un asiento a otro, o su circulacion entre las propiedades privadas de sus encomenderos (Schibli, 2015 y 2016).

Ademas de los senalamientos puntuales de tierras que hicieron distintos gobernadores, y que conocemos solo muy parcialmente por estudios de caso, durante el siglo XVII dos momentos de inflexion fueron las visitas generales que se concretaron en la gobernacion: las de los oidores Francisco de Alfaro (1611-1612) y Antonio Martinez Lujan de Vargas (1692-1693). Ambas "crearon" o confirmaron derechos a tierras encuadrados en la normativa indiana para los indios encomendados (Castro Olaneta, 2015 a y b), aunque muy recortados y respondiendo a un patron de ocupacion territorial, acceso a los recursos y organizacion politica diferente al prehispanico: el de las reducciones en "pueblos de indios" ya puestas en practica en los virreinatos de Nueva Espana y Peru desde mediados del siglo XVI, que se replicaron en la Gobernacion del Tucuman en sus rasgos fundamentales--si bien con adaptaciones particulares.

Como es bien conocido, Francisco de Alfaro fue enviado por la Audiencia de Charcas a visitar las provincias del Tucuman, Rio de la Plata y Paraguay con la mision de suprimir el servicio personal, tasar los tributos y desagraviar a los indios tras numerosas denuncias de jesuitas y algunos gobernadores. Su visita concluyo con el dictado de un conjunto de Ordenanzas para la Gobernacion del Tucuman en 1611-1612--ademas de las dictadas simultaneamente para Paraguay y Rio de la Plata--, que definieron la organizacion de las reducciones indigenas vigente hasta el final del periodo colonial en cuanto a tierras comunales y autoridades etnicas. (15)

Las ordenanzas de Alfaro establecieron los criterios para reducir a cada grupo o pueblo encomendado en un pueblo de indios, asignarle las tierras necesarias para su reproduccion, construir una capilla en ellas y tasar el monto del tributo a pagar por cada varon adulto. Aunque esta visita fue un serio intento para desmantelar el servicio personal, Alfaro no lo elimino por completo en sus ordenanzas sino que dio la posibilidad de conmutar la tasa--calculada en dinero, y a pagar en dinero o en productos de la tierra--por un numero de dias de trabajo, ademas de regular los conciertos voluntarios de indios por jornal fuera de los pueblos de indios. (16) Tampoco suprimio la encomienda privada ni dispuso que retrovirtieran a la corona (Castro Olaneta, 2010), no explicito criterios para calcular la cantidad de tierras que le correspondia a cada pueblo y familia--las que el mismo asigno al parecer fueron escasas y no hay referencias de que entregara titulos (Palomeque, 2000: 125). (17) Las Ordenanzas, en suma:

regularon un sistema similar al del resto del virreinato [del Peru], donde la familia indigena sometida al sistema colonial espanol solo podia reproducirse parcialmente dentro de las tierras que les reconocieron como de comunidad, mientras era coaccionada a insertarse en las relaciones mercantiles y a subsidiar a la economia espanola (Palomeque, 2000: 127).

La siguiente visita general a la gobernacion fue hecha por el oidor Antonio Martinez Lujan de Vargas en 1692-1693, con el objetivo de desagraviar a la poblacion encomendada y "recordar" la vigencia de las ordenanzas de Alfaro, escasamente observadas. (18) Castro Olaneta (2015b: 86) recalca que, a su paso, el visitador encontro una variedad de "situaciones o momentos de procesos diferenciados de las poblaciones encomendadas", tanto hacia la desestructuracion como hacia la consolidacion de pueblos de indios. El abanico comprendia desde pueblos de indios con tierras, autoridades etnicas y tributarios asentados, hasta pueblos en proceso avanzado de abandono de su asiento o desarticulacion; desde indios asentados en las tierras privadas de sus encomenderos --algunos de los cuales recordaban sus pueblos de origen y otros no--, hasta encomiendas que solo conservaban el nombre, ya sin indios tributarios, entre otras situaciones intermedias. El amplio rango de situaciones relevado por la autora pone de relieve la complejidad y diversidad de los procesos atravesados por los pueblos sujetos a la encomienda privada en los siglos XVI y XVII en Cordoba, y las particularidades de una gobernacion donde esa institucion recien empezo a declinar iniciado el siglo XVIII. (19)

En este contexto, Manuel de Ceballos Neto y Estrada, comisionado por el oidor, hizo en 1694 el reconocimiento de las tierras de los pueblos de reduccion preexistentes y sus capillas, y la asignacion de tierras a grupos asentados dentro de las propiedades de sus encomenderos (Castro Olaneta, 2015b). A diferencia de Alfaro, Lujan expidio instrucciones precisas para calcular la superficie a adjudicar segun el numero de indios de encomienda y especifico los requisitos a cumplir en cuanto a calidad de las tierras, acceso al agua y distancia que debian guardar con la casa del encomendero. (20) Aunque el Oidor dispuso que los encomenderos extendieran escrituras ante el escribano del cabildo, en Cordoba la mayoria no lo verifico y posiblemente los pocos que lo hicieron se quedaron con las escrituras. Hasta ahora corroboramos para un solo pueblo --San Jacinto/ San Marcos-- (21) que la comunidad conservo el original o una copia del acta de demarcacion y toma de posesion de las tierras (Tell, 2012). Por otra parte, no encontramos indicios de compras colectivas o individuales de tierras por parte de los indigenas durante el periodo colonial.

El marco legal establecido por Alfaro, su visita a los pueblos y la separacion entre tierras de indigenas y de espanoles, sumados a la asignacion formal de tierras por Lujan de Vargas fueron intervenciones importantes de la Audiencia de Charcas para la organizacion institucional y los derechos de tierras de los pueblos de indios. Ambas visitas y medidas implementadas por otros gobernadores en el siglo XVII (22) lograron imponer algun grado de control sobre los encomenderos, pero entendemos que no cambiaron la tendencia general hacia una significativa reduccion del numero de pueblos y grupos encomendados. Una aproximacion parcial al universo de encomiendas entregadas en la jurisdiccion da una medida de este proceso: de los 36 pueblos y grupos encomendados visitados por Lujan de Vargas en Cordoba en 1692-1693, pudimos rastrear 21 desde la fundacion de la ciudad en 1573 hasta 1900. De ellos, a fines del siglo XVIII persistian unos 10 pueblos de indios, (23) ya todos en cabeza del rey. En las decadas de 1880 y 1890, cuando el gobierno provincial emprendio la expropiacion parcial y la subdivision de las tierras comunales, solo 6 de aquellos pueblos fueron reconocidos como "comunidades indigenas" (Tell y Castro Olaneta, 2011). Cabe atribuir esta tendencia, en parte, al colapso demografico durante los siglos XVI y XVII y al traumatico proceso descripto que condiciono las respuestas adaptativas de las sociedades originarias de la region. Debe considerarse tambien el drenaje de familias y personas que quedaron residiendo en las estancias y casas urbanas de sus encomenderos, o se desprendieron de sus encomiendas o pueblos de reduccion para integrarse en una sociedad campesina en pausada formacion, donde tejian relaciones personas de ascendencia indigena, africana y europea. Muchos de los integrantes de esa sociedad eran reconocidos como "indios", y/o se auto-adscribian como tales sin formar parte de las reducciones formalmente reconocidas. (24)

