Printer Friendly

?Reserva pontificia o atributo soberano? La concepcion del patronato en disputa. Chile y la Santa Sede (1810-1841).

Papal Reserve or Sovereign Attribution? The Conception of Patronage in Dispute. Chile and the Holy See (1810-1841)

Reserva pontificia ou atributo soberano? A concepcao do patronato em disputa. Chile e a Santa Sede (1810-1841)

Introduccion

Frecuentemente los estudios sobre temas vinculados a la soberania de los nacientes Estados americanos decimononicos excluyen el patronato (1). En general se cree que forma parte de un tema de historia de la Iglesia, del clero y de la religion. La hipotesis de este articulo es que el estudio de la apropiacion del patronato por parte del Gobierno chileno es uno de los elementos que permite entender no solo el desarrollo de la idea de independencia, sino que su adjudicacion y defensa fueron una de las formas por medio de las cuales Chile afirmo su soberania en las primeras decadas del siglo XIX. Permite tambien analizar algunos aspectos de la relacion entre la jurisdiccion politica y la eclesiastica dentro del nuevo Estado, y la de este ultimo con la Santa Sede, que, en el contexto de la independencia de America, recupero el patronato universal cedido a la Monarquia en 1508.

Para ello se analizaran las diferentes concepciones del patronato sostenidas por los gobiernos chilenos a partir de 1810 y sus consecuencias en lo politico y en lo eclesiastico. Se observara tambien de que forma la Santa Sede, a traves de los nombramientos episcopales de 1828, ignoro el patronato real y el republicano, y afirmo que dichos nombramientos eran una reserva pontificia. Frecuentemente se escucha en congresos, o se lee en publicaciones, que a partir de 1810 las juntas de gobierno asumieron el patronato (2). Aunque esto fue mas o menos verdadero, el problema esta en que con esta afirmacion se cierra el estudio del tema, sin recoger la rica discusion que hubo al respecto dentro de los gobiernos, las reacciones de la Iglesia local, y como se compatibilizo esa concepcion con la relacion con la Santa Sede.

Tampoco se analiza como se ejercio el patronato o si el patronato como atributo soberano convivio con otras concepciones del mismo. El caso chileno muestra que a partir de 1810 hubo una discusion profunda sobre el patronato, que esta en la base de la relacion entre las sucesivas juntas de gobierno con los gobiernos centrales de la Monarquia. Incluso despues de la independencia, Bernardo O'Higgins, Director Supremo, reasumio el patronato real, pero tambien envio una mision diplomatica a la Santa Sede para pedirlo como concesion papal. En tal sentido, se estudiaran desde el punto de vista historico la convivencia y alternancia de estas dos concepciones en Chile y sus implicancias en la relacion con la Santa Sede.

1. El vicepatronato de la Junta Gubernativa en 1810

Fue el Cabildo de Santiago el que tomo la iniciativa de formar una Junta Gubernativa de Gobierno el 18 de septiembre de 1810, con el caracter de provisional. Fueron elegidos como presidente y vicepresidente el gobernador del reino, Mateo de Toro y Zambrano, y el obispo electo Jose Antonio Martinez de Aldunate. La inclusion de las dos maximas autoridades de la jurisdiccion civil y eclesiastica en el ambito local anclaba al nuevo gobierno en las dos jurisdicciones. Acordaron tambien que "[...] Los negocios de patronato se dirigiran a la Junta en los mismos terminos con que se practica a los senores virreyes y presidentes [...]" (3), lo que equivalia al vicepatronato. Esta Junta, presidida por dos agentes del rey, confirmaba en este hecho lo que tambien estaba en su acta de instalacion, que era un gobierno establecido en nombre de Fernando VII.

La Junta Gubernativa se amplio en un congreso que empezo a sesionar a partir del mes de julio de 1811, que definio entre sus atribuciones el hacer las leyes, el manejo de las relaciones exteriores, el patronato, entre otras. Con respecto a este ultimo afirmo expresamente que no pertenecia mas al Ejecutivo "el vice patronato que antes ejercia" (4), sino al Congreso, que tambien se formo en nombre de Fernando VII (5). Asimismo, un golpe de Estado en Santiago instalo en el poder a Jose Miguel Carrera, quien presidio una nueva Junta de Gobierno y disolvio el Congreso. Esta Junta no se atribuyo el patronato; sin embargo, ante la muerte del obispo electo de Santiago, Carrera le impuso al Cabildo eclesiastico la eleccion del obispo auxiliar Rafael Andreu Guerrero como gobernador del obispado, impidiendo que gobernara el mismo Cabildo eclesiastico en sede vacante.

Carrera corono su gobierno en 1812 con un Reglamento Constitucional Provisorio, en el que se reconoce por rey nuevamente a Fernando VII, quien debia aceptar esta Constitucion. Chile se mantenia entonces dentro de la Monarquia. El patronato no estuvo considerado en ningun articulo, pero la Junta gobernaba en nombre del rey, por lo que es posible sostener que implicitamente tenia entre sus atribuciones la del patronato. Ante este reglamento el virrey de Peru, Fernando de Abascal, no tuvo dudas de que la independencia de Chile era una posibilidad cierta. Ademas, a partir de noviembre de 1812 el Ejecutivo paso a llamarse Junta Representativa de la Soberania de Chile (6). Por ello, el virrey envio una primera expedicion militar al mando del brigadier Pareja, quien desembarco en 1813 en el puerto de Talcahuano y conquisto la ciudad de Concepcion.

En este contexto se inicio el proceso de discusion juridica sobre si correspondia o no al Ejecutivo chileno el patronato. Las instrucciones dadas a Francisco Antonio Pinto, representante diplomatico de Chile en Europa en 1813, revelan lo que se pensaba:

"Este gobierno esta persuadido que si el derecho de presentacion se toma por la concesion que han hecho los papas a los Reyes Catolicos, le corresponde por haber reasumido la representacion del monarca en el territorio chileno, y que tiene mejores derechos que la Regencia de Cadiz, pues aquella no se ha instalado por el consentimiento universal [...] y Chile establecio su gobierno por la voluntad uniforme de todas las provincias" (7).

La incapacidad de Carrera para ganar la guerra y su prision en manos de los realistas lo alejaron de la conduccion politica y militar. La guerra llevo a la conviccion de que era necesario concentrar toda la autoridad en un director supremo, siendo elegido Francisco de la Lastra, quien realizo el primer nombramiento en el Cabildo eclesiastico de Santiago, el de Jose Ignacio Cienfuegos, como canonigo (8). Al mismo tiempo, una Junta en Santiago habia dado a Bernardo O'Higgins el mando de las tropas, lo que desato un conflicto con Carrera. La llegada de otra expedicion militar mandada desde Peru tampoco logro una victoria definitiva. Mientras esperaban refuerzos, los espanoles dejaron escapar a Carrera de la prision apostando a que debilitarian las filas patriotas por la rivalidad con O'Higgins. Jose Miguel Carrera depuso al director supremo, formo una nueva junta (9) e inicio una politica de destierro de sus opositores y de los realistas. Contradiciendo la estrategia espanola, la llegada de una tercera expedicion virreinal auno a los patriotas dejando de lado las diferencias momentaneamente.

Carrera esperaba la victoria, y entre sus estrategias para formar un nuevo estado figuro el ejercicio del patronato. En agosto de 1814, la Junta de Gobierno que presidia consulto al jurista Bernardo de Vera y Pintado si le correspondia "premiar a los eclesiasticos benemeritos con las dignidades de la jerarquia de su orden y constituir un Vicario General de los Ejercitos" (10). La respuesta fue clara: el derecho de patronato no era personal y se encontraba entre las atribuciones de la soberania, cualquiera que fuera la forma de gobierno. Era, ademas, una obligacion del Estado ejercer el derecho de presentacion e instituir el Vicario Castrense. En las postrimerias de su gobierno Jose Miguel Carrera presento al presbitero Pedro Eleisegui como racionero del Cabildo eclesiastico de Santiago, y en agosto de 1814, al presbitero Julian Uribe como Vicario Castrense.

En tanto con la derrota patriota en la batalla de Rancagua (octubre de 1814) inicio la restauracion del gobierno monarquico, y para muchos patriotas comenzo el exilio en Mendoza, donde se estaba formando un ejercito bajo el mando del gobernador intendente, general Jose de San Martin, quien preparaba una invasion al Peru. O'Higgins y su faccion se sumaron a esta estrategia, que incluyo reinstaurar un gobierno patriota en Chile. Carrera y sus seguidores quedaron fuera de este plan. La victoria en la batalla de Chacabuco (febrero de 1817) instalo a Bernardo O'Higgins como Director Supremo de Chile, quien se declaro heredero del patronato real (11), proveyo las vacancias de los cabildos eclesiasticos y nombro los principales cargos eclesiasticos de gobierno, como el gobernador del obispado, un vicario general castrense y un comisario de regulares (12).

2. Patronato e Independencia

En 1818 Bernardo O'Higgins declaro la independencia de Chile y se puso en vigencia un reglamento constitucional provisorio, que gobernaba acompanado del Senado Conservador de las Leyes y la Constitucion, organo consultivo compuesto por cinco miembros nombrados por el Director Supremo, quien recibio algunas de las atribuciones del patronato como el derecho de presentar (articulo 3) para las raciones, canonjias o prebendas a quienes hubieran servido por seis anos ejemplarmente algun curato del Estado, debiendo ser ciudadanos chilenos residentes (articulo 4). Como no se determinaba la manera en que se debia realizar la presentacion, se dejaba un amplio margen para la decision personal del Director Supremo.

En 1818 O'Higgins ejercio el patronato, y hubo ascensos y nombramientos en las vacantes de los cabildos eclesiasticos. Los nombramientos que se hicieron mantenian un numero bajo de prebendados, justificado en que asi los diezmos podian utilizarse para los apuros del erario y el financiamiento de las obras de gobierno, como el Instituto Nacional (13). Estrictamente estas presentaciones no eran tales porque no se hacian al Papa, eran simples nombramientos. En cuanto a la situacion episcopal, el obispado de Santiago tenia un obispo propietario, Jose Santiago Rodriguez Zorrilla, exiliado por el Gobierno en 1817 por realista, quien habia delegado algunas facultades en el gobernador del obispado, Jose Ignacio Cienfuegos. Estaba vacante la diocesis de Concepcion, y en este caso, los miembros sobrevivientes del Cabildo eclesiastico eligieron al canonigo Salvador Andrade como gobernador del obispado (14).

2.1. La relacion de Chile con la Santa Sede despues de la Independencia

La decision de enviar a Jose Ignacio Cienfuegos como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el Soberano Pontifice (15) la tomo el Director Supremo ante la tension que vivia con el Senado Conservador, que se habia desencadenado a raiz de los nombramientos del Comisario de Regulares y del Vicario General Castrense por parte del Director Supremo. En los dos casos habia un claro problema jurisdiccional que involucraba la relacion con la Santa Sede. Con respecto a los regulares, su jurisdiccion era exenta de la episcopal y dependian de sus propios generales en Europa y del Papa. Mientras que la jurisdiccion del vicario general castrense habia sido establecida por el romano pontifice cuando se creo este cargo durante el gobierno de la Monarquia.

Pero fue el comisario de regulares el que genero mas resistencia porque, en si mismo, planteaba un problema de competencia entre el Director Supremo y el gobernador del obispado, Jose Ignacio Cienfuegos. Uno de los puntos de la controversia se dio porque la comisaria creada por O'Higgins incluia dentro de su jurisdiccion los monasterios de monjas, que no eran exentos, sino que siempre habian estado dentro de la jurisdiccion episcopal. Esta tension dio pie a la discusion en el Senado chileno de un Reglamento de Regulares, aprobado en 1819, que puso a las ordenes religiosas bajo la jurisdiccion del diocesano. No paso desapercibido para el Director Supremo que el reglamento le quitaba autoridad en el gobierno de la Iglesia local, al desaparecer el comisario nombrado por el (16). Por eso mismo lo rechazo generandose una profunda discusion entre el Senado y el Director Supremo, que finalmente no pudo resolverse. Asi fue como se llego al acuerdo del 6 de abril de 1821:

"[...] que para establecer un regimen eclesiastico conforme a la disciplina de la Iglesia y los derechos del Estado y para obtener la sancion de los reglamentos ya dictados, se nombre por el Director Supremo una persona que se traslade a Europa y se entienda en nombre del gobierno de Chile con el Sumo Pontifice" (17).

La decision se fundamento en el nuevo orden politico a partir de la Independencia, lo que habia traido aparejado cambios, nacidos de la necesidad de "alterar enteramente el antiguo regimen colonial", lo que tambien habia variado los "negocios" eclesiasticos. Las variaciones se habian apoyado en los canones y disciplina de la Iglesia romana pero se buscaba obtener el beneplacito papal. Ademas era necesario establecer un regimen eclesiastico apoyado en la disciplina y en los derechos de la soberania del pueblo chileno, que fuera estable y definitivo y que permitiera resolver todas las dudas relativas al patronato, presentaciones de beneficios y todas las materias eclesiasticas. Se consideraba conveniente entablar relaciones con el Papa y manifestarle la voluntad de sostener la religion catolica, apostolica, romana, como unica y exclusiva del Estado chileno.

En el Senado se discutieron y aprobaron las instrucciones del plenipotenciario chileno, que fueron confirmadas por el Director Supremo incluyendo una declaracion ante el Sumo Pontifice del reconocimiento y obediencia del Estado y del pueblo chileno del Papa como vicario de Cristo y primado de la Iglesia catolica. Se pedia un nuncio con plenitud de facultades para que se esclarecieran todas las dificultades resultantes de la variacion del orden politico; que juzgara en todas las causas de materia eclesiastica que por derecho de apelacion correspondian al Papa, para que no se hicieran recursos fuera del territorio; se pedia lo mismo para los regulares, evitando apelaciones a los generales; que el Nuncio no inteririera en el ejercicio de las facultades ordinarias y delegadas de los diocesanos, observandose los concordatos celebrados entre las Cortes de Madrid y Roma; que se concedieran las regalias del patronato de Indias, otorgadas por el papa Julio n, al jefe del Estado chileno, con la misma extension que lo ejercian los Reyes de Espana; y que se consiguiera la misma donacion de los diezmos de las Indias que Alejandro VI otorgo a los Reyes Catolicos, y segun el uso de sus sucesores.

De igual forma, el Estado de Chile se obligaba, segun la bula de Alejandro vi, a la ereccion de iglesias catedrales y parroquiales, a mantenerlas, y a la dotacion de los arzobispos, obispos, canonigos y curas con el producto de los diezmos; que las vacantes mayores y menores quedaran a beneicio del erario de Chile; que Su Santidad declarara los privilegios de la bula de cruzada e indulto de carnes a toda America; que se delegaran las facultades necesarias a un comisario general de cruzada, presentado por el jefe del Estado, en los mismos terminos y privilegios del residente en Madrid; que los productos de las bulas se aplicaran a la conversion y educacion de los indios de Chile; que el vicario general castrense, nombrado por Su Santidad a propuesta del jefe del Estado chileno, tuviera los mismos privilegios concedidos al de Espana; que se erigieran en catedrales las iglesias de Coquimbo, Talca, Chiloe, Osorno o Valdivia, y que la de Santiago fuera metropolitana; si no se erigian esas catedrales, que se nombraran dos obispos titulares; que se modificara el sistema de elecciones capitulares de las ordenes religiosas, que se estableciera en el Estado un tribunal para que se terminaran sus causas, conirmaran sus elecciones, actos capitulares y grados magisteriales (18).

Con el in de dictar una nueva constitucion se convoco en 1822 una Convencion preparatoria. En su seno se formo una comision que analizo el envio del plenipotenciario chileno a Roma y sus instrucciones. Se conirmaba la adhesion del gobierno de Chile y sus habitantes a la religion catolica, pero se consideraba inadecuada e impracticable la solicitud de un nuncio. En su lugar se debia solicitar al Papa que los obispos chilenos tuvieran la facultad de ser jueces de apelacion en las causas eclesiasticas, estableciendose una jerarquia: la apelacion en primer grado la tenia el metropolitano (que habia que crear), o el Cabildo eclesiastico por medio del vicario capitular, o el obispo metropolitano mas cercano al territorio chileno.

Se pedian que el obispado de Santiago fuera metropolitano y que hubiera otros dos en Valdivia y Coquimbo. Por ultimo, se debian comunicar estos cambios al enviado chileno en Roma, noticia que no recibia de Cienfuegos (19). El Senado aprobo en julio de 1823 todos los puntos propuestos por la comision (20). Asimismo, el rechazo de las provincias a la constitucion aprobada en 1822 por la Convencion Preparatoria genero un movimiento politico, que reemplazo al Director Supremo Bernardo O'Higgins por el general Freire en 1823, quien convoco un Congreso para que dictara una nueva constitucion.

3. La mision Muzi en su contexto romano

La Santa Sede recibio, a partir de 1819, enviados gubernamentales americanos que buscaban una comunicacion directa con Roma (21). Pero el contacto mas directo se tuvo en 1821 por los viajes del franciscano rioplatense Pedro Luis Pacheco, no oficial, y el del enviado por el Gobierno chileno, Jose Ignacio Cienfuegos, en 1822. Ambos completaban de primera mano la informacion que recibia la Santa Sede, ahora del lado de los eclesiasticos patriotas. Aunque no coincidieron en Roma, los dos contribuyeron a mostrar a cabalidad al Sumo Pontifice y a la curia romana la situacion de la Iglesia americana. El conjunto de estos informes fueron, fundamentalmente, los elementos que se consideraron en la sesion del 18 de abril de 1823 de la Congregacion de Asuntos Eclesiasticos Extraordinarios, en la que se analizo la nueva politica a seguir con America.

Se decidio que Giovanni Muzi, auditor de la Nunciatura de Viena, fuera el encargado de la mision; se nombro a Giovanni Maria Mastai-Ferretti (el futuro Pio IX), como su asistente, y a Giuseppe Sallusti, como secretario. El 28 de junio de 1823 el papa Pio VII expidio los breves con las facultades del vicario que abarcaban toda America. Sin embargo, no incluian la institucion de obispos en todo el continente, sino especificamente para los casos solicitados por Cienfuegos. La mision estuvo a punto de ser cancelada a raiz de la muerte del papa Pio VII, pero el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Consalvi, logro convencer al nuevo papa, Leon XII, de lo conveniente de realizarla para mantener el catolicismo en America e impedir una ruptura con Roma de los nuevos Estados independientes. La Santa Sede habia intentado nombrar obispos para America, pero Espana lo habia impedido sistematicamente. Esto favorecia el desarrollo de iglesias nacionales fundamentadas en el episcopalismo, unidas a Roma en lo dogmatico y en lo espiritual.

Luego de un largo viaje--que incluyo el ser tomados prisioneros en Mallorca, en octubre de 1823, por parte de las autoridades espanolas, que pensaban que los enviados romanos viajaban con la mision de reconocer la independencia de los nuevos Estados--, arribaron a Montevideo (que estaba bajo la bandera del emperador brasilero). Desde alli pasaron a Buenos Aires, donde Muzi no fue recibido por Bernardino Rivadavia. El viaje a Chile se hizo por las pampas, pasando por Santa Fe, Cordoba, San Luis y Mendoza (22).

3.1. La mision Muzi en territorio chileno

La mision llego finalmente a Chile el 7 de marzo de 1824. Correspondio al Senado Conservador entenderse con el vicario apostolico, recibirlo (23) y asignarle dinero para su manutencion--una parte del cual se saco de la masa decimal (24) por iniciativa del Director Supremo--. No obstante, para que Muzi pudiera actuar era necesario que el Gobierno le diera el exequatur a sus facultades, y, para ello, se le pidio que las diera a conocer (25). Interesaba sobremanera al Gobierno la designacion de obispos y la creacion de nuevas sedes episcopales. Esto se relacionaba con el fin principal del pedido del envio de la mision, la instalacion de un gobierno eclesiastico en la Republica, que implicaba la concesion del patronato.

Las facultades de Muzi decian expresamente que debia "tolerar" las presentaciones del Gobierno en los beneficios eclesiasticos inferiores, y actuar de acuerdo con el en las presentaciones episcopales que se hicieran durante su presencia en Chile. En otros terminos, el Papa no se mostraba favorable a hacer una concesion definitiva del patronato para el Ejecutivo chileno. Muzi estaba autorizado para consagrar tres obispos in partibus: uno como obispo auxiliar de Rodriguez Zorrilla en Santiago, designado por el obispo propietario; otro como administrador apostolico en Concepcion, que debia ser preconizado una vez restaurado el Cabildo eclesiastico; y un tercero que fuera su propio sucesor como vicario apostolico, designado por el. Desde el punto de vista romano esto era inusitado, porque nunca antes una delegacion pontificia habia tenido estas facultades. Ademas, eran provisiones que no consideraban el patronato regio. Como senala Pedro Leturia, esto era ya un reconocimiento indirecto de hecho de la Independencia antes de la batalla de Ayacucho (26). Sin duda, era lo maximo que el Papa podia hacer luego de la restauracion del absolutismo en Espana y del final del trienio liberal; pero no era lo que el Gobierno chileno habia pedido.

En efecto, lo que las facultades no contemplaban era la ereccion de tres obispados. Esto genero la primera tension con Cienfuegos, que habia dicho que en Roma se le habia asegurado que el vicario crearia los obispados de Coquimbo, Chiloe y Valdivia, y asi lo habia informado al Gobierno. Muzi se mostro partidario de erigir un obispado en Coquimbo a futuro, pero mientras se estudiaba bien el proyecto proponia nombrar un obispo auxiliar en Santiago con sede en Coquimbo. En el caso de Concepcion, estaba dispuesto a consagrar un obispo como vicario capitular, por lo caotico de la situacion tanto en lo politico como en lo eclesiastico, pues aun continuaba la guerra en el sur de Chile contra los espanoles. Dos de las peticiones fundamentales del Gobierno chileno, el patronato y la vicaria general castrense, que implicaban una decision directa del Santo Padre, no fueron siquiera consideradas en las facultades. Dado que, de haberlas otorgado, se habria reconocido la independencia de Chile.

Rapidamente el vicario apostolico comenzo a actuar basandose en sus facultades, sin considerar que estaba en un Estado independiente, y hacia concesiones que no eran del tenor de lo querido por el Gobierno. De ahi que el Senado en sesion reservada recomendo al Director Supremo que cuando impetrara gracias al vicario, lo hiciera a perpetuidad, ante una posible ruptura de relaciones (27). Por otro lado, pedia al Director Supremo que le fueran informadas las facultades de Muzi (28). El Senado, al comprobar que se trataba de una verdadera legacion, pidio al Director Supremo que el Estado chileno celebrara con Muzi un concordato (29).

A pesar de esto las relaciones con el vicario empeoraron rapidamente. El Gobierno chileno reformo los regulares, que fueron puestos bajo la jurisdiccion del diocesano; fomento la secularizacion de los frailes de las ordenes religiosas, siendo extendidos por Muzi unos 600 breves; y ordeno la disminucion del numero de conventos, y parte de los bienes fueron secuestrados. Pero lo mas grave fue que el Gobierno decreto el extranamiento del obispo Jose Santiago Rodriguez Zorrilla, quien se habia beneficiado con una ley de amnistia del ano 1822 y habia vuelto a Chile desde la vecina ciudad de Mendoza. Poco despues de su regreso, el Gobierno le habia pedido que proveyera los curatos en propiedad y se separara del servicio de los mismos a los regulares (30). Un ano despues el obispo habia cumplido con la mision, pero los nombramientos que habia hecho recayeron en individuos que no tenian "la calidad de civismo" (31) (es decir, se los consideraba realistas), y no consulto al Gobierno. La respuesta de Rodriguez Zorrilla fue que, segun el Concilio de Trento, era facultad exclusiva de los obispos hacer esos nombramientos. Pese a esto, tuvo que someterse a las decisiones gubernamentales.

Otro episodio que precipito el exilio fue el sermon predicado por fray Manuel Mata en la misa de exequias del papa Pio VII, que se celebro en la catedral de Santiago en marzo, contandose con la presencia de Muzi (32). Mata critico a los gobiernos que querian modificar el regimen eclesiastico, aplaudio la vuelta del absolutismo a Europa y la intervencion de la Santa Alianza de 1823. La conviccion generalizada fue que Rodriguez Zorrilla habia escrito el sermon. Pero en este contexto politico adverso para las republicas americanas, la presencia del obispo y del vicario apostolico--al que algunos veian como un partidario de la Santa Alianza, de la que el papado formaba parte--fue considerada como una amenaza para el regimen republicano y la independencia de Chile. Rodriguez Zorrilla fue relegado entonces a Melipilla, cerca de Santiago. El Gobierno nombro nuevamente a Jose Ignacio Cienfuegos como gobernador del obispado, y se le solicito a Rodriguez Zorrilla que le delegara sus facultades, lo que fue negado por el obispo, ante lo cual fue exiliado a perpetuidad de Chile (33). El Cabildo eclesiastico nombro entonces un vicario capitular, recuperando su autoridad en el gobierno de la diocesis, eleccion que recayo en el arcediano Cienfuegos (34). Mientras esto ocurria, el obispo Rodriguez Zorrilla, desde Mexico--en enero de 1826--, nombro como gobernador del obispado a Jose Alejo Eyzaguirre.

3.2. El fin de la mision Muzi

La reforma de los regulares y el exilio del obispo decretado por el Gobierno chileno, ignorando la presencia de Muzi y sus facultades, eran mas de lo que el vicario podia tolerar. Lo que provoco la solicitud de sus pasaportes al Gobierno y el inicio de las ultimas negociaciones tendientes a conseguir los nombramientos episcopales. Por ejemplo, el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, Francisco Antonio Pinto, pidio el 2 de octubre a Muzi que consagrara como obispo auxiliar de Santiago a Jose Ignacio Cienfuegos, administrador de Concepcion a Salvador Andrade, y sucesor del propio Muzi al canonigo Joaquin Larrain. Muzi no acepto porque no se cumplian sus facultades para estos casos, y asi lo comunico al Ministro.

El Director Supremo Ramon Freire, en un intento por buscar una solucion, organizo una reunion esa misma noche en su casa, en la que estuvieron presentes el vicario, Cienfuegos, Pinto y Sallusti. Se incorporo mas tarde Mastai-Ferretti porque, segun Sallusti, que relato estos hechos, Muzi contemplaba la posibilidad de dejarlo en Chile como vicario apostolico (35). Pero no hubo acuerdo sino mas bien ruptura entre Muzi y Cienfuegos, al que el primero acusaba de no haber cumplido sus promesas hechas en Roma de que la autoridad del vicario apostolico seria aceptada, cuestionaba la libertad de imprenta, la reforma de regulares, el secuestro de sus bienes y la sumision de estos al diocesano. Freire calmo los animos y se llego al acuerdo de que se consagraria un obispo auxiliar de Santiago.

Muzi habia dicho que no iba a consagrar a los que eran gobernadores de los obispados. Un oficio del ministro Pinto del dia 6 de octubre comunico al vicario apostolico que el Director Supremo pensaba que el eclesiastico que cumplia con los requisitos adecuados para ser obispo era Cienfuegos, y que con ese fin habia sido exonerado del gobierno de la diocesis para satisfacer el requerimiento del vicario. Muzi respondio que la eleccion debia hacerse, segun sus facultades, con la aprobacion del obispo propietario, el exiliado Rodriguez Zorrilla. Pero esto era inaceptable para el Gobierno chileno, por lo que le fueron enviados efectivamente los pasaportes al vicario apostolico y su comitiva. Por lo tanto, no hubo consagracion de ningun obispo.

La partida de Chile de Muzi casi coincidio con la publicacion de una enciclica del papa Leon XII, que condenaba la independencia de America. La misma fue conseguida por Fernando VII despues de su segunda restauracion en el trono espanol, cuando aun conservaba la esperanza de reconquistar el territorio a traves del ejercito que se mantenia fiel en Peru. Basaba esta conviccion en la idea de que el pueblo, cansado de tantos anos de revuelta, iba a ser partidario de una vuelta a la Monarquia. El Monarca veia en el clero su principal aliado y centro su confianza en que lograria movilizarlo con ese fin a traves de un pronunciamiento concreto del Papa. Este fue el origen de la enciclica por la que el Pontifice buscaba reivindicarse de la acusacion de que el envio de la mision Muzi habia sido un reconocimiento indirecto de la independencia de Chile.

Pero los planes de Fernando VII fracasaron porque la enciclica tuvo escasa difusion en los territorios americanos. El pueblo casi no la conocio. Por otro lado, las alabanzas a Fernando VII eran de tal magnitud que no fue dificil presentar el texto como un ultimo intento desesperado por restaurar la Monarquia aun a mediados de la decada de 1820, cuando los procesos de independencia se habian iniciado hacia mas de diez anos. Ademas, el resto de las monarquias europeas ya habian llegado a la conclusion de que no habia vuelta atras en la independencia de America, y que para Espana era imposible enviar refuerzos tras catorce anos de ruptura. Las victorias de Simon Bolivar en Junin y Ayacucho solo confirmaron una vez mas esta conviccion, logrando que Inglaterra reconociera la independencia de los Estados americanos y firmara con ellos los primeros tratados de comercio y amistad.

La Santa Sede pensaba lo mismo, pero el problema era como resolver la situacion de la provision de obispos en America hacia 1825, sin reconocer directamente la independencia, negada tanto por Espana como por la Santa Alianza. Si una conclusion se habia llevado de Chile el enviado romano, esa era sin duda que no se aceptarian obispos presentados por el Rey. Pero Roma ya no estaba dispuesta a conceder el patronato a nadie. Ademas, nombrar obispos sin considerar el patronato regio implicaba una ruptura con Espana tras mas de trescientos anos de alianza. La solucion en lo inmediato consistio en nombrar vicarios capitulares, y consagrarlos como obispos in partibus con todas sus atribuciones. El papa Leon XII procedio asi ya en 1825 con respecto al pedido de obispos de la Republica de la Gran Colombia, justificando su actitud ante el Rey diciendo que no podia dejar a los fieles sin pastor, pero Fernando VII no acepto las argumentaciones papales. El 21 de mayo de 1827 el Papa decidio proveer otras diocesis americanas y lo comunico a la Santa Alianza, aunque esta vez el nombramiento fue de obispo motu proprio para las diocesis de Santa Marta, Cuenca, Quito, Antioquia, Santa Fe y Caracas; un proceso que no conto con presentacion regia (36).

4. Las preconizaciones episcopales de 1828

El propio Cienfuegos habia dicho a Muzi en Santiago que iba a viajar personalmente a Roma a buscar una solucion para la Iglesia chilena. Esta decision se confirmo a raiz de las acusaciones que el propio Muzi hizo a Cienfuegos en su Carta Apologetica (37), en la que lo culpaba de haber hecho fracasar su mision en 1824 por su ambicion y de haber usurpado la jurisdiccion eclesiastica luego del extranamiento del obispo Rodriguez Zorrilla. Para aclarar estas acusaciones con el Santo Padre, Cienfuegos pidio permiso al Senado para viajar como enviado diplomatico del Gobierno (38), en marzo de 1827. La respuesta fue positiva pero con la salvedad de que no fuera una legacion del Gobierno, aunque este le encomendaria algunos asuntos que juzgara convenientes (39).

Cienfuegos renuncio a la vicaria capitular del obispado, que ejercia desde 1825, cuando habia sido elegido por el Cabildo eclesiastico de Santiago por la sede vacante que se habia producido a raiz del extranamiento del obispo Rodriguez Zorrilla. El Cabildo eclesiastico eligio entonces para reemplazarlo al canonigo Diego Elizondo, cuya autoridad coexistia con la del gobernador del obispado nombrado por el obispo Rodriguez Zorrilla, Jose Alejo Eyzaguirre. Ni el Gobierno ni el Cabildo eclesiastico reconocieron este nombramiento, pero genero dudas en la sociedad sobre la legitimidad de Elizondo. De hecho, muchos fieles pedian a Eyzaguirre privadamente la confirmacion de las licencias eclesiasticas que otorgaba Elizondo.

Con todo, Cienfuegos fue recibido y escuchado en Roma, y tambien fue bien acogida la carta del vicepresidente, Francisco Antonio Pinto, al papa Leon XII, del 12 de octubre de 1827, en la que le pedia que fuera nombrado Cienfuegos como obispo de una diocesis chilena. A peticion del Papa, el propio Cienfuegos dio varios nombres de eclesiasticos que podian ser considerados para el episcopado, entre ellos Manuel Vicuna, nombrado como obispo in partibus de Ceram y vicario apostolico para la diocesis de Santiago. Si bien Cienfuegos le advirtio al Sumo Pontifice que el nombramiento se interpretaria como una lesion a la soberania e independencia de Chile, porque no se estaba haciendo a propuesta del Gobierno (40), el Papa le respondio que la necesidad de solucionar el problema episcopal producido a raiz del extranamiento del obispo Rodriguez Zorrilla lo obligaba a tomar esta determinacion. Tambien Cienfuegos fue nombrado como obispo in partibus de Retimo y consagrado en Roma. Ya en Chile, el Cabildo eclesiastico de Concepcion lo eligio como su vicario capitular en 1830, y en 1831 el Gobierno lo presento a la Santa Sede como obispo de Concepcion (41).

5. La recepcion por parte del Gobierno chileno de los primeros obispos para la Republica

El Gobierno chileno recibio favorablemente los nombramientos episcopales y el congreso pipiolo (42) dio el pase al de Vicuna en octubre de 1829 (43). Pero el triunfo conservador de 1830 cambio la vision sobre este tema. Un nuevo Congreso de plenipotenciarios reviso el pase a las bulas episcopales de Vicuna, por haberse declarado nula la asamblea que el ano anterior las habia aprobado. Si bien el pase fue confirmado, aun estaba pendiente el exequatur para el breve pontificio que lo instituia como vicario apostolico de Santiago, que tambien fue aceptado por ese Congreso y recibio el pase del Ejecutivo (44).

Vicuna, consagrado obispo por Jose Ignacio Cienfuegos en marzo de 1830, tomo posesion de la diocesis y enfrento una fuerte tension con el Cabildo eclesiastico, que lo reconocia "por vicario apostolico en los terminos de su titulo, quedando a salvo los derechos del obispo propietario y del cabildo" (45). Le reconocia solo facultades espirituales y que su representacion equivalia a la de un vicario general. El problema de fondo era que el Cabildo se sentia desplazado en su autoridad en la Iglesia local por un nombramiento hecho desde Roma, defendia su autonomia, y para ello levantaba las banderas de la defensa del obispo propietario (Rodriguez Zorrilla), a quien ahora consideraban aun en posesion de la diocesis, pese a que en 1825 habian procedido a elegir un vicario capitular por considerar que la diocesis estaba vacante.

?Por que el gobierno conservador chileno acepto las bulas de Vicuna como obispo y vicario apostolico, a pesar de que su nombramiento episcopal se hizo en Roma sin presentacion? En este punto es posible sugerir que la coyuntura politica del momento determino la decision. En el contexto politico de 1830, el vicario servia a los intereses del Gobierno frente al Cabildo eclesiastico, al que se habian incorporado varios prebendados durante los ultimos tres anos, todos miembros de familias influyentes, aunque pipiolos. Pero, en realidad, la mayor tension con el Cabildo eclesiastico se desencadeno cuando Vicuna nombro a Vicente Aldunate como vicario general. Para el Cabildo, este nombramiento no podia hacerse porque eran ellos los que gobernaban la diocesis, por lo cual no lo reconocieron. Para el Vicario Apostolico, esto significo un acto de desobediencia a su autoridad y al breve papal que lo habia instituido, por lo que no revoco el nombramiento. El Cabildo entonces presento un recurso de fuerza ante la Corte Suprema, cuyo fiscal, Mariano Egana, opino que mientras se desarrollaba la controversia, el vicario apostolico dejara sin efecto el nombramiento, lo que no fue llevado a cabo por el vicario, desconociendo asi la autoridad de la Corte.

Para entender este rechazo por parte del Cabildo eclesiastico del vicario nombrado por el Papa, es necesario situarse en la larga tradicion colonial, en la que el Cabildo era una pieza clave en el gobierno de la Iglesia local, debido a las largas vacancias episcopales. Los obispos estaban de paso en los dos obispados chilenos, que eran de ascenso hacia otras sedes. Esto implicaba que el Cabildo, entre cuyos miembros el obispo entregaba los principales cargos administrativos, tenia un gran peso en todas las decisiones de la Iglesia local (46), y de ellos salian los futuros obispos. Despues de la Independencia, el Cabildo de Santiago goberno la diocesis. Se creyo que el patronato republicano abriria mas posibilidades de promociones episcopales porque las presentaciones se harian desde Chile. Pero desde Roma se nombro a un obispo que no era miembro del Cabildo eclesiastico, lo que disminuia la autoridad de este cuerpo, y si esto continuaba, reconfiguraba las relaciones con el Papa y la Republica chilena.

Si bien el conflicto entre el Cabildo y el vicario apostolico era de contenido netamente eclesiastico, los conservadores y todos los que apoyaban el nuevo orden estaban del lado del vicario por su adhesion al principio de autoridad (47), propio de su posicion politica. Este punto era sostenido en El Araucano por Manuel Jose de Gandarillas, quien pensaba ademas que la controversia no debio haber salido a la luz publica (48) y aconsejaba al Gobierno ejercer el patronato y pedirle al Cabildo que reconociera la autoridad del vicario. Los canonigos entonces comenzaron a publicar un periodico, La antorcha de los pueblos, que circulo entre el 1 de enero y el 6 de marzo de 1830, en el que trataban el tema de la competencia entre ellos y el vicario apostolico.

?Debia el Cabildo someterse a la autoridad del vicario? Este ultimo acudio al presidente de la Republica, Jose Tomas Ovalle, por medio de un edicto (49), en el que demostraba que el breve pontificio le concedia no solo la jurisdiccion espiritual sino tambien la ordinaria. En tanto, el Cabildo seguia asilado en el recurso de fuerza y el vicario, al acudir directamente al presidente, desconocia de hecho el dictamen del fiscal de la Corte Suprema y exigia que el Cabildo recurriera a la Santa Sede. A fines de 1830 intervino, como representante directo del Papa, el Nuncio y delegado apostolico extraordinario en Brasil, arzobispo in partibus de Tarso. En carta al dean Elizondo, aclaraba de parte del Pontifice que la autoridad del vicario se extendia a las cosas espirituales de fuero interno y externo, tanto de jurisdiccion voluntaria como contenciosa. Su administracion era en nombre de la Santa Sede en "cada una de las cosas que pertenecen a la jurisdiccion ordinaria y delegada sin dependencia alguna del cabildo" (50). Sin embargo, el Cabildo no cambio de actitud.

Este era el contexto en el que se discutia en Chile una constitucion definitiva, que fue sancionada en 1833. En ella, el patronato fue considerado como un atributo soberano del Estado, ejercido por el presidente de la Republica "respecto de las iglesias, beneficios y personas eclesiasticas, con arreglo a las leyes" (articulo 13). Se le concedia el derecho de otorgar el pase a bulas, breves y rescriptos papales y decretos conciliares, siempre contando con el acuerdo del Consejo de Estado. Este ultimo recibio en esta Carta Magna tambien la atribucion de conocer en todas las materias de patronato (articulo 104, 4). El derecho de presentacion de arzobispos, obispos, dignidades y prebendas lo tenia el presidente, con base en una terna elaborada y propuesta por el Consejo de Estado (articulo 82). De esta manera, el patronato se convirtio en una ley de la Republica.

6. El patronato republicano y la Santa Sede: el fin de la controversia entre el Cabildo eclesiastico y el vicario apostolico

Hasta ahora se ha estudiado como la Santa Sede habia evitado reconocer el patronato regio y el republicano al nombrar un vicario apostolico sin la presentacion de ninguna de estas dos autoridades. Segun Barros Arana, esta forma de resolver el problema de las vacancias episcopales en 1828, nombrar obispos in partibus removibles, puede interpretarse como una opcion de cautela ante la posibilidad de que Fernando VII recuperara America (51). Pero para 1830 estaba claro que esa posibilidad no existia. Procedio entonces el Sumo Pontifice a nombrar obispos propietarios como un acto soberano y libre.

Con ocasion de la preconizacion de Jose Ignacio Cienfuegos como obispo de Concepcion en 1831, se establecio el procedimiento que el Gobierno chileno seguiria ante los nombramientos papales que no incluian un reconocimiento explicito del patronato republicano, aunque hubiera habido presentacion gubernamental (52). En el caso de las bulas de Cienfuegos (53) --que llegaron en 1834--, el Papa no solo no mencionaba la presentacion gubernamental, sino que ademas afirmaba que los nombramientos episcopales eran una reserva pontificia; tanto el presidente Jose Joaquin Prieto como el ministro del Interior y Relaciones Exteriores, Joaquin Tocornal, consideraron que las bulas no podian recibir el pase del Gobierno porque contradecian la Constitucion de 1833.

El fiscal de la Corte Suprema, Mariano Egana, dictamino que se debian retener las bulas y solicitar unas nuevas al Papa en las que hubiera un reconocimiento del patronato. En tanto, el fiscal de la Corte de Apelaciones dictamino que se podia dar el pase a la bula porque se habia hecho la peticion al Sumo Pontifice en 1831, para que proveyera el obispado de Concepcion en un patriota, lo que fue contemplado. El problema se soluciono reteniendo la frase de la bula en la que el Sumo Pontifice se reservaba las provisiones episcopales. El Gobierno exigio a Cienfuegos que jurara respetar el patronato nacional. De esta manera, se zanjo el problema. Pese a las protestas del Gobierno chileno, cuando en 1841 la Santa Sede nombro a Diego Elizondo como obispo de Concepcion, las bulas que lo investian traian las mismas restricciones que las de Cienfuegos. El Gobierno chileno resolvio el caso de la misma forma.

El Cabildo eclesiastico continuaba sin reconocer la autoridad del vicario apostolico, Manuel Vicuna, por lo que en 1832 la controversia adquirio nuevos brios. El ministro del Interior, Ramon Errazuriz, propuso someter el conflicto a arbitraje, pero el vicario apostolico lo rechazo y replico que debia:

"mandar que entren en su deber los individuos conmemorados que se me oponen con desprecio al voto comun: haga sE que el cabildo me reconozca, como debe, por su prelado, y todo esta concluido; pero sujetar a arbitros este reconocimiento no traera otra cosa que abrir un nuevo campo a escandalosas discusiones" (54).

El conflicto se estanco nuevamente, y la incapacidad de resolverlo demostrada por el ministro Errazuriz fue uno de los elementos que precipito su renuncia. En esta situacion influyeron los ataques emanados desde el periodico El Huron, en respuesta al oficialista El Araucano, en el que se acusaba a Errazuriz de incapacidad para resolver el conflicto. El Ministro se defendio senalando que la cuestion era muy dificil de resolver, porque al conceder el pase al breve pontificio que instituia al vicario apostolico se habia dado "un paso en falso en desdoro de la nacion" (55). Un nuevo elemento se introdujo en el problema eclesiastico con la muerte del obispo Rodriguez Zorrilla, en Madrid, en 1832. Los canonigos, desconociendo la autoridad del Vicario Apostolico, comunicaron al Gobierno que se reunirian para elegir un vicario capitular (56). Comprendiendo el Gobierno las consecuencias de este acto, lo rechazaron energicamente. El ministro Tocornal comunico entonces al Cabildo que por haber recibido el pase el breve de Leon XII, del 22 de diciembre de 1828, se habia convertido en una ley del Estado y debian respetarlo. El Cabildo abandono entonces la idea de la eleccion.

A raiz de la muerte de Rodriguez Zorrilla, se reunio un consistorio en Roma que preconizo a Manuel Vicuna en 1832 como obispo de Santiago, sin que hubiera una presentacion del Gobierno de Chile. Como Vicuna ya gobernaba la diocesis con todas las facultades como vicario apostolico, el Gobierno postergo darle el pase a las bulas. Esta situacion duro hasta 1840, cuando el Papa elevo a la diocesis de Santiago al rango de arquidiocesis (57) y preconizo simultaneamente a Vicuna como arzobispo, sin que hubiera una previa presentacion del Gobierno de Chile. El problema era delicado porque atentaba contra la soberania e independencia del Estado; sin embargo, los juristas gubernamentales encontraron una forma de superar este obstaculo. Como el Gobierno chileno habia pedido el cambio de rango de la diocesis de Santiago en 1836 (58), y el Papa afirmaba que habia querido satisfacer esta peticion y en la misma bula creaba la arquidiocesis y preconizaba a Vicuna, se interpreto como un reconocimiento del patronato republicano. Sin embargo, el iscal interino de la Corte Suprema, Ramon Luis Irarrazaval, objeto que el juramento de idelidad que se le pedia en la bula a Vicuna como arzobispo era solo a la Santa Sede, por lo que se retuvo esa clausula. Un decreto supremo del Gobierno de marzo de 1841 concedio el exequatur a las bulas en general, no a las clausulas contrarias a las leyes nacionales y a las regalias del Estado (59). Vicuna debia comprometerse a respetar el patronato y no dar curso a ningun breve papal que no contara con el pase del Gobierno, todo lo cual fue aceptado y realizado por el nuevo arzobispo.

Conclusiones

En este articulo se observan varios momentos importantes en la concepcion del patronato eclesiastico por parte de los gobiernos chilenos a partir de 1810. Por ejemplo, en aquel ano la Junta Gubernativa se autoconsidero como depositaria del vicepatronato, cuando en 1811 el Congreso, compuesto por diputados del reino, se adjudico el patronato como una de sus atribuciones. En 1813 la Junta de Gobierno considero que el patronato le correspondia, por cuanto representaba mejor la autoridad real que el Consejo de Regencia; mientras que el Director Supremo, Bernardo O'Higgins, lo asumio como una herencia del monarca, y el mismo, en 1818, lo deinio como un atributo soberano. Finalmente, en 1820, el Director Supremo y el Senado coincidieron en que debia solicitarse a la Santa Sede como concesion papal al Ejecutivo chileno.

En 1824 fue claro, en el contexto de la mision Muzi, que el Papa no concederia el patronato. Pero a partir de 1830, el Estado chileno actuo considerando el patronato como un atributo soberano, y asi fue incluido en la Constitucion de 1833, en la que se establecio la forma en que se lo ejerceria. A partir de entonces, la Santa Sede actuo de dos formas: efectuo preconizaciones episcopales sin considerar el patronato, como en el caso de Manuel Vicuna, o nombro al propuesto por el Gobierno, pero en las bulas airmo que el nombramiento era una exclusiva reserva pontificia, como ocurrio con Jose Ignacio Cienfuegos. Ante esto, el Gobierno chileno, que debia actuar con base en las leyes republicanas, busco mecanismos legales que le permitieran airmar que sus prerrogativas soberanas habian sido respetadas por la Santa Sede, como no dar el pase a las clausulas que no las respetaban. Estos fueron los mecanismos a los que se apelo a partir de entonces para sostener que el Estado chileno ejercia efectivamente el patronato republicano.

De tal forma, el caso chileno muestra que hubo concepciones en disputa dentro del naciente Estado con respecto al patronato, pero queda por definir si se trataba de un atributo soberano o concesion pontificia. Por ejemplo, reconocerlo como atributo soberano fue parte del proceso constructivo de la independencia de Chile, por lo que estudiar esta disputa conceptual permite analizar el tema fuera de lo que se conoce como relaciones entre la Iglesia y el Estado. Mas si se tiene en cuenta que hubo partidarios tanto en la Iglesia como en el Estado, elemento que hay que evaluar para entender las instituciones eclesiasticas y republicanas en su relacion con otros Estados, y particularmente con Roma. Este tipo de analisis permite tambien plantear la hipotesis de que la secularizacion del Estado se postergara, entre otras cosas, mientras este considere el patronato como intrinseco a su soberania.

De ahi que la novedad de fondo del patronato decimononico no la propicio ningun Estado, sino la Iglesia romana, por la no concesion del patronato a los nuevos Estados americanos, lo que se cree fue a largo plazo el punto de partida de la separacion de la Iglesia y el Estado en algunos de estos territorios. Este hecho reconfigure la Iglesia local, con todos sus miembros --clero, fieles, ordenes religiosas, obispos--, y la vinculo paulatinamente en forma directa con Roma. Una de las consecuencias mas determinantes fueron los nombramientos episcopales, sobre todo antes de 1832, en presbiteros que no eran miembros de cabildos, como el caso de Manuel Vicuna, por lo que los nombramientos episcopales soberanos papales restaban autoridad al Cabildo eclesiastico, que arribaba a la situacion desde una tradicion colonial de una Iglesia acostumbrada a autogobernarse.

Al parecer, asi lo entendieron los cabildantes. Ellos eran los que mas perdian en esta puja Roma-Estado chileno, porque, desde el punto de vista del Gobierno, algunas de las decisiones con respecto al pase o retencion de las bulas estuvieron determinadas por motivos de conveniencia frente a la Iglesia local, lo que favorecio indirectamente la posicion romana. Por tanto, estudiar las disputas en torno al patronato permite visualizar como los diferentes actores involucrados se vincularon entre si y cuales fueron las vias a traves de las cuales la Santa Sede recupero el control de los nombramientos episcopales, llave maestra que abria la puerta a la romanizacion de la Iglesia.

DOI: dx.doi.org/10.7440/histcrit52.2014.02

Articulo recibido: 27 de junio de 2013

Aprobado: 14 de octubre de 2013

Modificado: 29 de octubre 2013

Bibliografia

Fuentes primarias

Archivos:

Archivo del Arzobispado de Santiago de Chile (AASCH). Santiago-Chile. Fondo Secretaria del Obispado.

Archivo Nacional Historico de Chile (ANHCH). Santiago-Chile. Fondo Ministerio del Interior.

Biblioteca Nacional de Chile (BNCH). Santiago-Chile. Coleccion Matta-Vial.

Publicaciones periodicas:

El Araucano. Santiago, 1830-1832.

El Huron. Santiago, 1832.

La Opinion. Santiago, 1830.

Documentacion primaria impresa:

Boletin de las Leyes y de las Ordenes y Decretos del gobierno, tomos 2 y 3. Valparaiso: Imprenta del Mercurio, 1846.

Boletin eclesiastico o sea coleccion de edictos, estatutos i decretos de los prelados del arzobispado de Santiago de Chile formada por el presbitero don Jose Ramon Astorga, tomo 1. Santiago: Imprenta de La Opinion, 1861.

Carrera, Jose Miguel. "Diario Militar del General don Jose Miguel Carrera". En Coleccion de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, tomo 1. Santiago: Imprenta Cervantes, 1900,1-424.

Coleccion de historiadores y documentos relativos a la independencia de Chile, tomo 9. Santiago: Imprenta Cervantes, 1903.

Coleccion de historiadores y documentos relativos a la independencia de Chile, tomo 27. Santiago: Imprenta Cervantes, 1930.

Letelier, Valentin, compilador. Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, tomo 1. Santiago: Imprenta Cervantes, 1887.

Letelier, Valentin, compilador. Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, tomos 4, 5, 7 y 9. Santiago, Imprenta Cervantes, 1889.

Letelier, Valentin, compilador. Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, tomo 15. Santiago: Imprenta Cervantes, 1892.

Letelier, Valentin, compilador. Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, tomo 18. Santiago: Imprenta Cervantes, 1897.

Muzi, Giovanni. Carta apologetica del Ilustrisimo senor Don Juan Muzi por gracia de Dios y de la Santa Sede, Arzobispo Filipense, Vicario Apostolico, en su regreso de Chile. Cordoba: Imprenta de la Universidad, 1825.

Silva Castro, Raul, editor. Juan Egana. Escritos ineditos y dispersos. Santiago: Imprenta Universitaria, 1949.

Valencia Avaria, Luis, compilador. Anales de la Republica. Textos constitucionales de Chile y registro de los ciudadanos que han integrado los poderes ejecutivo y legislativo desde 1810, tomo 1. Santiago: Andres Bello, 1986.

Fuentes secundarias

Annino, Antonio, Luis Castro Leiva y Francois-Xavier Guerra, compiladores. De los imperios a las naciones: Iberoamerica. Zaragoza: IberCaja, 1994.

Ayrolo, Valentina. Funcionarios de Dios y de la Republica. Buenos Aires: Biblos, 2007.

Barros Arana, Diego. Historia general de Chile, tomo 16. Santiago: Imprenta Cervantes, 1902.

Barros Borgono, Luis. La mision del Vicario Apostolico Don Juan Muzi. Notas para la historia de Chile (1823-1825). Santiago: Imprenta La Epoca, 1883.

Calm, Lillian. El Chile de Pio IX. 1824. Santiago: Andres Bello, 1987.

Chiaramonte, Jose Carlos. Nacion y estado en Iberoamerica. El lenguaje politico en tiempos de la independencia. Buenos Aires: Sudamericana, 2004.

Dougnac Rodriguez, Antonio. "El sistema juridico indiano en el constitucionalismo chileno durante la Patria Vieja (1810-1814)". Revista de Estudios Historico-Juridicos XXII (2000): 225-266.

Enriquez, Lucrecia. "El patronato en Chile de Carrera a O'Higgins". Hispania Sacra LX: 122 (2008): 507-529.

Enriquez, Lucrecia. "Los regulares y la independencia de Chile". En Tradicion y reforma en la Iglesia hispanoamericana, coordinado por Lucrecia Enriquez, Rodolfo Aguirre y Francisco Cervantes. Puebla: BUAP/IISUE-UNAM/Centro de Estudios Bicentenario, 2011, 49-81.

Enriquez, Lucrecia. De colonial a nacional: la carrera eclesiastica del clero secular chileno entre 1650 y 1810. Mexico: IPGH, 2006.

Guerra, Francois-Xavier. Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispanoamericanas. Mexico: FCE, 1993.

Hanisch Espindola, Walter. "La preconizacion de los obispos de America en 1827 y la actitud de la Corte espanola". Boletin de la Academia Chilena de la Historia 94 (1983): 299-324.

Leturia, Pedro. "Luces vaticanas sobre la mision Muzi en Chile". Razon y Fe 100 (1932): 30-45.

Leturia, Pedro. Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamerica 1493-1835. I: Epoca del Real Patronato, 14931800. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959.

Leturia, Pedro. Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamerica 1493-1835. II: Epoca de Bolivar, 1800-1835. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959.

Martinez de Codes, Maria Rosa. "Reivindicacion y pervivencia del derecho de Patronato en el periodo independiente: el caso de Mexico". En El mundo iberoamericano antes y despues de las independencias, coordinado por Miguel Pena Gonzalez. Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca, 2011, 33-46.

Oviedo Cavada, Carlos, compilador. Episcopologio chileno 1561-1815, tomo 3. Santiago: Pontificia Universidad Catolica de Chile/Alfabeta Impresores, 1992.

Oviedo Cavada, Carlos, traductor. "Diario de viaje a Chile de Juan M. Mastai Ferretti (Pio IX)". Historia 1 (1961): 205-284.

Prieto del Rio, Luis Francisco. Diccionario biografico del clero secular de Chile. 1535-1918. Santiago: Imprenta Chile, 1922.

* El presente articulo prolonga los estudios sobre el real patronato en la epoca republicana chilena, que se realizaron en la tesis doctoral, titulada "De colonial a nacional: la carrera eclesiastica del clero secular chileno entre 1650 y 1810", en 2004. Una parte del trabajo fue financiado por conicyt, a traves del proyecto fondecyt 100303: "Republica y religion en Chile (1810-1833)".

(1) Entre los libros mas importantes pueden destacarse: Francois-Xavier Guerra, Modernidad e Independencias. Ensayos sobre las revoluciones hispanoamericanas (Mexico: fce, 1993); Jose Carlos Chiaramonte, Naciony estado en Iberoamerica. El lenguaje politico en tiempos de la independencia (Buenos Aires: Sudamericana, 2004); Antonio Annino, Luis Castro Leiva y Francois-Xavier Guerra, comps., De los imperios a las naciones: Iberoamerica (Zaragoza: IberCaja, 1994).

(2) La bibliografia sobre este asunto es innumerable, por ejemplo: Maria Rosa Martinez de Codes, "Reivindicacion y pervivencia del derecho de Patronato en el periodo independiente: el caso de Mexico", en El mundo iberoamericano antes y despues de las independencias, coord. Miguel Pena Gonzalez (Salamanca: Universidad Pontificia de Salamanca, 2011), 33-46; y Valentina Ayrolo, Funcionarios de Dios y de la Republica (Buenos Aires: Biblos, 2007), 16-18.

(3) "Oficios en que la Junta de Gobierno y la Real Audiencia de Chile dan cuenta al Rey de los sucesos ocurridos en Santiago en Septiembre de 1810", en Coleccion de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, t. 9 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1903), 95-97.

(4) Valentin Letelier, comp., Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 1 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1887), 49.

(5) Antonio Dougnac Rodriguez, "El sistema juridico indiano en el constitucionalismo chileno durante la Patria Vieja (1810-1814)", Revista de Estudios Historico-Juridicos XXII (2000): 263.

(6) Luis Valencia Avaria, comp., Anales de la Republica. Textos constitucionales de Chile y registro de los ciudadanos que han integrado los poderes ejecutivo y legislativo desde 1810, t. 1 (Santiago: Andres Bello, 1986), 434.

(7) Raul Silva Castro, ed., Juan Egana. Escritos ineditos y dispersos (Santiago: Imprenta Universitaria, 1949), 145- 146.

(8) Jose Miguel Carrera, "Diario Militar del General Don Jose Miguel Carrera", en Coleccion de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, t. 1 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1900), 284.

(9) Luis Valencia, Anales de la Republica, 438-439.

(10) "No. 70. Martes 16 de agosto de 1814", en Coleccion de historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, t. 27 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1930), 566.

(11) "Carta de Pedro Vivar a Bernardo O'Higgins", 1817, en Archivo Nacional Historico de Chile (anhch), Santiago-Chile, Fondo Ministerio del Interior, vol. 22, 17.

(12) El tema ha sido analizado en Lucrecia Enriquez, "El patronato en Chile de Carrera a O'Higgins", Hispania Sacra LX: 122 (2008): 507-529.

(13) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 4 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1889), 153.

(14) Luis Francisco Prieto del Rio, Diccionario biografico del clero secular de Chile. 1535-1918 (Santiago: Imprenta Chile, 1922), 37.

(15) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 5 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1889), 278.

(16) El tema se ha estudiado a fondo en Lucrecia Enriquez, "Los regulares y la independencia de Chile", en Tradicion y reforma en la Iglesia hispanoamericana, coords. Lucrecia Enriquez, Rodolfo Aguirre y Francisco Cervantes (Puebla: buap/IISUE-UNAM/Centro de Estudios Bicentenario, 2011), 49-81.

(17) Valentin Letelier, Sesiones, t. 5, 121.

(18) Valentin Letelier, Sesiones, t. 5, 294.

(19) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 7 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1889), 258-260.

(20) Valentin Letelier, Sesiones, t. 7, 278.

(21) Pedro Leturia, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamerica 1493-1835. I: Epoca del Real Patronato, 1493-1800 (Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959); Pedro Leturia, Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamerica 1493-1835. II: Epoca de Bolivar, 1800-1835 (Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959).

(22) Todos los pormenores en Carlos Oviedo Cavada, trad., "Diario de viaje a Chile de Juan M. Mastai Ferretti (Pio IX)", Historia 1 (1961): 205-284. Ver tambien Lillian Calm, El Chile de Pio IX. 1824 (Santiago: Andres Bello, 1987).

(23) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 9 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1889), 105-110.

(24) Valentin Letelier, Sesiones, t. 9, 146 y 150.

(25) La copia de este documento se encuentra en el Archivo del Arzobispado de Santiago de Chile (AASCH), Santiago-Chile, Fondo Secretaria del Obispado, vol. 12, no. 15.

(26) Pedro Leturia, "Luces vaticanas sobre la mision Muzi en Chile", Razon y Fe 100 (1932): 31.

(27) Valentin Letelier, Sesiones, t. 9, 296.

(28) Valentin Letelier, Sesiones, t. 9, 446.

(29) Valentin Letelier, Sesiones, t. 9, 475.

(30) "Carta de Jose Santiago Rodriguez Zorrilla, obispo de Santiago, al Ministro de Estado Mariano Egana", 7 de febrero de 1823, en anhch, Ministerio del Interior, vol. 22, 179.

(31) "Carta de Jose Santiago Rodriguez Zorrilla, obispo de Santiago, al Ministro de Estado Mariano Egana", 19 de febrero de 1823, en anhch, Ministerio del Interior, vol. 22, 180.

(32) "Carta de Rodriguez Zorrilla, obispo de Santiago, al Ministro de Estado Mariano Egana", 17 de marzo de 1824, en anhch, Ministerio del Interior, vol. 22, 248.

(33) Carlos Oviedo Cavada, comp., Episcopologio chileno 1561-1815, t. 3 (Santiago: Pontificia Universidad Catolica de Chile/Alfabeta Impresores, 1992), 270.

(34) Luis Francisco Prieto del Rio, Diccionario, 154.

(35) Pedro Leturia, "Luces vaticanas", 32.

(36) Walter Hanisch Espindola, "La preconizacion de los obispos de America en 1827 y la actitud de la Corte espanola", Boletin de la Academia Chilena de la Historia 94 (1983): 299-324.

(37) Giovanni Muzi, Carta apologetica del Ilustrisimo senor Don Juan Muzi por gracia de Dios y de la Santa Sede, Arzobispo Filipense, Vicario Apostolico, en su regreso de Chile (Cordoba: Imprenta de la Universidad, 1825), localizado en la Biblioteca Nacional de Chile (BNCH), Coleccion Matta Vial, signatura 8mv (16-21).

(38) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 15 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1892), 51-52.

(39) Valentin Letelier, Sesiones, t. 15, 58-69.

(40) El Araucano, Santiago, 23 de abril, 1831, 3.

(41) Boletin de las Leyesy de las Ordenesy Decretos del Gobierno, t. 2 (Valparaiso: Imprenta del Mercurio, 1846), 88.

(42) Denominacion dada al sector mas liberal de las facciones politicas chilenas de la epoca.

(43) Este tema se ha analizado con base en las fuentes que senalan Diego Barros Arana, Historia general de Chile, t. 16 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1902), 121-158; y Luis Barros Borgono, La mision del Vicario Apostolico Don Juan Muzi. Notas para la historia de Chile (1823-1825) (Santiago: Imprenta La Epoca, 1883), 170-306.

(44) Valentin Letelier, Sesiones de los Cuerpos Legislativos de la Republica de Chile, t. 18 (Santiago: Imprenta Cervantes, 1897), 272.

(45) Diego Barros Arana, Historia general, 123.

(46) Lucrecia Enriquez, De colonial a nacional: la carrera eclesiastica del clero secular chileno entre 1650y 1810 (Mexico: ipgh, 2006), 297-316.

(47) "Asunto extraordinario", La Opinion, Santiago, 22 de noviembre, 1830, 3-4.

(48) "Notable", El Araucano, Santiago, 18 de diciembre, 1830, 3-4.

(49) "Edicto Pastoral del Sr. Vicario Apostolico al clero de su diocesis", en Boletin eclesiastico o sea coleccion de edictos, estatutos i decretos de los prelados del arzobispado de Santiago de Chile formada por el presbitero don Jose Ramon Astorga, t. 1 (Santiago: Imprenta de La Opinion, 1861), 2-18.

(50) El Huron, Santiago, 20 de marzo, 1832, 1-2.

(51) Diego Barros Arana, Historia general, 151.

(52) Diego Barros Arana, Historia general, 152 y ss.

(53) Boletin de las Leyes, t. 2, 319-320.

(54) El Huron, Santiago, 17 de abril, 1832, 3.

(55) El Araucano, Santiago, 21 de abril, 1832, 3.

(56) El Araucano, Santiago, 12 de octubre, 1832, 2.

(57) Boletin Eclesiastico, 71-80.

(58) Boletin de las Leyes, t. 2, 21.

(59) Boletin de las Leyes y de las Ordenes y Decretos del Gobierno, t. 3 (Valparaiso: Imprenta del Mercurio, 1846), 176-180.

Lucrecia Raquel Enriquez

Academica del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Catolica de Chile. Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) y profesora en Historia por la Universidad de Chile. Doctora en Historia por la Universite Michel de Montaigne Bordeaux 3 (Francia) y la Pontificia Universidad Catolica de Chile. Algunas de sus publicaciones recientes son: "Cadiz en Chile 1810-1814: influencia de las deliberaciones de las cortes en su institucionalidad politica", en La constitucion de 1812 en Hispanoamerica y Espana, ed. Heraclio Bonilla (Bogota: Universidad Nacional de Colombia, 2012), 119-138; y "Un proyecto de Iglesia nacional", en Historia de la Republica de Chile. Elfin de la Monarquiay los origenes de la Republica (1808-1826), vol. 1, eds. Fernando Silva Vargas y Juan Eduardo Vargas Cariola (Santiago: Zig-Zag, 2013), 709-776. lenriqua@uc.cl
COPYRIGHT 2014 Universidad de los Andes (Colombia)
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2014 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Enriquez, Lucrecia Raquel
Publication:Revista Historia Critica
Date:Jan 1, 2014
Words:11383
Previous Article:Presentacion del dossier "El patronato de la Iglesia americana: de la Monarquia a los Estados nacionales".
Next Article:El ejercicio del patronato y la problematica eclesiastica en Zacatecas durante la Primera Republica Federal (1824-1834).
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters