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LA MITIFICACION Y DESMITIFICACION DEL JIBARO COMO SIMBOLO DE LA IDENTIDAD NACIONAL PUERTORRIQUENA.

Para muchos criticos y los puertorriquenos en general, la figura del jibaro representa la esencia de la nacionalidad puertorriquena. [1] El vocablo "jibaro" ha prevalecido en Puerto Rico para designar a los campesinos blancos. [2] Maria Teresa Babin en su libro La cultura de Puerto Rico (1986: 64) indica que "cuando decimos que alguien es un jibaro, cargamos el sentido de la denominacion con los atributos morales y espirituales que trascienden el hecho fisico de pertenecer esta persona a la raza blanca y de ser del campo". El jibaro, anade Babin, "representa lo mas entranable, resistente y puro de la nacionalidad puertorriquena". [3]

El tema del jibaro, segun se aplica al campesino puertorriqueno, se inicia con la aparicion de El gibaro (1849) de Manuel Alonso (1822-1889). Alonso, considerado como el patriarca de la literatura puertorriquena, era parte del grupo de estudiantes en la Universidad de Barcelona que iniciaron nuestra literatura con las publicaciones del Album puertorriqueno (1844) y el Cancionero de Borinquen (1849). Como otros escritores hispanoamericanos de la epoca, Alonso se vale del costumbrismo como vehiculo de expresion para indagar una identidad nacional propia. En la escena XX de El gibaro, Alonso ofrece un retrato fisonomico del puertorriqueno y los atributos que el consideraba tipicos de su personalidad:

Color moreno, frente

despejada,

Mirar languido, altivo y

penetrante,

La barba negra, palido

el semblante,

Rostro enjuto, nariz

proporcionada.

Mediana talla, marcha compasada;

El alma de ilusiones anhelante,

Agudo ingenio, libre y arrogante,

Pensar inquieto, mente acalorada,

Humano, afable, justo, dadivoso,

En empresas de amor siempre variable,

Tras la gloria y placer siempre afanoso,

Y en amor a su patria insuperable:

Este es, a no dudarlo, fiel diseno

Para copiar un buen Puerto-riqueno. (196-97)

Sin embargo, en la obra de Alonso, el puertorriqueno se define en terminos de la lengua, cultura y tradicion heredadas de los espanoles. La exaltacion del puertorriqueno en este poema se opone al cuadro general que el autor presenta del campesino o jibaro. La caracterizacion de esta figura en el libro de Alonso es semejante a la percepcion negativa del jibaro que tenia la elite puertorriquena durante el siglo XVIII. Ellos usaban el termino "jibaro" para referirse a la poblacion campesina nomada, indomita y poseedora de costumbres poco civilizadas y engendradoras de vicios. En el prologo a El gibaro, Alonso expresa que su intencion es "corregir las costumbres deleitando" (8). En el mismo promete ser "indulgente o severo". Sin embargo, Alonso es severo en la critica de las costumbres que presenta. Por ejemplo, en la escena IV bajo el titulo de "Un casamiento jibaro", Alonso describe un grupo de unas treinta personas que se dirigen a una boda. Todas ellas iban montadas a cabalio ("Ey que menos diba en yegua" y vestidas con atuendos ridiculos en los cuales se observa claramenre la influencia europea. Ello contrasta con la riqueza de los adornos y aparejos distinguidos de los caballos. Esta disparidad nos hace pensar que estos tales "jibaros" no son sino miembros de la clase privilegiada vestidos como campesinos. El lector tiene la impresion de una inversion carnavalesca. [4] Por otro lado, el desprecio de Alonso por el primitivismo de los "jibaros" se manifiesta mediante alusiones zoologicas para describir los personajes claves en este casamiento:

La mosa e cuando en cuando

Bia ar nobio e manera,

Que bien clarito le isia:

Peiro, tuya es esta prenda.

Y er sortaba caa buffo

De gusto ar miral su jembra

Que ni con er susuncoyda

Se cambiara aunque er quisiera. (51)

Ademas de poner de relieve el amor primitivo entre los novios, Alonso hace hincapie nuevamente en el comportamiento bestial de los jibaros cuando describe la exalatacion y algarrabia formada por estos cuando los novios salieron de la iglesia. Esas "bestias" emplean expresiones zoologicas, tales como "buey" y "novilla" para referirse vulgarmente a los novios. La vision que se nos presenta es la de una plebe inculta y soez:

Y con palos y con pieyras

Pegando en los mostraores

Y gorpeando las pueytas!

Er uno gritaba:juse,

Carabuco biray seja;

Er otro: mira; atarraya

Esa nobiya berrenda. (52)

En la escena VI, "El baile de garabato", Alonso pone de relieve el caracter pendenciero del jibaro. Aquf se presenta a un jibaro buscapleitos que arma una trifulca en el baile para probar su hombria a una moza. Despues que los participantes "se dieron mas cuchiyaas, y repartieron mas palos que un misa, que letras tiene un misal" (74), Ia moza interviene y se produce una reconciliacion. Esa tendencia del jibaro a violentarse a la menor provocacion aparece tambien en la escena VIII ("Una pelea de gallos"), en la que Alonso critica no solo esa costumbre sino el comportamiento del jibaro. En la escena previa, Alonso hace una alusion al gallo como animal celebre desde la antiguedad, los galleros y los jugadores y de las peleas, desafios, etc. Luego, Alonso examina su influencia moral y expresa su desco de que esta costumbre desaparezca "a medida que adelantemos":

Perdi ey juisio poy completo,

Y oyviandome dey sitio,

De la gente y de mi mesmo,

Cogi ey gayo pol las patas

Y se lo espete en los besos;

Nos agarramos, y muchos

Que se metieron pol medio

Nos lograron XILaray

Despues de luchal buen tiempo. (92)

Alonso concluye la escena condenando este vicio que sirve de ocasion de perder ci dinero destinado al sustento de la familia:

...y me boy pa casa

Sin mi gayo, y sin un medio,

Sin casne y sin mascaura

De tabaco malo o bueno. (92-93)

El caracter pendenciero del jibaro sale tambien a relucir en la escena XI, "La fiesta del Utuao". Un jibaro le cuenta a su compadre el escarmiento que rccibio en un baile que termino en una pelea y en el arresto de los contrincantes:

Comenso el sapateao,

cuando al jaser el rastriyo

Le pise a su enamorao

Er deo gordo dey pie;

Y como era renegao,

Hecho un mal rayo te palta.

Yo, que estaba incomodao

De enantes, lo arrempuje;

Y tambien arrempujao

En seguia yo me vide

Por aquel encamisao.

Metimos La daga,

Y en un bendito alabao

Nos tiramos al batey.

Jisimos un sambumbiao

En menos de dos menutos ... (127)

Como puede observarse, existe un gran contraste entre la definicion idealista de Alonso sobre el puertorriqueno y la realidad del jibaro que aparece en sus escenas costumbristas. Alonso era un miembro de la elite y lejos de reconocer el modo de vida de los campesinos puertorriquenos en estos cuadros costumbristas lo ye yio critica como expresion de atraso y primitivismo. Francisco A. Scarano en su estudio "The Jibaro Masquerade and the Subaltern Politics of Creole Identity Formation in Puerto Rico, 1745-1823" analiza los factores que contribuyeron a que la elite criolla y liberal de Puerto Rico durante el siglo XVIII y principios del siglo XIX se identificara con el campesinado puertorriqueno. Segun Scarano, "The Puerto Rican as jibaro trope was initially tied to the politics of a historically young, ascendant elite; as such, it formed part of the arsenal that this group used to advance a particular socioeconomic and political--that is, class--project" (1996: 1403). Scarano hace hincapie en el hecho de que l os escritores de esa elite expresaban su oposicion al gobierno colonial haciendose pasar por campesinos llamados jibaros. [5] A pesar de que estos escritores pertenecian a una clase privilegiada, estaban dispuestos a apoderarse de las costumbres plebeyas y a hablar en el vernaculo que consideraban despreciable y dificil como una forma de canalizar su critica social y politica al sistema colonial sin sufrir las consecuencias. Al mismo tiempo Scarano afirma que ello le permitia salvaguardar y obtener el maximo de ciertas ventajas de su condicion, sin trastornar las jeraquias existentes. Tambien explica que no es de sorprender que cuando Manuel Alonso publicara El gibaro en 1849, el se puso la mascara sin complicaciones o malentendidos (1996: 1404). Al examinar las costumbres y bailes que se describen en El gibaro, el lector puede percatarse que pertenecen generalmente a grupos mas privilegiados. De las veintiuna escenas que componen el libro, trece son en prosa y las ocho restantes son en verso. En los romances descriptivos usa la lengua campesina en la que se pretende imitar al jibaro. La reproduccion del vernaculo jibaro en esas escenas, delata la presencia de un escritor culto. [6] Ello se observa en la escena XV en la cual Alonso mismo pretende ser un jibaro de Caguas que recuerda con nostalgia desde Barcelona los tiempos de diversion que habia pasado con su amigo don Miguel Delgado.

En este primer tomo de El gibaro, Alonso y los escritores que lo precedieron, crearon sin proponerselo el mito del jibaro como icono nacional de la puertorriquenidad. En el segundo tomo de El gibaro (en la serie Clasicos puertorriquenos, 1970), las escenas de la vida campesina casi no aparecen. En "Perico y Pretona", romance jibaro repartido en la fiesta de la inaguracion del tranvia de la capital a Rio Piedras, Alonso presenta a un jibaro que baja al pueblo para agradecerle a don Pablo Ubarri el establecimiento del primer tranvia de vapor en Puerto Rico en 1880. Este jibaro explica el susto que tanto el como su yegua recibieron al ver por primera vez el tranvia que parecia cosa de brujeria. Igual asombro le causa ver la multiplicidad racial de los que viajaba en el tren:

Venian de gentes yenas

De toas filosumias

Y de toas aparensias,

Asombrao estaba yo

Con tamana boca abierta ... (158)

El jibaro que aparece en "La negrita y la vaquita" es sagaz y adulador. Una vez mas, Alonso atribuye otras connotaciones negativas a esta figura y al mismo tiempo se aprovecha para criticar la adulacion sociopolitica.

El dramaturgo Ramon Mendez Quinones (1847-1889) continua la tradicion del criollismo iniciada por Alonso. Mendez Quinones se vale del humor para presentar en sus obras diversos aspectos de la vida del jibaro. En Los jibaros progresistas (en Laguerre y Melon, El jibaro: simbolo y figura, 1968: 212-49) los jibaros aparecen ridiculamente vestidos y se trata de imitar el habla campesina. Al igual que en muchas escenas de El gibaro, en Los jibaros progresistas, todo termina con musica y baile. Como Alonso, Mendez Quinones ridiculiza la figura del jibaro y se aprovecha de este para criticar indirectamente el gobierno represivo del Teniente General Juan de la Pezuela y del regimen espanol sin sufrir las consecuencias.

Otros escritores importantes de la epoca, tales como Salvador Brau y Manuel Zeno Gandia, entre otros, tampoco veian en el campesinado puertorriqueno la encarnacion de la identidad nacional. Salvador Brau (1842-1912) en Disquisiciones sociologicas (1886) hace un diagnostico de la miseria social del campesinado puertorriqueno. Brau escribe en una epoca en que solo el 19 porciento de la poblacion de Puerto Rico vivia a en los centros de poblacion y el 81 porciento se encontraba diseminado en los campos. Por lo tanto, la palabra "jibaro" se aplicaba a un gran sector de la poblacion:

Cuando la palabra jibaro, cuya definicion corresponde en nuestros dias a las voces rustico, ganan o paleto, usadas en la Peninsula . . . se oye aplicar, en nuestra culta capital, y no por labios de los europeos, a todo el que ha nacido fuera de sus viejas murallas . . . (16)

En el ensayo "La campesina" (en Disquisiones sociologicas, 1886), Brau defiende las victimas acusadas injustamente de ser autoras de sus prapios males. Sin embargo, Brau no deja de senalar los vicios que plagan a ese grupo. Dicho ensayo constituye una defensa del derecho de la proletaria jibara a recibir una educacion. [7] Para Brau, el problema del aislamiento, la promiscuidad y la indolencia de la mujer campesina se resolveran ensenadola a leer, educandola. Brau no encuentra que las cualidades de sobriedad y arraigados sentimientos religiosos que se le atribuyen exageradamente a los campesinos, sean dignas de loa en estos. Por el contrario, segun Brau, la sobriedad tiene su origen en la falta de alimentos, y la religiosidad es primitiva y esta plagada de supersticiones. Brau critica costumbres, tales como, los rosarios cantados, los velorios y las promesas.

Para Manuel Zeno Gandia (1855-1930), considerado como la figura mas destacada del naturalismo en la literatura puertorriquena, el campesinado puertorriqueno tampoco representaba el alma nacional puertorriquena. En su novela La charca (1894) presenta el mundo de los campesinos puertorriquenos hacia fines del siglo XIX. El titulo de la obra sirve para simbolizar el estancamiento, descomposicion y podredumbre de la vida de los campesinos en la zona cafetalera del interior de la isla. Desde el primer capitulo Zeno Gandia, quien no utiliza la palabra "jibaro" ni una sola vez en toda la novela, destaca caracteristicas negativas de la personalidad del campesino: la insaciable promiscuidad, la tendencia a la poligamia, las relaciones de incesto, el alcoholismo, la inclinacion al juego y a la violencia, y la irresponsabilidad como proveedor para la familia:

Como era sabado y se habian cobrado los jornales, las hombres solo pensaban en beber. Iban a casa de Andujar a pagar las deudas de la semana, y, copa va y copa viene, se les pasaba el tiempo y se les iba el dinero. (14)

En el segundo capitulo, el personaje de Juan del Salto, caballero y rico propietario que queria reivindicar la vida de los campesinos, sirve de portavoz a las opiniones de Zeno Gandia a sobre el campesinado. Para el, el campesino era "una muchedumbre de contornos inciertos, borrosos, indecisos ... Un haz de retorcidos sarmientos en que vicios y virtudes se enredan ... raza inerme que sucumbe bajo la accion selectiva de la especie" (27). A lo largo de toda la novela el narrador emplea frases despectivas, tales como: "masa de palidos", "tumba de vivos", "plebe palida", "masa acobardada y muda", entre otros. Asi lo confirma Arlyn Sanchez de Silva (La novelistica de Manuel Zeno Gandia, 65) cuando indicaque "la novela recoge entonces una vision pesismista de los campesinos, a los cuales presenta coma seres indolentes, enfermizos, ignorantes y acobardados." La actitud de Zeno Gandi a hacia el campesinado puertorriqueno coincide con la vision de la elite criolla en el siglo XVIII. El interes de Zeno Gandia y de otro s escritores del siglo diecinueve por el campesinado puertorriqueno fue siempre, como senalara Jose Luis Gonzalez en Conversacion con Jose Luis Gonzdlez (Diaz Quifiones, 67), un interes critico, animado por el deseo de mejorar las condiciones de vida de la poblacion rural sacandola del atraso que abrumaba su existencia en todos los ordenes.

Durante el periodo modernista en Puerto Rico, el prosista Miguel Melendez Munoz tambien abordo el tema del jibaro. [8] En su obra el jibaro pasa a ser una figura central. Ello coincide con la segunda etapa del modernismo en la que el lirismo personal alcanza manifestaciones intensas y prevalece el ansia de captar la vida y el ambiente de los pueblos de America. En la prosa de Melendez Munoz puede observarse un regodeo artistico en la descripcion del paisaje rural. Por ejemplo, en "La tristeza campesina", (El jibaro de Puerto Rico: simbolo y figura, 1968: 48-50) el escritor evoca la tristeza del paisaje que se entreteje con la tristeza en el alma de campesino al no poder poseer la tierra que explotan las corporaciones. Melendez Munoz indentifica Ia desaparicion de las "hermosas, sencillas y pintorescas tradiciones" con el espiritu nacional de Puerto Rico. En Por los caminos de Puerto Rico Melendez Munoz describe al campesino adaptado a la topografia montanosa y cuyas veredas le sirven de contacto con el mundo civilizado de la ciudad:

Como baja de las montanas a los mercados las productos de su finca, coma va a los pueblos a comprar mercaderias que necesita para su consumo, asi toda su vida desciende y sube por esos caminos. Par ellos rapta a su hembra en la grupa de su caballo. Por ellos va ala iglesia, o al Juzgado a contraer sus primeras nupcias, a bautizar a sus hijos, a la Corte por "molde e un retocito con el amigo a quien le propino unos aranasitos, con una jusiyita asina, y conduce a sus muertos defuntos". (53)

Segun se observa, este campesino posee tierra, pero la descripcion de ciertas cualidades no defieren de las caracterizaciones previas. En "De susquin ... susquineao", Melendez Munoz identifica el verbo susquinear (soslayar) con los campesinos puertorriquenos y la gente del pueblo. Cuando habla de "autentica puertorriquenidad", Melendez Munoz no hace distincion entre el jibaro de las montanas y el hombre del pueblo. El jibaro de Melendez Munoz es una figura estilizada.

Como los prosistas, los poetas modernistas tambien idealizan la figura del jibaro. Virgilio Davila (1869-1943) en su poema "La jibarita" (en Luis Hernandez Aquino, Modernismo en Puerto Rico, 1976) nos presenta a la jibara como un ser pobre y desvalido. Los adjetivos que usa para referirse a esta denotan la persistencia de elementos del romanticismo. La jibarita es palida, inocente, pura y bella:

[blank.sub.j]Y es bella! Son sus ojos humedecidos murtas

prendidas en jirones de cielo tropical;

su talle y pie menudos, sus labios fueron hechos

de Ia rosada pulpa que brinda la guayaba,

y son sus blancos dientes batones de azahar. (40)

En el poema "El jibaro", Davila destaca varias cualidades del jibaro: trabajador, madrugador, orgulloso, patriota, amante de las peleas de gallos, la musica y el baile. Pero el jibaro de Davila es tambien educado y blanco:

Yo se del libro de un Cervantes

que, con sus prosas elegantes,

en un hidalgo --Don Quijote-- a todo un pueblo retrato;

se del hidalgo alguna hazana;

Y si ese hidalgo era de Espana,

poner en duda no es posible que de esparnoles vengo yo. (37)

Luis Llorens Torres (1876-1944), otro poeta modernista, tambien nos ofrece una vision idealizada del jibaro. Llorens Torres es considerado el poeta nacional de Puerto Rico y fundador de la Revista de las Antillas (1913-1914), donde se centraron los poetas del modernismo puertorriqueno. Su poema "El zapatito azul" empieza en un palacio encantado y luego pasa a un alcazar granadino, Venecia, Paris y Nueva York, para terminar en una montana de Puerto Rico:

Una tarde, de nubes horras,

en mi montana me interne.

Tras un maizal, llegue a un bohio,

frente a la puerta me pare,

y a una criolla borinquena,

palida flor, le pregunte:

[Upside down question mark]de quien sera este zapatito,

de que rosado y lindo pie?...

Ella encendiendose, en la amapola

de su inocente sencillez.

Y cuando, herida por mis ojos,

batio sus faldas al correr,

vi un zapatito igual al mio ...

Y vi desnudo el otro pie. (El modernismo en Puerto Rico, 53-54)

El hecho de que el poema termina con el triunfo de lo criollo demuestra que para Llorens Tortes la autenticidad residia en el jibaro de la montana. Es curioso notar que tanto para Llorens Tortes como para Virgilio Davila, la jibarita es blanca. Esa vision, sin embargo, cambiara con Luis Pales Matos (1898-1959), escritor que se inicio como modernista, pero que asumio otra vertiente: el cultivo del tema negro. El tema negro, componente de la etnografia puertorriquena, casi no se toca en la poesia antes del siglo XVIII. [9] Cesareo Rosa-Nieves en su libro La poesia en Puerto Rico (239-44) indica que en 1873, ano que marca la abolicion de la esciavitud en Puerto Rico, aparecen canticos liricos que festejan este acontecimiento. [10] Entre los poetas que cultivaron este tema estan: Jose Gautier Benitez (1848-1880), Salvador Brau (1842-1912), Jose G. Padilla (1829-1896), Jose Antonio Daubon (1840-1923), Virgilio Davila (1869-1943) y Luis Llorens Tortes (1876-1944). Luis Pales Matos, aunque tambien escribio poemas "j ibaros", no veia en el jibaro la esencia de la puertorriquenidad. En una entrevista en 1926 que aparece en Luis Pales Matos: Poesia completa y prosa selecta (1988: 207), Pales Matos afirmo que "el bohio, la jibarita sentimental, madrugadora, el gallo camaguey. el tiple mujeriego y sensual, todo en tan poco espacio de nuestra vida, esta ya tan distante de nosotros como la Torte Eiffel y el caballo blanco de Napoleon". En 1932, en una entrevista que le hizo para el periodico El Mundo la periodista Angela Negron Munoz, Pales Matos critico a Llorens Torres por la pintura del jibaro campesino de descendencia hispanica y pot hacer abstraccion del negro. Declaro que "el negro vive fisica y espiritualmente con nosotros y sus caracteristicas, tamizadas en el mulato, influyen de modo evidente en todas las manifestaciones de nuestra vida popular" (216). [11] En el estribillo a su poema "Cancion festiva para ser llorada", Pales Matos identifica el negro como elemento que define las Antillas:

Cuba-- nanigo y bachata--

Haiti-- vodu y calabaza--

Puerto Rico-- burundanga--. (158)

Despues de la invasion estadounidense de 1898 y ante la situacion politica del pais, los intelectuales puertorriquenos, particularmente los de la Generacion del Treinta, intentaron contestar las preguntas: Que somos? Hacia donde vamos? En busqueda de respuestas a sus preguntas se vieron obligados a mirar hacia atras, hacia lo que iban perdiendo. Estos intelectuales, miembros de una elite que se sentia portadora de la renovacion y el progreso, pero que de esa fecha en adelante se via despojada de su papel de clase dirigente, se vieron obligados a refugiarse en el tradicionalismo ruralista que hasta entonces habia despreciado. [12] Para ello, retornan a El gibaro y hacen una lectura idealizada de la obra de Alonso. Al igual que este, los escritores de la Generacion del Treinta definen al puertorriqueno en terminos de la lengua, cultura y tradicion espanolas. Antonio S. Pedreira, uno de los maas destacados ensayistas de dicha generacion, en su afan de busqueda y afirmacion del puertorriqueno escribe "La actuali dad del jibaro", (El jibaro de Puerto Rico: simbolo y figura., 1968: 7-24). A Pedreira le preocupaba que la presencia de los Estados Unidos con "otras leyes, otro idioma, otra metropolis, otra religion, otra manera de ver, de pensar y de sentir, otros problemas, otras urgencias" destruyera "las cosas de adentro, que forman el tesoro mas preciado de nuestra personalidad." [13] Segun Pedreira, ello lo constituye, el jibaro. Para ello, traza sus manifestaciones en la literatura que divide en "primer ciclo" y "segundo ciclo". Pedreira hace una clasificacion arbitraria de "jibaros modernos" y "jibaros historicos". Aunque rechaza la etiqueta de jibaro para referirse exclusivamente a la poblacion rural, su definicion de jibaro autentico, de "jibaros-jibaros" coincide con la del hombre de la montana:

A veces lo encontramos par las carreteras, con el machete al cinto a la azada al hombro, con los pantalones al tobillo, oliendo la tierra y a maleza, sombreado el rostra por el sombrero de paja, el paso de regreso apurado, coma si las largas horas de faena no hubiesen hecho mella sobre su cuerpo ... Cree en los curanderos y cultiva ciertas supersticiones. De su boca fluyen con frecuencia numerosas palabras obsoletas y de vez en cuando "golpes" tipicos. Es munocista y catolico, por tradicion; tiene su gallo en condiciones y en cuclillas lo observa desde el batey: limpio cuadro de tierra coma la palma de la mano. Es madrugador y si no hay baile o velorio que se lo impida se acuesta temprano. Es aficionado a la musica y compone decimas con relativa faciidad ... Par una ofensa personal "se pica en cantitos" con cualquiera y con "cuatro palos" en la cabeza nadie es mas que el. (23)

La descripcion de Pedreira no dista mucho del tipo que nos presenta Alonso. Sin embargo, para Pedreira, como para otros miembros de su generacion, salvo Ia dicotomia campo-ciudad, el termino "jibaro" no tiene la connotacion negativa que se le atribuia a al jibaro durante el siglo XVIII sino el nuevo significado positivo que empezo a adquirir el termino a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Aunque Pedreira no hace hincapie en la fisonomia del jibaro, puede inferirse que por su manera de hablar con "numerosas palabras obsoletas" que se trata de un campesino blanco. Pedreira continua aferrado a la hispanofilia sentimental de los miembros de su generacion. Otros escritores, opuestos a la vision "blanqueada" del puertorriqueno y a la tematica jibarista, definen la puertorriquenidad afirmando el legado afroantillano postulado por Luis Pales Matos. Uno de ellos fue Jose Luis Gonzalez (1926-1996) con la publicacion de su coleccion de cuentos El hombre en la calle (1948). Con esta obra, Gonzalez se rebe la contra el ruralismo anacronico e inicia una nueva corriente en la literatura puertorriquena, el Puerto Rico urbano y semiurbano. En ese mismo ano, Abelardo Diaz Alfaro (1919-1999) publica su libro Terrazo. Francisco Manrique Cabrera, (Historia de la literatura puertorriquena, 1971: 321) senala que Terrazo "es la briosa reaparicion del nativismo criollo que justamente un siglo antes de Diaz Alfaro habia iniciado Alonso con El gibaro". Sin embargo, en este libro Diaz Alfaro prolonga la vision rural de Puerto Rico y la idealizacion del jibaro. Muchos de los cuentos y cuadros que componen la coleccion presentan miticamente los sufrimientos del jibaro. Como los escritores anteriores, los personajes jibaros son blancos. En el cuento "El fruto" se pone de relieve "la faz blanca" (40) del nino moribundo, y el protagonista "don Goyito" es un campesino "paliducho". Pero es en el cuento "Tres historias de Peyo Arce" en el que el maestro "jibaro" representa la puertorriquenidad que lucha contra los valores estadounide nses.

En 1978, Gonzalez publica Balada de otro tiempo en la que intenta decir la ultima palabra en el enfrentamiento ciudad-campo en la literatura puertorriquena y trata nuevamente de ponerle fin a la idealizacion racial y cultural del jibaro. [14] La obra empieza con dos epigrafes. El primero es un fragmento de un poema de Luis Llorens Torres en el que exalta la "jibarita blanca" y el segundo es un fragmento de la segunda version del poema "Mulata-Antilla" de Pales Matos. Desde el principio se establece una dicotomia entre dos distintas tradiciones literarias, raciales y culturales. Con el titulo, satiriza la idealizacion de la figura del jibaro y sugiere que ese cantico romantico debe quedar relegado a un pasado remoto. En esta novela corta, Gonzalez trata de conciliar el legado europeo y el afroantillano al definir al puertorriqueno en terminos de su hibridez racial. Pero es con su ensayo "El pais de cuatro pisos" (1980) cuando Gonzalez pone en tela de juicio la llamada "cultura nacional" puertorriquena cuando afirma:

Si la sociedad puertorriquena siempre ha sido una sociedad dividida en clases, y si, ... en toda sociedad dividida en clases coexisten dos culturas, la de los opresores y la de los oprimidos, y si lo que se conoce coma "cultura nacional" es generalmente la cultura de los opresores, entonces es forzoso reconocer que lo que en Puerto Rico siempre hemos entendido por "cultura nacional" es la cultura producida por la clase de los hacendados y los profesionales ... (1984: 18)

Segun Gonzalez, esa "cultura nacional" es sinonima a la cultura de la elite representada por los hacendados, profesionales y criollos liberales. De acuerdo a Gonzalez, esa cultura ha sido estudiada por los intelectuales de la clase dominante como folklore escamoteando la verdadera significacion de la autentica cultura puertorriquena, la de los oprimidos: la cultura popular. Esta constituye la base en ese pais de cuatro pisos. [15] Esa cultura de los oprimidos tiene tres raices historicas: la taina , la africana y la espanola. Dado el hecho de que los indios fueron exterminados unas decadas despues de la conquista, Gonzalez senala que de esas tres raices "la mas importante, por razones economicas y sociales, y en consecuencia culturales, es la africana" (19). Por lo tanto, Gonzales afirma que "los primeros puertorriquenos fueron en realidad los puertorriquenos negros" (20). Gonzalez defiende el caracter esencialmente afroantillano de la cultura popular puertorriquena. En su ensayo desmirifica la figura del jib aro como simbolo de la identidad nacional cuando senala que los escritores mas representativos de la burguesia criolla en el siglo XX han hecho "lo que hicieron los del siglo anterior: ver en el campesinado fundamentalmente blanco--es decir, en el "jibaro"--la encarnacion mas depurada del "alma nacional" (80). Segun Gonzalez, esos primeros "jibaros" adoptaron, por razones economicas, los habitos, comidas y vestimenta de los negros. En cuanto a la mitificacion del mundo de las haciendas cafetaleras en el siglo XX como epitome de la puertorriquenidad, Gonzalez indica que "fue en realidad un mundo dominado por extranjeros cuya riqueza se fundo en la expropiacion de los antiguos criollos, y en la explotacion despiadada de un campesino nativo que hasta entonces habia vivido en una economia de subsistencia" (23).

En la ultima decada se han publicado dos memorias que tratan el tema de la jibaridad: Con valor y a como de lugar: Memorias de una jibara puertorriquena (1994) de Carmen Luisa Justiniano (1918-1992) y Cuando era puertorriquena (1994) de Esmeralda Santiago. En Con valor y a como de lugar, Justiniano, que a la edad de 19 anos salio de Puerto Rico hacia Nueva York y regresa a su pais natal despues de 30 anos, documenta lo que significo para ella crecer como "jibara" en la decada de los anos veinte y treinta en varias regiones cafetaleras en el area oeste de Puerto Rico, especialmente en el barrio Bucarabones de Maricao. [16] La obra de Justiniano es importante porque nos ofrece un testimonio de una mujer de campo, con todos los detalles de las faenas domesticas cotidianas de la epoca, los valores, la violencia rural, el acoso sexualy el prejuicio racial de los jibaros, entre otros. [17] La obra desmitifica ese paraiso perdido de los jibaros que tantos escritores se han empenado en exaltar. En Cuando era puertor riquena, Santiago pone de manifiesto la doble percepcion que tienen los puertorriquenos hacia el jibaro desde su aparicion en la literatura:

Poemas y cuentos relatando las privaciones y satisfacciones del jibaro puertorriqueno era lectura obligatoria en cada grado de la escuela. Mis abuelos, a los cuales yo debia respetar tanto como querer, me parecian a mi jibaros. Pero yo no podia serlo, ni podia llamar a nadie jibaro, porque se ofenderian. Aun a la edad tierna, cuando todavia no sabia ni mi nombre cristiano, me dejaba perpleja la hipocresia de celebrar a una gente que todos despreciaban. (15-16)

En las memorias de Santiago, la puertorriquenidad no se define en terminos de "jibaridad". Tampoco implica exclusivamente homogeneidad linguistica o cultural sino que se define en terminos mas amplios y complejos.

Al cumplirse un siglo de la invasion estadounidense y ante las preguntas, [Upside down question mark]que somos? [Upside down question mark]hacia donde vamos?, algunos intelectuales puertorriquenos continuan definiendo la identidad individual o colectiva en terminos de jibaridad o en terminos de homogeneidad etnica, cultural y linguistica. En Puerto Rico, como en el resto del Caribe, existe una constante tendencia hacia la busqueda de un paraiso perdido tanto en el sentido politico-ideologico como sociocultural. De ahi a que siempre en el Caribe, como senalo Antonio Benitez Rojo (La isla que se repite, 290), "haya grupos que "intenten recuperar lb africano, o lo europeo, o lo criollo, mientras otros hablan de ir a una sintesis racial, social y cultural que se dibuja como un mundo "nuevo". En Puerto Rico esa tendencia se hace evidente en la constante mitificacion y desmitificacion del jibaro en la literatura. Muchos escritores y criticos que intentan definir la identidad puertorriquena se olvidan de la complejidad caribena de la que forman parte y las transform aciones constantes del sujeto en una sociedad multicultural y multiracial.

Notas

(1.) Para los campesinos puertorriquenos que emigraron a Hawaii a principios del siglo XX, contratados para trabajar en las plantaciones, y sus descendientes, el termino "jibaro" define su identidad. Estos puertorriquenos en Hawaii se aferran tenazmente a la herencia indigena y espanola. EL vocablo representa los valores mas entranables de su puertorriquenidad que no se asocian necesariamente con el lenguaje o ciertas comidas o tradiciones, sino con la musica. Estos puertorriquenos rechazan todo lo que constituya influencia africana. Para un estudio completo, vease el articulo de Ted Soils, "Jibaro Image and the Ecology of Hawai'i Puerto Rican Music Instruments" (Latin American Music Review 16, no.2, [Fall / Winter 1995], 123-53).

(2.) Cabe mencionar que, como senalara Santamaria, la g y la j se usaron al principio indistintivamente en el vocablo, pero pronto prevalecip el empleo de la j, tanto en el sustantivo como en sus derivados. Para examinar las distintas connotaciones del termino, vease a Francisco J. Santamaria, Diccionario general de americanismos (Mexico: Editorial Pedro Robredo, Tomo II, 1942), 145-46. En cuanto a la aparicion del termino en la literatura antes de la segunda decada del siglo XIX, vease el libro de Eloisa Rivera Rivera, La poesia en Puerto Rico antes de 1843 (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1981), 295-99.

(3.) Maria Teresa Babin, La cultura de Puerto Rico (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1986), 64.

(4.) Bajtin afirma que en el Carnaval, contrario a las fiestas oficiales que tenian por finalidad la consagracion de la desigualdad, todos eran iguales y reinaba el conracto libre y familiar entre individuos XILarados normalmente en la vida cotidiana por barreras de fortuna, edad, situacion familiar, etc. ... Vease Mijail Bajtin, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, trad. Julio Forcat y Cesar Conroy (Barcelona: Barral Editores, 1974), 15

(5.) Segun Scarano, para la elite urbana los campesinos existian como figuras vagas y distantes. Se les veia como personas indomitas, agrestes, rusticas, nomadas, perezosas e inclinadas a los vicios. Vease, Francisco A. Scarano, "The Jibaro Masquerade and the Subaltern Politics of Creole Identity Formation in Puerto Rico, 1745-1823" (The American Historical Review 101, no. 4, [1996]: 1414-41). Por razones politicas, economicas y sociales, la elite criolla y liberal puertorriquena empezo ambiguamente a identificarse con una cualidad del jibaro que antes despreciaba: su caracter indomable. Esta intimidad con una clase vista como inferior, le sirvio como un arma de resistencia contra la elite conservadora del momento y, posteriormente en la segunda decada del siglo XIX, contra el incremento de extranjeros conservadores que alteraron la composicion etnica y el balance politico de la elite puertorriquena en la cual los criollos liberales pasaron a ser una minoria. Scarano afirma que:

... in donning the jibaro mask, they sought to safeguard the moment of political triumph. The assumption of a jibaro identity to express support for the constitution and for progressive measures like the XILaration of the military offices signaled the creoles's identification of their liberal project with a distinctive ethnicity. The masquerade grounded this project in a unique Puerto Rican set of claims and sensibilities ... the liberal's identity trope allowed them to claim that theirs was the truest, most representative, and most inclusive of the projects in contention. (1430)

(6.) Manuel Alonso represento las particularidades del lenguaje popular de Puerto Rico en algunos de los romances incluidos en su libro El gibaro. Tomas Navarro en su libro El espanol de Puerto Rico (Rio Piedras: Editorial Universitaria, 1966) indica que gracias a esta obra "podemos ver que en el espanol que se hablaba hace cien anos entre los campesinos puertorriquenos ocurrian modificaciones foneticas que en resumen se pueden enumerar de este modo: arcaismo vocalico, menuto, rusian; asimilaciones y disimilaciones: isil, pidian, riales; seseo: cabesa, carsones; yeismo: yevan, briyan; aspiracion de la h: jecho, jembra; supresion de la d: algoon, mieo; igualacion de / y r: cuelpo, parmillo; cambio de / y r en i: pueita, aiguno y palatalizacion de rl entre infinitivo y pronombre: comeyo,jugayo", 34.

(7.) En este ensayo, aunque Brau considera que la educacion de la mujer era mas importante que la del hombre porque a ella corresponde la educacion de los hijos y permanece mayor tiempo en el hogar, Brau aboga por la alfabetizacion total. Tambien defiende la implantacion de las escuelas mixtas.

(8.) El transcurso del modernismo en Puerto Rico fue breve. Los escritores puertorriquenos no fueron enteramente modernistas. El modernismo fue principalmente en la tecnica. Aun en el exotismo caracteristico de este movimiento, generalmente los prosistas y poetas terminan su fuga en Puerto Rico. Segun Hernandez Aquino, "Nuestros poetas y escritores modernistas lograron... dar impulso y renovacion a las letras puertorriquenas, despertar la conciencia patria, defender la tradicion y la lengua en los momentos cruciales de transicion historica y cobrar un sentido de universalidad...", Luis Hernandez Aquino, El modernismo en Puerto Rico (San Juan: Ediciones De La Torre, 1967), 11.

(9.) Eloisa Rivera Rivera, La poesta en Puerto Rico antes de 1843 (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1981), 295.

(10.) Cesareo Rosa-Nieves, La poesta en Puerto Rico (San Juan: Editorial Campos, 1958), 237-44.

(11.) Margot Arce de Vazquez, ed. Luis Pales Matos: Poesta completa y prosa selecta (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1988), senala que estas declaraciones hechas por Pales Matos en 1932 para el periodico El Mundo causaron gran polemica entre los escritores puertorriquenos quienes se oponian a identificar la realidad puerrorriquena o antillana con lo negro.

(12.) Arcadio Diaz Quinones, Conversaciones con Jose Luis Gonzalez (Rio Piedras: Editorial Huracan, 1977), 67.

(13.) Francisco Manrique Cabrera, Historia de la literatura puertorriquena (Rio Piedras: Editorial Cultural, 1971), 321.

(14.) En Conversacion con Jose Luis Gonzalez, Gonzalez afirma que comenzo a escribir ese texto en 1963 y cuyo tema era un adulterio y el castigo de ese adulterio entre campesinos puertorriquenos en los anos treinta. Anos mas tarde descubrio que el tema "no era el adulterio en cuestion sino la coexistencia en Puerto Rico de dos mundos distintos e incluso contrapuestos: el de la montana y la costa" (56-57).

(15.) Jose Luis Gonzalez, El pats de cuatro pisos (Rio Piedras: Ediciones Huracan, 1984), 19.

(16.) Cabe mencionar que Pablo Justiniano Irizarry e Isabel Ruiz Justiniano, padres de la escritora, al igual que otras personas que forman parte de su testimonio, aparecen bajo una luz bastante negativa. Al igual que la autora, me crie en los barrios de Bucarabones e Indiera Baja y conoci tanto a los padres de Justiniano (con los que pasaba largas horas en su hogar durante mi ninez y adolescencia) como a muchas de las personas que aparecen en su libro. Aunque concuerdo con la caracterizacion de muchas de estas, pienso que Justiniano no ha presentado un cuadro completo de sus padres al omitir la transformacion religiosa de estos, quienes fueron pioneros del pentecostalismo en el barrio Bucarabones e Indiera Baja.

(17.) El prejuicio racial de los jibaros hacia los negros fue documentado por el escritor y lider anexionista Jose Celso Barbosa en su libro Problemas de razas y citado por Arcadio Diaz Quinones en El prejuicio racial en Puerto Rico (Rio Piedras: Ediciones Huracan), 33.

Obras consultadas

Alonso, Manuel. El gibaro. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1967.

_____. El jibaro. Rio Piedras: Editorial Cultural, 1970.

Babin, Maria Teresa. La cultura de Puerto Rico. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1986.

Bajtin, Mijail. La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, trans. Julio Forcat y Cesar Conroy. Barcelona: Barral Editores, 1974.

Benitez Rojo, Antonio. La isla que se repite. Hanover: Ediciones del Norte, 1989.

Brau, Salvador. "La campesina". En Disquisiciones sociologicas. Puerto Rico: Imprenta de Jose Gonzalez Font, 1886.

Davila, Virgilio. Aromas del terruno. San Juan: Editorial Cordillera, 1966.

Diaz Alfaro, Abelardo. Terrazo. San Juan: Imprenta Venezuela, 1947.

Diaz Quinones, Arcadio. Conversacion con Jose Luis Gonzalez. Rio Piedras: Ediciones Huracan, 1977.

_____. El prejuicio racial en Puerto Rico. Rio Piedras: Ediciones Huracan, 1985.

Gonzalez, Jose Luis. Balada de otro tiempo. Rio Piedras, 1978.

_____. Literatura y sociedad. Mexico: Fondo de Cultura Economica, 1976.

_____. El pais de cuatro pisos. Rio Piedras: Ediciones Huracan, 1984.

Hernandez Aquino, Luis. El modernismo en Puerto Rico. San Juan: Editorial Universitaria, 1976.

Justiniano, Carmen Luisa. Con valor y a como de lugar: Memorias de una jibara puertorriquena. Rio Piedras: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1996.

Laguerre, Enrique A, y Esther M. Melon, Eljibaro de Puerto Rico: simbolo y figura. Sharon, CT: Troutman Press, 1968.

Manrique Cabrera, Francisco. Historia de la literatura puertorriquena. Rio Piedras: Editorial Cultural, 1971.

Navarro, Tomas. El espanol en Puerto Rico. Rio Piedras: Editorial

Unversitaria de Puerto Rico, 1966.

Pales Matos, Luis. Poesia completa y prosa selecta. Venezuela: Biblioteca Ayacucho, 1988.

Pedreira, Antonio S. "La actualidad del jibaro." En Eljibaro de Puerto Rico: simbolo y figura, ed. Enrique A. Laguerre and Esther M. Melon. Sharon, CT: Troutman Press, 1968.

_____. Insularismo. Santo Domingo: Editora Alfa & Omega, 1985.

Rosa-Nieves, Cesareo. La poesia en Puerto Rico. San Juan: Editorial Campos, 1958.

Rivera-Rivera, Eloisa. La poesia en Puerto Rico antes de 1843. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1981.

Sanchez de Silva, Arlyn. La novelistica de Manuel Zeno Gandia. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriquena, 1996.

Santamaria, Francisco J. Diccionario General de Americanismos. Vol. II. Mexico, DF: Editorial Robredo, 1942.

Santiago, Esmeralda. Cuando era puertorriquena. New York: Vintage Books, 1994.

Scarano, Francisco A. "The Jibaro Masquerade and the Subaltern Politics of Creole Identity Formation in Puerto Rico, 1745-1823." The American Historical Review 102, No. 4 (1996), 1398-431.

Solis, Ted. "Jibaro Image and the Ecology of Hawai'i Puerto Rican Musical Instruments." Latin American Music Review 16, No. 2 (1995), 123-53.

Zeno Gandia, Manuel. La charca. Barcelona: Ediciones Puerto, 1973.
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Author:Torres-Robles, Carmen L.
Publication:Bilingual Review
Date:Sep 1, 1999
Words:6791
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