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!SIGNOS, NO COSAS! NOTICIA SOBRE LA NOCION DE SIGNO EN SAN AGUSTIN, DE DOCTRINA CHRISTIANA, 2.1.1.

El profesor Luis Eduardo Suarez fue un gran amante de los signos como tema central de su comprension de la filosofia. En efecto, los signos se encuentran en la encrucijada misma de lo que puede parecer una paradoja en el pensamiento del profesor Suarez, a saber, su inexpugnable compromiso con una metafisica realista y su indeclinable defensa del ejercicio formal como actividad propia de la filosofia. Las siguientes reflexiones sobre la nocion de signo en San Agustin se han visto beneficiadas por sus profundas ensenanzas y sus agudas observaciones, aunque tengo claro que con su acostumbrado estilo cercano e irreverente a la vez, Luchito me habria formulado una o dos preguntas que habrian mostrado las serias limitaciones de la propuesta esbozada.

ES BIEN SABIDO QUE SAN AGUSTIN es el primer pensador que les da a los signos una relevancia central en el conjunto del pensamiento, no porque antes de el no hubiera habido filosofos que hablaron con mucha suficiencia del signo, sino porque en Agustin el signo ejerce como elemento articulador de la totalidad de la realidad y deviene verdaderamente fundamental en la explicacion de la misma. En conformidad con ello, Agustin habla del signo en diversas obras a lo largo de los varios decenios que comprende su carrera de pensador, pero en este respecto quizas no haya un pasaje mas admirado y citado que aquel donde trae la definicion de signo en el De Doctrina Christiana. Esta obra se ofrece como un tratado de interpretacion de la Escritura puesta al servicio de la ensenanza del pueblo cristiano, lo que pide tanto conocer que cosas van a ensenarse, asi como reconocer los signos de dichas cosas. De aqui deriva la distincion fundamental entre cosas y signos, que en la estructura del texto se presenta en la distincion entre lo tratado en el libro primero, las cosas, y lo tratado en los libros segundo y tercero, los signos. Sin embargo, hay que llamar la atencion en este punto al criterio que utiliza Agustin para establecer dicha distincion.

Al comienzo del libro primero, el autor establece que toda ensenanza versa sobre cosas o sobre signos, si bien las cosas no pueden aprenderse sino por medio de signos, por lo que tanto la definicion de cosa, como la definicion de signo resultan depender asi de la relacion que cada una de ellas guarde con la ensenanza. La cosa en sentido propio--que puede ser objeto de ensenanza por medio de un signo--no puede ella misma a su vez operar como un signo, mientras que por su parte el signo ha de ser una cosa, pues de lo contrario no seria nada, pero es una cosa que opera como un signo--pues es el medio por el cual algo se ensena-. Asi, pues, la distincion entre cosas y signos debe entenderse al nivel del significar, lo que acabo de llamar 'operar como un signo', pues no solo los signos son cosas sino que las cosas tambien pueden ser signos--y, en un sentido que hay que precisar, todas las cosas de hecho son signos-. Entonces, en sentido propio se llama 'cosa' la cosa que no se usa para significar algo y se llama 'signo' la cosa que se usa para significar algo. Signo y cosa reciben una definicion reciproca y excluyente segun se usen o no para significar algo. Valga decir que en sentido lato, es cosa todo lo que existe, incluso Dios, en un uso ajeno al espanol, pero valido en latin, donde la res, cosa, hecho, apunta a lo que en espanol sera re-alidad, a saber, lo referente a la generalidad de cosas o hechos, es decir, todo lo que existe. Como ejemplos de cosas, Agustin menciona el madero, la piedra, el carnero, y todo aquello semejante, pero se apresura a precisar que no es el madero que Moises arrojo al mar para hacer potable su agua (Ex 15: 25), ni la piedra que Jacob uso como almohada (Gn 28: 11), ni el carnero que Abraham inmolo en lugar de su hijo (Gn 22: 13), pues estas son signos de otras cosas. Anade en este punto que hay signos que solo se usan para significar, como las palabras, pues nadie hace uso de ellas como no sea para significar algo. De lo anterior, resulta manifiesto que en el plan salvifico de Dios, que se expresa en las Escrituras, las cosas no solo se usan como meras cosas sino que tambien pueden usarse con algun significado que no es de suyo evidente. La tarea de la interpretacion consiste en dilucidar los usos significativos que pueden recibir las cosas que en un primer nivel de lectura solo se usan. A pesar de esta posible adscripcion de un uso significativo a cualesquiera cosas, Agustin advierte que hay que sostener la distincion establecida entre cosas y signos, de modo que primero se hable de lo que las cosas son (in rebus considerandum esse quod sunt), y no que significan algo mas aparte de si mismas (non quod aliud etiampraeter se ipsas significant).

A partir de este punto, en el libro primero Agustin hace un estudio sintetico de las cosas, que se dividen en tres clases, a saber, las cosas que deben gozarse, las cosas que deben usarse y las cosas que deben usarse y gozarse. La unica "cosa" de la que debe gozarse es Dios Uno y Trino, bien supremo y verdadera felicidad del ser humano. Pero dado que el pecado impide gozar de Dios, para borrar el pecado, "la Palabra se hizo carne", el Senor padecio y murio, y luego resucito y ascendio a los cielos, llevando consigo, como a su prometida, a la Iglesia, en la cual se recibe el perdon de los pecados. Y si el pecado es perdonado y el alma renovada por la gracia, podra aguardarse con esperanza la resurreccion del cuerpo para la gloria eterna; de lo contrario, se sufrira el castigo eterno. Asi, pues, salvo Dios, todas las cosas deben usarse, pues aunque algunas puedan amarse, el amor no debe reposar en ellas, sino que debe siempre hacer referencia a Dios. El propio ser humano no es objeto de gozo para Dios; El lo usa, pero en beneficio del propio ser humano. Entonces el amor, tanto el amor de Dios, que es por si mismo, como el amor del projimo, que es por Dios, es el cumplimiento y el fin de toda la Escritura. En conclusion, la fe, la esperanza y el amor constituyen una gracia esencial para quien vaya a comprender y explicar correctamente las Sagradas Escrituras. Asi, las cosas de las que Agustin trata en el libro primero son aquellas que conforman el plan salvifico de Dios, que ofrece el marco para la correcta comprension de las demas cosas que hacen su aparicion en la Escritura y en la vida del hombre en general.

El libro segundo comienza con una recapitulacion del plan propuesto que concluye con la definicion de signo, por lo que es de la maxima importancia hacer una lectura cuidadosa de este parrafo introductorio para recoger el sentido de los elementos que intervendran en aquella definicion. Dice Agustin:
   Quoniam de rebus cum scriberem praemisi commonens ne quis in eis
   attenderet nisi quod sunt, non etiam si quid aliud praeter se
   significant, vicissim de signis disserens hoc dico, ne quis in eis
   attendat quod sunt, sed potius quod signa sunt, id est quod
   significant. Signum est enim res praeter speciem quam ingerit
   sensibus aliud aliquid ex se faciens in cogitationem venire.

   Cuando escribi de las cosas, adverti de antemano que nadie preste
   atencion en ellas sino a lo que son, y no, por ende, a si
   significan algo ademas de si mismas. Por el contrario, ahora que
   trato de los signos, digo que nadie preste atencion en ellos a lo
   que son, sino mas bien a que son signos, es decir, que significan.
   Pues el signo es una cosa que, ademas de la forma que impone a los
   sentidos, hace a partir de si que algo mas llegue al pensamiento.


En conformidad, pues, con la definicion reciproca y excluyente de la cosa y del signo que se basa en el uso significativo que la cosa no tiene y que el signo si tiene, Agustin reitera que ya se trato de las cosas y que ahora se va a tratar de los signos. Precisa que al hablar de las cosas advirtio que en ellas debe prestarse atencion a lo que son (quod sunt), no a si significan algo ademas de si mismas (non etiam si quid aliud praeter se significant); ahora, en cambio, que va a tratarse de los signos, anota que en ellos no hay que prestar atencion a lo que son (quod sunt), sino precisamente a que son signos (quodsigna sunt), esto es, que significan (quodsignificant). Si bien en el libro primero Agustin hizo la recomendacion de mantener presente que alli se iba a tratar de lo que las cosas son y no de que las cosas significan algo, ahora al comienzo del libro segundo se hace enfasis en esta contraposicion entre los dos modos de estudio de lo real. El primer modo se da cuando se presta atencion a lo que son las cosas, dejando fuera de consideracion si significan algo mas aparte de si mismas (segun la formulacion del libro segundo) o que signifiquen algo mas aparte de si mismas (segun la formulacion del libro primero). El segundo modo se da cuando en los signos se presta atencion a que son signos, es decir, que significan, dejando fuera de consideracion lo que son. En el estudio de la realidad en general, Agustin contrapone lo que la cosa es y que el signo es, en una distincion decisiva para el destino del pensamiento occidental. En efecto, la consideracion de la esencia de la cosa--lo que la cosa es--es de un orden por completo distinto a la consideracion signica de la cosa--que la cosa significa-, en lo que Agustin simplemente habla de signo. Si para efectos de exposicion se simplifica la distincion como haciendo referencia a la cosa y al signo, puede decirse que alli se halla comprendida toda operacion posible de lo real, sea en si mismo, sea en su referencia a otro, esto es, en su esencia o en su significar. Antes de seguir adelante es de la mayor importancia disipar un malentendido que esta al alcance de la mano.

En estas sencillas y profundas lineas, que deben leerse teniendo a la vista las lineas correspondientes del libro primero, Agustin confronta por primera vez la universal consideracion esencialista de las cosas y le opone no otra consideracion esencialista, esta vez de los signos, como si en lugar de que son las cosas hubiera simplemente preguntado que son los signos, sino una consideracion existencial, a saber, que los signos son, esto es, que existen, y que en este existir de los signos consiste el significar. Por eso dice: "ahora que trato de los signos, digo que nadie preste atencion en ellos a lo que son (ne quis in eis attendat quod sunt), sino mas bien a que son signos (sedpotius quod signa sunt), es decir, que significan (id est quod significant)". Mal podria la expresion "sed potius quod signa sunt" traducirse como "sino mas bien que son los signos", puesto que Agustin acaba de excluir precisamente dicha leccion cuando prohibe que respecto de los signos se "preste atencion en ellos a lo que son", "ne quis in eis attendat quod sunt", por lo que "sed potius quod signa sunt" debe entenderse como "sino mas bien a que son signos", incluso cabria entender "sino mas bien que los signos son", esto es, "que hay signos". No hay dos traductores que concuerden en todos los aspectos involucrados en estas densas lineas, pero a partir de lo dicho, puede defenderse la version del inciso final, "id est quod significant" como "es decir, que significan", en el sentido de que el significar de los signos no es algo diferente de su ser signos; dicho en el orden de Agustin: que los signos sean equivale a que signifiquen. Asumir, por el contrario, que "id est quod significant" hace referencia a aquello significado por el signo, y traducir "es decir, lo que significan", no solo introduce un desajuste en el interior de la expresion agustiniana, con sentido existencial en el primer quod y esencial en el segundo, sino, lo que es mas grave, rompe la tension entre cosa y signo y la remplaza por la simple sustitucion entre cosa y cosa significada, en lo cual el significar mismo se evapora.

Quizas sea oportuno aclarar en este momento que la distincion entre cosa y signo, entre esencia y significar, no solo debe entenderse como oposicion sino tambien como complemento. En ningun momento Agustin propone dejar fuera de consideracion lo que las cosas son, su esencia, para trasladarse por entero al ambito de los signos; todo lo contrario. En el De Doctrina Christiana, Agustin da una indicacion breve, pero precisa, de la importancia esencial que para el tiene el estudio de la esencia de las cosas, se trata nada menos que de la historia de la salvacion, pero la cosa misma no puede ensenarse--docere, de donde viene el titulo, doctrina--sino por medio de los signos, con lo que el signo adquiere un lugar de relevancia que no se le habia otorgado hasta entonces. Visto con los ejemplos del madero, la piedra y el carnero que cualquier cosa puede devenir signo, el conjunto de lo real puede dejar de considerarse simplemente como lo que es, con lo cual se abre el espacio de la interpretacion--si bien regida por principios y por reglas-, que le permite al ser humano el establecimiento de relaciones no solo facticas sino interpretativas entre diferentes aspectos de lo real.

A partir de lo dicho puede presentarse ya la definicion de signo: "pues el signo es una cosa que, ademas de la forma que impone a los sentidos, hace a partir de si que algo mas llegue al pensamiento" (signum est enim res praeter speciem quam ingerit sensibus aliud aliquid ex se faciens in cogitationem venire). El adverbio de consecuencia 'pues', enim, indica que hay una relacion estricta entre esta definicion de signo y las consideraciones que anteceden, lo que justifica la via que aqui se ha tomado de abordar la definicion tan solo despues del estudio de las consideraciones previas. En este orden de ideas, en primer lugar, y como ya se explico, el signo es una cosa, es decir, es algo real, algo efectivo, no un mero concepto o constructo de la mente. En segundo lugar, una vez que se determina como cosa, y a partir del praeter, 'ademas', el signo despliega dos faces, una que tiene que ver con los sentidos y otra que remite al pensamiento. En la primera faz, y dada la realidad de la cosa que es el signo, los sentidos reciben la forma de dicha cosa o, en otras palabras, dicha cosa graba su impronta en los sentidos. En la segunda faz, ademas de lo anterior, la cosa que es el signo hace a partir de si que algo mas, algo diferente, llegue al pensamiento. Notese que la relacion entre las dos faces se establece como un "ademas", con el sentido de que la impresion sensible que la cosa causa sobre los sentidos se sigue de lo que la cosa es como tal, es decir, de su esencia, mientras que llegar al conocimiento de algo diferente lo produce la cosa a partir de si, pero ello en tanto en cuanto signo, no por sus determinaciones esenciales. Es decir, al ser una cosa, el signo no se sustrae del ambito de la esencia, pero su ser signo se establece con independencia de ella. Estas observaciones son de indole general y no tienen mayor aplicacion para los signos naturales que para los signos instituidos. Tomese el caso de un signo natural: veo una huella en un sendero, se que por ahi ha pasado un animal de tales y cuales caracteristicas. La huella deja su impronta en la vista, en el tacto del rastreador, porque obra a partir de lo que ella misma es, es decir, a partir de su esencia; el rastreador sabe que es tal animal por la experiencia previa y vasta que tiene en huellas de esas caracteristicas. Evidentemente, la huella no opera como signo por su esencia, pues entonces cualquiera, puesto en presencia de la huella, podria discernir que animal paso por alli, lo cual es una patente falsedad. Tomese el caso de un signo artificial: en medio de la batalla suena la trompeta; los soldados se repliegan. La trompeta emite un sonido particular que afecta el oido de los soldados. Ello esta en la esencia del instrumento. Entender que accion tomar al escuchar el sonido depende del entrenamiento militar, no de que acorde particular se trate. El toque de trompeta tampoco obra como signo por su esencia, si bien la esencia se impone de un modo especifico al sentido.

En la continuacion de la obra, Agustin estudia los signos como tales, en especial las palabras, pero tiene la sabiduria de no abordar la cuestion de la relacion que se de entre las dos faces que entran en la definicion del signo. Ser sensato en este respecto consiste en seguir su ejemplo.

Tengo la impresion que el profesor Suarez habria hecho primero algun comentario en voz baja a sus vecinos y despues me habria formulado alguna objecion bajo la forma de pregunta, que yo no sabria responder. Muchas gracias.

ALFONSO FLOREZ FLOREZ

Pontificia Universidad Javeriana

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Title Annotation:MESA III
Author:Florez Florez, Alfonso
Publication:Universitas Philosophica
Date:Jan 1, 2015
Words:3136
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