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?Crisis del estado o destruccion de lo publico? Consideraciones en torno a una tesis de Mario Gongora.

CRISIS OF THE STATE OR DESTRUCTION OF THE PUBLIC SPHERE? (ON A THESIS OF MARIO GONGORA)

Mi interes inicial en el Ensayo historico sobre la nocion de Estado en Chile de Mario Gongora y La fronda aristocratica de Alberto Edwards deriva del hecho de que nuestra autocomprension etico-politica--lo que se suele llamar identidad nacional--, se ha plasmado en gran parte a traves de los relatos de nacion, los que, a su vez, definen modos de escribir la historia. Ambos autores resaltan la idea del Estado fuerte y realizador como elemento fundamental en la consolidacion del orden y estabilidad republicano. El tema central del Ensayo de Gongora es la crisis o "decaimiento" del Estado en el siglo XX, asunto que el autor aborda desde una perspectiva integradora, transversal: "estos ensayos, afirma, no se pueden adscribir a la historia politica, social, economica o cultural; son historia de una nocion, sin perjuicio de tocar aquellas materias en cuanto hagan comprensible esa nocion; de otra manera, esta seria una mera abstraccion" (1). El autor agrega una segunda aclaracion: "se trata aqui esta historia en forma de ensayos, esto es, en una forma libre y abierta, sin ninguna pretension de sistema, ni con las exigencias rigidas de una monografia [...] su objetivo es hacer considerar o mirar, sin tratar de demostrarlo, paso a paso" (2).

Con estas dos indicaciones, Gongora quiere desmarcarse de las historias particulares--politicas, sociales, economicas--y alcanzar una vision sinoptica, "esencial" que, sin omitir esos asuntos parcelarios, no quede sujeta a exigencias sistemicas, y su capacidad reveladora surja del relato mismo. Gongora caracteriza el Estado, algo enigmaticamente, como un "organismo viviente"; mas que su funcion economica, le interesa su papel forjador de la nacionalidad y del llamado ethos cultural; se resiste a verlo como una empresa de promocion de la riqueza o una "abstracta entidad fiscal" (3). Advirtio tempranamente el peligro que representa la neutralizacion y repliegue del Estado en una "nacion creada por el Estado", quiso evitarlo y al cabo lo profetizo. En este aspecto, su libro es la cronica de una derrota anunciada, pero la obra trasunta bajo el espesor de su informacion documental, una vision de conjunto de la historia de Chile, una de esas "grandes sintesis" que echaba de menos Guillermo Feliu Cruz como antidotos de los excesos de erudicion. Esas visiones integradoras suponen mayor compromiso del autor; son el decantado de su reflexion y en ellas no habla solo el historiador con la autoridad del especialista sino el intelectual que "hace uso publico de la razon" (Kant); entra en el debate como ciudadano, en terminos igualitarios, sin eludir las cuestiones sustantivas de interes comun. Permite asi un dialogo y confrontacion libre de las restricciones que impone la disciplina.

Gongora enmienda la interpretacion de Alberto Edwards, quien atribuia un caracter "abstracto" o impersonal al Estado creado por Portales; en cambio, el afirma que se trata de un Estado aristocratico, no propiamente de senores feudales sino de terratenientes "sujetos al gobierno por su propio interes en el bien publico. Lo 'impersonal' es propio de una burguesia o de un proletariado industrial, nunca de una aristocracia" (4). Pero ambos autores consideran ese Estado como el referente mayor de la historia de Chile. "La idea de un Estado configurado desde entonces (1830), gracias al pensamiento de Portales, es a mi juicio, afirma Gongora, la mayor y la mejor interpretacion de la historia del siglo pasado: la genesis, el auge y la caida de la concepcion portaliana estructuran, en la intuicion de Edwards, al acontecer nacional desde 1830 hasta [por lo menos] 1891" (5). Llama la atencion que Edwards conciba el Estado portaliano en el momento de su ocaso, en los anos veinte. La idea nace, pues, bajo el signo de la nostalgia, como reparo simbolico, diriamos--a riesgo de hacer algo de sicoanalisis--, de un sentimiento de perdida: el "Estado en forma", como el lo llama, ya no existe, pero hay que canonizarlo porque merece vida sempiterna.

La crisis del Estado--el tema de Gongora--se puede entender tambien como una crisis de lo publico, asociada con la mercantilizacion y la degradacion de la politica. Internamente, este fenomeno se manifestaria en la burocratizacion del Estado y en el creciente predominio de la "cuestion social"; en las relaciones exteriores, se traduce en la mengua del patriotismo y la preponderancia que adquieren las ideologias pacifistas: "Otro rasgo capital que pone de manifiesto la diferencia profunda con el Chile del siglo XIX: mientras este acepta la guerra y anhela la expansion y glorificacion de Chile por sobre todo, la generacion del ano 20 es pacifista hasta el escandalo [...] Es que, para ellos lo social como un ideal, sobrepasa 'lo nacional' [... empiezan a primar] los factores que llamariamos economico-sociales'" (6). El influjo de la guerra en la formacion de la nacionalidad merece atencion especial y hemos de volver sobre ello.

La tesis segun la cual "en Chile el Estado creo la nacion" es provocativa, porque invierte el papel que suele atribuirse a la nacion en la genesis del Estado. Gongora sostiene la paradoja de una nacion criatura del Estado, es decir, atribuye un caracter constituyente al "Estado organico", lo que haria la gran diferencia con el Estado del siglo XX, que se torna reactivo y de gestion. El mismo hecho de llamar "ensayo" a la obra y hablar de "nocion" en lugar de "concepto" de Estado, apunta en esa direccion: la nocion no pretende el rigor del concepto, no quiere ser teoria. Sin embargo, queda abierta la pregunta acerca del estatuto de esta formula, por demas problematica, porque altera el caracter constituyente que el derecho y la teoria politica le reconocen a la nacion respecto del Estado en la republica moderna. La tesis pretende un caracter empirico, al afirmar que "en Chile el Estado creo la nacion" y que en el siglo XX ese rasgo activo y creador se desvirtua, etc. Sin embargo, no se ve como el poner al reves una proposicion juridico-politica podria transformarla al punto de adquirir un caracter distinto al del original. Gongora no es ajeno a esta dificultad, pues en la linea final del Ensayo, modifica esa formulacion: "es el Estado el que ha dado forma a nuestra nacionalidad" (7).

"Portaliano", por otra parte, es el Estado que no se aparta de la busqueda y realizacion del bien comun, y cuya autoridad no se somete a los partidos ni a los intereses particulares. Su "desvanecimiento" se puede entender, entonces, como degradacion de la politica. Es eso lo que Gongora advierte que se produce en la segunda mitad del siglo, culmina en 1891 y llega a termino en los anos veinte con el predominio de la "democracia de masas". Es ilustrativa al respecto su respuesta a la pregunta: "?Que esta pasando en Chile, profesor, que esas son las principales noticias de los diarios?". Uno de ellos decia: 'asesino sadico anda suelto'; otro: 'horroroso crimen de descuartizada', Gongora responde: "Lo novedoso es que todos los titulares son policiales; se debe a que no hay politica" (8). Quiere decir que no se hace politica: el Estado se ha vuelto reactivo, escenario de pugnas de poder e instrumento de realizacion de agendas personales.

Pero el debilitamiento del Estado no es un fenomeno solo local: "tambien se da en multitud de casos, senala el autor, salvo en las superpotencias" (9). El asocia la crisis del Estado con la globalizacion politica: "esta mundializacion de la politica, escribe, es mirada por algunos pensadores--Toynbee, por ejemplo- como un decisivo progreso". En cambio, el la considera una amenaza: "Un Estado mundial puede significar [...] la mas terrible tirania, de la cual ya nadie podra escapar en parte alguna" (10). Gongora no esta solo en este rechazo de un Estado global: Kant sostenia que un Leviatan mundial impondria un "despotismo sin alma"; y tampoco podria cumplir una funcion pacificadora entre los Estados, analoga a la que Hobbes le asignaba al Leviatan en los conflictos entre individuos. "La anexion de todos por una potencia vencedora, que se convierte en monarquia universal", impondria un internacionalismo militar, un "despotismo sin alma" (11). Ni la guerra misma es "tan incurablemente mala como la fosa de un Estado universal" (12).

La globalizacion plantea, sin embargo, un problema adicional, y es que en el siglo XX ya no es posible ni verosimil un relato estrechamente nacional. La historia de Chile del siglo XIX era--o creia ser--"puertas adentro", por asi decirlo: se podia contar como la historia de un cuerpo politico cuyo desarrollo posee su propio logos y se estructura en torno a la transformacion de una "aristocracia terrateniente" en "oligarquia plutocratizada" (13). La globalizacion politica altera esa situacion y establece nuevas coordenadas. La pregunta que surge, entonces, es hasta que punto la crisis en cuestion es un fenomeno de la misma indole que la construccion del Estado. La misma idea de decaimiento pierde significado especifico si toda la historia, de Portales en adelante, es un proceso de caida. El relato respectivo, ?sigue siendo una 'historia de Chile', centrada en ese sujeto superlativo y con nombre propio--el Estado portaliano--, o ha comenzado una historia en Chile, descentrada, "sin sujeto" o relativamente anonima, que obedece a exigencias de una economia globalizada y de un Estado mundial en gestacion? "Ya no hay politica" quiere decir tambien: "ya no hay historia", hay una dificultad o incapacidad de hacer historia, y falta la figura del heroe civil del Estado omnipotente: falta un Teseo. Por otra parte, los conflictos belicos cambiaron radicalmente de signo desde la Primera Guerra Mundial. La Guerra de Independencia fue forjadora de nacionalidad: creo un sentido de comunidad y autonomia; la Guerra del Pacifico fue una "guerra nacional", que reforzo el nacionalismo y la idea de territorialidad asociada al Estado. Pero, ?se puede decir otro tanto de las guerras civiles o atribuir analogo significado a las guerras actuales y a las del siglo XX? ?No se sustenta esa idea de la guerra, creadora de identidad, en los mismos conceptos decimononicos de nacion homogenea y de soberania territorial, es decir, en una idea de soberania asociada mas al territorio y al patrimonio, a la patria y al patriotismo, que al demos y a la 'soberania popular'? Si el Estado portaliano se debilita y decae junto con el surgimiento de la "cuestion social" y el auge del pacifismo, ?no significa que su fortaleza requeria de la guerra y se sustentaba en la coercion? (14). Si es asi, no habia que esperar su decadencia para advertir su debilidad; su "decaimiento" seria una necesidad derivada de su propio caracter de mito fundador, autoafirmador, y de su anacronismo. Se requeriria, entonces, mas que una "historia de la nocion de Estado", una genealogia del Estado, que incluyera el origen, pero tambien la diferencia y distancia con el, que renunciara a la magnificacion del comienzo y a la pretension de hacer valer el Estado portaliano como clave de la historia (15). La historia escrita en clave portaliana realza la funcion constituyente, "organica", del Estado, pero hace como si el resto del mundo no existiera. ?Que es lo que entra en crisis, entonces, con la mundializacion: el mito fundacional del Estado o esa ficcion insostenible? Un Portales integrado a la ideologia del Estado y canonizado como su heroe civil, ?no entra en esas formas infecundas de la historia a las que Nietzsche llamo "anticuaria" y "monumentaria", y que Gongora, ciertamente, rechazaria? Lo que entra en crisis, junto con el Estado, es sobre todo la politica: la dimension publica de la existencia: la globalizacion significa que la politica es permeada por los intereses y redefinida como "emprendimiento".

Aunque la globalizacion es un fenomeno politico, como bien senala Gongora, se asocia y se sustenta en alguna medida en el poder de la tecnica moderna, cuyo caracter incondicionado e irrestricto pone en entredicho el paradigma de la soberania, y pone en jaque tambien aquello que ha constituido hasta ahora la forma historica del habitar humano. Junto con multiplicar la productividad del trabajo, la tecnica favorece la formacion de superpotencias que amenazan la existencia misma de los Estados nacionales. Hasta no hace mucho, se pensaba que la tecnologia, ademas de un instrumento de progreso, podia ser un arma de liberacion. Pero hoy las naciones que no llegaron a ser potencias industriales parecen haberse rendido: aceptaron el papel de productores primarios que les asignaba la division internacional del trabajo y ya no fabrican ni un tornillo; es mas: remacharon esa condicion a la hora de defender su patrimonio genetico agropecuario (16).

La profusa publicidad sobre el desarrollo a la vuelta de la esquina oculta y hace olvidar la capitulacion frente al desafio de la llamada sociedad del conocimiento. La estrategia de desregulacion significo para Chile resignar la posibilidad de un desarrollo sustentable. Cuando se diseno esa estrategia, se la justificaba prometiendo una "segunda fase" exportadora, en la que se acrecentaria la productividad y se agregaria mas valor. Al cabo de veinte anos, de esa "segunda fase" nunca mas se hablo: no se quiere ni siquiera haber hablado; y se importa desde alambre de cobre hasta vinos y frutas.

Propongo dos lecturas de este libro: desde luego, siguiendo la linea antes esbozada, se puede leer como una suerte de manifiesto o pronunciamiento ante la crisis de lo publico. El propio autor, por lo demas, en la seccion final, hace explicitas sus aprensiones sobre el presente. En un Anexo que bien podria ser el Prologo, incluye el Balance patriotico de Vicente Huidobro. Alli se lee: "una nacion no es una tienda, ni un presupuesto una Biblia [...] Socios no es lo mismo que ciudadanos". Gongora haria suyas, sin duda, estas palabras. El Ensayo mismo se deja leer como una suerte de balance patriotico: aparecio en 1982, en plena dictadura militar tras casi una decada de "liberalismo salvaje". El papel "subsidiario" que asume entonces el Estado significa que este interviene para imponer el mercado. Junto con implantar la "soberania del mercado", el principal agente modernizador y socializador, el Estado, se autoneutraliza y anula. ?Podia ser sin consecuencias? Nuestra cultura, para bien o para mal, ha sido Estado-centrica; sea que se trate de la educacion, de la salud, del "combate a la pobreza", de una crisis economica o de cualquier otro asunto sustantivo, el referente obligado es el Estado. La desregulacion de los mercados, junto con expandir la produccion, agudizo un vacio estrategico que en parte llenaba el Estado. El mismo crecimiento agudizo algunos problemas mas o menos endemicos, como la monoproduccion exportadora, el escaso valor agregado, una matriz energetica poco diversificada, la escasa o minima transferencia tecnologica, y la casi nula inversion en investigacion cientifica y en tecnologias adecuadas. El repliegue del Estado dejo un vacio que tuvo multiples efectos; la privatizacion de los puertos, por ejemplo, dejo en manos de las empresas la responsabilidad de resolver los conflictos laborales. De acuerdo a la ley, el gobierno se declara neutral: es un conflicto entre privados, y las empresas--especialmente las exportadoras de bienes corruptibles--, quedan frente a la disyuntiva de tener que rendirse ante los reclamos de los trabajadores o pedir la intervencion de la fuerza publica. Analoga figura se repite con la privatizacion de la energia: se dejo a la iniciativa privada la definicion de nuevos proyectos, que la autoridad aprueba o rechaza, pero no define politicas generales. Los resultados han sido: escasa diversificacion de la matriz energetica, encarecimiento de la energia, perdida de competitividad, incertidumbre en cuanto a suministros y precios a futuro, perdida de mercados. Las propias empresas terminan exigiendo de la autoridad la definicion de una politica energetica.

