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?La sociedad civil como agente democratizado? Una aproximacion desde la teoria politica.

Civil Society as an Agent of Democratization? A Political Theory Perspective

Introduccion

Hace ya casi tres decadas, en los anos ochenta del siglo pasado, resurgio un concepto, el de sociedad civil, que nos ha acompanado hasta el presente en debates de teoria politica (1). Cinco son los motivos que, con Helmut Dubiel (1994; 109), podemos citar para su reaparicion. En primer lugar, su auge se debio a la resistencia anticomunista en los antiguos paises satelites de la URSS. Los intelectuales polacos y hungaros creyeron hallar en esta nocion el termino que designaba tanto al sujeto que pondria fin a los Estados autoritarios socialistas, como a aquel que lideraria el transito hacia la democracia. La sociedad civil se trataba, por otra parte, de un termino que se alejaba tanto de la retorica revolucionaria, como del esquema restauracionista. En segundo lugar, el exito de la expresion se debio a la necesidad, por parte de las izquierdas occidentales, de encontrar un nuevo horizonte utopico. El termino les ayudaba, en efecto, a dibujar uno. El tercer motivo que podemos alegar con Dubiel se vincula a la autocomprension de los movimientos sociales. La nocion de sociedad civil les permitia a estos dar sentido a su propia accion. En cuarto lugar, el resurgir de la expresion hunde sus raices en el esfuerzo por parte de la filosofia anglosajona, especialmente del "liberalismo activista", por reconsiderar el liberalismo politico. Finalmente, citemos el papel desempenado por la "retorica politica" (Dubiel, 1994: 109). En este sentido, sociedad civil alude "a la tension de perfectibilidad dentro de las democracias liberales" una vez que la "contraposicion legitimadora" entre democracia liberal y socialismo totalitario habia desaparecido (Ibid.).

Aun hoy buena parte del debate en torno a este concepto se liga a los motivos precitados. La expresion sociedad civil se esgrime en proyectos de profundizacion democratica, constituye un hito para la auto-observacion social (por parte de actores sociales significativos) y se emplea como herramienta analitica con la que dar cuenta, desde la vicaria "exterioridad" (i.e. "objetividad") academica, de procesos de transformacion social y politica. Observemos, sin embargo, que tal y como sucede con todos los grandes conceptos que estructuran nuestro debate politico, mucho deben al pasado, pero mucho tambien han evolucionado. Actualmente no se suele admitir, por ejemplo, que sea lo mismo la "sociedad civil" bajo un regimen autoritario, que la sociedad civil en una democracia liberal (cf. Arato, 1996; Chambers y Kopstein, 2006: 366; Dubiel, 1994: 111-114; Dvofakova, 2008: 582). Los procesos sociales aludidos en cada caso distan mucho de ser aprehensibles bajo un mismo concepto.

Las siguientes paginas se centraran en la nocion de sociedad civil segun ha sido concebida para explicar y promover procesos de profundizacion y consolidacion en las democracias occidentales. En otros terminos, sera el potencial de la sociedad civil como agente democratizador y legitimador de la democracia lo que nos ocupe aqui. Para ello, recuperaremos inicialmente la tesis acerca de la dependencia de todo gran concepto de su pasado, por lo que, en lo que sigue, nos retrotraeremos varios siglos para comenzar el relato acerca de la sociedad civil. Posteriormente, pasaremos a exponer parte de su actual polisemia. En todo caso, se puede adelantar una conclusion que anos ha ya fue apuntada por Foley y Edwards (1996: 42): en el debate actual, el concepto de sociedad civil "parece adoptar las propiedades de un gas"; se expande o se contrae segun el caso de estudio que en cada momento se tenga delante. Lo que sigue, por tanto, es un repaso a una serie de visiones heterogeneas, pero significativas de la sociedad civil. De ellas deduciremos, al final, algunas conclusiones.

1. Tres Perspectivas "Clasicas" del Concepto de Sociedad Civil

Siguiendo a Fernando Vallespin (1996), podriamos comenzar distinguiendo tres grandes perspectivas desde las que contemplar la sociedad civil. De un lado, la que el politologo madrileno asocia a la figura de John Locke y la "Ilustracion escocesa" (Vallespin, 1996: 42). Desde este punto de vista, la sociedad es observada como anterior al Estado. Sus dinamicas y procesos de formacion son concebidos como enteramente autonomos con respecto a los canales estatales. La "sociedad civica" (civic society), desde esta optica, seria equivalente a la "sociedad economica" (economic society), y la opinion publica constituiria el elemento que permitiria "a la comunidad reconocerse como tal en una esfera de mutua y libre interaccion" (Ibid.).

En el otro extremo del espectro, Vallespin situa el modelo que liga a la figura de Montesquieu y, sobre todo, de Tocqueville. Segun esta perspectiva, la sociedad no puede ser definida con independencia de su constitucion politica. En el caso de Montesquieu, son los cuerpos intermedios, en el de Tocqueville, un vibrante tejido asociativo, amen de una democracia local activa y determinadas orientaciones civiles y religiosas ("habitos del corazon"), los factores que evitan un excesivo repliegue hacia lo privado. Por el contrario, es precisamente este mundo asociativo el que se constituya "en la misma infraestructura de la politica" (Vallespin, 1996: 43).

Entre estos dos modelos, Vallespin (1996: 43) situa la nocion de sociedad civil de Hegel. En ella se reconoce, de un lado, la autonomia del ambito social, que abarca tambien al sistema economico; del otro, empero, se le niega su autosuficiencia y se la declara en dependencia ultima del Estado.