Siglo XVIII: historias compartidas, derroteros divergentes

Durante el siglo XVIII, los pueblos de reduccion persistentes experimentaron un crecimiento importante de la poblacion y del numero de indios de tasa, (25) siguiendo una tendencia general de crecimiento de la poblacion presente, por lo menos, desde mediados de siglo. Desde la demografia historica se remarco la disminucion de la mortalidad epidemica como un factor gravitante en esa tendencia de la poblacion en general--que reunia a los registrados como "espanoles" y "naturales" en los libros parroquiales--(Arcondo, 1992). Desde la historia economica y social se sugirio que, durante la larga retraccion del sector mercantil de la economia regional en la primera mitad del siglo, los grupos subalternos se habrian beneficiado del predominio de la economia de subsistencia y la liberacion de tiempo de ocio, lo que pudo haber definido "un conjunto de condiciones favorables para la dinamica demografica de la poblacion indigena y de castas" (Assadourian, [1968]: 1982: 55). Desde los estudios sobre tributacion indigena se llamo la atencion sobre la progresiva mejora en el registro fiscal de los contribuyentes, propia de las administraciones borbonicas, que hizo mas visible ese crecimiento (Ferrero, 2017).

Ademas de esos factores, creemos que para explicar las supervivencias de unos pocos, pero demograficamente consolidados, pueblos de indios en Cordoba es preciso rastrear en sus historias coloniales las complejas practicas que les permitieron reproducirse o recrearse como comunidades, en contra de la tendencia dominante del sistema colonial que parecia, en la Gobernacion del Tucuman, empujar hacia su desarticulacion y dispersion. Cabe considerar tambien las caracteristicas de esas sociedades al momento previo a la invasion, ya que pudieron haber influido en el desarrollo de esos patrones de adaptacion en resistencia. Este rastreo es, al mismo tiempo, punto de partida para explorar la insercion en el mundo urbano y rural de aquellos pueblos que transitaron hacia otras formas de organizacion social.

Por estas trayectorias divergentes nos preguntamos en publicaciones previas, a partir de una aproximacion casuistica y comparativa (Tell y Castro Olaneta, 2011 y 2016). Mas que un estricto patron comun que explique por que algunos pueblos de indios permanecieron organizados y reconocidos bajo ese estatus y otros no, advertimos algunos conjuntos de variables que se combinaron para contribuir a ese resultado. Reconocimos dos grupos entre los pueblos que persistieron hasta fines del siglo XVIII o fines del XIX. Por una parte, cinco se contaron entre las primeras encomiendas otorgadas a las huestes espanolas: Quilino, Soto, Nono, Salsacate y San Antonio de Nonsacate. Se trataba de grupos locales que fueron tempranamente reducidos en la misma area que ya habitaban y podemos hablar, al menos, de continuidad del sitio, si no de los propios grupos. Por otra parte, cuatro--San Jacinto/ San Marcos, La Toma, San Joseph/ Los Ranchos y Pichana--fueron creados mediante la agregacion de un numero pequeno de personas o familias desplazadas desde los Valles Calchaquies u otras areas, indigenas tomados como "piezas" en la guerra y personas o familias procedentes de grupos locales; todos ellos tuvieron que recrear lazos sociales en sus nuevas reducciones y crecer desde una base demografica inicialmente muy pequena.

La asignacion de tierras comunales, su ampliacion o su reconocimiento y confirmacion por el visitador Lujan de Vargas tampoco aparece como un factor que por si solo garantizara la persistencia de los pueblos en todos los casos. De veintitres donde se produjo esa intervencion, solo seis se mantuvieron hasta fines del siglo XVIII o XIX: San Joseph, San Jacinto/ San Marcos, Cosquin y Pichana cuyas tierras fueron adjudicadas por el oidor; Salsacate y San Antonio de Nonsacate cuyos derechos de tierras fueron confirmados, ademas de ordenarse la construccion de la capilla (Castro Olaneta, 2015b). En Quilino, Soto y Pichana se combinaron el control continuo de una extension amplia de tierras con una mayor entidad demografica. La ausencia de pleitos por tierras en estos tres pueblos, en contraste con otros que litigaron durante decadas para defender las suyas, (26) podria estar dando cuenta de particularidades de la estructura agraria de cada zona y de respuestas alternativas de cada grupo para mantener el control de sus tierras y recursos--hipotesis a contrastar.

Entre los pueblos que se mantuvieron a lo largo de su historia colonial cabe considerar tambien caracteristicas de su organizacion prehispanica, de su temprana reduccion y su trayectoria como encomiendas. Nucleos de alta densidad demografica prehispanica reducidos muy tempranamente en parte de su territorio prehispanico, que permanecieron encomendados a feudatarios de una misma familia en sucesivas vidas, como es el caso de Soto y Quilino, se destacaron por su larga persistencia (Tell y Castro Olaneta, 2016). Segun la hipotesis de Ochoa (2015) Soto, ademas, pudo haber sido favorecido por la reunion de este pueblo con los de Salsacate y Nono bajo tutela de un unico encomendero--posibilidad habilitada por la ordenanza 113 del oidor Alfaro--, si bien no llegaron a reducirse los tres pueblos en un solo asiento. Es el unico pueblo que no surgio de una encomienda privada sino de la asignacion de familias quilme al cabildo de Cordoba (La Toma), a las que seguramente se sumo poblacion indigena ya asentada en la ciudad; quiza el hecho de mantenerse al margen de la encomienda y con tutela del cabildo contribuyera en su persistencia. Ademas, La Toma recibio a los trasladados desde Ministalalo en 1788 por disposicion del gobernador intendente. (27)

