Printer Friendly

<>. The last journey of the servant of God Maria Caterina Brondi (1719)/<>. El ultimo viaje de la sierva de dios Maria Caterina Brondi (1719).

1. INTRODUCCION

Maria Caterina Brondi era un instrumento de Dios <<per guadagnare anime e riformar costumi>> (2). Con estas palabras definio Lorenzo Caramelli, secretario del Gran Duque Cosme III, a esta sierva de Dios, nacida en el seno de una familia de comerciantes el 24 de marzo de 1684 en Sarzana, una pequena ciudad de la provincia de La Spezia, en Liguria. Su caso se suma a los de la monja Francesca Fabbroni (1619-1681), la venerable Serafina di Dio (1621-1699) y santa Veronica Giuliani (1660-1727), ejemplos de mujeres coetaneas con fama de santidad cuyo recuerdo ha quedado circunscrito a ambitos territoriales de escala reducida, pero que han tenido su lugar en los estudios sobre mistica catolica que en las ultimas decadas han cobrado especial relevancia en el ambito de las ciencias historicas (3).

Hasta hace unas decadas las investigaciones sobre espiritualidad se han centrado en el periodo medieval, en tanto que para epoca moderna destacan los estudios sobre figuras de la importancia de los santos Ignacio de Loyola, Maria Magdalena de Pazzi y Teresa de Jesus, entre otros, quienes han dejado una impronta en los anales de la Iglesia catolica, influyendo en el camino espiritual de hombres y mujeres a lo largo del mundo. Estas personas, bien por sus carismas, bien por su capacidad de obrar milagros, fueron considerados siervos de Dios, venerables, beatos, santos e incluso, en ocasiones, como en el caso de los santos Bernardo de Claraval, Roberto Bellarmino, Juan de la Cruz o la propia Teresa de Jesus, fueron declarados Padres y Doctores de la Iglesia. Eso no evito que algunos se viesen cuestionados por los guardianes de la fe, por la Inquisicion, llegando a ser procesados. Hubo quienes salieron airosos de las causas y quienes fueron condenados bajo el supuesto de falsa santidad e incluso de herejia. Otros, sin embargo, se quedaron a las puertas de la beatificacion o de la canonizacion, bien porque no se iniciasen los procesos, porque quedasen inconclusos o simplemente por no verificarse tal santidad.

Precisamente a los personajes emblematicos cabe anadir la existencia de esas otras mujeres misticas menos conocidas que vivieron en la Edad Moderna y cuyas experiencias, consideradas mas o menos ortodoxas, merece la pena recuperar, porque son aportaciones que permiten cubrir un periodo historico menos trabajado, pero igual de interesante en cuanto a espiritualidad interior. A la vision ofrecida a menudo desde la historia de genero, se unen los estudios que tratan la direccion espiritual y el control eclesiastico, el uso de la escritura, el matrimonio mistico o la santidad, asi como los aspectos y fenomenos externos e internos que rodean a este tipo de experiencias y en los que han tenido cabida las aproximaciones realizadas desde disciplinas diversas (4). Esta interdisciplinariedad ha enriquecido los puntos de vista. Por una parte, al introducir estudios desde la filosofia, la medicina, la psicologia, la sociologia y otras ciencias. Por otra, al aunar bajo un mismo proyecto editorial autores internacionales que aportan a la cuestion similitudes, diferencias y conexiones transnacionales (5).

La figura de Brondi ha sido objeto de estudio por parte de la historiografia italiana, pero fuera de la misma es poco conocida. En el siglo XVIII el Padre Cesare Nicolo Bambacari, abad del monasterio de San Frediano, en Lucca, redacto las Memorie Istoriche delle Virtu, ed Azioni di Maria Caterina Brondi Vergine Sarzanese (Lucca, 1743), a las que posteriormente han seguido otras publicaciones, folletos y articulos que han cumplido una funcion informativa en cuanto al personaje y a la ubicacion de las fuentes originales. Sin embargo, la mayoria solo la situan sobre el papel a modo de citacion en el contexto de investigaciones mas amplias sobre mistica (6). La referencia mas reciente es el discurso que monsenor Paolo Cabano ofrecio en 2013 con motivo de su ingreso en la Accademia Capellini, en La Spezia, aunque cabe destacar los estudios realizados por Adriano Prosperi y por la historiadora Elena Bottoni (7). La documentacion custodiada y conservada en el Archivio di Stato di Firenze (ASFi), el Archivio di Stato di Pisa (ASPi), el Archivio Storico Diocesano di Sarzana (ASDS), el Archivio Storico Diocesano di Lucca (ASDLu), la Biblioteca Riccardiana (BRF), la Biblioteca Moreniana (BMF) y la Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze (BNCF) han permitido analizar su experiencia vital y espiritual. El presente articulo destaca en especial el viaje que realizo desde su ciudad natal a Pisa en 1719 y otros episodios acaecidos tras su fallecimiento (8).

La existencia de Brondi transcurre en Italia, tierra de <<santas vivas>>, donde el legado espiritual de san Francisco de Asis y la labor adoctrinadora desarrollada por los jesuitas y las misiones populares son dos realidades (9). Su experiencia cumple con un patron basado en ayunos, penitencias, visiones, iluminaciones y estigmas. Sin embargo, su estudio permite una aproximacion a cuestiones diversas. Primero, a las <<santas vivas>> y mujeres estigmatizadas que pervivian todavia, como demuestra el caso de Brondi, a inicios del siglo XVIII; segundo, a la espiritualidad en el territorio de la Toscana, donde ese tipo de experiencias laicas no fueron tan frecuentes a diferencia de otras regiones italianas; tercero, a la atencion que le presto un personaje de la talla de Cosme III de Medici; cuarto, al papel desempenado por los jesuitas y los religiosos de ambito local que vieron en la protagonista a un ser fuera de lo comun; quinto, a la practica historiografica ejemplificada en la figura de su hagiografo; y, por ultimo, a la relacion entre ciencia y religion en la Ilustracion incipiente (10). No en vano, a finales del siglo xx, Prosperi la ha considerado una renovadora de la santidad visionaria y de las gracias propias de las misticas medievales (11).

2. MARIA CATERINA BRONDI (1684-1719), LA SANTINA DI SARZANA

Quienes conocieron a Maria Caterina Brondi senalaban que en su caracter sobresalian la obediencia, la caridad, la paciencia y la humildad, siendo imperturbable ante cualquier sombra vana de estima o de adulacion (12). Su vocacion espiritual no fue demasiado precoz y en su mente siempre tuvo la idea de hacerse religiosa y entrar a servir en un convento, aunque nunca llego a materializarse. Oriana Cartaregia alega que el padre considero demasiado gravoso el gasto de dar una dote a la hija para el ingreso, pero tambien cabe anadir que tuvo que convivir durante tiempo con la incomprension familiar, que solo pasados los anos se transformo en respeto a sus actos y creencias (13). A traves de su testimonio y el de terceras personas, se sabe que deseaba ser iluminada por Dios, pues consideraba que la fe era una luz que mostraba a las personas la verdad de aquello en que se cree, que se espera y que se ama. En su vision del mundo no tenian cabida ni el error ni la mentira. Y se preguntaba:
   Chi l'insegna, che Iddio e qui presente? La fede, in cui rilucono
   tesori di verita, che e fondata nell'inconstrastabile verita di
   Dio, che e sapienza, che non puol fallire, bonta, che non puol
   mentire, potenza, a cui tutto e possibile (14).


Su camino de perfeccion se inicio en 1700, cuando a la edad de dieciseis anos el paso de las misiones populares por su ciudad natal la puso bajo observacion de los padres Lazzaro Maria Figari y Carlo Paceri, miembros de la Congregacion de la Mision de San Vicente de Paul. Ambos religiosos creyeron ver en ella la inocencia bautismal propia de quienes no han cometido ningun pecado interno y enteramente oculto a los demas, y consideraron conveniente que las autoridades eclesiasticas le asignasen un director espiritual (15). Para dicho menester fue designado el canonigo de la catedral Giovanni Bartolomeo Mascardi, quien ya tenia bajo su magisterio a diversas penitentes, entre ellas a Maria Maddalena Turriani ([dagger]1723), otra sierva de Dios nacida en Sarzana, con quien Caterina coincidio durante los primeros cinco anos de su experiencia (16). Pasado ese tiempo, la Sagrada Congregacion del Santo Oficio prohibio al canonigo cualquier contacto con ambas jovenes, a quienes se inquirio por santidad afectada. Desde Roma se considero conveniente que se les asignasen directores diferentes (17). Caterina quedo bajo la autoridad de Bonaventura d'Amelia, un franciscano claustral, cuya muerte significo que Mascardi retomase la direccion, esta vez compartida con monsenor Ambrogio Spinola, obispo de la ciudad.

Caterina fue examinada por diferentes teologos, llegando incluso a ser sometida a diversos exorcismos (18). Y aunque la Sagrada Congregacion <<invigilia sopra i suoi prodigiosi andamenti>> (19), fue esa misma institucion, segun el manuscrito Compendio della vita di Maria Caterina Brondi, del medico Giuseppe Zambeccari, la que paso a considerarla un espiritu probado y una misionera, permitiendole vestir el habito de penitente y recibir la comunion diaria (20). El control eclesiastico tambien significo que debia dejar constancia escrita de todo cuanto le acontecia en el plano espiritual. Esas relaciones, conservadas hasta el dia de hoy, son en su mayoria autografas, no estan datadas ni numeradas y en ellas se pueden encontrar referencias a la Trinidad, la Encarnacion, el Verbo divino y tantos otros temas similares. Algun pasaje recoge su experiencia directa con la divinidad:
   In astrazione de' sensi vidi il Verbo divino, che dolcemente
   riposava nel seno immenso del Padre suo, identificato con la sua
   divina essenza, con distinzione personale, il quale mi mostro il
   suo amore, bellezza, splendore, diletto, grazia e legiadria ...
   [sic]. (21)


Y otro fragmento, perteneciente a sus instrucciones para dirigirse de manera adecuada a Dios mediante la oracion, ponia de relieve la firmeza en la eleccion del camino de perfeccion:
   Postrata umilmente v'adoro qui presente in spirito di verita, uno
   in essenza, trino in Persone, per mio Dio, creatore, e signore del
   cielo, e della terra, godo d'havervi per mio creatore perche siete
   un tanto gran Dio, e gran buon Dio, e se per impossibile potessi
   esimermi dal vostro dominio mai lo farei (22).


Sus escritos contienen a la vez toda una serie de formulas habituales en este tipo de textos, siendo <<per la dovuta ubbidienza del mio direttore>> una de las mas habituales y utilizadas para justificar su atrevimiento literario (23). A traves de las relaciones el investigador se aproxima a la idea que esas mujeres tenian sobre si mismas y que, por lo general, era bastante despreciativa (24). Caterina compartia ese pensamiento, presentandose como sucia, gran pecadora, hija indigna e incluso denominandose <<tizzone d'Inferno>> (25). Segun su propio testimonio, Jesucristo se dirigia a ella a traves de expresiones como <<mia sposa>> y <<colomba mia>>. Sin embargo, tampoco se sentia, como otras mujeres con experiencias parecidas, digna del matrimonio mistico (26). Su camino de perfeccion cumplia el patron de la tradicion barroca que unia la espiritualidad al dolor y que, por extension, comportaba la emulacion de Jesucristo en un intento por conseguir no solo la propia salvacion, sino tambien la de toda la comunidad (27). Y es que a sus ojos, como a los de otras misticas, amar significaba sufrir, una idea recogida por su propio biografo al hablar del pensamiento de los Santos Padres y mas recientemente por la historiadora Marina Caffiero. (28) De ahi que Caterina incorporase toda una serie de penitencias, entre las que se encontraban diversas formas de mortificacion, como el ayuno. Un ayuno jamas reconocido abiertamente, tal y como argumentaria monsenor Francesco Frosini, arzobispo de Pisa (29), pero que debio influir en su estado de salud, que ya de por si habia sido siempre fragil.

