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Odiseas excrementales.

En uno de sus meticulosamente documentados trabajos sobre lo que el denomina literatura "odeporica," Luigi Monga recoge la curiosa admonicion renacentista a purgarse antes de salir para un largo viaje, a limpiar el cuerpo mediante una evacuacion general antes de ponerse en camino ("Cycles" 206-208). En Ulysses, esa parodia dublinesa de uno de los viajes canonicos, esa metafora quintaesencial, como dice el mismo Monga, de los viajes de los hombres ("Travel" 9), Joyce hace que Leopold Bloom inicie su odisea urbana tras una placentera y fructifera visita al retrete (56). Ya en el original de Homero, Odiseo habia podido acometer el retorno a casa tras propiciar el excremento letal de un caballo sobre Troya, la ciudad visitada. Por otra parte y volviendo al Renacimiento, Erhard Schon revela en una de las primeras composiciones anamorficas este reves excremental del viaje. En apariencia y visto de frente, el grabado "Was siehst du?" representa el feliz termino de otra jornada arquetipica: Jonas es vomitado por la ballena tras haber pasado tres dias y tres noches en su vientre como castigo por intentar escapar a Tarsis en vez de obedecer al mandato divino de ir a Ninive a predicar su palabra (Jonas, vers. 111). Sin embargo, si se pone la estampa a la altura de los ojos y se la mira sesgada desde su extremo izquierdo, esta vision zurda y oblicua hace aparecer a manera de palimpsesto de la conclusion del viaje de Jonas la inmensa y acuclillada figura de un hombre defecando (Il. 1 y 2).

De estas practicas, noticias, textos y acertijos visuales dispersos se desprende la sospecha de que en una de las definiciones secretas del viaje, en alguno de sus incognitos limites o extremos, en ciertos arcanos de su principio y su fin, el componente excremental ocupa un lugar relevante. Al fin y al cabo, el viaje fundamental, el de la vida de nuevo segun Monga ("Cycles" 199-200), se inicia topicamente entre deyecciones: "Inter urinas et faeces nascimur," dice el conocido adagio; "La vida empieza en lagrimas y caca," repite de manera aun mas brutal el verso de Quevedo (318). Por lo que hace a la finalizacion de esa jornada primordial, su calidad excrementicia es indudable y multiple: Julia Kristeva ve en el cadaver la maxima manifestacion de lo abyecto, de lo sucio (12); para algunos, la muerte--como para otros la vuelta a casa tras el viaje (Monga "Cycles" 223)--es un regreso al utero, a la vecindad de las heces y la orina, o al centro mismo de esas heces, pues de acuerdo a la fantasia infantil sobre el parto cloacal descrita por Freud ("Transformation" 128-30), este retorno deberia producirse por conducto anal; finalmente en el homofono "escatologia" se aglutinan etimologicamente el final de la vida y el excremento, es decir, el producto de los margenes ultimos del cuerpo, de sus agujeros excretores. John Donne compendia el trayecto del hombre en estas sombrias y apocalipticas palabras: "Between that excremental jelly that thy body is made of at first, and that jelly which dissolves to at last; there is not so noisome, so putrid a thing in nature" (231). Pero hasta mas alla de la misma muerte, al menos si la balanza ha caido del lado del pecado, el conjetural viaje ulterior puede tener un destino anal: en el periplo de Dante el fondo del infierno coincide con el culo de Lucifer (Inf. 34: 76-81); en The Canterbury Tales de Chaucer uno de los viajeros, el alguacil, cuenta el visionario descenso al averno de un fraile que descubre con horror que su posible destino final es el ano de Satan, el lugar donde anidan los de su clase; el Bosco coloca en un conspicuo lugar de sus infiernos de "El jardin de las delicias" a un diablo entronizado sobre un aparatoso retrete digiriendo y cagando los pecadores que han llegado a sus dominios. El presentimiento excremental sobre la vida de ultratumba se extiende incluso al lado del paraiso siempre que este sea el de otros. En el anonimo Viaje de Turquia, Pedro de Urdemalas cuenta a su cristiana audiencia de las innumerables frutas y dulces rios del cielo musulman para que Matalascallando, su interlocutor, inquiera de inmediato: "? Y si comen y beben, no cagaran el Paraiso?" (394). En la tarea de dilucidar la economia de esta relacion entre excremento y viaje, Monga apunta la idea de que la prescripcion renacentista de una purga como preparacion de la partida puede ser el correlato simbolico de la necesidad de limpiarse espiritualmente para asi convertirse en un hombre nuevo y emprender de manera apropiada la inminente mudanza ("Cycles," 208). De alguna manera, el proceso no es muy diferente -nos recuerda Martin Pops en su augural "The Metamorphosis of Shit"--a lo que hace la gacela cuando la acomete el leopardo. El animal defeca antes de la huida, no tanto por miedo a las fauces que lo amenazan como por aligerar el cuerpo, por aliviarse, y asi poder escapar con mas celeridad (59). De hecho, "aliviar" significa figurativamente en espanol las dos cosas: defecar e ir mas de prisa. De hecho tambien, esta conexion lexica no es una caso aislado pues los lazos linguisticos entre excretar y viajar son significativamente muy abundantes. En la famosa aventura de los batanes del Quijote, la palabra empleada para nombrar la necesidad que le sobreviene a Sancho es "mudarse" (1:252), termino habitual en la epoca para expresar la accion de defecar pero que aqui llama la atencion por su caracter contradictorio con respecto a la tesitura: Sancho no quiere moverse del lado de don Quijote por miedo a lo que pueda haber mas adelante en el camino, en la oscuridad de la noche, pero tal vez por la misma razon tiene que "mudarse." Hay una evidente perplejidad en el uso de un verbo de movimiento, "mudarse," para expresar el acto de defecar, el cual teoricamente debiera ser una accion sedentaria o al menos de una cierta stasis acuclillada. Probablemente en algun momento de mi propia jornada critica habre de lidiar con esa perplejidad, pues el uso de verbos de movimiento como sinonimos o eufemismos de cagar es continuo. "Salir fuera," "mover el cuerpo," "irse," son algunos ejemplos. Ante esta evidente relacion semantica entre la defecacion y el movimiento, no seria aventurado proponer la conjetura de que en toda excrecion hay escondido un viaje y, apurando la simetria, de que todo viaje es excremental. Esta ultima proposicion quedaria apoyada por los hechos tambien linguisticos de que cuando se quiere alejar tajantemente a alguien se le manda "a la mierda" y de que el lugar mas remoto, el mas inaccesible, el mas despreciado o quizas el mas anhelado, es "el culo del mundo." Ademas ese secreto fondo excremental del viaje aparece inadvertidamente, de una manera me atrevo a pensar que no intencional pero certera, en una lapidaria afirmacion de Eric J. Leed recogida en la introduccion a su celebrado The Mind of the Traveler: "Travel is a primary source of the 'new' in history. The displacements of the journey create exotica ('matter out of place') and rarities, as well as generating that peculiar species of social being of unknown identity--the stranger" (15). Como es sabido, y como se encargo de amplificar y explorar magistralmente Mary Douglas (35), "matter out of place" es la vieja expresion de Lord Chesterfield para definir la suciedad, el excremento. Desde luego, habria que resolver si lo excremental, la sustancia fuera de lugar, es el viajero o el lugar y las gentes a los que este viaja, o si ambos a un tiempo en una suerte de contaminacion escatologica: el visitante esta fuera de sitio y a la vez descoloca, desordena, ensucia el universo visitado. Como tambien habria que reflexionar sobre si el que viaja lo hace para buscar, encontrar o producir excremento, segun parecen indicar las expresiones "mudarse," "irse" o "el culo del mundo,"o si mas bien lo que se pretende es escapar de ese excremento, como acaso podrian atestiguar las purgas renacentistas o el doble hecho de que la etimologia de algunas palabras alemanas y holandesas que aluden a la accion de viajar ("Reise," "Rijze") se remonte a otras que indican "ponerse de pie" ("rizan") (Wanner 16-17) y de que Freud sugiera que esa accion de ponerse de pie, esto es, el paso del cuadrupedo al bipedo, constituye precisamente el gesto fundacional de la especie humana, el primer paso de su viaje evolutivo, y obedece en parte a la necesidad de alejarse del olor y la vision de los orificios excretorios y sus evacuaciones (Standard 4:215; Malestar 251-52, n.15). O tal vez ambas finalidades confluyan de nuevo simultanea y antinomicamente en la logica, o la ilogica, excremental del viaje. Una de las razones del continuo nomadismo de los tartaros era alejarse del sitio donde por un tiempo habian estado depositando su excremento (Bourke 119), pero, cabria argumentar, los sucesivos traslados suponian la busqueda de un lugar virgen y fresco donde excretar de nuevo.

Mary Douglass (3-4, 115, 121), Tomas Pollan (18, 25-26), Peter Stallybrass y Allon White (2), entre otros, han puesto elocuentemente de manifiesto la compleja red de conexiones que vinculan la anatomia humana y la geografia, el cuerpo del hombre y las territorialidades politicas, etnicas y sociales de este. Cierta aficion renacentista por los mapas antropomorficos representa una ejemplar ilustracion de esos vinculos, y de la relativa conciencia de su existencia, en la epoca. Uno de ellos, recogido en la Cosmographia universalis de Sebastian Munster (1544), dibuja el perfil de Europa bajo la figura del cuerpo de una reina que, convenientemente vestido, ataviado y coronado, se extiende desde Espana -la cabeza--hasta los confines asiaticos del continente (Il. 3). Se me ocurre que es instructivo contrastar esta carta de Munster con otra curiosa estampa contemporanea incluida en una de las numerosas ediciones de las epistolas atribuidas a Amerigo Vespucci, el mas afortunado viajero e inventor de America. El grabado aparecio en la edicion alemana de Estrasburgo del ano 1509 y llevaba el siguiente pie: "Bochornosas costumbres americanas." En el y junto a las obligadas escenas de desnudez y antropofagia, aparecia un hombre meando vigorosamente y sin verguenza alguna delante de un grupo de indios y, claro esta, de la audiencia europea (Il. 4). (1) La escena constituia el correlato visual a las afirmaciones de Vespucci concernientes a la repugnante y vergonzosa costumbre de orinar en publico de los indios americanos (143). Mucho tiempo despues, Octavio Paz diria de la epoca que produjo esas imagenes, que en ella se inicio o afianzo un proceso que se habria prolongado, de manera cada vez mas perfecta, hasta nuestros dias. "La cara se alejo del culo," manifiesta el poeta (29). Paz, que evidentemente se refiere a la progresiva sublimacion y represion de los instintos y el cuerpo en la cultura occidental, atribuye a la Reforma y al desarrollo del capitalismo, en las huellas de Freud, Weber y Norman Brown, un papel esencial en la intensificacion o consumacion de ese cisma anatomico. Norbert Elias ya habia asegurado que tras la Edad Media, justo en el momento en que las monarquias europeas se centralizan, el poder absoluto se consolida, se crean los estados modernos, se incrementa la importancia de las clases medias, crece la formacion de capital y prospera el espiritu racionalizador, tambien aumentan de manera notoria las regulaciones con respecto al cuerpo (1:71; 2:231, 235-36, 292). Esa es ademas la epoca del grabado de Erhard Schon, en el cual la cara no solo se separa del culo porque este quede disimulado y oculto en el diseno anamorfico bajo la superficie que muestra el viaje de Jonas, sino tambien porque en el necesario alargamiento de lineas que esta tecnica requiere la cara del hombre acuclillado queda en efecto increiblemente distanciada de su culo. Teniendo en cuenta que estos son tambien los tiempos en que se inician y se cuentan los primeros grandes viajes ultramarinos de Europa, en otro lugar he aventurado la idea de que el descubrimiento o la invencion de America habria posibilitado esa escision entre la cara y el culo. (2) Paz mismo afirma que "para el Occidente cristiano las sociedades extranas fueron siempre la encarnacion del mal; vieron en ellas el enemigo del no cuerpo [...] eran manifestaciones del mundo inferior: cuerpo" (113). Pero quizas mi hipotesis podria haber sido mas ambiciosa. Acaso una de las causas fundamentales del hallazgo o la construccion de America fuera la urgente necesidad de separar la cara del culo. En cualquier caso, de repente Europa habria encontrado un inmejorable lugar a donde desplazar sus instintos, un solar a donde exorcizar o exiliar las partes mas viles y animales del cuerpo, siempre sin hacerlas desparecer del todo como en el grabado de Schon, un lugar remoto en el culo del mundo: las ignotas tierras recientemente encontradas. (3) Al ser America completamente culo, Europa podia empezar a considerarse entera y exclusivamente cara. Mientras los mapas del Viejo Continente tenian rostro humano, espesos ropajes, dignidad real y cuerpo de mujer, circunstancias todas que parecian refractarias a la indignidad de poseer un culo excretor ("Oh! Celia, Celia, Celia shits!" descubriria con horror Swift un par de siglos mas tarde [Selected 153]), la desnudez, la acefalia y el monstruoso descenso de los rasgos faciales en la geografia corporal se popularizaban como motivos iconograficos tipicos en la representacion, aterrorizada pero seguramente tambien vergonzante e intimamente regocijada, de los habitantes del otro lado del oceano (Il. 5).

Los mapas antropomorficos del Renacimiento no solo suponen pues una iluminacion geografica y politica sino tambien un destello sobre las relaciones analogicas entre la defecacion y el viaje. En el contexto de estas, la recomendada purga previa a la expedicion seria una dramatizacion cifrada de la partida y el trayecto, un preludio que los anticiparia. Excretar, y hacerlo ademas de forma copiosa como resultado del laxante, constituiria una excursion microcosmica a las zonas marginales del cuerpo que replicaria por adelantado la dilatada aventura geografica a las diferentes periferias territoriales que se avecinaba. Simetricamente, y a manera de sublimacion del acto de defecar (la Edad de Oro, el tiempo de la perfecta stasis [Monga "Travel" 26] no conocia la represion anal [Brown 200-01]), en esa aventura geografica se incluiria el esfuerzo por encontrar fuera de la metropolis o del centro, cualquiera que estos fueran, en sus fronteras externas, las partes indignas de la anatomia humana, y de esa manera distanciarlas. Eso es lo que hace Vespucci en sus comentarios sobre las costumbres mingitorias de los indios americanos, o en lo que se empena con esfuerzo enciclopedico el capitan Bourke, el expedicionario y erudito estadounidense de finales del XIX, con su Scatological Rites of All Nations (Las bibliotecas, segun historia hiperbolicamente Borges en la de Babel, que otros llaman el Universo, son vastos territorios que ha de recorrer sin tregua su viajero, un viajero que siempre encontrara una letrina en cada zaguan de las interminables galerias [86-7, 89, 94]). Aparte de otros muchos casos similares del pasado acumulados, por ejemplo, en The Porcelain God. A Social History of the Toilet de Julie Horan (6, 123, 126, 133, 136-37, 167), eso es tambien lo que sigue haciendo Naipaul, el viajero de mas exito editorial y critico del siglo XX, en su augural relato sobre la primera de sus incursiones en la India.

Ha sido repetidamente anotado por la critica que en An Area of Darkness Naipaul sufre una verdadera obsesion excremental. Entre la multitud de aspectos que podria haber seleccionado de la India, se detiene, anota y reflexiona una y otra vez sobre el excremento humano que ensucia calles, playas, riberas de los rios, campos y caminos, poblando su relato de figuras quebradas por la cintura, hombres, mujeres, adultos y ninos, que sin empacho alguno y a la vista de todos defecan por doquier. Por dos veces un nino caga en la calle y un perro cercano se come despues el excremento (45, 204); tres mujeres defecan amigable y abiertamente en una colina muy frecuentada por el turismo domestico cerca del Lago Dal (69); en la estacion de Madras todo el mudo defeca a plena luz, para "pasar el tiempo," especula el viajero (69); en Goa largas filas de transeuntes de calzon bajado o tunica arremangada realizan sus evacuaciones a la orilla del rio para despues subir a sus bicicletas o a sus coches y seguir su camino (69-70) ... La abundancia excremental es tanta en el texto que Austen Delaney moteja a su autor de "compulsive 'turd-watcher'" (citado en Shankar 153) y S. Shankar considera su histeria ante tanta materia fecal diseminada por todos sitios como "uno de los motivos centrales del libro" (153). "Hysteria had been my reaction," dice Naipaul, "and a brutality created by a new awareness of myself as a whole human being and a determination, touched with fear, to remain what I was" (13). Ante el paisaje excremental de la India, Naipaul descubre su condicion de "whole human being," o, valga el juego de palabras, su terror a convertirse en o ser ya "a hole human being," el cuerpo grotesco del carnaval descrito por Bajtin, un cuerpo excesivo en orificios y deyecciones (284-85). El occidentalista Naipaul certifica con sana la afirmacion de Dominique Laponte: "To the white man, the black man has the color and odor of shit. [...] The white man hates the black man for exposing the hidden part of himself" (59). Naipaul se define en contraposicion al otro, al habitante del pais al que viaja, como el que no defeca -de ahi su condicion de "whole human being" pues no va dispersando trozos de el en forma de deposiciones abandonadas a lo largo del camino--o al menos el que lo hace en secreto y con todas las garantias del aseo y la rapida eliminacion de la infamia. Cuando se instala en el hotel Liward, cuyo propietario asombrosamente se apellida Butt, sus dos exigencias son un bano con cisterna y una mesa con flexo para poder escribir (104), un util para la supresion del excremento propio y dos herramientas para el acopio textual, por contra plagado de las defecaciones del otro. Ambas peticiones lo identifican como el modelico sujeto occidental-dueno de la mirada, la voz y los esfinteres--frente a todo lo que le rodea. Naipaul no solo es el que no defeca, sino el que tiene la capacidad y la prerrogativa de ver a otros defecar y de contar con asco lo que ha visto. En un momento del texto, afirma que los propios hindues literalmente no ven ni el excremento que inunda las calles ni las interminables figuras acuclilladas, hasta el punto de que incluso negarian su existencia como prueba el hecho de que esten notoriamente ausentes de conversaciones, novelas, peliculas y documentales (70, 213). Por supuesto se podria arguir que la cultura y la literatura occidental en la que Naipaul se incardina omite sistematica y flagrantemente el acto de la defecacion propia, aunque este se realice en la mayor intimidad y con la maxima limpieza, pero de alguna manera esta ausencia seria absolutamente logica en la economia profunda de su relato, pues el occidental es justamente el que no defeca y esa caracteristica es una de las principales senas de identidad que lo diferencian, o lo autoconstruyen como diferente, frente al otro. En Juan sin Tierra de Goytisolo, el bisabuelo del protagonista--blanco, burgues y espanol--ensaya junto a su familia el ultimo invento de la tecnologia britanica, un watercloset astutamente instalado bajo lujosos sillones, para demostrar a la multitud colonial cubana que han convocado al efecto la naturaleza invisible, inodora y silenciosa de sus defecaciones, o mejor, dado el feliz resultado del artilugio, de sus nodefecaciones (15-24). Mas adelante en el texto, la voz de un monarca, emparentado tal vez con la realeza del mapa europeo de Sebastian Munster, anuncia esta verdad inconcusa con pompa ridicula:
 el fundamento cientifico de nuestra indiscutible aunque benevola
 superioridad [se basa] en un quintaesenciado y primoroso sistema
 digestivo que excluye ab initio cualquier emision visceral hedionda
 o abyecta evacuacion de sentina : o acaso creen [...]que mi real
 persona y la de los miembros de su reverenciada familia defecan en
 apestosas zanjas y limpian luego su horado con una lata de agua?
 [...]mientras el ojo republicano y plebeyo secreta corrupcion e
 impureza, el de vuestra dinastia exhala armonia y fragancia.
 (191-93)


En estas palabras de la augusta persona se cifra lo que el mismo Goytisolo llama el "pensamiento reaccionario," "edificado siempre sobre una cienaga de temores, repulsas y odios [...] a la promiscuidad (goce sexual), lo inadmisible y ajeno (razas, culturas diferentes) y la realidad traumatica del ano y la atraccion latente hacia lo fecal (sodomia)" ("Quevedo" 133). Otros lo llamarian sencillamente la normalidad ortodoxa del discurso occidental.

George Yudice senala lucidamente como a lo largo de la historia y a lo ancho de la geografia las diferentes practicas alimentarias han servido para discriminar culturas, grupos e identidades (15). Sin embargo la civilizacion occidental no solo ha fundamentado sus sistemas de clasificacion humana en las maneras de comer, sino tambien en las de cagar. De manera casi sarcastica, la civilizacion occidental habria empleado por tanto el tipico metodo animal de acotar sus territorios: orinando o defecando, mediante fronteras excrementales. Los relatos de viaje--literarios, etnograficos o de otra laya--han sido los artifices de esa taxonomia escatologica en la cual el europeo se presenta o constituye como el que no defeca o el que lo hace tan en privado, tan en silencio o tan eufemisticamente que es como si no defecara, y esto incluso en epocas en las que todavia se arrojaba el excremento diario a las calles del viejo continente o en las que sus monarcas recibian embajadores sentados en su real retrete. Entre las muchas perplejidades teoricas de este hecho, quiero destacar la ironia de que el que no evacua, el que a consecuencia de su viaje se presenta como tal, podria ser considerado constitucionalmente como el que no se ha movido pues defecar es el viaje primordial. Deponer excremento, que ademas en la fantasia infantil se confunde con el parto, supone en la practica discursiva freudiana la separacion de algo propio, el partir de uno mismo, el dejar atras un pedazo de nosotros ("Transformation" 130; "From" 81, 84). La purga renacentista seria de nuevo una escenificacion, un ensayo general, del viaje. Y si Naipaul o sus iguales son los que no defecan tambien habrian de ser en cierto sentido los no-viajeros. Cabria descubrir una esclarecedora e hiperbolica caricatura de este hecho en la novela de Ann Tyler The Accidental Tourist. En este texto, su autora inflige una personalidad anal, causada de acuerdo a Freud por una estricta represion de las pulsiones excrementales y caracterizada por el orden, la limpieza, la escrupulosidad y la parsimonia ("Caracter" 56, 58; Malestar 42-3), a Macon Leary, el protagonista de la obra, el personaje que escribe libros de viaje sobre como ir a un sitio sin sentir que uno ha salido de casa, sobre como viajar sin viajar en realidad. Apropiadamente, el logo que identifica sus libros es un sillon con alas (10-11, 85-6). Sin embargo, de la misma manera que el sujeto de semejante personalidad no solo adolece de una excesiva represion excremental sino que, como causa de esto, en el o en su pasado se oculta tambien un intenso erotismo anal (Freud, "Transformation" 127; "Caracter" 56-8), tras las protestas y deseos occidentales de presentarse frente al otro como el que no evacua, el viajero europeo constituye en el fondo el defecador, en potencia o en acto, por excelencia. Las paradojas que aquejan a Naipaul y a Macon Leary se compadecerian perfectamente con el mencionado uso de verbos movimiento para una actividad aparentemente estatica como la de defecar, con la combinacion en esa actividad de movilidad y stasis, de cambio y permanencia. Excretar es mudarse y no moverse a la vez. El sillon alado que identifica emblematicamente los libros de Macon Leary es en verdad un trono, disimula un retrete donde--adelanto--probablemente se defeca al otro y aun a uno mismo. De otro lado, esa ambiguedad ontica de la accion de defecar es similar a la sufrida por su producto, el excremento, y muy semejante a las consecuencias del acto de viajar, el cual se convierte en un prodigioso artefacto de produccion excremental. Lo mismo que defecar es mudarse sin moverse de lugar, el excremento es una curiosa sustancia que esta a medio camino entre lo propio y lo ajeno, lo de dentro y lo de fuera. La nota mas caracteristica del comercio establecido entre el excretor y el excremento es la confusion ontologica que embarga al primero ante la contemplacion de lo segundo. Martin Pops lo resume con concision: "Shit, the first extension of the self, is also the first instancing of the other" (50). Juan Goytisolo recurre a Leach y Larry Grimes al principio de su estudio sobre el excremento en Quevedo para incidir en la misma idea: las "deyecciones corporales" pertenecen a las "categorias intermedias entre el 'yo' 'lo mio,' y el 'no yo,' 'lo ajeno'" (119-20). En un analisis ultimo, el viajero, aunque intente evitarlo o negarlo, esta abocado a contemplar al otro, y a traves de este a si mismo, bajo la especie de estas categorias intermedias excrementales en las que se confunden lo propio y lo ajeno, lo de dentro y lo de fuera, el "yo" y el "no-yo." En el subsuelo de esas "contact zones" de las que habla Mary Louise Pratt (4), esos territorios liminales en los que a consecuencia del viaje se mezclan gentes y culturas diversos, se acumulan ingentes depositos fecales.

En intima conexion con estas caracteristicas intrinsecamente escatologicas de todo viaje como reverso de la ineluctable cualidad viajera de toda excrecion, la aventura geografica del occidental adquiere en numerosas ocasiones una anadida cualidad excremental debido a que por debajo de la necesidad de la vision del otro como el que evacua y, complementariamente, de la concepcion de uno mismo como el que no lo hace, por detras de la declarada repugnancia ante las costumbres de aquel y del complaciente orgullo ante la continencia y el comportamiento propios, se recela, segun sugiere Stephen Greenblatt de Bourke y su libro (63) o Stallybrass y White de manera general (5-6), el deseo de ver cagar al otro, una especie de "coproescofilia," asi como la secreta y anhelada seguridad de que igual que ese otro --esa mezcla de lo ajeno y de lo propio--el viajero tambien puede todavia hacerlo, tambien puede aun cagar. El viajero va a tierras de barbaros a civilizar y a constituirse el mismo como civilizado, como no sujeto a las indignidades de la excrecion, pero a la vez va oscuramente en busca de excremento para disfrutar de su contemplacion y para asegurarse la posibilidad de recuperar el mismo su condicion de excretor, de regresar como en una maquina del tiempo a los placeres anales de la infancia ante el vislumbre de pueblos que viven en estadios anteriores de cultura. "Nostalgie de la merde," es la expresion de Greenblatt con respecto a Bourke (63), aunque tambien se podria denominar codicia excremental: tras las declaraciones de civilizar o cristianizar al otro, el habitante americano por ejemplo, el europeo busca su oro, o lo que es lo mismo, de acuerdo a las asociaciones tradicionales o psicologicas entre el preciado mineral y las materias fecales advertidas por Chevalier y Gheerbrant (361), Cirlot (94), Freud ("From" 82; "Transformation" 131), Brown (191, 254, 281, 287-88), Laporte (33, 39) y otros, va en pos de su excremento. "Letrina fabulosa," llama Octavio Paz a la America del descubrimiento (32) y Carlos Fuentes, para descubrir el truco, coloca frente al altar del Escorial en Terra Nostra un cofre "con los tesoros del mundo nuevo transmutados en excremento" (880).

El fenomeno descrito anteriormente se manifiesta patente o latentemente en multitud de relatos de viajeros occidentales, pero en Naipaul ocurre de una manera extremada y ejemplar dada su condicion de descendiente de hindues occidentalizado que va a buscar en la tierra de sus ancestros esas "zonas oscuras" de su infancia de las que, anos mas tarde, hablara en su discurso de aceptacion del premio Nobel (483). Un poco antes de concluir su libro el ilustre aventurero declara: "In a year I had not learned acceptance. I had learned my separateness from India, and was content to be a colonial, without a past, without ancestors" (252). Sin embargo, al principio del texto, refiriendose a otros pero en toda logica tambien a si mismo, habia sentenciado: "No Indian is far from his origins" (55). Y su caracter marginal, fatalmente entre medias, inclasificable, constantemente fuera de lugar, reacio a la fijacion identitaria, esto es, abyecto en la definicion de Kristeva (12), excremental, todo a causa de su viaje presente y de los anteriores de muchos otros, queda sancionado con esta otra afirmacion: "I was not English or Indian" (98). El viaje de Naipaul es simultaneamente una huida y una busqueda del excremento, una completa y antinomica odisea escatologica en torno a la red de paradojas yo-otro, superficie-fondo, ausenciaostentacion de la excrecion, asco-atraccion por el acto de defecar.

En el haz de libros de la estirpe del de Naipaul el yo autorial se define como el que no evacua y el que siente repugnancia por la excrementalidad supuestamente esencial del otro asi como miedo de convertirse en el y una segura determinacion de no hacerlo. En su cara oculta o inconsciente, en el trasero por asi decirlo del texto, cabe encontrar lo contrario, deseos y anhelos excrementales, pero lo mas asequible e inmediato es precisamente esa fachada. Sin embargo, existen otros relatos de viaje alternativos que semejan establecer un dialogo intertextual con los de Naipaul y otros pues hacen aflorar a su misma superficie lo que en estos yace escondido en sus intersticios mas oscuros. Aludire brevemente a tres de estas obras. La primera, Gulliver's Travels, un libro calificado por Shankar como anticolonialista (50), perpetra una exhaustiva y artera subversion de la tipica adscripcion al salvaje de otras tierras de una excrementalidad animal frente al europeo. En el cuarto viaje, Lemuel Gulliver encuentra al proverbial otro, excremental y nauseabundo, para comprobar mas adelante con horror que esos otros que le arrojan sus heces desde lo alto de un arbol (445), esos Yahoos, son la especie a la que pertenece el yo, son ese mismo yo. El verdadero otro en la fantasia viajera de Swift, el supuesto animal, el caballo o Houyhnhnm, resulta un prodigio de limpieza y control corporal con relacion al visitante y los de su clase. Aunque la exhibicion de incidentes defecatorios (222-23) y de alardes urinarios (218, 254) en la cronica del viaje a Lilliput pudieran hacer sospechar un cierto placer u orgullo escatologico, en la cronica de los viajes de Gulliver, y en el resto de la obra de Swift, se contempla normalmente con terror el descubrimiento, expuesto en plena desnudez, de la naturaleza excremental de todo hombre o toda mujer, incluidos de manera mas prominente que otros los habitantes de la senera y todopoderosa Europa. Por contra, en otra ficcion de viajes muy posterior, en una imaginacion eroticoviajera, en Cruelle Zelande, ese mismo descubrimiento se convierte en una inagotable fuente de placeres, liberaciones y felicidades.

Cruelle Zelande, publicada de manera anonima en 1978 en Francia, finge el diario de una dama inglesa de la epoca victoriana que ha de acompanar a su marido en una expedicion militar a Australia, a "esos bajos fondos del Imperio" (24), como dice ella misma, a su parte mas posterior. Capturada por los nativos, la mujer que en Inglaterra sonaba con un mundo donde la gente estuviera siempre totalmente vestida (22) y que al principio se averguenza de confesar sus necesidades corporales (27), va desvelando, en un noviciado escatologico y sexual, su propia naturaleza defecatoria y sus deseos excrementales: los gozos de cagar sola o junto a otras mujeres, los placeres sentidos tras la administracion de las irrigaciones a las que la someten sus captores y cuyas seguras consecuencias son enormes explosiones evacuatorias que la dejan limpia y satisfecha (103, 136), la delicia de insertar un dedo en la vagina de una mujer en tanto esta expulsa por el ano la sustancia lechosas de las lavativas (122), el intenso deseo de contemplar la vulva de otra mujer mientras orina (46), el extasis de orinar ella misma desenfrenadamente y delante de todos a causa de la habil presion de las manos de sus instructoras indigenas sobre el punto correcto de su vientre. "Mientras que las jovenes gritaban mas que nunca y reian de buen grado," cuenta la narradora, "me abandone, orine durante un tiempo interminable. Me sentia como una monstruosa yegua en un prado ingles. En esos pocos segundos comprendi la felicidad de ser un animal. [...] En realidad me sentia feliz de ser un animal, un objeto" (37). Si Gulliver aspiraba al aseo y la continencia de los Houyhnhnms, asqueado ante su condicion excremental qua hombre y europeo, la narradora de Cruelle Zelande se transforma gozosamente en un caballo que por el contrario se derrama en deyecciones sin freno alguno. El texto anonimo, lleno por lo demas de topicos y trampas colonialistas, pone al desnudo las dimensiones excrementales escondidas en el reverso de muchos otros viajes europeos y de las cronicas escritas a su socaire, enfatizando ademas en su conclusion la impuesta necesidad de ocultarlas. De regreso a Inglaterra, la narradora confiesa en una sola frase la cualidad fecal de su texto y el imperativo de mantener ese hecho en secreto: "He ensuciado todas estas paginas a escondidas" (242). Si Sarduy, reflexionando sobre la obra de Goytisolo establece una ecuacion de semejanza entre escribir y defecar (54), a la luz de ciertos relatos de viaje se podria matizar que en estos esa similitud alcanza una de sus maximas expresiones.

El hallazgo y el explicito reconocimiento del caracter fecal del viaje y el viajero occidentales, abominables en Swift y placenteros en Cruelle Zelande, se queda un poco a medio camino entre ambos extremos en On the Road de Jack Kerouac. Hacia el final del texto, casi en la conclusion de su dilatado peregrinaje, en el mero "vientre ecuatorial del mundo" (280), en la ciudad de Mexico, "the great and final wild uninhibited Fellahin-childlike city that we knew we would find at the end of the road" (302), el narrador protagonista se ve sorprendido por una fulminante diarrea disenterica que, dolorosa e iluminadora, hace culminar de alguna manera su periplo (302). El exultante techo del mundo--"I was [...] on a roof on the world" (302)--coincide con las miserias de su parte mas baja, de un ano que se vierte enfebrecidamente sin remedio.

Es obvio que la ostentacion de esta excrementalidad europea en los textos anteriores podria ser atribuido por algunos a que en todos estos viajes sus autores o heroes son ya previamente liminales, tautologicamente excrementales: un irlandes, una mujer victoriana fingida por un frances anonimo de incognito sexo y genero en la segunda mitad del XX y Sal Paradise, un vagabundo impenitente en los arrabales de la sociedad americana. Sus casos serian teratologicos con respecto a la normalidad. Cabe replicar, claro esta, que esa marginalidad no anula la validez general de su descubrimiento sino que mas bien explica la posibilidad de llevarlo a cabo y de expresarlo sin ambages. No obstante, la misma acusacion revela otra de las aristas excrementales del viaje occidental: la consideracion del expedicionario europeo por parte de los que se quedan como un indeseable detritus expulsado o evacuado por la metropolis en una vasta operacion de purificacion o purga social.

Hablando del primer viaje de Colon al nuevo mundo, Severo Sarduy escribe jocosa y orgullosamente que fue realizado por "tres carabelas ca(r)gadas de indeseables," vale decir que fue protagonizado por evacuaciones, excrementos del "cuerpo de la metropoli y su maquina opresiva" (54). De otro lado, es interesante recordar un comentario de Eric Graff sobre el inminente viaje de Pablos a las Indias en la conclusion del Buscon, una obra cuya obsesion excremental ya habia sido destacada por Juan Goytisolo y que, incidentalmente, pertenece a un genero que ostenta entre sus rasgos fundamentales su caracter itinerante y sus excesos escatologicos: la novela picaresca. Dice Graff: "Thus Spanish collectivity performs a kind of 'cultural bowel movement' in which it evacuates its moral filth, the upstart or the class of greedy conversos" (66). Como resultado de estas operaciones America, ademas de otros territorios, habria adquirido de nuevo una intensa dimension excremental intensificada en este caso aun mas a raiz del mestizaje entre lo que podriamos llamar el inherente tesoro fecal autoctono de las nuevas tierras--segun la percepcion europea--y la masa deleterea excretada por los centros metropolitanos. El resultado de ese mestizaje seria una marginalidad o excrementalidad a la segunda potencia: las heces expelidas por Espana habrian engendrado con la ayuda del habitante local un linaje todavia mas periferico a la sociedad peninsular. Teniendo esto en cuenta, tal vez habria que concluir que la ecuacion metaforica de la madre patria y su prole americana no es la que mejor expresa la relacion entre Espana, o Europa, y sus antiguas colonias. A juzgar por ciertos textos, la pareja excretorexcremento, con valor critico o apologetico, seria un simbolo mas exacto de esa dinamica transatlantica. Una vez mas recuerdo la afirmacion freudiana de que en una cierta etapa de la infancia establecemos una identificacion, una confusion, entre defecar y parir, entre el paquete fecal expulsado y el recien nacido ("Transformation" 128). Pero independientemente de la consideracion de una excrementalidad previa u original (como en "pecado original") del viajero o de la consecucion de una sociedad mestiza fecal tras la expedicion, la idea de la colonia como defecacion de la metropolis o del lugar visitado como deposicion del visitante subyace a muchos relatos de viaje. La India de Naipual, los paises sobre los que informa Macon Leary, el Mexico de Sal Paradise o las antipodas de Cruelle Zelande no son otra cosa que disimuladas deyecciones- partos- de sus autores ("He ensuciado todas estas paginas a escondidas" [242]), oportuna figuracion, confirmacion o revelacion de los vinculos entre la metropolis y la colonia o entre los centros y las periferias. Esta concepcion habria sido anunciada estruendosamente por Rabelais cuando hace que Pantagruel cree de un descomunal pedo a "cinquante et troys mille petitz hommes, nains et contrefaictz" y de una pedorreta a "autant de petites femmes acropies." El gigante de Rabelais los llamara "pygmees," en la imaginacion de la epoca habitantes de Africa o Asia, los llevara a vivir a una isla y los calificara de valerosos por tener el corazon "pres de la merde" (Pantagruel 27). Tambien la certifica, plastica y alegoricamente, cierto orinal ingles del duque de Wellington que, como si hubiera sido excretado alli por su usuario, dibuja en su fondo el inequivoco rostro--nariz achatada, labios abultados y pelo rufo-- de un salvaje africano (Il. 5).

A pesar de la aparente indignidad de conceptualizar a las colonias de materia fecal per se o excrecion de la metropolis, en un articulo anterior ya mencionado he intentado mostrar por extenso que en Juan sin Tierra, un peculiar y diarreico texto de viajes, Juan Goytisolo hace una vindicacion de la identidad excremental de Latinoamerica tras subvertir el esquema de valores tradicional. Lejos de provocar rechazo, un conjunto de prestigiosa voces locales--Sarduy, Fuentes, Oviedo--ha considerado propio el texto de Goytisolo, refrendando, en consecuencia, la felicidad de la figura excremental como un tropo cultural legitimo de esa America. Dentro de este contexto, no es extrano que, segun ha recontado Rene Prieto (123-29), Florentino Ariza, el estrenido cronico de El amor en los tiempos del colera de Garcia Marquez, se libere por un instante de su forzada continencia tras presentir la obtencion del largamente anhelado amor de Fermina Daza y el final feliz de su historia. Florentino se caga inconteniblemente en un extasis de felicidad al arrancar el coche tras haber sido recibido en su casa por la mujer y se embarca al poco tiempo con ella en un crucero sentimental, apasionado y sin fin, arriba y abajo del rio Magdalena, abordo del Nueva Fidelidad, viaje que constituye una recuperacion, aunque precaria, del paraiso original americano (Garcia 386-443). Como tampoco es raro que Vargas Llosa ejecute una excrementalizacion de uno de los miticos viajes del occidente, el de Teseo, que ensucie minuciosa y alegremente la antiguedad clasica, en un libro posterior. En Lituma en los Andes, la variante andina del minotauro es Salcedo, un viajante de comercio que se convierte en pishtaco, monstruo que se refugia en cuevas y asalta a otros "viajantes," "arrieros," y " migrantes" a los que despues trincha por el ano, asa vivos y se come (151). El papel de Teseo lo hace el narigon Timoteo Fajardo que exige que una virgen le orine en el pecho como sortilegio para vencer al pishtaco (153). El de Ariadna, la virgen en cuestion, lo representa, con propiedad anagramatica, la senora Adriana. Y el hilo de la leyenda se transforma en un preparado de "chupe espeso, bien picante, con ese aji que cura el estrenimiento de los mas aguantados" y que dona Adriana le hace a Timoteo para permitirle depositar cada tanto en la oscuridad de la gruta "un mojoncito," "un obolo" cuyo olor lo guiara por el laberinto de regreso a casa, a la salvacion (153-54). Si la purga en el Renacimiento era una buena profilaxis antes de la partida ahora sus olorosos frutos se convierten en el garante de un feliz regreso, de la vuelta al hogar.

Dada la importancia asignada por Freud a la fase anal de la infancia, no habria de resultar peregrino teoricamente que se utilice el excremento como sena de identidad, como uno de los principios originales, como medio para regresar a casa, de una determinada cultura, sea esta la latinoamericana o incluso la europea en determinadas circunstancias, por ejemplo cuando el viajero ha sido forzado al desplazamiento y la distancia. En Cristo si e fermato a Eboli de Carlo Levi se cuenta a estos efectos un incidente que equiparando nostalgia de la mierda con nostalgia patria podria ser calificado sin duda de nacionalismo excremental como ya habia venido a sugerir Pops (45-6). Un grupo de inmigrantes italianos en Nueva York acuciados por la melancolia espera con deseo los domingos para coger un tren, irse al campo, buscar la sombra de un arbol y defecar todos juntos bajo sus ramas: "Ci pareva di essere ragazzi, d'essere tornati a Grassano, si era felici, si rideva, si sentiva l'aria della Patria. E, quando avevamo finito, gridavamo tutti insieme: 'Viva l'Italia!.' Ci veniva proprio dal cuore" (87). Es casi inevitable, por otro lado, que en ese colectivo gesto defecatorio ademas del triple regreso--a naturaleza, a la infancia, a la nacion--se intuya tambien un posible desafio del salvaje interior al poderoso anfitrion norteamericano, empenado historicamente en la epoca, como ha senalado Suellen Hoy, en asear, en americanizar, al inmigrante, considerado como sucio en cuanto tal (93, 109). Con su rito semanal, el grupo de italianos se caga literalmente en el estadounidense y en su tierra. El expediente no es nuevo. Defecarse en el invasor o en el invadido, en el visitado o en el visitante, en el otro de tierras a las que se viaja o se conquista y en el que viene, por guerra o turismo, a las propias, es casi un lugar comun. Durante las Guerras Franco-Holandesas, uno de los modelos de retrete mas popular en Francia simulaba una pila de grandes volumenes que ostentaban en sus lomos el titulo Voyage au Pays Bas (Wright 102). De la Guerra de la Independencia espanola contra los franceses se conserva un buen numero de estampas y grabados en los que los patriotas locales se cagan de diversas formas y maneras sobre el enemigo. En la Segunda Guerra Mundial un modelo de orinal con la efigie de Hitler en su fondo fue un apreciado souvenir. En una lectura paralela a la hecha anteriormente, el orinal de Lord Wellington con su africano bajo el asiento seria una buena ilustracion de la actitud defecatoria de las metropolis europeas sobre sus colonias, con el anadido de que el excremento taparia ademas la boca del conquistado para que no pudiera contar las indignidades del conquistador de las que habia sido objeto y testigo.

Y sin embargo, a pesar de los intentos de amordazarlas y como demuestra el incidente narrado por Levi, las tipicas victimas excrementales del viaje encuentran maneras reciprocas de vengarse del victimario. La mayor y mas frecuente ofensa contra Dios es cagarse en el, tal vez porque, como sugiere Luis Eduardo Aute, no es ilogico considerarnos su excremento (130). El mexicano Carlos Fuentes pone a cagar con desmesura hiperbolica a Felipe II en Terra Nostra:
 Y cuando no vomitaba sobreveniale una diarrea como de cabra, que
 inundaba de heces verdes el lecho de negras sabanas. Fueron
 traidos, de mala gana, unos criados que cubriendose las narices y
 las bocas con panos mojados, se metieron debajo del lecho y con
 cuchillos practicaron un hoyo entre los maderos y el delgado
 colchon de paja de la cama, por donde pudiera escurrirse la mezcla
 de mierda, orina, sudor, y pus. (885)


El monarca europeo defeca finalmente a la vista de todos y convierte en cloaca el Escorial, el palacio desde donde irradia su poder a todos los extremos de su imperio ultramarino. Lo mismo, y con identica sana y abundancia, habia hecho Juan Goytisolo con los hacendados cubanos de Juan sin Tierra (44-7), aunque aqui todavia se acometeria una venganza mayor. Mediante sus arteras maniobras discursivas, el texto de Goytisolo invierte las tornas y llega a proponer la idea de Espana, fatalmente contaminada ella misma por sus viajes y las consecuencias de estos, como fruto o excremento de America (Zamora 366-67), invocando asi el extremo de mayor panico para la cultura occidental. El miedo fundamental del europeo ante el americano no es probablemente la antropafagia, el ser devorado, sino mas bien la posibilidad de ser defecado despues, ya que eso revelaria el inevitable desorden y la final circularidad excremental anejos a todo viaje. Si el viajero renacentista se purgaba antes de partir para convertirse en un hombre nuevo, de alguna manera esa regeneracion solo se cumplia del todo cuando regresaba a su tierra en forma de excremento para asi fertilizarla.

Vanderbilt University

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(1.) Por lo que respecta al grabado que ilustra el texto de Vespucci, tomo la referencia del libro de John F. Moffitt y Santiago Sebastian, O Brave New People (161-62), y reproduzco la xilografia del de Ricardo Alegria (59). En cuanto al mapa de Munster, lo tomo del estudio de Graf citado en la bibliografia (70).

(2.) La presente divagacion es a modo de excrecencia de un articulo anterior, "La utopia excremental de Juan Goytisolo, escritor latinoamericano. Maneras de defecar(se) en la cultura occidental," del cual reproduzco aqui algunas frases y no pocas ideas.

(3.) En realidad, Vespucci habia anotado laudatoriamente, justo antes de su referencia a la desvergonzada manera de hacer aguas menores de los habitantes del Nuevo Mundo, que estos tenian especial cuidado y discrecion en que nadie los viera cuando habian de hacer aguas mayores, cuando tenian que defecar (143). Sin embargo, tanto el anonimo ilustrador de la edicion de Estrasburgo, como Moffitt y Sebastian en su libro o Ricardo Alegria en el suyo, prestan mucha mas atencion a la acusacion del florentino que a su elogio, el cual es ignorado. Lo cual prueba suficientemente que America se convirtio en la antonomasia de las partes bajas y ruines del cuerpo no solo debido a los escritos de exploradores autenticos o espurios, sino merced a la decidida colaboracion de sus receptores, que seleccionaron de esos escritos justamente lo que querian leer u oir.
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Author:Zamora, Andres
Publication:Annali d'Italianistica
Geographic Code:4EUSP
Date:Jan 1, 2003
Words:8818
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