Hasta aqui, la sintesis de investigaciones previas nos ha permitido delinear el campo de fuerzas en tension donde algunas practicas llevaban a la liberacion y dispersion de la poblacion de las reducciones indigenas, mientras otras reforzaban la reproduccion grupal y la integracion de "foraneos". La hipotesis que exploramos a continuacion sostiene que el crecimiento demografico y la movilidad de poblacion, en una jurisdiccion con desestructuraciones y recomposiciones etnicas y sociales como las descriptas, incidieron en la construccion de antagonicas representaciones sobre los "indios" y "pueblos de indios" en el siglo XVIII, en el contexto del renovado esfuerzo de los Borbones por contar, clasificar y tasar a la poblacion y de los cambios institucionales que promovieron en el ramo del tributo y en el registro de los contribuyentes, haciendo mas visible los procesos de forasterizacion en el territorio del antiguo Virreinato del Peru. Procuraremos aproximarnos a estas perspectivas en contienda mediante un analisis propio de documentacion del siglo XVIII, e integraremos con identico proposito los resultados de las investigaciones sobre practicas de tributacion y registro de tributarios.

Una republica de indios "puros": politicas de la genealogia

En 1785 el gobernador intendente de Cordoba, Rafael de Sobremonte, resumia con estas palabras la percepcion de los vecinos y las justicias de Cordoba sobre los pueblos de indios:
   [...] estos que se denominan pueblos no lo son realmente sino en
   el nombre por su constitucion y forma de gobierno que hasta aqui
   han tenido de muchos anos a esta parte: que cada uno de los
   individuos que lo componen abitan esparcidos en sus ranchos en
   considerable distancia los unos de los otros y algunos en los
   montes en varios de ellos sin que se les reconozca tener forma de
   Republica. (28)


Varias capas de significado se apilan en el uso de la palabra republica por el gobernador intendente, que remiten al vinculo entre territorio, jurisdiccion, poblacion y autoridades a cargo del gobierno politico y economico, contenido en esta voz. Sabemos que la republica era la expresion de un modelo de colonizacion consistente en la reunion de la poblacion en un asentamiento compacto al estilo hispanico, con casas organizadas en un patron cuadricular, una plaza, la casa de cabildo y una capilla en el centro; en este sentido, era similar o cercana al pueblo como una entidad jurisdiccional discreta. En la concepcion iberica, la congregacion de personas en este tipo de asentamientos era la base para--y la expresion de--la existencia de una comunidad social y politica, como asi tambien un espacio ritual que descansaba sobre un "modelo de territorio sagrado" condensado en la iglesia y la identificacion del pueblo de indios con un santo patron local que, a menudo, se hacia presente en los patrones de nominacion cuando se combinaba el nombre del santo con un toponimo local para llamar al pueblo. La relocalizacion de grupos nativos en los pueblos de reduccion contenia, ademas, un proyecto civilizatorio ajustado a una particular concepcion iberica del orden, las buenas costumbres y la observancia de la ley--la vida en policia o la vida cristiana y politica--(Platt et al., 2006: 520). El gobernador intendente tambien menciono otro componente clave aunque desdenando su importancia entre los pueblos de indios de Cordoba: "su constitucion y forma de gobierno", refiriendose con ello a la idea de republica como gobierno de lo publico y a la necesidad de un cuerpo de representantes e intermediarios que tutelaran ese cuerpo social e hicieran viable su gobierno por parte de la corona.

En el discurso de vecinos y autoridades hispanocriollas la ausencia de forma de republica, entendida como sinonimo de pueblo, estaba relacionada estrechamente con otra: no habia "indios puros" entre aquellos "que se denominan pueblos", segun senalaba Sobremonte, debido a la mixtura biologica entre los indios originarios--los naturales del pueblo y descendientes de las antiguas encomiendas--con gente de origen europeo y, sobre todo, africano. (29) Para ellos, los de Cordoba eran mas pueblos de castas que pueblos de indios. De este modo, las nociones de republica, comunidad, hibridacion o miscigenacion e impureza formaban un campo semantico que estaba relacionado con la inexistencia de vinculos comunales. Cabe la mejor sintesis de esto a un administrador de estancia que describio al vecino pueblo de San Jacinto como la adicion de
   [...] algunas parcialidades o familias de indios, mulatos y
   negros libres que con titulo de pueblo de San Jazinto hazen un
   conjunto de gentes varias que no pueden componer comunidad
   mayormente en tierras de que no tienen titulo ni propriedad y solo
   con el nombre de pueblo. (30)


?Como formaban los vecinos y autoridades locales su percepcion del grado de pureza de los pueblos de indios? El proceso se hace explicito en los escritos del capitan recaudador de tributos y juez cuadrillero Ramon Caceres, en ocasion de expulsar a varias familias del pueblo de San Antonio de Nonsacate en 1779. (31) Llamado a declarar ante el gobernador, justifico esta accion aseverando que los desalojados eran agregados que habian sido llevados al pueblo de indios por el cacique, con el proposito de mantener suficientes tributarios para retener las tierras--con esto advirtio, de paso, la importancia del pacto tributario con la corona. En su deposicion distinguio entre indios foraneos--forasteros--, indios legitimos--originarios--y agregados. En su esfuerzo por demostrar que los desalojados eran agregados y no naturales del pueblo proveyo un reporte biografico excepcionalmente detallado de cada uno de ellos, que nos permite capturar el flujo de personas y categorias entre pueblos de indios, estancias y migrantes en un area que cubria las sierras y el noroeste de Cordoba, el valle de Catamarca, Santiago del Estero y La Rioja. Retrato de este modo a los desalojados:

Sebastian Santuchos, mestizo "nacido y criado en la estancia de San Pedro" propiedad de Manuel Noble Canelo; su madre era india de Santiago del Estero "y el se ha publicado por hijo del referido Canelo"; "casado con una india o meztiza de la sierra del valle de Catamarca y solo intruso en el referido pueblo".

Su hijo Julian, casado con una "mulata foranea criolla" de Ischilin.

Francisco Garay, "mestizo cuarteron", hijo de "un caballero apellidado Garay" y de una india mocovi "que bibio y murio en poder de don Joseph Clemente Olmos"--vecino feudatario y abuelo del informante; la india pudo ser encomendada o de servicio--; nacido y criado en la estancia del mencionado Olmos. Casado con una "criolla de esta ciudad", ademas vivio en San Juan--presuntamente profugo por delitos--y a su regreso se instalo en el pueblo de San Jacinto.

Luis Ferreyra, "mulato publico" criado en la casa del mismo Joseph Clemente de Olmos, casado con una "mulata foranea del pueblo de San Jacinto". El padre de Luis--y quiza tambien el--era oriundo del pueblo de Quilino y habia sido criado por Olmos.

Juan Romero, "mestizo vallista" de la sierra de Catamarca, casado con una mestiza al parecer residente en San Jacinto pero no oriunda del pueblo; habian estado en la "casa de Saguion" de la familia Olmos antes de trasladarse a San Jacinto, presumiblemente por un conflicto entre su mujer y los propietarios. En este, como en otros casos, Caceres omitio precisar los tiempos de residencia en cada uno de esos lugares.

Nicolas, mulato, "nacido y criado" en la estancia de Caminiaga, propiedad de la familia, casado con una mulata del mismo lugar.

Joseph Domingo, mulato del pueblo de Soto, casado con la hija de Felipe y de "una india del pueblo de San Jacinto, que corre por mulata, segun notoria voz". Felipe era hijo de una india llamada Yunucha, quien "no fue del pueblo de San Antonio, y por sus malocas se vino alli, trahendo ya al dicho Phelipe, muchacho de a caballo".

Leandro, mulato nacido y criado en el paraje de Chinsacate, casado con hermana legitima de la mujer de Joseph Domingo.

Ignacio Guzman, indio natural del Peru, casado con la hija de Yanucha--?la misma Yunucha antes referida?--y un "mestizo perulero". El cuadrillero alego no haber quemado el rancho de esta pareja, por estar asentada en tierras pertenecientes a los herederos de Joseph de Olmos, fuera del pueblo.

Francisco Estrada, mestizo cuarteron hijo de don Gregorio Estrada y una india de San Jacinto, a quien saco del pueblo para llevarla a vivir en tierras de los Olmos, donde permanecieron con sus hijos hasta que murieron. Francisco se caso con una "mestiza cuarterona" de la jurisdiccion de La Rioja. Segun Caceres, vivio la mayor parte del tiempo agregado en tierras de Joseph de Olmos y "jamas ha querido confesarse por del pueblo, ni darse a el aunque los indios lo han solicitado y procurado que se declarase por del pueblo". (32)

La narracion que hizo Caceres de la genealogia y las historias de vida de los "ilegitimos" recrea vividamente el tejido de experiencias, los estrechos vinculos de parentesco y domesticos y el filtro ideologico que nutria la construccion y el uso de las palabras indio, mestizo y criollo por parte de los vecinos que estaban en contacto cotidiano con los pueblos de indios. Las biografias trazadas por el reunian varios marcadores: fenotipo, genealogia, relaciones sociales, trayectoria social y espacial previa, origen y crianza. (33) Caceres sostenia que los unicos indios que podian reclamar derechos a las tierras eran aquellos que habian nacido de--y sido criados por--una madre india y un padre indio, tambien nacidos en el mismo pueblo y que siguieron residiendo en su lugar de nacimiento. Solo aquellos que cumplian estos requisitos merecian el adjetivo de legitimos del pueblo, mientras que el resto--no solo los de "sangre mezclada" sino incluso aquellos que eran categorizados como indios o nativos de otros pueblos de indios o "reinos"--eran agregados que merecian ser desalojados. Los vecinos y autoridades supieron hacer uso politico de esta forma de concebir la genealogia, cada vez que solicitaron la expropiacion y fusion de pueblos.

Espacios indigenas: movilidad y tributacion

Las practicas que sostenian la reproduccion social de la poblacion indigena nos dirigen hacia formas alternativas de interpretar su persistente auto-identificacion como "indios" pertenecientes a, o "naturales de" un pueblo de indios en los registros documentales del siglo XVIII. Para explicar estas construcciones de la membresia creemos preciso atender a los patrones de movilidad de la poblacion y recepcion de foraneos--no cuando esta fue producto de los traslados hechos por los encomenderos y gobernadores sino cuando fue deliberada, resultado de una estrategia colectiva de reproduccion o de la trama de vinculos dentro del mundo rural--y a otras practicas comunales que integraban los pueblos en esas trayectorias de movilidad.

Recordemos que durante el siglo XVIII los pueblos de indios experimentaron un crecimiento demografico importante. Gracias al estudio de Ferrero (2017) sabemos que ese crecimiento estuvo alimentado tanto por la descendencia de uniones que podriamos calificar de endogamicas, desde un estricto criterio de parentesco y residencia, como por el aporte de foraneos establecidos por distintas vias: alianzas matrimoniales con oriundos del pueblo y establecimiento de familias foraneas con anuencia de la comunidad. La autora detecto nodos de movilidad entre pueblos de indios o dentro de areas territoriales discretas -hacia o desde parajes rurales y estancias--a fines del siglo XVIII y destaco la naturalidad con que eran percibidos estos movimientos al interior de ese espacio indigena. Uno de esos nodos precisamente conectaba al pueblo de San Antonio de Nonsacate con Soto, Pichana y San Jacinto; al parecer las relaciones de este conjunto con Nono, Quilino, Salsacate y Cosquin eran mas marginales, aunque los dos primeros tenian intensas relaciones con parajes circundantes y jurisdicciones cercanas (Ferrero, 2017: 90). Este espacio se ampliaria si siguieramos los trajines de los indios por las rutas de Cordoba, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero, San Juan y otros territorios que integraban las areas de trafico e intercambio de productos por parte de indios y campesinos (Tell, 2017a).

Las genealogias, alianzas y trayectorias de los desalojados de San Antonio de Nonsacate dan cuenta de esa habitualidad de movimientos entre pueblos de reduccion, estancias privadas, parajes rurales y territorios pertenecientes a distintas jurisdicciones, conectados por relaciones de larga data entre sus poblaciones. Las parejas formadas por naturales de distintos pueblos de indios (Quilino, Soto, San Jacinto) trasladados a un tercero (San Antonio) asi como los hombres, sus madres y esposas procedentes de Catamarca, La Rioja o Santiago del Estero, tambien dan cuenta de ese amplio espacio indigena que excedia y conectaba los pueblos de reduccion. Las mujeres tomadas cautivas y trasladadas a propiedades privadas, cuyos hijos terminaron naciendo y/o residiendo en pueblos de indios, ponen de manifiesto asimismo las reconfiguraciones etnicas operadas al interior del mundo indigena.

El sostenimiento de cierta base demografica, importante por si misma, tambien se relacionaba con la necesidad de cumplir con el pago del tributo y ocupar las tierras comunales. Al pago de la tasa--que debia garantizar el reconocimiento del pueblo con sus tierras y autoridades--contribuian aquellos no nacidos en el pueblo ni descendientes de sus naturales pero que se adscribian a la comunidad. Referencias diversas permiten apreciar que era una practica de larga data: en 1749 se hablaba de los "agregados que bienen de barias partes a yntroducirse y hacerse de encomienda". (34) Hacia fines de siglo un cura doctrinero los denominaba "taseros voluntarios", pues hacian acuerdos reversibles que duraban el tiempo que residieran en el pueblo. (35) Su reverso eran los desacuerdos entre los curacas y aquellos habitantes de sus pueblos que se negaban a ser "havidos y tenidos por indios" y a pagar la tasa (Ferrero, 2017: 124). Desde la puesta en vigencia de la Real Ordenanza de Intendentes para el Rio de la Plata (en adelante ROI) de 1782 y de la Instruccion Metodica de 1784, (36) en Cordoba estos taseros fueron incluidos tambien--negociacion mediante con los capitanes recaudadores de tributo--en el padron de tributarios y en las listas llevadas semestralmente por los capitanes recaudadores, algunos "con la venia del gobernador" (Ferrero, 2017).

La organizacion colectiva para el empadronamiento de indios de tasa y para el pago del tributo comenzo a delinearse en la transicion de encomiendas privadas a pueblos en cabeza de la corona. Los nueve pueblos que fueron incluidos en la revisita de 1785 se habian organizado para seguir pagando el tributo, una vez que vacaron como encomiendas privadas--Cosquin, Nono, Soto, Pichana, Salsacate, San Antonio de Nonsacate, San Jacinto/ San Marcos y Quilino--a traves de sus administradores o capitanes recaudadores (37) (Schibli, 2016), o bien habian negociado comenzar a pagar la tasa en lugar de prestar otros servicios (La Toma). (38) Con excepcion de Salsacate, este conjunto persistio con sus tierras en comun y sus autoridades hasta el siglo XIX. En cambio otras comunidades aun existentes en 1785, como Ministalalo, San Joseph y Santa Rosa, de las cuales no tenemos constancia documental que pagaran tributo en esa transicion, no fueron visitados ese ano y retuvieron sus tierras en comun por pocos anos mas (Tell y Castro Olaneta, 2016).

Las revisitas de 1785-1786 y 1791-1792, que aplicaron por primera vez de manera sistematica en la Gobernacion del Tucuman la distincion entre originarios y forasteros, habilitaron a los pueblos de indios de Cordoba a aceitar las practicas de tributacion y empadronamiento desarrolladas en esa transicion. Ferrero sistematizo los pasajes de individuos entre las categorias utilizadas en dichas revisitas--"originarios y forasteros con tierras", "forasteros sin tierras", "mulatos", "mestizos" y "negros". Observo que en casi todos los pueblos de Cordoba empadronados en la primera fecha, entre 50% y 78% de su poblacion se incluyo en la categoria de originarios y forasteros con tierras. Entre los forasteros sin tierra, negros, mulatos y mestizos, (39) se incluyo un alto numero de personas de origen externo. Los criterios de re-clasificacion aplicados en 1792 engrosaron el grupo de los originarios, puesto que los hijos nacidos de uniones entre originarios/as y externos--revistieran como forasteros sin tierras, negros, mulatos o mestizos en la revisita de 1785--tendieron a ser re-categorizados como originarios y forasteros con tierras (Ferrero, 2017: 79-80, 95-96).

En virtud de estos y otros datos, la autora plantea la hipotesis de que los forasteros sin tierra conformaban un grupo, continuamente alimentado, de migrantes recientes cuyo origen aun se recordaba, mientras los migrantes cuyo origen no fue senalado en los padrones, o aquellos de segunda generacion, fueron integrados en el nucleo de los originarios. Remarca ademas que esos pasajes de una categoria a otra no fueron solo resultado de los criterios clasificatorios aplicados por los oficiales borbonicos, dentro de las posibilidades ofrecidas por la grilla de la Instruccion Metodica, sino que se relacionaron con procesos internos de las propias comunidades y sus criterios de membresia y auto-clasificacion. En ese sentido, sugiere que una "logica de la incorporacion" precedia a una "logica del origen", e incluso era mas relevante (Ferrero, 2017: 47-48, 99).

Consideramos que la adaptacion a esta transicion, que va de las decadas de 1740 a 1780, fue una de las claves para que muchos de los pueblos que habian persistido hasta entonces enfrentaran exitosamente las presiones de vecinos y autoridades por erradicarlos--a veces apoyados desde la gobernacion intendencia, otras no tan claramente--, (40) lo cual plantea, por otra parte, el interes de revisar las articulaciones politicas que dieron forma local a las politicas borbonicas. (41)

Las formas de registro y tributacion en esa transicion posibilitan leer en otra clave las biografias de los desalojados de San Antonio de Nonsacate; esto es, desde los cambios de categorias que, en la practica y/o en los registros, sus movimientos conllevaban: de originario o natural de un pueblo de indios a forastero en otro; de criado en una estancia a forastero en un pueblo de indios; de natural de un pueblo a agregado en una estancia; de natural de un pueblo a dependiente en una estancia y a forastero en otro pueblo.

Si observamos el registro de algunos de esos individuos en censos de poblacion, revisitas y listas de tributarios, advertiremos hasta que punto la omision de los tiempos de permanencia en el pueblo, en el relato del cuadrillero, y su insistencia en presentar los desplazamientos como resultado de conflictos o huidas por delitos opaca los vinculos entre poblaciones de origen y destino de los migrantes y la integracion de muchos de ellos, o de sus familias, en el pueblo. Todos aquellos que aparecen en San Antonio en el censo de 1778 y las revisitas de 1785 y 1792 siguen una secuencia comun. En 1778, en el padron general de poblacion elaborado por vecinos de cada partido Sebastian Santuchos, su hijo Julian, Francisco Estrada, Ignacio Guzman, Juan Romero y Joseph Domingo, fueron censados como agregados a San Antonio y Luis Ferreyra como agregado a Saguion. Se les aplico la categoria de agregado, que en ese censo distinguia a la familia que encabezaba cada unidad domestica o estancia, sin especificar su situacion tributaria. Romero, Joseph Domingo, Ferreyra y Julian Santuchos no aparecen en las revisitas. En la de 1785, Sebastian Santuchos--oriundo de San Pedro--e Ignacio Guzman--oriundo del pueblo de Calcha, jurisdiccion de Potosi--fueron inscriptos entre los forasteros sin tierras, con sus mujeres naturales del pueblo; Francisco Estrada fue inscripto entre los originarios y forasteros con tierras del comun, con su mujer oriunda del pueblo de Bichigasta (La Rioja), ambos ausentes en esa jurisdiccion. Estrada y Santuchos revestian como regidores del cabildo de indios. En 1792 Estrada habia muerto, su viuda e hijo fueron reinscriptos como originarios. Santuchos y Guzman continuaban como forasteros, el primero reelegido como regidor pero sus hijos casados con mujeres del pueblo--Juan de la Cruz Santuchos y Lazaro Guzman--habian sido reubicados entre los originarios. En las listas de tributarios confeccionadas por los capitanes recaudadores que se conservan--1804 a 1809--seguian registrados Juan de la Cruz como exento y Lazaro como indio de tasa, excepto el ano que ejercio como alcalde. (42)

Conclusion: membresia y relacionalidad

El conjunto de practicas de integracion al que nos hemos referido nos devuelven una perspectiva mucho menos estatica para entender la identidad y la membresia en estas comunidades, no ligadas a una esencia o a una sustancia ni a una unica forma de afiliacion a la comunidad--la ascendencia biologica--, aunque los habitantes de los pueblos tambien estuvieran permeados por estas nociones o hicieran un uso politico circunstancial de ellas. La documentacion revisada y los aportes de estudios recientes no sugieren que en el interior de las reducciones la distincion entre naturales y foraneos fuera operativa en todos los ordenes de la vida comunitaria, ni que necesariamente permaneciera con el paso de las generaciones. Era posible la reversibilidad del vinculo de los foraneos con la comunidad receptora, como tambien el desprendimiento definitivo o transitorio de los oriundos del pueblo.

Estas practicas--parte de la "actividad comun" que constituia cotidianamente a las comunidades--(43) remite mas que a formas sustanciales, a construcciones relacionales de la pertenencia al pueblo de indios, a maneras de integracion y ejercicio de derechos que excedian las contempladas por las leyes vigentes y las nociones hispanicas de la autoctonia. Sugieren considerar las reducciones no solo como entidades discretas sino como puntos dentro de espacios mas amplios de movilidad, donde se conectaban con estancias, parajes rurales, ciudades. en el curso de crianzas, matrimonios, trajines y conflictos. Esos movimientos, inscriptos en procesos mas largos de desagregaciones y reconstituciones, desbordan los criterios de legitimidad hispanos basados en la pureza de sangre y acercan a los pueblos de Cordoba a experiencias similares en otros espacios del Virreinato, de integracion de las reducciones en patrones de organizacion, migracion, asentamiento y acceso a los recursos distintos de los planificados para la "republica de indios". (44)

En ese sentido, la observacion de las contiendas sobre la naturaleza y legitimidad de los pueblos de indios en el siglo XVIII aporta elementos para comprender, dentro de una temporalidad mas profunda, las construcciones politicas e intersubjetivas de la raza y la aboriginalidad en el presente, tan permeadas por representaciones conflictivas acerca de la autenticidad y legitimidad de quienes en Cordoba se adscriben como aborigenes comechingones (Palladino, 2012 y 2013; Stagnaro, 2013; Bompadre, 2016) y reconocen parte de su historia no solo en los pueblos originarios de tiempos prehispanicos sino en la experiencia colonial de los pueblos de indios.

Agradecimientos

Agradezco a Tristan Platt por la lectura de la primera version de este articulo y sus recomendaciones de bibliografia; los comentarios de Roxana Boixados a la version presentada en las XVI Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia; las posteriores observaciones de Silvia Palomeque e Isabel Castro Olaneta; la lectura atenta de Lucas Borrastero y las sugerencias de los evaluadores anonimos.

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(1.) Hubo pocas excepciones: Soconcho, Manogasta y Anga en Santiago del Estero, que estaban en cabeza de la corona y cuyo tributo se aplicaba a solventar los gastos de los gobernadores (Lorandi, 1988; Palomeque, 2000), y el grupo de familias administrado por el cabildo de Cordoba desde la decada de 1660, que integrarian el pueblo conocido en el siglo XVIII como La Toma (Tell, 2010; Zelada, 2017).

(2.) Solo quedaron unas pocas encomiendas privadas en algunas jurisdicciones, como Tucuman y Jujuy, hasta la decada de 1800 (Madrazo, 1982; Lopez, 2006). Por decreto de la Junta Provisional Gubernativa del Rio de la Plata de 1811, la encomienda fue abolida (Doucet, 1993).

(3.) Sobre la intervencion de los funcionarios de la corona en la gobernacion en asuntos relativos a las encomiendas y reducciones, ver Castro Olaneta (2013) y Carmignani (2015).

(4.) Ver tambien Lorandi y Boixados (1987-1988) y Lorandi (2000); sobre los procesos de reconstitucion etnica posteriores al destierro, Rodriguez (2008a).

(5.) Sierras centrales es la denominacion utilizada por los arqueologos especializados para referirse a los cordones montanosos que atraviesan las actuales provincias de Cordoba y San Luis.

(6.) Aunque la venta de encomiendas estaba prohibida se practicaba de hecho, al igual que otros mecanismos, como las "dejaciones", que facilitaban el traspaso de pueblos, parcialidades o grupos de individuos entre encomenderos emparentados -o que formaban parte de una misma red de relaciones economicas y sociales (Piana, 1992).

(7.) En la Gobernacion del Tucuman, algunas de las primeras encomiendas fueron otorgadas "por noticia" --esto es, sobre grupos que habitaban fuera del territorio bajo control espanol, que no habian sido visitados ni censados. Los beneficiarios salian a "correr la comarca": organizaban incursiones (malocas) para someterlos mediante la fuerza militar. Con frecuencia, los mismos grupos fueron otorgados a distintos encomenderos o las cedulas fueron tan imprecisas al describir a los caciques y pueblos otorgados que llevaron a endemicos conflictos y pleitos entre los espanoles para probar su derecho de precedencia (Lorandi, 1988; Piana, 1992).

(8.) La "saca" era la venta y alquiler de indios de servicio que se llevaban a otras jurisdicciones, como Chile y Peru. Segun Piana (1992), en Cordoba durante las primeras decadas coloniales, hasta que se prohibieron, las sacas fueron reguladas por el cabildo espanol.

(9.) A fin de evitar la repeticion tediosa de la expresion "pueblo de indios", utilizada en la documentacion para designar a los pueblos congregados en el area de mas antigua colonizacion con tierras comunales asignadas, poblacion sujeta a tributo, curaca y cabildo, utilizaremos, como sinonimos, pueblo de reduccion o reduccion. Con estas dos ultimas denominaciones no nos referiremos a los pueblos reunidos en espacio de frontera, que en esta region tambien se llamaban habitualmente reducciones.

(10.) Para Cordoba ver una sintesis de esta produccion en Tell y Castro Olaneta (2011 y 2016) y para la Gobernacion del Tucuman, ver Lorandi (2002).

(11.) Por ejemplo, Quilino, Soto, Nono y Salsacate (Castro Olaneta, 2006; Ochoa, 2015).

(12.) Los vecinos de Cordoba recibieron familias originarias de los Valles Calchaquies al cabo de las dos campanas de "pacificacion". Segun Montes (1961), despues de la primera campana se desterraron malfines a una reduccion cerca de la ciudad de Cordoba. Conocemos mejor, gracias al estudio sistematico de Zelada (2017), las desnaturalizaciones posteriores a la segunda campana. En esa ocasion, numerosas familias de filiacion quilme fueron entregadas por el gobernador Mercado y Villacorta a vecinos y soldados que participaron en las campanas militares de la decada de 1660 y pagaron anticipadamente por el acceso a la mano de obra indigena a someter--bajo la modalidad de contrato o composicion--, que luego recibirian en encomienda; solo en unos pocos casos los vecinos accedieron a las familias desterradas por otros mecanismos (Gonzalez Navarro, 2009a; Boixados, 2011; Zelada, 2017).

(13.) Hubo casos en los que se agregaron a la encomienda componentes --familias o individuos--concedidos al mismo encomendero por distintos gobernadores, que habian sido parte de otras encomiendas antes de ser re-otorgados.

(14.) El unico estudio panoramico y sistematico sobre el tema es el de Castro Olaneta (2015 a y b) para 1693; conocemos muy parcialmente la situacion previa.

(15.) No asi en lo referido a la poblacion gravada por el tributo y las formas de recaudacion de este, que no se modificarian sustancialmente hasta la desaparicion de las encomiendas privadas en el siglo XVIII y la extension del cobro de tributo a forasteros y "castas" residentes en pueblos de indios, reglamentada por los Borbones (Palomeque, 2000).

(16.) La conmutacion del tributo por dias de trabajo y los conciertos de indios--modalidad de trabajo no gratuita del todo pero posiblemente subvaluada--confluyeron, en la practica, para dar acceso privilegiado a la mano de obra indigena a los mismos encomenderos que terminaron recibiendo jornadas de trabajo en concepto de tasa y de conciertos durante el siglo XVII (Castro Olaneta, 2010).

(17.) Hay referencias de las encomiendas que Alfaro visito y las reducciones que hizo pero no se conoce su actuacion en profundidad porque no se hallo, hasta ahora, el auto de la visita.

(18.) Ver la transcripcion de la visita a las encomiendas de Cordoba y estudios complementarios en Bixio et al. (2009).

(19.) En el caso de Cordoba, durante la primera mitad del siglo XVIII, las encomiendas privadas que fueron vacando pasaron a tributar a las cajas reales hasta desaparecer las ultimas hacia la decada de 1760 (Punta, 1990; Arcondo, 1992).

(20.) Cordoba es la unica jurisdiccion de la gobernacion donde hasta ahora se hallo el auto de las asignaciones de tierras, cuya transcripcion completa esta publicada en Tell (2017b).

(21.) Se utilizan los dos nombres en el siglo XVIII, mas frecuentemente el de San Jacinto. El de San Marcos, reivindicado por la comunidad, quedo establecido recien en el siglo XIX (Tell, 2012; Schibli, 2016). El mismo uso intercambiado se observa en el caso de San Joseph/ Los Ranchos (Schibli, 2015).

(22.) Ver, por ejemplo, el estudio sobre Alonso de Ribera realizado por Carmignani (2015).

(23.) Cosquin, La Toma, Nono, Pichana, Quilino, Soto, Salsacate, San Antonio de Nonsacate, San Joseph/ Los Ranchos y San Jacinto/ San Marcos; Ministalalo hasta aproximadamente 1788. Ver los mapas incluidos en Piana (1992), Montes (2008), Gonzalez Navarro (2009b), Carmignani (2013), Borrastero (2015) y Tell y Castro Olaneta (2016). En ellos se localizan pueblos otorgados en encomiendas, pueblos y encomiendas visitados, o lugares de origen de indigenas procedentes de las sierras centrales y trasladados a la ciudad de Cordoba para distintos momentos de los siglos XVI y XVII.

(24.) En el censo eclesiastico de 1778, por ejemplo, 10% de los aproximadamente 40.000 censados fueron anotados como "indios"; de ellos, apenas un 37% fueron empadronados posteriormente como tributarios (Palomeque, 2000; Ferrero, 2017).

(25.) Los indios registrados en padrones de encomiendas y pueblos de reduccion se multiplicaron de tres a dieciocho veces entre 1705 y 1785, segun Ferrero (2017: 57). Dada la heterogeneidad de estas fuentes es muy dificil discernir hasta que punto la tendencia responde a la mejora del registro fiscal o a un crecimiento demografico real, que creemos existio aunque no podamos medirlo con mayor precision por carecer de fuentes complementarias, tales como series continuas y largas de registros parroquiales.

(26.) San Jacinto/ San Marcos y La Toma son los casos mejor documentados en este sentido (Tell, 2010 y 2012) pero hubo otros.

(27.) Mantenemos la duda si tambien llegaron los habitantes del pueblo de Santa Rosa--situado en Calamuchita aunque no registrado como tributario--pero fue apelado por el cacique al virrey Marques de Loreto; este denuncio que habian sido despojados de sus tierras aunque no nos consta si el traslado finalmente se concreto (FDMPC, Doc. 9186, 1790, f. 17v.).

(28.) Citado en Punta (1997: 161). Ademas, en el oficio que dirigia al virrey en el mismo ano senalaba que "la falta de pueblos formales" era el "mal general de toda la provincia" de Cordoba y sobre los diez pueblos tributarios que reconocia existentes en la jurisdiccion, opinaba que "ninguno merece el nombre de pueblo formal por la dispersion de sus infelices ranchos, habiendo llegado algunos a no tener tributario porque se han ido extinguiendo desde tiempo immemorial" (Punta y Rustan, 2014: 76).

(29.) Discursos semejantes comenzaban a manifestarse en otras provincias de la gobernacion en el siglo XVIII y se extenderian en el XIX (Rodriguez, 2008b; Boixados y Farberman, 2011; Boixados 2012).

(30.) AGN, Sala IX, Leg. 31-7-8, 1800, f. 26v.

(31.) Este documento ha sido considerado brevemente por Punta (1994) dentro de su tratamiento de los problemas de tierras, posteriormente fue incorporado por Farberman (2009) en su busqueda de las trayectorias de los agregados a los pueblos de indios--tambien recuperado en Farberman y Boixados (2009-2010). Aqui, lo abordamos desde la pregunta por las percepciones de autoctonia y legitimidad poniendo en cuestion la distincion entre naturales y agregados.

(32.) Todas las frases citadas entre comillas proceden de AHPC, Escribania 1, Leg. 364, Exp. 5, 1769, fs. 18v-21r.

(33.) Un sinnumero de estudios ha puesto de manifiesto el amplio, e historicamente complejo, campo semantico al que remitian estas categorias, enraizadas en la percepcion del fenotipo, la "disposicion moral" de la persona y su estatus heredado, su genealogia, relaciones sociales y trayectoria de movilidad social y espacial previa (De la Cadena, 2005), como tambien en una concepcion de autoctonia como ser natural de la tierra y en la crianza --el "mamar la leche" que condicionaba la identidad del individuo, en cuanto "sustancia vital" que transmitia los "valores autoctonos" y reforzaba la transmision por via de la sangre--(Saignes y BouysseCassagne, 1992: 16). Se ha destacado que avanzando hacia el siglo XVIII la percepcion del fenotipo se hizo mas importante, asi como toda una serie de marcadores sociales, tales como la vestimenta, el oficio, la lengua o el apellido (Schwartz y Salomon, 1999; Minchom, 2007). Para la Gobernacion del Tucuman, ver especialmente el trabajo de Boixados y Farberman (2011) sobre las construcciones de la categoria "indio" y las percepciones de indianidad en los padrones de poblacion de los Llanos de La Rioja.

(34.) AHPC, Escribania 1, Leg. 317, Exp. 6, 1753, f. 78r.

(35.) Ferrero (2017: 135) menciona el caso de "un indio foraneo que tributaba mientras estuvo casado en el pueblo, dejo de hacerlo luego de enviudar y volver a casarse, alegando que 'pago derechos de su casamiento con concepto a que en lo sucecivo no se le deba reputar por tributario en virtud de no ser oriundo y haverse casado fuera del pueblo' ... ", aclarando que los tributarios estaban eximidos de pagar tal derecho. La cita documental corresponde a AGN, Sala IX, Leg. 347-5, 1808, f. 24r.

(36.) Fue elaborada por el visitador de real hacienda Jorge Escobedo para la confeccion de revisitas en los virreinatos de Peru y del Rio de la Plata, siguiendo los lineamientos generales de la ROI.

(37.) El pago mas temprano que detectamos fue hecho en 1749 por el administrador del pueblo de San Jacinto. En los libros de contaduria de real hacienda llevados mas sistematicamente a partir de 1765 figuran pagos bastante regulares de los otros pueblos a traves de sus capitanes recaudadores (Schibli, 2016). No pudimos rastrear esta practica en la primera mitad del XVIII, cuando todavia Cordoba dependia de la caja de Jujuy puesto que las series de contaduria identificadas hasta el momento en distintos repositorios comienzan hacia mediados de siglo.

(38.) Sus miembros habian prestado el servicio de limpieza y reparacion periodica de la acequia de la ciudad. La primera lista de tributarios donde aparece registrado este pueblo es la de 1775. Diciembre de 1778 es la fecha mas temprana de pago de la tasa que se consigna en los libros de real hacienda. En el libro comun general de la caja de Cordoba de ese ano se anota que el tributo de La Toma fue enterado por el capitan recaudador "en consorcio del cassique del pueblo" (AGN, Sala IX, Leg. 11-8-4, 1778, f. 41v.).

(39.) Estas ultimas tres categorias solo estan en las revisitas de Cordoba, no asi en el resto de la gobernacion. Por la logica del padron deducimos que se contaban entre los "sin tierra".

(40.) Como ejemplo, ver el estudio comparativo de los casos de San Marcos y San Joseph realizado por Schibli (2015 y 2016).

(41.) Como caso contrastante, ver el articulo de Boixados (2016) para La Rioja, jurisdiccion que paso a formar parte de la Gobernacion Intendencia de Cordoba.

(42.) Censo de poblacion del partido de Ischilin de 1778 (AHPC, Gobierno 1--serie, Tomo 18); Revisitas de 1785 y 1792 (AGN, Sala XIII, Documentos Diversos, Leg. 31) y Listas de tributarios (AGN, Sala IX, Leg. 34-7-5 y 31-8-7).

(43.) Recuperamos aqui planteos de Carsten (2000) y Joyce (2000).

(44.) Una compilacion de sintesis sobre el Virreinato del Peru donde se considera esta cuestion, es la de Saito y Rosas Lauro (2017).

Sonia Tell *

* Instituto de Humanidades. Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas (CONICET). Universidad Nacional de Cordoba. Cordoba, Argentina. E-mail: sotell@ffyh.unc.edu.ar

Fecha de recepcion: 2 de julio de 2018. Fechas de aceptacion: 19 de septiembre de 2018

Leyenda: Mapa. Recorte de "Carte des provinces de Cordova et San Luis" de Victor Martin De Moussy (1873), modificado por la autora. No contamos con cartografia tan detallada para el XVIII.Se marcaron los lugares mencionados en el expediente: parajes con circulos y pueblos de indios con rombos. La ubicacion de Saguion y de San Antonio de Nonsacate, agregados en el mapa, es aproximada. San Jacinto aparece con el nombre de San Marcos. El lugar llamado Rosario corresponde al antiguo emplazamiento del pueblo de San Joseph--donde se creo a principios del siglo XIX Villa del Rosario. El pueblo de La Toma no aparece individualizado porque se emplazaba junto a la ciudad de Cordoba.
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Title Annotation:ARTICULO DOSSIER
Author:Tell, Sonia
Publication:Memoria Americana. Cuadernos de Etnohistoria
Date:Jan 1, 2019
Words:14317
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