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"Sencillo, decente y sentencioso". La poesia epigramatica de Manuel del Socorro Rodriguez de la Victoria.

Introduccion

19 de septiembre de 1796. El director (y unico trabajador) de la Real Biblioteca Publica de Santafe encuentra un tiempo libre, en su tarea de "atender a todos los concurrentes con exactitud" (Rodriguez 207), para finalizar una misiva dirigida a Manuel de Godoy, primer ministro de Carlos IV en la corte madrilena, en la que expresa su preocupacion por los animos revolucionarios que detecta en el Virreinato de la Nueva Granada. En el anexo, informa sobre las numerosas obras literarias que tiene en preparacion. Una vez terminado el horario de atencion, y cerrado el edificio de la biblioteca (edificio que hoy forma parte de la Cancilleria de Colombia), acude a la cercana imprenta para interesarse por los problemas tecnicos que retrasaran la publicacion semanal del proximo numero (el 260) del Papel periodico de Santafe de Bogota, del cual es practicamente el unico redactor desde que lo fundara en el ano 1791. A continuacion, se dirige a la "Tertulia Eutropelica", cuyas reuniones el mismo iniciara en el ano 1792 "bajo el amistoso pacto de concurrir todas las noches a pasar tres horas de honesto entretenimiento discurriendo sobre todo genero de materias utiles y agradables" (Papelperiodico 247). En el camino, le da vueltas a un nuevo epigrama que aumentara la coleccion de los cientos que ya ha escrito hasta el momento.

Este polifacetico personaje, Manuel del Socorro Rodriguez de la Victoria (1758-1819), habia llegado a Santafe de Bogota en 1790, a peticion del nuevo Virrey, Jose de Ezpeleta. Se habian conocido en La Habana, capital de la isla donde naciera el sabio y en la que Ezpeleta ejercia como capitan general. A pesar de no haber recibido educacion formal, debido a su nacimiento en una familia muy humilde, Rodriguez solicito al rey Carlos III un empleo literario, para lo cual tuvo que demostrar su idoneidad en el Colegio del Real Seminario de San Carlos. Su desempeno fue tan convincente que Ezpeleta pidio llevarlo consigo a su nuevo destino en la capital del Virreinato. Una vez llegado a Bogota, tras un largo viaje, Rodriguez eligio el puesto vacante de lo que llegaria a convertirse en Biblioteca Nacional. Desde ese momento hasta su muerte casi tres decadas despues, nuestro poeta vivira y trabajara sin descanso en este mismo edificio, en una epoca tremendamente convulsa que concluira con la independencia de las republicas americanas.

A pesar de su sencillo estilo de vida y del enorme esfuerzo a favor de la cultura neogranadina, Rodriguez de la Victoria fue siempre objeto de controversias durante su vida, y termino sus dias en el olvido y la pobreza. En parte, estas polemicas se debieron a las opiniones que vertia en sus publicaciones periodicas: en un soneto escrito en 1797, en el que se despide del citado Papel periodico, afirma que solo ha logrado "mil ataques sangrientos que a porfia / te han dado con infanda tirania / los hijos de la cruel malevolencia" (Rodriguez 272). En estos ataques tambien influyeron su origen humilde y, sobre todo, su condicion racial: aunque el se declaraba descendiente de espanoles e indigenas, algunos de sus enemigos le "acusaban" de tener sangre africana, tanto los cubanos (por ejemplo, Manuel Gonzalez de Sotolongo le reprocha su "Etiopiae qualities") como los bogotanos (Francisco Antonio Caro le recuerda que "no ha habido escritor fino / que tenga un palmo de jeta").

Despues de su muerte, el claro compromiso con la monarquia espanola fue otro factor importante para la relegacion de su figura a favor de otros intelectuales de su tiempo, como Antonio Narino o Francisco Jose de Caldas, que lucharon por las ideas independentistas. A pesar de esto, el primer historiador de la literatura neogranadina, Jose Maria Vergara y Vergara, dictamino a mediados del siglo XIX que Rodriguez es "el literato que mas debe admirar la posterioridad granadina, y cuya memoria debe ser eterna, como la de ningun otro en la nacion" (10). Desde entonces, su labor cultural ha sido frecuentemente reconocida, bajo etiquetas como la de "procer del periodismo colombiano", aunque sus escritos han sido escasamente leidos.

Asi, los estudios sobre Manuel del Socorro Rodriguez practicamente se han limitado a recoger aspectos de su peculiar biografia (por ejemplo, los estudios de Torre Revello y de Cacua Prada, en quienes nos basamos para los aspectos de su vida). En los ultimos anos, sin embargo, se ha producido una revalorizacion de sus escritos, gracias a la labor del equipo dirigido por Padilla Chasing en la Universidad Nacional de Colombia. Incluso en este contexto, su obra poetica ha quedado en un segundo plano, a pesar de ser una de las mas amplias, en numero de poemas, de la Hispanoamerica colonial. En parte, este desinteres critico se explica por la poca fortuna editorial: el grueso de su produccion se pierde al enviarlo a Espana para ser publicado, y los dos volumenes que se salvan (los libros IV y V de su Antologia o coleccion de epigramas) no se publican hasta el ano 1957 (y, ademas, como parte secundaria de un volumen titulado Fundacion del Monasterio de la Ensenanza). En cuanto a la poesia de ocasion, de menor interes, se encuentra diseminada en sus propias publicaciones periodicas. De las obras mayores que, segun el citado memorial de 1796, tenia en preparacion (bajo los titulos de La Carolina, La Pelayea y La sabiduria), nunca mas se supo.

Por otro lado, es justo reconocer que la escasa calidad poetica del autor cubano ha provocado el rechazo de los pocos lectores que se han acercado a su obra. El propio Vergara y Vergara, que no dudo en elogiar superlativamente el trabajo cultural de Rodriguez, se muestra muy severo con sus obras poeticas: "son tan maravillosamente frias y prosaicas, que su fecundidad, ya que no es hija de la inspiracion, hay que atribuirla a su laboriosidad sin ejemplo" (12). Los juicios posteriores seguiran esta misma tonica: Menendez Pelayo califica como "prosas rimadas" aquellos poemas que alcanza a leer gracias al envio de Miguel Antonio Caro, y habla de un estilo "frio, prosaico y arrastrado, como de quien se proponia por unico modelo a Iriarte, remendandolo en la falta de fuego, pero no en la discrecion ni en el buen gusto" (284); mientras que Gomez Restrepo lo considera "tan benemerito por sus actos como desdichado cuando pretendia pulsar la lira del poeta" (34). Ya en tiempos mas recientes, encontramos el severo juicio de Hector Orjuela: "el bardo es bastante tosco, falto de recursos y a la larga el sartal de epigramas--con algunas excepciones- resulta aburrido y soporifero" (193). En efecto, el estilo pesado y la constante repeticion de temas y motivos dificultan su lectura por parte de un lector contemporaneo. Sin embargo, estos epigramas pueden ser de gran interes para un historiador interesado en los modos de expresion poetica de la poesia dieciochesca.

Antes de seguir adelante, es necesario precisar el lugar tradicionalmente asignado a Manuel del Socorro Rodriguez en la evolucion de la poesia neogranadina. El ya citado Hector Orjuela, que recoge el juicio de sus predecesores, lo clasifica en una presunta "generacion de 1783", arguyendo su "cosmovision iluminista" y su "tendencia rococo-neoclasica" (153). Dejando a un lado el polemico tema de las generaciones, hay parte de verdad en las dos referencias apuntadas por Orjuela (y refrendadas, en lo esencial, por Fino Gomez); pero, como en muchos otros casos, el interes de la obra de Rodriguez se fundamenta, precisamente, en los desvios e hibridaciones que se producen respecto a los referentes estilisticos e ideologicos de su epoca. Un estudio mas cuidadoso nos puede proporcionar sorprendentes hallazgos en este sentido.

En el presente articulo, analizaremos, en conjunto, los libros de epigramas que se conservan (el IV, compuesto por 336 sonetos; y el V, de 468 composiciones mas breves, habitualmente de ocho versos), con tres objetivos diferenciados y complementarios. En primer lugar, analizaremos las estrategias utilizadas por Rodriguez para situarse en el campo literario de su tiempo, tanto las que le unen a otros escritores neoclasicos como las que buscan su distincion personal. En segundo lugar, explicitaremos la cosmovision y el contenido ideologico de los epigramas para dilucidar la compleja, y a veces contradictoria, manera en que se inserta en el pensamiento ilustrado. Por ultimo, estudiaremos el uso diferenciado que realiza del docere y el delectare en sus poemas, con lo que terminaremos de perfilar su proyecto estetico e ideologico.

Estrategias para el ennoblecimiento de la poesia epigramatica

En la sociedad colonial, era muy frecuente el intento de elevacion estamental de los espanoles y de sus descendientes criollos. El ansia de ennoblecimiento podia realizarse de forma legal (mediante la compra de titulos nobiliarios) o, en la mayoria de los casos, a traves de la simulacion, lo que solia ser objeto de satira en la poesia. El propio Manuel del Socorro Rodriguez dedica un soneto a burlarse de "un pobre fantasmon":
   Con escudos de armas tu nobleza
   andas probando siempre noche y dia,
   y esa sarna que tienes de hidalguia
   te la causa sin duda la pobreza. (244)


De forma analoga, Rodriguez utiliza ciertas estrategias literarias con el fin de ennoblecer sus obras y en particular su genero predilecto, el epigrama, considerado en su tiempo como un genero menor y cercano a los poetas "equivoquistas", es decir, barrocos (Checa Beltran 266-267). Algunas de estas estrategias son intrinsecas al genero (su cercania o inclusion dentro de la poesia didactica genera la justificacion por su utilidad moral); otras son comunes con la epoca en la que escribe el autor (cuyo estilo predominante es el "neoclasico"); mientras que otras estrategias, por el enfasis y la frecuencia, son originales de nuestro poeta.

En cuanto a las estrategias comunes en la epoca, podemos decir que el neoclasicismo se posiciona en el campo literario por su imitacion de las epocas literarias consideradas clasicas (tanto en el mundo grecolatino como en el hispano) y, al mismo tiempo, por su oposicion al paradigma anterior. Asi pues, no resulta extrano encontrar numerosas referencias al imaginario grecolatino en la obra de Rodriguez. Es mas, en el prologo del libro IV ("A los que leyeren"), el poeta justifica la escritura de epigramas por la poca practica de este genero clasico en la lengua espanola, lo que considera una "falta" (197). Esta sensacion de escasez no es compartida por los tratadistas modernos, y menos en los que respecta al siglo XVIII (Sainz de Robles 25), pero lo importante aqui es que Rodriguez concibe la poesia como actualizacion en lengua "vulgar" de los generos grecolatinos. En los versos que siguen, abundan las referencias al imaginario griego y romano (el Olimpo, Delfos, Minerva, Jano, Julio Cesar, etc.) y a los poetas de aquel tiempo (sobre todo, Horacio), que en ocasiones cita literalmente o se limita a parafrasear (recordemos que, hasta el Romanticismo, la poesia se entiende como imitacion, y no como expresion original).

Igualmente, es posible rastrear en los epigramas de Rodriguez referencias a autores espanoles del siglo XVI, que en aquella epoca se consideraban como los "clasicos" por antonomasia de la lengua espanola. La influencia de Fray Luis de Leon podria confundirse con la de Horacio; pero es indudable la presencia de Juan de Boscan, de quien se copia un terceto completo en el poema 149 del libro IV, y del propio Garcilaso de la Vega. El aprecio por la metrica y el equilibrio renacentistas, sin embargo, no supone la aceptacion absoluta del modelo italianizante. Rodriguez de la Victoria censura claramente "el gusto erotico, que es el que ha envilecido hasta lo sumo esta armoniosa composicion [el soneto]" (197), y dedica algunos poemas a parodiar sus convenciones (que, seguramente, tenia muy presente por su empleo en el llamado estilo "rococo" del siglo XVIII). En efecto, el tema amoroso esta practicamente ausente de su produccion poetica, con la unica excepcion de los poemas 99 y 100 del libro IV (aunque el primero tiene un titulo bastante ironico: "Por no dejar de quejarme como todos").

Por otro lado, el modelo de Garcilaso era utilizado tambien para situar el estilo neoclasico en oposicion al gongorista, muy frecuente en la Nueva Granada (y en toda Hispanoamerica) hasta bien entrado el siglo XVIII (por ejemplo, en la Floresta de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Santa Marta, de 1742). Asi, el poema 105 del libro IV, que se concibe como una parodia (su primer verso es "La umbrifica caterva inanizando"), termina de forma elocuente: "Oh! Como Garcilaso se reiria / si oyera hablar en culto asi un poeta" (250). En este punto, es necesario recordar, con Checa Beltran, que el llamado "buen gusto" neoclasico se define de forma estricta "mediante un conjunto de reglas y patrones", distinguiendose del "relativismo" barroco (21). Asi pues, el poeta neoclasico se distancia de los excesos gongoristas y opta por una mesura que, en la practica, era mas efectiva para la transmision directa de mensajes extraliterarios.

Ahora bien, la claridad de estilo que propone Rodriguez no debe confundirse con un acercamiento a lo que consideraba "bajo pueblo" o "vulgo bestia", que el mismo define como "el conjunto de todos los ignorantes de cualesquier estado y graduacion que sean" (251). En este juicio, la discriminacion surge del ya citado concepto de "buen gusto" (asociado a la sabiduria), por encima de los blasones o titulos universitarios. El objetivo no parece ser la elevacion respecto a la periferia de la "ciudad letrada" sino, mas bien, mostrar la superioridad respecto a otros companeros del mismo circulo. El hecho de que el autor haya considerado necesario realizar esta aclaracion en una nota al pie de un poema (y la insistencia con la que insiste en varias piezas) nos hace pensar en la importancia que Rodriguez le concede.

En este contexto, la inclinacion hacia el genero menor del epigrama, por mas que su estilo y sus referentes fueran clasicos, podria situarle en una situacion de inferioridad respecto a otros intelectuales. La solucion que encuentra Rodriguez para colocarse en una posicion de prestigio es bastante original: "Cuando los epigramas son compuestos, no en el verso octosilabico y comun, sino en el endecasilabo que decimos heroico, ya entonces tienen un tono menos sencillo y requieren mas atencion para su inteligencia" (196). Es decir, se asocia una forma metrica prestigiosa a una complejidad de pensamiento, y utiliza esta premisa para ennoblecer su practica del genero epigramatico.