La exposicion de estas tres visiones encierra al menos dos virtudes. De un lado, expone las lineas directrices con las que aun hoy se sigue pensando la sociedad civil. Estado, economia y sociedad son los tres aspectos que cada perspectiva contemporanea articula de modos diferentes, otorgandoles matices diversos, trazando fronteras distintas entre los mismos y deduciendo consecuencias dispares. A estos tres aspectos habria que anadirles, ocasionalmente, la nocion de "civilidad", que en algunos casos viene por simple anadidura (seria un epiteto asociado ya sea a la sociedad, a la economia o al Estado) y, en otros, constituye un elemento central para acotar que es exactamente eso que llamamos sociedad civil. Por otro lado, estos tres enfoques ponen de relieve la multiplicidad de formas que, en lo mas basico del planteamiento, caracteriza al debate actual. La sociedad civil es pensada esencialmente al margen del Estado (la perspectiva de Locke y de la Ilustracion escocesa); es pensada como parte del Estado o como soporte del mismo (el modelo que se deriva de Montesquieu y de Tocqueville); o, justo al contrario, el Estado es presentado como soporte de la sociedad (Hegel).

No obstante, el debate contemporaneo ha anadido nuevos matices y problemas a esta estructura triadica fundamental. Quizas por ello sea mas util abordar la situacion actual a partir de una version simplificada de dicha estructura. Si tomamos como referencia uno de los elementos precitados, el Estado, podemos referirnos a nociones de sociedad civil centradas en el Estado, y a otras que lo hacen en torno a la sociedad (Vallespin, 1996: 45).

2. Acepciones Contemporaneas del Concepto de Sociedad Civil

La Sociedad Civil como Estado

En lo referente a las primeras, no son estas precisamente abundantes en la actualidad. Al menos no, en el sentido que se quiere dar aqui a esta idea, la de "centradas en el Estado" (2). Como representante destacado de este tipo de conceptos de sociedad civil, es decir, de los que se centran en el Estado, podriamos citar a Victor Perez-Diaz (1995). Para el, "las sociedades civiles historicas, reales, han sido siempre naciones especificas" (Perez-Diaz, 1995: 81). La nocion de sociedad civil trata de aprehender, por tanto, una experiencia historica. Alude a un nucleo de instituciones socioeconomicas y politicas que, conectadas a determinadas disposiciones culturales, han caracterizado a ciertas sociedades del Atlantico Norte durante los ultimos siglos. Dicho nucleo institucional ha consistido en una particular combinacion de arreglos politicos y socioeconomicos: un gobierno limitado y obligado a rendir cuentas (accountable), que opera bajo el imperio de la ley (rule of law), una economia de mercado (lo cual implica un regimen de propiedad privada), una variedad de asociaciones libres y voluntarias (politicas, economicas, sociales y culturales) y una esfera de debate publico libre. Una sociedad civil es, de acuerdo a Perez-Diaz (1995: 81-82), una particular combinacion de "asociacion civil" (civil association) y de "asociacion como empresa" (association as enterprise) (3), esto es, de asociacion orientada al interes general, abstracto y altruista, y de asociacion en pos de un interes y objetivo comun. Significa esto, entonces, que la sociedad civil combina en el plano de los valores morales que fomenta o permite intereses egoistas y espacios de accion privados, de un lado, e intereses comunes y vinculos de solidaridad, co-responsabilidad y de copertenencia, del otro (Perez-Diaz, 1995: 82-83). Tal combinacion de valores no se trataria, de ningun modo, de una sintesis en la que las tensiones hubiesen sido ya superadas, sino que la habilidad de la sociedad civil estribaria en encontrar un precario y siempre dificil equilibrio entre ambos grupos de valores y actitudes.

Si bien esta nocion propuesta por Perez-Diaz resulta ciertamente particular dentro de la pletora de definiciones que encontramos actualmente, no esta por ello exenta de virtudes. Tal concepcion de sociedad civil facilita, por una parte, el dialogo entre nuestra situacion presente y la tradicion liberal clasica; al tiempo que se nos provee de un concepto que subraya el caracter relacional de la sociedad civil: se trata de un juego de interacciones, abierto e indeterminado, entre elementos heterogeneos que trata de dejar a un lado la esperanza de encontrar un unico centro fundacional o alguna suerte de actor historico privilegiado (Perez-Diaz, 1995: 98-99).

Conceptos de Sociedad Civil Centrados en la Sociedad

En lo referido a los conceptos de sociedad civil centrados en la sociedad, suelen provenir estos de perspectivas preocupadas no solo por definir el contenido de la sociedad civil, sino tambien (en algunos casos habria que decir sobre todo) sus fronteras con respecto a otros ambitos igualmente relevantes; tipicamente, el Estado. En el trazo de dichos limites se asume, en la actualidad, que tanto aspectos mas propiamente sociologicos, como otros de naturaleza mas bien legal deben ser considerados. Pues estos ultimos terminan por actuar sobre los primeros (cf. Arato, 1996; Chambers y Kopstein, 2006: 366; Dubiel, 1994: 111-114; Dvofakova, 2008: 582). Dibujadas estas lineas divisorias, es decir, la que separa al Estado de la sociedad civil y la que hace lo propio entre regimenes autoritarios y liberales, en virtud de la desigual frontera legal que en unos y otros se dibuja entre Estado y sociedad, las perspectivas contemporaneas discrepan en la concepcion que tienen de las relaciones entre Estado y sociedad civil. Asi, por ejemplo, John Keane (1988: 19) pretende expresamente pensar la sociedad civil contra el Estado. Precisamente frente a esto John A. Hall (1995: 16) nos advierte del error de imaginar a la sociedad civil como opuesta a aquel. En efecto, dadas las repercusiones sociologicas que acarrea un determinado marco legal (liberal), no deberiamos suponer que los dos elementos precitados se encuentren enfrentados. Mas bien, nos dice Hall, la sociedad civil requiere del Estado --y en este sentido se complementan y no se oponen-- "como proteccion y para garantizar ciertas condiciones sociales basicas" (Ibid.).

Con el fin de ordenar el debate contemporaneo entre todas las concepciones de sociedad civil centradas en la sociedad, una estrategia mas fructifera que la de diferenciar segun el criterio de "enfrentamiento con / complementariedad al Estado", que --como hemos visto-- es conceptualmente erroneo, es la de agruparlas en las siguientes dos categorias: "sociedad civil en apoyo del Estado" y "sociedad civil en dialogo con el Estado" (cf. Chambers y Kopstein, 2006) (4). No definen, como se habra deducido, enfoques mutuamente excluyentes ni pretenden constituir una tipologia exhaustiva. Simplemente, tratan de introducir un punto de orden dentro de la pletora de conceptos de sociedad civil "centrados en la sociedad". Como veremos, tanto en las perspectivas que se preocupan por la "sociedad civil en apoyo del Estado", como en las que lo hacen por su "dialogo con el Estado", se dan cita el enfrentamiento y la complementariedad con este.

La Sociedad Civil en Apoyo del Estado

El enfoque de la sociedad civil en apoyo del Estado asume un punto de vista neo-tocquevilleano, que enlaza con el debate acerca del capital social y de las asociaciones como escuelas de democracia. Se trataria, para estos autores, de un argumento analogo al de la mano invisible, pero aplicado a la vida asociativa. Si bien Tocqueville no hablaba tanto de sociedad civil como de asociacionismo, sus reflexiones pueden ser traidas a colacion sin violentar demasiado sus argumentos.

Para el, "[l]os sentimientos y las ideas no se renuevan, el corazon no se engrandece, ni el espiritu humano se desarrolla, sino por la accion reciproca de unos hombres sobre otros. (...) y esto solo las asociaciones pueden lograrlo." (Tocqueville, 1840: 142). Como sostendra mas adelante, "[e]ntre las leyes que rigen las sociedades humanas, hay una que parece la mas precisa y clara. Para que los hombres conserven su civilizacion, o la adquieran, es preciso que la practica asociativa se desarrolle y se perfeccione en la misma proporcion en que aumenta la igualdad en las condiciones sociales." (Tocqueville, 1840: 144). Es decir, en la misma medida en que avanza el proceso de individualizacion y de atomizacion (cf. Tocqueville, 1840: 133). En suma, las asociaciones protegen frente al egoismo y el aislamiento que emerge del mercado, al tiempo que se constituyen, como se cito mas arriba, "en la misma infraestructura de la politica" (Vallespin, 1996: 43). Amplian lealtades, fomentan virtudes y alumbran ideas nuevas. Robert Putnam (1993) es el heredero mas conocido de esta tradicion (5).

Dentro de esta categoria de "sociedad civil en apoyo del Estado", pero en dialogo critico con este enfoque neo-tocquevilleano, podriamos situar un grupo de autores cuyo pensamiento enfatiza sobre todo el pluralismo de la sociedad civil y, con el, una perspectiva mas contextualista. Para ellos, por decirlo brevemente, la sociedad civil actua (o puede hacerlo) en apoyo del Estado; pero nunca de un modo tan limpido como el sugerido por Tocqueville.

Atendamos, en primer lugar, a la perspectiva de Nancy L. Rosenblum (1994). Su argumento presupone una premisa que, en otro contexto, es desarrollada con mayor claridad por Goran Ahrne (1998). De acuerdo a este sociologo, las cualidades de la sociedad civil no pueden exceder a las de sus unidades constitutivas; a saber, las organizaciones. En este sentido, estas tienden a ser mas bien inciviles (uncivil), en la medida en que precisan de formas de exclusion y de relaciones asimetricas entre los seres humanos (cf. Ahrne, 1998: 93). La sociedad civil, por tanto, no deberia ser concebida --segun Ahrne-- como un dechado de virtudes. Pero si no son paladines de la civilidad, tampoco suele ocurrir que esten frontalmente renidas con esta. El valor de la sociedad civil --se desprende de este argumento-- estriba en su pluralidad. Rosenblum parte, en efecto, de esta preconcepcion pluralista de la sociedad civil y anade a esta imagen la siguiente tesis: "no existe un unico uso moral del pluralismo" (Rosenblum, 1994: 546). Idealmente, sus "funciones" son atemperar la orientacion por el interes egoista y miope, integrar en redes sociales a personas desconectadas de las mismas e, inversamente, relajar el control exacerbado que comunidades tendencialmente totalitarias puedan ejercer sobre sus miembros. Son, evidentemente, "funciones" que coexisten en tension, cuando no en oposicion abierta. Por tal motivo, la autora, sin negar el potencial de la sociedad civil para actuar "en apoyo" del Estado, nos arenga a adoptar una actitud algo mas esceptica y, sobre todo, a conceder mayor atencion al contexto. No nos deberia interesar tanto la estructura en si de la sociedad civil, su valor en abstracto, sino las dinamicas que, en efecto, alimenta en contextos precisos. Cualquier otra generalizacion seria apresurada.

Para Michael Walzer (1990), otro autor destacado que puede ser incluido dentro de esta categoria, la nocion de sociedad civil alude tanto al espacio de asociacionismo no coercitivo, como a las redes que dan contenido a dicho espacio. La sociedad civil se definiria, en fin, como un espacio de espacios (setting of settings; Walzer, 1990: 98). Esto es, como un entorno que posibilita que diferentes concepciones eticas, i.e. ligadas a una determinada concepcion de la vida buena, sean llevadas a la practica y compitan entre si. Por tanto, la sociedad civil no constituye, al menos en principio, la encarnacion de un proyecto etico autonomo, sino que se nos revela, mas banalmente, como el escenario (vacio) que debe dar cabida al pluralismo contemporaneo (y, a la vez, como ese mismo pluralismo).

Para Walzer (1990: 103) el Estado se situaria frente a la sociedad civil, en una situacion paradojica: representa un actor entre otros en medio de tal pluralismo y actua, a la vez, como el agente que enmarca a la propia sociedad civil. De este modo, el valor de esta radicaria en dos "funciones", cuyo desempeno satisfactorio no viene, empero, garantizado. De un lado, deberia controlar e incidir sobre el poder estatal, es decir, la sociedad civil se situaria frente al Estado; y del otro, promocionar ciudadanos cuya altura de miras fuese mas alla de ellos mismos y de sus companeros. Que se preocupasen, en fin, por la comunidad politica, es decir, el Estado, pues garantiza la institucionalizacion de la sociedad civil en tanto que espacio. Esta actuaria, en suma, en apoyo del Estado.

Jeffrey C. Alexander (1993; 1997) tambien parte de presupuestos pluralistas, pero les concedera un nuevo enfoque. Para el sociologo, las formas relativamente espontaneas de socialidad resultan ambiguas y no pueden ser apresuradamente identificadas como fuentes de civilidad, como harian tendencialmente Cohen y Arato (cf. infra). Sociedad civil no equivaldria, automaticamente, a altruismo y orientacion al bien general; pero tampoco a lo contrario. La atraviesa, mas bien, una indeleble ambiguedad, cuya necesidad puede ser logicamente explicada --segun Alexander (1993)--. Y esta explicacion se hallaria justamente en que todo discurso acerca del Bien, la Razon o lo Razonable, germenes de civilidad, debe necesariamente postular conceptos opuestos: el Mal, lo Irracional o lo Irrazonable, siempre prestos a ser atribuidos a algun otro grupo social y a justificar, por tanto, su exclusion. La tension entre lo civico (universalista, incluyente) y lo incivico (particularista, excluyente) se hallaria, en fin, inscrita desde siempre en el seno de la sociedad civil.

Posteriormente, Alexander (1997) enfocaria esta cuestion desde otro angulo, aunque tratando de conservar aun lo que considera como la "paradoja de la sociedad civil"; esto es, su ambiguedad consustancial. Considera que, para ser analiticamente fructifera, la nocion de sociedad civil deberia referirse, exclusivamente, a una esfera especifica de la sociedad; precisamente, aquella que se nos aparece como un espacio de solidaridad ciudadana situado bajo el paraguas de una identidad colectiva compartida, esto es, de un Nosotros. En tanto que fundamento unificador del demos y promotor de la orientacion por el bien comun, la sociedad civil asi concebida actuaria en apoyo del Estado, es decir, de la comunidad politica considerada en su conjunto.

Habria que considerar, ademas, lo siguiente. La sociedad civil constituiria --para Alexander-- una esfera social entre otras, tales que la religiosa, familiar y cientifica, que se situaria a caballo entre la Gemeinschaft y la Gesellschaft, aunando tanto solidaridad y cohesion, como pluralidad, contestacion e individualidad. Por supuesto, Alexander se muestra consciente de la tension que existe entre la particularidad de toda identidad colectiva, necesaria para generar solidaridad y cohesion, y la abstraccion de los valores universalistas que deben informarla, si ha de acoger la diferencia y la autonomia individual. Por definicion, ambos polos coexistirian en tension, informandose mutuamente. Constituye esto, precisamente, la "paradoja de la sociedad civil".

En todo caso, sin entrar a discutir el acierto de una aproximacion como esta, conviene ahora subrayar la principal aportacion del sociologo norteamericano. A saber, definir a la sociedad civil por su contenido (no exento de ambiguedad, es cierto), para de este modo ganar un concepto de sociedad civil que, por distinguirla de esferas articuladas de acuerdo a otras logicas (el intercambio economico, el parentesco, la produccion de conocimiento etc.), sea apta para el trabajo analitico. En otros terminos, el tratamiento que Alexander realiza del pluralismo sigue una doble via: de un lado, lo integra en el concepto de sociedad civil en la forma de una ambiguedad que le es inherente y que nos priva, por tanto, de valoraciones simples y unidireccionales; del otro --y aqui radica lo verdaderamente novedoso-- trata de acotar un espacio dentro del pluralismo de lo social que, si bien no es enteramente homogeneo y se encuentra libre de tensiones, si se encuentra regido, al menos, por logicas que lo diferencian no solo del Estado y del mercado, como viene siendo habitual, sino tambien de otras esferas sociales (la familia, la religion o la ciencia, por ejemplo) animadas supuestamente por otras dinamicas.

La Sociedad Civil en Dialogo con el Estado

Finalmente, entre los enfoques que observan la sociedad civil "en dialogo" con el Estado deberiamos destacar las aportaciones de Jean L. Cohen y Andrew Arato (1992), de un lado, y Jurgen Habermas (1992), del otro. Para los primeros, la sociedad civil seria una esfera de interaccion entre la economia y el Estado, compuesta tanto por la esfera intima (especialmente la familiar), el tejido asociativo (sobre todo asociaciones voluntarias), movimientos sociales y las diversas formas de comunicacion publica (Cohen y Arato, 1992: ix). Los autores matizan que con el termino sociedad civil no se estan refiriendo a todo tipo de relaciones sociales fuera del Estado y de la economia. Distinguen entre sociedad civil, sociedad politica, que engloba a partidos politicos, organizaciones politicas y "publicos politicos" (en especial, los parlamentos), y sociedad economica, que alude a organizaciones de produccion y distribucion, generalmente firmas, cooperativas, asociaciones etc. Para Cohen y Arato (1992: ix), la sociedad politica y la sociedad economica surgen de la sociedad civil, comparten con esta algunas de sus formas de organizacion y comunicacion, y encuentran su institucionalizacion a traves de derechos, especialmente politicos y de propiedad. Sin embargo, los actores de estas dos esferas se ven directamente envueltos en el poder estatal y en la produccion economica, que tratan de controlar y gestionar. Esto significa --de acuerdo a estos dos autores (Ibid.)-- que los actores de estas dos esferas no pueden permitirse la libertad de subordinar los criterios economicos e instrumentales a los procesos de integracion normativa y de comunicacion abierta que caracterizarian a la sociedad civil. Supuestamente, de acuerdo a Cohen y Arato (1992: ix-x), el papel politico de la sociedad civil no se encaminaria a la conquista del poder estatal, sino a su influencia. De manera similar ocurriria con el rol economico de la sociedad civil, es decir, esta no trataria de controlar la economia, sino de influenciar su curso. En ambos casos, la sociedad politica y la sociedad economica son contempladas como mediadoras entre la sociedad civil, de un lado, y el Estado y la economia, del otro.

Este modelo consigue que se manifieste una ambiguedad teoricamente fructifera. En efecto, para Cohen y Arato la supervivencia de la sociedad civil requiere, al menos en el largo plazo, de su "institucionalizacion" (Cohen y Arato, 1992: ix) o, en otros terminos, de una tal estructura legal y del reconocimiento de determinados derechos basicos que permitan, a la postre, diferenciar a la sociedad civil del Estado y, cuando menos "tendencialmente", de la economia (Cohen y Arato, 1992: 346). Por este motivo, la sociedad civil no queda simplemente equiparada a la categoria de mundo de la vida, es decir, a aquellos puntos del entramado social en los que impera la integracion linguisticamente mediada (Habermas, 1981: 169-215). Se refiere, mas concretamente, a las "estructuras de socializacion, asociaciones y formas organizadas de comunicacion dentro del mundo de la vida, en tanto que institucionalizadas o en proceso de institucionalizaci on" (Cohen y Arato, 1992: x). Asimismo, lo anterior implica tambien que la sociedad civil no se encuentra, necesariamente, opuesta a la economia y al Estado. Puede estarlo, al menos parcialmente, lo cual ocurrira, sobre todo, cuando estos dos ambitos, Estado y economia, consigan aislar sus procesos de decision de la presion ejercida desde la sociedad civil (Cohen y Arato, 1992: x-xi).

La nocion de sociedad civil en Cohen y Arato (1992: 18-19) esta pensada como elemento crucial para el mantenimiento de una vida democratica. La sociedad civil no se orienta hacia la esfera privada, sino que lo hace, activamente, hacia la publica. Sin embargo, al contrario que los "democratas radicales" (Cohen y Arato, 1992: 19), los teoricos norteamericanos no conciben un demos unificado y volcado, idealmente, sobre la vida publica, sino que insertan los criterios normativos de los teoricos de la participacion en sociedades estructuralmente diferenciadas. En este rol de la sociedad civil como sustento de la democracia, conceden a los movimientos sociales un papel privilegiado (Cohen y Arato, 1992: 19-20). La propuesta de Cohen y Arato trata, por tanto, de conjugar los derechos liberales con los requerimientos democraticos de participacion. Si bien ambos principios coexisten en tension, los autores consideran que pueden ser remitidos a un mismo modelo teorico normativo, el de la etica del discurso, acunado por Habermas (Cohen y Arato, 1992: 20-21).

Del filosofo aleman, Cohen y Arato asumen, ademas, su tesis acerca de la colonizacion sistemica del mundo de la vida. Recordemos brevemente que, para Habermas (1981: 429-527), el mundo de la vida se encuentra asediado por los imperativos que emanan de estructuras abstractas (el Estado y la economia) e integradas funcionalmente, esto es, al margen de procesos conscientes e intencionales (es decir, "linguisticamente mediados") por parte de los actores sociales. El valor que Cohen y Arato atribuyen a la sociedad civil radica, entonces, en su capacidad para defender el mundo de la vida de los imperativos sistemicos que la economia y la burocracia estatal introducen en el; sin que esto suponga, por otra parte, renunciar a la autonomia (relativa) de estas esferas (sociedad civil, economia y Estado). Defender el mundo de la vida, ademas, sin caer en propuestas neoconservadoras:

"Apelaciones a la familia, la tradicion o la comunidad pueden fomentar el fundamentalismo destructivo de falsas comunidades, tan facilmente manipuladas desde arriba, a no ser que los logros del liberalismo (el principio de derechos [principle of rights --i.e. el derecho a tener derechos]), la democracia (el principio de la participacion y el discurso [discourse --i.e. la deliberacion colectiva]) y la justicia (una precondicion de la solidaridad) sean defendidos en primer lugar y, posteriormente, complementados con nuevas formas democraticas e igualitarias de asociacion en el seno de la sociedad civil" (Cohen y Arato, 1992: 24).

Cohen y Arato, en suma, dibujan un escenario que trata de capturar las complejas relaciones que existen entre diversos ordenes de la vida social y politica. Reconocen la dependencia de la sociedad civil respecto de la regulacion estatal; la importancia de la diferenciacion funcional para las sociedades modernas (es decir, el valor de la descentralizacion y autonomizacion relativa de la economia, asi como de la autonomizacion tambien parcial del Estado); pero tambien los peligros asociados a esta: excesiva autonomizacion del Estado y de la esfera economica y, mas aun, colonizacion del mundo de la vida por parte de estas dos instancias. Lo que tratan de alcanzar estos teoricos politicos es un dificil equilibrio entre estos diversos elementos y para tal fin dibujan la nocion de sociedad civil que aqui se ha presentado con trazos gruesos: una sociedad civil que depende del Estado, pero que tambien es capaz de oponerse a el; que defiende el mundo de la vida, sin solaparse por entero con el; que trata de preservar ciertos aspectos del proceso de modernizacion, pero que aspira a corregir otros; y que es potencialmente capaz de ejercer influencia sobre el Estado y la economia a traves, principalmente, de la esfera publica y de formas de accion colectiva no violentas, sino encaminadas, ante todo, a llamar la atencion sobre ciertos problemas y popularizar nuevas semanticas y narrativas.

La principal aportacion de perspectivas como la de Cohen y Arato estriba en que logra que apartemos parcialmente la mirada de las instituciones publicas y contemplemos la vida politica y el proyecto democratico como cuestiones que en gran medida dependen del sustrato asociativo y comunicativo de nuestras sociedades (al respecto, vease tambien Rodel, 1996), e incluso de ambitos privados como las relaciones familiares. Seria en este complejo entramado de relaciones entre sociedad civil, Estado, sociedad politica, economia y sociedad economica en la que, de acuerdo a Cohen y Arato, deberiamos contemplar, a riesgo de caer en simplificaciones excesivas, los principales hitos de nuestra vida politica y social: la integracion (normativa, afectiva y funcional) de nuestras sociedades, la extension real de derechos, la fuerza normativa de estos (que, en tanto arraigan en procesos comunicativos, difieren de modelos como el del derecho positivo y el derecho natural); amen de buscar en aquel entramado de relaciones entre la sociedad civil, el Estado y el mercado los resortes y las fuerzas para el cambio social y politico.

Finalmente, la obra de Habermas (1992) nos presenta un concepto de sociedad civil que alude a agrupaciones (Zusammenschlusse), movimientos sociales, organizaciones y asociaciones de caracter voluntario y de naturaleza no estatal ni economica, que anclan las estructuras de comunicacion de la esfera publica en los componentes sociales del mundo de la vida (Habermas, 1992: 443-4). Significa esto, por tanto, que la sociedad civil recoge, condensa y da expresion publica a los problemas (sociales, en tanto que compartidos) que la ciudadania experimenta en su vida cotidiana. Al igual que Cohen y Arato, Habermas ve en la sociedad civil un espacio normativamente privilegiado, pues en ella cristalizan en mayor medida que en otros ambitos sociales los principios normativos insitos a nuestra praxis comunicativa (6): la sociedad civil --a juicio del filosofo aleman-- es esencialmente igualitaria, abierta y se orienta al interes general (Ibid.).

El valor de la sociedad civil en la vida politica queda condicionado, en el pensamiento de Habermas, por el modelo con el que piensa el sistema politico. Se trata de un modelo de exclusas ordenado en torno a un eje centro / periferia y caracterizado por dos metodos de abordar y resolver los problemas (zwei Arten der Problemverarbeitung; Habermas, 1992: 430). En el centro se situa el gobierno y la administracion, la justicia, el parlamento, partidos politicos, sistema electoral etc. Se trata, por tanto, de un centro poliarquico, con competencias especificas y formalizadas. En la periferia, por su parte, encontramos a los Abnehemer, es decir, clientes, actores sociales orientados a los outputs del sistema, y a los Zulieferer o proveedores, que se orientan hacia los inputs en el sistema. La relevancia que, desde el punto de vista de la deontologia democratica, cabe atribuir a la sociedad civil radica en su funcion de "proveedora" del sistema. En la sociedad civil se gesta la comunicacion informal que luego debera llegar a la opinion publica, dominada por los medios de comunicacion de masas. Contribuye a lanzar temas a la palestra, propone soluciones, aduce argumentos, vierte criticas, defiende valores etc. Para adquirir legitimidad, el sistema politico debe ser capaz de atender a estos flujos comunicativos y de traducirlos en politicas publicas (Habermas, 1992: 432).

La sociedad civil actua en el modelo habermasiano, asi como en el propuesto por Cohen y Arato, tanto de manera defensiva como ofensiva, funciones que se conjugan tipicamente en los movimientos sociales. Actua ofensivamente, cuando persigue un determinado proyecto hegemonico: plantea problemas, soluciones, perspectivas, valores etc. Defensivamente, cuando lucha a favor del mantenimiento y profundizacion de la propia sociedad civil (Habermas, 1992: 447-8).

Por otra parte, el filosofo aleman es contundente a la hora de marcar los limites de lo que podriamos denominar la "funcionalidad" de la sociedad civil. Esta no es, de ningun modo, un nuevo sujeto historico que pueda o deba controlar a la sociedad en su conjunto ni que nos ofrezca, en exclusiva, la vara de medida con la que determinar la legitimidad o ilegitimidad de los outputs politicos (Habermas, 1992: 450). Al igual que para Cohen y Arato, para Habermas una sociedad compleja tiene necesidad de diferenciarse en subsistemas, razon por la cual la sociedad civil no deberia ignorar la existencia de diversos subsistemas sociales con intereses, criterios de valoracion y normas de funcionamiento diversos.

Una consideracion especialmente interesante que nos ofrece el filosofo aleman es la diferenciacion entre dos "circuitos" (Kreislaufe) de poder. El que se ha esbozado hasta ahora, que seria el circuito "oficial", y el rutinario (Habermas, 1992: 433). El primero no solo se ve cotidianamente desmentido por la observacion empirica, sino que requiere, en su propio diseno conceptual, de una contra-dinamica que lo libere de la sobrecarga de complejidad, que por otro lado no es siempre politicamente relevante. En el ciclo rutinario, el sistema politico tendria a aislarse de lo social y de sus demandas; las politicas publicas no emergerian del agora, sino de los despachos de funcionarios publicos y de burocratas de partido; que no estarian interesados en el interes general, sino mas bien en asuntos partidistas o de pura promocion profesional; seria, finalmente, el marketing politico el que sustituyese a la practica deliberativa en la sociedad civil y el espacio publico.

Con esto, Habermas introduce un nuevo elemento, mas realista, pero tambien menos utopico y con menor potencial critico, en el debate en torno a la sociedad civil. El modelo rutinario cuenta con virtudes innegables, siendo la primera de ellas su capacidad para resolver asuntos cotidianos sin sobrecargar el sistema politico. Reconociendo esto, el filosofo replantea las exigencias normativas que se proyectan sobre dicho sistema. Lo fundamental seria, ahora, si la sociedad civil es capaz, cuando las condiciones o la relevancia del tema tratado asi lo aconsejan, de transmutar el ciclo de funcionamiento rutinario en el oficial (Habermas, 1992: 434). Una expectativa, por otra parte, que el propio autor estima problematica (Ibid.), que requiere de ciertos elementos (a saber, una determinada cultura politica liberal y un determinado tejido asociativo) que no se encuentran sencillamente a disposicion de la ciudadania (Habermas, 1992: 435), sino que presuponen pautas culturales gestadas en el largo plazo. Es por esto que incluso esta version algo menos exigente de la sociedad civil que la presentada por Cohen y Arato ha sido cuestionada por presuponer, quizas, "una excesiva anticipacion de una sociedad ya reconciliada" (Vallespin, 1997: 223).

3. La Utilidad del Concepto de Sociedad Civil para el Proyecto de Profundizacion Democratica

Las discrepancias en torno a la nocion de sociedad civil afectan tanto a la determinacion de su referente, como a la precision de los atributos de dicho referente, pese a que los autores mencionados hasta ahora consideren ambos aspectos conjuntamente. Las cuestiones que estructuran el debate son, por tanto, basicamente dos: la que se interroga por los atributos de un referente (?que podemos predicar del mismo?) y la que se cuestiona, a la luz de dichos atributos, por la idoneidad de singularizar un determinado objeto o referente (?aquello que predicamos del mismo justifica que seleccionemos y singularicemos una determinada parcela de la realidad y que nos refiramos a ella con un unico termino, como si constituyese, en efecto, una unidad?). Los autores vistos hasta ahora juegan con estos dos aspectos y los combinan y aprecian de modos diferentes, obteniendo, a la postre, resultados distintos.

Por centrarnos ahora en el polo del referente, nos fijabamos mas arriba en un concepto de sociedad civil, el de Perez-Diaz, que aludia a un tipo determinado de configuracion socioeconomica y politica. El sociologo espanol nombraba con el termino sociedad civil un nucleo institucional, historicamente identificable, que --a su juicio-- era capaz de producir efectos caracteristicos. Esta no es, ciertamente, la concepcion de sociedad civil mas extendida actualmente, pero la perspectiva que abre no deja por ello de ser interesante. El hecho mismo de que Perez-Diaz haya optado por construir el concepto de sociedad civil con esta amplitud ya pone de manifiesto las enormes dificultades con las que se enfrentaran los otros conceptos, que pretenden identificar un espacio mas acotado y especifico dentro de estas configuraciones socioeconomicas y politicas, y reservar el termino "sociedad civil" para designar dicho espacio. La aproximacion de Perez-Diaz pone de manifiesto que la imbricacion de elementos de la sociedad civil (en sentido restringido; i.e. la nocion propugnada por otros autores) con aspectos supuestamente externos a la misma (el Estado, la economia) es tal, que no resulta descabellado operar con un concepto amplio de la misma; es decir, tomando como referente ciertas configuraciones socioeconomicas y politicas en su conjunto.

En el extremo opuesto encontrabamos a Alexander, el autor que mas restringe el referente de la sociedad civil. Recordemos que, con esta nocion, el sociologo norteamericano designa una esfera especifica de la sociedad. Una esfera, por lo demas, que debe caracterizarse por ciertas logicas sociales que la distinguen no solo del Estado y la economia, sino tambien de otros ambitos sociales: el cientifico, familiar o el religioso, por ejemplo. Trazar las fronteras entre tales esferas resulta, cuando menos, un esfuerzo titanico, aunque en buena medida necesario, si no queremos caer en la imprecision conceptual. No obstante, llevada hasta el extremo la propuesta de Alexander, se corre el riesgo de fragmentar en exceso nuestra mirada sobre lo social y hacernos perder de vista las intricadas interrelaciones entre diversas esferas, como bien subrayaba la propuesta de Perez-Diaz. Por el contrario, si se la persiguiese simplemente de un modo laxo, la propuesta de Alexander no seria, bien mirada, muy diferente de la que plantea la mayoria de los restantes autores.

Las demas aproximaciones repasadas en este texto se mueven entre aquellos dos polos marcados por Perez-Diaz y Alexander. Si bien existen importantes diferencias entre ellas, se puede afirmar con bastante seguridad que todas operan, con mas o menos matices, dentro del marco triadico Estado / sociedad civil / economia, designando la sociedad civil una realidad plural y pluralista que englobaria el tejido asociativo, movimientos sociales y redes mas o menos informales de comunicacion.

En lo concerniente a los atributos de la sociedad civil, especialmente en tanto que agente democratizador, habiamos observado que su rol para la profundizacion democratica es concebido habitualmente con lentes neo-tocquevilleanas o desde la teoria de la accion comunicativa. En lo que se refiere a la primera perspectiva, debemos admitir que los argumentos propuestos por Putnam, uno de sus representantes mas destacados, no son baladies ni podemos ignorar la evidencia empirica que aporta este autor. Sin embargo, el debate en torno al capital social (vease especialmente Newton, 2001) y a los usos del pluralismo apuntan a que una mayor precision teorica es necesaria. Resulta sintomatico, en este sentido, que tanto Walzer como Alexander hablen de una "paradoja de la sociedad civil", si bien refiriendose a cuestiones diferentes. Del mismo modo, no parece que podamos pasar por alto la tesis central de Rosenblum; recordemos, que "no existe un unico uso moral del pluralismo" (Rosenblum, 1994: 546). Asi las cosas, la precaucion aconseja no tomar automaticamente a la sociedad civil como beneficiosa para la democracia, en tanto que generadora de confianza interpersonal y de virtudes civicas como el interes por la politica, la inclinacion a participar en los asuntos publicos o la predisposicion a definir el propio interes considerando el interes de los restantes conciudadanos (Putnam, 1993: 87-90) (7). Todo apunta a que no deberiamos desdenar la conclusion de Rosenblum: no nos deberia interesar tanto el valor en abstracto de la sociedad civil, cuanto sus efectos en contextos determinados. Citemos a este respecto la reflexion de Foley y Edwards (1999: 155): "La dificultad de alcanzar una paz duradera en Belfast y Beirut deberia disuadirnos de que la "densidad asociativa" tiene el mismo significado en todos los contextos sociales y politicos" (de modo similar, pero formulado mas recientemente, Edwards, 2004: 42-49).

Por su parte, desde posiciones influenciadas por la teoria de la accion comunicativa, la sociedad civil tiende a ser concebida como un espacio normativamente privilegiado, en tanto que en el cristalizarian (de forma aproximada, al menos) los presupuestos normativos insitos a nuestra praxis comunicativa; es decir, horizontalidad, inclusividad, coordinacion de la accion a traves del principio del mejor argumento etc. (Unos supuestos, por otro lado, que no todos los autores comparten. Recuerdese a este respecto la critica de Alexander a Cohen y Arato). Dada esta posicion normativamente privilegiada, la sociedad civil deberia actuar como agente defensor del mundo de la vida frente a la excesiva expansion de la economia y la burocratizacion estatal y, mas aun, como agente capaz de influir sobre (no solo de defenderse de) la economia y el Estado. No obstante, no deja de resultar llamativo que un proyecto como este haya sido revisado a la baja. Para Habermas --recordemoslo-- el funcionamiento rutinario del sistema politico no carece de virtudes, por lo que redefine el papel de la sociedad civil como una suerte de agente que, hablando desde la deontologia democratica, deberia ser capaz de influir sobre el centro del sistema politico; pero --a su juicio-- solo seria necesario ejercer tal capacidad de influencia en momentos excepcionales. No obstante, como bien sugeria Vallespin, una sociedad civil con esta capacidad es ya una sociedad civil fuerte; y una sociedad civil fuerte, como reconocia Habermas, es dependiente de elementos que no se encuentran sencillamente a disposicion de la ciudadania, sino que, por el contrario, presuponen pautas culturales gestadas en el largo plazo.

Resulta sumamente interesante este punto de la argumentacion, pues recuerda a una de las criticas centrales vertidas contra el concepto de capital social. Para Margaret Levi (1996) una aproximacion como la de Putnam resulta socio-centrica y descuida el papel que las instituciones publicas puedan tener en la conservacion y produccion de capital social. En efecto, la sociedad civil vista desde el prisma del capital social puede, a lo sumo, contar con poder explicativo, pero carece de mucha utilidad si lo que se pretende es implementar alguna estrategia de profundizacion democratica, debido a la perspectiva temporal, que abarca procesos de varios siglos, con la que se concibe la creacion de capital social (Putnam, 1993: 121-162). Asi las cosas, las nociones de sociedad civil presentadas tanto desde una optica neo-tocquevilleana como desde la teoria de la accion comunicativa nos conducen a la tesis de que existen algo asi como un "circulo virtuoso" y otro "vicioso" con capacidad para reforzar o socavar nuestras democracias (Putnam, 177); concibiendo tales circulos como auto-generativos y, en el corto y medio plazo, como poco susceptibles de ser alterados por nuestra intervencion deliberada. De acuerdo a ambas perspectivas, la sociedad civil seria, en efecto, un agente o, cuando menos, un potencial agente democratizador; pero uno que opera, en buena medida, al margen de posibles intervenciones estrategicas.

No dar por fracasado el concepto de sociedad civil como nocion desde la que pensar y fomentar la consolidacion y profundizacion de nuestras democracias requeriria, por tanto, escapar de esquemas de pensamiento socio-centricos, que --como hemos visto-- nos conducen a conclusiones poco practicas para la intervencion estrategica sobre la realidad social. Requeriria, en suma, recuperar el interes por las instituciones politicas y el impacto de estas sobre el asociacionismo y el fomento de diversas pautas culturales beneficiosas para la democracia. A esto nos lleva la logica de la argumentacion: un concepto de sociedad civil en sentido lato, como el ofrecido por Perez-Diaz, nos facilita concebir, ya desde el inicio, las intricadas relaciones que existen entre instituciones, pautas culturales y tejido asociativo; y paralelamente, nos permite ahuyentar el fantasma de un socio-centrismo que nos conduce a conclusiones esteriles para la intervencion social consciente. Finalmente, nos fuerza a prescindir de categorias como la de sociedad civil en sentido restringido (i.e. concebida, con mas o menos matices, en el marco de la triada Estado / sociedad civil / economia), sobre la que, como hemos visto, pocas conclusiones generalizables podemos obtener; y en su lugar, operar con otra serie de conceptos que quizas --solo al final lo sabremos-- resulten analiticamente mas precisos y mas utiles para la intervencion estrategica sobre la realidad social.

http://dx.doi.org/ 10.5209/rev_NOMA.2011.v32.n4.38082

Agradecimientos

El autor agradece al Vicerrectorado de Investigacion de la Universidad del Pais Vasco/ Euskal Herriko Unibertsitatea la concesion de una Ayuda para la Especializacion de Investigadores Doctores, sin la cual no hubiese sido posible este trabajo.

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Marcos Engelken-Jorge

Universidad del Pais Vasco -- Euskal Herriko Unibertsitatea

(1) Echando un vistazo a la publicacion de manuales, que ayudan a tomar la temperatura de los debates aun abiertos, hace apenas unos anos salio a la luz para el publico hispanohablante un Manual de Sociedad Civil y Movimientos Sociales (Ibarra, 2005). En el mundo anglosajon, por su parte, el Oxford Handbook of Political Theory tambien se ocupa del tema y dedica un capitulo a la discusion del concepto de sociedad civil (cf. Chambers y Kopstein, 2006).

(2) Esta expresion, la de "centradas en el Estado", se interpreta aqui de forma ligeramente distinta a la que propone Vallespin. A nuestro juicio, esta reinterpretacion es capaz de trazar una frontera algo mas nitida entre ambas categorias de nuestra tipologia de partida.

(3) Como se habra deducido ya, los terminos los ha tomado Perez-Diaz de Michael Oakeshott.

(4) Podriamos anadir una tercera categoria: "sociedad civil en asociacion con el Estado" (Cf. Chambers y Kopstein, 2006: 374-375). La misma hace alusion a las nuevas formas de gobernanza y de descentralizacion politica, ya sea para reducir la burocratizacion del Estado; por un genuino interes en promover los valores democraticos; para acercar la Administracion Publica a la ciudadania y acrecentar la legitimidad de sus decisiones; para evitar formas de gestion paternalistas y fomentar, por el contrario, la autorregulacion; o para mejorar la calidad de los servicios publicos. Sin embargo, desde esta perspectiva lo que se plantea es un tipo de relacion con el Estado, no tanto un nuevo contenido de la sociedad civil. Dado, por tanto, que esta perspectiva poco anade a la definicion positiva del (contenido del) concepto de sociedad civil, prescindiremos, por ahora, de ella.

(5) El pensamiento de Putnam aqueja, no obstante, una cierta ambivalencia. A ratos, de resonancias "clasicas" y adherido a una determinada comprension etica de la vida (vease, en especial, Putnam, 2003: 87-91); en otros, se nos presenta como un pensamiento claramente tenido por la teoria de la eleccion racional, al margen, por tanto, de toda retorica acerca de las virtudes y la civilidad (cf. Boix y Posner, 2000: 162-162).

(6) Acerca de los "principios insitos a nuestra praxis comunicativa", una referencia sucinta y esclarecedora: Habermas (1996).

(7) Recuerdese, no obstante, lo afirmado mas arriba acerca de la ambiguedad que aqueja al pensamiento de Putnam. Este oscila entre una comprension republicana de la democracia y la teoria de la eleccion racional. Solo en el seno de la primera cobran pleno sentido las referencias realizadas a las virtudes civicas.
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Author:Engelken-Jorge, Marcos
Publication:Nomadas
Date:Oct 1, 2011
Words:9158
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