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"Con la Santa Hermandad no hay usar de caballerias". Palabras torcidas y mentalidades entreveradas en El Quijote.

Para Cristina Sliwa Vega

"CON LA SANTA HERMANDAD NO HAY USAR DE CABALLERIAS." TWISTED WORDS AND MIXED UP MENTALITIES IN THE QUIXOTE
   --"And that's all it was?"
   --[...] Isn't it funny? C'est insense
   to think what men are capable of!
   The Duel, J. Conrad


A GUISA DE EXORDIO

El n un agregado al paragrafo 93 de los Principios de la filosofia del derecho, de Hegel, se halla la pista que orientara el presente texto. Helo aqui, palabras literales: "En el Estado ya no puede haber heroes" (180). Pues bien, a pesar del alto tono resolutivo, el asunto--incluso para el mismo Hegel--se mostraba harto complejo. Bastaba, en efecto, avanzar hasta el paragrafo 102 para percibir ciertos matices. Alli detallaba: "El ejercicio de la venganza por parte de los heroes, caballeros andantes, etcetera, se diferencia de la venganza privada. Aquella pertenece al nacimiento de los estados" (192). Si consideramos lo dicho, esta concrecion ulterior nos obligaria a precisar la figura del heroe y, por contiguidad, la del caballero andante. Podriamos, de alguna manera, concluir--y parafraseamos--que si bien en el Estado ya no puede haber heroes ni caballeros andantes, no seria menos cierto que estos mismos, en el ejercicio de sus funciones, habrian contribuido indefectiblemente a su constitucion. Asi pues, se podria tomar el "derecho de heroe" (1) (Schmitt, Hamlet o Hecuba 53), ya no privado pero tampoco publico todavia, como una suerte de interregno hasta el Estado moderno. Tal vez, pudiera sostenerse entonces--avancemos la hipotesis--que don Quijote, que no El Quijote, podria en cierto sentido encarnar esta figura de transicion, y que tras sus aparentes palabras torcidas fuera posible entrever una suerte de mentalidad ya perdida.

I

Probablemente, el pasaje mas representativo para empezar a dar cuenta de lo apuntado con anterioridad se encuentre en el capitulo xxii de la Parte i de El (Quijote, titulado "De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir" o, mas vulgarmente, "De la liberacion de los galeotes". (2) Sin mas preambulo, tomemos como punto de partida el dialogo inicial entre don Quijote y Sancho. Acaban de dar con un grupo de hombres encadenados que iban de camino a las Galeras:
   --Esta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las
   galeras.

   --?Como gente forzada?--pregunto don Quijote--. ?Es posible que el
   rey haga fuerza a ninguna gente?

   --No digo eso--respondio Sancho--, sino que es gente que por sus
   delitos va condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza.

   --En resolucion--replico don Quijote--, como quiera que ello sea,
   esta gente, aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su
   voluntad.

   --Asi es--dijo Sancho.

   --Pues, desa manera--dijo su amo--, aqui encaja la ejecucion de mi
   oficio: desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables.

   --Advierta vuestra merced--dijo Sancho--que la justicia, que es el
   mesmo rey, no hace fuerza ni agravio a semejante gente, sino que
   los castiga en pena de sus delitos.

   (I, 181)


Es facil detectar aqui uno de los multiples pasajes equivocos, aunque iluminadores, que recorren y configuran esta novela. (3) Si me interesa rescatar este dialogo en particular es por el modo en el que don Quijote y Sancho, cada uno a su manera, se apropian de la situacion a partir del vocablo fuerza.

En este momento, aunque primerizo, una digresion quiza sea de ayuda. Si nos asomasemos al Tesoro de la lengua (1661) de Covarrubias--reparese en la fecha--encontrariamos, nada casualmente, que las voces fuerca y forcado no eran ajenas a este dispar modo de significar. Asi, de fuerca podiamos leer:
   En el cuerpo absolutamente se nos puede hazer fuerca, por aquellos
   a los cuales no somos poderosos a resistir, y nos han de llevar por
   fuerca, o por grado a do quisieren, y hazer de nosotros lo que se
   les antojare. Proverbio, Do fuerca ay derecho se pierde. A estas
   fuercas se le opone la justicia, y el poder de los Reyes, a cuya
   cuenta esta el defendernos y ampararnos. (614)


Y reveladoramente para el caso, en forcai: "El que haze alguna cosa contra su voluntad. Forcado, el que esta condenado en galeras: a diferencia del que se alquila, que llama buena boglia, porque esta de su voluntad" (614).

Es facil deducir, entonces, un doble y encontrado concepto de fuerca, y no unicamente la denominacion especifica de forcado para la persona condenada a galeras (y resaltamos lo de condenada). En consecuencia, seria posible asimismo identificar una fuerza que, como tal, podriamos denominar violenta, es decir, donde derecho y fuerza se mostrarian irreconciliables, y que quedaria sintetizada en el proverbio aludido: Do fuerca hay derecho se pierde. Pero, de igual modo, se daria otra (en la cita elipticamente obliterada) que podria tildarse de fuerza justa, y en la cual ahora si, derecho y fuerza irian de la mano: A estas fuercas se le opone la [fuerza de la] justicia. De ahi, sin ir mas lejos, las curiosas razones esgrimidas por el primer galeote a proposito de un intento de robo: "a no quitarmela la justicia por fuerza, aun hasta ahora no la hubiera dejado de mi voluntad" (I, 182). Quedaban explicitadas, por tanto, dos formas de poder y, por las mismas, se delineaban respectivamente dos formas de derecho: un derecho de facultad o libertad (subjetivo) y un derecho de norma u ordenamiento (objetivo), esto es, un derecho en minuscula y plural (los d^erechos), y uno en mayuscula y singular (el Derecho). Hilados de tal manera fuerza y derecho quedaban conjugados en contiguo vinculo. Es mas, el equivoco semantico era mantenido, si se coteja, con la voz derecho; (4) y no solo eso, este Derecho que "disponia y mandaba" escapaba a la mentada "buena boglia" de la voluntad. Por tanto, era evidente que don Quijote hablaba desde la Orden de la caballeria y, Sancho, desde el Rey. No habia lugar a la ironia. (5)

A partir de la confrontacion de estas dos instituciones, seria menester volver al texto. Recordemos las palabras augurales de Sancho: "con la Santa Hermandad no hay usar de caballerias" (i, 188). Para don Quijote, que no se atenia a razones, la fuerza y el forzamiento--con independencia del como y el porque--suponian de suyo violencia y, por tanto, injusticia. (6) El corolario practico, como era esperable de un caballero andante, era la ejecucion del oficio, el cumplimiento de la religion y, a los efectos, el "desfacer fuerzas y socorrer". A su estela, y como era tambien de esperar, la consecuente replica de Sancho no se hacia de rogar, pues la justicia "no hace fuerza ni agravio" cuando castigaba precisamente con penas los delitos. En suma, podria decirse que de esta no comprension de violencias y libertades partia el conflicto de don Quijote; dicho de otro modo, vivia en un mundo donde la Justicia no se identificaba con su justicia.

Pues bien, esta Justicia (en mayuscula) vendra representada en este capitulo por los cuadrilleros de la Santa Hermandad. Que la protagonista fuera esta institucion y no otra, de las varias que entonces ostentaba la Corona (Chancillerias, Consejo Real ...), tenia que ver sencilla y directamente con el espacio en el cual don Quijote se movia. O en palabras de Sancho: "solo se que la Santa Hermandad tienen que ver con los que pelean en el campo" (7) (I, 113). Su nacimiento se explicaba e insertaba en una tendencia politico-juridica que, desde los Reyes Catolicos, venia implantando una incesante y progresiva centralizacion del poder. Se comprendia asi--y este cambio deberia retenerse--que las leyes y la aplicacion de las mismas (iuspuniendi), excluyendo cualquier otra forma de satisfaccion o castigo, cayeran en los ambitos de su exclusiva competencia. (8) La creacion, por ende, de "un cuerpo de policia ciudadana", de la Santa Hermandad, constituia un logico instrumento mas en este proceso. (9) Recuerdese, verbigracia, el alto nada inocente de los cuadrilleros: "!Tengase a la justicia! !Tengase a la Santa Hermandad!" (I, 147).

Avancemos. Luego de escuchar con calma y atencion las razones y excusas de los galeotes, don Quijote decidia pasar a la accion. Mas no sin antes un epilogo aclarativo:

--De todo cuanto me habeis dicho, hermanos carisimos, he sacado en limpio que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a padecer no os dan mucho gusto y que vais a ellas muy de mala gana y muy contra vuestra voluntad, y que podria ser que el poco animo que aquel tuvo en el tormento, la falta de dineros deste, el poco favor del otro y, finalmente, el torcido juicio del juez, hubiese sido causa de vuestra perdicion y de no haber salido con la justicia que de vuestra parte teniades. Todo lo cual se me representa a mi ahora en la memoria, de manera que me esta diciendo, persuadiendo y aun forzando que muestre con vosotros el efeto para que el cielo me arrojo al mundo y me hizo profesar en el la orden de caballeria que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a los menesterosos y opresos de los mayores. (I, 185)

La pretension de don Quijote, como se adivina facilmente, no podia ya tener lugar, no era posible. No se podia hacer justicia desde la voluntad privada cuando ya habia establecida una, como Derecho, desde la universalidad de la ley. Don Quijote no entendia que el Rey no fuerza, porque quien fuerza--como le habia repetido Sancho--, era la justicia. Prueba de que don Quijote--aunque situado en el plano de la idea--no habia interiorizado que la violencia de la ley no era privada sino universal, era que continuaba midiendo su fuerza como algo vengativo y no punitivo. No distinguia--podria decirse--, entre delitos y castigos; ofensas y venganzas. (10) Solo asi se entienden, por ejemplo, las excusas proferidas acerca del "torcido juicio del juez" o de una justicia al margen de la Justicia. Pero digamoslo todo. Cierto es tambien que, en su interpelacion, el deliberado disimulo de los galeotes dificultaba el recto enjuiciamiento. Ahora bien, mal hariamos si dedujeramos de ello un mero problema de frasis. (11) A este respecto, tambien era valiosa y rescatable la reprimenda del comisario cuando don Quijote solicitaba de manera gentil a los guardias la liberacion de los presos: "!Los forzados del rey quiere que le dejemos, como si tuvieramos autoridad para soltarlos, o el la tuviera para mandarnosla!". Y los contratiempos sobrevenian justamente porque don Quijote se creia con la autoridad suprema: (12)
   --Venid aca, ladrones en cuadrilla, que no cuadrilleros,
   salteadores de caminos con licencia de la Santa Hermandad, decidme:
   ?quien fue el ignorante que firmo mandamiento de prision contra un
   tal caballero como yo soy? ?Quien el que ignoro que son esentos de
   todo judicial fuero los caballeros andantes y que su ley es su
   espada, sus fueros sus brios, sus prematicas su voluntad? ?Quien
   fue el mentecato, vuelvo a decir, que no sabe que no hay secutoria
   de hidalgo con tantas preeminencias ni esenciones como la que
   adquiere un caballero andante el dia que se arma caballero y se
   entrega al duro ejercicio de la caballeria? (I, 340)


Lamentablemente para el, en un Estado y con un Derecho en donde por definicion cualquier voluntad subjetiva ("su ley es su espada") era considerada una intromision violenta, la accion de los heroes y caballeros andantes tenia todas las de perder. (13) De ahi las palabras de Sancho tras el atropello, pues una vez que la Santa Hermandad tuviera conocimiento de los sucesos, "a campana herida saldria a buscar los delincuentes". Don Quijote es ya, sin quererlo ni saberlo, un delincuente y un profugo. O bien, un loco. No hay mas alternativas concebibles. Era el propio cura quien, en el capitulo xxix, tras conocer por boca de Sancho el episodio de los galeotes, dictaminaba: "el debia estar fuera de juicio, o debe ser tan grande bellaco como ellos" (I, 242). (14) Prosigamos. Tras la liberacion un tanto rocambolesca, y una vez hecha la justicia a lo Quijote, el caballero reunia junto a si a los liberados:
   --Bien esta eso--dijo don Quijote--, pero yo se lo que ahora
   conviene que se haga.

   Y llamando a todos los galeotes, que andaban alborotados y habian
   despojado al comisario hasta dejarle en cueros, se le pusieron
   todos a la redonda para ver lo que les mandaba, y asi les dijo:

   --De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y
   uno de los pecados que mas a Dios ofende es la ingratitud. Digolo
   porque ya habeis visto, senores, con manifiesta experiencia, el que
   de mi habeis recebido. (I, 185-186)


En efecto, lo que "conviene" ahora es agradecer los beneficios recibidos. Pero nada tendran estos que ver con supuestos calculos o con algo asi como una recogida de ganancias. El beneficio del que aqui se esta tratando estaria relacionado mas bien con la beneficencia, esto es, con un bien correspondido indefinidamente y por todos, alejado de equivalencias conmutativas postreras, en suma, con la antidora. (15) Don Quijote deseaba y disponia de esta suerte que, de inmediato, se dirigiesen a Toboso para predicar ante Dulcinea las gestas de caballeria por el acometidas. No obstante, lejos de cumplir, los presos-liberados declinaban semejante "servicio y montazgo" que debidamente se les solicitaba. Y con pretexto contaban, todo sea dicho. Eran conscientes, no asi don Quijote, de que ningun desforzamiento justo se habia llevado realmente a cabo y, por consiguiente, de que volvian una vez mas a la condicion de delincuentes. Poco antes, recuerdese tambien, don Quijote ya habia buscado una extrana complicidad con los guardias, que apuntalaba una vez mas la coherencia en su actuar:
   Pido esto con esta mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo
   cumplis, algo que agradeceros; y cuando de grado no lo hagais, esta
   lanza y esta espada, con el valor de mi brazo, haran que lo hagais
   por fuerza. (I, 185)


Sea como fuere, lo que sigue en la historia, de sobra conocida, es un nuevo apaleamiento y la huida de los ya profugos.

II

Ahora bien, las correspondencias debidas y las gracias no gratuitas (la antidora) no solo afloraban en este capitulo, sino que se encontraban dispersas--como un rasgo caracteristico mas--en toda la novela. (16) En la segunda parte de El (Quijote, por ejemplo, refrescando al lector el hecho acontecido de los galeotes, se recapitulaba de esta curiosa manera: "entre otros galeotes dio libertad don Quijote en Sierra Morena, beneficio que despues le fue mal agradecido" (ll, 146). Tambien, en el capitulo xlvii, cuando don Quijote era apresado y enjaulado, mandamiento mediante, (17) gracias a una artimana concertada por el cura y los cuadrilleros, podiase advertir una huella similar. Asi, presto a la partida, Maritornes, en el fingimiento de una desconsolada despedida, hacia corresponder a don Quijote con las siguientes palabras: "que si de ellas me veo libre [las prisiones encantadas], no se me caera de la memoria las mercedes que en este castillo me habedes fecho, para gratificallas, servillas y recompensallas como ellas merecen" (ll, 350). Pero si verdaderamente hay un pasaje que podria confirmar la hipotesis de esta lectura, este se hallaria en el capitulo lvii de la segunda parte y no precisamente en palabras de don Quijote. Que Sancho no fuera ya el Sancho de la primera parte no era, en este punto, algo irrelevante. Asi decia el escudero (ahora gobernador de la Insula):
   Con todo esto, me contento de ver que mi Teresa correspondio a ser
   quien es enviando las bellotas a la duquesa, que a no haberselas
   enviado, quedando yo pesaroso, se mostrara ella desagradecida. Lo
   que me consuela es que esta dadiva no se le puede dar nombre de
   cohecho, porque ya tenia yo el gobierno cuando ella las envio y
   esta puesto en razon que los que reciben algun beneficio, aunque
   sea con ninerias, se muestren agradecidos. (II, 276)


Sancho exhibia la tranquilidad de saber que la muestra de agradecimiento de su esposa a la duquesa, en modo alguno podia ser tenida en cuenta como una contraprestacion interesada por la Insula, pues--y esto era lo sustancial--el se encontraba en posesion de ella con anterioridad al obsequio. Era, pues, mero "agradecimiento" y en ningun caso "cohecho". (18)

Seria posible seguir todavia ahondando en la estela de la antidora. Segun creo, una muestra mas podria ser todavia rescatada del celebre capitulo xi, "De lo que le sucedio a don Quijote con unos cabreros", en el que se referia una suerte de discurso panegirico acerca de la "edad de oro". Elogios aparte, interesaria a este proposito analizar la afinidad entre ese tiempo aureo evocado y la antidora. El hecho de que se hubieran encontrado unos pastores y un caballero con su escudero, y que podamos contemplar cierta afinidad natural entre ellos, tiene que ver con ese brillo dorado que emana de la escena. Recordemos el pasaje:
   Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia: aun no se
   habia atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar
   las entranas piadosas de nuestra primera madre; que ella sin ser
   forzada ofrecia, por todas las partes de su fertil y espacioso seno
   [...] No habia la fraude, el engano ni la malicia mezclandose con
   la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus propios terminos,
   sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del
   interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley
   del encaje aun no se habia sentado en el entendimiento del juez,
   porque entonces no habia que juzgar ni quien fuese juzgado. (I,
   118)


Era, en efecto, porque ya no habia paz ni amistad, y si malicia, por lo que se habia creado la ley y el Derecho ("ley del encaje"). Pero no sin antes--y entre medias, como se cuidaba de resaltar don Quijote--instaurar la Orden de caballeria: "para cuya seguridad, andando mas los tiempos y creciendo mas la malicia, se instituyo la orden de los caballeros andantes" (118). ?No sera entonces el caballero andante--que no don Quijote, ya desfasado--la figura mediadora entre el oro y el hierro, portadora, a su vez, de los valores de una anacronica antidora? He aqui una ultima muestra:
   Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje
   y buen acogimiento que haceis a mi y a mi escudero. Que aunque por
   ley natural estan todos los que viven obligados a favorecer a los
   caballeros andantes, todavia, por saber que sin saber vosotros esta
   obligacion me acogistes y regalastes, es razon que, con la voluntad
   a mi posible, os agradezca la vuestra. (I, 118)


III

En 1642, se hacia imprimir por segunda vez--la primera habia sido en Venecia, en 1566--el Dialogo de la verdadera honra militar de Geronimo Ximenez de Urrea. Su censor por aquel entonces, F. Pedro Manero, lo celebraba fundamentalmente por constituir un eficaz antidoto a la practica del duelo. Dicho lo cual--y sin desmerecer a la sazon las prohibiciones promulgadas por el Consejo tridentino o las pragmaticas reales--, cierto era que las tintas se hacian cargar sobre las razones religiosas: en breve, la nobleza obligaba al misericordioso y esperable perdon cristiano, en virtud de lo cual, la mera visitacion de los lances alli tratados, aun cuando ya "no puedan servir como ejemplo", ilustrarian al menos cual "noticias de la antiguedad". (19)

En una suerte de prefacio dirigido a la Infanteria Espanola, Ximenez de Urrea no ocultaba la principal causa de esa injusta y bestial costumbre que andaba detras del duelo: la existencia de lenguas sueltas de falsas opiniones que "quebrantando la verdad provocan la batalla". Y, en cierta manera, en efecto, este puntilloso dialogo no dejaba de ser tambien una leccion magistral de semantica y pragmatica, de filosofia y retorica. Bastaba, para ello, arribar a la minuciosa clasificacion de "mentiras" y "desmentidos" o al esclarecimiento de ciertas trabazones conceptuales (prueba de razon/de fuerza, actor/reo, injuria/cargo, injuria vuelta/revuelta ...). La conclusion, poco mas o menos, podria quedar resumida como sigue: en "injurias de palabras", no el injuriado, sino el injuriante, es actor y esta obligado a probar su dicho; la moraleja no se hacia esperar, pues si la difamacion de por si no era motivo alguno para el descredito (por tratarse de mera incorreccion semantica), entonces, parecia evidente que, mutatis mutandis, tampoco podia ser objeto de conflicto. Por consiguiente, serian las obras--no las palabras--las cuales, llegado el caso, podrian deshonrar, pues "las palabras por si mismas, no hacen bien ni mal, ni honran ni deshonran". Asi las cosas, el tribunal encargado de hacer justica debia, sin duda, sustentarse en la razon pero nunca en la fortuna de las armas. El solicito perdon y la debida clemencia, en aras de la verdad, harian el resto. ?Y si todavia quedaba algun esceptico? Para eso estaban las "justas, torneos, juegos de canas y otros pases y hechos de armas". Cabia una excepcion, la vigencia del duelo solo se justificaria cuando mediaran causas mayores tales como "la religion, la patria, el rey". Hasta aqui Ximenez de Urrea.

Desde otra perspectiva, este dialogo entre los personajes de Franco y Altamirano --voces de la policia y la caballeria, respectivamente--aspiraba a perfilar, si bien por contraposicion, los deberes y derechos de los "caballeros de hoy". En contra de la degeneracion de sus antecesores, "no por mantener la verdad y la Justicia, sino por odio y deseo de venganza", los de hoy encarnaban la improrrogable responsabilidad de "devolver al orden de caballeria su primera razon con la autoridad de las leyes", es decir--y he aqui el viraje--"con orden de su rey o magistrado, y no por su propia autoridad". Ximenez de Urrea insiste: la verdadera honra es fruto de la virtud y no de la vanagloria. Podia vislumbrarse ya--tomadas estas restricciones--que poco (o nada) podia quedar ya del caballero de la antigua Orden.

Si puede interesar todavia este dialogo es porque en un momento Altamirano, representante de la vieja caballeria y consciente de su caracter epigonal, entrevera en su discurso vestigios de una posible antidora:

Al. Ved como andan los cristianos y hombres de bien. Andan ahora los tiempos tan mal reformados y la amistad y caridad entre las gentes tan floja, que claramente conozco que el mundo se acaba. Fr. Con la fe se acaba la virtud y la verdad, que es peor, y crecen las malas costumbres. Al. ?A que viene eso de los hombres de ahora y los pasados, no son todos de una cepa? Fr. Los hombres de ahora y los pasados son todos unos, pero la mayor parte de los principes de ahora son muy distintos de los pasados, porque estos miraban mucho por el bien publico y los de ahora miran mucho por el bien propio. (72)

Pues bien, en cierto sentido, Altamirano y don Quijote comparten el mismo espiritu, si bien la disposicion es distinta. Don Quijote se sabe--vease el ya mentado capitulo xlvii--"nuevo caballero en el mundo" y "el primero que ha resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballeria aventurera". Con Altamirano sucede lo contrario. Hay, efectivamente, cierto empecinamiento en la figura del caballero que, no obstante, es de dificil desmontaje. El caso de don Quijote es obvio, pero tambien asi el de Altamirano. En el Dialogo resulta curioso--y en parte desesperante--observar las constantes recaidas de este pese a las impecables (y muy razonables) argumentaciones de Franco. Esta claro que los caballeros andantes no son, por asi decirlo, receptivos al cambio, buenos alumnos. Probablemente esto pueda servir de indicio para vislumbrar que la antidora era ya cosa pasada, pero tambien que don Quijote encarnaba, en su gesto heroico, lo que vendria despues.

Resulta evidente que Ximenez de Urrea era un optimista: su pretension de formar un ejercito ideal de "soldados letrados" habria supuesto al examen de don Quijote un evidente oximoron. ?Estamos seguros de que asi habria sido? Dar una respuesta fundada obligaria, por lo pronto, a revisar el discurso de "las armas y las letras". Baste este pasaje a modo de tentacion:
   [...] dicen las letras que sin ellas no se podrian sustentar las
   armas, porque la guerra tambien tiene sus leyes y esta sujeta a
   ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados.
   A esto responden las armas que las leyes no se podran sustentar sin
   ellas, porque con las armas se defienden las republicas


Pero esto ya seria otra historia, ?otra?

RECEPCION: FEBRERO DE 2014 ACEPTACION: FEBRERO DE 2015 RECEPTION: FEBRUARY, 2014 ACCEPTANCE: FEBRUARY, 2015

BIBLIOGRAFIA

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Ximenez de Urrea, Geronimo. Dialogo de la verdadera honra militar. Zaragoza: 1642.

Fabio Velez *

Universidad Popular Autonoma del Estado de Puebla Universidad Popular Autonoma del Estado de Puebla

* fabiovb17@hotmail.com

(1) Resulta de interes la apropiacion de C. Schmitt en su obra Hamlet o Hecuba.

(2) Sobre los distintos modos y horizontes desde los cuales se ha leido El Quijote (y su presunta ideologia), con especial atencion a este capitulo, remito a un interesante articulo de Jean Canavaggio, "Don Quijote en un cruce de interpretaciones: la aventura de los galeotes" (15-30).

(3) Respecto al humor verbal desplegado en este capitulo desde equivocos y retruecanos, vease Anthony Close. "La comicidad del primer Quijote y la aventura de los galeotes (l, 22)". 115-130.

(4) "Derecho, se toma algunas vezes por lo que dispone y manda, o la naturaleza, el Principe, la ciudad, o el pueblo, o la gente, o la costumbre" (452).

(5) Concuerdo, pues, con Miguel Garcia-Posada, quien sostiene que "la coherencia de don Quijote con su oficio de caballero andante es impecable" (205). Creo que, en el capitulo X, en estas palabras de don Quijote: "?donde se has visto tu o leido jamas, que caballero andante[...]?", se explicita la razon de esta coherencia: don Quijote cree lo que lee, y lo que lee no es su presente, pero su presente fue, y no precisamente invencion, o no del todo. Sobre este circulo vicioso entre caballeros reales y ficticios, vease Pedro M. Catedra, El sueno caballeresco. De la caballeria delpapel al sueno real de don Quijote (2007). Martin de Riquer, en Caballeros andantes espanoles (2008), concluye sarcasticamente su libro haciendo una inteligente suposicion: si don Quijote hubiese buscado las mismas aventuras en su propio tiempo, hubiera sido no un caballero, sino un conquistador de las Indias.

(6) Veanse estas reveladoras palabras de don Quijote en el capitulo XXX: "Majadero--dijo a esta sazon don Quijote--, a los caballeros andantes no les toca ni atane averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que encuentra por los caminos van de aquella manera,--o estan en aquella angustia, por sus culpas, o por sus desgracias; solo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas, y no en sus bellaquerias. Yo tope un rosario y sarta de gente mohina y desdichada, y hice con ellos lo que mi religion me pide, y lo demas alla se avenga; y a quien mal le ha parecido, salvo la santa dignidad del senor licenciado y su honrada persona, digo que sabe poco de achaque de caballeria".

(7) De ahi que los delitos solieran ser robos y hurtos, salteamiento de caminos, pero tambien homicidios y violaciones. Pasado cierto tiempo, adquirieron otras responsabilidades como la custodia de presos y galeotes, o la escolta en el transporte de materiales preciosos. Delitos en los que, ciertamente, podria verse envuelto un caballero andante. Vease al respecto Jose Luis de las Heras Santos La justicia penal de los austrias en la Corona de Castilla (100 y ss). Por cierto, que aproximadamente (las cifras no estan del todo claras) dos anos despues a la creacion de la nueva Santa Hermandad (1476), se fundase la Santa Inquisicion, no parece que sea coincidencia azarosa.

(8) Vease el excelente trabajo de Francisco Tomas y Valiente: El Derecho penal de la Monarquia absoluta (siglos XVI, XVII, XVIII). Este pasaje podria sintetizar el proyecto (y el interes aqui) del libro: "Hablar de un Derecho Penal real significa que los reyes tienen poder para en sus leyes penales definir que actos son delictivos y que pena merecen sus autores. Y ademas implica que hay unas instituciones dependientes del poder real encargadas de aplicar tales leyes, ejerciendo el derecho real de castigar, el ius puniendi. un Derecho Penal real comporta finalmente la utilizacion exclusiva por parte del rey y sus ministros y oficiales de ese ius puniendi, excluyendo cualquier otra forma de satisfaccion o castigo privado" (24).

(9) Para una historia de la institucion, vease Luis Suarez. "Evolucion historica de las hermandades castellanas" (5-73).

(10) Sanchez Ferlosio ha revelado de manera lucida el quid del cambio: "La justicia codificada del Yo estatal, o sea, el derecho, anticipa la relacion entre el delito y el castigo (incluso puede decirse que el delito es el agravio retrospectivamente considerado desde el juicio o desde la sentencia), y en esta relacion anticipada tiene que considerarlos como simultaneamente dados, reduciendo la sucesion al orden meramente logico. Esta justicia es desencarnacion de la venganza, entre otras cosas, por hacer caso omiso del orden temporal, y con este, de los sujetos animados [...] El derecho ha codificado como relaciones logicas las correspondencias entre delitos y castigos, por cuanto la inmanencia al orden temporal de la reaccion, como trance intermediario, abria una grieta por la que las contingencias podrian interferir el cumplimiento [...] Si la venganza de parte tenia que producir activamente, en cada caso, la sintesis de la fatalidad, el derecho es ya fatalidad sintetizada en el automatismo anticipado de sus prescripciones" (112 y ss).

(11) Respecto a las translaticias "intervenciones metalinguisticas" en este capitulo (y en la Edad de Oro), vease Tomas Albaladejo (33-39).

(12) una posible e interesante via de interpretacion de este pasaje, aunque no concuerde con ella, podria ser la de Bernardo Teuber: "ya el Derecho medieval conoce el estatus juridico de una persona miserabilis. Se trata de una persona que se encuentra en una situacion deplorable, por ejemplo un mendigo que necesita ayuda ajena a causa de su desvalimiento. De una persona miserabilis se supone que no puede esperar la adecuada proteccion de los tribunales competentes y tiene que dirigirse directamente al rey. Pero entre las personae miserabiles, a quienes hasta cierto punto les esta impedida toda reclamacion por la via judicial normal, se cuentan tambien el esclavo o el damnatus ad trirremes, el condenado a galeras. Esto significa que los presos, despreciados por los tribunales, pueden dirigirse directamente al soberano. Pero el soberano esta demasiado lejos, y ademas--como bien dice don Quijote--esta mal o insuficientemente informado. Asi se comprenderia que don Quijote pueda arrogarse, en representacion del rey, el derecho a la excepcion y devolver la libertad a las personae miserabiles" (290-291).

(13) Escribe Jose Antonio Maravall: "Frente al individualismo politico-juridico del caballero medieval, el Estado opone su soberania, que se extiende a todos [...] Y esto es lo que no podria aceptar nunca don Quijote, porque el solo pretende hacer su propia justicia y a el incumbe, incluso, velar por la de los demas, cualquiera que sea su relacion politica. Por eso solo el puede definir a su enemigo, que es enemigo particular suyo, aun en el caso de haber ofendido a otro, porque don Quijote ha echado sobre si, como carga personal, defender a los que de el necesitan" (Utopiay contrautopia en El Quijote 52 y 67). Este libro presupone un trabajo anterior (de ineludible consulta), vease: Jose Antonio Maravall, Estado moderno y mentalidad social (1972). Una interesante reflexion de epoca acerca de la complicada condicion--hors de la loi--del caballero (por sus implicaciones literarias), de Edward C. Riley, es esta: "Como los picaros, esta renido con la sociedad, pero, a diferencia de ellos, intenta mejorarla" (70).

(14) Senala Riley acerca de esta actitud fanatica de don Quijote: "La incompatibilidad entre las normas privadas y las socialmente aceptadas hace que el comportamiento de un individuo sea considerado demente o criminal" (71). Y recordemos que en Las Partidas se exigia, entre los varios requisitos del caballero, el entendimiento y la sabiduria para ser "complidamente buenos defensores" (201-202). Para la caballeria, es de sumo interes todo el titulo XXI.

(15) Seria injusto no citar aqui a Bartolome Clavero, dada la deuda implicita y explicita contraida en el texto. Y no nos decepcionara: "Parece que estamos ante la clave de una mentalidad, la sintesis de unas representaciones, el desenlace de una contradiccion. La antidora permite que el beneficium sea obligatio, que el acto exento, caritativo y libre resulte, sin perder esas virtudes, de una correspondencia debida" (100).

(16) Americo Castro senala: "Cervantes se complace en oponer la justicia espontanea, sencilla, equitativa, en suma, misticamente natural, a la legal y estatuida; no se formula dogmaticamente esa doctrina en ninguna parte, pero los hechos la presuponen con la mayor elocuencia" (190).

(17) Recordemos este pasaje del capitulo XLV: "Es, pues, el caso, que los cuadrilleros se sosegaron, por haber entreoido la calidad de los que con ellos se habian combatido, y se retiraron de la pendencia, por parecerles que, de cualquier que sucediese, habian de llevar lo peor de la batalla; pero uno de ellos, que fue el que fue molido y pateado por don Fernando, le vino a la memoria que entre algunos mandamientos que traia para prender a algunos delincuentes, traia uno contra don Quijote, a quien la Santa Hermandad habia mandado prender por la libertad que dio a los galeotes, y como Sancho con mucha razon habia temido". Los peores presagios de Sancho se cumplian entonces.

(18) Acerca del cohecho, habria que conectar este pasaje con las palabras del duque en el capitulo LVI (II), las de don Quijote en el XXXII (II) y la definicion dada en El tesoro de la lengua.

(19) Lo cierto es que, pese a las palabras del censor, siguieron siendo noticia. Por servirnos de un testimonio literario, The Duel de Joseph Conrad comienza--dando testimonio de ello--de esta espectacular manera: "Napoleon I, whose career had the quality of a duel against the whole of Europe, disliked duelling between the officers of his army. The great military emperor was not a swashbuckler, and had little respect for tradition. Nevertheless, a story of duelling, which became a legend in the army, runs through the epic of imperial wars. To the surprise and admiration of their fellows, two officers, like insane artists trying to gild refined gold or paint the lily, pursued a private contest through the years of universal carnage" (3).
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Author:Velez, Fabio
Publication:Signos Literarios
Date:Jan 1, 2015
Words:6627
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