Esta estrategia cobra sentido si tenemos en cuenta que los versos de arte mayor (es decir, de nueve o mas silabas) eran considerados superiores respecto a los versos de arte menor, ligados a la poesia popular (por ejemplo, en coplas y romances). Las obras de genero elevado eran escritas en alejandrinos, dodecasilabos y, a partir del siglo XVI, en endecasilabos, dentro de formas estroficas como el soneto y la octava real (muy estrechamente unida a la poesia epica, por ejemplo en Alonso de Ercilla y Juan de Castellanos). En contraste, el epigrama utilizaba de manera casi exclusiva el verso octosilabo, siendo las estrofas mas frecuentes las redondillas, quintillas, octavillas y decimas. Este patron se cumple en la practica totalidad de los cientos de epigramas seleccionados en la clasica antologia de Sainz de Robles (todavia la mas amplia para el siglo XVIII), con la unica excepcion de tres poemas (dos octavas reales y un soneto) escritos por Fray Diego Gonzalez.

Manuel del Socorro Rodriguez rompe con la tradicion epigramatica espanola al utilizar metros y estrofas de gran prestigio: todo el libro IV esta escrito en sonetos, y mas de la mitad del libro V utiliza la octavas reales, que ademas son situadas al inicio de la obra. Esta novedad (que no es absoluta, pero si unica por la frecuencia y el enfasis con que la defiende en el prologo) resulta especialmente significativa por cuanto supone la ruptura del "decoro" esperado entre un genero y la forma metrica de expresarlo. En el contexto de la epoca, esta ruptura seria equivalente al intento de escribir odas en forma de coplas octosilabicas, por ejemplo, lo que hubiera sido considerado "un defecto demasiado ridiculo, como impropio y muy extrano de su genero" (196). Estas ultimas palabras, por cierto, estan tomadas del propio Rodriguez al calificar los epigramas que buscan la "elevacion de afectos y de imagenes", en lo que nos parece una forma demasiado sutil de diferenciar su "elevacion" de otras posibles.

La explicacion a esta audacia, por ser un caso unico en la poesia hispana, puede ser ensayada teniendo en cuenta el contexto personal del autor. Manuel del Socorro Rodriguez, recordemos, parte de una fuerte situacion de desventaja en su contexto social. Como afirma Sedeno Guillen, "la imposibilidad de demostrar pureza racial, su extraccion social humilde y su procedencia no capitalina" impidieron su total asimilacion en la elite criolla (292). A esto habria que anadir que la propia elite criolla era percibida como inferior respecto a la metropolitana, lo que dio lugar a una importante disputa en el siglo XVIII, bien estudiada por Antonello Gerbi.

Estas circunstancias adversas podrian haber generado la necesidad de poner en practica estrategias de posicionamiento en el campo literario. No bastaba con escribir obras asimilables a las de otros poetas neogranadinos de la epoca (por ejemplo, las odas hiperbolicas a los virreyes que publicaba en sus periodicos), sino que necesitaba superar un modelo solidamente establecido en la Peninsula, como el del epigrama. Para marcar su distincion de forma explicita, Rodriguez utilizo unos metros y unas formas estroficas de gran prestigio que, por su frecuencia y su defensa enfatica, le permitian elevarse sobre los epigramas de autores como Nicolas Fernandez de Moratin, Jose Cadalso, Felix Maria Samaniego e, incluso, su admirado Tomas de Iriarte. Ironicamente, como ya hemos comprobado, la posterioridad no aprecio su obra por el uso de estos metros y estrofas. Mas bien sucedio lo contrario: los criticos le han censurado por una "frialdad" y un "prosaismo" en los que tiene mucho que ver la aplicacion estricta de normas clasicistas. Por el contrario, todavia hoy podemos leer con gusto aquellos epigramas que usaban los versos octosilabos tradicionales.

El desengano de la Ilustracion en Manuel del Socorro Rodriguez

Mucho se ha hablado sobre la peculiar forma en que se manifiestan las ideas ilustradas en la literatura hispanoamericana. Oviedo sintetiza el consenso actual al afirmar que, mientras en Europa "se habia producido una revolucion de proporciones cosmicas" que dejaba atras el "oscurantismo ideologico" y propugnaba una "razon practica" (283), "la apertura de Espana fue cautelosa, y mas la de America", hasta el punto de que "el pensamiento libre y la discusion abierta solo tienen aqui brotes excepcionales", por lo que "no contamos con una edad critica moderna" (284).

En el caso concreto del Virreinato de la Nueva Granada, el mayor estudioso de su movimiento ilustrado, Renan Silva, afirma que la difusion tardia de las ideas ilustradas "adquirio caracteres dramaticos", posiblemente por tratarse de "la sociedad mas debilmente integrada de las que conformaban el imperio espanol". Ademas, el pensamiento ilustrado, que "no logro penetrar sino a la pequena elite cultural" (111), fue practicamente inseparable del "proyecto borbonico de reforma del Estado y de la sociedad" (113). Por este motivo, sus principales introductores y difusores fueron los propios funcionarios de la Corona, entre los que destaca con gran fuerza la figura de Manuel del Socorro Rodriguez.

En el analisis de los articulos que Rodriguez escribio en el ya citado Papel periodico, Padilla Chasing destaca como nuestro poeta utiliza las ideas ilustradas como forma de realzar sus ideales conservadores y, en particular, la defensa de un imperio monarquico absolutista y fuertemente catolico (87). De forma analoga, Fino Gomez, tomando como punto de partida el estudio de los epigramas, afirma que se trata de "una poesia comprometida con las ideas cristianas, y colabora con el proyecto ilustrado en la medida en que se convierte en un elemento didactico dentro del proyecto educativo, adoctrinando y aleccionando al lector" (374). En efecto, la hibridacion entre una perspectiva ilustrada y una ideologia conservadora es evidente en numerosos poemas, como el soneto 60 del libro IV, cuyas cuartetas copiamos:
   Estudiar los fenomenos es cosa
   muy digna de la gran filosofia,
   porque esta ocupacion siempre nos guia
   a los progresos de la ciencia hermosa:
   pero en los mas hay causa misteriosa
   que oculta la eternal sabiduria,
   para que el hombre, que en su ingenio fia,
   se humille en su ignorancia vanidosa. (228)


Es decir, Rodriguez promueve el estudio de la "ciencia hermosa" (y alaba a autores como Feijoo, en el poema 237 del libro IV), pero siempre en el marco del catolicismo militante, razon por la que condena de forma vehemente a los filosofos materialistas, en especial a Voltaire (a quien manda al infierno en el soneto 185). Este catolicismo, por otro lado, esta fuertemente unido a la patria y al rey, que se conciben como sus maximos garantes. La vision de la conquista, por lo tanto, sera muy positiva, como se muestra en la serie de poemas del libro V (del 126 al 128) en los que se exalta a Hernan Cortes por haber "los lobos convertido en corderos" (413), a diferencia de Lutero, que transformo a los corderos catolicos en lobos herejes.

Es clara, por lo tanto, la ideologia tradicional con la que se reinterpretan las ideas ilustradas: el enfasis en la educacion, por ejemplo, tiene como objetivo final el respeto y la sumision hacia el orden divino e imperial existente. Importa ahora resaltar un aspecto muy presente en la poesia de Rodriguez que explica en gran medida su inmovilismo ideologico. Se trata de la predominante cosmovision barroca (y no iluminista, como habia apuntado Orjuela). A pesar de su continua presencia en el imaginario de los epigramas, este elemento no ha sido hasta ahora tenido en cuenta por los criticos, lo que puede deberse a la habitual clasificacion de los escritores en compartimentos estancos definidos por limites temporales. En efecto, puede parecer extrano aplicar conceptos de origen barroco a un autor de finales del siglo XVIII que explicitamente se burla del estilo gongorino. Sin embargo, como intentaremos demostrar a continuacion, la vision del mundo barroca, expresada en versos neoclasicos, define gran parte de la poesia de Rodriguez.

Afirma Oviedo que en el centro del barroco se situa una paradoja: "el arte que se supone debia afirmar la fe, fue intensamente esceptico" (229). No debemos entender este escepticismo como duda religiosa sino, por el contrario, como sensacion de precariedad existencial cuya unica certidumbre es la muerte y el mas alla. Una nueva paradoja, tambien descrita por Oviedo, nos acerca mas al sentido del barroco: "su elaborada capa ornamental no logra encubrir el tono de desengano y pesadumbre que lo agobia" (230). La palabra "desengano" es, precisamente, una de las que mejor caracterizan la cosmovision barroca, en el sentido de concebir el mundo tangible como mera apariencia insignificante.

Este topico central sera tambien una de las claves fundamentales, si no la mas importante, en la poesia de Rodriguez. De hecho, el desprendimiento de esa "elaborada capa ornamental" de la que habla Oviedo sirve para dejar todavia mas al desnudo el "tono de desengano y pesadumbre" de nuestro autor. Tomemos como ejemplo el poema 124 del libro IV:
   Fugitivas imagenes de gloria,
   miserables fantasmas de grandeza,
   caprichosas ideas de nobleza,
   vosotras no sois mas que vil escoria (...).
   !Que desengano entonces le daria!. (259)


Vemos aqui que la mesura clasica de los versos (no hay rastro de los recursos culteranos o conceptistas) esta puesta al servicio de una vision del mundo claramente barroca. La conexion con este periodo es todavia mas clara si tenemos en cuenta la influencia de Quevedo, que es explicita en varias ocasiones. Como muestra, reproducimos el poema 95 del libro V:
   La vida empieza en lagrimas y caca,
   dijo Quevedo, con su par de anteojos
   mirando siempre el mal que nos ataca
   desde la cuna en miseros despojos:
   y yo digo, Fileno, que la estaca
   la llevamos clavada, y entre abrojos
   caminando, mas !ay!, que a la salida
   habra mas caca y llanto que en la vida! (404)


Como vemos, Rodriguez no hace otra cosa que parafrasear a Quevedo, e incluso radicaliza su vision desenganada del mundo. Esta vision, creemos, resulta incompatible con las ideas de optimismo, progreso y felicidad que definen la Ilustracion (Oviedo 283). En este sentido, es dificil estar de acuerdo con Fino Gomez cuando asegura que en Rodriguez "la perspectiva critica y la dogmatica no se contraponen, por el contrario, se apoyan mutuamente en la medida en que apuntan a un modelo de libertad y felicidad" (379). No parece que el concepto de la felicidad (ni el de optimismo) pueda armonizarse con esta vida descrita como "caca y llanto". En el poema 82 del libro V, titulado "Modo de ser feliz", los consejos se reducen a no hacer "el destierro mas penoso y largo" (401). Tampoco existe un modelo de libertad en el sentido moderno, por cuanto el destino divino (en forma de premios y castigos) condiciona de forma inmediata las acciones terrenales. Esto es especialmente claro en los poemas en que entran en conflicto ambos planos, como en ciertas piezas vinculadas con la actualidad. Nos referimos ahora al soneto 128 del libro IV, titulado "A los jefes revolucionarios", cuya primera cuarteta es la siguiente:
   Esos que ahora ves con tanto ruido
   llenando el mundo de su fama y gloria,
   pereceran muy presto, y su memoria
   sepultada sera en eterno olvido. (261)


En esta cuarteta, Rodriguez se posiciona en contra de los revolucionarios (no importa aqui en que nombres concretos este pensando el poeta), pero no tanto por motivos politicos sino por cuestiones morales. El pecado de estos militares es el orgullo, el no haber sabido comprender la vanidad de las pompas terrenales, y, por lo tanto, su castigo sera de origen divino. Asi parece desprenderse de la nota al pie con que acompana la citada cuarteta, donde cita los Salmos biblicos ("Perut memoria eorum cum sonitu") para despues asegurar que "a los cinco anos de escrito este epigrama se cumplio el pronostico en todos los jefes revolucionarios" (261). Estamos, por lo tanto, ante una vision providencialista que convierte en ridiculos los intentos de cambio en el plano terrenal.

En definitiva, las referencias superficiales a personajes y conceptos ilustrados en la poesia de Rodriguez no deben confundirnos. Por un lado, el estudio de este autor desmiente la idea de una relacion directa entre Ilustracion y cambio social, independentista o de otro tipo, lo que ya habia demostrado Renan Silva para el caso de Jose Celestino Mutis (50). Por otro lado, se demuestra la pervivencia de una cosmovision barroca que imposibilita una verdadera insercion en el paradigma ilustrado. Si el mundo es tan solo una vana apariencia, no tiene sentido estudiar su materialidad o proponer ideas de progreso. Por lo tanto, no se trata (o no solamente) de la utilizacion del iluminismo al servicio de una ideologia conservadora, como propone Fino Gomez, sino de una rendicion incondicional al inmovilismo providencialista, al menos en lo que respecta a los epigramas.

La disociacion del docere y el delectare en la poesia de Rodriguez

Para completar este analisis critico de la poesia de Rodriguez, estudiaremos otro aspecto que diferencia al poeta cubano de sus homologos hispanos en la practica del epigrama. Se trata de su manejo de dos conceptos que estan frecuentemente asociados entre si en este genero poetico: el docere (ensenar) y el delectare (deleitar). Para entender la novedad de Rodriguez, comenzaremos comparando dos definiciones del epigrama. La primera, ya clasica, proviene de Tomas de Iriarte:
   A la abeja semejante
   para que cause placer,
   el epigrama ha de ser
   pequeno, dulce y punzante. (en Sainz de Robles 455)


La segunda definicion proviene de nuestro autor, en el ultimo terceto del soneto 209, precisamente titulado "Del epigrama":
   En esto de ser serio o ser jocoso
   No hay regla fija; pero solo se ama
   El sencillo, decente y sentencioso. (300)


La distancia entre ambas concepciones del epigrama es grande, como se evidencia en el propio tono de los versos (y en las formas metricas y estroficas, lo que ya fue comentado anteriormente). En este sentido, resulta muy significativa la comparacion de los tres adjetivos con que cada uno de estos autores finaliza su composicion (una comparacion que, ademas, se justifica por cuanto es muy posible que el bibliotecario conociera la version de Iriarte antes de componer la suya propia).

Mientras que Iriarte opta por un poema "pequeno" (el suyo tiene solo cuatro versos, brevedad que nunca iguala Rodriguez en sus cientos de epigramas), Rodriguez exalta el "sencillo", entendiendo este concepto como opuesto a la retorica gongorina, pero no como facilidad de comprension por parte del "vulgo necio" (tal y como explicamos en el primer epigrafe). A lo "dulce" de Iriarte, Rodriguez contrapone lo "decente", es decir, la moral por encima de lo placentero. De forma analoga, el poeta peninsular prefiere lo "punzante" (que puede interpretarse, mas que como forma de ataque, como agudeza de ingenio), mientras que Rodriguez ama lo "sentencioso", caracteristica que estaria mas acorde con las "verdades importantes" que el poeta pretende transmitir, segun este mismo soneto (209).

Ya en el prologo, Rodriguez habia advertido de que sus epigramas "no entran en la critica o chiste de [criticados por] Platon, porque todo su merito consiste en la verdad que contiene el pensamiento poetico" (195). Se trata de una verdad moral, definida por su capacidad de censurar los vicios para asi corregirlos. Si bien es cierto que este topico era extremadamente habitual en la poesia (en especial, la satirica), lo novedoso de Rodriguez consiste en el empeno con que "se inclina por el proposito docente de la obra, olvidandose de divertir" (Orjuela 193). Por ejemplo, uno de sus poemas del libro V (el 101), titulado "!Este es muy serio!", se limita a predicar la humillacion ante Dios, sin ningun componente deleitable que acompane la ensenanza.

Todavia mas significativa es la frecuencia y el contenido de las notas que el poeta cubano utiliza para explicar los poemas. En ocasiones, estas notas especifican las citas u obras clasicas en que se basa la reflexion; otras veces sirven para puntualizar el mensaje y evitar la mofa vulgar (como en el poema 6 del libro V, en el que, tras la condena a las beatas hipocritas, especifica que "solo se satiriza el ridiculo abuso en un asunto de tanta consideracion. Ya lo van volviendo mojiganga", 380); e, incluso, hay notas en que se constata el aprovechamiento de los consejos dados en los epigramas: "El autor de esta antologia se gloriara siempre en el Senor, de haber visto que por la leccion casual (aunque muy reflexiva) de los seis epigramas que anteceden, mudo prontamente de vida y de estado un sujeto de alta categoria" (330). La utilidad didactica, por lo tanto, aparentemente comprobada de forma empirica.

Este interes didactico se reduce casi exclusivamente a los fundamentos de la moral catolica y, por lo tanto, no debe confundirse con los numerosos poemas que se hicieron en la epoca sobre aspectos artisticos y cientificos, tales como el arte de La musica (Tomas de Iriarte) o la alabanza A la vacuna (Andres Bello). Tampoco podemos esperar los contenidos habituales en la satira colonial, es decir, las manifestaciones de los conflictos sociales de la epoca; o, en palabras de Oviedo, la distancia entre "la pomposa retorica del mundo oficial y la terquedad con la que la negaban los hechos menudos" (158). Esto es explicable en un poeta orientado mas hacia el cielo que hacia el realismo de un tiempo especialmente convulso.

Es cierto que encontramos una satira contra ciertos tipos y costumbres, pero se trata de topicos consolidados por la tradicion, en los que muchas veces se explicita, en nota al pie, la procedencia libresca. Asi, encontramos caricaturas de tipos (el avaro, el vanidoso, el hipocrita, el ocioso, el codicioso, el pedante, etc.), junto a recreaciones de escenas igualmente tradicionales (desde el hombre retirado que menosprecia la corte hasta el barbero que por su torpeza es comparado con un carnicero). En el mismo grupo de topicos clasicos podemos incluir el lamento por el estado de la sociedad presente, incluso cuando en un poema titulado "Cuestion novisima" (284 del libro IV) se advierta, en nota al pie, que "este epigrama no habla con el siglo de mi abuelo ni con otro alguno pasado o por venir, sino con el corriente decimo nono, ano de 1809" (335). En dicho poema, se critica el crecimiento continuo de la "serpiente" de la mentira, sin ninguna marca que lo situe en un contexto concreto. Cuando existe una marca de este tipo, como la referencia al "chichisveo" (costumbre muy ligada a las clases altas del siglo XVIII, y sobre la que Eugenio Gerardo Lobo compuso varias satiras), el poema (63 del libro IV) no logra diferenciarse de una generica condena a la vida mundana. Ademas, hemos visto anteriormente como, en el caso de "A unos jefes revolucionarios", se convierte un suceso politico en una cuestion de moral religiosa.

El caso de los epigramas acerca del genero femenino muestra hasta que punto la reutilizacion de juicios tradicionales o librescos impide el desarrollo de un verdadero pensamiento propio. Por un lado, son numerosos los poemas en los que se reproducen las criticas misoginas habituales en su tiempo (las mujeres como seres locuaces y enganosos inclinados a la liviandad). Asi, en el poema titulado "Por desgracia es esto lo que mas abunda", que comienza con los versos "Lo que te sobra, Placida, de hermosa / eso mismo te falta de prudencia" (419). Por otro lado, la lectura de Sor Juana Ines de la Cruz (demostrada en los articulos del Papel periodico, en especial el numero 59) le inspira una serie de composiciones en todo punto contradictorias con las anteriores, como en el "Dictamen imparcial":
   El hablar mal de todas las mujeres
   Es ya moda en poetas y escritores,
   Sin reparar que son los hombres peores,
   Pues las hacen faltar a sus deberes (...). (213)


Este poema, claramente basado en las redondillas de la monja mexicana ("Hombres necios que acusais."), critica exactamente lo mismo que el mismo practica en otras piezas. Y lo hace, por cierto, en un tono moralista y en un ritmo pesado que le aleja del tratamiento desenvuelto de la "decima Musa".

En los ejemplos citados, se percibe que en la concepcion "decente y sentenciosa" del epigrama en Rodriguez esta practicamente excluida la risa, asi como cualquier otro elemento que pudiera servir como distraccion deleitosa. Es mas, en el poema 25 del libro V llega a oponer el humor (al menos, el carnavalesco) a la bondad y a la sabiduria (385). El delectare, por lo tanto, se separa del docere, a pesar de las recomendaciones clasicas en pro de su union (por ejemplo, en la Epistola a los Pisones de Horacio).

Esta ultima afirmacion se confirma con la lectura de los pocos poemas en los que Rodriguez libera su veta festiva. Atendamos, en primer lugar, al poema titulado "Para habilidad de un caballero":
   Una manana estaba don Eugenio...
   me parece que asi se llama el hombre
   que vive en cierta casa, y tiene ingenio
   en un sitio. en verdad que no se el nombre:
   pero sea el que fuere; por su genio
   es que refiero el caso. y no te asombre,
   Liborio, si te digo al fin y al fallo,
   que el tal senor cantaba como gallo. (390)


En esta octava, los puntos suspensivos, ademas de suponer una marca de oralidad poco frecuente en la escritura neoclasica del poeta, explicitan el vacio semantico. Es decir, se evidencia la ausencia de contenido, de mensaje, en el poema, que es concebido como un mero entretenimiento jocoso. De esta manera, vuelve a demostrarse la division entre los poemas serios de ensenanza moral y los festivos sin pretensiones. Esta separacion alcanza cotas realmente sorprendentes cuando se produce en el seno de un mismo poema:
   De ser burro ya estoy tan aburrido
   como el que mas: decia un don fulano
   que se parece a mi en lo mal vestido,
   y tambien en la cara de marrano:
   es el caso que el hombre habia vivido
   creyendo siempre que hay candor cristiano
   en cuantos lo aparentan con finuras,
   y asi le dieron grandes pegaduras. (383)


Pocas veces puede encontrarse una diferencia tan radical dentro de una pieza tan breve. En los cuatro primeros versos se aventura un tono festivo en que "don fulano" parece una excusa para el chiste, como el "don Eugenio" del poema anterior. En cambio, en los ultimos cuatro versos aparece un contenido moralista que genera un notable cambio de tono. La disociacion del docere y el delectare se evidencia aqui de forma extraordinaria. Es interesante anotar que ese delectare sin docere, caracteristico de la poesia festiva, encontrara un gran desarrollo en el siglo XIX, asociado a nuevas formas de sociabilidad, como las publicaciones periodicas o las tertulias, de las que Manuel del Socorro Rodriguez, por cierto, fue iniciador en la Nueva Granada.

Conclusion

La preocupacion de la critica tradicional por ubicar a los escritores en compartimentos estancos, asi como la tendencia a interpretar la historia en forma de linea recta, ha impedido entender la novedad de la poesia epigramatica de Manuel del Socorro Rodriguez. En esta obra, encontramos una original articulacion de un estilo clasicista inusualmente exacerbado con un imaginario de clara filiacion barroca.

Esta filiacion, expresada en la vision desenganada del mundo terrenal, se muestra incompatible con las ideas de optimismo, felicidad y progreso que suelen definir el pensamiento ilustrado. En este sentido, podemos entender que los poemas no se refieran a la realidad material circundante, a pesar de ser escritos en una epoca muy convulsa, sino que prefieran la repeticion abstracta de principios morales cristianos. La ausencia de ornato (por lo que sus criticos han calificado sus versos de "frios" y "prosaicos") y de elementos deleitables (dedicandose al puro docere) es coherente con la sobriedad que predica.

Por lo tanto, es posible ensayar una interpretacion de la poesia de Rodriguez en clave ascetica, lo que crearia un vinculo entre la cosmovision barroca y el estilo neoclasico. Esto supone romper las inercias de la critica literaria, muchas veces incapaz de trazar visiones complejas que superen la division en supuestos periodos sucesivos y diferenciados. Al mismo tiempo, se problematiza la comprension de las ideas ilustradas en nuestro autor ya que, al menos en la poesia, son utilizadas de manera muy superficial.

Esta interpretacion, sin embargo, tiene como principal falencia la asuncion de una premisa cuestionable: la coherencia entre todos los elementos estudiados. La estetica de los versos festivos, al romper los vinculos con el conjunto mayor de poemas moralistas, se podria situar en una logica distinta y paralela. En cambio, el estudio de las elecciones estilisticas del autor en clave de posicionamiento en el campo literario puede resultar hasta cierto punto contradictorio con el fundamento ascetico que defendemos en esta conclusion.

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GUILLERMO MOLINA MORALES

Instituto Caro y Cuervo (Colombia)
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Author:Molina Morales, Guillermo
Publication:Dieciocho: Hispanic Enlightenment
Article Type:Ensayo critico
Date:Mar 22, 2017
Words:7495
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