La privatizacion implica mercantilizacion, es decir, monetarizacion. En principio, es posible mercantilizarlo todo; no es que el dinero pueda comprarlo todo, pero es posible hacer como si pudiera, es decir, hacer transable lo que no se transaba y ponerle precio a todo lo que se creia no negociable. Ciertas actividades, sin embargo, no permiten que su monetarizacion se realice impunemente. La mercantilizacion no es gratuita: altera el caracter de lo transado y, al cabo, modifica la sociedad entera, porque la ganancia, que es el alma de los negocios, no puede constituirse en el alma del cuerpo politico. La mercantilizacion perfeccionada desintegra el colectivo y constituye un limite de la estrategia privatizadora. La falta de politicas publicas en materia de educacion, salud, inmigracion, desarrollo de las zonas extremas son de sobra conocidas; en este ultimo caso, ha alentado los afanes expansivos de los vecinos. La falta de politica inmigratoria dejo a miles de exiliados librados a su propia suerte y ha dificultado el retorno de sus hijos, muchos de ellos graduados en universidades europeas y altamente calificados; en cambio, esa misma carencia de politica inmigratoria ha facilitado el ingreso de narcotraficantes, lumpen y prostitutas baratas.

Cuando se publico el Ensayo, estas cuestiones aun no alcanzaban la relevancia que adquirieron despues. La proteccion del medioambiente, la seguridad ciudadana y los conflictos limitrofes, que son el pan nuestro de cada dia, son asuntos que entran de lleno en la grilla conceptual de Gongora. El problema que el detecto--la crisis del Estado y la carencia de politica--, no queda superado con la actual proliferacion de movimientos ciudadanos y grupos de presion; y el rebrote de la politica en las calles o su desplazamiento a tribunales confirman la justeza de su analisis. Inicialmente cautivado por los cantos de sirena portalianos de la dictadura, Gongora salio pronto del engano, justamente a raiz de la reforma neoliberal del Estado. "La planificacion ha partido de cero, escribe, contrariando o prescindiendo de toda tradicion, lo que siempre trae consigo revanchas culturales. El neoliberalismo no es un fruto propio de nuestra sociedad, como en Inglaterra, Holanda o Estados Unidos, sino una 'revolucion desde arriba', paradojicamente anti-estatal, en una nacion formada por el Estado" (17).

Gongora roza en este punto una cuestion que ha sido preocupacion permanente en nuestra America, desde sus inicios: la asimilacion indiscriminada, mimetica, de formas culturales ajenas y heteroclitas. El Estado autarquico, supuestamente "creador", es refractario a las "doctrinas anti-estatales", que hacen caso omiso "de la idiosincrasia de los pueblos", pero cabe preguntar si no es enteramente funcional a las formas culturales importadas, y si "la idiosincrasia" es una instancia conceptual suficiente. La monarquia, sobre todo la del siglo XVI y XVII, es el emblema del Estado que prescinde de las tradiciones y arrasa las culturas vernaculas: es, por excelencia, el que construye, no solo "desde arriba" sino sobre la luna, por asi decirlo. El "genio" de Portales consistiria en haber reproducido ese modelo jerarquico, coercitivo y virtualmente opresivo, procurandole apariencia republicana; un "genio", por tanto, que congeniaba bastante bien con lo que la mitologia del romanticismo llamo el "genio del pueblo". Aunque sea entendible y, hasta cierto punto, justificable a comienzos del siglo XIX, el punto es si acaso ese Estado puede constituir un padron o modelo todavia vigente.

Llama la atencion, asimismo, que Gongora incluya la politica neoliberal entre las "planificaciones globales", porque se suele entender la desregulacion como contraria a los planes y sinonimo de liberalismo economico. Pero la desregulacion responde, en efecto, a un plan o estrategia cuyo diseno constituye un verdadero golpe de mercado paralelo y complementario al golpe de Estado. Este tipo de ingenieria social: "quiere partir de cero, escribe Gongora, sin hacerse cargo de la idiosincrasia de los pueblos ni de sus tradiciones culturales" (18). Se refiere a las ideologias globales en general, incluido el social cristianismo, el marxismo y el neoliberalismo. La Declaracion de Principios (1974), el Acta fundacional del regimen militar, establece la "subsidiariedad" del Estado como uno de ellos; se ha convertido, senala nuestro autor, en "el principio casi unico" y ha derivado en "una tendencia anti-estatal" (19).

Gongora se opuso al neoliberalismo por razones "historicas"; anticipo los limites de la mercantilizacion sin abandonar su mirada de historiador, ajeno por completo al economicismo ortodoxo. ?Habria, entonces, una argumentacion historicista que debilita la tesis del Ensayo? ?Es posible juzgar el papel del Estado--o el de la economia--sin alguna suerte de teoria y, sobre todo, omitiendo que el repliegue del Estado obedece a una logica global, y que la liberalizacion de los mercados es una doctrina economica funcional a ella?

De estas preguntas surge una segunda lectura, critica. El origen estatal de la nacion reviste ciertas implicancias y dificultades relativas al concepto de Estado y a la idea de la politica. Una nacion nacida de su misma organizacion politica es, como deciamos, algo paradojico, provocador y hasta contradictorio. Se entiende que es la nacion la creadora del Estado y su razon de ser, que organizarse en un Estado responde a necesidades estrategicas y de supervivencia de la nacion misma.

La formula "el Estado crea la nacion" tiene cierto aire hegeliano, aunque Hegel no llega a separar completamente el Estado respecto de la "sociedad civil". En tanto expresion politica y espiritual del pueblo, el Estado es su nucleo estructurador, su "voluntad racional" y no alcanza a ser productor o creador. El filosofo italiano Giovanni Gentile procura una formula mas propiamente hegeliana a esa relacion, al senalar: "si el Estado crea la nacion, la nacion crea el Estado", expresion que cierra el circulo, a pesar de que el Estado gentiliano-mussoliniano enfatiza el primer tramo de la frase. Octavio Paz, refiriendose a Mexico, escribe: "tuvimos un Estado y una Iglesia antes de ser una nacion". Esto es algo distinto a la tesis analizada, porque la formula del mexicano es descriptiva: invoca solo una precedencia cronologica y, lejos de omitir al Estado colonial, se refiere sobre todo a el y a la Iglesia (20). Ambos son anteriores a la nacion mexicana, pero Paz no habla de creacion y no se refiere en particular al Mexico republicano. En cambio, si es el Estado republicano el creador, quiere decir que la nacion comienza a existir gracias a una accion fundadora. Para ser comienzo, el Estado tiene que crear ex nihilo una nacion "que no existiria sin el". "La nacionalidad chilena ha sido formada por un Estado que ha antecedido a ella, a semejanza, en esto, de la Argentina; y a diferencia de Mexico y del Peru, donde grandes culturas autoctonas prefiguraron los Virreinatos y las Republicas" (21). Lo que habria antes de la formacion del Estado seria un sentimiento de "patria" o el amor al terruno. Fueron entonces las sucesivas guerras, desde la de la Independencia hasta la Guerra del Pacifico, "las que han ido constituyendo un sentimiento y una conciencia propiamente "nacionales", la "chilenidad". Y concluye: "Son las guerras defensivas u ofensivas las que a mi juicio han constituido el motor principal" (22).

Las naciones sin Estado viven constantemente amenazadas, precisamente, por los Estados-nacionales. La constitucion como Estado es un seguro de vida para la nacion misma y, a la inversa, los Estados necesitan crear lealtades nacionales a su medida para subsistir. Entre ambos existe cierta sinergia, una relacion simbiotica: la nacion encuentra en el Estado su garantia de permanencia y el Estado, a su vez, para ser eficaz, crea y desarrolla alguna modalidad de nacionalismo, de imaginario nacional. La forma de representar esta relacion no es neutra o indiferente, porque a traves de la primacia del Estado o de la nacion se expresan distintas maneras de concebir la politica. El "Estado creador de la nacion", traduce una vieja concepcion de la politica que la identifica con el gobierno del Estado y, a su vez, asimila el poder con la dominacion. La verdadera historia sera la cronica del Estado y sus agentes, la historia "gloriosa", del "Estado en forma" o "Estado organico", la que magnifica a los protagonistas del relato y deja en penumbra, invisible, a la nacion anonima. El "Estado matriz" de la nacion da la espalda al demos y reproduce el caracter autocratico del Estado colonial.

El reparo, en sintesis, es el siguiente: la idea del "Estado matriz de la nacion" (23) deja intacto el problema de la fundacion y crea una serie de dificultades y equivocos asociados a una concepcion Estado-centrica del poder y la politica. Para ser creador de nacion, el Estado ha de ser un organo separado del cuerpo civil, autogenerado y fundado en si mismo: eso supone, desde luego, un Estado autarquico. Pero, sobre todo, supone una idea de nacion valida solo a partir del siglo XIX, cuando se la concibe asociada al Estado y se la identifica con el, bajo la forma del Estado-nacion. Esta asimilacion es valida para la nacion politica, que en la America hispanica, efectivamente, no existia antes de la Independencia, pero omite el demos, la "nacion" protopolitica, que preexistio a la nacion de la soberania. La republica no es el comienzo absoluto del Estado y este no es el unico agente creador o "civilizador". La Iglesia, sin ir mas lejos, cumplio un papel decisivo en la formacion de los "reinos". Con la idea de un Estado autogenerado, que "crea nacion", se da por resuelta la cuestion, absolutamente crucial, de la legitimacion del poder. Desde el punto de vista juridico, es la nacion la que legitima el Estado; si se invierte la formula, necesariamente se deslegitima la republica. ?Es casual que Gongora prefiera calificar el Estado de acuerdo al siglo y no por su caracter, e incluso en el titulo omita el adjetivo "republicano"?

"Nacion" durante el siglo XVIII y gran parte del siglo XIX, era simplemente "la coleccion de habitantes de alguna provincia, pais o reino" (24). La idea de una "nacion" construida desde arriba por el Estado y, al cabo, por el sujeto que lo conduce, es muy moderna, sin duda, pero no surge de una constatacion empirica, corresponde mas bien a la episteme, al modelo tecnico-fabril del invento o del "gran hombre mecanico": el otro nombre del Leviatan. Al situar la politica exclusivamente en el Estado, se reproduce la logica del poder gubernamental en el discurso y, sobre todo, se impone un modo de pensar la politica que la concibe exclusivamente como accion de Estado, y al poder, centralizado en el. Los partidos, la Iglesia o cualquier agente distinto del ejecutivo quedan minimizados, incluso el ejercito, por mas que se afirme la guerra como formadora de nacionalidad.

Los comienzos consisten, precisamente, en que el pueblo--el otro nombre de la "nacion"--, actua al margen del ordenamiento politico-institucional; sin esa precedencia no se entienden las proclamaciones y actas de independencia o de autonomia o autodeterminacion. ?"Auto" de quien, si no hay un sujeto que pueda darse una constitucion y un orden politico? A ese sujeto previo, anonimo y en cierto modo imaginario, le llamamos nacion. Es una ficcion, claro esta, pero una ficcion constituyente. El Estado-nacion asi constituido es Estado ficcion; pero, si no se admite este caracter fictional del Estado nacional, no hay modo de salir de la contradiccion del "Estado creador", de la nacion creada ex nihilo y de la Republica como comienzo absoluto; vale decir, de "una nacion que no existe sin Estado" y de un cuerpo politico que, a su vez, existe sin partidos, sin organizaciones intermedias, en suma, sin ciudadania. En otras palabras, tiene que haber en el comienzo un "nosotros el pueblo" o un "nosotros la nacion", que proclame, en nombre de "la voluntad popular" o del "interes general", una "verdad" hasta entonces no reconocida. Quienes se atribuyen esa representacion del pueblo, de su voluntad o de sus intereses, pueden invocar que dicha verdad es, por si misma evidente o pretender que ella responde a designios divinos o a leyes de la naturaleza, pero en rigor se trata de legitimar un acto constituyente. Y la verdad en cuestion es esa misma capacidad del "pueblo"--de los vecinos notables reunidos en asamblea-, de proclamarse "independientes", de darse ellos mismos un gobierno o eventualmente constituirse como Estado. Esta serie de actos, reuniones, deliberaciones, resoluciones y proclamas, se sintetiza en la formula "la nacion crea un Estado", pero esta verdad es un axioma de la razon politica, un postulado de la razon practica, diria un kantiano. No hay forma de darle caracter empirico a esta "verdad", tampoco a su inversa: no por dar vuelta una ficcion constituyente, se convierte en "realidad empirica" o en "verdad de hecho".

El enunciado final de la tesis de Gongora mitiga considerablemente las formulaciones iniciales. Asi, "el Estado matriz de la nacionalidad" y "la nacion (que) no existiria sin el Estado" se convierten en: "es el Estado el que ha dado forma a nuestra nacionalidad". Pero "dar forma" es algo muy distinto a "crear", y no constituye un rasgo especifico: lo mismo podria afirmarse del Estado uruguayo, del argentino o incluso del peruano o mexicano, y aun del aleman o del italiano.

Surge, entonces la pregunta sobre si el desarrollo de la crisis del Estado no conduce a la revision de los postulados iniciales. La globalizacion politica no solo modifica las bases sobre las que se construyeron los Estados nacionales sino que las destruye. La salida a este multiple impasse ?pasa solo por el Estado? El "no hay politica" significa declinacion del Estado, si, pero apunta sobre todo a una dificultad de hacer politica y a la necesidad de hacerla de otra manera.

Si hubiera que elegir una de las dos lecturas del Ensayo, la primera resulta mas asequible, menos vulnerable, porque como pronunciamiento o manifiesto frente a las "planificaciones globales", el Ensayo es consistente con la vision gongorina de la historia, y procura un poderoso instrumento hermeneutico para una lectura del presente. Hay, sin embargo, una concepcion del Estado en esa interpretacion, y es basicamente historicista: eso debilita la critica del neoliberalismo. El hecho de que esa reforma del Estado se realice "desde arriba", sin tener en cuenta la "tradicion" y "la idiosincrasia de los pueblos", no parece un criterio suficiente, porque la historia del Estado, desde el siglo XVI en adelante, y las Constituciones, desde la de 1833 hasta la de 1925 y 1981, se realizaron "desde arriba" y a espaldas del demos (25).

Que el neoliberalismo debilita "organicamente" el Estado y termina desvirtuando la politica es una idea casi profetica, porque la mercantilizacion termino privatizando la politica misma: la redujo a "empoderamiento" y "emprendimiento". Si son los consorcios los que financian la politica ?puede extranar que esta responda a sus intereses y que los politicos jueguen su propio juego, el de reelegirse? El escenario mundial tambien es propicio: el fin de los "socialismos reales" favorecio la hegemonia mundial del neoliberalismo y el "discurso unico".

Apendice I. Sobre la guerra

El enfoque de la cuestion de la guerra en el Ensayo merece un comentario aparte. A pesar de la evidente molestia de Gongora frente a las ideologias y tendencias pacifistas que empiezan a imponerse en el siglo XX, y la actitud defensiva de la cancilleria, el hace una 'lectura sintomatica' de la guerra, es decir, la considera, siguiendo a Spengler, como un signo de fortaleza o decadencia (26). Sobre todo en el siglo XVI y parte del XVII, la Guerra de Arauco le valio a Chile la reputacion de ser "el Flandes indiano". En el siglo XIX, Chile habria hecho honor a su fama de "tierra de guerra"; esta "pasa a ser un factor historico capital: cada generacion vive una guerra" (27). Pero en el XX, sobrevino el "desvanecimiento del sentido patriotico-territorial en todos los estratos sociales" (28). Se debilito la capacidad expansiva que habia mostrado el Estado en el siglo XIX. "El ethos republicano de la aristocracia del siglo XIX, heredado por la mesocracia radical [...] y por las cupulas directivas de la Falange y Democracia Cristiana, se extingue en 'las bases'" (29). Despues de la Primera Guerra Mundial cobraron fuerza las ideas positivistas y humanistas que inspiraron los movimientos pacifistas. Este decaimiento del nacionalismo coincide, casi sobra decirlo, con el debilitamiento y desaparicion del Estado portaliano, de modo que la pregunta por la pertinencia del reclamo por un "Estado vivo" u "organico" (Gongora), parece justificada. Sin desmerecer la importancia de la geopolitica disenada por Portales, es preciso preguntar por la vigencia de su estrategia. Chile consiguio convertirse en un Estado relativamente equivalente a sus vecinos, gracias a esa geopolitica, pero las guerras actuales son "guerras tecnologicas" o "de material" (Emst Junger), dejaron de ser artesanales y volvieron la destruccion y la matanza reciprocas. El cierre de Chile sobre sus fronteras responde sobre todo a la necesidad de consolidarlas; con eso ha tenido bastante trabajo. Mac Iver no es sospechoso de ser "pacifista hasta el escandalo" y ya en 1910 declaraba en La crisis moral de la nacion. "Yo no admiro y amo el pasado de mi pais, a pesar de sus errores y faltas, por sus glorias en la guerra, sino por sus virtudes en la paz". La tradicion legal y civilista chilena esta, sin duda, mas acorde con los imperativos de la integracion y la cooperacion, que la guerra. Seria demasiado facil, sin embargo, endilgarle a Gongora el nacionalismo guerrero del siglo XIX, cuando el solo lo consigna como un rasgo del Estado portaliano. Un Estado que el admira, pero no tiene por que suscribir una politica que seria hoy, mas que un anacronismo, un error. "Solamente queremos, aclara, detenernos en la diferencia de actitud de Chile en torno a estos problemas durante el siglo pasado y durante este" (30). Cabria, sin embargo, preguntar: ?Que seria de la magnificacion del "genio" de Portales y del Estado portaliano si se hubiera perdido la Guerra contra la Confederacion? En la politica mas meditada y mejor ejecutada subsiste siempre un elemento fortuito y, por tanto, hay cierto oportunismo en la glorificacion del "gran hombre".

Apendice II

?Sera posible una tercera lectura de este libro, a saber, como un mito fundacional? Un mito que replica el modelo biblico de la creacion ex nihilo, y de una caida a partir de un estadio inicial de gracia. La venida de un Salvador redime transitoriamente una humanidad manchada por un pecado original: la carencia de "virtud republicana". A pesar de este efecto redentor, no se consigue desterrar el mal endemico. La escatologia cristiana tambien quiere ver en la historia y en los males que genera algun motivo redentor, pero en lo esencial, es Satan el Senor de la Tierra; es Cristo, no Satan, quien dijo: "mi reino no es de este mundo". Cristo no consigue instaurar su propio reinado hasta el momento del Juicio Final. La humanidad no tiene salvacion terrenal: es una raza maldita, sin redencion en este mundo--lo sospecharon tambien los griegos--, la salvacion opera solo en diferido, en el 'mas alla'. El poder es el origen del mal y esta presente en todo, lo invade todo, incluso el Reino Celestial: Satan es originalmente un angel caido. Dios no puede querer el mal, pero el angel maligno si: quiere igualarse a Dios; su voluntad de poder es el origen del mal.

Portales seria entonces, la metafora del Salvador, el "genio" creador, el homo nationalis capaz de suplir la carencia de virtud del pueblo con su propia y superlativa virtud. "El Estado portaliano es la religion del ejecutivo omnipotente" (Isidoro Errazuriz) (31); divide la historia en un "antes" y un "despues": un pasado lastrado con "el peso de la noche" y un "despues" que logra apartar el "caliz" de la anarquia y la "noche" iniciales. Sigue un ascenso fulgurante y luego la caida, lenta, pero inexorable. Encina, que tambien suscribe la interpretacion de Edwards, prefirio suspender el relato en el cenit, en 1891, cuando concluye el regimen portaliano; quiso evitar el gusto amargo del tramo final. Dedico diez volumenes de los diecinueve que componen su Historia de Chile al periodo republicano.

Referencias bibliograficas

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Marcos Garcia de la Huerta

Universidad de Chile

marcosgh@adsl.tie.cl

(1) Ensayo historico sobre la nocion de Estado en Chile en los siglos XIX y XX. Editorial Universitaria, Santiago, 2003 (Octava Edicion), p. 60.

(2) Ibid.

(3) Op. cit., p. 252.

(4) Op. cit., p. 79-80. Alberto Edwards, La fronda aristocratica, Universitaria, Santiago 1992.

(5) Op. cit., p. 74.

(6) Op. cit., p. 159.

(7) Op. cit., p. 305 (sin cursivas el original).

(8) Entrevista de Raquel Correa en El Mercurio (9-12-1984) incluida en el Ensayo.., op. cit., p. 331. ?"No hay politica" o no hay democracia en 1984? En todo caso, en democracia se continuo con la misma Constitucion de 1981 y con la misma estrategia economica. Treinta anos despues, no ha habido definiciones politicas de esa envergadura.

(9) Op. cit., p. 272.

(10) Ibid.

(11) Hacia la paz perpetua, trad. M. Cristina Garcia, Buenos Aires: Ladosur, 2004, pp. 55-56.

(12) La religion dentro de los limites de la mera razon. Alianza, Madrid, 1986, p. 205n.

(13) Ensayo ... Op. cit., p. 265.

(14) "No hay nada mas terrible que un estamento barbaro de esclavos que haya aprendido a considerar su existencia como una injusticia", Nietzsche, "Die Geburt der Tragodie", Werke in drei Banden, Karl Hanser Verlag, Munchen I, 18, p. 100 (El nacimiento de la tragedia. Madrid: Aguilar, 1932).

(15) Sobre genealogia: Gilies Deleuze, Nietzsche y la filosofia, Anagrama, Barcelona, 1971; Michel Foucault, Nietzsche, la genealogia, la historia, Pre-Textos, Valencia, 2000; Nietzsche, "Von Nutzen und Nachteil der Historie fur das Leben", Werke, I, pp. 209 ss. (Intempestivas, "De la utilidad y desventaja de los estudios historicos para la vida").

(16) La aspiracion a convertirse en "potencia alimentaria", lo mismo que la canturreada "soberania alimentaria", han derivado en retorica vacia: las leyes chilenas, en lugar de proteger las semillas nativas y las tradicionales aclimatadas utilizadas en la pequena y mediana agricultura, han concedido garantias a las transnacionales, permitiendoles patentar los vegetales producidos a partir de las semillas nativas. El Estado chileno no ha ratificado instrumentos internacionales de proteccion de la biodiversidad como el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad ni el Protocolo de Nagoya (2010) sobre Acceso a los Recursos Geneticos.

(17) Op. cit., p. 301.

(18) Op. cit., p. 304.

(19) Op. cit., p. 296.

(20) Octavio Paz, Tiempo nublado, Seix Barral, Barcelona, 1983, p. 151.

(21) Gongora, op. cit., p. 71.

(22) Op. cit., p. 73.

(23) Op. cit., p. 59. "El Estado es la matriz de la nacionalidad: la nacion no existiria sin el Estado, que la ha configurado a lo largo de los siglos XIX y XX".

(24) En Diccionario de la Real Academia Espanola hasta las ediciones de 1884; con posterioridad, define nacion como "un cuerpo politico que reconoce un centro comun supremo de gobierno" (Eric Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780. Critica, Barcelona 2004, p. 23).

(25) Renato Cristi y Pablo Ruiz Tagle, La Republica en Chile. Teoria y practica del constitucionalismo republicano. Lom, Santiago, 2006.

(26) La vision del hombre "animal de presa" (Spengler) resulta de una lectura biologista de Nietzsche; su idea de "decadencia" es mas compleja que la de Spengler y no obstante, escribe: "la historia griega tiene en las guerras medicas su daemon ex machina" ("Ultimos trabajos del ano 1875" Werke, Musarion Ausgabe, Munich, 1920-1929, vol. VI, p. 114. Este texto no se encuentra en la edicion de Carl Hansen en tres tomos).

(27) Op. cit., p. 66. La guerra de conquista de los siglos XVI y XVII es formadora de "nacion" en un sentido muy diferente a las "guerras nacionales" del periodo republicano. La Guerra contra la Confederacion, "disto mucho de ser popular" (p. 70). La "pequena guerra" contra Espana (1865) consistio en el bombardeo de Valparaiso y no produjo victimas. Las guerras civiles 1851, 1859 y 1891, no tienen los efectos formadores de aquellas.

(28) Op. cit., p. 239.

(29) Op. cit., p. 278.

(30) Op. cit., p. 223.

(31) Isidoro Errazuriz, Juicio politico sobre don Diego Portales, en Ensayo ... op. cit., p. 77.
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Author:Garcia de la Huerta, Marcos
Publication:Revista de Filosofia
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2014
Words:7525
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