Hasta 1702 su vida transcurrio en el retiro, siguiendo las normas de comportamiento que dejo escritas bajo el titulo Regola datami da Dio nostro Bene (30). Vivia como pobre, porque Jesucristo habia nacido y muerto pobre. Pasaba los dias en la soledad y la penumbra de la estancia que ocupaba en casa de sus padres, permitiendo unicamente el acceso al obispo Spinola, al canonigo Marcardi y a su hermana Francesca. Apenas hablaba con sus progenitores y, en general, sus conversaciones giraban en torno a Dios. Esta vida de retiro ha sido considerada por Claudio Leonardi como una fractura entre el vivir del perfecto y el vivir historico, precisamente porque quien buscaba el camino de perfeccion no llevaba una vida comun, no ejercia un oficio ni una profesion, no formaba una familia y no tenia posesiones, a diferencia de la mayoria de personas (31).

En 1709 Caterina comenzo su periplo por la geografia italiana, cuando en su mente surgio la idea de ejercer de misionera en tierra de infieles, emulando asi propositos semejantes a los que en su momento tuvieron santa Teresa de Jesus y santa Rosa de Lima. Sin el permiso paterno emprendio una huida desde Sarzana a Lerici, una poblacion situada a trece kilometros, en el golfo de La Spezia. Su intencion era tomar una nave que la llevase a tierras turcas, pero finalmente, segun una relacion, los designios divinos le hicieron desistir y regresar a su ciudad natal (32). Ese mismo ano volvieron las misiones populares, aunque esta vez de la mano de los padres jesuitas Paolo Segneri junior--sobrino del celebre predicador del mismo nombre--e Ignazio Saverio Costanzo. El primero examino e intento dilucidar la veracidad de las visiones y mandatos divinos que la joven decia recibir directamente de Dios, y dos anos mas tarde, en 1711, solicito permiso a monsenor Spinola para que la joven le acompanara durante la celebracion de las misiones en Lucca. Alli coincidieron con el cardenal Orazio Filippo Spada, obispo de la ciudad, quien tambien compartio el buen concepto y estima por ella.

Tras su regreso a Sarzana, Caterina realizo tres nuevos desplazamientos, siendo en todos ellos el lugar de destino la ciudad de Massa, situada a unos veinte kilometros. El primer viaje tuvo lugar en 1711 y fue para acompanar una vez mas a Segneri en las misiones populares, el segundo se produjo en 1712 y en esta ocasion fue para venerar una imagen de la Virgen en compania de diversas personas, y el tercer desplazamiento lo realizo en 1713 a peticion de la abadesa del convento de Santa Chiara y conto con la asistencia de Francesca Ferrarini, una viuda sarzanesa (33). Este mismo ano las autoridades eclesiasticas solicitaron permiso a la Sagrada Congregacion del Santo Oficio para que Caterina pudiese desplazarse a Genova. La concesion de la licencia, en 1714, le permitio viajar a esa ciudad junto al canonigo Mascardi. Alli asistio y ayudo a las enfermas del hospital de Pammatone, tambien conocido como Ospedale Maggiore. Durante los tres meses que estuvo en la institucion, fue asistida por el marques Paolo Girolamo Pallavicino, protector del hospital y penitente del padre jesuita Giovanni Battista Grimaldi, y conocio a diferentes personas del mundo politico y eclesiastico, destacando el Principe Doria y el dux Giovan Antonio Giustiniani. Tambien recibio la visita de numerosas personas de condicion social diversa, entre ellas religiosos--jesuitas y teologos--, damas, caballeros e incluso algun artista, como el pintor y escultor Domenico Parodi, quien precisamente durante aquel periodo realizo uno de los escasos retratos que se conocen de la santina. La pretension de la mayoria era que Brondi actuase de intercesora ante la divinidad, pues muchos fueron los que, tras entrevistarse con ella, cambiaron la forma de vida (34). Y es que, ademas de las revelaciones que, segun su propio testimonio, habia recibido de Dios, tambien le fueron otorgadas toda una serie de gracias. En las fuentes de la epoca quedan recogidas sus capacidades de levitar, ver a las almas del Purgatorio, ver en el interior de las personas y predecir o profetizar, como fue el caso de las muertes de su propio padre y del jesuita Segneri, asi como otros cambios vitales favorables. De hecho a Federico Burlamacchi, de Lucca, las palabras de Caterina, en las que le comunicaba que Dios lo queria sacerdote, le sirvieron para olvidar los planes de matrimonio con una dama de la ciudad, llegando a ser a canonigo de la catedral (35).

Estas capacidades y su fama de santidad llegaron a oidos de Cosme III, quien sentia un especial interes por las mujeres carismaticas o <<santas vivas>>, tal y como lo evidencia la correspondencia intercambiada con el canonigo Mascardi (36). Ese ejercicio de patronazgo o protectorado, que a simple vista podria parecer una cuestion sencilla y desprovista de complicaciones, en realidad obligaba al Gran Duque a negociar con las autoridades eclesiasticas y politicas de los territorios donde residian esas mujeres y que en ocasiones se encontraban fuera de su jurisdiccion. Tambien comportaba grandes desembolsos economicos relacionados con los preparativos de los viajes, el traslado--bien fuese a la corte o a algun convento--y la compensacion economica a las familias. Precisamente existe constancia de que en 1719 llego a ofrecer 1500 escudos a la familia Brondi por mantener a Caterina en un convento situado fuera de Sarzana durante un periodo de tres anos. La contrapartida era la obtencion de beneficios espirituales y la creacion de una red de informantes que le mantenian al dia de cuanto acontecia a la santina y que, ademas, a lo largo del tiempo le facilitaron la adquisicion de diversos objetos o reliquias pertenecientes o relacionados con ella y que en sus manos desempenaban un doble papel. Por un lado, como objetos protectores para el, su familia y sus territorios; y, por otro, como objetos que podia utilizar a modo de obsequio o pago de favores y trabajos realizados por terceras personas (37).

3. PISA, UNA CIUDAD DECISIVA

En 1714, poco despues de regresar de Genova, Maria Caterina Brondi sintio la necesidad de emprender un nuevo viaje, esta vez a la ciudad de Pisa. Diversas cartas y relaciones demuestran el interes de Cosme III por conseguir el permiso que lo haria posible, aunque en realidad la obtencion quedaba supeditada a la decision de la Sagrada Congregacion del Santo Oficio y se dilato por espacio de varios anos (38). La licencia fue otorgada en marzo de 1719 y designaba al arzobispo Francesco Frosini como director espiritual, senalando el hospital del convento de Santa Chiara como institucion de acogida (39). A partir de ese momento se hizo necesaria la comunicacion entre las diferentes partes con el objetivo de coordinar los preparativos que afectaban tanto al lugar de partida como al de llegada y que incluia la calesa que el Gran Duque presto para el traslado.

La documentacion permite saber que todas las personas de su entorno mas proximo estuvieron de acuerdo en mantener en secreto el dia elegido para el viaje. La razon era evitar la presencia de devotos y un posible revuelo entre las personas que se mostraban contrarias a que abandonase Sarzana. Finalmente el 6 de mayo, a las siete de la manana, Caterina partio junto a su tia Maria Girolama Brondi y el canonigo Giacomo Antonio Casella. Mas tarde se les uniria el canonigo Mascardi, que momentaneamente se habia visto impedido por problemas de salud. La llegada al convento de Santa Chiara se produjo la madrugada del dia 7 y, encontrandose monsenor Frosini fuera de la ciudad, fueron recibidos por el padre hospitalero Giuseppe Martellini. A partir de entonces Caterina quedo bajo la tutela de la priora, sor Costanza Celeste Piazzini.

De manera periodica la secretaria granducal recibio noticias a traves de las cartas redactadas por Mascardi y de una serie de Memorie e resoconti sullapermanenza a Pisa di Maria Caterina Brondi (40). En esas fuentes destaca la informacion sobre tres aspectos concretos: sus actividades en el convento, la repercusion de su presencia en la ciudad y su estado de salud. Entre las actividades diarias se incluian la asistencia a las enfermas, la educacion de novicias, los ejercicios espirituales junto a algunas damas y la meditacion de la Pasion de Jesucristo. Esta ultima tarea, a la que dedicaba los viernes y los sabados, le genero toda una serie de pensamientos que puso por escrito. Un ejemplo seria el siguiente:
   O' dolcissimo Giesu mio, dalla vostra Passione imparo l'humilta, la
   purita di santa conscienza, il fervore dello spirito, la fiducia,
   la stabilita di un'animo eccelso, la sapienza, la carita ardente, e
   che le croci, et afflittioni sono un dono precioso, le quali
   doverebbero essere da tutti stimate piu che tutti i tesori del
   mondo (41).


Su presencia en la ciudad no paso desapercibida y ya durante su primer encuentro con el padre Martellini surgieron posiciones enfrentadas sobre su llegada a Pisa:
   l'una, che ella si era impegnata con Dio di farsi santa con buono
   esempio, e coll'aiuto delle buone persone di questa citta; l'altra,
   che ella era peccatora miserabile, e pero la raccomandassero a Dio,
   accio invece di andare avanti, no distrugga il fabricato fin qui
   (42).


Durante esos meses algunas instituciones religiosas reclamaron su presencia, en especial conventos y monasterios femeninos de la zona, entre los que se contaba el convento de San Benedetto, en Pisa. Hubo una gran afluencia de personas llegadas de todas partes, que se acercaban al hospital con la intencion de hablarle para su propia consolacion o para la curacion de enfermedades fisicas y espirituales. Este ambiente de fervor devocional provoco determinadas incomodidades que obligaron a regular el acceso al hospital, asignando el control de las puertas a cuatro caballeros diputados que a partir de ese momento decidieron arbitrariamente quien podia o no hablar a solas con Caterina, pues el resto de personas debian asistir a las audiencias publicas que ofrecia en la iglesia del convento. Por razones evidentes el Gran Duque y su hija, la princesa palatina Ana Maria Luisa de Medici, sortearon tan ferreo control y tuvieron la oportunidad de encontrarse con ella en diversas ocasiones. Unas veces fueron padre e hija quienes se desplazaron hasta Pisa, otras fue la santina quien viajo a Florencia.

Por el hospital tambien pasaron numerosos eclesiasticos que querian conocerla, entre los que pueden citarse a modo de ejemplo el cardenal Biliotti, el sacerdote Giovanni della Santissima Trinita, el padre Giuseppe di Mantova, el jesuita Giulio Gori e incluso el abad Cesare Nicolo Bambacari, el futuro biografo que ya ha sido mencionado en la introduccion. Sin embargo, una de las presencias mas significativas fue la visita de monsenor Agostino Saluzzo, obispo de Aleria, a quien Brondi habia conocido durante su estancia genovesa. Tras su encuentro con el religioso se aprecio una cierta mejoria en el estado de salud de Caterina, que desde la llegada a Santa Chiara se encontraba en un progresivo y preocupante deterioro. Ademas, en determinado momento se le anadieron cierta afliccion y decaimiento, atribuidos al malestar que le causaba la afluencia de damas y de caballeros que habian transformado un ambiente devoto y espiritual en otro de caracteristicas reprobables y que recordaba mas a un entorno propiamente cortesano (43).

A partir de junio empezaron a cobrar vida dos nuevos proyectos de traslado. Cosme III y el papa Clemente XI querian contar con su presencia en otros hospitales (44). El primero se decantaba por tenerla cerca, en Florencia, donde estaria bajo la direccion espiritual del arzobispo Tommaso Bonaventura della Gherardesca; mientras que el segundo preferia su traslado a Livorno. Ante ambos proyectos, la unica condicion que impuso Caterina fue poder retirarse primero a Sarzana para guardar reposo durante algun tiempo. Esta peticion de un alto en el camino genero temor y desasosiego por su estado de salud, en el que se alternaban leves mejorias con cansancio, vomitos, gusanos intestinales, dolor de cabeza, fiebre, pustulas, desvanecimientos y delirios. La conclusion medica fue que la estancia en Pisa resultaba contraproducente para su salud por dos razones basicas: la ubicacion del hospital y el clima tan caluroso. Conocedores de la gravedad, algunos miembros de la familia Brondi se desplazaron hasta alli con la intencion de devolverla a la ciudad natal. Fue entonces cuando se hizo manifiesto el enfrentamiento entre quienes apoyaban esa idea y quienes consideraban un desproposito cualquier intento de traslado. Giuseppe Zambeccari, el medico que cuidaba de ella desde su llegada, se posiciono en el primer grupo frente a las monjas de Santa Chiara y los doctores Giovanni Maria Taddei y Giovan Antonio Corazzi. Cada uno defendia intereses distintos, como pone en evidencia la sospecha de soborno que pesaba sobre el primero. Pero en el fondo todas las partes tenian miedo a perder de una u otra forma a la santina (45). Finalmente nada pudo hacerse contra la voluntad familiar, pese a que la propia interesada intento resistirse sin exito a cualquier desplazamiento. Las fuentes dejan traslucir que sentia temor y desconfianza hacia Zambeccari. Sin embargo, a pesar de intuir que estaba cometiendo un grave error, pudo mas su sentido de la obediencia, tal y como denotan sus propias palabras <<morire, e ubbidire>> (46). Su voluntad seguia abocada a cumplir con el destino que ella misma habia trazado al dejar atras Sarzana y que a ojos del medico era una profecia. Aquel 6 de mayo parecia muy lejano, aunque posiblemente le volvieron a la mente las palabras con las que se despidio de su madre: <<a rivederci in Paradiso>> [sic] (47).

El 24 de julio partio camino de Sarzana junto a una pequena comitiva. Iba en una litera que el Gran Duque le habia cedido para el desplazamiento. Pero los relatos conservados evidencian que Taddei y Corazzi no se habian equivocado. A la altura de la iglesia de la Madonna dell'Acqua Caterina pidio pararse a descansar y mas tarde rogo regresar a Pisa. De vuelta a la ciudad fue acomodada en el Palacio Arzobispal, donde quedo al cuidado de su hermana Francesca y de la dama Lucrezia Pesciolini. Su estado de salud fue empeorando, sufriendo diversos ataques epilepticos con perdida de los sentidos y convulsiones, y quedandose sin voz. En vista de la situacion, monsenor Frosini le administro la extremauncion. Despues de una agonia de cuarenta horas, Maria Caterina Brondi fallecia el 28 de julio de 1719. Ese mismo dia se comunicaba la noticia a Cosme III, siendo informada la Sagrada Congregacion del Santo Oficio el dia 31.

Tras su deceso los acontecimientos se desarrollaron de manera apresurada. El mismo dia 28 su cuerpo fue expuesto en la capilla grande del Palacio Arzobispal. Canonigos y capellanes salmodiaron los nocturnos de muertos y el clero de la primacial celebro las exequias y canto el Oficio de difuntos, asi como las letanias de santos. Ello no evito que durante la madrugada del 29 se practicase la autopsia al cadaver, en la que participaron los doctores Zambeccari, Corazzi y Pascasio Giannetti, junto al cirujano Francesco Parabosco. Cuando finalizaron su examen, el cadaver volvio a ser expuesto al publico en la catedral. Se permitio el acceso a la muchedumbre que se agolpaba a las puertas. La pretension era satisfacer la devocion popular. En la ceremonia funeraria participaron el arzobispo Frosini y todos los magistrados. Sin embargo, no existe indicio alguno de la presencia del Gran Duque, aun cuando habia confesado por carta que tanto el como sus subditos se encontraban afligidos por tan inesperada perdida (48). La desaparicion de Caterina resulto un duro golpe para el canonigo Mascardi y para monsenor Spinola, los dos religiosos que siempre habian creido en su experiencia espiritual. Su muerte, ademas, desato una oleada de dolor entre los devotos y alento la busqueda de culpables. Fue facil asignarle este papel al doctor Zambeccari, a quien se apodo Il Carnefice, y a su colega Giannetti. En las criticas se aunaban una mala praxis medica y la posterior autopsia.

Tampoco las divergencias entre ciudades tardaron en aparecer, pues todas querian disponer del cadaver. El senado de Genova escribio a Roma, reclamando los restos de Caterina, y el Comun de Sarzana realizo una peticion en la misma linea. Por su parte, el capitulo catedralicio de Pisa envio instancia a monsenor Frosini para que retuviese el cuerpo en la ciudad y no permitiese el traslado que pretendian los familiares a la ciudad natal. Cosme III se mantuvo al margen, arguyendo que no era el quien debia pronunciarse sobre la cuestion, sino las autoridades eclesiasticas romanas. El paso de los dias obligo--por salubridad y por orden de Frosini--, a acomodar el cadaver en el interior de un ataud de plomo, metido a su vez en otro de madera de cipres. Esta ultima caja fue sellada y en su exterior fueron inscritos su nombre, su estado y su patria. Se deposito en la Sacristia de los Canonigos, en la catedral, donde ha permanecido hasta la actualidad, ya que en agosto de 1719 la Sagrada Congregacion del Santo Oficio aprobo que el cuerpo se conservase en Pisa, lugar donde habia fallecido. No hay constancia de ningun traslado posterior, aunque en la actualidad existe un proyecto de exhumacion del cadaver con la intencion de realizar primero un estudio paleontologico y despues volver a sepultarlo, aunque esta vez en el Convento de Santa Chiara, en la misma ciudad (49).

4. CRITICAS Y DEFENSA DEL PERSONAJE

Tras la muerte de Maria Caterina Brondi surgieron rumores y criticas sobre su experiencia espiritual. Ya circulaban con anterioridad, si bien ahora se hicieron evidentes, definiendose un bando a su favor y otro en su contra. En el primer grupo se situaban buena parte de quienes la habian conocido en vida, individuos que confesaban haberse beneficiado fisica o espiritualmente de su trato y entre los cuales se encontraban, ademas de otros personajes mencionados a lo largo del articulo, Giuseppe Contardi y los padres jesuitas Giovanni Maria Crivelli y Giovanni Battista Grimaldi. En el segundo grupo, el de los opositores, se encontraban numerosos eclesiasticos, aunque se requiere prudencia antes de senalar ningun nombre, pues la documentacion consultada hasta el momento no permite una clara y completa identificacion. Entre las personas que tenian a Caterina en buen concepto, corria el rumor de que Crivelli no hubiese dudado en dejar Citta di Castello, donde era director espiritual de sor Veronica Giuliani, por Sarzana. Por su parte, Contardi se habia referido a Caterina como un bello espejo en el que reflejarse, alguien que habia brillado por el santo desprecio hacia el mundo y hacia si misma. Segun decia, habia sabido dejar a un lado su honor y su amor propio para que en su corazon solo tuviesen cabida el honor y la gloria de Dios, destacando especialmente en la labor caritativa ejercida con los pobres, a quienes ayudo y sirvio en sus necesidades, visitando hospitales, cuidando enfermos e instruyendo a los ignorantes en los dogmas de la fe. Su influencia tambien se habia dejado sentir en la entrada en religion de diversas jovenes, como en el caso de la sierva de Dios Maria Maddalena Boscaini, su discipula durante la estancia en Pisa.

A traves de la devocion que despertaba se pone sobre la mesa una cuestion importante en la mistica femenina: la inversion de roles entre director o confesor y penitente (50). Brondi pudo asumir en cierto modo el papel de <<divina madre>>, algo que situaria a algunos de los religiosos que la rodeaban en el papel de hijos espirituales y explicaria el hecho de que Roma fuese alertada de la supuesta influencia que ejercia sobre alguno de ellos. El caso mas evidente seria el canonigo Mascardi, su acompanante en cada uno de sus desplazamientos. Aunque la correspondencia permite leer entre lineas que no fue el unico (51). Por el contrario, Caterina no tuvo ningun problema con la sustitucion de sus diferentes directores espirituales y de hecho nunca puso ni objeciones ni impedimentos a los cambios que se produjeron en ese sentido.

Pronto se tuvo constancia de la circulacion de algunos escritos contrarios a la difunta. Las criticas hicieron que se pusiese en tela de juicio su experiencia, basada en la equiparacion de amor y sufrimiento, y en la anulacion de su propia persona, viviendo en condiciones extremas y reviviendo la Pasion de Jesucristo. Ademas, en aquella epoca se dudaba de la capacidad que tenian las mujeres para escribir sobre cuestiones espirituales. Segun carta de septiembre de 1719, el origen de las criticas se encontraba en algunos doctores de Pisa, aunque no eran exclusivas de esa ciudad (52). Con posterioridad las acusaciones se extendieron por lugares como Genova, Bolonia y Turin (53). Las criticas arremetian contra <<alcune esteriorita veramente mirabili>> que, segun consideraban, no se explicaban por ley natural (54). De ahi que hubiese quien la consideraba victima enganada y quien, por el contrario, la tildaba directamente de embaucadora. Para asombro de sus devotos, muchos de los detractores eran religiosos y lectores publicos, como el doctor Pellegrini. Pero incluso el arzobispo Frosini manifestaba con prudencia:
   il voler giudicare da un breve discorso sarebbe poca saviezza, il
   voler condannare un spirito approvato sarebbe temerita; io non lo
   condanno, e non l'approvo perche tocca alla Chiesa e non a me (55).


El informe con el resultado de la autopsia, redactado por el auditor y cardenal Giovanni Andrea Pini, no ayudo a disipar las sospechas de falsa santidad, sino que mas bien dificulto la tarea de enviar una relacion consensuada a la Sagrada Congregacion, porque los participantes mantenian opiniones contrarias, en especial sobre dos aspectos basicos: la falta de estigmas y la aparicion de quilo en los intestinos (56). Ambas constataciones ponian en entredicho, por una parte, que Caterina hubiese recibido los estigmas mientras meditaba la Pasion y, por otro, que practicase el ayuno. Los argumentos sobre ambos aspectos, expuestos en el Compendio de Zambeccari, no hicieron mas que avivar la controversia y fueron rebatidos, como senalan las marginalia que contiene el manuscrito original y que, aun siendo anonimas, hacen pensar en la posible autoria de monsenor Frosini. Incluso Bambacari, el autor de las futuras Memorie Istoriche, se quejaria del flaco favor de unos argumentos que, en contraste con la profesion del medico, no tenian ningun peso cientifico. Los datos ofrecidos por Pini tambien divergian del testimonio de Lucrezia Pesciolini, la mujer encargada de lavar el cadaver, que declaro haber apreciado tanto en el corazon como en los pies unas manchas de tono violaceo del tamano <<di un giulio>> (57). En la actualidad algunos autores, como Zarri, han defendido que la ausencia e invisibilidad de los estigmas, cuestion de la que tambien se hizo eco Bambacari en su obra, era propio del modelo de santa Catalina de Siena y que del mismo modo algunas terciarias dominicanas habian recibido las llagas de la Pasion, pero habian quedado impresas en sus cuerpos de manera invisible (58).

Ante la situacion monsenor Frosini evito entrar en la controversia de si era posible la union mistica de un alma con Dios, aunque recurriendo al pensamiento de san Agustin, consideraba que era necesario que el director vigilase a su dirigida para evitar que cayese en peligros, la defendiese de las emboscadas, le descubriese los enganos del enemigo, la aconsejase en la humildad y la ejercitase en la obediencia. Ademas asimilo las voces contrarias a la joven con aquellas de quienes en su momento se opusieron a Jesucristo. Era una actitud, decia, propia de personas mundanas contra quienes andan por caminos distintos a los suyos, porque
   diverse sono le strade per le quali Iddio ci chiama; chi negli
   eremi a stare occulti; chi serrati ne i buconi, e chi in vitta del
   popolo per guadegnare anime a Dio (59).


Tampoco los devotos se salvaron de las criticas. Por ejemplo, se puso en entredicho la capacidad de Frosini para ejercer la direccion espiritual, reprobandosele su labor por haber pecado de credulidad al no realizar en su momento las pruebas pertinentes para validar el espiritu de Brondi. Y este, en su replica, se mostraba sorprendido de que sus detractores se convirtiesen en maestros de los demas y se considerasen conocedores de los errores que se cometen en la direccion de un alma, y ello, anadia, sin conocer a Caterina, <<senza sapere qual sia il suo spirito, quali doni, quali lumi abbia ella avuti da Dio>> (60). Consideraba que al condenarle a el, asumian un papel que le correspondia en exclusiva al Tribunal de la Inquisicion, una institucion, segun reconocia, temida y venerada por todo el mundo cristiano. Tampoco Mascardi salia mejor parado, siendo ridiculizado por algunos sectores eclesiasticos y siendo acusado, en unos memoriales anonimos enviados a Roma, de intentar que Caterina pareciese una santa (61).

Poco se conoce hasta el momento del papel desempenado por el Papado. De las fuentes originales se desprende que ni Clemente XI ni su sucesor Inocencio XIII quisieron quedar al margen. El primero se mostro contrario a Brondi, quiza por las similitudes de su forma de actuar con el quietismo e incluso (62), segun se contaba, habia llegado a sentir <<timore delle finezze fatte ad essa da S.A.R. e dalla Corte, per dubbio, che non l'invanisca>>63. El segundo, Inocencio XIII, permitio la publicacion de las Memorie Istoriche--como se vera mas adelante--, si bien su posicionamiento era muy diferente al de Cosme III, que siempre se habia mostrado a favor de Caterina, buscando su compania y su mejor acomodo. La postura del Gran Duque no evito que en determinado momento los rumores y criticas tambien le afectasen a el, y ante la duda creyo conveniente que su secretario Caramelli contrastase que aspectos de aquella experiencia espiritual habian sido autenticados por la Iglesia. Quiza en su mente surgio el temor de estar apoyando un caso de falsa santidad y un buen principe cristiano no podia permitirse un error de esas caracteristicas.

5. MEMORIAS DE UNA EXPERIENCIA

Tras la muerte de la santina su experiencia espiritual y vital quedo plasmada en dos ambitos, el privado y el publico. En el primer caso quedo recogida en los intercambios postales entre personas de confianza que habian vivido su historia de cerca. En el segundo, se vio preservada a traves de diferentes muestras de admiracion y devocion, la mayoria poesias manuscritas y de autoria anonima, destacando entre las impresas Per la morte della buona serva del signore Maria Caterina Brondi di Sarzana, del noble Camillo Ranieri Borghi (64). Sin embargo, la defensa de la memoria de la difunta y la dilucidacion de la autenticidad de su experiencia requeria de un esfuerzo mayor que unos simples poemas o unos posicionamientos que quedaban ocultos bajo el manto del secretismo epistolar. Monsenor Francesco Frosini era consciente de la necesidad de dar notoriedad al caso Brondi, lo que explica que poco despues del fallecimiento ya tuviese en mente la idea de elaborar una obra hagiografica. Desde el principio Cosme III apoyo el proyecto, para el que se eligio como autor al abad Cesare Nicolo Bambacari, quien ya habia realizado un trabajo similar en la Descrizione delle azioni, e virtu dell'Illustrissima Signora Lavinia Felice Cenami Arnolfini, publicada en Lucca el ano 1715. El abad consideraba que Dios queria que se supiesen las historias de quienes le servian y que ese conocimiento se hiciese a traves de medios humanos, argumentando ademas que la publicacion de esas obras permitia saber que grandes principes se habian interesado por este tipo de cuestiones.

A partir de ese momento su tarea como autor consistio en reunir la mayor cantidad de datos posibles, investigando y buscando a las personas que conocian o poseian las informaciones mas fiables sobre la santina, y para ello no habia nada mejor que desplazarse a los diferentes escenarios donde habian transcurrido su vida y su experiencia espiritual. La cronologia de los desplazamientos puede resumirse de la manera siguiente. En octubre de 1719 el abad viajo de Lucca a Sarzana y desde alli fue en noviembre hasta Pisa. A inicios de 1720 se traslado a Genova y alrededor de febrero del mismo ano visito al Gran Duque en Florencia. De vuelta en Lucca, el abad se dedico a ordenar los datos recopilados, asi como nuevos textos y testimonios que iba recibiendo en esa ciudad. Llego a elaborar un listado con los nombres de las personas que se los habian entregado y que en un recuento de mediados de 1721 se situaban en setenta y cuatro testimonios. Actualmente en el Archivio Storico Diocesano di Lucca se conserva un Registro delle relazioni spettanti alle Virtu, e azzioni di Maria Caterina Brondi, donde constan los documentos recopilados y el lugar en el que acaecen los hechos narrados en ellos (65). Es de imaginar, y asi lo corrobora la correspondencia, que a traves de las fuentes pretendia demostrar que los testigos eran personas dignas de credito, a diferencia de lo que sospechaban quienes se mostraban criticos. Esta idea se vio reforzada en el momento en que se considero conveniente que los documentos fuesen autenticados con juramento tomado ante notario. Sin embargo, no se evito que mas adelante los detractores considerasen que habia distorsionado los atestados y relaciones utilizados en la obra.

El abad Bambacari se defendio de las acusaciones, definiendose como un historiador que daba por supuesta la validez y la autenticidad de las fuentes documentales que utilizaba en la redaccion de su trabajo, puesto que <<racconto puramente i fatti, quali numerosissimi attestati mi hanno riferiti>> (66). No hacia apologias ni daba causa a disputas o a controversias, simplemente contaba los hechos tal y como se referian en los atestados. Puso especial empeno en remediar el descredito y dar respuesta a las calumnias que se habian vertido sobre la difunta. Reconocia que el mismo habia tenido que superar sus recelos ante este tipo de cuestiones misticas, a las que ahora se acercaba no solo mediante sus propios pensamientos, sino apoyandose en libros de historia eclesiastica y, especialmente, en los textos y opiniones de Doctores y Santos Padres de la Iglesia como, por ejemplo, san Dionisio Aeropagita, san Agustin de Hipona, san Bernardo de Claraval, santo Tomas de Aquino y san Francisco de Sales, e incluso de su coetaneo el cardenal Giovanni Bona. Tampoco se olvidaba de las voces de mujeres misticas como Angela de Foligno, Catalina de Genova o santa Teresa de Jesus, por citar algunas, personajes que a traves de sus experiencias y escritos le permitian comprender y aproximarse mejor a Brondi. Ademas, recurria a los diversos libros que conforman la Biblia. A traves de todas esas obras no solo defendia a Caterina, sino que tambien se dedicaba a reflexionar sobre la inconsistencia de los argumentos de sus opositores, en lo que era un intento por demostrar que tras las acciones de la santina no existian siniestras intenciones. Bambacari consideraba que las criticas dirigidas a ella y a sus devotos se habian agudizado por tres razones basicas. La primera era la opinion de algunos religiosos dominicanos de Sarzana, que ridiculizaban la actuacion del canonigo Mascardi; la segunda, la controversia generada entre algunos doctores de Pisa por la defensa que a nivel anatomico realizaba Zambeccari; y, por ultimo, el fervor popular que se habia generado en la ciudad pisana. Quiza por eso utilizo la carta a los lectores, que se incluiria en las primeras paginas de las Memorie Istoriche, para exculparse de todo cuanto se decia en su contra y tambien para dejar constancia de su desagrado por el empeno en calumniar a los devotos de Caterina, incluso en el caso del reputado y difunto Padre Paolo Segneri junior. Algo inexplicable al constatar la labor que este y otros religiosos jesuitas, como el Padre Giovanni Maria Crivelli, habian realizado para la difusion y mantenimiento de la doctrina cristiana en territorio italiano a traves de las misiones populares.

Por lo tanto, no resulta extrano que desde el principio el abad decidiese mantener bajo discrecion todo el asunto de la redaccion de la hagiografia y que apenas hablase ni escribiese a los amigos. Mediante el silencio y el secretismo pretendia no aumentar las hostilidades de quienes mantenian posicionamientos criticos. Pidio la misma cautela a las personas implicadas en el proyecto, demandando especial prudencia con los originales y copias de los textos redactados por Brondi. Su intencion era resguardar toda la cuestion hasta que Dios, decia, quisiera manifestar la verdad y evitar que Roma exigiese el envio de dichos documentos para su inspeccion. A pesar de esa reserva, algunas cartas entre terceros circularon de mano en mano. En ellas los remitentes ofrecian de manera sesgada sus reflexiones. Asi queda recogido en las fuentes, donde se pone en evidencia que eran conscientes de que se trataba de una materia delicada y aunque sabian a quien dirigian la correspondencia, nunca tenian la seguridad de hasta donde podia llegar y quien la podia leer (67). Por eso tenian en cuenta que comentarios y opiniones dejaban por escrito.

La ardua labor de redaccion y composicion de las Memorie Istoriche se vio retrasada unas veces por el cansancio provocado por todo el proceso, que iba haciendo mella en el animo del abad, pero tambien por problemas con los copistas. A pesar de todo la estimacion demostrada por Cosme III era, segun el autor, un estimulo que anadia Dios para darle coraje ante su propia flaqueza. De hecho, apelaba al Gran Duque para que la obra no quedase sepultada a su muerte, en un momento en el que evidentemente desconocia que el, Bambacari, le sobreviviria cinco anos.

A peticion del propio autor los ejemplares manuscritos fueron revisados por Cosme III y por monsenor Frosini. De ambos esperaba la opinion de riguroso censor y no de <<benigno padrone>> (68). Le interesaba conocer que aspectos del contenido era necesario modificar para salvar cualquier inconveniente de cara a su publicacion. En la redaccion habia usado las formas prescritas por el papa Urbano VIII en materia de santidad y habia enmendado aquellas cuestiones que podian dar sombra de sospecha o atentar contra las constituciones pontificias, asi como las cuestiones que eran condenadas en materia mistica y que habian situado en el punto de mira a otros textos similares (69). Esperaba que la autoridad de ambos hombres le sirviese de puente para que teologos examinasen la obra, pues sus juicios ayudarian a borrar cualquier error o sombra de duda que pudiese aparecer reflejada en sus paginas. Solo uno, de los dos teologos que la leyeron, condeno de forma escueta algun concepto considerado poco conforme con el rigor teologico, si bien ambos coincidieron al senalar que el autor usaba demasiada modestia, que era poco resolutivo y que utilizaba la prudencia al remitirse en todo al juicio de los lectores.

Finalmente la obra se compuso de seis libros, recopilados en dos volumenes. El primer libro situaba al personaje y el segundo se centraba en cuestiones relacionadas con la espiritualidad. En el tercero se relataban cada uno de los viajes realizados por Brondi, aunque se dedicaba mayor atencion a la estancia en Pisa. En el cuarto quedaban recogidas las propias reflexiones de Bambacari, como autor, sobre diversos aspectos de la experiencia espiritual y vital. Los libros cinco y seis, ambos reunidos en el volumen dos, narraban las gracias e inteligencias que Dios compartio con Caterina y que ella tan solo habia comunicado a sus directores espirituales. Estos dos ultimos, por el motivo que se indica, requerian mayor discrecion en la lectura, de ahi que fuesen redactados en latin, a diferencia de los cuatro anteriores, que estaban escritos en lengua italiana. Se trataba de una practica habitual que dificultaba el acceso a este tipo de contenidos a personas poco avezadas o ajenas al conocimiento teologico y mistico.

Sobre la cuestion de la publicacion, el cardenal Orazio Filippo Spada recomendo y considero conveniente conseguir la colaboracion del cardenal Giovanni Battista Tolomei, no solo por su fama de buen teologo y critico, sino tambien porque era consejero de la Sagrada Congregacion de los Ritos. Su autoridad tenia mucho peso y eso hacia pensar que contar con su favor facilitaria que se tratase el tema de la edicion de las Memorie Istoriche o que otros miembros de la congregacion, con conocimientos de mistica, examinasen la obra. Por su parte, en octubre de 1720, el Gran Duque rogaba por carta al cardenal Carlo Agostino Fabroni que usase sus influencias de la manera en que su prudencia le dictase mas oportuno. Sin embargo, la respuesta evidenciaba la reserva que el eclesiastico ya habia mantenido con anterioridad en el caso de otros informes sobre materias tan delicadas. Pues segun reconocia, se trataba de cuestiones que merecian una consideracion bien madura. Un ano mas tarde Cosme III recurria a sus ministros en Roma para conseguir por fin la licencia de publicacion. Pero no seria hasta alrededor de enero de 1722, cuando se tuvo conocimiento de una carta enviada por Inocencio XIII al cardenal Agnese, donde se concedia plena licencia para la publicacion de la obra (70). A pesar de ello las Memorie Istoriche no vieron la luz hasta 1743, durante el pontificado de Benedicto XIV. Para entonces ya habian desaparecido buena parte de sus protagonistas y de las personas que participaron mas activamente en la experiencia de Maria Caterina Brondi y en el proyecto hagiografico.

6. CONCLUSIONES

Como se ha visto a lo largo de las paginas precedentes, el conocimiento de Maria Caterina Brondi se realiza a traves de tres tipos de fuentes. A la relativa abundancia de fuentes escritas, sean propias o ajenas, hay que anadir la existencia de diversos retratos, alguno de los cuales ha sido mencionado, pero que no son objeto de atencion en el presente articulo. Esas tres vias, donde se combina la informacion manuscrita, impresa y grafica, permiten al investigador una aproximacion a su aspecto, a sus pensamientos y a sus creencias, asi como a la imagen mental que los demas tenian de ella.

En sus escritos se intuyen dos influencias: las conversaciones que mantuvo con sus directores espirituales y las lecturas que ellos mismos le recomendaron. De ahi que sus textos deban entenderse como el reflejo de cuanto escuchaba, leia y veia, aun cuando no supiese expresar o interpretar los conceptos con la correccion teologica que tal vez se esperaba desde Roma. Una reflexion que de modo mas generalista ya fue apuntada por Ludovico Antonio Muratori en la obra Della forza della fantasia umana, publicada en Venecia el ano 1745. Por eso no resulta extrano el punto de incertidumbre que destilan los escritos de Caterina, en los que a menudo pide perdon y se excusa de cuanto plasma en el papel, una actitud propia de este tipo de textos misticos.

A traves de la correspondencia entre terceras personas se atisba que en su experiencia espiritual tuvieron cabida personajes de mayor y menor relevancia, tanto en el plano politico, eclesiastico y social. Aunque, sin lugar a dudas, entre todos ellos destacaron especialmente el Gran Duque Cosme III, el canonigo Giovanni Bartolomeo Mascardi, el abad Cesare Nicolo Bambacari y el arzobispo Francesco Frosini, quienes por otra parte posibilitaron de forma activa la pervivencia de la memoria de Brondi, asumiendo cada uno un rol bien diferenciado. Mascardi realizo un papel de primer orden al ocuparse de la labor de recopilacion, conservacion y custodia documental. El Gran Duque jugo a ser el gran intermediario, recibiendo, leyendo y reenviando buena parte de la documentacion. Esas funciones resultaron basicas e indispensables para que Bambacari recabase y seleccionase la informacion que creyo conveniente para redactar las Memorie Istoriche. Y en ese engranaje Frosini se erigio como el director del proyecto encaminado a defender el recuerdo, no solo con la intencion de preservar su ejemplo con vistas a un posible proceso de beatificacion futuro, sino tambien en defensa de quienes creyeron en esa experiencia. Ellos construyeron la historia a partir de sus propios pensamientos y de su participacion, situaron a la santina di Sarzana ante Roma y la sociedad, e incluso lograron hacer que su memoria no se perdiese, dejando constancia escrita de su caracter extraordinario. Sin el valor que estos hombres le otorgaron, ella habria desaparecido, no habria quedado ningun rastro de su existencia y de sus escritos.

En el caso Brondi hubo implicacion de las autoridades politicas y eclesiasticas --reflejada en la correspondencia y en las relaciones--y existio, ademas, devocion Popular--cuya voz se deja escuchar en los multiples testimonios de milagros y curaciones--. A la vez se constata como la santina paso de ser un fenomeno puramente local a serlo a nivel de instituciones territoriales mas amplias y poderosas como la Republica de Genova, el Gran Ducado de Toscana y la Santa Sede. A nivel personal se intuye la dependencia que Caterina generaba en ciertos religiosos, especialmente el canonigo Mascardi, el obispo Ambrogio Spinola y el padre jesuita Paolo Segneri junior, con quienes convivio durante mas tiempo. Estos y otros religiosos, encargados de controlar su camino de perfeccion, acabaron convirtiendose en coparticipes de una devocion popular que daba credibilidad a una serie de hombres y mujeres con dones especiales. No es extrano, por tanto, que fuesen criticados y reprobados por quienes se consideraban, tanto si lo eran como si no, guardianes de la ortodoxia frente a la herejia. Conviene aqui recordar que el teologo catolico Karl Rahner definio este ultimo concepto de la manera siguiente:
   Eresia e per tanto sempre una dottrina che contro la propria
   volonta minaccia il complesso di un organismo spirituale, in quanto
   questo si fondi sul rapporto con l'unico e intero accadimento della
   Rivelazione che anche l'eretico afferma (71).


Este punto lleva a senalar que a medida que se avanza en el caso Brondi, comienzan a distinguirse diversos frentes alrededor de su experiencia espiritual. Ya se ha visto que aparece definido un conflicto puramente religioso, pero tambien a un nivel menor existen otros que estan relacionados. En el estrictamente religioso, que enfrento a devotos y detractores, las fuentes ofrecen una vision de los aspectos polemicos y de los argumentos aducidos por ambas partes, si bien cabe admitir que asi como el pensamiento de los devotos viene mostrado a menudo en primera persona, no ocurre lo mismo con la voz critica. En la documentacion consultada se presenta a traves del filtro de los corresponsales, siempre favorables a la santina, y no de la propia pluma de quienes estan en su contra. Aun asi, mediante los argumentos conocidos, puede decirse que unos y otros se igualaron a la hora de utilizar y manipular la informacion con la intencion de que sus posturas saliesen victoriosas. Un ejemplo se encuentra en la asimilacion que se hizo de la vida pasiva y contemplativa de Caterina con algunos puntos defendidos por el quietismo, obviando, para asombro del investigador, la vida activa que habia llevado en los hospitales de Genova y Pisa, en beneficio de la comunidad. A partir del enfrentamiento religioso y del intercambio epistolar se intuye una critica soterrada a la Iglesia catolica, dejando entrever que sus mayores enemigos se encontraban precisamente en los estamentos eclesiasticos. Por lo tanto, se pone de manifiesto la estrechez de miras de la que hacian gala ciertos circulos ante experiencias que se escapaban de los canones establecidos desde Roma y que no solo significaba una diferencia entre el modo de actuar y de acercarse a esas formas de espiritualidad por parte de la Iglesia local y de la Santa Sede, sino que tambien marcaba una distancia entre ambos sectores religiosos.

El estudio de Maria Caterina Brondi muestra un cambio de actitud en las autoridades eclesiasticas romanas, que parece producirse tras su viaje a la ciudad de Pisa. A partir de aqui se abren algunos interrogantes para el investigador, entre otros el que en esta primera aproximacion al personaje no se ha encontrado una respuesta desde fuentes vaticanas. En el aire queda el dictamen sobre las pruebas y los examenes a los que se vio sometida en vida, y el control de las relaciones escritas por ella, pero tambien la pregunta de hasta que punto la expectacion y la oleada de devotos en esa ciudad o las criticas hicieron mella en ese primer posicionamiento. Como pudieron afectar el comercio de reliquias--en el que incluso llegaron a participar algunas monjas de Santa Chiara--o su presentacion como divertimento ante los cortesanos florentinos--exhibicion de la que fueron testigos diversos teologos--. Estas y otras razones pudieron ser entendidas y consideradas reprobables y mas propias de una embaucadora que de una autentica sierva de Dios, denominacion que, por otra parte y desde el punto de vista religioso, ya indica que en cierto momento hubo aceptacion de su experiencia.

En el Siglo de las Luces el caso Brondi supuso un enfrentamiento entre ciencia y religion, el segundo conflicto, puesto que el choque del ideario catolico de la Ilustracion con las creencias religiosas y la devocion popular era inevitable. En el primero no tenian cabida curaciones milagrosas, levitaciones, estigmas ni el resto de fenomenos sobrenaturales tan estrechamente relacionados con las <<santas vivas>>. En este sentido el debate medico generado a raiz de los resultados de la autopsia se convierte en un buen ejemplo. En cuanto al tercer conflicto, el politico-religioso, se muestra de manera indirecta en la preponderancia de la autoridad romana sobre Cosme III en materia religiosa, pues es la Sagrada Congregacion del Santo Oficio, y no el Gran Duque, quien decide en relacion a los viajes de Caterina por la geografia toscana, quien senala su lugar de sepultura y quien otorga la licencia de publicacion de las Memorie Istoriche. El Gran Duque ayuda, intercede, mueve ficha cuando puede o cree que hacerlo es conveniente, pero en ningun caso tiene la ultima palabra. Ambas partes muestran posicionamientos muy distintos en relacion a la experiencia. Por ultimo, se dibuja un conflicto territorial, una lucha entre las ciudades de Sarzana, Genova y Pisa. Tras la voluntad de disponer del cadaver podrian conjugarse diversas cuestiones, una de tipo sentimental--Sarzana, lugar de nacimiento y donde transcurrio buena parte de su existencia--, otra de culto religioso--los beneficios espirituales que podia reportar su cuerpo como reliquia a la comunidad--e incluso una ultima de caracter economico--la llegada de devotos provenientes de lugares diversos--.

El volumen documental, su lectura y su posterior analisis situan frente a los protagonistas y los autores, quienes a menudo coinciden representando ambos papeles; frente a las interacciones entre unos y otros; frente a los pensamientos privados--y ahora publicos--en los que se entremezclan la propia vision con la vision que se tiene de los demas. El estudio de Brondi permite descubrir toda una serie de personajes secundarios que acaban resultando tan interesantes como la protagonista. Tambien posibilita mostrar que en ellos se aunan y se alternan la dependencia, la admiracion y el temor. De una de esas formas de dependencia se hablo mas arriba, y va muy unida a la devocion, pero existe otra estrechamente unida al patronazgo en todas sus manifestaciones--economica, politica y religiosa--. La admiracion se observa en muchos de los textos utilizados en este trabajo y tiene como principales destinatarios a la propia Caterina, a Cosme III e incluso a monsenor Francesco Frosini. El temor aparece de diversas maneras a lo largo de todo el articulo, aunque merece la pena resaltar uno por sus connotaciones, por todo lo que significa: temor a Roma y a su control, un temor que se contrapone a la confianza depositada en el Gran Duque. El vinculo, el compromiso que se establece entre el y los religiosos que participan en el proyecto hagiografico son evidentes y no tienen nada que ver con las tacticas e indicaciones que se dan entre ellos para proteger no solo la memoria de la joven, sino tambien sus escritos. A traves de esta formula se puede acceder a personajes que se consideraban pecadores, indignos e imperfectos--como Mascardi o Spinola--, a otros que luchan por sacar adelante su trabajo entre altibajos--como Bambacari--, y frente a ellos el investigador no puede mas que fijar su atencion en monsenor Frosini, el ultimo en unirse a la experiencia de Brondi, pero, a mi modo de ver, el verdadero hombre fuerte, capaz de asumir la decision de sepultar el cadaver--incluso antes de que se pronunciase la Sagrada Congregacion del Santo Oficio--y de tomar las riendas del proyecto hagiografico. Precisamente en estas paginas se da cuenta de la importancia de sus palabras y de su actuacion durante los ultimos momentos y los anos posteriores a la muerte de Caterina, que son los que mas dicen de el. A pesar de los ataques y las criticas, el arzobispo de Pisa conservo como eclesiastico la autoridad y el credito que Marcardi fue perdiendo por el camino, no solo de cara a los opositores, tambien frente a sus companeros de proyecto.

Las evidencias expuestas en estas paginas permiten desdecir la opinion del canonigo Casimiro Bonfigli, autor del mencionado opusculo Conoscete Caterina Brondi? (1950), donde se atrevia a conjeturar sobre la predileccion que sentia Cosme III por ella. La documentacion parece contundente al respecto, la correspondencia intercambiada con el canonigo Mascardi situa su interes por la santina di Sarzana al mismo nivel del interes que sentia por otras mujeres misticas. Buscaba un beneficio espiritual para el, la familia gran ducal y sus territorios, de ahi que no resulte extrano que, tras su fallecimiento, encomendase la tarea de encontrar otra sierva de Dios que cumpliese un patron similar. La ausencia del Gran Duque durante el funeral hace pensar que en el fondo Caterina quiza no era tan especial para el.

Aun asi la sombra de Cosme III resulto ser alargada y esto debio favorecer en un principio que la Iglesia aceptase el caso Brondi. Sin embargo, puede concluirse que confluyeron toda una serie de factores, algunos ya comentados, que acabaron jugando en contra. A la muerte de Caterina en 1719 le siguio el conflicto entre detractores y devotos, y la desaparicion del Gran Duque--su protector mas poderoso--en 1723. Aunque la princesa palatina Ana Maria Luisa de Medici habia compartido con su padre el interes por la santina, no parece que el sucesor al frente del gobierno toscano, su hermano Gian Gastone de Medici, hiciese lo propio. Tras la desaparicion del padre y su exclusion de cualquier tipo de participacion en el gobierno, la princesa se retiro en el Monastero delle Quiete, en Florencia. Su muerte en 1743 coincidio con la publicacion de las Memorie Istoriche, pero para entonces ya habian desaparecido los principales defensores de Caterina: el abad Cesare Nicolo Bambacari, el arzobispo Francesco Frosini, el obispo Ambrogio Spinola y el canonigo Giovanni Bartolomeo Mascardi. No habia nadie que continuase defendiendo de forma activa su excepcionalidad ni tampoco que iniciase, segun parece, el proceso de beatificacion. Esta es precisamente la cuestion, donde el estudio sobre Brondi encuentra sus principales escollos, pues hasta el momento no hay indicios de que se iniciase dicho proceso. En las fuentes documentales solo se han localizado unos breves comentarios del auditor Giovanni Andrea Pini y del abad Bambacari en relacion a un futurible proceso. Tampoco los historiadores Adriano Prosperi o Elena Bottoni han aportado en sus investigaciones datos esclarecedores al respecto, aunque monsenor Paolo Cabano y el Dr. Maurizio Vaglini sostengan que las acusaciones que situaban la experiencia de Brondi dentro de los parametros del quietismo frenaron un proceso iniciado desde Pisa.

De trasfondo a la historia de Maria Caterina Brondi, la documentacion permite una aproximacion a tres temas interesantes por si solos, como son el bigottismo de Cosme III, del que autores como Furio Diaz o Marcello Fantoni han hablado en sus obras (72); los problemas sucesorios del Gran Ducado de Toscana; y aspectos diversos de la religiosidad de la epoca. Temas que se van entrelazando a lo largo de la correspondencia de los personajes principales. El Gran Duque parece vivir una religiosidad que tiene mas que ver con las manifestaciones externas que internas, de manera que queda estrechamente unida al ejercicio del poder. Respecto a los problemas sucesorios, sus encuentros con la santina dejan entrever la importancia que Ana Maria Luisa de Medici tuvo para su padre, quien pretendio convertirla en heredera legitima al trono si fallecia su hermano Gian Gastone. Sin embargo, se hace dificil imaginar o creer que llegase a tratar del asunto con Caterina, tan alejada mentalmente de este tipo de cuestiones terrenales. Evidentemente, tampoco hay constancia documental de sus conversaciones. En cuanto a la vida religiosa, aparecen continuas referencias a otras mujeres misticas que durante la epoca compartieron protagonismo con Caterina, como santa Veronica Giuliani, la beata Florida Cevoli y la sierva de Dios Maria Maddalena Boscaini, algunas ya citadas en la introduccion y cuyas experiencias espirituales no son del todo desconocidas a nivel bibliografico y que en cierto modo tienen un punto de conexion con Brondi, bien sea a traves de la confluencia de personajes--el Padre Giovanni Maria Crivelli, director espiritual de Giuliani--, las trazas epistolares--cartas de Cevoli--o la coincidencia espacio-temporal --Boscaini, su discipula en Pisa--. Ademas, las menciones a comunidades religiosas, como San Benedetto, en Pisa, y Sant'Antonio, en Pontremoli, situan al investigador ante otras realidades, puesto que se promovieron y se apoyaron experiencias espirituales similares de manera mas o menos abierta por ordenes con propositos de reforma interna y de renovacion de la Iglesia, en los que se vieron inmersos algunos conventos femeninos. Por otra parte, en las cartas del canonigo Mascardi se aboga por la pobreza evangelica y la necesidad de que los sacerdotes den ejemplo al pueblo, haciendo uso exclusivo de lo indispensable para vivir. De nuevo aparece un posicionamiento critico con la institucion y en especial con el comportamiento de sus ministros. En esas palabras y en la pretension de las monjas de San Benedetto--que quisieron hablar con Brondi--se intuye el descontento de algunos individuos de la Iglesia catolica. Quiza es una demostracion soterrada, disimulada, pero que indiscutiblemente estaba latente. Se trata de la semilla del malestar en ciertos sectores religiosos de ambito local. Ellos no eran misticos ni vivian la religion desde un punto de vista heterodoxo, aunque sin duda tampoco compartian la vision de quienes se otorgaban el poder de decidir como vivir la espiritualidad y donde empezaba y acababa la ortodoxia.

Para terminar, tan solo recordar que la figura de Maria Caterina Brondi es rica en contenidos, con o sin proceso de beatificacion, contase o no con el apoyo de las autoridades eclesiasticas romanas. Asi lo demuestran el presente articulo y el volumen de fuentes originales, y lo corrobora el hecho de que una personalidad como el Gran Duque Cosme III fuese tan activo en la historia. Es cierto que la escasez bibliografica en torno a ella -aspecto que tambien la asimila a su protector, uno de los miembros de la familia Medici que menor interes ha despertado en los historiadores- podria pesar en su contra. Sin embargo, debe alentar a una investigacion en profundidad, en un intento por descubrir el porque de la inconclusion de algunos aspectos, como un proceso de beatificacion del que se hubiese inferido la veracidad o la falsedad de su experiencia. De ahi que su completo conocimiento no pueda darse por finalizado.

DOI: http://dx.doi.org/10.14201/shhmo2016381287318

Montserrat MOLINA EGEA

Biblioteca de Catalunya

Correo-e: mmolina@bnc.cat

BIBLIOGRAFIA

ARRIGO ORLANDI, P.: I fenomeni fisici del misticismo. Milan, Gribaudi, 1996.

BAMBACARI, C. N.: Descrizione delle azioni, e virtu dell'Illustrissima Signora Lavinia Felice Cenami Arnolfini. Lucca, Pellegrino Frediani, 1715.

BAMBACARI, C. N.: Memorie Istoriche delle Virtu, ed Azioni di Maria Caterina Brondi Vergine Sarzanese. Lucca, Salvatore e Giandomenico Marescandoli, 1743.

BOLGENI, G. V.: El obispado: Disertacion sobre la potestad de gobernar la Iglesia, en que se demuestra la divina institucion de su gerarquia [sic], vol. 2. Madrid, Oficina de Francisco Martinez Davila, 1824.

BONFIGLI, C.: Conoscete Caterina Brondi? Verona, Scuola Tipografica Vescovile Casa Buoni Fanciulli, [1950].

BOTTONI, E.: Scritture dell'anima: Sperienze religiose femminilinella Toscana del Settecento. Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 2009.

CABANO, P.: <<Vera o falsa santita nella diocesi lunense tra XVII e XVIII secolo>> (en prensa).

CAFFIERO, M.: <<Tra modelli di disciplinamento e autonomia soggettiva>>, en SCARAFFIA, L. y Zarri, G. (eds.): Donne e fede. Santita e vita religiosa in Italia. Bari, Laterza, 1994, pp. 265-281.

CARTAREGIA, O.: <<Brondi Maria Caterina>>, en Dizionario biografico dei Liguri: dalle origini al 1990, vol. 2. Genova, Consulta Ligure, 1994, pp. 259-260.

CATTO, M.; GAGLIARDI, I. y PARRINELLO, M. (eds.): Direzione spirituale tra ortodossia ed eresia. Brescia, Morcelliana, 2002.

CULIANU, I. P.: I viaggi dell'anima: sogni, visioni, estasi. Milan, A. Mondadori, 1994.

DIAZ, F.: Il Gran Ducato di Toscana: I Medici. Turin, UTET, cop. 1987.

DURANTI, M. (ed.): Il sentimento tragico dell'esperenza religiosa: Veronica Giuliani (1660-1727). Napoles, Edizioni scientifiche italiane, 2000.

FANTONI, M.: <<Il bigottismo di Cosimo III: da leggenda storiografica ad oggetto storico>>, en ANGIOLINI, F.; BECAGLI, V. y VERGA, M. (eds.): La Toscana nell'eta di Cosimo III. Atti del Convegno, Pisa-San Domenico di Fiesole (FI), 3-4 Giugno 1990. Florencia, Edifir, 1993, pp. 389-402.

FASCETTI, A.: <<L'oblata Maria Caterina Brondi>>, Rassegna: periodico di cultura e di informazioni, 4-6, 1973, pp. 57-58.

FIORELLI, V.: <<Cupio dissolvi. Destini di donne tra profetismo e ascesi monastica>>, en GALASSO, G. y VALERIO, A. (eds.): Donne e religione a Napoli: Secoli XVI-XVIII. Milan, Franco Angeli, reimpr. 2009, pp. 210-237.

FIORELLI, V: I sentieri dell'inquisitore. Sant'Uffizio, periferie ecclesiastiche e disciplinamento devozionale (1615-1678). Napoles, Alfredo Guida, 2009.

GRECO, G.: <<Monasteri ed esperienze religiose femminili nella Toscana moderna. Problemi ed ipotesi di ricerca>>, en AGLIETTI, M. (ed.): Nobildonne, monache e cavaliere dell'Ordine di Santo Stefano: Modelli e strategie femminili nella vita pubblica della Toscana granducale. Pisa, Edizioni ETS, 2009.

GUIDETTI, A.: Le missionipopolari: igrandigesuiti italiani: disegno storico-biografico delle missioni popolari dei gesuiti d'Italia dalle origine al Concilio Vaticano II. Milan, Rusconi, 1988.

LEONARDI, C.: <<La santita delle donne>>, en POZZI, G. y LEONARDI, C. (eds.): Scrittrici mistiche italiane. Genova, Marietti, 1996, pp. 43-57.

LEVATI, L. M.: Vescovi barnabiti che in Liguria ebbero i natali o la sede: studio storico. Genova, Tip. Della Gioventu, 1910.

MAJORANA, B.: <<Missionarius/concionator. Note sulla predicazione dei gesuiti nelle campagne (XVII-XVIII secolo)>>, Aevum, 73:3, 1999, pp. 807-829.

MALENA, A.: L'eresia deiperfetti. Inquisizione romana ed esperienze mistiche nelSeicento italiano. Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 2003.

MOLINA EGEA, M.: El ultimo viaje de Maria Caterina Brondi, una mistica en la corte del Gran Duque de Toscana durante el primer tercio del siglo XVIII. Trabajo final del Master en Estudios Historicos de la Universidad de Barcelona. 2013.

MOLINA EGEA, M.: <<Conoscete Caterina Brondi?>>, LuccaSette (1 de diciembre de 2013), p. 2.

MOLINA EGEA, M.: <<Cosme III, Gran Duque de Toscana, y el uso de las reliquias>>, comunicacion en el Colloque International <<Reliques politiques I. Corps Saints d'Anciem Regime>>, Casa de Velazquez (Madrid), 19-20 de marzo de 2015 (en prensa).

MUCCI, G.: Rivelazioniprivate e apparizioni. Leumann, Elledici, [2000].

MURATORI, L. A.: Della forza della fantasia umana. Venecia, Pasquali, 1745.

PETROCCHI, M.: Il quietismo italiano del Seicento. Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, 1948.

PETRUCCI, A. y GIMENO BLAY, F. M. (eds.): Escribir y leer en Occidente. Valencia, Universitat de Valencia, 1995.

POSSANZINI, S.: Serafina di Dio: mistica carmelitana. Roma, Edizioni Carmelitane, 2001.

POZZI, G.: <<L'alfabeto delle sante>>, en POZZI, G. y LEONARDI, C. (eds.): Scrittrici mistiche italiane. Genova, Marietti, 1996, pp. 21-42.

POZZI, G. y LEONARDI, C. (eds.): Scrittrici mistiche italiane. Genova, Marietti, 1996.

PROSPERI, A.: <<Brondi, Maria Caterina>>, en Dizionario Biografico degli Italiani, vol. 14, 1972, pp. 457-459.

PROSPERI, A.: Tribunali della coscienza: inquisitori, confessori e missionari. Turin, Einaudi, cop. 1996.

PROSPERI, A.: <<Diari femminili e discernimento degli spiriti. Le mistiche della prima eta moderna>>, leccion ofrecida en el Departamento de Historia de la Universita di Trieste el 19 de enero de 1994, edicion digital en: http://dprs.uniroma1.it/sites/default/ files/173.html [Consultada el 27 de abril de 2015).

PUCCETTI, P. M.: Vita della serva di Dio Maria Maddalena Turriani. Roma, Stamperia Zenobj dirimpetto al Seminario Romano, 1731.

RAHNER, K.: Che cos'e l'eresia. Brescia, Paideia, 1964.

SCARAFFIA, L. y ZARRI, G. (eds.): Donne e fede. Santita e vita religiosa in Italia. Bari, Laterza, 1994.

ZARRI, G.: Le Sante Vive: Profezie di corte e devozione femminile tra '400 e '500. Turin, Rosenberg & Sellier, 1990.

ZARRI, G.: <<Dalla profezia alla disciplina (1450-1650)>>, en SCARAFFIA, L. y ZARRI, G. (eds.): Donne e fede. Santita e vita religiosa in Italia. Bari, Laterza, 1994, pp. 177-225.

ZARRI, G.: Memoria e comunita femminili: Spagna e Italia, secc. 15.-17. Florencia, Firenze University Press, 2011.

(1.) Este trabajo se ha realizado en el marco del Grupo de Estudios de Historia del Mediterraneo Occidental (GEHMO) de la Universidad de Barcelona, reconocido como grupo de investigacion consolidado y financiado por la Generalitat de Catalunya con la referencia 2014SGR173, y al que pertenece la autora.

(2.) Archivio di Stato di Firenze, Miscellanea Medicea, 162 [en adelanteASFI MM 162], [Lorenzo Caramelli], Florencia, 24 de junio de 1719, fols. 181-182.

(3.) Para estos personajes, veanse: MALENA, A.: Ueresia deiperfetti. Inquisizione romana ed esperienze mistiche nel Seicento italiano. Roma, 2003; Possanzini, S.: Serafina di Dio: mistica carmelitana. Roma, 2001; y DURANTI, M. (ed.): Il sentimento tragico dell'esperenza religiosa: Veronica Giuliani (1660-1727). Napoles, 2000.

(4.) Para las cuestiones de la direccion espiritual y el control eclesiastico, veanse: PROSPERI, A.: Tribunali della coscienza: inquisitori, confessori e missionari. Turin, cop. 1996; y FIORELLI, V.: I sentieri dell'inquisitore. Sant'Uffizio, periferie ecclesiastiche e disciplinamento devozionale (1615-1678). Napoles, 2009. Para la escritura mistica, vease POZZI, G. y LEONARDI, C. (eds.): Scrittrici mistiche italiane. Genova, 1996. Para los aspectos y fenomenos internos y externos de estas experiencias, veanse: Mucci, G.: Rivelazioniprivate e apparizioni. Leumann, 2000; Arrigo ORLANDI, P.: I fenomeni fisici del misticismo. Milan, 1996; y CULIANU, I. P.: I viaggi dell'anima: sogni, visioni, estasi. Milan, 1994. Para otras cuestiones sobre espiritualidad femenina, vease SCARAFFIA, L. y ZARRI, G. (eds.): Donne e fede. Santita e vita religiosa in Italia. Bari, 1994.

(5.) Como ejemplo de interdisciplinariedad, vease CATTO, M., GAGLIARDI, I. y PARRINELLO, M. (eds.): Direzione spirituale tra ortodossia ed eresia. Brescia, 2002. Para la colaboracion internacional y los ejemplos transnacionales, veanse: PETRUCCI, A. y GIMENO BLAY, F. M. (eds.): Escribir y leer en Occidente. Valencia, 1995, pp. 63-87; y ZARRI, G.: Memoria e comunita femminili: Spagna e Italza, secc. 15.-17. Florencia, 2011.

(6.) Veanse a modo de ejemplo: FASCETTI, A.: <<L'oblata Maria Caterina Brondi>>, Rassegna: periodico di cultura e di informazioni, 4-6 (1973), pp. 57-58; y BONFIGLI, C.: Conoscete Caterina Brondi?. Verona, 1950. Para las referencias en el marco de otros trabajos mas amplios, veanse: GRECO, G.: <<Monasteri ed esperienze religiose femminili nella Toscana moderna. Problemi ed ipotesi di ricerca>>, en AGLIETTI, M. (ed.): Nobildonne, monache e cavaliere dellOrdine di Santo Stefano: Modelli e strategie femminili nella vita pubblica della Toscana granducale. Pisa, 2009, p. 155; y LEVATI, L. M.: Vescovi barnabiti che in Liguria ebbero i natali o la sede: studio storico. Genova, 1910, pp. 215-238.

(7.) Agradezco a monsenor Paolo Cabano, director del Archivio Storico della diocesi della Spezia-Sarzana-Brugnato, que me haya facilitado el articulo elaborado a partir de dicho discurso y que lleva por titulo <<Vera o falsa santita nella diocesi lunense tra XVII e XVIII secolo>> (en prensa). Para las obras de los autores citados, veanse PROSPERI, A.: <<Brondi, Maria Caterina>>, Dizionario Biografico degli Italiani, vol. 14, 1972, pp. 457-459; y BOTTONI, E.: Scritture dell'anima: Sperienze religiose femminili nella Toscana del Settecento. Roma, 2009.

(8.) Todo ello en el marco de la investigacion iniciada en El ultimo viaje de Maria Caterina Brondi. Una mistica en la corte del Gran Duque de Toscana durante el primer tercio del siglo XVIII, trabajo final y Premio Extraordinario del Master en Estudios Historicos de la Universidad de Barcelona (2012-2013). Su punto de partida fueron precisamente documentos del fondo denominado Miscellanea Medicea del ASFi, que a dia de hoy no han sido citados en la bibliografia sobre la santina. Recientemente se ha hecho referencia a ellos en <<Conoscete Caterina Brondi?>>, LuccaSette (1 de diciembre de 2013), p. 2.

(9.) Para la definicion de <<santas vivas>>, vease ZARRI, G.: Le Sante Vive: Profezie di corte e devozione femminile tra '400 e '500. Turin, 1990, pp. 87-163. Para la labor adoctrinadora y de lucha contra la herejia llevada a cabo por los jesuitas mediante las misiones populares o mision interior, veanse GUIDETTI, A.: Le missionipopolari: i grandi gesuiti italiani: disegno storico-biografico delle missionipopolari dei gesuiti dTtalia dalle origine al Concilio Vaticano II. Milan, 1988; y MAJORANA, B.: <<Missionarius/concionator. Note sulla predicazione dei gesuiti nelle campagne (XVII-XVIII secolo)>>, Aevum, 73:3, 1999, pp. 807-829.

(10.) Agradezco a la Dra. Sara Cabibbo, profesora en la Universita degli Studi Roma Tre, las observaciones relativas a la primera cuestion.

(11.) PROSPERI, A.: <<Diari femminili e discernimento degli spiriti. Le mistiche della prima eta moderna>>, leccion ofrecida en el Departamento de Historia de la Universita di Trieste el 19 de enero de 1994, edicion digital en: http://dprs.uniroma1.it/sites/default/files/173.html [Consultada el 27 de abril de 2015].

(12.) Archivio di Stato di Pisa [en adelante ASPi], Ospedali Riuniti, 3242, Francesco Frosini, Montecchio, 29 de agosto de 1719, fol. s.n.

(13.) CARTAREGIA, O.: <<Brondi Maria Caterina>>, Dizionario biografico dei Liguri: dalle origini al 1990, vol. 2. Genova, 1994, pp. 259-260.

(14.) MASCARDI, G. B.: Preparazione da farsi prima dell'OrfaziJone, che insegnava M* Catt[eri]na Brondi. 1719 o ant. ASFi MM 162, fol. 528. Sobre el autor vease informacion en el parrafo siguiente.

(15.) Para la definicion de inocencia bautismal, vease Bolgeni, G. V.: El obispado: Disertacion sobre la potestad de gobernar la Iglesia, en que se demuestra la divina institucion de su gerarquia [sic], vol. 2. Madrid, 1824, p. 147.

(16.) PUCCETTI, P. M.: Vita della serva di Dio Maria Maddalena Turriani. Roma, 1731.

(17.) Archivio Storico Diocesano di Sarzana [en adelante ASDS], Apparizioni, 44a, Cardenal [Galeazzo] Marescotti a Giovanni Girolamo Naselli, obispo de Sarzana, Roma, 11 de julio de 1705. Idem, 48, Marescotti a Naselli, Roma, 13 de noviembre de 1706.

(18.) Bambacari recoge el testimonio del padre agustino descalzo a quien, desde el obispado de Sarzana, se encomendo la practica de diversos exorcismos a Caterina, vease Memorie Istoriche, op. cit., lib. 2, pp. 88-89.

(19.) Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze, Magliabechiano XXXVIII [en adelante BNCF Magl. XXXVIII], 45, Ricordi del Viaggio di Pisa fatto dal Cav[alie]re Anton Fran[ces]co Marmi con la Sig[no]ra Maddalena sua consorti intrapreso il di 10 - Aprile 1719 a ore 17, fols. 2-5, fol. 4.

(20.) ZAMBECCARI, G.: Compendio della vita di Maria Caterina Brondi. 1719 o post. Biblioteca Riccardiana di Firenze [en adelante BRF], 2455, fols. 77r-87v, fol. 78v. Durante el Concilio de Trento se abogo porque los fieles comulgasen cada vez que asistian a misa, aunque a lo largo de los siglos diversas han sido las opiniones en relacion a dicha cuestion, vease Concilio de Trento, sesion XXII, cap. VI.

(21.) ASFi MM 162, Maria Caterina Brondi, relacion, 1719 o ant., fol. 701.

(22.) MASCARDI, G. B.: Preparazione da farsiprima dell'OrfaziJone, op. cit.

(23.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Maria Caterina Brondi, relacion, 1719 o ant., fol. s.n.

(24.) POZZI, G.: <<L'alfabeto delle sante>>, en POZZI y LEONARDI, op. cit., pp. 21-42.

(25.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Relazione delle sublimi virtu, e Rare doti della Maria Caterina Brondi da Sarzana, osservate diligentemente dalle Monache dello Spedale Nuovo di Pisa p[er] lo spazio di mesi dua, e giorni diciotto, ch'ebbero la fortuna di godere la medesima nel loro convento, e particolarmente da Suor Marta Piazzini sua intima familiare, e confidente, 1719 o post., fol. s.n.

(26.) ASFi MM 162, Brondi, relacion, 1719 o ant., fol. 701; y ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Brondi, relacion, 1719 o ant., fol. s. n.

(27.) FIORELLI, V.: <<Cupio dissolvi. Destini di donne tra profetismo e ascesi monastica>>, en GALASSO, G. y VALERIO, A. (eds.): Donne e religione a Napoli: Secoli XVI-XVIII. Milan, reimpr. 2009, pp. 210-237.

(28.) BAMBACARI, Memorie Istoriche, op. cit., lib. 1, p. 61; y Caffiero, M.: <<Tra modelli di disciplinamento e autonomia soggettiva>>, en Scaraffia y Zarri, op. cit., pp. 265-281.

(29.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Frosini, Montecchio, 29 de agosto de 1719, fol. s.n.

(30.) BRONDI, M. C.: Regola datami da Dio nostro Bene. 1719 o ant. ASFi MM 162, fols. 836-839.

(31.) LEONARDI, C.: <<La santita delle donne>>, en POZZI y LEONARDI, op. cit., pp. 43-57.

(32.) Biblioteca Moreriana di Firenze [en adelante BMF], Bigazzi, 348, Breve Ristretto della Vita, e Morte della buona Serva di Dio Maria Caterina Brondi di Sarzana l'anno 1719 28 luglio all'ore* 9 del venerdi di sua morte, 1719 o ant.

(33.) Podria tratarse de la representacion de la Virgen que se conserva en la iglesia de Santa Maria delle Grazie, aunque no aparece identificada ni en la obra de Bambacari ni en la documentacion consultada hasta el momento.

(34.) BNCF, Magl. XXXVIII, 45, Copia di Lettera scritta da Genova a Pisa il di 13. Maggio 1719, fol. 21.

(35.) ASFi MM 162, Mascardi a Cosme III, Sarzana, 13 de noviembre de 1722, fol. 982.

(36.) En referencia al interes por la sierva de Dios Maria Maddalena Turriani, vease: ASFi MM 162, Mascardi al Gran Duque, Sarzana, 14 de marzo de 1721, fols. 542 y 549.

(37.) Idem, [Cosme III] a Mascardi, Florencia, 19 de marzo de 1719, fol. 38. He desarrollado el tema del coleccionismo de reliquias por parte del Gran Duque en <<Cosme III, Gran Duque de Toscana, y el uso de las reliquias>>, comunicacion presentada en el Colloque International <<Reliques politiques I. Corps Saints d>Anciem Regime>>, Casa de Velazquez (Madrid), 19-20 de marzo de 2015 (en prensa).

(38.) Idem, [Cosme III a Carlo Agostino Fabroni], Florencia, 14 de febrero de 171[8], fol. 13.

(39.) Para una copia del documento original, realizada el 30 de junio de 1720, vease: Archivio Storico Diocesano di Lucca, Fondo Cause di Beatificazione e Canonizzazione, Brondi, Reparto Santi, posiz I [en adelante ASDLu, Brondi], doc. 110, Francesco De Giudice a Frosini, 25 de febrero de 1719.

(40.) Estas memorias se conservan en ASFi MM 162.

(41.) ASFi MM 162, Brondi, relacion, 1719 o ant., fols. 477-478.

(42.) Idem, Memorie e resoconti sulla permanenza a Pisa di Maria Caterina Brondi, Pisa, 5 de mayo de 1719, fols. 69-70.

(43.) Idem. Pisa, 26 de junio de 1719, fols. 173-174.

(44.) ASFi MM 162, Fabrizio Paolucci a Frosini, Roma, 6 de junio de 1719, fol. 107.

(45.) BNCF, Magl. XXXVIII, 45, [Maria Caterina Parigi] a su primo, [1719], fols. 9-10.

(46.) BNCF, Magl. XXXVIII, 45, Ragguaglio di Maria Caterina Brondi Fanciulla Sarzanese nel tempo, che stette in Pisa Panno 1719. Pisa, agosto de 1719, fol. 105.

(47.) Zambeccari, op. cit., fol. 80r.

(48.) ASFi MM 162, [Cosme III a Ambrogio Spinola], Florencia, 31 de julio de 1719, fols. 289-290.

(49.) Agradezco la informacion al Dr. Maurizio Vaglini, director del Centro Interregionale per la Documentazione Bibliografica e Archivistica Biomedica de la Accademia di Storia dell'Arte Sanitaria, en Roma, y a las hermanas sor Beatrice y sor Maria Chiara del citado convento.

(50.) ZARRI, G.: <<Dalla profezia alla disciplina (1450-1650)>>, en SCARAFFIA y ZARRI, op. cit., p. 180.

(51.) ASFi MM 162, Spinola a Cosme III, Sarzana, 6 de agosto de 1719, fols. 305-306.

(52.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Bambacari, Lucca, 4 de septiembre de 1719, fol. s.n.

(53.) Idem, Bambacari a Frosini, Lucca, 26 de agosto de 1719, fol. s.n.

(54.) ASFi MM 162, Bambacari, Lucca, 17 de julio de 1720, fols. 607-608.

(55.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Frosini, Montecchio, 29 de agosto de 1719, fol. s.n.

(56.) ASFi MM 162, Giovanni Andrea Pini, Pistoya, 8 de agosto de 1719, fols. 309-310.

(57.) Probablemente en referencia a la moneda asi llamada por Julio II. Para la expresion, vease ASDLu, Brondi, doc. 91, Lucrezia Pesciolini, relacion, 1719 o post.

(58.) ZARRI, Le Sante Vive, op. cit., pp. 58-59; y Bambacari, Memorie Istoriche, op. cit., lib. 3, p. 300.

(59.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242 f. s.n.: Frosini, Montecchio, 29 de agosto de 1719, fol. s.n.

(60.) Idem, Frosini, texto, 1719 o post., fol. s.n.

(61.) ASFi MM 162, Mascardi a Cosme III, sin fecha, fols. 681-682.

(62.) PETROCCHI, M.: Il quietismo italiano del Seicento. Roma, 1948.

(63.) ASFi MM 162, Memorie e resoconti sulla permanenza a Pisa di Maria Caterina Brondi. Pisa, 12 de junio de 1719, fols. 121-122.

(64.) BORGHI, C. R.: Per la morte della buona serva del Signore Maria Caterina Brondi. Pisa, 1719. BNCF, Magl. XXXVIII, 45, fol. 25.

(65.) ASDLu, Brondi, doc. s.n., Registro delle relazioni spettanti alle Virtu, e azzioni di Maria Caterina Brondi. 1719 o post., fol. s.n.

(66.) ASFI MM 162, Bambacari a Cosme III, Lucca, 17 de julio de 1720, fols. 605-606.

(67.) ASPi, Ospedali Riuniti, 3242, Bambacari a Frosini, Lucca, 6 de enero de 1720, fol. s.n.

(68.) Idem, Bambacari a Frosini, Lucca, 10 de julio de 1720, fol. s.n.

(69.) Urbano VIII, Bula In Eminente, 23 de octubre de 1625.

(70.) Podria tratarse de Giorgio Spinola, quien recibio el titulo cardenalicio de Sant'Agnese fuori le mure en 1721.

(71.) RAHNER, K.: Che cos'e l'eresia. Brescia, 1964, p. 10.

(72.) DIAZ, F.: Il Gran Ducato di Toscana: I Medici. Turin, cop. 1987, pp. 494-495. FANTONI, M.: <<Il bigottismo di Cosimo III: da leggenda storiografica ad oggetto storico>>, en Angiolini, F., BECAGLI, V. y VERGA, M. (eds.): La Toscana nelTeta di Cosimo III. Atti del Convegno, Pisa-San Domenico di Fiesole (FI), 3-4 Giugno 1990. Florencia, 1993, pp. 389-402.
COPYRIGHT 2016 Ediciones Universidad de Salamanca
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2016 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Egea, Montserrat Molina
Publication:Studia Historica. Historia Moderna
Date:Jan 1, 2016
Words:14043
Previous Article:<>. The lordship of Biscay and the Haro family members in the 17th century: searching for a patronage/...
Next Article:The attorneys of the City of Valencia under Carlos I reign/Los abogados de la ciudad de Valencia durante el reinado de Carlos I.

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters