Printer Friendly

"Por la autoridad de los ministros": observaciones sobre los letrados en una alegacion de Juan Bautista Larrea (primera mitad del siglo XVII).

"Por la autoridad de los ministros": Observation about the letrados in a Juan Bautista Larrea's allegatio (first half of seventeenth century)

Entre la produccion del jurista espanol Juan Bautista Larrea, activo en la primera mitad del siglo XVII en Granada y mas tarde en Madrid, figura una alegacion suelta, o porcon, escrita entre el 1634 y el 1638 y titulada Por la autoridad de los Ministros (1). Dicha alegacion trata un tema que tenia singular importancia para nuestro letrado, la autoridad de los ministros, consejeros y altos magistrados (2) en la Castilla del conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, y pone en evidencia de forma excelente cuales fuesen, segun el autor, los principales problemas con los que el grupo letrado tenia que confrontarse en el ejercicio de su profesion (3).

Como se sabe, cuando don Gaspar de Guzman, conde, y mas tarde conde-duque de Olivares, tomo las riendas del gobierno de la monarquia, quiso orientar la direccion politica en oposicion a aquella del duque de Lerma que, durante el reinado anterior, habia limitado el ingreso de los letrados en los altos organismos de gobierno, favoreciendo, en cambio, la faccion nobiliaria que tenia cercana (4). Al comienzo del reinado siguiente, condenada comunmente esta practica, se respiro un aire de renovacion y fueron proyectados por el nuevo valido amplios programas de reformas. No es preciso indicar aqui con detalle la finalidad de sus proyectos, analizados en numerosos estudios (5). Baste decir que ellos se centraron en dos ideas: una consistia en la restauracion de la reputacion, que habria tenido que realizarse a traves de la reafirmacion de la hegemonia de la monarquia espanola en Europa, y la otra en la "reformacion", como entonces se decia, puesta en marcha a traves de un conjunto de intervenciones que tenian el fin de mejorar las condiciones economicas y politicas de los reinos que componian la monarquia.

Olivares llamo a juristas y magistrados, ya presentes en los altos niveles de la administracion de la justicia y del gobierno, para que colaboraran activamente en la realizacion de sus proyectos. Con este impulso reformador el valido se proponia, entre otras cosas, contrarrestar el exceso de poder que tenian algunas familias de Grandes y remitirse a una tradicion, importante en Castilla en epocas precedentes, que admitia e incluso favorecia el empleo de los letrados en todos los niveles de la administracion de la justicia y del gobierno, colocandolos muy cerca de la cumbre de la direccion politica.

Si durante los anos Veinte hubo fases en las cuales parecio posible la realizacion de algunas de estas reformas, a partir de los anos Treinta estas medidas, colocadas en un marco, tanto interior como internacional, sensiblemente empeorado, fueron mucho mas dificiles de aplicar y bajo muchos puntos de vista menos organicas. Ya despues de la implicacion en la Guerra de Mantua del 1628, que requirio un esfuerzo financiero notable, la dinamica politica se caracterizo tanto por tensiones internas (como los motines del Pais Vasco del 1631 y de Evora del 1637) como por los intentos del valido de reforzar su politica autoritaria. A partir de 1635, debido a la gravedad del conflicto militar y especialmente tras la entrada en guerra de la cercana Francia, los proyectos de reforma interna fueron fuertemente reducidos y el objetivo del restablecimento de la reputacion, a traves en primer lugar de la confrontacion belica, fue identificado como prioritario.

Muchos aspectos de su programa de reformas, tras un prometedor despegue, sufrieron una considerable declinacion. Mas el proceso fue gradual y, durante los anos Treinta, muchos magistrados y consejeros, aunque estuviesen cada vez mas insatisfechos de las elecciones del valido, siguieron empenandose en la realizacion de este programa. Como muchos otros letrados, Larrea, durante largo tiempo, compartio muchos de los objetivos del Conde-Duque.

Es en los anos en los que crecia la insatisfacion en muchos sectores de la sociedad por el estado del pais -cuyas condiciones por otro lado, segun la opinion de muchos, permitirian todavia una recuperacion- donde debe situarse el caso que se trata en estas paginas. En una fase en la que eran otras las prioridades indicadas por el grupo dirigente, el letrado ejercia presion, con los medios de los que disponia, para que la monarquia interviniera para consolidar la autoridad real en el pais y para reformar algunos aspectos de la administracion de la justicia.

1. Abriremos el discurso con un breve perfil profesional de Juan Bautista Larrea. Despues de haber cursado los estudios en utroque iure, tras ser admitido en el colegio mayor llamado "de Cuenca", la carrera de nuestro letrado habia empezado en la universidad de Salamanca, donde habia desempenado la actividad docente. Sucesivamente habia entrado en la chancilleria de Granada, ejerciendo de oydor entre 1621 y 1634. Posteriormente habia accedido a los consejos centrales donde, entre 1634 y 1638, habia sido fiscal en el consejo de Hacienda. Mas tarde habia entrado en el consejo de Castilla, en un primer momento, con tareas parecidas, y, finalmente, como conclusion de una carrera brillante, como consejero (1642). En un primer momento Larrea habia recorrido las etapas comunes para un colegiado de Salamanca: una plaza de oydor, de fiscal o de alcalde de Corte representaban, de hecho, las profesiones mas habituales para estos letrados. Pero menos comun era alcanzar el papel de consejero, para el cual no eran suficientes las buenas capacidades profesionales. Se trata, es decir, de una progresion profesional no obvia. Otros elementos habian tenido un papel, como la presencia de lazos personales y politicos que el letrado habia establecido a lo largo de su actividad con personas que ocupaban puestos importantes en los organismos de gobierno.

En 1636, dos anos despues de finalizar su actividad de oydor en Granada, el jurista habia dado a la imprenta el primer volumen de Decisiones Granatenses, una recopilacion de escritos juridicos con caracter practico fruto de su actividad de juez de segundo grado en la Chancilleria de dicha ciudad (6). La concesion, en el mismo ano, del habito de caballero de la Orden de Santiago daba un reconocimiento social de su exito personal y profesional.

El primer volumen de Decisiones tuvo un gran exito editorial, como se atestigua en la nota colocada en la apertura del segundo. Tras el excelente resultado inicial (7), el camino estaba abierto y el autor enriquecia su propia figura profesional con la produccion de otros escritos juridicos. Posteriormente publico un nuevo volumen de escritos juridicos cada tres anos: en el 1639 el segundo de Decisiones (8), luego, en 1642 y en 1645, los dos volumenes de Allegationes Fiscales, donde el jurista colocaba y comentaba los casos sacados de su experiencia no solo como fiscal sino tambien como consejero de los consejos de Hacienda y de Castilla (9). Se trata de obras de tipo juridico-practico que tuvieron una difusion muy amplia: hoy todavia son conservadas en muchisimos fondos antiguos de las bibliotecas europeas. El segundo volumen de Allegationes, publicado por Larrea cuando era un letrado de renombre en el panorama politico, refleja que el habia alcanzado una posicion de prestigio, desde un punto de vista tanto profesional como politico. El autor declara, en la portada, que este volumen no presenta exclusivamente un caracter juridico, destinado, es decir, a un publico especializado, sino que trata tambien de cuestiones directamente politicas. Se dirige entonces a un publico amplio y con intereses diversos:

"Allegationum Fiscalium pars secunda in qua, ultra iuridica, plura politica elucidantur" (10).

Y es de una intervencion de tipo politico del jurista que este trabajo trata. A partir de un caso concreto Larrea reflexiono sobre la relacion entre soberano y magistrados, que el veia marcada por una crisis profunda. Antes de pasar al analisis de los contenidos puede ser interesante analizar el tipo de difusion que este texto tuvo, para acercarnos, por este camino, a los debates mas generales en los cuales se inserto. El texto de Larrea abre un dialogo con muchos otros textos, tanto precedentes como contemporaneos. Sin embargo, en estas paginas nos ocuparemos solamente de algunos de ellos. Dejaremos de un lado la tratadistica especificamente juridica, para concentrarnos en el analisis del dialogo que Larrea enlaza, directa o indirectamente, con algunos tratados politicos.

Por un lado, nos detendremos en la variedad de tipos de escritos mediante los cuales la informacion y el debate politico circulaban (11). Por otro lado, reflexionaremos sobre la relacion entre el poder soberano y el poder de los altos magistrados y consejeros. El letrado incluyo en el problema de amplio alcance del poder sobe rano la cuestion de los ataques a la credibilidad y a la autoridad de los magistrados: es en este marco que este escrito adquiere toda su relevancia.

Las formas de circulacion de los debates politicos en la Espana de los siglos XVI y XVII eran numerosas y llegaban a involucrar grupos sociales muy amplios (12). Estos materiales iban desde escritos sobre las estructuras y los equilibrios politicos existentes en los organismos de gobierno hasta las indicaciones sobre las costumbres en ellos establecidas; desde las recopilaciones que conservaban memoria de un acontencimiento hasta los pamphlet y los avisos que propagaban las voces y los secretos conservados por quienes controlaban la direccion politica (13). Podia tratarse tambien de textos contiguos a los ambitos de produccion de la tratadistica contemporanea, que podian alimentar y de la cual, a su vez, recibian influjo (14). El texto de Larrea tuvo una difusion analoga a la de este ultimo caso. El texto, de hecho, circulo en dos versiones: una titulada, como ya se ha dicho, Por la autoridad de los ministros, dedicada prevalentemente a un publico espanol, y que tenia la forma de breve tratado sobre la autoridad que el soberano tenia que reconocer a los magistrados. Otra version, escrita en latin, estaba constituida por el grupo de alegaciones que iba desde la numero C hasta la CIII de las Allegationes Fiscales. En el el autor volvia a proponer los materiales del pequeno tratado redistribuyendolos entre cuatro alegaciones, en cada una de las cuales profundizaba un aspecto del amplio tema (15). De esta manera Larrea preparaba las alegaciones para un publico diferente, el del Derecho Comun. Publicadas en latin dentro de la recopilacion de las Allegationes Fiscales, dichas alegaciones estaban destinadas a circular entre los juristas de Europa, mucho mas alla de la epoca en la cual habian sido escritas.

El escrito aqui examinado se denomina allegatio cuando forma parte de las Allegationes Fiscales, y tractatus en su version -casi igual por los contenidos y ligeramente modificada en la forma- de texto suelto. Se trata de un texto para el cual la definicion de un genero especifico -alegacion o tratado- no se adapta plenamente, puesto que adquiere, cuando hace falta, configuraciones parcialmente diferentes. Aunque revele, a traves de una lectura atenta, su original destino de alegacion, es decir, de escrito elaborado por el abogado de la parte en defensa de su cliente (16), este material era potencialmente adaptable a usos diversos. Nuestro letrado considero que pudiese emplearse, bajo la forma de pequeno tratado o texto suelto, como escrito con el cual participar a la discusion politica en acto.

En los anos del Conde-Duque el empleo de la propaganda fue notable y provoco a menudo serios contrastes. Sobre el uso de la propaganda, que abriria un tema de reflexion mucho mas amplio de lo que estas paginas permiten, queremos resaltar dos aspectos. El primero tiene relacion con las medidas de control de los textos tanto literarios como politicos. El segundo, por el contrario, es relativo al uso que Olivares quiso hacer de la propaganda, a traves de textos producidos por letrados que colaboraban estrechamente con el. En cuanto al primer punto, hay que recordar que desde el comienzo del reinado de Felipe IV, en 1621, la Junta de Reformacion habia obtenido el encarcelamiento de mas de cien personas que poseian escritos subversivos, como pasquines y textos sueltos. Pero esta disposicion estaba en conexion con el clima de transicion y de renovacion que se respiraba tras la caida del duque de Lerma, valido de Felipe III, y mas aun con el despegue del nuevo reinado. Posteriormente, en pleno valimiento de Olivares, se emitieron otras disposiciones que prohibian o limitaban la circulacion de algunos tipos de escritos. En 1625 se prohibio, al menos formalmente, la impresion de comedias y novelas. Desde el 1627 el material de informacion politica como "letters and relations, apologies and panegyrics, gazettes and news-sheets, sermons, discours and papers on affairs of state and government" tenia que recibir la aprobacion del consejo de Castilla para la publicacion (17). Fueron, estas, medidas importantes para el control de la difusion de estos materiales.

Sobre el segundo aspecto hay que observar que, aunque no existiese, en Castilla, una gaceta como la que se difundio en Francia desde el 1631, el valido activo "an unending stream of avisos and relaciones conveying officially inspired or authorized information" (18). El puso en marcha campanas propagandisticas, encargando su difusion tambien a algunos letrados de confianza. Muchas bibliotecas conservan pruebas de ello. Para limitarnos al tipo de materiales aqui tratado, baste recordar los gruesos volumenes de alegaciones, impresas como textos sueltos en espanol y mas tarde encuadernadas juntas, que se pueden encontrar todavia hoy en los fondos antiguos de dichas bibliotecas. La encuadernacion, que a menudo colocaba una tras otra las alegaciones producidas por las dos partes interesadas, permite a veces recorrer las etapas dialogicas de los enfrentamientos en cuestion. Se trata, entonces, de un tipo de material muy interesante para reflexionar sobre las caracteristicas del debate politico a proposito de los altos organismos de gobierno que actuaron en la capital madrilena. Un debate que, en la Espana de los siglos XVI y XVII, involucraba en muchas ocasiones a amplios sectores de la sociedad (19).

Dentro de la produccion de Larrea, la alegacion es un tipo de escrito muy comun. Como se ha dicho, el las recopilo en dos volumenes de Allegationes Fiscales. Pero, ademas, de muchas de ellas existe una version en castellano como texto suelto. Algunos ejemplos sacados de los textos de Larrea pueden ilustrar sus caracteristicas y permiten entender cual puede haber sido su empleo y su difusion. El tipo mas comun de alegacion presenta caracteristicas estrictamente juridicas: en ella el fiscal del consejo de Hacienda o de Castilla (cinendonos a la experiencia de Larrea) defiende la monarquia en contra de las pretensiones de un particular. En este caso los argumentos son de varios tipos, pero a menudo se originan por unos contratos estipulados entre un particular, por ejemplo un arrendandor de impuestos, y el Estado que concedia dicho arrendamiento. Las modificaciones a las condiciones del arrendamiento (y sus consecuencias en los terminos economicos del acuerdo) estaban generalmente en el centro del pleito: tanto porque era el arrendador que pedia que fueran introducidos cambios, debido a la aparicion de condiciones de arrendamiento insoportables; como porque dichos cambios habian sido introducidos por el Estado y conllevaban un empeoramiento del arrendamiento.

En otras alegaciones, el letrado ilustraba o justificaba en terminos juridicos iniciativas del rey o del valido. A veces se trataba de defender en terminos juridicos una decision politica. He aqui el caso de un escrito en el cual Larrea defendia la licitud de algunas intervenciones reales en materia de alienacion de oficios municipales, que se titula: "Por Costumbre universal de Espana, en los mas lugares de la Corona de Castilla eligen los Concejos Alcaldes ordinarios" (20). En otros casos la produccion de estos textos podia estar relacionada con las iniciativas de tipo financiero, como es el caso de algunos expedientes, introducidos por la monarquia en las fases mas dificiles de los anos Treinta, que tenian el fin de procurar nuevas entradas o de obligar a los grupos sociales exentos a participar en las necesidades provocadas por las guerras. Este es el caso de una alegacion que se titula: "Por el Rey Nuestro Senor el doctor don Ivan Bautista de Larrea, cavallero de la orden de Santiago, fiscal del consejo. Sobre los dos puntos generales, que estan vistos en la junta de la cavalleria de las ordenes, para que den substitutos los padres por los hijos, y los cavalleros de abito, criados de Su Magestad, aunque le acompanen, le den tambien a la orden" (21). Se trata en todos estos casos de escritos encargados por el equipo dirigente al letrado para que defendiese la introduccion de nuevos expedientes financieros tan comunes en aquellos anos.

Respecto a estos ejemplos, el caso considerado en este trabajo presenta algunas diferencias: en el nuestro autor empleo el mismo tipo de escrito, pero con un fin distinto, es decir, la defensa en terminos politicos de la figura del letrado que obraba dentro del sistema administrativo-judicial, y, en primer lugar, de la del juez. Los letrados, magistrados y altos oficiales, de hecho, aunque fuesen una constelacion que presentaba en su interior muchas diferencias, se reconocian en muchos aspectos como un unico grupo (22). En este sentido la allegatio "Por la autoridad de los ministros", o "peculiar tratado", como Larrea la define, se coloca en el interior de la lucha politica directa. En ella el jurista planteaba los problemas y las solicitudes de su grupo, insertandolas en un discurso que atania a los terminos amplios del proyecto de fortalecimiento politico, asi como Olivares lo estaba desarrollando durante estos anos.

El pequeno tratado del que se habla aqui habia circulado sin duda en los circuitos mas elevados de la direccion politica. Un ejemplar, de hecho, esta presente, desde 1637, en las colecciones de la Biblioteca Real. Aunque su colocacion, junto con textos de interes narrativo ("Libros varios de diversas lenguas") en vez que con los tratados sobre "Gobierno y Estado", pueda sugerir que de ello se haya hecho una lectura atenta mas a los aspectos literarios que a los contenidos politicos, su presencia en el catalogo de la Biblioteca Real es sin duda la senal del interes que dicho escrito debio de suscitar hasta en el mismo soberano (23).

Junto con otros materiales muy importantes, a menudo ya conocidos al menos en parte por los historiadores -de las cronicas a las relaciones, de los panegiricos a los tratados-, creemos que seria oportuno considerar como material de informacion y de discusion politica el que se utiliza en este ensayo: alegaciones que estan estrechamente relacionadas con el debate politico del momento, aunque vistan a menudo, pero no siempre, el habito de texto juridico.

2. La alegacion Por la autoridad de los ministros, y la allegatio C, titulada Magistratuum auctoritas, que reproducia en el texto latino una amplia parte inicial del texto en castellano, se abria contando que un alto magistrado habia sido calumniado por las personas involucradas en el pleito en el cual el era juez. Debido a estas denuncias, que en un primer momento habian sido consideradas validas, el juez habia arriesgado el honor y habia puesto en peligro la vida:

"Cum his diebus adversus Magistratum magni nominis a litigatoribus delatio facta de crimine quod ipsi obiiciebant false et calumniose, quia illos in lite damnaverat, et ex accusatione Magistratus, fama, honor et vita posset periclitari, nisi Deus, qui semper iustitiam tutatur, calumniam detegeret, ex praeceptis politicis et iuridicis haec Maiestati Principis reverenter pro iustitiae tutela animavertenda propono" (24).

En la alegacion, Larrea dedicaba amplio espacio, en las primeras paginas, a la discusion del peligro que los maximos jefes de gobierno, como reyes y pontifices, habian corrido por haber aceptado arbitrar algunas contiendas internacionales. Citaba muchos ejemplos relativos a emperadores, reyes y pontifices de las distintas epocas historicas que demostraban, a su modo de ver, que habia habido casos de maximos gobernantes que habian preferido renunciar al poder que su posicion les otorgaba, con tal de no correr los riesgos que el arbitraje de una contienda conllevaba.

Observaba a continuacion que, si tanto habian arriesgado dichos soberanos, mucho mas peligroso tenia que ser ejercer la funcion de arbitro para un juez particular. "Y para que Vuestra Magestad conozca, que ni los Pontifices, Reyes, y los mayores Monarcas han podido librarse deste peligro de juzgar, o del odio y enemistad con

el que les condeno: y quanto menos podra un Juez particular escusar el enojo de aquel a quien le va su vida, o toda su hazienda en una condenacion que haze por la obligacion de su oficio" (25).

El soberano tenia que dar a los magistrados un especial apoyo, para que ellos, amparados por su favor y por su autoridad, pudiesen ejercer la profesion de juzgar con el justo equilibrio, y pudiesen emitir condenas conmensuradas con la culpa sin temer por su propia vida:

"La gravedad deste delito, que por ser tan ordinario atreverse a los juezes, es digno de mayor castigo, siempre parecera atroz a todas luzes, aunque se mire al mas piadoso vislumbre: porque imputar delito por venganca a un juez de superior puesto que, seguro en el amparo de Vuestra Magestad en el real nombre, fiado en su autoridad, y respeto, y la razon con que procede, haze justicia, no puede la malicia humana pensar atrevimiento mas pernicioso a Vuestra Magestad a la causa publica, quietud, y seguridad de sus reinos, y vassallos" (26).

Emitiendo una condena no indulgente frente a las presiones de ciertos grupos sociales, los jueces arriesgaban tanto los bienes como su vida. En sus escritos, Larrea tuvo ocasion mas de una vez de tratar los diversos aspectos de este problema.

Podriamos estudiar a fondo las conexiones que estos ataques a los magistrados pueden tener con el problema de la recusacion de los mismos magistrados. ?A traves de cuales instrumentos un magistrado puede ser recusado? Nos podriamos preguntar asimismo que motivos se considerarian suficientes para obtener su recusacion. Se trata de una serie de cuestiones que fueron siempre de gran relevancia para los mismos magistrados. El mismo Larrea ha tratado de ellas en muchos escritos. En las Decisiones Granatenses ha discutido De recusatione Senatoris ex uxoris, vel familiae facto en la decisio XLVIII (27). En otras ocasiones se ha enfrentado con otros aspectos del problema, como en la allegatio numero II, que lleva el titulo de De recusatione Fiscalis. Como indica la misma colocacion del escrito, ocupando esta alegacion un lugar de gran evidencia en la organizacion interna del volumen, la cuestion era de gran relevancia para el mismo Larrea. No hay que olvidar que el autor dedico a la profesion de fiscal los anos de su vida quizas mas importantes desde el punto de vista profesional. Preparando las alegaciones que abren la primera parte de las Allegationes Fiscales, despues de tratar De officio fiscalis (allegatio I), Larrea pasa a reflexionar sobre las formas mediante las cuales dicho alto oficial podia ser atacado, y sobre todo de las posibilidades de recusacion (28).

El letrado trato tambien de la recusacion en un marco mas amplio, hablando de la recusacion para los miembros de los Consejos (29). En la allegatio titulada De recusatione Senatoris el autor abarca la cuestion en unos terminos muy extensos: retomando el hilo de las cuestiones precedentes, se refiere, por un lado, a la tratadistica juridica y, por el otro, a sus propios textos precedentes.

Larrea conoce entonces profundamente las problematicas juridicas antes que directamente politicas relacionadas con el tema de la recusacion. Sin embargo, en el escrito que aqui nos sirve de guia, dedicado a "La autoridad de los ministros...", el autor quiere subrayar las implicaciones en primer lugar politicas de la practica muy extendida de delacion en contra de los magistrados y, en suma, del desamparo en el que se encontraban los magistrados.

Otro aspecto del problema, que Larrea subraya en este escrito, es relativo a los riesgos de venganza que los jueces pueden sufrir por parte de las personas hacia las cuales emiten sus condenas. El desamparo en el que la politica del valido dejaba a los magistrados suponia para ellos un riesgo altisimo de este tipo. En este sentido se trata de un escrito en el cual los problemas politicos se enlazan de forma significativa con los de tipo social.

El eje de las conclusiones de Larrea atane a un discurso de conjunto sobre la profesion letrada en el marco de las lineas de gobierno y de reforma adoptadas por el valido. El interes de este escrito, en efecto, reside a nuestro modo de ver especialmente en el enfoque politico y social que el autor ha elegido. Bajo este punto de vista, el tema era de harta actualidad: se trataba del poder de los altos magistrados, puesto en tela de juicio cuando uno de ellos habia sido falsamente acusado de un delito.

Aquel juez que se hubiese sentido inseguro e indefenso porque no estaba suficientemente apoyado por la voz del soberano habria temido las reacciones del pueblo a la sentencia que estaba llamado a emitir. Y, el hecho mas importante, si hubiese hecho publico este temor, no habria podido imponerle la obediencia. Toda autoridad real, la representada por los magistrados y la encarnada por el mismo soberano, habria sufrido un duro golpe a causa de esta situacion. Escribia el letrado:

"Menos importa, que con la mano, y favor de su Rei exceda el Ministro en algun caso por demasiado rigor, que no padezca, y paresca desestimada la publica potestad; que de los dos estremos de benignidad, o rigor, este es menos peligroso, pues aunque engendra aborrecimiento, causa temor, y respeto, con que se afianca la quietud del Pueblo, pero la mansedumbre, y demasiada indulgencia da ocasion a menosprecio, y aventura la obediencia de los subditos" (30).

Ante de este riesgo, el letrado pedia que el rey apoyara de una forma muy amplia a los magistrados. Sin embargo, esta actitud del soberano podria empujar, por otro lado, a los magistrados hacia un ejercicio de su profesion demasiado severo. En presencia de un soberano que ejercia un firme poder sobre sus subditos, el juez podria infligir penas excesivamente duras. Se trataba de la eventualidad contraria a la precedente. Este caso, afirmaba Larrea con decision, constituia un riesgo de escasa gravedad y no era entonces condenable porque, entre las dos eventualidades, es decir, entre los "extremos de benignidad, o rigor", el segundo era el menos peligroso.

Se percibe en estas palabras el eco de la pregunta de Machiavelli -sacada, como es sabido, de Il principe- si para el principe fuese mejor ser temido o amado (31), a la cual tanto el segretario fiorentino como Larrea habian respondido prefiriendo el rigor (por parte del rey o del magistrado). Para la comprension del pasaje es preciso remitirnos, por un lado, al recorrido de las opiniones de Larrea, y, por el otro, a la tratadistica politica contemporanea. En particular, ella, en el lapso de tiempo, largo y lleno de acontecimientos muy graves, transcurrido tras la redaccion del famoso libro de Machiavelli, se habia desarrollado bajo formas nuevas. A partir del final del siglo dieciseis, detras de la cobertura del antimaquiavelismo, se ocultaban problemas nuevos (32), como "i temi della sovranita, della ragion di stato, della praticabilita o meno di una scienza politica a dominare le dispute teoriche" (33). Las observaciones de Larrea, aunque conexas al texto del Principe, se insertan entonces plenamente en las discusiones que se habian desarrollado en la segunda mitad del siglo XVI y en la primera del siglo XVII sobre los nuevos problemas surgidos: desde los gravisimos acontecimientos de las guerras de religion hasta las relaciones con los reinos "hereticos", desde las alianzas licitas o ilicitas hasta los instrumentos que la Razon de Estado podia facilitar a los gobernantes. La parafrasis de la pregunta de Machiavelli tiene su significativa relevancia, pero tiene que ser colocada en una coyuntura politica muy diferente. En especial modo, en el periodo de Larrea era apremiante la cuestion de la obediencia. La pregunta del segretario fiorentino, por lo tanto, ha sido retomada en este sentido por Larrea, que la ha anclado eficazmente al momento presente.

Aunque se haya observado a menudo que el reino de Castilla habia vivido, durante el valimiento del Conde-Duque, en una condicion de substancial quietud, hubo tambien momentos de tensiones, especialmente entre Olivares y algunos grupos sociales: un caso importante fueron las tensiones y los rozamientos con los nobles de alto rango, que con el curso del tiempo se agravaron. Durante los ultimos anos el llego a un punto de ruptura con muchos de ellos, con consecuencias desastrosas para su propio porvenir. La cuestion puesta por Larrea, relativa al mantenimiento de los subditos en un estado de obediencia, se estaba imponiendo con fuerza en el gobierno de la monarquia espanola. En la redaccion de esta alegacion Larrea demuestra tener conocimiento de ello, y toca las teclas justas.

En el escrito que estamos analizando Larrea criticaba de modo especial la practica de calumniar a altos oficiales y magistrados a traves de la difusion de libelos anonimos. Ya los Capitulos de reformacion, que habian surgido de una precedente fase politica, habian condenado esta practica, prohibiendo que los memoriales sin firma fuesen admitidos en las investigaciones (34). Pero al tiempo de Larrea esta practica, segun su misma denuncia, estaba muy extendida. Segun el era necesario desarraigarla, infligiendo penas mas duras contra quien cometia el "crimen de falsedad".

"Quando proceden nuestras leyes en qualquier delito particular, y testigo falso, justissimamente se deben encrudecer para su castigo por la naturaleza del crimen de falsedad" (35).

Segun Larrea, si el rey hubiese escuchado estas calumnias, los magistrados no habrian estado protegidos contra el odio que mucha parte de la sociedad sentia hacia ellos, contra "el odio natural que todos tienen contra los Ministros". Los subditos, escribia el letrado, "en lo interior maquinan siempre" para provocar la ruina de ministros y consejeros, aunque no puedan oponerseles explicitamente. Cuando hablaba de ello, Larrea empleaba tonos dramaticos:

"Y de verdad toca a la autoridad de juzgar, que los que goviernan no parezcan en los ojos de los subditos maltratados sin mucha causa, por el odio natural que todos tienen contra los ministros, y la condicion libre de los hombres, que aborrecen a aquellos a quien se han de sujetar, y mas a los consejeros, que como por la representacion de Vuestra Magestad no pueden en lo descubierto dexar de mostrar les obedecen [...]en lo interior maquinan siempre contra ellos" (36).

La posibilidad para cualquier persona de atacar a un juez a traves de las denuncias anonimas constituia para el la faceta mas grave del problema, tanto que llegaba a pedir la pena capital para quien emplease este canal:

"La pena capital y rigor en esto es el fiador de la entereza, y valor de los ministros" (37).

Defendia su propio punto de vista y la solicitud de una pena "gravissima corporal", ilustrando asi sus razones:

"Representase a Vuestra Magestad, que por ser este delito atroz, y de tan pernicioso exemplo, vengarse del consejero porque hizo justicia, no debe parar en sola pena pecuniaria su castigo, sino en gravissima corporal, que satisfaga a lo publico que estara ofendido, y leso, con ver que en el govierno, y ministerio de juzgar debaxo del amparo, y en nombre de Vuestra Magestad, no solo no aya seguridad, sino el mayor peligro que a los trabajos de governar, que se podia dar algun alivio con el respeto y decoro al ministro se les aya quitado este descuento con los atrevimientos que ha avido tan continuos y arrojados, que hemos visto juezes saliendo de su tribunal muertos por hazer justicia; y a otros perseguidos con graves testimonios, y calunias, y que este un superior, magistrado, y de gran puesto expuesto al mayor peligro de la honra y vida, con la falsedad, y calunia, a que no ai cosa que condignamente corresponda, sino la pena de sangre" (38).

La posibilidad de sufrir la venganza por parte de los condenados se concretiza aqui en las palabras de Larrea. Este peligro envolvia tambien las relaciones personales, la familia y la vida del magistrado. Ante de esta posibilidad, el letrado pedia la pena mas dura para los culpables, unico camino para que los jueces pudiesen seguir en sus tareas. La aplicacion de dicha pena a quien habia calumniado al magistrado, confiaba el letrado, podria tener efectos de disuasion: "Assi, senor, en tiempo de Vuestra Magestad, hijo de tan santo, y justo padre, y cuyos inmediatos ascendientes han sido el mayor espejo de la justicia, y que han dado el decoro, y autoridad a los consejos, y sus ministros, quando con la atencion de Vuestra Magestad los estragos de otros siglos se han mejorado, que los subditos se atrevan contra la potestad publica, y su ministro, porque los castigo, o sentencio haziendo su oficio, quedaria un exemplo pernicioso, si juntamente con la delacion falsa no se refiriesse tan grande escarmiento, que a todos ponga horror, y miedo para adelante" (39).

Ademas Larrea pedia que el procedimiento contra el delator no tuviese que iniciarse por la denuncia del magistrado: "No es bien, que el ministro pida el castigo, y se querelle, assi por ser indecente a su oficio, como porque no se atribuya a la mano del la pena del acusador" (40).

Para llevar a cabo una accion contra quien habia atacado al magistrado hacia falta un sujeto capaz de no temer las reacciones del acusado. Ahora bien, este sujeto podia ser unicamente el soberano que, dada su posicion, no temia la venganza de un subdito (41).

Por otro lado, Larrea ponia tambien el caso de un magistrado que mereciera algun "castigo". En esta eventualidad, sugeria el autor, el rey tenia el deber de esconder sus defectos, debido al papel que el alto oficial estaba representando cuando ejercia su funcion. Segun su modo de ver, la defensa y el fortalecimiento del poder de los magistrados pasaba tambien a traves de cierta proteccion y amparo de sus faltas frente a los subditos:

"Importa mucho al servicio de Vuestra Magestad honrar, y favorecer a sus Ministros de manera, que no aya ocasion para que se les atrevan a perder el decoro que conviene tengan, y se conseguira procurando encubrir sus defectos; y quando en alguno los huviere, dando color al desvio, o castigo, si pareciere no se puede escusar, y procediendo severamente contra el que injustamente se atreviese al Magistrado; pues, aunque no sea tal, se le ha de reverenciar por la representacion de su oficio" (42).

Este pasaje indica como Larrea, aun sin entrar en la discusion sobre la licitud de la disimulacion, habia asimilado la reflexion politica de quienes, incluso entre aquellos que eran mas respetuosos con los preceptos de la religion catolica, habian admitido su uso. Es importante subrayarlo, puesto que pone en evidencia una conviccion profunda del autor sobre una cuestion central. Aun asi, como hombre practico y prudente, Larrea no pedia al principe que disimulase y se limitaba a pedirle que los defectos de los magistrados fuesen ocultados, evitando de este modo entrar en un terreno muy insidioso.

El terreno insidioso era el de la tratadistica sobre la Razon de Estado: un concepto, este, que Larrea tiene sin duda presente, aunque lo introduzca muy raramente en sus escritos. El debate sobre la Razon de Estado fue, como es sabido, de alcance europeo, con desarrollos y tiempos diferentes en los distintos estados (43). En algunos de los paises desde donde habia surgido a mediados del siglo XVI, como Italia, un siglo mas tarde estaba practicamente acabado, mientras que en otros, como Alemania, donde habia comenzado mas tarde, perduro durante todo el siglo XVII (44). Como es conocido, "il nucleo problematico dell'azione ispirata alla Ragion di Stato, cioe la liceita di violare le regole correnti del diritto e della religione in funzione dell'interesse, fu discusso subito dopo la pubblicazione del Principe (1532) ed ebbe Machiavelli come sfondo" (45). Si bien hubo actitudes dife rentes, muy pronto la polemica contra Machiavelli fue abierta por los "uomini pio intransigenti ed austeri della Riforma cattolica" (46).

Tras hechos traumaticos como las guerras de religion en Francia, y acontecimientos gravisimos como el asesinato de Enrique III de Francia y la decapitacion de Maria Stuart, surgio la necesidad de reflexionar sobre la separacion entre la moral y la politica, de definir cuales eran los instrumentos licitos de la politica, y de distinguir entre la "buena" y la "mala" razon de estado. Los temas de la "disimulacion", de los instrumentos de gobierno, e incluso del derecho de los subditos de rebelarse contra los gobernantes, fueron entonces el centro de las reflexiones de muchos. Pero ya en los anos anteriores, en el lugar donde el enfrentamiento politico era ferocisimo, la Francia de las guerras de religion, Jean Bodin habia elaborado la obra que constituyo una etapa fundamental en el recorrido hacia la construccion de una ciencia de la politica. Con Les six livres de la Republique, publicados por primera vez en frances en 1576, Bodin realizo "una delle condizioni fondamentali della Ragion di Stato: la separazione della funzione e degli scopi dello Stato dalla funzione e dagli scopi delle chiese" (47). El llevo la reflexion medieval a sus extremas consecuencias: afirmo de hecho que el poder absoluto del rey consistia en la derogacion de las leyes civiles, en la ausencia de limites de tipo juridico, excepto que por aquellos que derivaban del derecho divinonatural (48). Como es sabido, la derogacion estaba ya presente en las teorias politicas medievales, pero se consideraba una excepcion, admitida y, al mismo tiempo, limitada por muchas cautelas. La novedad introducida por Bodin fue transformar esta derogacion en "la nota essenziale della sovranita stessa, la sua peculiarita specifica", aunque en la practica seguia representando un caso extremo (49).

Algunos textos pueden ayudar a enmarcar, bajo ciertos aspectos, la cuestion de la influencia de Bodin en la peninsula iberica: baste pensar en un plagio espanol de la Republique de la primera mitad del siglo XVII, el Norte de Principes de Juan Pablo Martir Rizo. Con formacion, probablemente, no universitaria pero con intereses que fueron desde la literatura hasta la politica, pasando por la participacion en la polemica panfletistica, tan vivaz durante el reinado de Felipe IV, Rizo, en su Norte de Principes, plagiaba los primeros capitulos de la Republique, pero los integraba con pequenas correcciones relacionadas con las cualidades necesarias de un buen monarca. Tratando del poder monarquico ("De la monarquia real"), el afirmaba, entre otras cosas, que el soberano no podia prescindir del respeto a la religion. Introducia de esta forma un nuevo requisito con respecto al texto bodiniano, como ha notado Juan Antonio Maravall (50).

La Republique suscito un notable interes y fue bien conocida por los autores ibericos, los cuales, sin embargo, consideraron a menudo mas prudente no citarla como fuente de sus trabajos. A partir de finales del siglo XVI, de hecho, de ella circulaba, tras alternas vicisitudes, una version en espanol y modificada (51). Traducida en 1590, habia sido incluida en el Indice en 1591 con la condicion del "donec expurgatur". A pesar del intento del traductor Gaspar de Anastro Isunza de evitar la adscripcion introduciendo algunas variaciones en sus contenidos, de hecho, la inquisicion espanola habia entresacado algunas razones religiosas y de propaganda politica para no aprobar su circulacion, si no era con las citadas limitaciones. Los aspectos de propaganda politica condenados estaban relacionados con la imagen de algunos reyes espanoles, que no aparecian "muy favorecidos en el enjuiciamiento de algunas de sus intervenciones" (52). Aunque dichas condiciones se cumplieran, en el Indice de 1612 la Republique fue prohibida completamente. En un Indice impreso en Sevilla en 1632, sin embargo, esta version de la principal obra de Bodin no comparecia en la lista de las obras condenadas. Cuando, en 1640, un nuevo Indice fue compilado, fue incluida de nuevo entre las obras que debian ser expurgadas (53).

Frente a la solida teorizacion bodiniana de la soberania, para los monarcas que obraban en la orbita catolica faltaba un modelo con el cual combatir la pugna politica. A esta exigencia queria responder Giovanni Botero, cuando, en 1589, escribio Della Ragion di Stato, reuniendo en un nuevo tratado muchas observaciones de autores precedentes sobre la politica, segun los parametros de la Razon de Estado catolica54. Esta, como es sabido, es "notitia di mezi atti a fondare, conservare, e ampliare un Dominio": se trata de una definicion que intentaba ocultar el caracter arbitrario y la ausencia de escrupulos que caracterizaban la politica. Botero admitia, en efecto, la licitud de algunos expedientes asociados a la "mala" Razon de Estado, como la "disimulacion", mas por lo general "si sforzava di dare delle regole valide per tutti", es decir, validas tambien para quienes obedecian a los preceptos de la moral catolica (55).

Se habia desarrollado de este modo, a traves de la obra de Machiavelli y la de los sucesivos tratadistas, una distincion entre la "buena" Razon de Estado, la que se proponia reunir la moral catolica y la politica, y la "mala" Razon de Estado, de derivacion maquiavelica, que admitia el empleo de instrumentos muy lejanos a la moral catolica (56).

En Espana la corriente que se desarrollo alrededor de la "buena" Razon de Estado se originaba en Pedro de Rivadeneyra, una de sus figuras principales, y seguia con Jeronimo Gracian (Diez lamentaciones del miserable estado de los atheistas de nuestro tiempo, Bruselas, 1611), con Juan Marquez (El governador Christiano, 1612) y Claudio Clemente, (Maquiavelismo degollado, edicion en latin: 1628; en espanol: 1637).

Rivadeneyra, en su Tratado de la religion y virtudes del 1595, habia indicado a Machiavelli como principal blanco polemico, segun informaba en la parte final del titulo de su obra (57). En la invocacion "al cristiano y piadoso lector", sin embargo, precisaba que sus objetivos polemicos eran tambien otros: tras Machiavelli, indicaba, entre otros, a Bodin (58). Tambien en Espana, en efecto, los autores de fines del siglo XVI y de la primera mitad del siglo XVII enmarcaban sus reflexiones dentro de un antimaquiavelismo que perduraba pero que no habia adquirido caracteristicas especificas, y se referian mas bien a los nuevos apremiantes problemas del momento (59).

Despues de haber asentado el principio de la defensa de la religion catolica como elemento basico en la vida del Estado, incluso la elaboracion catolica de la Razon de Estado no podia rechazar todos los argumentos de la "mala" razon de Estado. De hecho, Rivadeneyra explicaba que los reyes tenian que defenderse de los enemigos que los rodeaban y que "con las artes de Maquiavelo y una fina hipocresia" intentaban continuamente enganarles. Frente a estos peligros los responsables del gobierno podian armarse con sus mismas armas, y era licito, concluia, "que con los disimulados usen de alguna disimulacion" (60). Mas tarde Saavedra Fajardo habria afirmado que la "disimulacion" podia ser empleada por el soberano, en el cual este acto se justificaba por razones de Estado, pero no por los subditos, en los cuales era senal de duplicidad (61).

Como se ha dicho anteriormente, en Por la autoridad de los ministros Larrea, tratando de los instrumentos que los magistrados precisaban para ejercer la profesion, habia insistido sobre la necesidad de un reconocimiento de su autoridad por parte del rey, incluso pidiendo cierta "disimulacion" de sus faltas frente a los subditos.

La comparacion entre nuestra alegacion, o tratado, y la tratadistica politica sobre la Razon de Estado revela una coincidencia de problemas y de soluciones adoptadas. Ella es indicativa de la difusion de los debates de un circuito a otro y puede decirnos algo sobre los reciprocos influjos. Plenamente informado del debate que se estaba desarrollando alrededor de la Razon de Estado, nuestro jurista se colocaba entre los que querian proveer al soberano y a sus altos oficiales -magistrados y ministros- de instrumentos especificos para la accion de gobierno.

En suma, tampoco Larrea condenaba en si misma la practica de la "disimulacion" y, mostrandose dispuesto a evaluar caso por caso si fuese admisible, optaba por el uso extenso de este instrumento. Sobre la relacion entre soberano y magistrados, no obstante, no habia introducido el termino de "disimulacion", que estaba por aquel entonces cargado tanto de condenas como de parciales absoluciones. Habia hablado antes bien de "encubrir", de ocultar los defectos de los jueces. Los de los subditos, al contrario, no podian ser disimulados por el magistrado, porque con ellos no incurrian las causas de publica utilidad, propias de la Razon de Estado, que podian justificar dicho acto.

Objetivo general de Larrea era el fortalecimiento del poder real, perseguido por via autoritaria. Era el mismo objetivo tantas veces defendido por Olivares (62). En la vision de Larrea, el principal medio para alcanzar este objetivo estaba constituido por los mismos jueces, altos oficiales y ministros de la monarquia. No obstante, para realizar este proyecto era necesario que ellos tuvieran a su disposicion, cuando hiciera falta, algunos instrumentos excepcionales: se trata precisamente de los instrumentos de la politica elaborados en sede teorica y que no eran siempre conformes a los preceptos de la religion catolica.

En este escrito Larrea se ha ocupado del funcionamiento del sistema de gobierno en un sentido amplio, analizando los efectos que la politica puesta en marcha por el valido podia tener sobre el gobierno de la justicia. Si este hubiese seguido aplicando su proyecto, que habia puesto ante todo la reputacion y la confrontacion en el plan militar y habia colocado en un plano secundario la reformacion de la monarquia, los subditos muy pronto se habrian aprovechado de la situacion. Cuando se habia hecho evidente para todos que la monarquia no estaba aplicando las disposiciones de fortalecimiento y endurecimiento de la justicia, los subditos se habrian sentido libres de no respetar el poder soberano.

Finalmente, queremos evidenciar que en estas criticas se advierte el eco de las polemicas, crecientes a lo largo de los anos Treinta, sobre la actuacion de Olivares. Se criticaba a Olivares especialmente el hecho de que, tras haber adoptado el programa de renovacion, no habia realizado los esfuerzos necesarios para ponerlo en practica. No se trataba solamente de los proyectos de sus primeros anos de su gobierno, ya recordados: el habia llegado a poner en marcha algunas reformas efectivas, como la del consejo de Hacienda en 1626. Pero tras haber involucrado a muchos miembros del aparato administrativo-judicial en sus grandiosos proyectos, empenandolos incluso en acciones que podian poner en peligro la posicion social, el papel profesional e incluso la vida, el valido tenia el deber, segun el Larrea, de llevar a cabo dichos proyectos.

Con Por la autoridad de los Ministros Larrea confiaba en ejercer presion en este sentido. Escribia que Felipe IV se hallaba a la cabeza de un reino donde la autoridad y la justicia no eran menos solidas que durante los reinos de sus ilustres antecesores, como los Reyes Catolicos o Carlos V. Por esta razon, en el momento actual el rey tenia el deber de "hazer demonstracion", es decir, dar una publica senal del castigo destinado para quien no respetase a los magistrados:

"Concluyo, senor, con que en tiempo de Vuestra Magestad, que para autoridad de la justicia no hazen falta los senores Reyes Catolicos, ni el senor Emperador, quando con tanto desvelo, y atencion Vuestra Magestad cuida del bien de sus Reinos, y el aumento de todas virtudes, y destierro de vicios, se debe hazer demonstracion, que corresponda a la necessidad que tiene de escarmiento el atreverse a los Magistrados" (63).

Como si estuviera buscando una confirmacion visible en un plan concreto, Larrea subrayaba que en el reinado presente la autoridad del rey no temia comparaciones ni con reyes como Fernando e Isabel, o Carlos V.

La referencia a los reinados anteriores, cuya actitud hacia la administracion de la justicia estaba envuelta en un ambiente mitico, podia ser un argumento de seguro efecto al comienzo del reinado de Felipe IV. Esta se oponia de forma evidente a la praxis introducida por Lerma, que en estos anos habia sido ya comunmente condenada (64). Es significativo sin embargo que a la mitad de los anos Treinta Larrea haya hecho hincapie en "la autoridad de la justicia", como se lee en el pasaje anteriormente citado. Esto indica que, a pesar de los numerosos fracasos, el gobierno de Olivares mas de un decenio despues de su comienzo seguia gozando de cierta credibilidad. Los letrados que operaron a su lado en la realizacion de los planes de gobierno todavia confiaban en el en plenos anos Treinta. Uno de ellos, nuestro Larrea, compilaba esta alegacion convencido de la relevancia de su propia inter vencion y seguro de que no fuesen definitivamente cerradas las perspectivas de reforma interna (65).

A lo largo de este trabajo se han analizado las opiniones de Larrea sobre las condiciones de la alta administracion de la justicia en la Espana del conde duque de Olivares. Se ha visto como su texto, aunque presente caracteristicas de escrito juridico, esta insertado de modo directo en el debate politico en curso.

El letrado se ha confrontado con la tratadistica, empleando conceptos y terminos al centro de los debates de la epoca. El cuadro que se ha evidenciado presenta una relacion entre el poder real y sus altos oficiales viva y dinamica, formada por colaboracion y enfrentamiento, por pretensiones e intercambios (66). Por supuesto, no se trataba de una relacion paritaria, pero Larrea, por su parte, expresaba confianza en la relevancia que el valido atribuia a las aportaciones, incluso personales, de los letrados.

Dotado de una amplia experiencia de los mecanismos de administracion de la justicia, durante los anos Treinta el jurista intervino con una perspectiva constructiva en el debate sobre las reformas. Pensaba que existian margenes para introducir importantes mejoras. Identifico una serie de prioridades politicas. El punto de partida tenia que ser la relegitimacion del poder de altos oficiales, magistrados y ministros al servicio de la monarquia. El de llegada, probablemente, habria tenido que ser el fortalecimiento de la autoridad, tanto cuando era ejercida por el soberano, como cuando lo era por los magistrados. Por lo tanto, en esta alegacion, Larrea se ha decantado por un uso duro y riguroso del poder politico.

Paola VOLPINI *

Universita di Pisa

* Dipartimento di Storia, Universita di Pisa, Piazza Torricelli 3/A, I-56126 Pisa. Esta relacion ha sido presentada en el Annual Congress of the Society for Spanish and Portuguese historical studies, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2-5 julio 2003.

(1) Por la autoridad de los ministros a Su Magestad el Doctor don Ivan Bautista de Larrea, Fiscal de su Consejo de Hazienda, Biblioteca Nacional, Madrid (BNM), Varios Especiales, 4/28.

(2) Sobre el papel que jugaron estas figuras y el significado que estos terminos adquirieron en el siglo XVII, vease las observaciones de TOMAS Y VALIENTE, F. Las instituciones del Estado y los hombres que las dirigen en la Espana del siglo XVII, en Annuario per l'Istituto storico italiano per l'eta moderna e contemporanea, XXIX-XXX (1977-78), pp. 179-196.

(3) Sobre la vision politica de Juan Bautista Larrea, enlazada a su actividad profesional y a la produccion de textos juridicos que de ella se origino, vease, de P. VOLPINI[cedilla] Lo spazio politico del "letrado". Juan Bautista Larrea magistrato e giurista nella monarchia di Filippo IV, Bologna, 2004), fruto de una investigacion que tiene sus bases en la tesis doctoral. Vease la monografia tambien para profundizar el perfil biografico, del cual se dan algunos datos sinteticos en las paginas que siguen.

(4) ELLIOTT, J. H., El conde-duque de Olivares y la herencia de Felipe II, Valladolid, 1977, p. 62 y FEROS, A., Kingship and Favoritism in the Spain of Philip III, 1598-1621, Cambridge, 2000.

(5) Se mencionan solamente algunos importantes trabajos que unen el analisis desde el punto de vista politico o economico con una vision de conjunto de la epoca: ELLIOTT, J. H., El Conde-Duque de Olivares. El politico en una epoca de decadencia, Barcelona, 1991 (ed. orig. The Count-Duke of Olivares. The Statesman in an Age of Decline, New Haven and London, 1986); TOMAS Y VALIENTE, F., El gobierno de la monarquia y la administracion de los reinos en la Espana del s. XVII, en JOVER ZAMORA, J. M. (ed), Historia de Espana Menendez Pidal, Madrid, 1982, XXV; STRADLING, R.A., Europe and the decline of Spain: a study of the Spanish system, 1580-1720, London, 1981; RUIZ MARTIN, F., El Banco de Espana. Una historia economica, en VV. AA., La Banca de Espana hasta 1782, Madrid, 1970, pp. 3-189; GELABERT, J. E., La bolsa del rey. Rey, reino y fisco en Castilla (1598-1648), Barcelona, 1997.

(6) Nouae Decisiones Sacri Regij Senatus granatensis regni Castellae, Lugduni, Iacobi & Petri Prost, vol. I, 1636 (DG).

(7) Sobre la calidad de los textos de Larrea, que se distinguen de la mayoria de los libros juridicos producidos en este siglo en el reino de Castilla, vease TOMAS Y VALIENTE, F., Manual de Historia Derecho Espanol, Madrid, 19966 (primera ed. 1979), pp. 315-17.

(8) Nouae Decisiones Sacri Regij Senatus granatensis regni Castellae, Lugduni, Iacobi & Petri Prost, vol. II, 1639.

(9) Allegationum Fiscalium pars prima, Lugduni, sumptibus Petri Prost, 1642; Allegationum Fiscalium pars secunda, Lugduni, sumpt. Haered. Petri Prost, Philip. Borde et Laurentij Arnaud, 1645 (AF). Sobre la literatura juridico-practica vease: HESPANHA, A. M., Introduzione alla storia del diritto europeo, Bologna, 1999 (ed. orig. Panorama historico da cultura juridica europeia, II ed., Lisboa, 1999). Vease tambien ALVARADO, J. (ed), Historia de la literatura juridica en la Espana del Antiguo Regimen, Madrid-Barcelona, 2000.

(10) Allegationum fiscalium pars secunda, portada, paginas sin numerar.

(11) Vease al respecto las observaciones contenidas en el volumen sobre la informacion politica: FASANO GUARINI E., - ROSA, M., (edd), L'informazione politica in Italia (secoli XVI-XVIII). Atti del seminario organizzato presso la Scuola Normale Superiore. Pisa 23 e 24 giugno 1997, Pisa, 2001.

(12) Veanse OLIVARI, M., Fra trono e opinione. La vita politica castigliana nel Cinque e Seicento, Venezia, 2002 y GELABERT, J. E., La bolsa del rey. Rey, reino y fisco en Castilla (1598-1648), Barcelona, 1997.

(13) E. FASANO GUARINI, Conclusioni, in E. Fasano Guarini - M. Rosa (edd), L'informazione politica, cit., pp. 371-395.

(14) M. ROSA, Premessa, in Ibidem, pp. IX-XI.

(15) AF, all. C-CIII.

(16) FIORE, P., Allegazioni, en Enciclopedia del Diritto, Milano, 1958, t. II, pp. 69-70.

(17) ELLIOTT, J. H., Power and propaganda in the Spain of Philip IV, en Spain and its world, Selected Essays, New Haven and London, 1989, pp. 162-188, p. 182 (Novisima Recopilacion lib. VIII, t. XVI, l. IX).

(18) ELLIOTT, J. H., Power and propaganda, cit., p. 183. Vease tambien BENIGNO, F., L'ombra del rey, cit., p. 172. Para el caso frances, brevemente, DUCCINI, H. , L'Etat sur la place publique: pamphlets et libelles dans la premiere moitie du XVIIe siecle, en MECHOULAN, H. (ed), L'etat baroque 1610-1652, Paris, 1985, pp. 289-299.

(19) Sobre la circulacion de escritos en la Espana del Cinco y Seicientos, y sobre la existencia de una opinion publica difusa e importante, vease BOUZA, F., Corre manuscrito. Una historia cultural del Siglo de Oro, Madrid, 2001 y OLIVARI, M., Fra trono e opinione, cit.

(20) Biblioteca Nacional, Madrid, Porcones, 817/25. Este escrito esta publicado en vease P. VOLPINI, Lo spazio politico, cit., pp. 333-342; algunas observaciones sobre los problemas en ello tratados en las pp. 147-179.

(21) Biblioteca Nacional, Madrid, Porcones 487bis/22.

(22) Vease las observaciones de RICHET, D., La France Moderne: l'esprit des institutions, Paris, 1973, p. 79.

(23) Indice de los libros que tiene Su Magestad en la Torre Alta deste Alcazar de Madrid. Ano de 1637, (c. 88 v.): "Por la autoridad de los Ministros de Vuestra Magestad. 1". Quiero dar las gracias a Fernando Bouza que amablemente me ha facilitado esta informacion y me ha dado utiles sugerencias para reflexionar sobre su significado. Esta senalacion permite ademas de situar la edicion del texto entre 1634 (asignacion del titulo de fiscal a Larrea) y el 1637. En la portada del ejemplar Por la autoridad de los Ministros que yo he consultado (conservado en BNM, Varios Especiales, 4/28) se lee, manuscrita, la fecha del 1630, pero ella no parece que se pueda aceptar, porque Larrea fue nombrado fiscal, como se ha dicho, solo en 1634.

(24) AF, all. C, 1. En el texto no se precisan las circunstancias concretas del caso (nombre de las personas, tipo de acusacion, etc.).

(25) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 5. En las transcripciones de textos antiguos el espanol no ha sido actualizado.

(26) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 29.

(27) DG, dec. XLVIII;

(28) AF, all. II.

(29) AF, all. CXVIII.

(30) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 23. Se puede leer tambien en AF, all. CI, 27.

(31) El famoso pasaje de Nicolo Machiavelli esta en el capitulo XVII, Della crudelta e pieta; e s'elli e meglio esser amato che temuto, o pio tosto temuto che amato (MACHIAVELLI, N., Il principe e le altre opere politiche, introducion de D. Cantimori, Milano, 1981). Il Principe, tras haber sido adscrito en el primer Indice romano, lo fue tambien en el espanol, editado en 1583, vease FERNANDEZ-SANTAMARIA, J. M., Razon de estado y politica en el pensamiento espanol del Barroco (1595-1640), Madrid, 1986 (ed. orig. Reason of state and statecraft in Spanish political thought 1595-1640, New York, 1983), p. 11. Para mayores datos vease PUIGDOMENECH, H., Maquiavelo en Espana, Madrid, 1988, pp. 23-80.

(32) VASOLI, C., Machiavel inventeur de la raison d'Etat?, en ZARKA, Y.Ch. (ed), Raison et deraison d'Etat. Theoriciens et theories de la raison d'Etat aux XVIe et XVIIe siecles, Paris, 1994, pp. 43-66, p. 47. Veanse tambien PROCACCI, G., Machiavelli nella cultura europea dell'Eta moderna, Roma-Bari, 1995 (segunda edicion) y QUAGLIONI, D., Alle origini della ragion di Stato. Sul volume curato da Ives Charles Zarka, en BALDINI, A. E. (ed), La Ragion di Stato dopo Meinecke e Croce. Dibattito su recenti pubblicazioni, Genova, 1999, pp. 187-199.

(33) CARTA, P., La ragion di stato al cospetto della coscienza: le "Proposizioni Civili" di Cesare Speciano (1539-1607), en Annali dell'Istituto storico italo-germanico in Trento, 24, 1998, pp. 705-766 (el pasaje citado se encuentra a p. 725), y VASOLI, C., Machiavel inventeur de la raison d'Etat?, cit., pp. 50 y 51.

(34) AF, all. CI, 20 y 21. El decreto, que es parte de los Capitulos de Reformacion, se puede leer en GONZALEZ PALENCIA, A., La Junta de Reformacion 1618-1625, Valladolid, 1932, p. 444 y ss. El capitulo 20, citado por Larrea, que se titula Modo con que se han de calificar la nobleza y limpieza, y hazerse la pruevas en los cassos que fueren necessarias, establece que, p. 445: "ninguna persona, de qualquier estado, y condicion que sea, no pueda dar [...] como ni tampoco admitir [...] memoriales sin firma".

(35) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros a Su Magestad, cit., p. 29.

(36) LARREA, J. B., Por la autoridad de los Ministros a Su Magestad, cit., p. 16.

(37) LARREA, J. B., Por la autoridad de los Ministros a Su Magestad, cit., p. 30.

(38) LARREA, J. B., Por la autoridad de los Ministros a Su Magestad, cit., pp. 33-34.

(39) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 38.

(40) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 39.

(41) "Toca a Vuestra Magestad [...] assegurar, que sus ministros le sirvan sin peligro; pues su honra, vida, y aumentos esta a cuenta, y a los pies de Vuestra Magestad", LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros, cit., p. 39.

(42) LARREA, J. B., Por la autoridad de los ministros a Su Magestad, cit., p. 18.

(43) PROCACCI, G., Machiavelli nella cultura europea dell'Eta moderna, cit.

(44) COMPARATO, V. I., La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, en MATTEUCCI N., (ed), L'Italia e la formazione della civilta europea. vol. I La cultura civile, Torino, 1993, 114-139.

(45) COMPARATO, V. I., La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, cit., p. 114.

(46) COMPARATO, V. I., La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, cit. , p. 114. Para un analisis de la recepcion de las obras de Machiavelli en Italia y en otros paises europeos durante la primera mitad del siglo XVI, cuando ellas todavia circulaban libremente, veanse PROCACCI, G., Machiavelli nella cultura europea, cit., Parte primera y pp. 125-130 de la Parte segunda, y SKINNER, Q., Le origini del pensiero politico moderno, vol. II, L'eta della Riforma, Bologna, 1989, pp. 249-252 (ed. orig. The foundations of modern political thought, Cambridge, 1978). Sobre la primera recepcion de Machiavelli en Espana vease PROSPERI, A., La religione, il potere, le elites. Incontri italo-spagnoli nell'eta della Controriforma, en Annuario dell'Istituto storico italiano per l'Eta moderna e contemporanea, 29-30 (1977-78), pp. 499-529. Sobre la difusion de los escritos de Machiavelli en Espana en los siglos centrales de la edad moderna, PUIGDOMENECH, H., Maquiavelo en Espana, cit.

(47) COMPARATO, V. I., La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, cit., p. 119. Sobre la relacion entre el pensamiento de Bodin y el de Machiavelli en este periodo vease MASTELLONE, S., Venalita e machiavellismo in Francia (1572-1610). All'origine della mentalita politica borghese, Firenze, 1972, es. p. 159 y ss. En el proceso que, en la elaboracion entorno a la razon de Estado, lleva a dar una nueva lectura del papel de Machiavelli que "non consente pio di ridurne l'opera entro gli angusti termini del cosiddetto "realismo" del Rinascimento italiano, e mostra anzi come nell'intento di comprendere le ragioni pio riposte della grande crisi italiana nella storia e nella "natura", stia la particolare tensione etica del Machiavelli" (QUAGLIONI, D., Alle origini della ragion di Stato, cit., p. 194), de modo paralelo la Republique de J. Bodin va adquiriendo nuevo espacio: para una discusion de los temas comunes y de los desarrollos propios de Bodin y de los tratadistas de la razon de estado, vease ZARKA, Y. CH., Etat et gouvernement chez Bodin et les theoriciens de la raison d'Etat, en Idem (ed), Jean Bodin. Natura, histoire, droit et politique, Paris, 1996, pp. 149-160.

(48) QUAGLIONI, D., Il pensiero politico dell'assolutismo, in ANDREATTA, A. - BALDINI, A. E. (edd), Il pensiero politico dell'eta moderna, Torino, 1999, pp. 99-125.

(49) ISNARDI PARENTE, M., Introduzione a BODIN, J., I sei libri dello Stato, Torino, vol. I, 1964, pp. 11-100, p. 43.

(50) MARTIR RIZO, J. P., Norte de Principes y Vida de Romulo, MARAVALL, J. A. (ed), Madrid, 1988, p. 21. Se trata del capitulo De la monarquia real, que corrisponde al capitolo III del libro II della Republique. Para otros puntos de contacto y diferencias entre la Republique y algunos teoricos espanoles, veanse tambien FERNANDEZ ALBALADEJO, P., Fragmentos de Monarquia, Madrid, 1993, p. 74, HESPANHA, A. M., Visperas del Leviatan. Instituciones y poder politico (Portugal, siglo XVII), Madrid, 1989, p. 217 (trad. esp. reducida de As vesperas do Leviathan, Instituicoes e poder politico, Portugal-sec. XVII, Lisboa, 1986), y FEROS, A., Kingship and Favoritism, cit., pp. 21-22.

(51) MARAVALL, J. A., Estudio preliminar, en MARTIR RIZO, J. P., Norte de Principes, cit., XLII. Vease tambien PROCACCI, G., Machiavelli nella cultura europea, cit., pp. 125-169. Sobre Bodin vease tambien PARDOS, J., Juan Bodino. soberania y guerra civil-confesional, en VALLESPIN, F., Historia de la teoria politica (2). Estado y teoria politica moderna, Madrid, 1995, pp. 209-253.

(52) BERMEJO CABRERO, J. L., Estudio preliminar, en BODIN, J., Los seis libros de la republica. Traducidos de lengua francesa y enmendados catholicamente por Gaspar de Anastro Isunza, Madrid, (primera traduccion espanola, Torino, Herederos de Bevilaqua, 1590), 1992, 2 voll., vol. I, pp. 9-133. El pasaje citado se encuentra en las pp. 113-114. Vease tambien TRUMAN, R. W., Spanish treatises on government, society and religion in the time of Philip II: the "De regimine principum" and associated traditions, Leiden, 1999, pp. 168-170.

(53) DE ALBUQUERQUE, M., Jean Bodin na Peninsula Iberica. Ensaio de Historia das ideias politicas e de direito publico, Paris, 1978, p. 127.

(54) COMPARATO, V. I., Il pensiero politico della Controriforma e la ragion di Stato, cit., p. 152. Vease tambien, del mismo autor, La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, cit., en las pp. 119-121, donde analiza los modos en los cuales Botero intento neutralizar algunas afirmaciones de Bodin, imprimiendo cierto caracter de objetividad a las mismas. Amplia es la literatura sobre la Razon de Estado. Ademas de la que se cita a lo largo de este trabajo, veanse BORRELLI, G., Ragion di Stato e Leviatano. Conservazione e scambio alle origini della modernita politica, Bologna, 1993; MURILLO FERROL, F., Saavedra Fajardo y la politica del Barroco, Madrid, 1989 (primera edicion, 1957); CASTILLO VEGAS, J. (ed), La razon de Estado en Espana: siglos XVI-XVII. Antologia de textos, Madrid, 1998.

(55) COMPARATO, V. I., La ragion di stato: la razionalita politica dell'assolutismo, cit., p. 121.

(56) VIROLI, M., Dalla politica alla ragion di stato. La scienza del governo tra XIII e XVII secolo, Roma, 1994, p. 179 y ss. y FERNANDEZ-SANTAMARIA, J. M., Razon de estado y politica en el pensamiento espanol, cit.

(57) El titulo completo de la obra DE RIVADENEYRA, P., es Tratado de la religion y virtudes que debe tener el principe cristiano para gobernar y conservar sus estados. Contra lo que Nicolas Maquiavelo y los Politicos de estos tiempos ensenan (Madrid, 1868, p. 455 y ss., primera edicion, Madrid, Pedro Madrigal, 1595). Rivadeneyra, antes de discutir las opiniones de los autores que indicaba como sus proprios adversarios, habia desdibujado los ejes del pensamiento catolico. Asi, el primer libro, que constituye mas de la mitad de la obra completa, esta dedicado a demostrar que Dios conserva los reinos, y que por esta razon no es conveniente alejarse de su doctrina. Solamente en el libro segundo se tratan las cuestiones especificas de la disimulacion, de la relacion entre soberano y magistrados, etc. MURILLO FERROL, F. (Saavedra Fajardo y la politica del Barroco, cit., pp. 171-173 y p. 191 ss.) observa que ya anteriormente Botero, en el libro II, parrafo Modi di propagare la religione (p. 75 y ss. de la edicion de BOTERO, G., Della ragion di Stato, CONTINISIO, C. (ed), Roma, 1997) habia indicado que el camino que conducia a la conservacion de los reinos partia del respeto de la religion catolica.

(58) "Estas son las fuentes de que beben los politicos de nuestro tiempo ... Tiberio, viciosisimo y abominable emperador; Tacito, historiador gentil y enemigo de cristianos; Maquiavelo, consejero impio; La Nue, soldado calvinista; Morneo, profano, Bodino (por hablar de el con modestia), ni ensenado en teologia ni esercitado en piedad. Y por seguir a estos dejan el camino derecho y llano que la misma razon natural nos descubrio, y Dios nos enseno [...]; y echando por la falsa razon de estado, se despenaron y perdieron sus estados", DE RIVADENEYRA, P., Tratado de la religion y virtudes, cit., p. 455. Sobre sus objectivos polemicos, veanse las observaciones de MESNARD, P., Il pensiero politico rinascimentale, Bari, 2 voll., 1963-64 (ed. orig. L'essor de la philosophie politique au XVIe siecle, Paris, 19512), vol. II, 1964, p. 263, y de TRUMAN, R. W., Spanish treatises, cit., pp. 277-279.

(59) MURILLO FERROL, F., Saavedra Fajardo y la politica del Barroco, cit., p. 145 y PROCACCI, G., Machiavelli nella cultura europea, cit., sp. pp. 83-121. De todos modos el interes por Machiavelli no se habia esfumado. Entre los siglos XVI y XVII el duque de Sessa pedia dos veces a la Inquisicion que permitiera la circulacion de las obras de Machiavelli, aunque fueran expurgadas y publicadas bajo nombre falso, MARAVALL, J. A., La corriente doctrinal del tacitismo en Espana, en Estudios de Historia del pensamiento espanol, Serie tercera, El siglo del Barroco, segunda edicion ampliada, Madrid, 1984, pp. 73-98, p. 91. En Espana no hubo edicion impresa de Il Principe hasta finales del siglo XVIII, FERNANDEZ-SANTAMARIA, J. M., Razon de estado y politica en el pensamiento espanol, cit., p. 11. Sobre la difusion en Espana del Principe y de otras obras de Machiavelli, que fueron traducidas al espanol y circularon manuscritas a lo largo de los siglos XVI y XVII, vease PUIGDOMENECH, H., Maquiavelo en Espana, cit., pp. 81-133.

(60) "Porque no hay duda, sino que los hombres, y mas los reyes, viven entre enemigos, y que hay muchos que con las artes de Maquiavelo y una fina hipocresia pretenden enganarlos (porque esta dotrina, por nuestros pecados, se ha extendido mas de lo que fuera razon), es bien que consideren como se deben haber con los otros principes, cuando son amigos falsos y enemigos verdaderos, para que por una parte no sean enganados, y la sinceridad de su llaneza y verdad no quede burlada, y por otra, para que por recatarse dellos no hagan contra la ley de Dios; que andando entre enemigos, necesario es que vayan armados, y que con los disimulados usen de alguna disimulacion", P. DE RIVADENEYRA, Tratado del Principe cristiano, cit., p. 524.

(61) MECHOULAN, H., La raison d'Etat dans la pensee espagnole au siecle d'Or, 1550-1650, en ZARKA, Y. C. (ed), Raison et deraison d'Etat, Paris, 1994, pp. 245-263, p. 258. En Saavedra el tema esta en la empresa XLIII, titulada qui nescit dissimulare, nescit regnare. Sobre este importante autor del Barroco, ademas del texto citado de Murillo Ferrol, vease SEGURA ORTEGA, M., Pensamiento politico en el Renacimiento espanol. Saavedra Fajardo, en VALLESPIN, F. (ed), Historia de la teoria politica (2), cit., pp. 355-393. La posicion de Juan Marquez es que "puede el ministro cristiano callar, no darse por entendido de las cosas y disimular con astucia lo que entendiere de ellas todo el tiempo que le pareciere necesario el secreto para la buena conclusion de lo que tratare", se encuentra en El gobernador cristiano, Salamanca, 1612, p. 91 y ha sido citada por MECHOULAN, H., La raison d'Etat, cit., p. 259 Para el panorama europeo vease TUCK, R., Philosophy and government, Cambridge, 1993. Sobre la realidad italiana, VILLARI, R., Elogio della dissimulazione: la lotta politica nel Seicento, Bari, 1993. Para los desarrollos en Espana en la segunda mitad del siglo XVII vease VIEJO YHARRASSARRY, J., "Contra politicos atheistas". Razon catolica y monarquia hispanica en la segunda mitad del siglo XVII, en BORRELLI, G. (ed), Prudenza civile, bene comune, guerra giusta. Percorsi della ragion di Stato tra Seicento e Settecento. Atti del Convegno internazionale (Napoli, 22-24 maggio 1996), Napoli, 1999, pp. 85-95. Analiza el pensamiento de algunos protagonistas del debate contra el "maquiavelismo", activos en varios paises de Europa, BIRELEY, R., The Counter-Reformation Prince: antimachiavellianism or catholic statecraft in early modern Europe, Chapel Hill e London, 1990 (que dedica un capitulo a Rivadeneyra: pp. 111-135).

(62) Veanse las fuentes publicadas en Elliott, J. H.- de la Pena, J. F. (edd), Memoriales y cartas del Conde Duque de Olivares, Madrid, 2 vols., 1978-80, ademas de ELLIOTT, J. H., El Conde-Duque de Olivares, cit.

(63) LARREA, J. B., Por la autoridad de los Ministros, cit., p. 37.

(64) Larrea se remitia a menudo al ejemplo de soberanos anteriores, citando (incluso en otros escritos) tambien a Felipe II, mientras que no mencionaba siquiera a Felipe III.

(65) Algunas observaciones sobre la relacion entre los letrados y el valido en ELLIOTT, J. H., Lengua e imperio en la Espana de Felipe IV, Salamanca, 1994, p. 40 y ss.

(66) Veanse las reflexiones de RICHET, D. La France Moderne: l'esprit des institutions, cit., sobre la Francia moderna, y aquellas relativas a Francia, Espana y Portugal en el Avant-propos (pp. 8-16) y en los ensayos recopilados en DESCIMON, R.-SCHAUB, J.-F.- VINCENT, B. (edd), Les figures de l'administrateur. Institutions, reseaux, pouvoirs en Espagne, en France et au Portugal 16e-19e siecle, Paris, 1997 (especialmente los de HESPANHA, A. M., Paradigmes de legitimation, aires de gouvernment, traitement administratif et agents de l'administration, pp. 19-28, y de SCHAUB, J.-F., Francisco Leitao, commissaire a tout faire, pp. 59-74).
COPYRIGHT 2005 Universidad Complutense de Madrid
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2005 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Volpini, Paola
Publication:Cuadernos de Historia Moderna
Date:Jan 1, 2005
Words:12969
Previous Article:El silencio de los inocentes. Ecos inquisitoriales en Madrid y su tierra durante el epigono Trastamara. Una aproximacion prosopografica.
Next Article:Las juntas generales de Bizkaia a principios de la Edad Moderna: desequilibrios y enfrentamientos anteriores a la concordia.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters