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?Que decimos las feministas sobre la pornografia? Los origenes de un debate.

[ILUSTRACION OMITIR]

Introduccion

Todos mis amigos hombres tienen alguna historia de su edad adolescente relacionada con la pornografia. Historias sobre como accedian a dicho material (fundamentalmente revistas y peliculas) sin tener la edad legal para comprarlo, sobre como lo intercambiaban entre ellos, sobre las fantasias que construian a partir de dichas imagenes y sobre las argucias que inventaban para encontrar en sus casas familiares el espacio privado que les permitiera entregarse al disfrute masturbatorio que les prodigaba el porno.

La inmensa mayoria de mis amigas mujeres, por el contrario, nunca entraron en contacto con la pornografia siendo adolescentes. Muchas ni siquiera en la Universidad, y algunas, aun hoy, no han visto jamas una pelicula pornografica. Yo misma vi mi primera porno a una edad muy superior a la que tenian mis amigos cuando se estrenaron en dicho consumo, y no llegue alli por iniciativa propia y solitaria, sino siguiendo la invitacion de un hombre, por entonces mi pareja, y en su compania.

El consumo diferencial de pornografia por parte de hombres y mujeres hace parte del sistema de genero, que construye cuerpos y deseos claramente distinguibles en funcion del sexo, al que imagina como un determinante biologicamente constituido. El cuerpo y el deseo femenino estan disenados en este sistema, desde la tierna infancia, para mostrar reservas frente al erotismo y la sexualidad, de manera que la pornografia no despierte en ellos, en ellas, casi ningun interes.

No obstante, en el camino --aun corto pero lleno de logros-- de la liberacion femenina, unas pocas mujeres comenzaron a interesarse en el asunto. Las pocas se multiplicaron y hoy han dejado de ser excepciones. Si bien el derecho a una sexualidad plena ha sido una de las mayores conquistas del feminismo, en torno a expresiones como la pornografia no existe consenso al interior del movimiento. Existe, mas bien, un debate intenso sobre el tema, debate que me propongo recrear en sus origenes.

El debate feminista sobre la pornografia ancla sus raices en el final de los anos setenta del siglo XX, cuando se articula en Estados Unidos una posicion feminista expresamente en contra de la pornografia. Dicha posicion, sostenida por una extrana coalicion entre feministas y extrema derecha, defendia la necesidad de abolir la pornografia, a la que consideraba en si misma como una forma de violencia contra las mujeres. Como reaccion a los intentos abolicionistas, feministas de opinion contraria y mujeres que hacian parte de la industria pornografica defendieron una posicion mas cercana a la reglamentacion, que admitia una critica cultural al porno, pero rescataba la capacidad de agencia de las mujeres para intervenir en el y senalaba las nefastas consecuencias que tendria apostar por la abolicion.

?Cual pornografia?

Si no existiesen otras consideraciones, la pornografia mereceria atencion solo por el hecho de haber llegado a convertirse en un fenomeno de masas, multitudinario y multimillonario. Sin embargo, las otras consideraciones existen. Pero empecemos por el comienzo. O por algun punto que definiremos arbitrariamente como comienzo para situar el debate que me propongo recrear.

?Cuales son los origenes de la pornografia? Cualquier intento de aproximacion a esos origenes dependera de lo que entendamos por <<pornografia>>. Sin embargo, no es tan sencillo como proponer una definicion y comenzar a enumerar datos historicos de su ocurrencia, pues justamente tal definicion forma parte central del debate, en tanto la produccion de conocimiento implica la produccion de sentidos. No entendemos hoy por <<pornografia>> lo que se entendia hace un siglo, y la razon no es simplemente que la pornografia haya cambiado, sino que se han abierto focos de mirada disimiles sobre los mismos fenomenos.

Tal como afirma el filosofo Ruwen Ogien en su libro Pensar la Pornografia (2005), el tema plantea multiples problemas economicos, sociologicos, psicologicos y juridicos, pero tambien algunos problemas conceptuales, epistemologicos y morales que interesan a la disciplina filosofica, aunque quienes se dedican a ella pocas veces muestren entusiasmo en encararlos publicamente (Ogien, 2005) (Para otras reflexiones sobre el fenomeno pornografico desde la filosofia ver: (Soble, 1991). En particular los capitulos de Brod (1991), Tong (1991) y Soble (1991)). Para Ogien, <<no hay diferencia moral entre las representaciones sexuales que son crudas y explicitas y las que no lo son>> (2005, p.27), es decir que la <<pornografia>> y el <<erotismo>> se distinguen solo por consideraciones esteticas y no habria ninguna razon moral para desaprobar la pornografia. Asi las cosas, todos los aspectos del debate filosofico en torno a la pornografia se esclarecen si se considera la distincion entre lo que es <<justo>> y lo que esta <<bien>>.

En la America precolombina abundan las figurillas antropomorficas con enormes falos; el templo Lakshamana, en India, expone un amplio repertorio de escenas orgiasticas, y las estampas japonesas ancestrales recrean imagenes de multiples juegos eroticos. De hecho, las primeras representaciones iconograficas en las que se aprecian organos genitales y practicas sexuales de manera explicita datan de cinco mil anos atras y abundan tambien en lo que hoy reconocemos como historia de occidente. Los primeros habitantes de Ti-n-Lalan, region de Fezzan (Libia), dibujaron en sus piedras figuras antropomorficas con portentosos penes realizando el acto sexual. En el Antiguo Egipto se han encontrado imagenes de felaciones y autofelaciones, mientras que la copula entre hombres aparece con frecuencia en la ceramica griega. Se conocen reproducciones de escenas lascivas que datan de la Edad Media (en las que una figura demoniaca es la principal protagonista) y tampoco faltan en el Renacimiento las imagenes de contenido sexual explicito, solo que en estas se incluye a curas y monjas en el festin. En la Modernidad y hasta nuestros dias aparecen variadas imagenes que exponen publicamente la desnudez genital y los mecanismos del coito en fuentes que se consideran especializadas, como enciclopedias medicas o guias conyugales. (Para una historia detallada de la pornografia ver: (Frederick, 1978) y (Hyde, 1973)). Sin embargo, ninguna de esas representaciones es considerada hoy como <<pornografica>>

Se requiere entonces una primera delimitacion de lo que se ha entendido por <<pornografia>> en el contexto occidental: <<toda representacion publica (texto, imagen, etc.) de actividad sexual explicita no es pornografica; pero toda representacion pornografica contiene actividades sexuales explicitas>> (Ogien, 2005, p.49). Esta caracterizacion deja por fuera los suenos, las relaciones y los organos en si mismos, para centrarse solamente en sus representaciones. Por otra parte, afirma que para considerar una imagen como <<pornografica>> es necesario --pero no suficiente-- que sea explicitamente sexual.

?Que hace falta, ademas del componente sexual, para que una imagen sea considerada como <<pornografica>>? Ogien recoge los criterios que se han formulado como necesarios para completar la definicion, tres de ellos subjetivos y otros dos objetivos.

Los primeros son: la intencion del autor de estimular sexualmente al consumidor, las reacciones afectivas o cognitivas del consumidor y las reacciones afectivas o cognitivas del no-consumidor. Los criterios objetivos son: los rasgos estilisticos (escenas de penetracion, primeros planos de organos genitales, etc.) y los rasgos narrativos (deshumanizacion de los personajes, degradacion, etc.).

Tras su analisis, el autor muestra que los tres criterios subjetivos resultan insuficientes y que, en todo caso, se trata de elementos evaluativos (la opinion del espectador frente a la imagen) y no descriptivos (la imagen en si misma), de manera que tanto <<pornografia>> como <<erotismo>> se refieren a la misma cosa y solo enuncian una distinta posicion del sujeto observador. Robbe-Grillet condensaria esta idea al afirmar que <<la pornografia es el erotismo de los otros>>.

Hemos dicho que en las sociedades antiguas existian ya representaciones publicas de organos y actividades sexuales. De hecho, la etimologia de la palabra <<pornografia>> tiene origen griego: es la union del sustantivo <<porne>> (prostituta) y el verbo <<graphein>> (acto de escribir o representar). Sin embargo, podemos entender la pornografia como una invencion moderna.

Dicha afirmacion se sustenta de dos maneras: una, mostrando que es tras la Revolucion Francesa cuando las representaciones explicitas de las actividades sexuales comienzan a tener como unica funcion social reconocida la estimulacion visual de los consumidores. En la Antiguedad estas imagenes tenian un papel religioso (exaltacion de la fecundidad, etc.) y en la Edad Media uno politico (ridiculizacion del clero, etc.). Seria a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando las representaciones sexuales explicitas reducirian su funcion a la de estimulo sexual. (Para un analisis de este desarrollo ver (Hunt, 1993)). Otro sentido de afirmar que la pornografia es una invencion moderna, implica mostrar que es a partir del siglo XIX cuando la justificacion publica del control de las representaciones sexuales comienza a formularse en terminos morales, lo cual permitio por primera vez hablar de obras <<indecentes>> o <<licenciosas>>. (Para un desarrollo historiografico de la cuestion ver: (Corbin, Courtines, & Vigarello, 2005).

Si bien en otros momentos de la historia las representaciones sexuales explicitas podian censurarse por justificaciones religiosas (por ser obras <<blasfemas>>) o politicas (por ser obras <<subversivas>>), desde mediados del siglo XIX comienzan a controlarse o prohibirse por su caracter <<obsceno>>. Curiosamente, esta oposicion en terminos morales aparece cuando el acceso a materiales sexualmente explicitos se democratiza. Antes, cuando era potestad de una elite reducida, estos contenidos no fueron percibidos como peligrosos.

Desde la historia se ha documentado como, cuando las excavaciones de Herculanum y de Pompeya en el siglo XVII sacaron a la luz una enorme cantidad de imagenes eroticas, estas fueron encerradas en una camara secreta del Museo Borbonico de Napoles, al cual se prohibio el acceso de mujeres, ninos y personas pobres, hecho que resulta paradigmatico del manejo que se daba a tales obras. Sin embargo, el desarrollo de tecnicas de reproduccion y de difusion masiva como la fotografia, el cine y los periodicos, entre otros, permitio el acceso a publicos mas amplios y fue entonces cuando el asunto se convirtio en <<problema social>>, probablemente como reaccion burguesa frente a su potencial subversivo. En palabras de Ogien:
   (...) mientras es la <<elite>> quien consume las representaciones
   explicitas de actividades sexuales, mientras solo son las
   <<personas distinguidas>> quienes se deleitan con estas en sus
   salones privados, la <<pornografia>> no existe. Las cosas comienzan
   a torcerse a partir del momento en que, gracias a los medios de
   difusion modernos, tales representaciones comienzan a circular
   fuera de este pequeno circulo, y los mas pobres tambien pueden
   disfrutarlas. Entonces nace la idea de que hay que controlar o
   prohibir urgentemente la difusion de esas representaciones, so
   pretexto de que son repugnantes, peligrosas, inmorales. !Se ha
   inventado la <<pornografia>>! (2005, p.73)


DEBATES FEMINISTAS SOBRE LA PORNOGRAFIA

Tension placer / peligro

Como en otros temas, no existe una posicion feminista unica frente a la dimension erotica de las mujeres, sino que cabe hablar, mas bien, de un debate feminista sobre la sexualidad, debate que suma cerca de un siglo y que esta lejos de zanjarse. El debate se ha construido sobre la tension placer / peligro que implica la sexualidad para las mujeres. Un amplio numero de feministas, herederas conscientes o no del puritanismo del siglo XIX, ha insistido en el peligro, abogando por la necesidad de defensa ante la sexualidad voraz de los hombres, que ha sido utilizada historicamente como instrumento de dominacion. Otro sector, igualmente amplio, insiste por su parte en el placer, en la importancia que tiene para la causa de liberacion de las mujeres la reivindicacion y exploracion de su sexualidad, resaltando la potencial agencia que se desprenderia de ella, por lo cual la defienden como un derecho y exigen respeto a su diversidad y las distintas formas de disidencia sexual.

En su texto El placer y el peligro: hacia una politica de la sexualidad (1989), la antropologa Carole S. Vance plantea con claridad los terminos del debate. Efectivamente --senala Vance-- la sexualidad ha sido y sigue siendo un terreno de constrenimiento, de represion y peligro para las mujeres, pero al mismo tiempo, es un terreno de exploracion, placer y actuacion. En el marco de este debate sobre la sexualidad, dos temas se imponen como punta de lanza de las posiciones enfrentadas: en primer lugar la prostitucion y en segundo --sobre el que vamos a concentrarnos-- la pornografia.

Existen dos condiciones fundamentales que favorecieron el acaloramiento del debate en Estados Unidos, a finales de los setenta y comienzos de los ochenta del siglo XX: el mayor desarrollo de la pornografia en este pais (y su conversion en fenomeno de masas), enfrentado a las fuertes posiciones neo-conservadoras que comenzaron a surgir alli mismo en este periodo.

Recogiendo las categorias que propone Carol Vance, podemos decir que la vertiente proteccionista del feminismo asumio la lucha contra la pornografia, mientras las expansionistas encarnaron la posicion pro-sex. Entre las primeras destacan las figuras de Catharine MacKinnon, Andrea Dworkin, Robin Morgan, Susan Brownmiller y Kathleen Barry, entre otras. Entre las segundas sobresalen Gayle Rubin, Carole S. Vance, Alice Echols y las lesbianas sadomasoquistas, entre ellas Pat Califia.

Las antipornografas

Las feministas anti-pornografia se apoyan en la tesis de que existe un contrato sexual previo al contrato social, un contrato que instaura la ley del derecho sexual de los hombres sobre las mujeres. La pornografia es uno de los instrumentos de perpetuacion de dicho contrato. Mediante ella, no solo se movilizan representaciones degradantes del cuerpo de las mujeres, sino que se construye lo que es una mujer: una cosa al servicio sexual de los hombres.

En relacion con el tema de la pornografia, las antipornografas diran que lo que excita en ella, es el poder masculino. Hacer de esta violencia generica motivo de excitacion sexual, reproduce la violencia, ya no solo en el terreno de la representacion, sino en el de la vida real: la pornografia es la teoria, los hombres aprenden de esa teoria y la concretan en violaciones y otras agresiones hacia las mujeres. Por eso es necesario acabar con la pornografia, no porque sea obscena y atente a la moral, sino porque es una practica politica de dominio y viola los derechos civiles de las mujeres.

En su celebre obra El contrato sexual (1988) Carol Pateman, feminista de origen ingles radicada en Estados Unidos, hace una lectura de genero de la teoria del Contrato Social rousseauniana, mostrando como subyace a esta un previo contrato sexual, que subordina las mujeres a los hombres a traves de distintos mecanismos, entre los que sobresale la apropiacion y explotacion sexual del cuerpo de ellas.

Para llegar a estas conclusiones Pateman analiza el principio de libertad universal que estaria en la base del contrato social, poniendo en cuestion, justamente, su caracter universal: solo los varones gozan de dicha libertad, mientras las mujeres permanecen privadas de ella y sujetas a la voluntad de los hombres (Pateman, 1995). El contrato sexual previo, realizado entre hombres, estableceria y regularia su acceso sexual al cuerpo de las mujeres, pacto que permaneceria invisibilizado gracias a la division liberal de los espacios publico--privado.

En opinion de Pateman, la division del espacio social entre el mundo publico (masculino, universal y racional) y el mundo privado (femenino, parcial y emocional) ha excluido a las mujeres del contrato social, asociandolas a la naturaleza (fundandose en buena medida en el hecho biologico de su capacidad reproductora), y asociando a los hombres con la cultura. De esta manera, las mujeres, ajenas al espacio cultural, permanecen privadas de la posibilidad de libertad, igualdad y fraternidad en que se funda el contrato social, construido en, por y para el espacio publico. Asi, el matrimonio, la maternidad y la prostitucion, entre otras, implicarian relaciones contractuales de dominacion masculina.

Especificamente sobre la prostitucion, Pateman (1988) afirma que no puede ser considerada --como pretende el discurso liberal contractualista-- como un trabajo igual a otros, pues se trata de comprar el acceso sexual al cuerpo de las mujeres y este hecho debe ser tenido en cuenta: no es casualidad que la inmensa mayoria de compradores sean hombres y que los cuerpos vendidos sean fundamentalmente los de las mujeres. Dado que la sexualidad, en su opinion, esta ligada a la construccion de identidad, al comprar sexo (en cuerpo o en representaciones) los varones afirman su virilidad, y cuando este <<negocio>> se legitima, se esta afirmando la ley del derecho sexual de los hombres sobre las mujeres:

El uso general de las partes sexuales y de los cuerpos de las mujeres, tanto en representaciones como en los cuerpos vivos, es central para la industria del sexo y recuerda constantemente a varones -y mujeres- que los varones son los que ejercen la ley del derecho sexual masculino, que son ellos los que tienen el derecho patriarcal de acceso a los cuerpos de las mujeres (Pateman, 1995, p.274)

Aunque Pateman no formo parte del activismo antipornografico, este se ubicara dentro de su marco teorico y dira que la pornografia, en tanto representacion de las mujeres como objeto comercial, moviliza el discurso de la desigualdad y ratifica la supremacia masculina.

Como prematuro antecedente del movimiento antipornografico estadounidense podemos ubicar el grupo WITCH--Women's International Terrorist Conspiracy from Hell (BRUJA--Conspiracion Internacional de Mujeres Terroristas del Infierno), autor de varias intervenciones ludico-politicas celebres, como la protesta contra el desfile de Miss America en Atlantic City, en 1968. En los setenta se vincula con este grupo la escritora Robin Morgan, quien expresara la frase que llego a convertirse en el eslogan por excelencia del movimiento: <<La pornografia es la teoria, la violacion es la practica>>.

Morgan, una de las activistas que habia liderado el separatismo del Feminismo Radical (es celebre en este sentido su articulo <<Adios a todo esto>> de 1970) y que tomaria partido, en la nueva escision, por el feminismo cultural, escribia en 1974:
   El acto de violacion no es mas que la expresion de la norma,
   incluso alienta la fantasia masculina en la cultura patriarcal de
   la agresion sexual. Y la articulacion de esa fantasia en una
   industria de mil millones de dolares es la pornografia [...] La
   pornografia es propaganda sexista, ni mas ni menos. La pornografia
   es la teoria: la violacion es la practica>> (p. 137-139)


Siguiendo la linea del feminismo cultural y su exaltacion de los valores femeninos, Morgan afirmaba que la mercantilizacion del sexo era propia de la sexualidad masculina, y que en el otro polo, la sexualidad femenina se caracterizaba por la busqueda de relaciones y la afectividad:

Cada mujer de las que estamos aqui (...) siente que el enfasis sobre la sexualidad genital, la cosificacion, la promiscuidad, la falta de compromiso emocional y la dura invulnerabilidad eran el estilo masculino y que nosotras, como mujeres, valoramos mas el amor, la sensualidad, el humor, la ternura, la entrega (Morgan citada en Echols, 1989, p.97)

La pornografia, en opinion de Morgan, refleja una sexualidad deshumanizada y basada en la dominacion del hombre sobre la mujer, muy distinta al erotismo, que expresa una sexualidad integrada, basada en el mutuo afecto y deseo entre iguales (Herrero, 1996). El erotismo, entonces, estaria mucho mas proximo a la sexualidad femenina, mientras que la pornografia desembocaria directamente en violencia contra las mujeres, al mostrar una imagen de ella segun la cual todas son putas, desdibujando asi su respetabilidad.

En el mismo sentido, Kathleen Barry, otra celebre antipornografa, desarrollo la teoria de la <<esclavitud sexual>>, la cual abarca un amplio numero de fenomenos, entre los que se incluyen la trata de mujeres, la prostitucion, la pornografia, los malos tratos maritales, las violaciones, etc. Todos estos constituyen violencia sexual como estrategia de dominacion patriarcal. Mas alla de que exista o no consentimiento inicial por parte de la mujer que vive estas situaciones, lo que las determina como esclavitud es el hecho de que las mujeres no puedan cambiar su situacion si lo desean (Barry, 1987).

A nivel individual, los culpables de la esclavitud sexual de las mujeres son los proxenetas y los clientes. A nivel social, Barry (1987) identifica como responsable de este orden de cosas a la ideologia y practicas de lo que denomina <<sadismo cultural>>, que incorpora como practica legitima la violencia sexual. El principal ejemplo de esta ideologia es la pornografia. La autora afirma que la pornografia --especialmente la sadomasoquista-- incorpora la violencia a las relaciones cotidianas, ubicando socialmente a la mujer en el lugar de objeto, modelado por las expectativas de consumo del hombre. La pornografia seria entonces la descripcion grafica de lo que los hombres exigen de las mujeres: <<se trata de un acto politico de dominacion, un intento de crear una imagen de las mujeres que concuerde con la vision que los varones quieren tener, y con el uso que de ellas quieren hacer>> (Ordonez, 2006, p.106). La consecuencia mas extrema de la pornografia seria la violacion.

La conexion pornografia/violacion fue elaborada en detalle por la periodista Susan Brownmiller en su libro Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violacion (1975). En el, la autora entiende la violacion, no como un acto irracional, sino como un proceso consciente de intimidacion, mediante el cual el colectivo de los hombres mantiene intimidado al colectivo de las mujeres. La pornografia incitaria a los hombres a pasar de la intimidacion latente a la agresion real:

Una vez que aceptamos como verdad fundamental que la violacion no es un crimen irracional, impulsivo, de incontrolable lujuria, sino un deliberado, hostil y violento acto de degradacion y posesion por parte de un posible vencedor, destinado a intimidar e inspirar miedo, tenemos que mirar hacia los elementos en nuestra cultura que promueven estas actitudes y les hacen propaganda, que proporcionan a los hombres, y, en particular, a los impresionables varones adolescentes, la ideologia y el estimulo psicologico para cometer sus actos de agresion (Brownmiller, 198, p.391).

En su articulo <<Sadomasoquismo: la nueva reaccion al feminismo>>, Barry afirma que la reaccion de algunos sectores feministas frente a la campana antipornografica no es otra cosa que <<un cabildeo de lesbianas y mujeres heterosexuales izquierdistas que quieren destruir el movimiento para que los hombres izquierdistas puedan seguir abusando sexualmente de las mujeres, sin miedo a la critica>> (Barry citada en Echols, 1989, p.88)

De hecho la critica de las feministas culturales se extendera no solo a la pornografia, sino a la sexualidad masculina en general. Susan Brownmiller (1989) afirmaba que la violacion (entendida como acto politico de poder y dominio) es una funcion de la biologia masculina, aunque la agresion se presenta solo cuando existe un acercamiento no consentido: <<la violacion es violencia, el coito es sexualidad>>. Catherine MacKinnon ira mas lejos y reprochara a Brownmiller que <<nunca se pregunta si, bajo las condiciones de supremacia masculina, la nocion de 'consentimiento' tiene algun sentido>> (citado en Rich, 1999, p.179).

Sin lugar a dudas las dos autoras mas destacadas de la posicion antipornografia son la activista Andrea Dworkin (3) y la abogada Catharine MacKinnon (4). La primera de ellas, junto con Robin Morgan, fue una de las organizadoras de la manifestacion en Times Square (Nueva York) en contra de la pornografia, que conto con cerca de siete mil participantes y que lideraba la organizacion <<Mujeres contra la Pornografia>>, fundada en 1979.

Ambas (Dworkin y MacKinnon), son las autoras de un proyecto de ordenanza que denunciaba la pornografia en tanto atentado contra los derechos civiles de las mujeres, al tiempo que brindaba a aquellas que se sintiesen victimas de la industria pornografica la posibilidad de adelantar procesos legales para recibir compensaciones. El proyecto fue aprobado por el Consejo del Ayuntamiento de la ciudad de Minneapolis, a finales de 1983, aunque posteriormente fue vetado por el Alcalde democrata Donald Fraser. Pocos meses despues un proyecto similar fue aprobado por el Consejo Municipal de la ciudad de Indianapolis. Tras una demanda presentada por un colectivo de editores, escritores y libreros, la ordenanza fue declara inconstitucional, por constituir una violacion a la Primera Enmienda, decision que fue ratificada por la Corte de Apelaciones en agosto de 1985 y luego por la Suprema Corte en febrero de 1986. Iniciativas similares, aunque tambien sin exito, se produjeron en Cambridge (Massachusetts), Madison (Wisconsin) y Suffolk Country (Nueva York), entre otras ciudades (Malem Sena,1992).

Pese a que estos intentos de hacer aprobar leyes que permitieran a las mujeres demandar la produccion y distribucion de pornografia no lograron surgir en Estados Unidos, fueron el antecedente y el soporte teorico de iniciativas similares en otros paises. En 1992 un proyecto de ley con las mismas caracteristicas fue reconocido como legal por el Tribunal Supremo canadiense, siendo este el primer antecedente de medidas legales contra la pornografia en nombre de perjuicios causados a las mujeres (Ogien, 2005). Ademas, los trabajos de Dworkin y MacKinnon constituyen la base del modelo aplicado por el gobierno de Suecia para tratar el tema de la prostitucion a partir de 1999.

En el analisis que hace Andrea Dworkin sobre la pornografia es posible distinguir dos frentes de argumentacion: uno, denuncia de la situacion de las mujeres que aparecen en la pornografia (el caso de Linda Lovelace, la protagonista de la pelicula Garganta Profunda, es emblematico en este sentido), y dos, la critica a las imagenes pornograficas en si mismas, a los contenidos de la pornografia (Dworkin, 1989).

Sobre este ultimo Dworkin afirma, a partir de la dicotomia sexualidad femenina / sexualidad masculina, que la segunda es compulsiva y es <<la materia prima del asesinato, no del amor>> (Dworkin citada en Echols, 1989, p.98), de manera que para los hombres existe un vinculo fundamental entre violencia y sexualidad, el cual encuentra su expresion cultural en la pornografia:

Los hombres creen lo que dice la pornografia, en que las mujeres se resisten y dicen <<no>> solo para que los hombres las fuercen y las maltraten mas y mas (...). Los hombres creen en la pornografia y no creen a las mujeres que dicen <<no>>. (Dworkin citada en Herrero, 1996, p.53).

La pornografia reproduce invariablemente papeles fijos para hombres y mujeres: los primeros aparecen siempre como poseedores de las segundas. Activos y pasivas. Dominadores y dominadas. La pornografia --toda ella-- es una practica de la politica sexual, y al reproducir siempre la jerarquia de estos roles, es una institucion de desigualdad entre los generos: <<El gran tema de la pornografia como genero es el poder masculino>> (Dworkin, 1989, p.24), y su funcion es similar al que cumple la propaganda racista en una sociedad racista, esto es, mantener el orden social establecido.

Su analisis apunta a que la pornografia llena de significado el poder sobre el que se construye la desigualdad generica. En ella, las mujeres se representan como objeto de uso sexual masculino, esto implica que tienen un significado social que las define como utilizables sexualmente, segun el deseo de los hombres. De esta manera, la pornografia crea un objeto sexual al que es posible acceder, crea a las mujeres como pornografia, y a la pornografia como lo que son las mujeres (Dworkin, 1989).

La pornografia, entonces, no es solamente una metafora, un mensaje susceptible de ser aprendido por el espectador. No es solo reflejo, proyeccion o expresion. Es tambien una realidad sexual. La pornografia no solo representa a la mujer en el papel de cosa que se adquiere y se usa, sino que hace de ella tal cosa. Mas alla del campo de la representacion, en la vida real, los hombres desearan practicar el sexo con esa imagen de mujer que la pornografia les vende.

El que uno pueda expresar la idea que la practica expresa no hace de esa practica una idea. La pornografia no es mas idea de lo que lo son la segregacion o el linchamiento, aunque ambos institucionalizan la idea de la inferioridad de un grupo respecto a otro (MacKinnon, 1995, p.370)

Dworkin (1989) lleva la idea de la violencia como estandar de la sexualidad masculina hasta sus ultimas consecuencias, al afirmar que no es solo la falta de consentimiento lo que caracteriza la violacion, sino que incluso toda relacion heterosexual es en si misma un acto de violacion, aunque la mujer crea participar voluntariamente en el, pues su voluntad esta enajenada por la opresion sistemica a la que ha sido sometida. De esta manera, todo consentimiento es solo aparentemente voluntario.

Esta ultima idea sera retomada por autoras como Susan Griffin y por la organizacion Women Against Sex--WAS (Mujeres contra las relaciones sexuales), quienes sostendran que <<la liberacion de la mujer, su emancipacion de la cultura patriarcal y, en una palabra, la revolucion feminista, pasa por la eliminacion de toda actividad sexual>> (Herrero, 1996, p.54). Por ello, los planteamientos de Dworkin se reconocen no solo como feminismo antipornografia, sino tambien como feminismo antisexo.

En su libro Hacia una teoria feminista del Estado Catharine MacKinnon (1995) situa la sexualidad dentro de la teoria de la desigualdad entre los sexos: <<la sexualidad (...) es una dimension en la que el genero ocurre y a traves de la cual se constituye socialmente el genero>> (p.230). La sexualidad, entonces, refuerza y constituye a la vez la jerarquia social entre los generos, y en virtud de esa jerarquia la sexualidad es construida privilegiando los intereses (deseos, fantasias, etc.) de quienes ostentan el lugar privilegiado: <<lo que es sexual es lo que hace que el hombre tenga una ereccion>> (MacKinnon, 1995, p.242).

En esta comprension de la sexualidad, la pornografia viene a jugar el papel de la <<verdad del sexo>> para los hombres, porque muestra como ven ellos el mundo y como acceden a el:

Desde el testimonio de la pornografia, lo que quieren los hombres es: mujeres atadas, mujeres violentadas, mujeres torturadas, mujeres humilladas, mujeres degradadas y ultrajadas, mujeres asesinadas, O, para ser justos con la version blanda, mujeres sexualmente alcanzables, que puedan tener, que esten ahi para ellos, que deseen ser tomadas y usadas, tal vez solo con una ligera atadura (MacKinnon, 1995, p.244)

Para MacKinnon la pornografia ofrece como motivo de excitacion la humillacion femenina, exaltando este modelo como deseable y convirtiendo la desigualdad entre hombres y mujeres en algo sexualmente excitante. La pornografia <<vende mujeres a los hombres como sexo y para el sexo>> (1995, p.350), con lo cual <<contribuye causalmente a actitudes y conductas violentas y discriminatorias que definen el tratamiento y la situacion de la mitad de la poblacion [las mujeres]>> (MacKinnon, 1995, p.352). Sus afirmaciones se fundan en multiples estudios (citados en su libro, MacKinnon, 1995) que concluyen como efectos de la pornografia, entre otros, el aumento de la intencion del hombre de agredir a la mujer y la produccion de cambios de actitud en los hombres que estan correlacionados con la violacion.

La pornografia no distingue entre erotismo y subordinacion de la mujer, sino que, justamente, hace que aparezcan como lo mismo. Dado que se considera sexo todo lo que excita sexualmente a los hombres, <<en la pornografia la violencia es sexo. La desigualdad es sexo, la humillacion es sexo>> (MacKinnon, 1995, p.384), de manera que el dispositivo erotico no funciona sin la jerarquia del genero y la sexualidad es ella misma una construccion del poder masculino.

Siguiendo a Dworkin (1989), esta autora afirma que el dano que produce la pornografia es doble: por un lado, crea a las mujeres como sujetos a dominar, y por otro, domina y humilla efectivamente a aquellas que aparecen en las representaciones pornograficas.

Sobre el primer tipo de efecto de la pornografia, dira que <<cuando las palabras son lo mismo que los actos, se las considera actos>>. ?Que son el chantaje, el cohecho, la conspiracion o el acoso sexual? Son palabras emitidas que en si mismas constituyen delito. Sin embargo, cuando se trata de la imagen pornografica, la ley parece olvidar ese avance dado en otros campos y se limita a entenderla como meras <<representaciones>>, de las que no puede comprobarse relacion causal con danos infringidos a las mujeres. Desde su perspectiva, el dano que la pornografia hace a las mujeres, es en primer lugar un dano como grupo, un dano al colectivo de las mujeres, a las que desposee de poder y deshumaniza, definiendolas como sujetos a dominar:

La idea dominante es que la pornografia debe causar dano del mismo modo que lo causan los accidentes de trafico, o de lo contrario sus efectos no seran cognoscibles como dano. El problema de esta concepcion del dano individualizada, atomista, lineal, exclusiva, aislada, limitada al agravio positivista en una palabra--es que la forma en que la pornografia elige y define a las mujeres para el abuso y la discriminacion no funciona asi. Dana efectivamente a los individuos, no como individuos de uno en uno, sino como miembros del grupo de mujeres. (MacKinnon, 1995, p.377)

El segundo efecto de la pornografia es el dano a las mujeres individuales: <<se sabe que las mujeres sufren una brutal coaccion para someterlas a las representaciones pornograficas>>. MacKinnon insiste en la denuncia de Dworkin: las mujeres individuales que estan en la pornografia no lo hacen en libertad y de manera racional, porque lo cierto es que <<la mujer --en la pornografia y en parte debido a la pornografia-- no tiene tales derechos.>> (MacKinnon, 1995, p.382).

Los aportes de MacKinnon son especialmente significativos en el campo de la jurisprudencia. La autora afirma que la ley de la obscenidad, tal como esta concebida en Estados Unidos, es funcional a la mirada pornografica de las mujeres, porque (siguiendo a Dworkin) la pornografia construye quienes son las mujeres (y los hombres las tratan de acuerdo a ello), con lo cual crea --y no solo representauna sexualidad vuelta objeto, una sexualidad en la que a las mujeres les suceden cosas reales y no se trata solo de exposicion a la obscenidad: <<La obscenidad de los hombres no es la pornografia de las mujeres. La obscenidad se ocupa mas de si los hombres se sonrojan y la pornografia de si las mujeres sangran.>> (MacKinnon, 1995, p.361).

Por lo anterior, MacKinnon advierte que la Ley de Obscenidad esta concebida para la proteccion de los consumidores, esto es, de los hombres (el que las mujeres puedan consumir pornografia no hace que este menos dirigida a ellos). Se entiende la obscenidad como un mal: mas pecado que delito. Es la moralidad la que anima la intromision estatal en la cuestion de la pornografia. Dicha moralidad liberal, su discurso en terminos de <<bien>> y <<mal>>, no toca la desigualdad generica que produce la pornografia, solo prohibe lo que considera inmoral, mientras protege lo que considera moral y esto ultimo, con frecuencia, es danino para las mujeres, porque la moralidad es tambien una unidad de medida nacida de la vision masculina del mundo.

La ley de la obscenidad trata la moral desde el punto de vista masculino, que quiere decir el punto de vista del dominio masculino. La critica feminista de la pornografia, en contraste, parte del punto de vista de las mujeres, que quiere decir el punto de vista de la subordinacion de las mujeres a los hombres (MacKinnon, 1995, p.356)

En este orden de ideas, el asunto mismo de la definicion sobre lo que es y no es pornografico resulta insustancial y solo invisibiliza la dominacion masculina que subyace en el fenomeno pornografico, puesto que <<la lucha por una definicion de pornografia es una lucha entre hombres por las condiciones del acceso a la mujer>> (MacKinnon, 1995, p.368). Las discusiones al respecto caen en el lugar comun de <<lo que ofende a uno puede ser bueno para otro>>, pero la revision de las decisiones de los tribunales de censura sugiere que al final, <<la obscenidad es el sexo que hace que la sexualidad masculina parezca mala>> (MacKinnon, 1995, p.369). Todo lo demas, lo que no afecte la libertad sexual de los hombres, no es considerado como obsceno.

Por eso la obscenidad, la Ley de Obscenidad, no es un instrumento valioso para enfrentar la desigualdad generica que la pornografia significa. Desde la perspectiva feminista que MacKinnon asume, la pornografia es la esencia de un orden social sexista, <<su acto quintaesencial>>, porque las mujeres viven en el mundo que crea la pornografia, <<viven su mentira como realidad>> y sienten en su cuerpo las consecuencias, aunque, al ser constitutiva de la realidad social, la pornografia se hace invisible como dano.

Por otro lado, la Ley de Obscenidad, en atencion a la Primera Enmienda que reclama la proteccion del ambito privado, no toma en cuenta que tambien lo privado es una esfera de poder social en la que tiene lugar el sexismo. Cuando solo prohibe la exhibicion publica de la pornografia <<lo que protege es el derecho de los hombres a imponer la pornografia a las mujeres en privado>> (MacKinnon, 1995, p.372).

Segun MacKinnon, esa libertad de expresion, que se defiende a toda costa, ignora que la libertad de expresion de los hombres silencia la libertad de expresion de las mujeres, aunque esto sea dificil de demostrar empiricamente porque <<el silencio no es elocuente>> (1995, p.374). Esa ignorancia ha quedado en evidencia cuando, enfrentados los tribunales a denuncias de mujeres inmersas en la pornografia, han aceptado que los danos existen pero han seguido protegiendo la pornografia como medio de expresion, que no puede reprimirse en virtud de la Primera Enmienda. De nuevo, se ha dado un trato moral al tema, en vez de uno politico:

Los actos se convirtieron en ideas y la politica en moral cuando el tribunal transformo la coaccion, la fuerza, el ataque y el trafico de la subordinacion en <<control del pensamiento>> y la ciudadania de segunda clase por razon del genero en <<ideas sobre la sexualidad que pueden ser expresadas>> (MacKinnon, 1995, p.387).

Una ultima anotacion sobre la critica de MacKinnon: segun esta autora, el tratamiento juridico que se da en Estados Unidos a la pornografia, que se reduce a pasarla por el tamiz de la Ley de la Obscenidad (la cual, como hemos visto, es de corte moral) obedece al lugar privilegiado y con poder que ocupan los pornografos. Cuando los tribunales asumen que la prohibicion de la pornografia significa discriminar <<un punto de vista>> (lo que resulta inconstitucional), desconocen el <<punto de vista>> contrario, el de las mujeres que denuncian, estas si acalladas y desconocidas sin que la Primera Enmienda parezca temblar. Queda en evidencia, entonces, que la libertad de expresion esta mediada por la jerarquia de generos:

?Cuando deja un punto de vista de ser punto de vista? Cuando es el propio, especialmente cuando las propias palabras, como las de los pornografos, son palabras desde el poder. En la hipocresia epistemologicamente hermetica del punto de vista masculino, prohibir los avances hacia la igualdad entre los sexos sirviendose de la ley es neutralidad estatal. (MacKinnon, 1995, p.388)

Por eso sus iniciativas para censurar la pornografia no se formulan en nombre de la Primera Enmienda de la Constitucion, que protege la libertad de expresion, sino en nombre de la Decimocuarta Enmienda, que afirma la igual proteccion de las leyes, porque en su opinion la injusticia de la pornografia radica en que censura la voz de las mujeres y el cambio que ellas proponen se encaminaria a liberarnos de esa censura politica.

Las Pro-Sexo

Miremos ahora la otra cara de la moneda. Las feministas que se mostraban en desacuerdo con la campana antipornografica se agruparon a su vez en el grupo FACT--Feminist Anti-Censorship Taskforce (Organizacion Feminista contra la Censura). Mientras las antipornografas hicieron alianza con la derecha, las pro-sex se aliaron con la ACLU--American Civil Liberties Union (Sindicato a favor de las libertades civiles americanas) e hicieron frente a los avances de las Feministas Culturales.

Como han mostrado varios autores, efectivamente, en el mercado de produccion y difusion de la pornografia pueden hallarse aspectos socialmente problematicos, como sobreexplotacion y misoginia, pero no se trata de patologias sociales especificas a este sector, sino que: <<pueden encontrarse por todas partes, incluso en la fabricacion de juguetes para ninos, lo cual, digamoslo de pasada, jamas ha conducido a que se solicite la prohibicion de los juguetes>> (Ogien, 2005, p.36).

Los argumentos mas fuertes de la postura antipornografia no son aquellos que senalan las condiciones de trabajo de las mujeres inmersas en el negocio (denuncias en las que se extiende Andrea Dworkin, por ejemplo), pues, como se ha senalado, de dichas criticas se concluiria, mas bien, la urgencia de una legislacion laboral para la industria pornografica, que garantice condiciones de trabajo favorables para las mujeres que hacen parte de ella.

Por otro lado, tampoco sus soportes conceptuales han escapado a una revision critica de otros sectores feministas. Estos senalan que el movimiento antipornografico es una reaccion frente a la ideologia cultural dominante que desarrolla la amenaza del peligro sexual. La reaccion antipornografia centra sus esfuerzos en la seguridad, exigiendo el control de la expresion publica de la sexualidad masculina, y con ello --aunque tal vez sin proponerselo-- vuelve a establecer los principios basicos del antiguo sistema de genero, fundado en el pacto impuesto a las mujeres: seguridad a cambio de constrenimiento sexual (Vance, 1989).

La cruzada antipornografia crea la sensacion de que la seguridad de las mujeres esta constante y peligrosamente amenazada: genera aun mas miedo. Reconoce que ser mujer no es seguro y que los intentos feministas de reivindicar el placer son especialmente peligrosos. Afirma que las mujeres son mas debiles y que estan asustadas. Propone un feminismo dogmatico y controlador. Frente a ello, Carole S. Vance nos recuerda que los movimientos sociales, entre ellos el Feminismo, se mueven gracias a una vision, no pueden actuar solo por el miedo, de manera que: <<No basta con alejar a las mujeres del peligro y la opresion; es necesario moverse hacia algo: hacia el placer, la accion, la autodefinicion. El feminismo debe aumentar el placer de las mujeres, no solo disminuir nuestra desgracia>> (1989, p.48).

Ademas de fundarse en el miedo, la campana antipornografica genera verguenza, porque al insistir en la trivializacion de la pulsion erotica, las mujeres que la sienten o la desean aparecen como ridiculas: existen urgencias politicas que pasan de ellas. Por esta razon Carole S. Vance (1989) se pregunta:
   ?Desconfiamos de nuestra pasion, pensando que quiza no es algo
   nuestro, sino un montaje de la cultura patriarcal? ?Las mujeres
   pueden ser agentes sexuales? ?Podemos actuar en nuestro propio
   interes? ?O somos puramente victimas que debemos dirigir nuestros
   esfuerzos hacia la resistencia contra los ataques masculinos de una
   cultura patriarcal? ?Es necesario que nuestra pasion espere a un
   momento mas seguro para expresarse? ?Cuando llegara ese momento?
   ?Nos acordaremos algunas de nosotras de lo que era nuestra pasion?
   (p.18)


Su respuesta y la de otras feministas pro-sex sera: el momento es ahora. Por eso se opondran a las campanas antipornograficas e intentaran hacer evidentes sus contradicciones y contraindicaciones.

Para ello senalan, en primer lugar, que quienes se oponen a la pornografia -como quienes se oponen al aborto- utilizan un lenguaje efectista: dado que nuestra alfabetizacion visual es pobre, se sirven de imagenes sobrecogedoras que vinculan -rapidamente y sin suficiente analisis- con argumentos retoricos, para impulsar a los espectadores hacia la conclusion que desean obtener. Asi, por ejemplo, la imagen de una mujer encadenada sera, sin mas, considerada como senal de trato degradante, sin detenerse a considerar lo que verdaderamente representa. Las lesbianas sadomasoquistas, entre otros colectivos, levantaran su voz de protesta, como se vera mas adelante.

Otro grave problema de los argumentos antipornografia es que el vinculo que defienden entre consumo de pornografia y aumento de la violencia hacia las mujeres no esta fundado. Desde la psicologia y la sociologia se han adelantado multiples investigaciones que pretenden establecer los efectos de la pornografia en quien la consume y sus resultados estan lejos de ser concluyentes, de hecho, se contradicen unas a otras.

Como senala Ogien (2005), historicamente han existido dos posiciones teoricas para encarar los efectos de la pornografia en quien la consume. La primera es la teoria de la <<catarsis>>, segun la cual, cuanta mas pornografia se consume, menos se pasa a la accion. La segunda es la teoria de la <<imitacion>>, que supone justamente lo contrario: cuanta mas pornografia se consume, mas se pasa a la accion.

En 1967 el presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, encargo un informe (que fue concluido durante la administracion Nixon) sobre los efectos de la pornografia. Entonces los resultados favorecieron la hipotesis de la catarsis. Mas adelante, en 1984, la administracion de Ronald Reagan encargo a la Comision Meese (que lleva el nombre del entonces Ministro de Justicia) un informe similar, el cual estuvo listo en 1986. Este, por su parte, <<comprobo>> la hipotesis de la <<imitacion>>, confirmando los efectos negativos de la pornografia y su papel favorecedor de los comportamientos antisociales. No obstante, una revision sociologica de este ultimo equipo investigador dejo en evidencia que sus resultados no eran fiables:

Seis de los once miembros eran adversarios declarados de la pornografia. Los testimonios eran seleccionados en funcion de los prejuicios de la mayoria de los miembros de la Comision. Incluso en esas condiciones, la Comision se vio forzada a reconocer que su conclusion general no se sustentaba realmente en las investigaciones empiricas que ella misma habia ordenado realizar. Dicha conclusion dependia mas del <<sentido comun>> y de las <<intuiciones personales>> que de los hechos cientificos (Ogien, 2005, p.118)

Otro aporte muy citado es el realizado por Dolf Zillmann y Jennings Bryant (Pornography: recents research interpretations and policy considerations, 1989), quienes <<demuestran>> la tesis del efecto negativo por imitacion de la pornografia, pues al exponerse a ella, el espectador aprende a comportarse como los heroes masculinos de dichas imagenes, interiorizando que las mujeres estan siempre avidas de complacer los deseos sexuales de los hombres. En este y otros estudios empiricos similares, el problema radica en la interpretacion de los datos: ?los indicadores escogidos son indicadores fiables de las variables? ?la existencia de correlacion entre las variables prueba la existencia de un nexo causal?

Las iniciativas anti-pornografia se enfrentan, ademas, a varios problemas normativos y metodologicos. Entre los primeros vale la pena senalar que quienes afirman que la pornografia afecta la psique de quien la consume cometen el error de confundir <<efectos psicologicos>> con <<efectos ideologicos>>. De probarse que existe una relacion causal entre exposicion a la pornografia y cambios en la conducta, seria necesario entender dichos cambios como consecuencia de una afeccion ideologica y no psicologica. En todo caso, los estudios empiricos no han aportado hasta la fecha pruebas definitivas que confirmen el <<caracter criminogeno>> (esto es, que promueva el crimen, en terminos de Ogien) de la pornografia, ni tampoco pruebas definitivas de que no lo promuevan, de manera que las razones para estar en contra o a favor de ella deberian ser siempre normativas.

Entre los problemas metodologicos, sobresale uno relacionado con los soportes empiricos: si se sostiene que la pornografia causa danos en el espectador, seria consecuente no admitir que los sujetos fueran incluidos en un estudio experimental, de manera que no habria forma de confirmar la hipotesis de partida. Por otra parte, la idea sostenida por Dworkin y MacKinnnon segun la cual la pornografia no es solo una causa de la subordinacion de las mujeres sino que es en si misma una forma de subordinacion, se construye con base en una distorsion de la teoria de los actos de habla de J. L. Austin (5).

Dado el resurgimiento de la politica proteccionista en Estados Unidos, asumida con especial vehemencia por el movimiento antipornografia, Ellen Carol DuBois y Linda Gordon (1989) llaman la atencion sobre la necesidad de recordar la historia de la tension placer / peligro, y rastrean sus origenes en el siglo XIX. Dado que solo seria a finales de ese siglo, y fundamentalmente en los comienzos del siguiente, cuando el desarrollo tecnico permitiria la aparicion de la pornografia en su formato audiovisual (hemos dicho ya algo sobre la literatura pornografica, cuyos origenes son mas antiguos y se remontan al siglo XVIII), el debate se concentro exclusivamente en la prostitucion.

La tesis de Dubois y Gordon (1989) es que la opcion proteccionista entroncaria con las iniciativas que denunciaban la <<esclavitud blanca>> entre 1860-1870, esto es, la coaccion fisica que obligaba a las mujeres a entrar en la prostitucion (vease (Hunt, 1993)), y con las brigadas que organizaron las <<buenas mujeres>> para <<salvar>> a las prostitutas en lo que se conoce como iniciativas de <<pureza social>>. Como muestran estas autoras, ya para entonces se exageraba la magnitud del problema, en primer lugar porque su definicion de <<prostitucion>> incluia a todas las mujeres que se dedicaban al sexo ocasional, fueran o no pagadas, y en segundo lugar porque generalizaban la coaccion en la prostitucion, negando a las prostitutas cualquier papel que no fuera el de victimas pasivas. En esta logica, la prostitucion era per se algo degradante y ninguna mujer podia elegirla libremente. El papel que se auto-asignaban las feministas era el de <<rescatar>> a las <<mujeres caidas>>, quisieran estas ser o no rescatadas.

Dicho afan mantenia intacta la moralidad sexual que dividia a las mujeres en buenas y malas. Esto refleja, desde el analisis de Dubois y Gordon (1989), el miedo de las mujeres <<buenas>> a perder su propia respetabilidad, la cual no era solo un asunto imaginario, sino que implicaba sanciones materiales. Por eso, para mantener ellas mismas los privilegios de ser una buena mujer, debian acentuar sus diferencias con las otras. Si bien algunas de estas activistas del siglo XIX identificaban ya el problema de la violencia domestica que sufrian las mujeres de bien, no se atrevieron todavia a desafiar politicamente la institucion familiar, asi que se concentraron en la violencia extrafamiliar de la cual la prostitucion se convirtio en el chivo expiatorio.

Tras las acciones iniciales por librar a las prostitutas de su condicion, las feministas del movimiento de pureza social pasaron a presionar por la abolicion de la prostitucion, enfrentandose a un problema mayusculo: muchas prostitutas no querian dejar de serlo.

El problema era que las prostitutas tenian que estar de acuerdo en que eran victimas. La interpretacion de la prostitucion como <<trata de blancas>> (es decir, que las prostitutas se habian visto forzadas a participar) permitia a las feministas verse a si mismas como liberadoras de esclavas. Pero si las prostitutas no estaban arrepentidas, o si negaban la inmoralidad de sus actos, perdian su derecho a la ayuda y a la compasion de las reformistas. (Dubois & Gordon, 1989, p.67)

Efectivamente existian muchas putas impenitentes y la actitud de las feministas frente a ellas refleja el caracter represivo de la supuesta <<hermandad>> de mujeres que defendian: al no estar dispuestas a reconocer la legitimidad de la prostitucion, el movimiento de pureza social aceptaba una moralidad sexual que constrenia a las mujeres. Es interesante senalar como, desde entonces, los argumentos de estas feministas coincidian con los sectores reaccionarios y mas conservadores, pues el ataque a la prostitucion hacia parte tambien del discurso de muchos reformistas masculinos, incluso algunos antifeministas (Dubois & Gordon, 1989, p.56). Esta coincidencia sugiere que la persecucion de la prostitucion debe entenderse como parte de un sistema sexual mas amplio, en el que la sexualidad tenia una valoracion profundamente negativa en si misma (entre los pecados sobresale siempre el pecado sexual).

No obstante la fuerza de las feministas comprometidas con el movimiento de <<pureza social>>, tambien en el siglo XIX pueden encontrarse vestigios de lo que seria la politica pro-sex del siglo XX. Dichos vestigios remontan a los movimientos utopicos y a favor del amor libre entre 1820 y 1840, desde los cuales algunas mujeres se negaron a identificar el deseo como algo masculino y cuestionaron la obligatoriedad del matrimonio legal como canal unico de la sexualidad.

Dubois y Gordon (1989) recogen en su rastreo, ademas, voces de la segunda mitad del siglo XIX, entre ellas, la de Victoria Woodhull, defensora del amor libre; la de Elizabeth Cady Staton, quien suma a sus conocidos aportes por el reconocimiento de la ciudadania plena para las mujeres una defensa de su deseo sexual; y la de Alice Stockham, sufragista que proponia uniones en las que los deseos y el placer de las mujeres tuvieran lugar.

Entrado ya el siglo XX, en el marco de las discusiones sobre el derecho al control natal, se produjo un alzamiento feminista que afirmaba que era innecesario pagar el precio de la abstinencia sexual para alcanzar la autodeterminacion reproductiva. Haciendo una valoracion positiva de la gratificacion sexual, estas feministas comenzaron a romper la dicotomia mujer buena / mujer mala:

(...) ya no estaban dominadas por el miedo a convertirse en prostituta o a que se opinara que lo eran. (.) Reconocereis algunos de sus nombres: Emma Goldman, Margaret Sanger, Crystal Eastman, Elizabeth Gurley Flynn, incluso Louisse Bryant, pero hubo muchas mas. Por encima de todo defendieron el derecho de la mujer a ser sexual. Se acostaron con muchos hombres sin casarse. Tuvieron multiples amantes. Se convirtieron en madres solteras. Algunas de ellas mantuvieron relaciones abiertamente sexuales con otras mujeres. (Dubois & Gordon, 1989, p.72)

Ambas posiciones, la de aquellas feministas que defienden la <<pureza social>> y la de aquellas que critican la misoginia, la violencia y la dominacion masculina sin renunciar a la sexualidad, han sobrevivido hasta finales del siglo XX. Sobre las primeras, que actualizan sus postulados en la postura antipornografia, afirman Dubois y Gordon que encierran un llamado a la tradicion anterior, una sobrevaloracion del peligro sexual al que estan expuestas las mujeres, que no acierta a diferenciar su politica de una version conservadora (y antifeminista) de la <<pureza social>> del siglo XIX (Dubois & Gordon, 1989).

En la misma linea de hacer una revision historica de la politica sexual radical feminista, y tambien ubicandose del lado pro-sex, Alice Echols (1989) examina el periodo que va desde finales de los anos sesenta hasta mediados de la decada del ochenta del siglo XX, pues considera que es imposible comprender las opiniones encontradas sobre la sexualidad si no se revisan a la luz de otras diferencias que se dieron en el pensamiento feminista de este periodo.

Dichos cambios se relacionan con la manera de entender el genero, la cual ha dado forma a los analisis sobre la sexualidad: mientras las primeras feministas radicales derivaban la opresion de las mujeres de la construccion del genero en si, muchas feministas de los ochenta creen que la desigualdad se origina en la represion de los valores femeninos. Las primeras apostarian por la eliminacion del genero como categoria social significativa (siguiendo la vertiente radical) y las segundas por la consolidacion de la identidad femenina (feminismo cultural).

Las feministas culturales afirman que la inhibicion sexual de las mujeres es senal de su superioridad, y no de su opresion (como afirman las radicales). La contracultura femenina que proponen, implica una polarizacion de la sexualidad femenina y masculina, en la cual la primera constituye un anatema mientras que la segunda es idealizada. Muchas de las Feministas Culturales --senala Echols-- ni siquiera precisan si la diferencia entre una y otra sexualidad es biologica o cultural, e incluso algunas recurren a explicaciones biologicas de las diferencias de genero, lo cual es leido, desde la postura pro-sex, como un retroceso.

Una figura importante del feminismo cultural sera Adrienne Rich, quien elaborara un analisis critico de la heterosexualidad obligatoria, en tanto institucion politica que disminuye el poder de las mujeres y cuyo interes es <<asegurar el derecho masculino al acceso fisico, economico y emocional>> de las mujeres (Rich, 1999, p.186). Segun Rich, la imposicion de la heterosexualidad se hace necesaria -en la logica patriarcalpara garantizar lo que Kathleen Barry llamaba la <<esclavitud sexual femenina>>, esto es, el control que ejercen los hombres sobre la sexualidad de las mujeres (mediante la fuerza fisica pero tambien usando otras estrategias como el temprano adoctrinamiento en un tipo de amor servicial y sumiso). La autora propone, ademas, la idea de que existe un continuo lesbiano, que da cuenta de una amplia gama de experiencias identificadas con mujeres, y que serviria de base para el cambio en las relaciones sociales entre los sexos, rescatando la fuente de poder femenino que la institucion de la heterosexualidad pretende liquidar. Por estas razones, Rich afirmaba que la pornografia perjudica <<la potencialidad de amar y ser amadas por otras mujeres en una relacion reciproca e integra>> (Rich citada en Echols, p.102).

Aunque Rich no formo parte del movimiento antipornografia, este bebio de sus ideas que invitaban a un exorcismo de lo masculino y una maximizacion de la feminidad, deduciendo de ellas que la pornografia era una fuerza contaminante que actualizaba el lastre patriarcal y minaba el poder femenino, poder emanado en buena medida de su modelo de sexualidad, que rescataba el amor romantico frente al que tanto habia luchado el feminismo radical.

Dada la inconmensurabilidad entre sexualidad femenina y sexualidad masculina sobre la que se apoyan las tesis antipornografia, Echols (1989) plantea una paradoja subyacente: <<Su caracterizacion de la sexualidad masculina es tan uniformemente desfavorable y tan absolutamente desolada que uno se pregunta que se lograria restringiendo o eliminando la pornografia>> (p.98).

Desde una vision pro-sex, Echols critica la campana antipornografica porque resta importancia al deseo femenino desde justificaciones netamente ideologicas, asumiendo una ortodoxia que contribuye a la heterofobia y que refuerza la barrera tradicional entre virgenes y putas. Ademas, senala el grave error que cometio al vincular sus postulados con los de la extrema derecha, la cual utiliza los mismos argumentos de las antipornografas para arremeter, por otro lado, contra el feminismo, el aborto y los derechos de gays y lesbianas. Esto lleva a Echols (1989) a concluir que las mujeres de la campana antipornografica abandonan el feminismo para dedicarse a la indignacion moral femenina, pues: <<La politica sexual del feminismo cultural en realidad no nos ofrece otra cosa que valores sexuales tradicionales femeninos disfrazados de valores radicales feministas.>> (p.106).

En este punto es importante senalar que la critica de Echols, y otras que afirman un sustrato moral en la campana antipornografica no son del todo acertadas. En realidad, muchos de los argumentos de las feministas anti-pornografia no son moralistas, en tanto sus iniciativas no intentan luchar contra los peligros que la pornografia implica para la moral publica o para la familia (de hecho se insiste en que esa moral e instituciones como la familia son injustas con las mujeres, y la pornografia lo que hace es afianzar esa injusticia estructural).

La posicion de Dworkin, MacKinnon y compania va en otra direccion. Su critica a la pornografia se funda en que esta, con su reiteracion de escenas degradantes, insensibiliza a sus espectadores frente al sufrimiento de las mujeres, creando con ello un escenario fertil para los actos violentos hacia ella (<<la pornografia es la teoria, la violacion la practica>> como decia Morgan). Ademas, la imagen que proyecta la pornografia debilita la posicion de las mujeres como ciudadanas. Sus argumentos se fundan entonces en la proteccion de los derechos civiles de las mujeres, es decir que son argumentos de justicia (no morales). En tanto feministas radicales, las anti-pornografia no defienden la familia o la sociedad --de hecho muchas de ellas eran lesbianas publicas, por ejemplo--. MacKinnon (1995) lo formula con precision: <<Las preocupaciones del feminismo por el poder y la impotencia son ante todo politicas, no morales. En la perspectiva feminista, la obscenidad es una idea moral y la pornografia es una practica politica. La obscenidad es abstracta, la pornografia es concreta>> (p.353).

Consciente del caracter politico de la campana antipornografica, la antropologa Gayle Rubin dirige su critica a la politica sexual de la que participa, la cual reprime la sexualidad en un sentido politico, no psicologico. Rubin6coincide con Alice Echols en senalar la trampa en la que caen las antipornografas al coincidir con la derecha norteamericana. Segun ella, antes que con la pornografia, los movimientos conservadores habian arremetido contra el sector gay, con el interes de estrechar las fronteras de la conducta sexual aceptable, pues vinculan las conductas sexuales <<inmorales>> con un posible declive del poder norteamericano. Los argumentos de la derecha, en efecto, son de tipo moral, y tal vez sea por el vinculo con ella, que tal calificacion ha caido tambien sobre las antipornografas (Rubin, 1989).

Lo que Gayle Rubin propone es un analisis progresista sobre la sexualidad en su conjunto, que conduzca a elaborar una teoria radical del sexo (en terminos sociales e historicos), en la que, como hace Michel Foucault con la represion sexual, fenomenos como la prostitucion y la pornografia se entiendan como parte de una dinamica mas amplia, de una <<economia general de los discursos sobre el sexo en las sociedades modernas>> (Foucault, 2003, p.18). En el desarrollo de esta teoria Rubin senala como especialmente utiles, entre otros, los analisis desarrollados por Jeffrey Weeks.

Weeks describe la comercializacion y mercantilizacion del sexo como consecuencia del desplazamiento de la acumulacion capitalista a la distribucion capitalista, desde la produccion hacia el consumo, lo cual repercutio en los cambios de las costumbres sexuales y en hacer del sexo algo que se podia comprar en la prostitucion y en la pornografia. La concentracion de criticas dirigidas a la pornografia responde a que esta permite ponerle cara al problema, constituye un <<enemigo>> visible, que las feministas antipornografia entenderan como <<la representacion mas grafica de la explotacion sexual femenina>> (Weeks, 1993, p.367).

Sin embargo, senala Weeks (1993) es necesario entender que <<la pornografia es simultaneamente una definicion legal, un producto historicamente formado y cambiante, y un fenomeno sociologico, organizado dentro de una industria particular en diversas localizaciones sociales>> (p.368), esto es, un fenomeno complejo, sobre cuyos efectos es dificil generalizar. Concretamente sobre la concepcion de las antipornografas, este autor senala que la violencia contra las mujeres es endemica en la sociedad, asi que una parte de la pornografia la reflejara, pero la pornografia no es la causa, sino un sintoma del problema. Por otra parte, no toda la pornografia refleja o promueve la violencia sino que existe alguna pornografia ironica y subversiva.

Rubin sigue esta misma perspectiva para mostrar como la propaganda antiporno sugiere que la industria del sexo comercial es la causa del sexismo, y que de alli se propaga al resto de la sociedad, lo cual no tiene sentido: <<la industria del sexo no es ciertamente una utopia feminista, pero simplemente refleja el sexismo imperante en la sociedad en su conjunto>> (Rubin, 1989, p.173). La autora senala como causa de esta confusion el sistema de estima erotico en el contexto estadounidense, en el que el sexo se toma, incluso, <<demasiado en serio>>:

No se tacha a una persona de inmoral, no se le envia a prision, ni se la expulsa de su familia, porque le guste la cocina con muchas especias. Pero un individuo, quiza tenga que sufrir todo esto y mas porque le guste el cuero de un zapato. En ultima instancia, ?que posible importancia social puede tener que a una persona le guste masturbarse con un zapato? (Rubin, 1989, p.188)

Esta sobrevaloracion de la sexualidad, esta aun llena de reservas y sospechas: <<El sexo es culpable mientras que no se demuestre su inocencia>> (Rubin, 1989, p.135), por lo cual el sistema erotico se cons truye sobre la base de jerarquias que <<racionalizan el bienestar de los sexualmente privilegiados y la adversidad de la chusma sexual>> (Rubin, 1989, p.139). La jerarquia sexual ubica del lado <<bueno>> (normal, natural, saludable, sagrado) al heterosexual en matrimonio, monogamo y procreador, y del lado <<malo>> (anormal, antinatural, danino, pecaminoso) a los travestidos y transexuales, los fetichistas y sadomasoquistas, los que tienen sexo por dinero o intergeneracional. Entre el lado <<bueno>> y el lado <<malo>> un gran numero de actividades se debaten la frontera de la aceptabilidad.

Las leyes sobre el sexo --como la que impulsan las antipornografas-- son el instrumento por excelencia de esta estratificacion sexual. Ademas, dichas leyes no hacen desaparecer las actividades que ilegalizan, pues <<la legislacion sexual no es un reflejo perfecto de la moral sobre la conducta sexual>> (Rubin, 1989, p.151), sino que las condenan a la marginacion y el subdesarrollo, haciendo a sus trabajadores mas vulnerables a la explotacion: <<En sus peores extremos, la leyes sexuales son pura y simplemente apartheid sexual>> (Rubin, 1989, p.156).

Rubin retoma el concepto de <<panico moral>> desarrollado por Weeks: <<los panicos morales son el momento politico del sexo, durante los cuales las actitudes difusas son canalizadas hacia la accion politica y de alli al cambio social>> (Rubin, 1989, p.164). El ataque contra la pornografia cristalizaria uno de estos momentos de panico moral, inventando victimas para poder justificar el tratamiento de los <<vicios>> como <<crimenes>>.

Segun Rubin, dado que es dificil argumentar que las imagenes de sexo oral o de penetraciones sean violentas, la campana antipornografica se concentro en una muestra muy selectiva de la imagineria sadomasoquista, sacando las imagenes de su contexto para asustar al publico. Esto presenta dos problemas: por un lado, se dice con ello que toda la pornografia es pornografia sadomasoquista (lo que esta lejos de ser cierto), y por otro --y mas grave-- afirma que la pornografia sadomasoquista conduce a la violencia contra las mujeres, concretamente a la violacion, con lo cual <<convierte a una minoria sexual impopular [los grupos sadomasoquistas] y a sus lecturas en chivo expiatorio de problemas sociales que ellos no crean>> (Rubin, 1989, p.167). La extension de este discurso anti-sadomasoquismo (con cara de discurso antipornografia) puede convertirse facilmente, en opinion de Rubin, en una caza de brujas moralista, que ninguna contribucion hace a la reduccion de la violencia contra las mujeres.

Pat Califia afirma que el sadomasoquismo es <<un ritual erotico que implica poner en practica fantasias en las que un miembro de la pareja es sexualmente dominante y el otro es sexualmente obediente>> (Califia, 1993, p.178). Extrapolar los juegos de dominacion--sumision a la conducta social en general, es un error que desconoce las causas de la subordinacion de las mujeres y ubica como chivo expiatorio las sexualidades no normativas:

En realidad, tener fantasias S/M y tener relaciones consideradas de segunda categoria en una sociedad machista son dos cosas muy diferentes. Las mujeres tienen trabajos peor pagados porque tienen que sobrevivir y esos trabajos son los unicos a su alcance. Una fantasia S/M es una eleccion hecha entre un abanico de posibles temas eroticos, decir <<si, ama>>, complacer a una amante que esta contigo no es, desde luego, lo mismo que decir <<si, senor>> a tu jefe (Califia, 1993, p.178).

Asi, para Califia la pornografia sadomasoquista, lejos de ser un vehiculo de dominacion, se constituye como <<un desafio a la predisposicion puritana de nuestra cultura>> en tanto expone una sexualidad subversiva: <<una serie de modelos antiteticos a aquellos que ofrecen la Iglesia catolica, las novelas romanticas y mi madre>> (Califia citada en Weeks, p.369).

Gayle Rubin (1989) senala otra inconsistencia del ataque contra las imagenes sadomasoquistas: las antipornografas cuestionan la capacidad de <<consentimiento>> de las mujeres que participan en escenas sadomasoquistas, y en general en la pornografia, dado que su actuacion responderia a una especie de educacion en la sumision, un adoctrinamiento en la subordinacion (7). Sin embargo, no se cuestiona la capacidad para consentir en otros escenarios sexuales. ?Eligen realmente en libertad su opcion las lesbianas monogamas? Asi, las leyes antipornografia se fundan en el prejuicio de que algunas actividades sexuales se realizan bajo consentimiento de ambas partes y otras no, lo cual es cierto (las leyes sobre violacion se fundan justamente en el no consentimiento), solo que intenta imponer cuales de esas actividades pueden ser legitimamente consentidas y cuales no, desconociendo la voz de sus protagonistas, lo que las lleva en muchos casos a establecer <<delitos>> en los que no existe victima demandante alguna:

En la ley, el consentimiento es un privilegio del que disfrutan solo aquellos cuyas conductas sexuales son del mas alto <<status>>. Los que practican conductas sexuales de bajo status no tienen derecho legal a estas. Ademas, las sanciones economicas, las presiones familiares, el estigma erotico, la discriminacion social, la ideologia negativa y la falta de informacion sobre conductas eroticas sirven todas para dificultar la eleccion de opciones sexuales no convencionales. Existen ciertamente limitaciones estructurales a la libre opcion sexual, pero dificilmente puede decirse que presionen a alguien a convertirse en pervertido. Por el contrario, su labor de coercion empuja a todos hacia la normalidad (Rubin, 1989, p.181)

Ruwen Ogien resume con claridad la paradoja a la que conduce el cuestionamiento del <<libre consentimiento>> que hacen las antipornografas: para ellas <<cuando una mujer dice <<no>>, es <<no>>. Pero cuando dice <<si>>, no es <<si>>>> (Ogien, 2005, p.161)

El movimiento antipornografico, entonces, es para Rubin la expresion de una linea de pensamiento que considera la liberalizacion sexual como una mera extension de los privilegios masculinos, y el unico cambio que introduce en el sistema de jerarquias sexuales es que ubica del lado <<bueno>> al lesbianismo monogamo, relegando la heterosexualidad a la zona intermedia. Los parias sexuales continuan siendo los mismos: prostitutas, sadomasoquistas, etc. Esta autora, por su parte, nos recuerda que han sido las militantes sexuales radicales (entre ellas las lesbianas sadomasoquistas) las que han abierto los debates sobre el sexo y que <<es verdaderamente bochornoso negar su contribucion, falsear sus posiciones y reforzar asi su estigma>> (Rubin, 1989, p.177).

?Otra pornografia es posible?

Aunque el objetivo fundamental de este articulo ha sido revisar los principales argumentos que se esgrimieron en los origenes de los debates feministas sobre la pornografia, no quisiera concluirlo sin senalar una posicion mucho mas contemporanea, esgrimida por corrientes feministas concentradas en las mujeres que han ocupado historicamente <<los bajos fondos de la victimizacion femenina>> (Preciado, 2007): las trabajadoras sexuales, las actrices porno y las insumisas sexuales. Este movimiento, como documenta Preciado, se estructura discursiva y politicamente en torno a los debates del feminismo contra la pornografia en Estados Unidos, frente al cual se oponen, ademas de las voces academicas que hemos revisado, militantes como Scarlot Harlot, una prostituta californiana que reivindica la profesionalizacion de la prostitucion; Margo Saint James creadora del movimiento COYOTE en San Francisco; y el grupo PONY (Prostitutas de Nueva York) en el que destaca la figura de Annie Sprinkle, entre otras.

Se trata de un feminismo <<posporno, punk y transcultural>> (Preciado, 2007), que, concretamente frente al tema que nos ocupa, piensa que <<el mejor antidoto contra la pornografia dominante no es la censura, sino la produccion de representaciones alternativas de la sexualidad, hechas desde miradas divergentes de la mirada normativa>> (Preciado, 2007). Estas autoras afirman que la pornografia puede movilizar valores diferentes a los de la misoginia y se han dado a la tarea de producir esas nuevas representaciones, gracias a que, por primera vez en la historia, las mujeres estan en condiciones (disponen de capital tanto simbolico como economico) de producir dicho material, ya sea grafico o escrito. Desde esta mirada se entiende que la pornografia, lejos de ser la peor amenaza para las mujeres, puede constituir su arma mas potente.

Las propuestas contemporaneas de <<post-porno>> (como han dado en llamarlo estas autoras) son algo distinto al simple porno para mujeres. Si bien coinciden con este en que el porno convencional esta hecho por hombres y para hombres (uno de sus lemas es <<si no te gusta el porno, hazlo tu mismo>>), se aparta de la idea de una <<sensibilidad femenina>>, que desearia una historia con argumento, que incluyera el romance y caricias llenas de ternura (hay posporno hardcore, gore, sadomasoquista, etc.).

El movimiento <<posporno>> se alza como alternativa al feminismo estatal, afirmando que <<el Estado no puede protegernos de la pornografia, ante todo porque la descodificacion de la representacion es siempre un trabajo semiotico abierto del que no hay que prevenirse sino al que hay que atacarse con reflexion, discurso critico y accion politica>> (Preciado, 2007). Las actuales propuestas <<posporno>> encaran, justamente, esa tarea de deconstruccion de la imagen pornografica, creando una estetica feminista <<hecha de un trafico de signos y artefactos culturales y de la resignificacion critica de codigos normativos que el feminismo tradicional consideraba como impropios de la feminidad>> (Preciado, 2007).

Durante la maraton <<posporno>> que organizo el Museo de Arte Contemporaneo de Barcelona MACBA en 2004, Annie Sprinkle declaraba:

Posporno es material sexual explicito, que no es necesariamente erotico, suele ser mas ironico, mas politico, mas experimental, mas espiritual, mas feminista, mas alternativo, mas intelectual que el porno. El posporno tambien esta hecho para excitar, pero no unicamente a los hombres, y tambien esta hecho para pensar, experimentar, dialogar (Sprinkle, citada en Ziga, 2009, p.162)

Annie Sprinkle es la imagen emblematica del posporno, <<nuestra Mamma posporno, nuestra perra Alfa>> como le llama Itziar Ziga. Segun Sprinkle, <<en resumen, creo que la gente tiene derecho a comprar, vender y hacer pornografia; y mucha gente quiere eliminar ese derecho. Para mejor o para peor, quiero seguir expresandome en imagenes pornograficas y ganarme la vida haciendo algo para lo que soy buena y que a la gente le gusta>> (Sprinkle citada en Pheterson, 1989, p.223).

Tal como recoge Gail Pheterson en su libro Nosotras, Las Putas (1989) que constituye un acta del II Congreso Mundial de Putas realizado en el Parlamento Europeo en Bruselas (octubre de 1986), Annie Sprinkle se presentaba a si misma en aquella ocasion declarando que habia hecho unas cien peliculas porno de larga duracion, otras cincuenta de ocho milimetros y que habia trabajado como modelo desnuda para casi todas las revistas para hombres de Estados Unidos. <<Tambien he sido prostituta durante nueve anos, casi siempre en salones de masaje>> y anade: <<Personalmente encuentro que hacer pornografia es mucho mas divertido y creativo que ser prostituta>>. Nunca fue obligada y siempre conto con buena suerte en sus negocios, gracias a los cuales ha ganado mucho dinero: <<Fui la puta feliz, la pornografa feliz, ya sabeis>> (Sprinkle citada en Pheterson, 1989, p.222).

En su intervencion en tal Congreso, Sprinkle afirmo que para cada uno de los argumentos en contra de la pornografia hay tambien un aspecto positivo. Por ejemplo: <<probablemente la pornografia confunda a la gente acerca de la sexualidad, pero tambien probablemente resuelve los problemas sexuales de otras personas>> (Sprinkle citada en Pheterson, 1989, p.222). Si bien existe una cantidad de pornografia realmente horrible>> --afirma-- <<tambien he hecho cosas de las que estoy orgullosa, que me gustan realmente y que encuentro muy creativas>> (Sprinkle citada en Pheterson, 1989, p.223). Frente a todo la pornografia misogina y sexista que abunda, la propuesta de Sprinkle es siempre la misma: <<si no os gusta la pornografia que existe, cread vuestro propio porno>> (Sprinkle citada en Ziga, 2009, p.162)

Es celebre su performance titulado The Public Cervix Announcement, en el que Sprinkle invita al publico asistente a examinar su vagina a traves de un especulo ginecologico. Ziga describe asi aquellas --ya miticas-- imagenes:

Annie, maquillada, escotada y divina como siempre sonrie con su habitual dulzura. Y las espectadoras --de todo genero-- le dicen: gracias, es muy bonito. Esa sonrisa de la puta que controla la situacion, de la actriz porno que dice <<quereis mi cono, pues os lo voy a ensenar hasta el fondo>>, es el paradigma de lo que yo pienso que suponemos las perras sin collar en este mundo heteronormativo (Ziga, 2009, p.161)

Segun la periodista y critica de arte Mery Cuesta, el discurso pos-pornografico que propone Sprinkle <<rechaza la representacion clasica del sexo tal y como ha sido impuesta por la pornografia convencional (...) y se centra en crear representaciones de la sexualidad alternativas que conllevan una politizacion de la mirada pornografica>> (Cuesta citada en Costa, 2006, 2006, p.153).

A modo de conclusion

Tenemos entonces que la tension placer-peligro, en la cual se articulan los debates feministas sobre la pornografia, continua latente, y que tales debates se actualizan respondiendo a las especificidades espaciotemporales en las cuales tienen lugar. Si bien los principales argumentos de las antipornografas estadounidenses (los cuales, como queda dicho, no solo obedecen a motivaciones morales) continuan iluminando las posturas que abogan por la abolicion total de la pornografia, tambien los argumentos de las feministas pro-sex han encontrado eco en los anos posteriores, dando lugar a propuestas de activismo que encuentran en la pos-pornografia su lenguaje por excelencia. Asi, mas que un cierre, propongo para finalizar este articulo una apertura: el reto de pensar, a luz de la historia y los argumentos expuestos, que comprension de la pornografia resulta operante en nuestro contexto particular (el cual, dadas otras urgencias, no ha prestado a este fenomeno la atencion que demanda) y que acciones podrian derivarse de dicha comprension. Por lo mismo, este trabajo constituye solamente un necesario punto de partida.

Recibido el 26 de febrero de 2010. Aprobado el 12 de abril de 2010.

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Nancy Prada Prada (2)

Universidad Nacional de Colombia

(1) Este articulo esta basado en la tesis de maestria titulada, <<Fui la puta feliz, la pornografa feliz, ya sabeis>> Debates feministas sobre la pornografia, Maestria en Genero, Identidad y Ciudadania de la Universidad de Cadiz (Espana).

(2) Pertenece al GIEG (Grupo Interdisciplinar de Estudios de Genero) de la Escuela de Estudios de Genero de la Universidad Nacional de Colombia. Tiene un Master en Genero, Identidad y Ciudadania de la Universidad de Cadiz (Espana). Entre sus publicaciones cuenta con los libros Secretos humedos. Historias sexuales de mujeres reales (2008) y El sexo de Sofia (2007). Ha sido Becaria de la Fundacion Carolina (Espana, 2008-2009), y beneficiaria del programa <<Becas para Estudiantes Sobresalientes de Posgrado>>, Universidad Nacional de Colombia (2007-2008). E-mail: nancyprada@gmail.com

(3) Andrea Dworkin (1946-2005). Escritora y activista, lider del movimiento antipornografia en Estados Unidos. Licenciada en Literatura, autora de una larga lista de obras de ensayo, cuento y novela. Entre sus libros de ensayo se encuentran: Pornography--Men Possessing Women (1981), Civil Rights: A New Day for Women's Equality (1988), Right-Wing Women: The Politics of Domesticated Females (1991), In Harm's Way: The Pornography Civil Rights Hearings (1997), Heartbreak: The Political Memoir of a Feminist Militant (2002)

(4) Catharine MacKinnon es Abogada, doctorada en la Universidad de Yale. Actualmente es profesora de Derecho en la Universidad de Michigan y profesora visitante en Harvard. Entre sus libros se encuentran: Toward a Feminist Theory of the State (1989), Only Words (1993), Women's Lives, Men's Laws (2005), Are Women Human?: And Other International Dialogues (2006)

(5) Existen otros problemas normativos y metodologicos, ademas del uso incorrecto de la teoria de actos de habla (cf. Ogien, 2005. p.p. 121-131, 150-160).

(6) Gayle Rubin es antropologa y teorica feminista. Es celebre su ensayo <<The Traffic in Women: Notes on the 'Political Economy' of Sex>> (1975), en el que se propone por primera vez la teoria del sistema sexo/ genero. Otros de sus ensayos son: The Leather Menace (1982); The Catacombs: A temple of the Butthole (1991); Of Catamites and Kings: Reflections on Butch, Gender, and Boundaries (1992); Sites, Settlements, and Urban Sex: Archaeology and the Study of Gay Leathermen in San Francisco 1955-1995 (2000); Studying Sexual Subcultures: the Ethnography of Gay Communities in Urban North America (2002).

(7) (Jeffreys, 1996), desarrollara esta idea en su libro La herejia lesbiana.
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Author:Prada Prada, Nancy
Publication:La Manzana de la discordia
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2010
Words:14943
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