Printer Friendly

?Revolucion militar o devolucion militar? Cambio y continuidad en la edad moderna militar.

Military Revolution or Military Devolution? Early Modern Military Change and Continuity

Durante varias decadas hemos sido testigos de un aumento continuo de la privatizacion de las actividades militares. El uso de contratistas y companias privadas para apoyar, aumentar y suplir las tropas reclutadas y controladas directamente por el Estado ha sido la caracteristica determinante de las fuerzas militares occidentales desde la decada de 1980. No obstante, en la misma medida en que las percepciones populares de los sistemas militares actuales no han llegado a comprender la escala y el alcance del significado politico de esta contratacion de servicios militares externos, la mayor parte de los historiadores tampoco han captado el significado real de lo que puede llamarse la otra gran <<devolucion militar>> de los siglos XVI y XVIII (1).

Ha sido solo en los ultimos cuatro o cinco anos cuando numerosos libros, articulos y conferencias han profundizado en el abastecimiento militar y el papel de las empresas privadas militares durante la Edad Moderna (2). Esto ha llevado a cuestionar una serie de supuestos sobre la guerra en la Edad Moderna y su relacion con los cambios politicos y sociales. Mi libro, The Business of War. Military Enterprise and Military Revolution in Early Modern Europe, es un intento de contribuir a este clima de revision (3). En el hacemos una valoracion de las ventajas y utilidades operacionales y logisticas conseguidas por aquellos estados y sociedades con el empleo de contratistas militares durante la Guerra de los Treinta Anos, relacionandolo con un estudio mas amplio del desarrollo del espiritu empresarial en el terreno militar durante la Edad Moderna. Todo con el objetivo de revisar los prejuicios historicos e historiograficos que han marginalizado el estudio de la privatizacion militar y su relacion con la construccion del Estado. El concepto que tipicamente ha definido la guerra y la sociedad en la Edad Moderna no es, ciertamente, la <<revolucion militar>>, sino la <<devolucion militar>>. Desde su aparicion a mediados de la decada de 1950, la conocida tesis de Michael Roberts, esto es, que ciertos cambios en la tactica y la organizacion militares podrian ser vinculados con procesos mas amplios de transformacion politica y social, ha sido el principal eje del posterior debate sobre la guerra y la sociedad de la Edad Moderna (4). Su concepto de <<revolucion militar>> es el que, de hecho, se ha situado en la cima del conjunto mas extendido de interpretaciones, teorias y hasta creencias, que juntas han proyectado una larga sombra sobre la manera en la que se ha entendido e interpretado el papel del recurso a la privatizacion militar en la tradicion historiografica europea. Aunque los estudios realizados sobre organizacion militar y la guerra sirvieron para mostrar la existencia y el empleo por el Estado de mercenarios, empresarios militares y logistica privada, la valoracion de su significado ha sido mas discutible. En la mayoria de estos estudios sobre la guerra, la privatizacion militar es aun una cuestion periferica o, lo que aun es mas grave, un callejon sin salida, esto es, una realidad historica que termina desapareciendo por el ascenso del Estado. El trabajo clasico sobre el espiritu empresarial militar de Fritz Redlich, German Military Enterpriser and his Work Force, nos proporciona un ejemplo valioso del problema historiografico y de lo que podriamos llamar <<el pensamiento clasico>>. Redlich nos ofrecio un detallado estudio de los empresarios militares, de la vida de los implicados en <<el trato de soldados>>, pero tambien de los costes, los mecanismos y los peligros inherentes a la contratacion de tropas (5). De los datos proporcionados por Redlich surge con fuerza la imagen negativa de un empresario militar, que es presentado como un militar, que ejerce constantemente pero frustrado, que termina siendo pernicioso para todos con los que se relaciona: autoridades, subditos, soldados y hasta para si mismo. Los aparentemente pocos casos de exito profesional y supervivencia que se encuentran hasta el siglo XVIII son, en el pensamiento de Redlich, una excepcion en una evolucion que todo indica que estos empresarios militares iban hacia su extincion. Si sobreviven en algunos estados alemanes es solo por su menor importancia, con un caracter residual y que, e incluso entonces fue solo una consecuencia de la insignificancia y debilidad de los principados alemanes.

Esta interpretacion negativa y reduccionista de la presencia de los empresarios militares se ha repetido constantemente en la historiografia, pese a que buena parte de sus supuestos podrian ser facilmente cuestionados, y toda la vision invertida. Asi, el mantenimiento de una fuerza reclutada y administrada exclusivamente por el Estado podia ser, en realidad, una anomalia en una mirada mas extendida de la historia europea. Del mismo modo, el esfuerzo de los estados por establecer ejercitos y armadas bajo control exclusivamente estatal, unido al mantenimiento de un monopolio estrecho del Estado sobre las fuerzas militares, aparece como un objetivo y una destacada preocupacion de los estados europeos desde 1770 hasta aproximadamente 1960. En realidad, en el largo plazo, podemos afirmar que el patron caracteristico del arte europeo de la guerra, desde las polis de la Grecia clasica hasta el Ancien Regime del siglo XVIII, y una vez mas comenzando a partir del ultimo medio siglo hasta hoy en dia, ha sido precisamente la contraria, es decir, la organizacion de las fuerzas armadas a base de contratos con proveedores privados, ya sea para el reclutamiento y mantenimiento de marineros y soldados, o mediante la utilizacion de recursos privados con los que conseguir asegurar los suministros militares y hasta la logistica militar. Sin embargo, la tradicion castrense occidental y la historiografia han restado importancia o incluso negado esta realidad basica. Por el contrario, se ha establecido una idea fundamental, que aparece persistente en la historia, que insiste en el creciente control estatal de las fuerzas militares. Una idea acunada bajo el rubro de la constante construccion de un <<monopolio de la violencia>> asociado a la construccion del Estado. La vitalidad de esta interpretacion determinista del fortalecimiento militar en la construccion del Estado establecido por Redlich en su gran obra ha dejado poco espacio para valorar las realidades historicas que sugieren la existencia de iniciativas, organizaciones y finanzas privadas en el actividad militar.

Era relativamente facil mantener semejante enfasis en el creciente control estatal de ejercitos y armadas, cuando el resultado final del proceso historico parecia ser tan evidentemente: el establecimiento de unas fuerzas armadas nacionales bajo el completo mando del Estado. Hasta mediados del siglo XX era posible conjeturar un <<fin de la historia militar>>, en el cual la cualidad determinante de las fuerzas armadas modernas era su integracion estructural dentro de la administracion del estado, un proceso que parecia ser tan completo como irreversible. No obstante, las transformaciones militares experimentadas durante las ultimas decadas suscitan dudas sobre este proceso aparentemente inexorable, e indudablemente han ayudado, explicita o implicitamente, a impulsar el estudio del empresario militar. Sin embargo, nunca fue el caso que el enfasis historico en fuerzas militares bajo control estatal se asentase pura y simplemente en una idea de inevitabilidad historica. otras presunciones mucho menos problematicas han tomado parte en la formacion de opiniones sobre el desarrollo de las fuerzas militares en Europa durante la Edad Moderna.

Si los historiadores de la Europa de la Edad Moderna han interpretado las transformaciones en los patrones del arte de la guerra desde el siglo XV hasta el XVIII como un constante e irreversible aumento y perfeccion del control estatal, en parte se explica por la extensa creencia que atribuye, casi como un axioma, la inferioridad de la organizacion militar privada. Aqui se aprecian dos suposiciones entrelazadas y negativas. La primera es una generalizada preocupacion moral y legal sobre la utilizacion de soldados mercenarios, y de cualquier negocio de apoyo militar, cuyas actividades no parecen tener una justificacion mas alla del afan de lucro personal. Aun cuando aquellos que prestan sus servicios fueran compatriotas o subditos del Estado o gobierno beligerante, siempre suscitan sospecha y recelo la existencia de unos soldados que prestaban sus servicios de forma voluntaria e individual y por sus propios motivos (6). Del mismo modo, y es una segunda suposicion, aquellos empresarios militares o contratistas privados involucrados en la gestion de recursos y operaciones militares se consideran igualmente culpables, especialmente al valorarse que sus beneficios personales se verian directamente acrecentados por la extension y prolongacion de la actividad belica.

Si los reparos morales son una parte de estos supuestos, podemos considerar que se potencian con una conviccion igualmente poderosa y pragmatica: que la contratacion externa de la guerra es, desde un punto de vista militar, auto-destructiva. Es decir, el ejercicio de fuerza militar se deberia confiar unicamente a aquellos cuya lealtad se puede asegurar por una identidad nacional y obediencia compartidas.

El <<ejercito ciudadano>> concebido por Maquiavelo, respaldado por numerosos humanistas y luego escritores nacionalistas, contrasta vivamente con el soldado mercenario, que se alista solo por dinero y que lucha sin afiliacion territorial o ideologica (7). Adoptar una estrategia decisiva, pero potencialmente costosa, seria completamente contraria a los intereses de soldados asalariados y sus capitanes, cuyos propios intereses preferirian un conflicto prolongado y poco arriesgado que les proporcionase empleo por el maximo tiempo posible.

Estos argumentos negativos en contra de las fuerzas militares privadas pueden ser convincentes, pero hay argumentos contrarios que sugieren que construccion de Estado y recurso a empresarios militares no son incompatibles. Es mas, el Estado pudo haberse desarrollado tambien mediante el recurso a las actividades militares privadas. Conviene tener presente la extensa historiografia que hay sobre la formacion del Estado y la construccion del Estado moderno, y las diversas maneras en que implican el conflicto armado y sus exigencias.

Un punto de partida de tales premisas se encuentra en los historiadores decimononicos, que analizaron el ascenso de Brandeburgo-Prusia. Prusia podria ser presentada como el <<tipo ideal>> de un enlace directo entre la centralizacion administrativa y unas fuerzas armadas financiadas y controladas directamente por el estado. Hacia 1740, esta sintesis entre Estado y ejercito habia servido para formar un ejercito permanente de 80.000 hombres, que se vio incrementado en las posteriores guerras encadenadas desde mediados del siglo XVIII, y que sirvio, en definitiva, para el establecimiento de Prusia como una gran potencia por sus propios meritos. La presentacion de la organizacion castrense prusiana, tanto como la causa del poder centralizador estatal como su escenario principal de operaciones, puede parecer algo especifico, pero la idea fue utilizada y repetida en las historias nacionales de otros paises europeos. Clave por su influencia en esferas mas amplias de la creacion de estados, esta relacion entre Estado y Ejercito tambien ha sido analizada por estudios que atraviesan las fronteras entre la historia y las ciencias sociales. Aun mas decisivos que el analisis de los vinculos entre la guerra y la burocracia de Max Weber son los trabajos de otto Hintze. Aunque tambien recurre frecuentemente al caso de Brandeburgo-Prusia, Hintze dirige el debate hacia cuestiones conceptuales mas amplias en cuanto a los cambios politicos y constitucionales en Europa durante los siglos XVII y XVIII (8). Para Hintze, las exigencias para crear y mantener un ejercito permanente fueron claves para determinar la formacion y el caracter del Estado, y proporcionar una explicacion detallada de las estructuras y funcionamiento estatales (9). A su juicio, el ejercito permanente fue el factor decisivo en la transformacion de los estados europeos en monarquias centralizadas, sostenidas por un poder represivo efectivo, y dirigidas por funcionarios profesionales.

Las interpretaciones y revisiones sucesivas de las relaciones entre la guerra de la Edad Moderna, el Estado y el cambio politico han desafiado el determinismo de este modelo y han puesto de relieve una variedad de consecuencias politicas. La sencilla ecuacion de que, en el caso de que el Estado no fracase, la coaccion militar generara un poderoso Machstaat centralizado se puede demostrar que es solo una de una multitud de posibles productos politicos. Ha habido un destacado interes en la investigacion de la <<excepcionalidad>> de la Europa noroccidental, a traves de los ejemplos de la Gran Bretana y las Provincias Unidas de los Paises Bajos, por examinar las diferencias halladas en los sistemas estatales de la Europa oriental, y destacar las varias maneras en que los poderes preexistentes de las instituciones representativas u otras instituciones que compartian el poder podian canalizar sus relaciones y tensiones en determinadas soluciones politicas (10). Aunque estos estudios senalan diferentes soluciones constitucionales e indican, el desarrollo de distintos sistemas de gobierno, en realidad, poco se ha avanzado en cuanto a como todo este proceso puede producir distintos resultados en lo que se refiere a modelos diferentes de organizacion militar. Parece suficiente con sostener, y seguir repitiendo, la idea de la existencia de una relacion entre el avance progresivo del control estatal y la administracion central de los ejercitos y armadas.

La idea de que la creacion del Estado implica necesariamente perseguir el monopolio de una fuerza militar controlada directamente por agentes del Estado, no esta menos asentada que una serie de presunciones implicitas sobre la competencia y el aumento del poder del Estado. En esto han sido especialmente influyentes los argumentos esgrimidos por Frederic Lane, quien sostiene que un monopolio de coercion siempre prevalecera porque puede proporcionar proteccion de forma mas economica: <<la mera actividad de producir y controlar violencia estimula el monopolio, porque la competencia dentro del reino subiria los costes ... La produccion de violencia disfrutaba de economias escala>> (11). A medida que los estados se veian involucrados en guerras mayores y mas exigentes, la logica de fuerzas militares controladas por el Estado parece, en la tesis de Lane, irresistible.

Esta interpretacion puede ser al menos discutible. La <<presion de la guerra>> en la mayoria de los debates tradicionales sobre la evolucion del Estado es presentada simplemente en terminos de un aumento en la escala y costes de las operaciones y fuerzas militares. No obstante, la respuesta del Estado a esta presion podria ser, por ejemplo, el reclutamiento de ejercitos (o armadas) a una escala sin precedentes de tropas contratadas en un bien organizado mercado internacional de mercenarios. Este fue el caso de los estados en Europa occidental durante la primera mitad del siglo xvi, cuando, por ejemplo, la corona francesa levanto grandes ejercitos, de los cuales hasta un 70% era de mercenarios suizos y alemanes (12). Tales fuerzas militares necesitaron tambien que el Estado produjera recursos financieros inmensos, para evitar la consecuente oposicion domestica y para expandir las competencias y funciones de ciertos aspectos de la administracion, pero la conexion directa con el control creciente del Estado sobre los militares necesariamente no existio. ?Por que entonces encontramos la premisa implicita en casi todas las teorias y analisis de la creacion de estados de que el objeto politico del Estado fue no solo el reclutamiento y mantenimiento de fuerzas armadas sin precedentes, sino conseguir ese objeto con una mayor estructura de control estatal directo de dichas fuerzas armadas?

La respuesta nos trae otra vez al argumento de Michael Roberts, y al debate consiguiente sobre la realidad, periodizacion y significado de una <<revolucion militar>> en la Europa de Edad Moderna. Ni Hintze ni los historiadores politicos han demostrado demasiado interes en los detalles de la transformacion militar, contentos con identificar el cambio general de hueste feudal a ejercito permanente como el catalizador de la mutacion politica. La <<revolucion militar>> de Roberts permite superar esta limitacion, ya que proporciona una interpretacion detallada de los factores militares que justificaron la intensificacion de la guerra y el crecimiento de los ejercitos.

La interpretacion de la transformacion militar que ofrece Roberts es, de hecho, un relato tradicional de los cambios tacticos en los ejercitos europeos, basado en las reformas castrenses realizadas por los orange-Nassau en la Republica de Holanda y por el rey Gustavo II Adolfo de Suecia. El problema que hay con las guerras del siglo xvi, segun su argumento, es que las fuerzas a menudo se hallaban demasiado igualadas en cuanto a numero, tecnologia y organizacion para poder lograr una victoria decisiva en el campo de batalla. Sin un elemento tactico decisivo, el arte de la guerra se estanco y los conflictos se convirtieron en combates sencillos, en los cuales, como dijo un contemporaneo, <<la victoria se adjudica a aquel que posee el ultimo escudo>> que cada vez mas conllevaba la ruina economica y, a veces, la <<bancarrota>> para todos los contrincantes (13).

En contraste con este estancamiento, aparecian ideas ampliamente difundidas y, por tanto, aceptadas, de que el ejercito de las Provincias Unidas habia sido transformado por una adopcion rigurosa y sistematica de las prescripciones militares de Eliano el Tactico, Vegecio y otros escritores militares clasicos, lo que permitia superar los males de indisciplina, alto mando descoordinado, y tactica burdas, tan presente en los ejercitos contemporaneos, y asi convertir a los holandeses en <<quizas en la mas eficiente y seguramente la mas imitada fuerza armada de su tiempo>> (14). Este modelo holandes consistia en filas de infanteria mas compactas, que aprovechaban mejor la potencia de mosquetes, ofrecian mayor flexibilidad e integraban mejor la caballeria y artilleria. El resultado era una notable innovacion que daba mayor eficacia a los ejercitos en batalla, y diversas versiones fueron adaptadas en otros ejercitos. Con el desarrollo e imposicion del orden cerrado se suplanto la destreza del combatiente individual con el orden colectivo y mecanico y la obediencia (15). Estas transformaciones tacticas y organizativas dieron pie a la posibilidad de implementar una estrategia de aniquilacion basada en la <<batalla decisiva>>. La eficacia de esta estrategia requeria ejercitos considerablemente mas numerosos, lo que requeria perfeccionar los sistemas logisticos, los mecanismos de reclutamiento, asi como la gestion de los recursos humanos y materiales necesarios para sostener este nuevo impulso belico. Esta estructura seria realizada por la intervencion directa de un Estado de indole centralizador y burocratico. Con esto, desde un conjunto especifico de transformaciones y desarrollo militar, el argumento de Roberts regresaba a una tradicional interpretacion de la formacion de un Estado moderno, pero de una manera que supuestamente incentiva una forma especifica de organizacion militar. Discutida, redefinida y abiertamente impugnada, la tesis de la <<revolucion militar>> tiene, no obstante, una influencia extensa en la percepcion de la historia de la Edad Moderna. Aun cuando el enfasis historiografico se traslade a otras innovaciones tecnologicas, como mejoras en la construccion defensiva o en las tacticas de asedio, y cuando la cronologia se matice o se cuestione, la tesis de Roberts sigue siendo el referente para la multitud de libros y articulos que traten especificamente de la relacion entre la <<revolucion militar>> y el crecimiento del Estado moderno (16).

Desde el punto de vista de los argumentos que esgrimimos en The Business of War, el factor decisivo es como la <<revolucion militar>> refuerza la premisa de que un ejercito disciplinado, ordenado y efectivo requiere un control estatal directo sobre su reclutamiento, organizacion y mantenimiento. El Estado, se argumenta, ha de comprometerse a una inversion a largo plazo en la formacion de la mano de obra militar entrenada y disciplinada. Semejante transformacion se supone incompatible con las perspectivas a corto plazo del contratista militar privado, quien opera bajo su propia autoridad y se preocupa unicamente de conseguir unos rendimientos claros por las inversiones hechas en su tropa y negocio. Del mismo modo, el <<flujo>> del aprovisionamiento, equipamiento y logistica deben dirigirse siempre hacia el mismo control administrativo directo, para asi, supuestamente, reducir la ineficacia, la corrupcion y los intereses divergentes que devienen de la contratacion en el sector privado.

Lo que ha mermado las certezas deterministas de esta imagen de la marcha inexorable hacia la centralizacion militar y el control estatal, paradogicamente no ha sido una reevaluacion del papel del sector privado en esferas militares. En realidad, ha resultado esencial para esta reevaluacion el creciente escepticismo sobre el poder y eficacia del Estado en la Edad Moderna. Esta reinterpretacion ha requerido un esfuerzo historiografico prolongado durante casi cuatro decadas. Inicialmente se enfoco en el concepto de <<Estado absolutista>>, con su supuesta concentracion de poder coercitivo y autoridad en las manos del gobernante, una administracion burocratica, responsable y profesional, y un ejercito permanente formado y mantenido por dicha administracion (17). Se ha aplicado posteriormente con la misma facilidad a otros estilos de gobierno de la Edad Moderna. Sin embargo, posteriores estudios han subrayado la persistente debilidad y el limitado alcance del Estado, incluso en aquellos casos en los que estaba en manos de un gobernante indiscutido o una oligarquia que ofrecia una estrecha cooperacion. En asuntos como la imposicion de uniformidad religiosa, el mantenimiento del orden social, la regulacion de la economia, la censura y el control de opinion publica, los gobiernos o bien cedieron y negociaron el apoyo popular de sus iniciativas, o bien fallaron en el intento de conseguir mas que una fraccion de sus objetivos pretendidos (18). Lejos de estar a la vanguardia del <<estado policial bien ordenado>>, el gobierno y sus administradores en la Europa de la Edad Moderna permanecieron reducidos, ya sea absolutamente o funcionalmente, y limitados en alcance, capacidad y ambiciones.

Que las iniciativas y politicas pretendidas por los gobiernos europeos en la Edad Moderna no fuesen una parca letania de fracaso, inercia y confrontacion ha sido atribuido a un modelo alternativo, el del gobierno por consenso, concesion y colaboracion. Este modelo ha ganado, desde los anos 80, una creciente presencia en la historiografia de la politica en la Edad Moderna. Los gobiernos europeos y sus estados aparecen en esta nueva revision historiografica funcionando dentro de las estructuras existentes de poder e influencia de la elite, y no en contra de ellas (19). Esta colaboracion podria suponer la conduccion de ciertas politicas en la direccion que satisfacia las aspiraciones de los grupos de elite locales o institucionales, sean estos sociales, financieros, religiosos o culturales. Asimismo, podria suponer unas garantias y la consolidacion de los intereses mas generales de la elite correspondiente, como el precio a pagar por su cooperacion y apoyo activo para imponer las politicas deseadas--bien sean gravamenes mas elevados, una guerra impopular, o el acatamiento religioso superficial, por ejemplo--al resto de subditos del gobernante.

En realidad, estos ejemplos de gobernantes trabajando con, en vez de en contra, de los intereses de la elite politica y social establecida, plantean otros problemas interpretativos. Lo mas notable, en lo que concierne a aspiraciones belicas, es reconocer que el establecimiento de conciertos o concesiones con los grupos de interes existentes en el Estado, que es el precio necesario para conseguir su respaldo para la implementacion de politicas militares, no concuerda con nuestros conocimientos sobre muchos estados europeos que, a finales del siglo XVII, ya habian conseguido incrementar impresionantemente sus habilidades en sustraer recursos financieros de sus subditos y gastarlos en hacer la guerra (20). Este dilema pone de manifiesto un cambio notable en la concepcion de la naturaleza del poder de Estado de la Edad Moderna, y puede resumirse en la permutacion lexica de <<Estado absolutista>>, con sus presunciones sobre el nivel general de maxima autoridad y poder represivo en manos del gobernante, a un mas extendido uso del termino <<Estado fiscal-militar>> en un contexto de la Edad Moderna. Este concepto del <<Estado fiscal-militar>> llega al fondo de un sistema de gobierno cuyas prioridades estan enfocadas en un proposito fundamental: la eficiencia en la recaudacion--y gasto--de fondos para alcanzar los objetivos militares del Estado.

Precisamente porque levantar y mantener unas fuerzas armadas se identificaba como la principal preocupacion y prioridad del gobierno y sus administradores esos sistemas politicos que aparentan estar plagados de exenciones y privilegios fiscales, intereses institucionales e individuales, corrupcion y patrimonialismo pueden aguantar lo que parecen ser insoportablemente pesados y extensos costes militares. Hasta el dia de hoy, la mayoria de los detallados estudios relacionados con el Estado fiscal-militar han buscado examinar las formas en que los gobernantes dirigian su limitada autoridad politica y administrativa para maximizar los recursos financieros disponibles para la actividad militar. En muchos casos, conseguir estos recursos financieros se hizo a cambio de hacer permanentes el refuerzo y la estabilidad de los derechos, patrimoniales o politicos, de la elite (21). No obstante, como ha recalcado notablemente Rafael Torres Sanchez en la introduccion a una importante serie de estudios sobre el Estado fiscal-militar, la cuestion de como de eficazmente se utilizaban los recursos financieros para mantener el impulso militar merece parte de la atencion previamente dedicada a la obtencion de los fondos (22). En este contexto, la manera mas eficiente de optimizacion de recursos, la empresa militar y la contratacion de empresarios ocupa mucho mas que el puesto marginal que las teorias convencionales sobre la formacion del Estado quieren adjudicarla.

En vez de ser un salto atras al mundo pre-moderno de condotieros y vasallos militarizados <<sobre-poderosos>>--un proceso de <<refeudalizacion>>--las implicaciones de la dependencia entera o parcial en fuerzas armadas contratadas se convirtio en el eje de la capacidad de movilizacion militar del Estado fiscal-militar. El empresario militar fue esencial en las guerras llevadas a cabo por estados cuyas capacidades administrativas y organizativas quedaban extremadamente limitadas, y que dependian de otros medios para plasmar la cooperacion y cumplir con los intereses de la elite politica y economica. Para demostrar esto claramente se requiere una perspectiva mas extensa y equilibrada de las funciones de las empresas militares, al menos mas de lo que permitian las interpretaciones tradicionales, distorsionadas por paradigmas anti-mercenarios y concepciones deterministas sobre la evolucion del Estado y la revolucion militar.

La necesidad de reevaluar los empresarios militares y sus metodos belicos en la Edad Moderna es lo que The Business of War intenta ofrecer, al menos grosso modo. Esta necesidad de reinterpretacion es mas obvia en lo referente al periodo de 1550 a 1650, cuando los desafios para mantener unas fuerzas militares hasta entonces desconocidas cayeron sobre estados y gobernantes, con posibilidades muy limitadas de sacar los recursos financieros necesarios de sus subditos y que dependian acuciantemente de la cooperacion de la elite. En este contexto de un Estado con poderes debiles y recursos limitados, el florecimiento de la empresa militar puede parecer la <<primera fase>> en la formacion del Estado fiscal-militar, una fase de <<devolucion militar>>.

Por muchas razones, desde mediados del siglo XVI, la duracion de los periodos belicos comenzo a incrementarse significativamente. Desde las guerras europeas del siglo anterior, que aunque llegasen a disputarse en escalas considerables raramente duraban ininterrumpidamente mas de una o dos campanas, a las campanas espanolas en los Paises Bajos a partir del 1568 y la Gran Guerra Turca de 1593 a 1606, se plasmo la idea de que las guerras ya tenian el potencial de continuar durante muchos anos, cuando no decadas. Los condotieros italianos o los capitanes mercenarios suizos de los siglos XV y XVI habian reunido tropas bajo la prevision de que el conflicto seria breve y minimas las oportunidades de extender beneficios de la gestion de las unidades militares. Los capitanes mercenarios simplemente negociaban un pago cuantioso adelantado con la autoridad, con la idea de cubrir los costes tanto de reclutamiento como de operacion y sacar un beneficio neto gracias al ahorro en gastos de administracion, saqueo o cualquier pago adicional que pudiera sumarse antes de que la unidad fuese desmovilizada (23). Pero como la duracion de la guerra se extendia, aquellos que llegaban a ser empresarios militares podian pensar en diferente forma acerca de la inversion de capital y riesgo.

Esto senala el nacimiento del coronel-propietario, dispuesto a comprometerse a grandes inversiones en la formacion y operacion de su regimiento, o regimientos. Comparando los regimientos alemanes que servian en el ejercito espanol en Flandes despues de 1570 con sus predecesores en las guerras italianas se pone de relieve hasta que punto el nivel de compromiso economico de los comandantes se incremento exponencialmente (24). Para finales del siglo XVI, los coroneles-propietarios estaban subvencionando el reclutamiento de las tropas, su equipamiento y hasta la organizacion de subsistencia cuando era necesario (25). La exigencia de un pago adelantado fijo al contratar con el Estado fue abandonada en favor de una remuneracion a largo plazo, ya sea en entregas regulares y elevadas al propietario del regimiento, o bien en la oportunidad de exigir o recaudar impuestos y botines, ano tras ano. A la larga, fueron las recaudaciones y botines los que servirian principalmente para recompensar las inversiones de capital iniciales y posteriores, generar beneficios o cubrir los intereses devengados, asi como el pago de la deuda principal a aquellos que habian concedido creditos a los contratistas, porque detras de los coroneles se formaba una extensa retahila de promotores e inversores. En muchos casos, el propietario del regimiento o regimientos no era quien actuaba de comandante en el campo, sino una red de acreedores que se extendia por todo el sistema de financiacion de todos los ejercitos contratados (26). Mas aun, el ejercito contratado buscaria fuentes externas para abastecerse de comida, armas, equipamiento y municiones en mercados y redes internacionales, integradas por proveedores, fabricantes y transportistas especializados. En los casos donde escuadrones navales eran gestionados bajo contrato, suministros y mantenimiento de astilleros podia tambien ser contratado fuera, en otras cadenas de contratistas igualmente extensas (27). La organizacion de los pagos de intereses y la amortizacion de los prestamos estaban en las manos de los empresarios militares, una vez que el Estado les autorizaba a recaudar y distribuir las contribuciones, o asignaba rentas o dinero efectivo para cubrir los gastos (28). Hacia la Guerra de los Treinta Anos los contratistas militares estaban sensibilizados con la idea de que las unidades militares podian ser formadas y gestionadas como inversiones a medio o largo plazo, con la posibilidad de producir beneficios durante un periodo notable de anos, ya sean cinco, diez o mas. incluso cuando los mercenarios se licenciaban, como fue el caso con muchas de las unidades imperiales despues de la dimision de Wallenstein por el Emperador en 1630, los mismos coroneles-propietarios se ofrecieron para volver a formar las unidades en 1631, cuando al Generalisimo se le permitio comenzar su segundo mandato (29). Todos los grandes ejercitos en esa guerra ofrecen ejemplos de regimientos levantados por empresarios para periodos largos; en los casos de los ejercitos bavaros e imperiales algunos de estos estaban formados desde 1620 (30).

La combinacion de la transferencia de los costes de reclutamiento y mantenimiento de tropas constituidas por decenas de miles de soldados, junto con la expansion y variedad de contratos de abastecimiento, de fabricacion y provision de armas y de transporte, liberaba un gran sector de la actividad militar del Estado. Gran parte de esos negocios se financiaban a base de capital obtenido con mejores tipos de interes que los que podrian haber conseguido los gobernantes y la administracion; en muchos casos, no se podria ni siquiera haber conseguido prestamos si hubiera dependiendo de la solvencia del Estado. La condicion en este sistema es que semejantes rendimientos a largo plazo para los empresarios y sus colaboradores solo seria interesante si los regimientos, como componentes del ejercito mas amplio, no tenian que ser reconstruidos completamente, y costosamente, cada campana o dos. Hasta cierto punto esto correspondia a los coroneles, quienes tenian que comprometerse al gasto inicial y mas oneroso de contratar y mantener soldados con experiencia, veteranos, quienes serian mas propensos a quedarse en la tropa y considerar el ser mercenario como una profesion (31). Mas aun, la manera en que se abordaban las campanas requeria el reconocimiento de que las unidades de un ejercito formaban una inversion valiosa, y no podian ser desperdiciadas en operaciones caprichosas, mal planeadas o militarmente inutiles. Esto no significaba la adopcion de una politica de pasividad militar, con la mera ocupacion de territorio y la extorsion de recursos a los habitantes. Ganar la iniciativa militar, ya sean en terminos de ventajas operacionales, control territorial o la seguridad de lineas de comunicacion y abastecimiento, tenia una correlacion directa con el bienestar economico del ejercito y, por tanto, con el de los contratistas militares. Con ella, se incrementaban las posibilidades de extraer recursos de un territorio mas amplio, se estimulaba la concesion de mas credito, y se afianzaba la posibilidad de conseguir un acuerdo final de paz en el cual las deudas de los contratistas serian plenamente reconocidas.

Aun asi, en notable contradiccion a las premisas de la <<revolucion militar>>, ganar la ventaja militar no significaba lanzar ejercitos inmensos a una batalla cruenta e impredecible, tan catastrofica que destruyera la posibilidad de que incluso el ejercito vencedor pudiera alcanzar sus objetivos operacionales. Todavia menos interesante era emprender enormes sitios en poblaciones o plazas principales, que, de hecho, se convertian en la mejor forma existente para malgastar un ejercito y despilfarrar los meses de campana.

Aunque a la Guerra de los Treinta Anos a menudo se le da un caracter cronologico formado de batallas campales y asedios, buena parte de este conflicto se llevo a cabo desde el principio al estilo de conflictos <<irregulares>>: pequenas tropas, muchas veces luchando por el control local, sin los recursos necesarios para emprender asedios de gran envergadura y evitando batallas, salvo en circunstancias inminentemente favorables. Este tipo de combate, que enfatizaba la movilidad, la flexibilidad en concebir y cambiar objetivos operacionales, el control o la denegacion territorial, pero sin malgastar grandes recursos en asedios o entrar en luchas indeseadas, se adopto cada vez mas, a lo largo de toda la cadena de mando y con fuerzas relativamente mas numerosas. En 1632, Pappenheim realizo una campana irregular y altamente exitosa en Westfalia, con tropas moviles, experimentadas y resistentes, de entre 5.000 y 10.000 hombres, desplegadas contra las fuerzas suecas y alemanas tres o cuatro veces mas numerosas, que empleaban la tactica mas tradicional de saturacion y ocupacion territorial practicada por Gustavo II Adolfo despues de su victoria en Breitenfeld (32). Este estilo <<irregular>> se convertiria cada vez mas en el patron escogido de tactica belica, de muy perceptible evolucion durante la segunda mitad de esta guerra, manejado por una serie de empresarios-comandantes militares quienes eran muy conscientes de las fuerzas y debilidades de sus hombres y, en consecuencia, de las prioridades necesarias. indistintamente desarrollada por los comandantes suecos como Baner, Torstensson y Wrangel, o sus aliados franceses en Alemania, Guebrant y Turenne, o sus adversarios imperiales y bavaros como Hatzfeld, Melander y Mercy, todos intentaban emplear esta propuesta mas economica y operativamente mas sofisticada.

Por debajo de la propuesta estrategica habia una preocupacion por la sosteni-bilidad. una estrategia que lograba un objetivo unico, por ejemplo, la toma de una ciudad despues de un asedio prolongado, pero que en el proceso habia agotado el ejercito o lo habia dejado incapaz de perseguir nuevos objetivos de la campana, se podria considerar un fracaso militar y arriesgaba perder la confianza y apoyo de los contratistas que eran socios en la empresa militar. Para estos comandantes, conseguir que el ejercito siguiera en pie era una precondicion para el exito operacional. Esto queria decir, sobre todo, la conservacion del elemento clave para su poder de ataque: el nucleo de soldados veteranos quienes habian adoptado la vida soldadesca como profesion permanente, quienes aceptaban las dificultades de la vida en campana y quienes poseian la fortaleza fisica, psicologica y castrense para luchar, ya sea en las filas ordenadas del campo de batalla, el tumulto de una carga de caballeria en terreno abierto o la defensa de una plaza fuerte aislada. Hay que insistir en que la eficacia de estos ejercitos no se debia a su supuesta adherencia a un despliegue tactico y organizativo innovador, sino a la presencia de tropas veteranas y experimentadas. Como ya se indico, ellos eran el corazon de la inversion hecha por los coroneles-propietarios, con la que se alcanzaba la eficacia de sus regimientos. El mantenimiento de los regimientos como inversiones a medio o largo plazo aseguraba la formacion de lo que solia ser una reserva creciente de estos veteranos de servicio dilatado. Hacia la decada de 1640, los regimientos bavaros se formaban de un casi 60% de tropas con experiencia probada en varias campanas (33).

Los comandantes confiaban en ejercitos mas reducidos, pero que contaban con un alto porcentaje de estas tropas experimentadas. Alrededor de este nucleo se podian colocar los nuevos reclutas al inicio de cada campana, sin tener que hacer la misma inversion para conservarles entre las filas: una pequena proporcion se quedaria y adquiriria experiencia castrense--y, asi, un valor para el empresario-, la mayoria desertaria o caerian enfermos, habiendo sido reclutados por poco dinero y mal retribuidos, o no pagados. Estos ejercitos reducidos y mas moviles emprendian operaciones que no perseguian batallas deliberadamente <<decisivas>>, sino mas bien se dedicaban a reducir el territorio en manos del enemigo o a la destruccion de los recursos de este: respondiendo con rapidez para separar una tropa enemiga de sus bases de apoyo o utilizar la sorpresa y la devastacion para capturar territorio y extraer recursos o pedir rescate. Las campanas del general sueco Johan Baner, al final de la decada de los 1630, nos proporciona un ejemplo magistral de tales estrategias operacionales, no menos por ser Baner quien habia sido tan decisivamente superado tacticamente mediante la misma clase de estrategia practicada por Pappenheim en 1632 (34). La preocupacion consistia en lograr estos resultados sin sufrir un elevado indice de desgaste, lo que suponia en primer y principal lugar no adelantar demasiado al apoyo logistico. Mantener abastecidas a las tropas dependia de un delicado equilibrio entre una cuidadosa planificacion y la improvisacion. Para aquellas, las relaciones estrechas entre el contratista y los proveedores de viveres, municiones y credito eran vitales para poder organizar, muchas veces con poca antelacion, las reservas de suministros y transportes, todo programado para reunirse con el ejercito donde se encontrara en el campo (35). La habilidad de los empresarios militares de aprovechar una red internacional de produccion, abastecimiento y transporte mas flexible y extensa que cualquiera que pudiera haber proporcionado el Estado es aqui fundamental. integrandose en redes de comercio y produccion, que se basaban en relaciones personales de largo alcance, altos grados de confianza y sistemas establecidos de credito y movilizacion de recursos, habia muchas mas posibilidades de garantizar un nivel efectivo de apoyo para sus operaciones militares (36). Los contratistas militares al mando del Ejercito imperial hacia 1640, por ejemplo, utilizaron los recursos obtenidos en Baja Renania-Westfalia para financiar las operaciones de los ejercitos imperiales en el campo, cuyos comandantes construyeron un sistema de estrechos vinculos personales con los proveedores de viveres y municiones de la region, ademas de relaciones, de no menos importancia, con consorcios y redes que operaban por todo el sur de Alemania y cruzaban las fronteras de Flandes y Lieja (37). Cuando estos acuerdos y vinculos iban acabandose, lo que era casi inevitable, los suministros solo podian complementarse mediante requisas y saqueos. Esto ultimo fue posible porque se trataba de ejercitos que normalmente eran mucho mas reducidos que los que se formaron al iniciarse la Guerra de los Treinta Anos, en la etapa de Wallenstein y Gustavo II Adolfo, cuando habia una mayor presencia de caballerias e infanterias montadas con mayor movilidad y que podian recorrer mas terreno en busqueda de comida y forraje (38).

Debido a que se puso el enfasis en los enfoques tacticos, que reclamaban el control y exclusion territorial, y dada la calidad de las tropas en ambos ejercitos, las batallas como Breitenfeld II (1642), Jankow (1645) y Allerheim (1645) resultaron duros combates y sangrientos, con bajas extremadamente elevadas en ambos lados (39), pero, y esto es lo importante, tales batallas raramente ofrecieron resultados sustanciales y duraderos para los vencedores, como mucho, ayudaron a equilibrar o inclinar la balanza de ventajas tacticas adquiridas en una campana particular en favor de uno de los dos combatientes, lo que se podria haber logrado por otros medios. Esto era lo que la mayoria de los comandantes sospechaba y sabia, por lo que la mayor parte quisieron evitar la baja de soldados experimentados en el campo de batalla, que siempre daba un resultado final menos ventajoso que tacticas que primaran el movimiento, las emboscadas y la ocupacion territorial. Era este equilibrio entre los ejercitos y el control terrestre, lo que explica por que, aun con el deterioro gradual de las posiciones imperiales evidente despues de 1645 y la victoria sueca en Jankow, los ejercitos del Emperador y sus contratistas continuaron combatiendo, y los financieros y proveedores siguieron concediendoles credito. Se podria sostener que los ejercitos de la ultima etapa de la Guerra de los Treinta Anos tardia fueron unos de los instrumentos militares mas rentables (coste-eficacia) y bien ajustados de la Edad Moderna. La razon principal de por que la guerra duro tanto no fue el estancamiento militar, sino el despliegue competente de ejercitos veteranos eficaces y experimentados, reclutados y mantenidos por contratacion privada, cuya movilidad y eficacia impedia que ninguna potencia ganara la supremacia.

No deberia ser asumido, por lo tanto, que la Guerra de los Treinta Anos puso a prueba hasta la destruccion un sistema imperfecto de contratacion y suministro privado de fuerzas armadas, lo que justificaria la reaccion inevitable en la siguiente etapa como un paso decidido hacia el control estatal del <<monopolio de violencia>>. En realidad, mucho se podria anadir sobre la fuerte continuidad en las relaciones Estado-Ejercito, en el deliberado mantenimiento de los sistemas que dependian intensamente del sector privado por su capital, experiencia y organizacion. De hecho, despues de 1650, comienza lo que podemos llamar una <<segunda fase>> en el desarrollo del Estado fiscal-militar, vista a traves de modificados mecanismos del espiritu empresarial militar y la contratacion privada. La mayoria de los estados se alejaron del uso global de la contratacion militar, que previamente habia servido como escapatoria de una administracion estatal inadecuada e ineficaz y la debilidad fiscal, y se sustituyo a finales del siglo XVII, no con un ejercito permanente bajo el control del Estado, sino con un modelo abiertamente mas colaborativo para la movilizacion de recursos militares. En muchos estados se desarrollaron sistemas mayores y mas regulares de distribucion de finanzas estatales, con aumento del control administrativo, y mejor capacidad para la determinacion de politicas militares y la imposicion de una autoridad militar, y todo esto fue compatible con la continuidad del papel financiero y organizativo de oficiales militares y una creciente dependencia de la contratacion externa privada de funciones de abastecimiento, manufacturacion y logistica militar (40).

En algunos estados el interes capitalista de los oficiales de unidades militares encontro su expresion en un reforzado sistema de venalidad, que subrayaba que el oficio en si mismo, y no la unidad de soldados, era propiedad del oficial (41). Asi, el oficial tenia un interes economico en la calidad militar y hasta en la apariencia fisica de su unidad, porque tendrian un impacto directo en el valor comercial de la unidad, a tiempo que servian como una fuente de prestigio personal. un ejercito constituido por unidades que se consideraban de duracion extendida o permanente seria mas eficaz en conseguir recursos privados de estos oficiales para mejorar y mantener sus inversiones iniciales. En recompensa por las inversiones de entrada, se les podria permitir al coronel, o ultimamente al capitan, tomar parte en el <<negocio de la unidad>>--la inversion y recuperacion de capital mediante la provision de equipamiento, uniformes y a veces hasta la comida de sus soldados--o, como es sabido en el caso de la armada holandesa, sus marineros (42).

Permitir este <<negocio>> no era una anticuada concesion a una elite privilegiada, hecha a reganadientes dentro de unas organizaciones militares racionales y centralizadas. En realidad, se trataba de un precondicion esencial de la eficacia de organizaciones militares que necesitaban <<inversiones de socios>> en igual medida que antes. Sin embargo, ahora la integracion del socio se canalizaba por vias menos arriesgadas para los empresarios (evitando multiples contrataciones de regimientos, por ejemplo), y mas manejables en el contexto de ejercitos que permanecian relativamente grandes en tiempos de paz, cuando las oportunidades de encontrar otros medios de financiacion, como botines y confiscaciones, no se toleraria (43).

Aun hace falta mucha investigacion sobre el <<negocio de regimiento>> de los siglos XVII y XVIII, la gestion de la propiedad, gastos y posibles beneficios alcanzados por los duenos de regimientos y companias, quienes, de una manera u otra, continuaban llenando los altos escalafones de oficiales en los ejercitos europeos. Todavia conocemos poco sobre el <<estado de cuentas>> de los propietarios en la mayoria de estos ejercitos, pero si sabemos que de una manera u otra el negocio de gestionar un regimiento fue una fuente legitima de ganancias, y tambien sabemos que la remuneracion formal o informal era caracteristica de la transferencia de cargos en los altos mandos de la mayoria de las organizaciones militares (44). Hay muchas evidencias, anecdotas y memorias individuales que muestran que los comandantes de los regimientos sufragaban los costes de funcionamiento y mantenimiento de sus unidades hasta bien entrado el siglo XVIII. No obstante, tratado como un remanente de un sistema desacreditado, que seria pronto eliminado, este asunto ha recibido poca de la atencion que realmente merece. Sobre todo, cuando los historiadores de hoy en dia estan muchisimo mas sensibilizados ante el estudio de las ventajas e intereses de los participantes en las relaciones entre las elites y el Estado de los siglos XVII y XVIII.

Un relato diferente y ahora mucho mejor desarrollado se presenta con el crecimiento del contratista de suministros militares en la segunda fase del Estado fiscal-militar europeo. En la medida que los ejercitos aumentaban dramaticamente a finales del siglo XVII, tambien se incrementaban las oportunidades para equiparar, abastecer, transportar y, a corto plazo, financiar las cada vez mas numerosas tropas. Los contratos de suministros eran concedidos por el gobierno central o por sus agentes en el campo y, en ocasiones, por los comandantes delegados o comisionados a llevar a cabo los tramites necesarios. En todo caso, la respuesta abrumadora del Estado del Antiguo Regimen a la variedad de necesidades logisticas y operativas fue continuar e incluso expandir la delegacion de esta organizacion a manos de fabricantes privados, proveedores, comerciantes y transportistas. Este hecho ha sido documentado por una generacion de estudiosos y sus obras en general coinciden en destacar que la contratacion externa de suministros y logistica a contratistas privados fue una decision completamente racional, brindando ventajas en eficacia y flexibilidad a un precio competitivo y con una fiabilidad impresionante (45).

La asociacion activa e interesada entre los sectores publicos y privados fue el nucleo del Estado fiscal-militar, ya fuese mediante el mecanismo de venalidad o de otra forma de propiedad que pudiese convencer a la elite para invertir su capital en las unidades militares, o bien por la dependencia en la contratacion de armamentos y abastecimiento que implicaron a las conexiones, organizaciones y recursos de una elite comerciante con afan de lucro, pero que funcionaba con una eficacia que la administracion del Estado dificilmente podria haber conseguido. Visto en terminos de estados cuyo raison d'etre era la optimizacion de recursos militares, la supervivencia y prosperidad de estas asociaciones a lo largo del periodo del Antiguo Regimen no es sorprendente. Si reducimos la importancia de una interpretacion predeterminada de construccion del Estado, estos mecanismos de movilizacion de recursos privados eran simplemente mejores, mas flexibles y mas preparados para maximizar las posibilidades militares del Estado que habria sido cualquier intento de implementar un control estatal directo y global. Lejos de quedarse relegado por la aparicion de sistemas de administracion militar centralizados y control estatal directo, la dependencia en la contratacion e inversion por parte del sector privado continuo dominando los ejercitos del Antiguo Regimen.

Queda una pregunta obvia: ?como explicamos la desaparicion del empresario militar hacia finales del siglo XVIII? No parece que fuese un sistema que se fuera erosionando hasta terminar por ser irrelevante, pero sabemos que durante de las Guerras Revolucionarias Francesas se atraveso un umbral critico. Los ejercitos mismos se habian convertido en empresas estatales, en los cuales los coroneles y capitanes ya no eran en absoluto considerados como empresarios en sus unidades. Los contratistas privados

seguian en el suministro militar con frecuencia a reganadientes. Agentes y administradores militares eran ahora los encargados de requisar y negociar directamente los suministros necesarios para las fuerzas armadas.

La explicacion obvia es que el nacimiento de la levee en masse y la nacion en armas no dejo cabida para el contratista y el empresario. El servicio militar ahora se consideraba un deber sagrado del ciudadano, y fue impuesto por coercion como medio para levantar fuerzas sin precedentes en cuanto a numero y cuyo impulso y sacrificio podrian sobreponerse a los ejercitos entrenados y disciplinados del Antiguo Regimen. Cualquier oportunidad de lucro, organizacion o contratacion por parte del sector privado (aun cuando estos fueran soportes convenientes para la actividad militar) solo podia mancillar este deber sagrado de ciudadano de servir su nacion en la guerra.

No cabe duda que la considerable fuerza que hay en la ecuacion de reclutamiento y nacion en armas conlleva un distanciamiento consciente de toda actuacion del empresario militar (46). Aun asi, desacreditar el sistema militar del Antiguo Regimen fue un asunto contingente: evitar la derrota en Valmy en 1792 confirmo lo que podria haberse visto en la posteridad como un intento desesperado y sin sentido del gobierno revolucionario. ?Si la nacion en armas hubiera fracasado en 1792, habrian continuado los empresarios y contratistas militares en su evolucion habitual del Antiguo Regimen? Hay evidencias--e investigaciones mas concretas son seguramente necesarias antes de llegar a cualquier conclusion definitiva--que sugieren que a partir de la decada de 1760 se generalizaron en muchas sociedades europeas las criticas e insatisfaccion hacia la contratacion externa de las funciones de los ejercitos, tanto militares como de abastecimiento. una creciente oposicion publica a los contratistas militares, vistos a menudo como chivos expiatorios por fracasos militares, producia un clima politico en el cual el <<negocio de la guerra>> fue mucho mas dificil de mantener. Este descredito de un sistema, que habia ofrecido ventajas claras y consistentes en cuanto a creditos, flexibilidad y responsabilidad compartida, podria haber sido el factor mas importante en la desaparicion de la contratacion privada en los ejercitos europeos durante un par de siglos.

El proposito principal de The Business of War, no obstante, es sumarse a las recientes iniciativas que pretenden remediar los primeros balances historiograficos, que durante demasiado tiempo han considerado el desarrollo de las instituciones militares en Europa durante la Edad Moderna desde la perspectiva constrenida de un monopolio creciente de poderes estatales centralizadores. Romper con este modelo determinista de la creacion del Estado militarizado, y cuestionar aun mas profundamente la idea de una <<revolucion militar>> que subyace desde hace tanto tiempo, puede hacer posible una sintesis nueva y convincente del papel que han jugado las fuerzas armadas en los estados y sociedades de la Europa de la Edad Moderna.

DOI: http://dx.doi.org/10.14201/shhmo2013353359

BIBLIOGRAFIA

ANDRE, L.: Michel Le Tellier et l'organisation de l'armee monarchique, Paris, 1906.

ASCH, R. H. y DUCHHARDT, H. (eds.): Der Absolutismus--ein Mythos? Strukturwandel monarchischer Herrschaft, Koln, 1996.

BANNERMAN, G.: Merchants and the Military in 18th-Century Britain. British Army Contracts and Domestic Supply, 1739-1763, London, 2008.

BAUMANN, R.: Georg von Frundsberg, Munich, 1991.

BEIK, W.: <<Absolutism as Social Collaboration in Louis XlV's France>>, Past and Present, 188 (2005), pp. 195-224. http://dx.doi.org/10.1093/pastj/gti019

--: Absolutism and Society in Seventeenth-Century France: State Power and Provincial Aristocracy in Languedoc, Cambridge, 1985.

BJORLLN, J. G.: Johan Baner, 3 vols.; Stockholm, 1908-10.

BLASTENBREI, P.: Die Sforza und ihr Heer. Studien zur Strukture-, Wirtschafts--und Sozial-geschichte des Soldnerwesens in der italienischen Fruhrenaissance, Heidelberg, 1987.

BOWEN, H. y GONZALEZ ENCISO, A. (eds.): Mobilizing Resources for War. Britain and Spain at Work during the Early Modern Period, Pamplona, 2006.

BRADDICK, M.: State Formation in Early Modern England, c. 1550-1700, Cambridge, 2000.

BREWER, J.: The Sinews of Power: War, Money and the English State, 1688-1783, London, 1989.

BRUCE, A. P.: The Purchase System in the British Army, 1660-1871, London, 1980.

BRUIJN, J.: The Dutch Navy of the Seventeenth and Eighteenth Centuries, Columbia, 1993.

BURIN DE ROZIERS, M.: Les Capitulations militaires entre la Suisse et la France, Paris, 1902.

CHAGNIOT, J.: <<La rationalisation de l'armee francaise apres 1660>>, en Armees et diplomatie dans l'Europe du xviie siecle. Actes du Colloque des Association des Historiens Modernistes, Paris, 1991, pp. 97-108.

CHAGNIOT, J.: Paris et l'armee au xviiie siecle. Etudepolitique et sociale, Paris, 1985.

CONWAY, S. y TORRES SANCHEZ, R. (eds.): The Spending of States. Military Expenditure during the Long Eighteenth Century: patterns, organization and consequences, 1650-1815, Saarbrucken, 2011.

CORNETTE, J.: <<La revolution militaire et l'etat moderne>>, Revue d'histoire moderne et contemporaine, 41, 1994, pp. 698-709.

CORVISIER, A.: Louvois, Paris, 1983.

DOWNING, B.: The Military Revolution and Political Change. Origins of Democracy and Autocracy in Early Modern Europe, Princeton, 1992.

DREVILLON, H.: L'impot du sang: Le metier des armes sous Louis XIV, Paris, 2005.

ERNSTBERGER, A.: Hans de Witte--Finanzmann Wallensteins, Wiesbaden, 1954.

ERTMAN, T.: Birth of the Leviathan. Building States and Regimes in Early Modern Europe, Cambridge, 1997. http://dx.doi.org/10.1017/CBo9780511529016

EVANS, R. J. W.: The Making of the Habsburg Monarchy 1550-1700, oxford, 1979.

FELD, M.: <<Middle class society and the rise of military professionalism: the Dutch army, 1589-1609>>, Armed Forces and Society, 1 (1975), pp. 421-442. http://dx.doi.org/10.1177/0095327X7500100404

FORSTER, S., JANSEN, C. y KRONENBITTER, G. (eds.): Ruckkehr der Condottieri? Krieg und Militdr zwischen staatlichem Monopol und Privatisierung: Von der Antike bis zur Gegenwart, Paderborn, 2010.

GOMMANS, J.: Mughal Warfare, London, 2002. http://dx.doi.org/10.4324/9780203402580

GUTHRIE, W.: The later Thirty Years War. From the battle of Wittstock to the Peace of Westphalia, Westport/London, 2003.

GUY, A.: Oeconomy and Discipline. Officership and Administration in the British Army, 1714-63, Manchester, 1985.

HAHLWEG, H. (ed.): Die Heeresreform der Oranier: das Kriegsbuch des Grafen Johann von Nassau-Siegen, Wiesbaden, 1973.

--: Die Heeresreform der Oranier und die Antike, Berlin, 1941.

HARDING, R. y SOLBES FERRY, S. (eds.): The Contractor State and Its Implications, 1659-1815, Las Palmas, 2012.

HEILMANN, J.: Das Kriegswesen der Kaiserlichen und Schweden zur Zeit des Dreibigjdhri-gen Krieges, Leipzig, 1850--reprinted Krefeld, 1977.

--: Kriegsgeschichte von Bayern, Franken, Pfalz und Schwaben von 1506-1651, 2 vols; Munich, 1868.

HENSCHALL, N.: The Myth of Absolutism. Change and Continuity in Early Modern European Monarchy, Harlow, 1992.

HINTZE, O.: Gesammelte Abhandlungen zur allgemeinen Verfassungsgeschichte, 3 vols.; Gottingen, 1962-1967.

--: Historical Essays, oxford, 1975. PMCid:PMC236032

HIPPLER, T.: Citizen, Soldiers and National Armies. Military Service in France and Germany, 1789-1830, London, 2008.

KAISER, M.: <<'Sed vincere sciebat Hanibal'. Pappenheim als empirischer Theoretiker des Krieges>>, en NEUHAUS, H., STOLLBERG-RILINGER, B. (eds.): Menschen undStrukturen in der Geschichte Alteuropas, Berlin, 2002, pp. 201-227.

--: Politik und Kriegsfuhrung Maximilian von Bayern, Tilly und die Katholische Liga im Dreiiigjdhrigen Krieg, Munster, 1999. KAPSER, C.: Die bayerische Kriegsorganisation in der zweiten Hdlfte des Dreibigjdhrigen Krieges, Munster, 1997.

KIRK, T.: Genoa and the Sea. Policy and power in an early modern maritime Republic, 1559-1684, Baltimore and London, 2005.

KNIGHT, R. y WILCOX, M.: Sustaining the Fleet, 1793-1815. War, the British Navy and the Contractor State, Woodbridge, 2010.

KOLFF, D.: Naukar, Rajput and Sepoy. The ethnohistory of the military labour market in Hindustan, 1450-1850, Cambridge, 1990.

KONZE, F.: Die Stdrke, Zusammensetzung und Verteilung der Wallensteinischen Armee wdhrend des Jahres 1633. Ein Beitrag zur Heeresgeschichte des 30 Jdhrigen Krieges, Frankfurt-am-M, 1906.

KREBS, J.: Aus dem Leben des kaiserlichen Feldmarschalls Grafen Melchior von Hatzfeld, 1593-1636, 2 vols.; Breslau, 1910, 1926.

LANE, F.: <<Economic Consequences of organized Violence>>, Journal of Economic History 18, 1958, pp. 401-417.

LANE, F.: <<The Economic Meaning of War and Protection>>, en LANE, F.: Venice and History, Baltimore Md, 1966.

MACKAY, R.: The Limits of Royal Authority. Resistance and Obedience in Seventeenth-Century Castile, Cambridge, 1999. http://dx.doi.org/10.1017/CBo9780511549397

MALLETT, M.: Mercenaries and their Masters. Warfare in Renaissance Italy, London, 1974; 2* edicion, 2009.

METTAM, R.: Power and Faction in Louis XlV's France, oxford, 1988.

MORAN, D. y WALDRON, A. (eds.): The People in Arms: Military myth and national mobilization since the French Revolution, Cambridge, 2003.

PARKER, G.: <<The Limits to Revolutions in Military Affairs: Maurice of Nassau, the battle of Nieuwpoort (1600) and the Legacy>>, Journal of Military History, 71, (2007), pp. 331-372. http://dx.doi.org/10.1353/jmh.2007.0142

--: The Army of Flanders and the Spanish Road, 1567-1659, 2* ed, Cambridge, 2004, pp. 190-91.

--: The Military Revolution. Military Innovation and the Rise of the West, 1500-1800, 2a ed; Cambridge, 1996.

PARROT, D.: The Business of War. Military Enterprise and Military Revolution in Early Modern Europe, Cambridge, 2012.

PERCY, S.: Mercenaries. The History of a Norm in International Relations, oxford, 2007.

PORTER, B.: War and the Rise of the State. The Military Foundations of Modern Politics, New York/ontario, 1994.

POTTER, M.: Corps and Clienteles. Public Finance and Political Change in France, Aldershot, 2003.

REDLICH, F.: The German Military Enterpriser and his Work Force, 14th-18th Centuries. Vierteljahrschrift fur Sozial--und Wirtschaftsgeschichte, 2 vols.; Wiesbaden, 1964.

ROBERTS, M.: <<The Military Revolution, 1560-1660>>, Belfast, 1956. 2a edicion en ROBERTS, Essays in Swedish History, London, 1967, pp. 195-225. PMid:5303323 PMCid:PMC2554347

ROOT, H.: The Fountain of Privilege, Berkeley, CA, 1994.

ROUSSET, C.: Histoire de Louvois et de son administration politique et militaire, 4 vols., Paris, 1879.

ROWLANDS, G.: The Dynastic State and the Army under Louis XIV. Royal Service and Private Interest, 1661-1701, Cambridge, 2002.

ROWLANDS, G.: The Financial Decline of a Great Power. War, Influence and Money in Louis XlV's France, oxford, 2012.

SALM, H.: Armeefinanzierung im Dreibigjdhrigen Krieg. Die Niederrheinisch-Westfdlische Reichskreis, 1635-50, Munster, 1990.

SCHAUFELBERGER, W.: Der Alte Schweizer und sein Krieg. Studien zur Kriegsfuhrung vornehmlich im 15. Jahrhundert, Zurich, 1952. PMid:12998623

SORENSSON, P.: <<Das Kriegswesen wahrend der letzten Periode des Dreibigjahrigen Krieges>>, en RUDOLF, H. (ed.): DerDreibigjahrige Krieg. Perspectiven und Strukturen, Darmstadt, 1977, pp. 431-57.

STADLER, B.: Pappenheim und die Zeit des Dreibigjahrigen Krieges, Winterthur, 1991. PMCid:PMC1204579

THOMPSON, I. A. A.: War and Government in Habsburg Spain, 1560-1620, London, 1976.

THOMSON, J.: Mercenaries, Pirates and Sovereigns. State Building and Extraterritorial Violence in early Modern Europe, New Haven/London, 1994.

TILLY, C.: <<War Making and State making as organized Crime>>, en EVANS, P., RUESCHEMEYER, D. y SKOCPOL, T. (eds.): Bringing the State Back In, Cambridge, 1985, pp. 169-191.

TILLY, C.: Coercion, Capital and European States AD 990-1990, oxford, 1990.

TORRES SANCHEZ, R. (ed.): War, State and Development. Fiscal-Military States in the Eighteenth Century, Pamplona, 2008.

--: <<The Triumph of the Fiscal-Military State in the Eighteenth Century. War and Mercantilism>>, en TORRES SANCHEZ, R.: War, State and Development. Fiscal-Military States in the Eighteenth Century, Pamplona, 2007, pp. 13-44.

WELTI, L.: Graf Jakob Hannibal I. von Hohenems, 1530-1587. Ein Leben im Dienste des Katholischen Abendlandes, innsbruck, 1954.

WIJN, J. W.: Het krijgswezen in den tijd van Prins Maurits, Utrecht, 1934.

WILSON, P.: Europe's Tragedy. A History of the Thirty Years War, London, 2009.

WOOD, J.: The King's Army. Warfare, Soldiers and Society during the Wars of Religion in France, 1562-1576, Cambridge, 1996.

ZUNCKEL, J.: Rustungsgeschdfte im Dreibigjahrigen Krieg: Unternehmerkrdfte, Militdrguter und Marktstrategien im Handel zwischen Genua, Amsterdam und Hamburg, Berlin, 1997.

ZURCHER E.-J.: Fighting for a living. A comparative history of military labour, 1500-2000, Amsterdam, 2013.

ZWIEDINECK-SUDENHORST, H. Von: Kriegsbilder aus der Zeit der Landsknechte, Stuttgart, 1883.

David PARROT

Universidad de oxford

Correo-e: david.parrott@new.ox.ac.uk

(1.) La unica excepcion destacable de este olvido generalizado es, por supuesto, el trabajo de I. A. A. Thompson, cuya monografia y tesis, War and Government in Habsburg Spain, 1560-1620, Londres, 1976, continuada en una serie de articulos y capitulos en obras colectivas, definieron los terminos del debate sobre la administracion estatal y privada--administracion y asiento--en la Espana de los Habsburgo. Debe elogiarse el esfuerzo de la revista Studia Historica por avanzar en el trabajo de Thompson con nuevas investigaciones espanolas y con una dimension mas europea.

(2.) BOWEN, H. y GONZALEZ ENCISO, A. (eds.): Mobilizing Resources for War. Britain and Spain at Work during the Early Modern Period. Pamplona, 2006; BANNERMAN, G.: Merchants and the Military in 18th Century Britain. British Army Contracts and Domestic Supply, 1739-1763. Londres, 2008; TORRES SANCHEZ, R. (ed.): War, State and Development. Fiscal-Military States in the Eighteenth Century. Pamplona, 2008; KNIGHT, R. y WILCOX, M.: Sustaining the Fleet, 1793-1815. War, the British Navy and the Contractor State. Woodbridge, 2010; FORSTER, S., JANSEN, C. y KRONENBITTER G. (eds.): Ruckkehr der Condottieri? Krieg und Militar zwischen staatlichem Monopol und Priva-tisierung: Von der Antike bis zur Gegenwart. Paderborn, 2010; CONWAY, S. y TORRES SANCHEZ, R. (eds.): The Spending of States. Military Expenditure during the Long Eighteenth Century: patterns, organization and consequences, 1650-1815. Saarbrucken, 2011; HARDING, R. y SOLBES FERRY, S. (eds.): The Contractor State and Its Implications, 1659-1815. Las Palmas, 2012.

(3.) Editado por Cambridge University Press en el 2012.

(4.) ROBERTS, M.: <<The Military Revolution, 1560-1660>>. Belfast, 1956; Segunda edicion en ROBERTS, M.: Essays in Swedish History. Londres, 1967, pp. 195-225.

(5.) The German Military Enterpriser and his Work Force, 14th-18th Centuries. Vierteljahrschrift fur Sozial--und Wirtschaftsgeschichte. Beihefte 47, 48, 2 vols., Wiesbaden, 1964.

(6.) PERCY, S.: Mercenaries. The History of a Norm in International Relations. oxford, 2007; THOMSON, J.: Mercenaries, Pirates and Sovereigns. State Building and Extraterritorial Violence in Early Modern Europe. New Haven-Londres, 1994.

(7.) MALLETT, M. cuestiona estas presuposiciones en Mercenaries and their Masters. Warfare in Renaissance Italy. Londres, 1974; 2a edicion, 2009.

(8.) HINTZE, O.: Historical Essays, ed. F. GILBERT, oxford, 1975, vease pp. 33-63, <<The Hohen-zollern and the Nobility>>; pp. 178-215, <<Military organization and the organization of the State>>; pp. 267-301, <<The Commissary and His Significance in General Administrative History: A Comparative Study>>. HINTZE, o.: Gesammelte Abhandlungen zur allgemeinen Verfassungsgeschichte, ed. por G. OESTREICH. 3 vols.; Gottingen, 1962-1967, veanse especialmente: i. 321-358, <<Der osterreichische und der preubische Beamtenstaat im 17. und 18. Jahrhundert; Eine vergleichende Betrachtung>> 1901; i. 424-456, <<Machtpolitik und Regierungsverfassung>>, 1913; iii. 164-203, <<Der Ursprung des preubischen Landratsamts in der Mark Brandenburg>>, 1915.

(9.) <<Machtpolitik und Regierungsverfassung>>, i. 429.

(10.) Aparte del gran numero de trabajos que examinan estados especificos, veanse estudios generales como: TILLY, C.: Coercion, Capital and European States AD 990-1990. oxford, 1990; DOWNING, B.: The Military Revolution and Political Change. Origins of Democracy and Autocracy in Early Modern Europe. Princeton, 1992; ERTMAN, T.: Birth of the Leviathan. Building States and Regimes in Early Modern Europe. Cambridge, 1997.

(11.) LANE, F.: <<Economic Consequences of organized Violence>>, Journal of Economic History 18, 1958, pp. 401-17; LANE, F.: <<The Economic Meaning of War and Protection>> en LANE, F.: Venice and History. Baltimore Md, 1966. Esta idea se critica directamente en: TILLY, C.: <<War Making and State making as organized Crime>> en EVANS, P. B., RUESCHEMEYER, D. y SKOCPOL, T. (eds.): Bringing the State Back In. Cambridge, 1985, pp. 16991, critica en pp. 175-180.

(12.) WOOD, J.: The King's Army. Warfare, Soldiers and Society during the Wars of Religion in France, 1562-1576. Cambridge, 1996, pp. 38-41. Esto fue caracteristico de muchos estados fuera de Europa. En el caso del imperio vease: KOLFF, D.: Naukar, Rajput and Sepoy. The ethnohistory of the military labour market in Hindustan, 1450-1850. Cambridge, 1990, pp. 32-116; GOMMANS, J.: Mughal Warfare. Londres, 2002, pp. 6797; ZURCHER E. J.: Fighting for a Living. A Comparative History of Military Labour, 1500-2000 (Amsterdam, de proxima publicacion. ofrecera una buena reflexion sobre el reclutamiento).

(13.) PARKER, G.: The Military Revolution. Military Innovation and the Rise of the West, 1500-1800. 2a ed; Cambridge, 1996, pp. 61-64.

(14.) FELD, M.: <<Middle class society and the rise of military professionalism: the Dutch army, 1589-1609>>, Armed Forces and Society, 1 (1975), p. 421.

(15.) FELD, <<Middle Class Society>>, pp. 419-42; WIJN, J. W.: Het krijgswezen in den tijd van Prins Maurits. Utrecht, 1934; HAHLWEG, H.: Die Heeresreform der Oranier und die Antike. Berlin, 1941; HAHLWEG, W. (ed.): Die Heeresreform der Oranier: das Kriegsbuch des Grafen Johann von Nassau-Siegen. Wiesbaden, 1973; PARKER, G.: <<The Limits to Revolutions in Military Affairs: Maurice of Nassau, the battle of Nieuwpoort (1600) and the Legacy>>, Journal of Military History, 71 (2007), pp. 331-372 y 366-369.

(16.) Vease especialmente: MCNEILL, Pursuit of Power, pp. 117-43; DOWNING, Military Revolution; CORNETTE, J.: <<La revolution militaire et l'etat moderne>>, Revue d'histoire moderne et contempo-raine, 41 (1994), pp. 698-709; PORTER, B.: War and the Rise of the State. The Military Foundations of Modern Politics. Nueva York-ontario, 1994.

(17.) ASCH, R. y DUCHHARDT, H. (eds.): Der Absolutismus--ein Mythos? Strukturwandel monarchischer Herrschaft. Colonia, 1996; HENSCHALL, N.: The Myth of Absolutism. Change and Continuity in Early Modern European Monarchy. Harlow, 1992; METTAM, R.: Power and Faction in Louis XIV's France. oxford, 1988.

(18.) vease, por ejemplo, la vision de conjunto de Braddick, M.: State Formation in Early Modern England, c. 1550-1700. Cambridge, 2000, donde plantea las dimensiones sociales de la autoridad politica en vez de las exclusivamente administrativas. Braddick subraya que las innovaciones en las organizaciones y practicas gubernamentales ocurrieron mayoritariamente en las areas en las cuales existio una agregacion de intereses entre los grupos dominantes de la sociedad.

(19.) Beik, W.: <<Absolutism as Social Collaboration in louis XIV's France>>, Past and Present, 188 (2005), pp. 195-224; Evans, R. J. W.: The Making of the Habsburg Monarchy 1550-1700. Oxford, 1979; Mackay, R.: The Limits of Royal Authority. Resistance and Obedience in Seventeenth-Century Castile. Cambridge, 1999.

(20.) BREWER, J.: The Sinews of Power: War, Money and the English State, 1688-1783. Londres, 1989; ROWLANDS, G.: The Financial Decline of a Great Power. War, Influence and Money in Louis XIV'S France. oxford, 2012, especialmente la primera parte, sobre recursos y gestion financiera.

(21.) Algunos ejemplos desde el punto de vista frances: BEIK, W.: Absolutism and Society in Seventeenth-Century France: State Power and Provincial Aristocracy in Languedoc. Cambridge, 1985, pp. 245-278; ROOT, H.: The Fountain of Privilege. Berkeley Ca, 1994, pp. 23-40; POTTER, M.: Corps and Clienteles. Public Finance and Political Change in France. Aldershot, 2003, pp. 3-25.

(22.) TORRES SANCHEZ, War, State and Development, pp. 14-44.

(23.) MALLETT, Mercenaries, pp. 113-14; Blastenbrei, P.: Die Sforza und ihr Heer. Studien zur Strukture-, Wirtschafts--und Sozialgeschichte des Soldnerwesens in der italienischen Fruhrenaissance. Heidelberg, 1987, pp. 50-60; BURIN DE ROZIERS, M.: Les Capitulations militaires entre la Suisse et la France. Doctorate, Paris, 1902; SCHAUFELBERGER, W.: Der Alte Schweizer und sein Krieg. Studien zur Kriegsfuhrung vornehmlich im 15. Jahrhundert. Zurich, 1952.

(24.) BAUMANN, R.: Georg von Frundsberg. Munich, 1991, pp. 260-261; REDLICH, Military Enterpriser, i., pp. 74-75 y 88-89.

(25.) WELTI, L.: Graf Jakob Hannibal I. von Hohenems, 1530-1587. Ein Leben im Dienste des Katholischen Abendlandes. Innsbruck, 1954, pp. 184-191; ZWIEDINECK-SUDENHORST, H. VON: Kriegsbilder aus der Zeit der Landsknechte. Stuttgart, 1883; PARKER, G.: The Army of Flanders and the Spanish Road, 1567-1659. Segunda edicion, Cambridge, 2004, pp. 190-191.

(26.) ZWIEDINECK-SUDENHORST, Kriegsbilder, pp. 231-234.

(27.) Por el ejemplo de las galeras genovesas organizadas en nombre de la Corona espanola, vease: KIRK, T.: Genoa and the Sea. Policy and Power in an Early Modern Maritime Republic, 1559-1684. Baltimore-Londres, 2005; THOMPSON, War and Government, pp. 163-184.

(28.) PARKER, Army of Flanders, pp. 120-123.

(29.) HEILMANN, J.: Das Kriegswesen der Kaiserlichen und Schweden zur Zeit des Dreibigjahrigen Krieges. Leipzig, 1850--reimpreso en Krefeld, 1977-, pp. 156-157; KONZE, F.: Die Starke, Zusam-mensetzung und Verteilung der Wallensteinischen Armee wdhrend des Jahres 1633. Ein Beitrag zur Heeresgeschichte des 30 Jdhrigen Krieges. Dissertation: Frankfurt-am-M, 1906, pp. 19-22, pp. 26-35.

(30.) HEILMANN, J.: Kriegsgeschichte von Bayern, Franken, Pfalz und Schwaben von 1506-1651, 2 vols.; Munich, 1868, ii. pp. 902-906; los numeros de Redlich demuestran que mas de una tercera parte de los regimientos estuvieron formados durante seis anos o mas, con una proporcion muy grande de los restantes con tiempos de dos a cinco anos: Military Enterpriser, i. p. 226.

(31.) PARROTT, Business of War, pp. 158-162.

(32.) STADLER, B.: Pappenheim und die Zeit des Dreibigjahrigen Krieges. Winterthur, 1991, pp. 603-714; KAISER, M.: <<'Sed vincere sciebat Hanibal'. Pappenheim als empirischer Theoretiker des Krieges>> en NEUHAUS, H. Y STOLLBERG-RILINGER, B. (eds.): Menschen und Strukturen in der Geschichte Alteuropas. Berlin, 2002, pp. 201-227, pp. 219-223.

(33.) KAPSER, C.: Die bayerische Kriegsorganisation in der zweiten Hdlfte des Dreibigjahrigen Krieges. Munster, 1997, pp. 262-264.

(34.) BJORLIN, J. G.: Johan Baner, 3 vols.; Estocolmo, 1908-1910.

(35.) Pappenheim se describe con un sentido/comprension real de las necesidades de abastecimiento de sus tropas <<Fursorgesinn>>, crucial para desempenar el papel de un comandante eficaz en la Guerra de los Treinta Anos: STADLER, Pappenheim, p. 693.

(36.) Para un trabajo clave en el desarrollo de estas organizaciones vease: ZUNCKEL, J.: Rustungsge-schdfte im Dreibigjdhrigen Krieg: Unternehmerkrdfte, Militdrguter und Marktstrategien im Handel zwischen Genua, Amsterdam und Hamburg. Berlin, 1997. La obra clasica de ERNSTBERGER, A.: Hans de Witte--Finanzmann Wallensteins, Wiesbaden, 1954, proporciona todavia uno de los mejores estudios de casos de una red compleja y privada de abastecimiento.

(37.) SALM, H.: Armeefinanzierung im Dreibigjdhrigen Krieg. Die Niederrheinisch-Westfdlische Reichskreis, 1635-50. Munster, 1990; KREBS, J.: Aus dem Leben des kaiserlichen Feldmarschalls Grafen Melchior von Hatzfeld, 1593-1636, 2 vols.; Breslau, 1910, 1926.

(38.) SORENSSON, P.: <<Das Kriegswesen wahrend der letzten Periode des Dreifiigjahrigen Krieges>> en RUDOLF, H.: (ed.). DerDreibigjahrige Krieg. Perspectiven und Strukturen. Darmstadt, 1977, pp. 431-457.

(39.) WILSON, P.: Europe's Tragedy. A History of the Thirty Years War. Londres, 2009, da detalles y bajas de estas batallas. Vease tambien GUTHRIE, W.: The Later Thirty Years War. From the Battle of Wittstock to the Peace of Westphalia. Westport/Londres, 2003.

(40.) En Francia, las reformas de los ministros de Guerra Michel Le Tellier y su hijo el Marques de Louvois han sido desde hace mucho identificadas con un programa semejante: ROUSSET, C.: Histoire de Louvois et de son administration politique et militaire, 4 vols. Paris, 1879; ANDRE, L.: Michel Le Tellier et l'organisation de l'armee monarchique. Paris, 1906; CORVISIER, A.: Louvois, Paris, 1983. Vease la escueta critica de esta posicion en CHAGNIOT, J.: <<La rationalisation de l'armee francaise apres 1660>> en Armees et diplomatie dans l'Europe du XVIIe siecle. Actes du Colloque des Association des Historiens Modernistes. Paris, 1991, pp. 97-108.

(41.) ROWLANDS, G.: The Dynastic State and the Army under Louis XIV. Royal Service and Private Interest, 1661-1701. Cambridge, 2002, pp. 166-171; DREVILLON, H.: L'impot du sang: Le metier des armes sous Louis XIV. Paris, 2005, pp. 179-211; CHAGNIOT, J.: Paris et l'armee au xviiie siecle. Etude politique et sociale. Paris, 1985, pp. 255-277.

(42.) BRUIJN, J.: The Dutch Navy of the Seventeenth and Eighteenth Centuries. Columbia, SC, 1993, pp. 116-117.

(43.) El ejercito bavaro era pionero en la prohibicion de la posesion de mas de un regimiento por el mismo propietario: KAISER, M.: Politik und Kriegsfuhrung Maximilian von Bayern, Tilly und die Katholische Liga im Dreibigjdhrigen Krieg. Munster, 1999, pp. 69-70.

(44.) Las mejores obras sobre la propiedad de regimientos son las dedicadas al ejercito britanico: BRUCE, A. P.: The Purchase System in the British Army, 1660-1871. Londres, 1980, y GUY, A.: Oeconomy and Discipline. Officership and Administration in the British Army, 1714-63. Manchester, 1985.

(45.) vease el amplio abanico de estudios explorando el contratista militar indicado en la cita numero 2.

(46.) HIPPLER, T.: Citizen, Soldiers and National Armies. Military Service in France and Germany, 1789-1830. Londres, 2008; MORAN, D. y WALDRON, A. (eds.): The People in Arms: Military myth and national mobilization since the French Revolution. Cambridge, 2003.
COPYRIGHT 2013 Ediciones Universidad de Salamanca
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2013 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Parrot, David
Publication:Studia Historica. Historia Moderna
Date:Jan 1, 2013
Words:12805
Previous Article:La formacion de companias comerciales en Zamora en el siglo XVI (1575-1600).
Next Article:Familia, estamento e institucion: el clero secular en el reino de Cordoba a mediados del siglo XVIII. El caso de lucena.

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters