Printer Friendly

El espacio domestico como espacio epico en La Vida de Miguel de Castro.

LA Vida de Miguel de Castro (1) no vio la luz hasta que el bibliofilo Paz y Melia la publico en su edicion de 1900, mas tarde reeditada en 1949 e incluida por Jose Maria de Cossio en su antologia de Autobiografia de soldados. Por todos ellos esta considerada dentro del genero de "biografias de soldados". Pero al mismo tiempo, con la excepcion de Serrano y Sanz, que considera a Miguel de Castro como "prototipo del miles gloriosus" (130), todos los criticos de esta obra recalcan su falta de ejemplaridad en el marco del genero. Como senala Cossio en su edicion, "ni su vida, ni su caracter, autorizan para presentar a Miguel de Castro como figura representativa del soldado espanol aventurero de Italia. En su relato pesan mucho mas los acaeceres privados, la relacion de sus tretas y amorios, que la actividad propiamente militar" (xxvi). El modelo es, como todos consideran unanimamente, el Discurso de mi vida del Capitan Alonso de Contreras, con quien todos los comentaristas lo comparan y que se presenta como el modelo central a partir del cual se ha caracterizado el genero de "biografias de soldados". Acumulador tanto de hazanas belicas como canallescas, mujeriego, pendenciero y corsario, Alonso de Contreras recorrio practicamente todos los frentes del imperio espanol a principios del siglo XVII: el Mediterraneo, Flandes y America, sin olvidar las "fronteras interiores" de la Peninsula, participando en el problema morisco, internandose como ermitano en los yermos de Aragon o procurando favores y encomiendas en la Corte. Cosecho un enorme exito, y prueba de ello es su amistad con Lope de Vega, quien le dedico una de sus comedias, El rey sin reino. Nada mas opuesto a Miguel de Castro, quien apenas tiene en comun con el el hecho de haber sido soldado y contar su propia vida. En el aspecto belico, solo participa como un soldado anonimo, a menudo aquejado de cierta empatia con el enemigo.

En el mejor de los casos, la descripcion neutra de los hechos militares aparece solo como referencia a batallas o a operaciones de corso que el solo conoce de oidas. En contraste, toda su atencion se concentra en sus relaciones sentimentales, mayoritariamente con prostitutas, sobre todo la que mantiene en Napoles con la cortesana espanola Luisa de Sandoval, que ocupa unas tres quintas partes del texto. Y, sin embargo, a pesar de la presencia constante y obsesiva de Luisa de Sandoval, resulta dificil afirmar que sea ella el autentico objeto de la escritura y que nos encontremos ante un relato sentimental al uso. O al menos, Luisa de Sandoval no es tanto el objeto de la escritura en la medida en que lo es el espacio que media entre ellos. Como afirma el mismo en varias ocasiones, todo su empeno reside en buscar la forma de escapar de casa de su amo, el capitan Francisco de Canas, para acudir a casa de la cortesana toledana:
 No me parecio muy buena aquella manera de salir, porque padecia
 gran detrimento y trabajo aquella noche pasada, y para continuallo
 era cosa muy contra mi salud y muy peligrosa, y ansi jamas pensaba
 sino en como podria salir fuera, y que fuese con menos dano; pero a
 no hallar otro modo, no dejara de usar aquel, aunque mas peligroso
 fuera, y con mas dano, porque a trueque de ir a dormir con la
 senora, cualquiera, por peligroso y danoso que fuera, aunque
 conoscidamente aventurase la vida, lo tenia por menos dano y de mas
 gusto (546) todo el dia se pasaba en pensar como hallar modo mas
 facil y menos peligroso (548) porque en todo el dia y la noche no
 pensaba ni estudiaba otra cosa que modo de hallar alguna invencion
 con que poder abrir la puerta o puertas que me estorbaban el salir
 fuera de casa (587)


Es por lo tanto este espacio, lindante entre lo social y lo privado, el que adquiere pleno protagonismo. La uniformizacion entre uno y otro esta reforzada por el hecho de que las escapadas ocurren siempre de noche, cuando ha desaparecido el transito de las calles y el rastro de toda actividad humana. Por otra parte, la escasa distancia entre las habitaciones del capitan y la casa de Luisa ("estaba su casa de la nuestra algunos doscientos y cincuenta pasos" 550), convierte este recorrido en una suerte de apendice domestico. En realidad, no es mas que el ultimo tramo en el recorrido de Castro, que se inicia primero en los cuartos, escaleras y pasillos de la casa del capitan:
 El aposento o cuarto es en esta forma: En entrando la primera
 puerta hay un aposento o antecamara cuadrada, de doce o catorce
 pasos, algo oscura, la cual, en entrando a mano izquierda, esta una
 ventana de reja que cae sobre la escalera chica, primera que sube a
 Palacio desde el cuerpo de guardia, y a mano derecha esta un
 aposento capaz, donde estaba la despensa y dormia Claudio. Por alli
 estaba una escalera de caracol que sube al cuarto de arriba, que
 cae sobre el cuerpo de guardia, que tiene un corredor de hierro
 largo sobre la puerta principal de Palacio. Mas adentro se entra
 por una puerta chica, que esta enfrente de la principal del
 aposento o cuarto a un callejon alto que se entra luego a mano
 izquierda a seis pasos al aposento donde dormia el capitan, cuya
 ventana, que estaba a mano derecha, hacia fuera, que caia sobre las
 armas del cuerpo de guardia y junto al rincon que hace el torreon,
 y a la parte de adentro, a mano izquierda, en entrando en el
 aposento, estaban dos ventanas que caen al patio grande o zaguan,
 debajo los arcos, la una sobre el primer descanso de la escalera
 chica, y la otra en lo llano de debajo los arcos. Despues, salido
 de este aposento donde digo que dormia el capitan, por la misma
 puerta al dicho callejoncillo a mano izquierda, a seis pasos y
 enfrente de la puerta del callejoncillo que entra de afuera y en
 derecho de la principal, esta el aposento donde he dicho que el
 capitan estaba y le servia de estudio el cual esta sobre el torreon
 y es el cuerpo del mismo torreon que he dicho, el cual tiene una
 ventana de reja que sale sobre el palenque del cuerpo de guardia,
 la cual ventana esta enfrente y perspectiva de las tres puertas, a
 saber, de la del mismo aposento y de la del callejoncillo y de la
 principal del cuarto (555)


He citado un fragmento tan extenso para poder ejemplificar en su justa medida la morosidad con que Castro se detiene a detallar la escena de sus escapadas. El mismo explicita su proposito tras esta prolija descripcion (de la que solo he transcrito una minima parte), "[h]e figurado aqui esto para poder mejor ser entendido lo que proseguire acerca de la salida de noche mia" (556). Como senala Pope a proposito de este comentario de Castro, "el resultado, sin embargo, es la confusion en la mente del lector" (205). En efecto, el ansia logoteta de Castro, su ansiedad por llenar todos los espacios, unido a su falta de precision, aturde mas que aclara. Y por lo tanto, la funcion de la abundancia esta destinada, mas que a la composicion exacta de lugar en la mente del lector, a subrayar la dimension de hazana de su escapada. El componente de "espanto", de asombro, esta explicitado en varias ocasiones, sea en las reacciones del capitan Francisco de Canas ("fastidiado de ver que habia tratado por tantas y tan diversas vias y modos estorbarme de salir, y que no bastaba ninguno a estorbarlo, lo cual le tenia atonito y espantado" 591), en su propia apreciacion de su temeridad ("cierto que cuando agora lo pienso, que no se como hacia aquello, y que me parece casi increible y cosa de sueno" 549) o en la intuicion de ese mismo efecto sobre un hipotetico espectador, o lector ("cualquiera que lo vea o sepa, lo tendra por imposible, y que nadie podria emprender ni hacer tal, si no es un desesperado o falto de juicio, que todo lo era yo entonces" 548). De hecho, el mismo habia establecido el paralelismo entre la parte de su vida transcurrida al servicio del capitan y la comedia:

"Despues de alli a un ano [Francisco de Canas] me aborrecio a mi [...], habiendole hecho cien mil faltas [...], y dadole mil pesadumbres y enojos cada dia, como en el discurso de adelante contare; que es materia para notar y reir, y como una comedia" (529). Casi todos los criticos de Miguel de Castro coinciden en comentar esta comparacion, quiza porque es el unico momento en que da indicio de tener una cierta conciencia generica de cual pueda ser el proposito de poner por escrito su Vida.

Sera Margarita Levisi la que ponga el dedo en la llaga analizando la falta de destreza retorica de Castro como ilustrativa de las dificultades y vacilaciones que se conjugan en el proceso de construccion de un yo autobiografico a partir del cual todos los demas elementos narrativos se vertebren. Para Levisi, la Vida "representa, precisamente porque las dotes del autor fueron escasas, la mejor demostracion de que un individuo, cuando decide hablar de si mismo y de su trayectoria, se vale de cualquier tipo de recurso para definirse y expresar la propia identidad ante el lector" (180). De forma parecida, para Cabo Aseguinolaza, se trata de
 un mosaico heterogeneo [...] que nunca logra el resultado de una
 imagen coherente del sujeto de la enunciacion, ni siquiera del
 objeto del discurso. Estamos, mas bien, ante una escision de voces
 y registros que no alcanzan en ningun momento la cohesion necesaria
 para construir el referente buscado: el yo de aquel soldado que a
 principios del siglo XVII se atrevio, no sabemos con que objeto, a
 contar su vida [...] Estamos ante una empresa tan fallida como
 ilustrativa de lo que es el empeno autobiografico (591)


La dificultad de clasificacion generica esta pues estrechamente vinculada tanto con la indefinicion del yo de la escritura como con el enigma de la finalidad del texto. Si es un memorial de servicios (Levisi 199), no se entiende muy bien como puede pensar su autor que el recuento detallado de sus aventuras prostibularias, crimenes, robos y cobardias puedan rendirle algun beneficio de parte de las autoridades a las que dirigiera el manuscrito. Tal vez por eso Cossio (xxix) se incline por la hipotesis de que se trata de la confesion producto de una conversion religiosa. De nuevo, si ese fuera el caso, el resultado seria francamente decepcionante; las moralizaciones de Castro resultan completamente postizas y formulaicas, y las reprobaciones contra la lujuria alternan sin solucion de continuidad con la anoranza y la celebracion del alto grado de complicidad alcanzado con Luisa de Sandoval. Si, por otro lado, se siguiese la hipotesis de que se trata de una "comedia", de un texto de entretenimiento, entonces sobran las tediosas descripciones de los tejados, pasillos y jardines de palacio.

Cabo Aseguinolaza comenta que Castro es "alguien absolutamente irrelevante en lo personal, que se ofrece a si mismo, valga la expresion, como espectaculo, sin que sepamos realmente a santo de que lo hace" (588). La impresion es que es el mismo Miguel de Castro quien ignora a santo de que escribe. Son frecuentes los momentos en que admite su incapacidad para ofrecer una explicacion racional de sus actos, a menudo contradictorios ("cuando estoy en mi, si alguna vez lo estoy" 554). Esta ofuscacion se ve reflejada a nivel gramatical, con una sintaxis tortuosa y repleta de frases anfibologicas, o, como lo califica Serrano y Sanz, "difuso, oscuro y modelo de incorreccion" (lxiii). Levisi habla de "su escasa capacidad narrativa, incluso podria decirse limitacion del mismo dominio del idioma" (204). La falta de claridad afecta igualmente al orden cronologico y, como senala Cossio, al "desequilibrio", que para el "es el defecto mayor del libro, ya que sus escapadas y aventuras nocturnas [...] no tienen interes, ni siquiera novelesco, para ocupar la parte central de sus memorias, y reiterarlas hasta hacerlas materia capital de los hechos que narra de su vida" (xxvii). Es mas, el manuscrito, propiamente hablando, no concluye, sino que deja la historia en suspenso y vuelve a comenzar de nuevo, ofreciendo esta vez una version mas reducida y ordenada de su periplo mediterraneo hasta repetir el momento exacto en que entra al servicio del capitan Francisco de Canas. Esta repeticion condensada finaliza con una frase inconclusa, la ultima de todo el manuscrito, donde lo que se menciona es precisamente su mediana capacidad de escribir como una de las razones por las que el capitan le admitio a su servicio: "informaron al dicho nuevo capitan [...] de como yo escribia razonablemente, adelantando mi entendimiento mas de lo que era buen ..." (627, sic). Esta segunda version mas pulida e inacabada indica que tal vez el texto que conocemos no es sino el boceto de algo que Castro no acabo de pasar en limpio.

Levisi dice, a proposito de los fugaces intentos poeticos de Castro, que el "lenguaje ya estereotipado [...] se vuelve doblemente artificial en manos de un individuo que no puede controlarlo de manera total" (214), lo que parece sugerir que su falta de control sobre la escritura lo convierte en una parodia involuntaria de todos los discursos que alternativamente intenta llevar a cabo. Pero de todas las parodias posibles, la que me interesa aqui es la de los espacios e itinerarios del imperio espanol. De hecho, los casos que Levisi cita como falta de decoro en los cambios de registro de Miguel de Castro, son dislocaciones tropologicas de referencias espaciales. Asi, la casa de Luisa de Sandoval pasa a ser transformada linguisticamente y de manera sucesiva en todos los espacios sacralizados por el discurso. En primer lugar, Castro amalgama todos los locus del discurso elevado sin hacer distingos entre referencias mitologicas, religiosas o teratologicas:
 En saliendo de la carcel y aposento de mi reclusion, no estuve
 media hora que no fui luego a ver el cocodrilo de mi ignorancia, la
 sirena de mis sentidos, el sisifaco penasco de mis hombros, la
 ixionica rueda de mi tormento, que alli era paradero de los carros
 de mi sentido, el meson de mis potencias, el teatro de mis gustos y
 el idolo de mis sacrificios (554)


Si Levisi nota "las disparatadas alusiones mitologicas arrojadas sin gran discriminacion" (208), a Pope le llama no menos la atencion el cumulo de inexactitudes:
 aunque el crimen de Ixion no era sensual y las sirenas atraian a
 los solitarios navegantes, no esta Sisifo en el mismo plano, ni los
 centauros prohijados por Ixion se corresponden con los caballos que
 tiraban los carros entre los mesones y teatros del Siglo de Oro con
 los cuales se prosigue la comparacion para ir a dar por ultimo a
 esferas biblicas y de parodia religiosa. (205)


Dentro de este registro religioso, la casa de Luisa de Sandoval se compara igualmente con el purgatorio, llevando la analogia hasta sus ultimas consecuencias, con la inversion en la logica economica del pecado y la redencion: "porque aunque a mi me parecia que si bien se que aquello no era el cielo, y aun pluguiera a Dios fuese y sea purgatorio, que si acaso lo fuese, no puede menos sino que haya disminuido gran parte y aun disminuya de mis infinitos e innumerables pecados y ofensas, segun lo que por el he pasado y paso o padezco" (552). Poco despues, resulta ser tambien un monasterio, donde Castro acude
 para ejercitar los preceptos de su malvada secta, y para rehacello
 todo, la consuetud y perseverancia de mis horas, y no canonicas,
 que no hay prebendado o religioso que ansi acuda a sus oficios como
 yo al coro de mis placeres, que si ellos estan segun obligacion, o
 acuden a prima, tercia, sexta, nona, visperas, completas, maitines
 y laudes, yo acudo a oficiar la prima de mis disgustos, la tercia
 de mis trabajos, la sexta de mis antojos, la nona de mis desvelos,
 las visperas de mis males, las completas de mis desasosiegos, los
 maitines de desvelos, los laudes de mi infelice vida y las demas
 horas que quedan ansi de dia como de noche. (554)


Mas significativamente, en ocasiones este espacio presenta identicas dimensiones a las de la Monarquia Universal, en la que, como es fama, "nunca se pone el sol":
 Si las demas [noches] se dormia poco, esta se paso en claro,
 ocupandola solo en los relatados entretenimientos y deseado gusto,
 sin cerrar los ojos, ni sentir molestia de deseo de sueno, y si el
 siguiente dia se convirtiera en noche, y entretuviera Febo el veloz
 curso, y alumbrara a los antipodas, dejando por el diurno espacio
 siguiente en sosegado descanso nuestro hemisferio, no creo dejara
 de parecerme breve el espacio de aquellas veinticuatro horas [...].
 Pero creo que antes [...] se apresuro en su carrera, y me cogio la
 puerta antes de que yo dejase la cama [...], que como vi que
 entraba la claridad de sus doradas trenzas por los resquicios de la
 ventana, casi pense que la queja que de el y de su veloz corrida en
 mi pensamiento habia publicado a los sentidos, hubiese llegado a
 alguno de los suyos, del cual la memoria avisada incito al
 pensamiento para que todos juntos y en su venganza viniesen a tomar
 venganza de mi atrevimiento (551)


Puede que el registro lirico sea hiperbolico, poco afortunado y escasamente decoroso para la situacion, pero se produce en terminos que no son simplemente poeticos, sino profundamente politicos, tras evocar la figura cartografica del orbe y el simbolo solar, que es el garante de la vigilancia del rey sobre todo ese imperio.

Este conjunto de mixtificaciones y referencias poco afortunadas semejan ser una parodia de los "derroteros". Una de las posibles finalidades de los memoriales de soldados y viajeros no era simplemente consignar la realizacion de meritos y solicitar una retribucion oficial a cambio. El memorial en si podia ser considerado como un merito con valor propio, segun la informacion en el contenida. Aludiendo de nuevo a Alonso de Contreras, este no solo redacto su Vida, sino que tambien escribio, a instancias del Principe Feliberto de Saboya, un "Derrotero" donde da indicaciones geograficas muy precisas para la navegacion en el Mediterraneo. Este tipo de documentos eran vitales para las incursiones militares contra el imperio otomano. Miguel de Castro, que tambien recorrio parte de esa geografia, la lista sin embargo de forma completamente nebulosa, confundiendo nombres y lugares, por lo que la informacion que ofrece es, desde el punto de vista de un cartografo militar, absolutamente inservible. A cambio, en el lugar donde deberia hallarse la descripcion de las costas y las islas del mediterraneo, el lector no encuentra sino instrucciones minuciosas acerca de como entrar y salir a antojo del palacio del virrey de Napoles, es decir, del centro de mando de esas mismas operaciones militares. (2)

Escapar no es en si una actividad ajena al oficio de soldado. Precisamente uno de los avatares a los que continuamente estan expuestos es al cautiverio en manos del enemigo. Se da de hecho una alta produccion de documentos escritos entre los cautivos retornados, ya que las autoridades espanolas contemplaban con suspicacia a aquellos que habian pasado largo tiempo en cautiverio, conviviendo con el enemigo y en muchos casos colaborando activamente con ellos. Escribir una "informacion" del cautiverio era practicamente un requisito para poder ser "reconciliado", reintegrado en Espana. Pensemos en Cervantes, que tuvo que escribir una Informacion de Argel, o en los Cautiverios y trabajos de Diego Galan. A cambio, el unico "cautiverio" que Castro es capaz de alegar en su descargo es el sufrido precisamente en el palacio del Virrey de Napoles, en los aposentos de un capitan espanol. Asi lo expone el propio Castro, contraponiendo la casa del capitan con la de Luisa de Sandoval en estos terminos:
 Acabado el curso de mi carrera y la justa de aquella fiesta, me
 sali de aquella estacada de mis torneos y sala de mis saraos y me
 fui a la acostumbrada habitacion y de mi aborrecida como lo era
 cualquiera de cerca la otra. Me entretuve hasta que se abriese la
 puerta del aposento y, despues de abierta, sin ser visto de nadie,
 me entre adentro y me acoste en mi sola cama, pareciendome [...]
 que estaba en un oscuro calabozo, habiendo salido de un deleitoso y
 ameno jardin (348)


En esta prision, la figura que cobra autentica relevancia es la del carcelero: el capitan Francisco de Canas. Ya comente mas arriba como la Vida se interrumpe bruscamente para volver a comenzar y se corta definitivamente cuando se repite el encuentro con el capitan. Es por tanto en honor a el por lo que intenta reescribirse el relato, solo para colapsarse en el momento en que vuelve a entrar en la historia. Otro modo de verlo es que es a causa de Franciso de Canas que el relato fracasa de nuevo y no puede acabar de escribirse. He mencionado la obsesion de Castro, quien dedica todo su tiempo y esfuerzo en encontrar nuevos modos de escapar cada noche ("no pensaba ni estudiaba otra cosa que modo de hallar alguna invencion con que poder abrir la puerta o puertas que me estorbaban el salir fuera de casa" 587). Pero esta necesidad de agudizar el ingenio para hallar nuevas huidas solo es posible gracias a la intervencion paralela de otro sujeto poniendo todo de su parte para evitarlo. Como dice Castro, el capitan "solo tenia el cuidado y mira puesto en estorbarme todos los modos y vias que para salir de casa podia tener" (555). Podria tratarse de una magnificacion del celo del capitan, si no fuera porque es este quien le plantea el problema como una inversion en la prestacion de servicios:
 me comenzo a exhortar y reprender con palabras blandas,
 anteponiendome que todo aquello que hacia, que el no recibia ningun
 fructo, sino pesadumbre, puniciones y desasosiegos [...]; que si
 eso no fuera, que no se trabajara tanto cada dia, sin sacar el
 provecho de ello, supuesto que yo era quien habia de procurar lo
 que el, por ser util mio no lo hacia (559)


El motivo aparente del capitan es la deshonra que la conducta de Castro le acarrea, aunque en otros momentos parece tratarse de la improductividad de Castro desde que pasa las noches de claro en claro:
 Y no digo esto porque yo tenga tanta necesidad de ti, que aunque es
 verdad que quitado de esto he tenido en ti un muy buen criado, y
 digo de verdad, que antes que te maleases en este maldito vicio un
 ano y medio, me servias con toda puntualidad y aficion del mundo, y
 que yo te tenia por el mejor criado que sirviese ni hubiese
 servido, y ansi concebi en ti esta aficion; pero despues aca eres
 intratable, porque ni sirves a derechas, ni aun casi a tuertas, ni
 haces cosa buena (562)


Como puede observarse en este fragmento, hay cierto exceso no solo en la pasion de Castro por Luisa de Sandoval, sino tambien en la "aficion" desmedida de Francisco de Canas por el, que lo sigue manteniendo a su servicio a pesar de que ya no se cumple la condicion que en un principio le habia llevado a tenerle en alta estima.3 De modo que tal vez deba considerarse que es el capitan quien explota la obsesion de Castro por Luisa en su provecho. Como se ufana en reiterar Castro, la "aficion" que el capitan sentia por el era superior a la que sentia hacia su propio hijo: "y me tenias ganada la voluntad, que estoy en duda cual sea mayor, la que te tenia a ti o a Luis, mi hijo" (540). Y pronto empezamos a encontrar signos de una "aficion excesiva". Pope (201) nota el abuso del adjetivo "extrano" en la pluma de Castro, pero lo califica como una mera insuficiencia lexica. Sin embargo, hay momentos en que parece mas bien un indice de que hay asuntos de los que solo se atreve a hablar a medias. Cuando dice que "cada dia habia rinas y quejas extranas" (552), parece estar apuntando a cierta desviacion en las lamentaciones del capitan. Francisco de Canas no se limita a amonestarle y a intentar cortarle las salidas, sino que le somete a diversos castigos corporales que incluyen la vejacion sexual y la reclusion extrema:
 con la colera, viendo la mentira conoscida, tomo un candelero de
 los de la mesa y me lo tiro, que si me acierta, me descalabra muy
 bien [...], y haceme entrar dentro de la recamara el solo y yo, y
 haceme desnudar en carnes, como mi madre me pario, y con una cuerda
 dio detras de mi a azotazos [...], y me dio muy bien. Y mas hizo,
 que con la rabia y colera que tenia me tomo con ambas manos el
 miembro y tiro tan recio, que yo pense que de aquella vez me dejaba
 sin aparejo [...]; pues no se contento con esto, que luego que me
 vesti, me hizo meter en un estrecho aposento, y tan estrecho, que
 solo era la concavidad de la escalera que subia al aposento de los
 criados [...], y alli me tuvo encerrado con un candado nueve dias
 (550)


Parece ser este contacto corporal el que molesta a Castro, como ponen de relieve sus protestas ante el confesor del capitan: "contele todo lo que habia pasado, y como estaba cansado de pasar cosas" (560), donde de nuevo la pobreza lexica del "pasar cosas" parece referirse a hechos de los que no se puede hablar. Que Castro no refiere en su narracion todo lo que le cuenta al confesor, nos lo revelan las promesas de Francisco de Canas, tras que aquel intervenga en la relacion entre ambos: "Yo te prometo, y aqui al Padre doy palabra, de que pues te ofendes de ello y lo llevas tan mal, de no tocarte jamas al pelo de la ropa; renirte y procurar con todas veras hacerte virtuoso, eso lo hare siempre" (362).

No es solo Castro quien percibe lo excesivo de la conducta del capitan. Otros criados de la casa tambien se lo hacen ver asi: "Por aquella noche fuime a acostar, no con poco dolor de lo pasado, pero mas colera de que me tratase de aquella suerte. Juntose a ello el mal corazon que me puso Serrano, diciendome que verdaderamente aquello era una cosa muy incomportable, y que se espantaba mas de mi paciencia y sufrimiento" (560). El acoso sexual de amos a criados era un tema de preocupacion publica. (4) Castro comenta un episodio en que la casa "ataca analmente" al companero que trata de ayudarle a escapar: "Y al bajar por el terradillo, [Antonio] piso en una de las tejas ultimas, la cual se rompio y el cayo sobre el terradillo [...]; la teja que se rompio le hizo a Antonio una cuchillada de un palmo en la nalga izquierda, de que estuvo muy mal algunos dias" (547). (5) Este pasaje resultaria irrelevante tomado de forma aislada, de no ser porque Castro vuelve a evocarlo durante uno de los castigos del capitan, forzando el encadenamiento de continuidades metonimicas para introducir a toda costa, dentro del episodio de su propia vejacion corporal, el recuerdo de la penetracion sufrida por Antonio:
 haciendome desnudar como la otra vez, me curtio muy bien la badana
 y luego me metio en otro aposento tan estrecho como el otro, aunque
 mas claro, que es donde dije que estaba la escalerilla de piedra,
 cubierta con el terradillo por do solia bajar, y donde quise poner
 la escala cuando Antonio se rompio la nalga con la teja (553)


Es esta agrevisividad del hogar-prision la que antes habia llevado a Castro a comparar la materia tratada con la de una comedia, ya que el genero literario viene determinado en gran medida por los roles de genero de los protagonistas, sus acciones y los espacios que habitan. Como senala Antonucci (77), en el caso de la comedia espanola, "La utilizacion ingeniosa y arriesgada del espacio domestico es un rasgo tipico de la dama, porque es para proteger el honor de la dama para lo que la casa ha sido pensada y proyectada como fortaleza-carcel", y apunta que, por el contrario, la casa del hombre carece por lo general de estas complicaciones escenicas. Exactamente al contrario, en Miguel de Castro la casa de Luisa de Sandoval el acceso no requiere mayores dificultades, mientras que el espacio homosocial que comparte con su amo es precisamente el que se convierte cada vez mas en una fortaleza en la que se requiere agudizar el ingenio tanto para entrar como para salir.

Y sin embargo, a pesar de la "agresividad" de la casa del capitan, es evidente que Castro soporta esta situacion durante mas tiempo del razonable. El relato comienza de hecho a languidecer cuando Castro consigue ascender profesionalmente y pasa a ser ayuda de camara del Conde de Benavente. En este instante desaparecen las trabas que le impedian verse con Luisa de Sandoval cada noche y el narrador alcanza su grado maximo de ofuscacion. Aunque el espacio fisico es el mismo, ya no esta trazado por la densidad del obstaculo y la intervencion del Otro. En la abigarrada sintaxis de Castro hay iluminaciones dispersas de que de algun modo las restricciones impuestas por el capitan eran solo las condiciones para una relacion mas estrecha entre ellos dos y la creacion del espacio necesario para ponerlas en escena. La paradoja es que, mientras se lamenta de los abusos carcelarios de su amo, resulta evidente que el unico momento en el que ha conseguido construir un yo autobiografico es al erigirse a si mismo en ingenioso transgresor de la prision domestica y al apropiarse de ese espacio yermo e indefinido que media entre los cuartos de los criados, los tejados y pasillos de palacio y la distancia urbana hasta la casa de Luisa de Sandoval. Es ese confinamiento preciso el que va buscando el texto, desdenando sucesivamente el espacio abierto de las expediciones militares en el Mediterraneo y la vida social de Napoles. Es esa prohibicion especifica la que le da sentido, tanto a la transgresion como a la obsesion logoteta con que se describe ese espacio para que sature el texto.

Hasta que punto la prohibicion espacial es el aliciente de su relacion con Luisa? En una ocasion, Miguel de Castro, cansado de sufrir los castigos del capitan, le pide licencia para regresar a su plaza de soldado, que implica viajar hasta Vietri, localidad a treinta millas de Napoles y que es donde esta estacionada la compania. Como era de esperar, transcurridos apenas tres meses en la compania, Castro regresa furtivamente a Napoles, pues "el ausencia de Luisa me sacaba de juicio, que ni comia con gusto, ni bebia, ni reposaba de noche" (583). Sin embargo, a pesar del ansia expresada por Luisa, sus primeros pasos al llegar a Napoles resultan cuanto menos imprevisibles:
 Yo me apee de la carroza junto a la calle de la Encoronada, porque
 los caballos estaban cansados [...], de suerte que yo fui a casa, y
 el capitan no estaba de aposento donde cuando yo me fui a la
 compania, lo cual yo ya sabia [...]. Ansi llegue yo a la casa para
 mi nueva, y el capitan no estaba en casa, que estaba en casa de
 Dona Francisca Palau [...]. Solo estaba en casa Claudio y Serrano
 [...]. Yo estaba en la sala arriba cuando el capitan vino, que ya
 sabia, porque se lo habian dicho [...], y yo, como vi que venia, me
 escondi, aunque no tanto que dejo de verme, pero de mal gesto
 [...]. El capitan [...] no quiso que yo subiese arriba, ni que le
 viese ni verme, y ansi me estuve sin verle, ni dejarme ver de el,
 aunque estaba en su casa. (584)


Resulta ciertamente extrano que Castro diga que regresa a Napoles para ver a Luisa y sin embargo dilate su reencuentro hasta estar instalado en la nueva casa del capitan y darle cuenta de su llegada. La repeticion de la palabra "casa" apunta a que el deseo por Luisa no es autonomo, sino que debe estar previamente condicionado por la espacialidad que le sirve de punto de partida y por el conocimiento del carcelero de que el juego ha recomenzado. En la escritura de Castro se da a entender que en cierta manera el capitan era el inductor de las escapadas ("en saliendo de su presencia, era como si me hubiese dicho que volviese alla" 549). Y si no el provocador, si es al menos el espectador que Castro esta buscando para su espectaculo, como delata otro de sus contradictorios pensamientos, al regresar de manana sin que el capitan le descubra:
 llamaba el capitan la primera vez, porque entonces desperto para
 quererse vestir [...]. Pense hubiese llamado otra vez, y con ver
 que no le respondiesen, echase de ver mi falta; pero despues
 conosci que era aquella la primera, porque me pregunto que hora
 era. Yo, que lo sabia, se lo dije, y me pidio de vestir, el cual le
 di muy alegre, tanto que casi recibi pesar de la demasiada alegria
 y contento (552)


Lo que el capitan le recrimina no es tanto la inmoralidad en si de sus relaciones con una cortesana como la publicidad con las que las lleva a cabo: "No te digo que no lo hagas de ninguna suerte; pero que ya el diablo te tenga tan arraigado y sujeto, y tu flaco animo y fuerzas no puedan resistir sus tentaciones, que no sean tan publicas ni tan continuas, ni tan perseverantes e incorregibles, y con prudencia" (562). La misma opinion tiene Luisa, quien inmediatamente despues le reconviene en identicos terminos a los del capitan:
 me persuadia [...] procurase dalle gusto, que como yo lo hiciese
 con discrecion, y lo que ella me decia, que era no tardar tanto ni
 estarme tan despacio alli, ni tan amenudo, sino que fuera con
 consideracion, que ella queria mas mi sosiego que todas las cosas
 del mundo, y que no haciendolo ansi, era perder lo uno y lo otro.
 (563)


Que la honra reside en la apariencia social y no en la actuacion privada es una idea ampliamente difundida en los estudios del Barroco. El problema con el texto de Miguel de Castro es saber a que se refiere con "actuacion publica". Como el mismo afirma, su reputacion como criado no se empana fuera de las paredes de casa del capitan: "como sabe mal el de fuera lo que pasa en la casa ajena, ansi todos los que me conoscian de fuera de casa me tenian en posesion de uno de los mejores servidores que habia, y que merecia servir a un monarca. Pero no sabian que debajo de ruin capa habia buen bebedor" (598). Por lo tanto la "publicidad" de sus acciones se verifica solo de puertas adentro. En las escapadas de Castro, resulta dificil definir hacia que lado se decantan los binarismos de lo publico frente a lo privado. Si a duras penas puede decirse que las calles solitarias que Castro recorre de noche pertenezcan al espacio de lo social, tampoco puede decirse que lo domestico corresponde a lo privado tal como lo entendemos ahora, ya que, como describe Castro, el palacio del Conde de Benavente contenia dentro de sus muros una compleja sociedad practicamente autosuficiente ("que son en todas las bocas que a su costa comian dentro de casa y a quien daba aposento y servicio, 263 personas" 608). (6)

Aunque me acojo a la interpretacion de parodia involuntaria sugerida por Levisi, tengo que senalar sin embargo la sistematicidad con que Castro invierte y confunde todos los tropos del espacio manejados en el discurso de la epoca. Se trata sin duda de un narrador profundamente ofuscado. Pero es esta misma ofuscacion recurrente, su falta de control, lo que le permite al lector observar no solo la formacion del sujeto autobiografico, como afirman Levisi y Cabo, sino tambien como esta se vincula con la reorganizacion del espacio social que se esta produciendo en el imaginario de principios del siglo XVII. Son precisamente sus analogias y metaforas dislocadas las que evidencian la naturalizacion en marcha de las correlaciones entre los distintos espacios y el imaginario social sobre ellos, su jerarquizacion y el valor de genero, clase o religion que se les atribuye. El fallo en la reproduccion del sistema no es simplemente un tropiezo en la buena marcha de la maquinaria ideologica, sino ante todo el momento en que el engranaje se hace visible. Nuestro autor, gracias a su "incapacidad", vuelve espectrales e irreconocibles por saturacion todos los espacios que aborda.

OBRAS CITADAS

Anonimo. Lazarillo de Tormes. Ed. Francisco Rico. Madrid: Catedra, 1995.

Antonucci, Fausta. "El espacio domestico y su representacion en algunas comedias calderonianas de capa y espada." Homenaje a Frederic Serralta: El espacio y sus representaciones en el teatro espanol del Siglo de Oro. Eds. Francoise Cazal, Christophe Gonzalez y Marc Vitse. Madrid: Iberoamericana, 2002. 57-81.

Cabo Aseguinolaza, Fernando. "Realidad, ficcion y autobiografia: A proposito de Miguel de Castro". Describir, inventar, transcribir el mundo: Actas del IV simposio internacional de la Asociacion Espanola de Semiotica (2 vols.). Madrid: Visor, 1992. 587-94.

Castro, Miguel de. "Vida de Miguel de Castro". Autobiografias de soldados (siglo XVII). Ed. Jose [M.sup.a] de Cossio. Madrid: BAE, 1956. 487-627.

--. Vida del soldado espanol Miguel de Castro (1593-1611). Ed. Antonio Paz y Melia. Buenos Aires: Espasa Calpe, 1949 (1[sup.a] ed. Barcelona: Bibliotheca Hispanica, 1900).

Green, Otis H. "The Literary Court of the Conde de Lemos at Naples, 1610-1616". Hispanic Review 1.4 (1933): 290-308.

Herrero, Miguel. Oficios populares en la sociedad de Lope de Vega. Madrid: Castalia, 1977.

Levisi, Margarita. Autobiografias del siglo de oro. Madrid: SGEL, 1984.

Molinie-Bertrand, Annie. "La secrete violence de tous les jours". La violence en Espagne et en Amerique (XVe-XIXe siecles). Eds. Jean-Paul Duviols y Annie Molinie-Bertrand. Paris: Presses de l'Universite de Paris-Sorbonne, 1997. 9-14.

Pope, Randolph. La autobiografia espanola hasta Torres Villarroel. Francfort: Peter Lang, 1974.

Puddu, Raffaele. Il soldato gentiluomo. Autoritratto d'una societa guerriera: la Spagna del Cinquecento. Bologna: Societa eitrice il Mulino, 1982.

Serrano y Sanz, Manuel. "La vida de Alonso de Contreras". Boletin de la Real Academia de la Historia 37 (1900): 129-270.

NOTAS

(1) Cito siempre por la edicion de Jose Maria de Cossio en Autobiografias de soldados. Madrid: BAE, 1956. Me gustaria agradecer a Sara Nadal-Melsio por su ayuda con este trabajo.

(2) Napoles fue durante los siglos XVI y XVII uno de los centros neuralgicos del imperio espanol, asi como uno de los puntos de intercambio comercial entre Asia y Europa. Son abundantes los viajeros de toda Europa que acuden a la ciudad y escriben sus impresiones (Letts). De su relevancia politica da fe Ottis Green, quien senala que "the Viceroy of Naples was the most important royal officer of Spain in Europe" (290), asi como que "the Kingdom of Naples was a reproduction in miniature of the vast Empire of which it formed a part" (297). No seria por tanto tan extrana la fijacion de Miguel de Castro por Napoles, de no ser porque su escritura no manifiesta interes en absoluto ni por el comercio, ni por la vida social, ni por el urbanismo, ni por ninguna de las cuestiones que puedan llamar la atencion de un viajero al uso.

(3) Y a pesar de otras muchas razones, como son los frecuentes robos de ropa (266) y de dulces (566-9), ambos objetos de lujo en la epoca, y el rapto de dos mujeres napolitanas. El capitan parece utilizar este episodio, asi como el haberse valido de su poder para ampararlo y hacerlo escapar impune de la justicia, solo para chantajearlo veladamente en una de las ocasiones en que Castro amenaza con abandonarlo:
 Y bien sabes que me diste un disgusto tan grande, y no solo eso
 causo, sino que te podia resultar tan gran dano, que no pagaras
 menos que con la vida, o la mucha gracia y merced, con condenarte
 en galeras en vida, por lo de aquellas mujeres de los dias pasados.
 En lo cual hice lo que tu sabes, sin quiza lo que no sabes, que fue
 mas, con ser tanto, que por mi hijo no podia hacer mas de lo que
 hice. De lo cual la consideracion dejo a ti (561)


(4) Anne Molinie-Bertrand observa que "une autre forme de raison des plus forts est celle d'une espece de harcelement sexuel des jeunes garcons, des domestiques qui servent dans le grandes maisons" (10), y registra un proceso legal al respecto contra Miguel de Leon, teniente de la Alhambra en 1590. Curiosamente, uno de los testigos en el proceso senala que uno de los reclamos que Miguel de Leon reclutaba jovenes servidores era que "lui avait promis un poste, de soldat peut-etre" (12). No esta de mas senalar que lo que Miguel de Castro le reclama constantemente a Francisco de Canas al final de su relacion es precisamente la provision de su plaza. Probablemente el caso mas conocido de acoso sexual de amo a criado en la literatura castellana sea el del breve "Tractado cuarto" del Lazarillo de Tormes:
 Como Lazaro se asento con un fraile de la Merced, y de lo que le
 acaescio con el. Hube de buscar el cuarto, y este fue un fraile de
 la Merced [...]. Gran enemigo del coro y de comer en el convento,
 perdido por andar fuera, amicisimo de negocios seglares y visitar;
 tanto, que pienso que rompia el mas zapatos que todo el convento.
 Este me dio los primeros zapatos que rompi en mi vida; mas no me
 duraron ocho dias, ni yo pude con su trote durar mas. Y por esto y
 otras cosillas que no digo, sali del (110-1, enfasis mio)


(5) Por supuesto que el hecho en si es "insignificante", como casi todos los que menciona el autor. Pero precisamente por su insignificancia, lo que cabe preguntarse es por que escoge los que escoge mientras que, suponemos, descarta otros. Si le llama tanto la atencion la herida sufrida por Antonio es precisamente por su percepcion de la casa como un espacio masculino amenazante (y necesario, como veremos). Ademas, hay al menos otro caso en que Castro describe el escenario belico maritimo en parecidos terminos de penetracion homosexual: "La [galeota] de Florencia le dio aquel tiempo un canonazo en el arbol que se le hizo dos partes, y de otro le llevo la palamenta de la derecha banda [...]. Al tercero le hizo un gugeron en la nalga derecha de popa que cabia un hombre" (513). La percepcion de esta violencia interohomosocial como acto sodomitico, no esta sin embargo acompanada de alusiones homofobicas. En una fugaz referencia a las companias que frecuentaba Miguel de Castro, dice que "tenia prevenida una cena o almuerzo que valia buenos dineros entre ciertos amigos y amigas, putos y putas" (597).

(6) Un numero de servidores bastante mas elevado que en los casos ofrecidos por Miguel Herrero (25), quien los considera ya como excesivos.

Javier Irigoyen-Garcia

University of Pennsylvania
COPYRIGHT 2007 University of North Carolina at Chapel Hill, Department of Romance Languages
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2007 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

 Reader Opinion

Title:

Comment:



 

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Irigoyen-Garcia, Javier
Publication:Hispanofila
Date:Sep 1, 2007
Words:7171
Previous Article:Major changes in "minor" theater: Luis Quinones de Benavente's dramatization of dramatic theory and its effects on the interlude in early modern...
Next Article:Clarin's animals: reading Leopoldo Alas' short fiction through the Darwinian Revolution.

Terms of use | Copyright © 2015 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters